Justin

Muy bien, empecemos. Mi nombre es Justin Hoapili y para el momento en el que inicia esta historia tenía quince años, medía poco más de un metro setenta y había pasado la mitad de los almuerzos de mi primer año de bachillerato o en el baño o fingiendo que estaba en el baño para esconderme de las personas con las que pasaba la otra mitad. Digo… por si se preguntaban dónde estaba antes de poner mi bandeja de comida al lado del chico enyesado y enfrente del pecoso de lentes.

—Yo intento no hacerlo tan seguido porque en algún lado leí que eso podría generar eyaculación precoz —decía el de lentes, Harold, en ese momento.

—No —sentencié volviendo a tomar mi bandeja y dándome la vuelta para irme a otro lado.

Solo había dado un par de pasos mientras analizaba mentalmente cuales eran mis opciones cuando me encontré de frente con el otro chico con el que había quedado almorzar y su novia.

—Hey, Justin. ¿Todo bien? —preguntó él con una sonrisa.

Sopesé mis opciones y llegué a la conclusión de que decirle la verdad era la más horrible, y a mí no me gustan las cosas horribles, así que solo asentí y lo seguí de regreso a la mesa.

—¡No es lo que suena! —se apresuró a justificarse el enyesado, Cody, en cuanto me vio.

—Dudo mucho que pudiera haberlo malinterpretado —opinó Harold.

—No sé porque siento que no quiero saber lo que pasó —comentó la novia, Gwen, una chica color harina con los labios pintados de negro y mechones de cabello pintados en el color PMS 323 de la escala de Pantone.

—¡No pasó nada! —exclamó Cody, aunque su expresión decía justamente lo contrario.

—Vamos, es una actividad completamente natural que todos hacemos en algún momento de la vida —dijo Harold cruzando los brazos y rodando sus pequeños ojos verdes.

—Sí, creo que yo tampoco quiero saber —secundo a su novia Trent, que también tiene los ojos verdes, pero la similitud terminaba ahí.

Bueno, en realidad ambos son blancos… también Gwen y Cody, de hecho yo era el único no blanco ahí… pero ese no es el punto, ya tendremos mucho tiempo para hablar de raza más adelante.

—Está bien, los dejo, diviértanse con su pequeña reunión musical de chicos —dijo Gwen, aunque su mirada estaba solo en Trent.

—Y tú diviértete en tu primer día de almuerzos de puras chicas —contestó el poniéndole una mano contra la mejilla.

—Es fácil decirlo —respondió ella cerrando los ojos y recargándose un poco más contra la mano.

—Vamos, va a ir bien, te lo prometo.

Él se inclinó un poco y ella le dio un rápido beso en los labios antes de guiar sus pasos a una mesa llena de chicas. Trent se sentó junto a Harold, y yo me obligué a recuperar mi lugar al lado de Cody. Una vez estuvimos los cuatro sentados el silencio invadió el lugar.

—¿Trajiste galletas? —rompió el silencio Cody, apuntando con su barbilla una pequeña bolsa de celofán que traía Trent.

—Me las regaló Dj —explicó Trent—, el pobre chico se siente super culpable por lo de mi contusión.

—Pai, galletas… yo también quiero que me cause una contusión —dijo Harold.

Y el silencio regresó.

—Así que, Justin… ¿Tocas algún instrumento? —Trent cambio de tema e hizo que todos los ojos se posaran sobre mí.

—No —contesté.

—¿Y tienes planeado aprender a tocar alguno?

—La verdad es que no.

—Oh…

Volvió el silencio.

—Sí sabes que esto es una invitación para formar una boyband. ¿Verdad? —intentó confirmar Harold.

—Sí.

—¿Y cómo planeas hacer eso? —insistió.

—No lo sé, ustedes son los que me invitaron.

—Tiene un buen punto —murmuró Harold por debajo de su aliento, no estoy muy seguro de si debería de haber sido capaz de escucharlo o no.

—Sabemos que estas en el coro de la escuela y que en realidad puedes cantar bastante bien —dijo Trent.

—Me gusta pensar en mi voz cómo cálida y masculina —apunté.

—Sí… Beth lo mencionó —continuó el chico, que siempre iba cargando con una guitarra a todos lados a pesar de ir en artes visuales—. Pero nosotros nos preguntábamos si aparte de eso tienes algún otro tipo de formación musical.

—¡Fui a clases de jazz, ballet y bailes polinesios! —exclamé, aunque la expresión de los otros rápidamente me hizo darme cuenta de que no era exactamente lo que querían escuchar.

—Solo para confirmar, cuando dices jazz te refieres al baile, ¿verdad? —preguntó Harold, a lo que yo asentí—. Por supuesto que sí.

—Bueno, lo queríamos para mejorar nuestra presencia en el escenario, y eso seguro que nos ayuda, ¿no? —dijo Cody, forzándose a sonreír.

—Y una voz más siempre es útil, supongo —lo secundo Trent, aunque no parecía muy convencido.

Volvió el silencio a la mesa, y pude notar cómo los tres chicos intercambiaban miradas extrañas.

—¿Te parece bien que comas con nosotros toda la semana? Creo que podemos traer nuestras partituras y te podemos ir explicando más o menos lo básico que debes saber para estar en una banda. Así podrás decidir si en verdad este es un compromiso que quieras hacer —sugirió Trent.

Y en ese momento me di cuenta de que probablemente se habían arrepentido de invitarme.

—Está bien, aunque el miércoles no puedo. Le prometí a mi novia que almorzaría con ella.

Eso pareció picar la curiosidad de todos.

