Capítulo 1. Resaca
Despertar con resaca. Esa deliciosa sensación de sed, malestar y mareo, con un toque de "mi lengua se siente como si hubiera lamido una lija hecha de arena de gato sucia".
Me duele todo…- Mi voz se sentía mucho más ronca de lo normal, pero debe ser porque también me duele la garganta.
Quiero agua…- Extendí la mano aún sin abrir los ojos, para buscar la botella que siempre dejo en el velador; pero me perdí en la cama. Confundida abrí los ojos y me arrepentí de inmediato. Primero, porque me dolía la cabeza horriblemente y segundo, porque me di cuenta que estaba en una habitación desconocida y desnuda entre las sábanas de una cama enorme.
Dónde estoy?... Yo estaba en un bar con mis amigas recién…- Ese era mi último recuerdo mientras me arrastraba por la cama, mentalmente gimiendo de dolor, buscando mi ropa y tratando de ver un poco más de la habitación. No era la primera vez en mi vida en la que había bebido más de lo que podía manejar, por lo que tenía experiencia en olvidarme de una o dos cosas que había hecho la noche anterior y tener que pedir a mis amigos una especie de "reconstrucción de los hechos".
Estoy… Estoy en un motel?!- Lo reconocí al notar lo genérica de la habitación y el letrero con información útil de motel.
No pude evitar ponerme roja mientras me sentaba en la orilla de la cama, me dolía el cuerpo como si me hubieran apaleado. "Qué vergüenza, no me acuerdo de nada! Espera, estoy sola? No se escucha como si alguien estuviera en el baño…"
Dónde está mi teléfono?!- Pregunta importante, necesito mi teléfono si quiero entender cómo llegué aquí; a pesar que casi no tenía fuerzas, lo busqué lo mejor que pude sin encontrarlo. Mi ropa estaba doblada sobre una silla cercana, junto a una cartera. Tan adolorida y confundida me sentía que incluso me costó reconocerlos como míos. Pero eran las únicas ropas en la habitación, por lo que definitivamente estaba sola.
Quizás mis amigas me vinieron a dejar aquí en vez de a mi casa… suena posible.- comencé a hablarme en voz alta, en un intento de negar lo obvio. Mientras más minutos llevaba despierta y tratando de vestirme con los ojos entrecerrados y sintiendo mucho dolor en todas las partes de mi humanidad, más llegaban a mi pequeños destellos de recuerdos de la noche pasada.
Salí a beber con mis colegas de trabajo, celebrando el fin del año escolar, el período más estresante para cualquier profesora. Yo quería ir, beber algunas cervezas, y regresar temprano a la casa a ver mis capítulos preferidos de JJBA, como siempre lo hago cuando quiero celebrar viendo hombres hermosos, digo, lo veo por la trama. Pero no; terminé pidiendo más cerveza con papas fritas, bailando con todas las canciones y coqueteándole a un hombre que me recordaba muchísimo a Joseph… y después…
Cuando al fin reuní el valor para levantarme de la cama, el dolor en mi cadera me convenció de que había hecho mucho más que bailar con el tipo del que no me acordaba ni su cara, sólo que tenía barba y una espalda grandiosa! Qué rabia sentía por no poder acordarme de ningún detalle, pero que aún así me doliera todo. No importa, siempre digna; me dije resignada, ya lista para salir de ese lugar y llegar por inercia a mi casa. Agradecí en ese momento el haber despertado sola y ahorrarme el momento incómodo de la conversación de la mañana.
Estoy muy vieja para esto.- Admití ya de camino a mi casa, anhelando descansar en mi propia cama. "Ugh… me duele ver los colores, perdí mi celular, no me acuerdo qué pasó…"
Llegué sólo gracias a la fuerza de la costumbre, bebí varios vasos de agua y me dejé caer vestida sobre la cama que mi cuerpo reconocía como propia, antes de dormirme por completo.
No sé cuántas horas dormí, pero desperté unas horas más tarde, con menos dolor de cabeza pero el cuerpo igual de destrozado, y con el saludo de una voz paternal reconocida.
-¡Hija, llegué!- me saludaron desde la entrada de la casa, pero me hice la dormida.
No mucho más tarde alguien abrió la puerta de mi habitación murmurando en un tono paternalmente molesto. -¡Esta niña! ¿Cómo se va a quedar dormida así?- Dijo mientras me tapaba con una manta para después cerrar la puerta de la habitación.
"Pero… espera. ¡Yo vivo con mi mejor amiga, no con mi papá! ¿Estoy soñando?..." Me sentía más confundida que nunca, sin moverme de la cama.
"¡Me acuerdo! Tengo 30 años, soy profesora, comparto departamento con mi mejor amiga y tengo dos gatos… Entonces…¿Quién es ese hombre que suena como si fuera mi padre? y ¿Por qué mierda hay tanta luz?" pensaba adolorida, recolectando mis ideas y recuerdos.
Una vez más me senté en la orilla de la cama y miré el lugar. Se sentía como mío, pero no podía reconocer las cosas del todo. Nerviosa, me levanté para mirarme en el espejo más cercano, pensando en algunos posibles síntomas de una apoplejía; pero en lugar de ver el reflejo al que estaba acostumbrada, me encontré con el rostro de una joven japonesa mirándome asombrada.
Afortunadamente, incluso si era un sueño o no, sé cómo funcionan los espejos; así que a pesar de mi asombro, pronto comprendí que mi reflejo era una imagen a la que no estaba acostumbrada. Para ese momento ya tenía la adrenalina suficiente como para levantarme rápido y buscar mis documentos o cualquier cosa en esa habitación que me diera algún recuerdo o sentido de lo que recordaba como "yo". Cuadernos, notas, mi computador, celular, lo que sea que pudiera recordar; tomé por instinto la billetera y saqué los documentos buscando información.
-東方 朋子, Higashikata Tomoko.- leí en voz alta y lo repetí un par de veces mientras intentaba unir ideas. -Tomoko… Tomoko Higashikata Tomoko… No… No puede ser real.-
No sé cuánto tiempo estuve perdida, tratando de darle un poco de sentido a lo que estaba viviendo, cuando mi padre entró en la habitación otra vez.
-Te he estado llamando para que vengas a tomar desayuno, Tomoko-chan. ¿Cómo es que aún tienes la ropa con la que saliste ayer? ¿Siquiera dormiste en la casa? Es un día de semana, estás atrasada para la universidad y estás aquí, perdiendo el tiempo. ¡Ni siquiera te has lavado la cara!...-
Ese hombre continuó retándome por un buen rato, pero dejé de escucharlo. Me había desacostumbrado a que alguien me regañara así, dejándome una extraña sensación de cariño paternal e incomodidad. No podía pensar claramente mientras aún sintiera la resaca, sin embargo comencé a reconocer esta situación así como el lugar donde me encontraba.
"Es como esos manwhas de personajes reencarnados en sus novelas preferidas… ¿Será real o estaré soñando con eso?" Mi mirada estaba perdida.
-¡TOMOKO! ¡Niña, dí algo!- me gritó un poco más molesto al sentirse ignorado.
-¿Eh? ¡Ah!- no soné muy inteligente.- ¡Perdón papá! No va a volver a pasar, lo prometo. Me voy a saltar el desayuno hoy y me iré directo a la universidad… Yo prepararé la cena hoy, ¿Bueno? No te enojes más conmigo.- Le terminé de decir con ternura, lo que suavizó su rostro.
-Bien, pero toma una ducha antes de salir de casa.- dijo con un suspiro antes de salir de mi habitación.
Le obedecí porque en realidad necesitaba esa ducha para aclarar mis ideas.
La sensación de mi cuerpo cansado, sobretodo en mi piso pélvico, el reflejo de mi nuevo cuerpo y el agua corriendo por mi piel eran demasiado fuertes como para creer que estaba en un sueño.
"No sé si esto es un sueño o no… y si no lo es, no sé como volver a casa. Ya extraño a mis gatos y mi celular… pero mientras estoy aquí supongo que tendré que vivir como Tomoko. Tengo varios de sus recuerdos, por lo que al menos podré disimular hasta que despierte o regrese a mi mundo."
Me vestí y salí de casa rumbo a la universidad, sabía como llegar y que allí me encontraría con mis amigas.
Gruñí de frustración y pereza pensando en que tendría que estudiar por segunda vez la carrera de pedagogía, aunque se me hizo bastante sencillo adaptarme a esta vida en Morioh. Sonreía cada vez que escuchaba la tonadilla de la Radio Morioh y cuando miraba el atractivo y joven rostro en el espejo; sin embargo no podía sacarme de encima la sensación de que estaba olvidando algo.
Sentía que me estaba adaptando bastante bien a esta vida durante las semanas tranquilas que pasé en este cuerpo, hasta que un día desperté con náuseas. Tomoko es una mujer muy saludable, por lo que me extrañó despertar enferma… hasta que finalmente comencé a unir puntos.
-¡OH MY GOD!- no pude evitar decir como uno de mis personajes preferidos, entrando en pánico. -¡MIERDA! ¿DÓNDE ESTÁ MI APLICACIÓN CON MIS PERIODOS! No, no, no, no… ¿Cómo se me pudo olvidar esta parte de la trama? ¡¿Cómo?! ¿Qué voy a hacer ahora?... ¿Qué voy a hacer contigo… Jojo?- me llevé las manos al vientre, en un gesto protector.