—Creí que Izzy y tú habían cortado —comentó Cody.

—Oh, no es Izzy. Se llama Racheal y es de tercer año —expliqué.

—¿Así que dejaste a Izzy por una chica más grande? Con razón dijo que eras un traidor y un mentiroso —supuso Harold.

—¿Qué? ¡No! Ni siquiera ubicaba a Rachael antes de cortar con Izzy —me defendí—. Pero por supuesto ella no me cree.

—¿Cuánto llevaba que habían cortado cuando empezaste a salir con… Rachael? —me cuestionó Cody.

—Dos días.

Debí de esperármelo, pero no pude evitar sentir como si me dieran un puñetazo en el estómago cuando vi la expresión que los tres pusieron.

—Así que eres todo un Don Juan —sentenció Harold.

—Soy hawaiano, no hispánico —le aclaré.

—Ya lo sé… —contestó él, parecía genuinamente descolocado por mi comentario— Es una referencia literaria… Don Juan es un personaje tipo de la literatura tradicional española cuyo máximo referente se encuentra en la obra de…

—Harold —lo hizo detenerse Trent.

—Pero…

—No es importante.

—Pero…

—Yo no leo muchos libros —decidí interrumpir la discusión que parecía prometer alargarse indefinidamente de otro modo, mientras me rascaba nerviosamente la nuca.

Agradecí internamente que nadie contestara con un "se nota".

—Justin, no queremos juzgarte ni nada— dijo Trent, lo que me hizo sentirme como si eso fuera justamente lo que estaban planeando hacer—. Pero ¿podrás decirnos que fue exactamente lo que pasó entre Izzy y tú? Solo para que podamos dejar de pensar en eso.

Así que… probablemente debería de haber puesto una línea en algún punto de esta conversación. O, no sé, haberla continuado de una forma distinta a la que lo hice. Pero quiero que entiendan que nadie nunca me enseñó límites con respecto al pudor o cosas así. Aparte, aún estaba procesando lo que había pasado, y quería mostrárselo a alguien más aparte de mis amigas del asilo. Así que sin en verdad pensarlo mucho me levanté la playera hasta la altura del pecho.

—¡Ella me mordió! —exclamé.

Cody, que había cerrado los ojos, los abrió; Trent, que había abierto la boca, la cerró; y Harold puso su dedo contra mi cicatriz al más puro estilo de Santo Tomás.

—Parece como si un castor salvaje te hubiera atacado —observó el pelirrojo acercando su cara a mi cuerpo.

—No estoy seguro de que no sea un castor salvaje —contesté—. Me tuvieron que poner seis puntadas.

Trent había tomado a Harold del hombro y con un pequeño jalón lo obligó a poner un poco de distancia entre él y mi cuerpo, y en retrospectiva estoy bastante seguro de que si hubiéramos tenido un poquito más de confianza en ese entonces, también me habría obligado a bajarme la playera. Había muchas personas mirándonos.

-0-0-0-

Acordes, melodías, silencios y un montón de otras palabras que hasta ese momento de mi vida creía que entendía entraron a colación en nuestro segundo almuerzo juntos. Pero resulta que no sabía ni una mierda.

—¿Tienes caspa?

Tardé un momento en darme cuenta de que Harold me estaba hablando a mí.

—¿Qué?

—No has dejado de rascarte la nuca.

Quité la mano de mi cuero cabelludo cómo si quemara, y ya no pude ignorar la sensación de la piel irritada por el exceso de fricción.

—Yo tuve el año pasado, puede ser algo molesto, pero con un poco de aloe vera…

—Tengo que ir al baño.

Salí de ahí antes de que ninguno pudiera detenerme. Sentía cómo mi sangre latía contra mis oídos y mis manos empezaban a hormiguearme mientras mis pasos se aceleraban cada vez más sin llegar a correr. Entonces vi una figura oscura encogida al lado del bebedero en el pasillo.

—Parece que no soy el único al que su nuevo grupo del almuerzo lo aturde —comenté casi divertido, Gwen levantó la cabeza tan repentinamente que se dio un golpe contra la pared—. Lo siento, no quería asustarte.

—No importa —contestó ella con una mueca mientras se sobaba la nuca.

Decidí dejarme caer a su lado. Gwen se veía un poco desconcertada al respecto, pero no se movió. Ninguno dijo nada al inicio, lo que rápidamente me hizo sentir incómodo.

—Así que… ¿Me contaras lo que pasó? —decidí preguntar.

Ella lo consideró por lo que me pareció una eternidad hasta que finalmente se decidió a hablar.

—Leshawna invitó a otra chica, Bridgette, a almorzar con nosotras hoy.

—Bridgette me agrada, es muy amable —le informé.

—Lo sé —contestó ella.

—¿Entonces cuál es el problema?

—Olvídalo, me siento cómo una tonta.

—Me estoy escondiendo contigo al lado de un bebedero, no veo cómo puedo estar en una mejor posición que tú.

Gwen bufó ruidosamente, pero continuó hablando.

—Ellas ni siquiera tienen una clase juntas… Bueno, educación física, pero la mitad de la generación tiene educación física junta. Pero al parecer son super amigas, porque Leshawna sí va a fiestas, y habla con gente, y yo no.

—No te sigo —le confesé, genuinamente confundido.

—¡Estoy celosa! —gritó ella antes de clavar su rostro entre las rodillas, consideré seriamente darle un par de palmaditas en la espalda, pero antes de que me animara a hacerlo volvió a enderezarse para mirarme— Nunca había tenido una mejor amiga antes de Leshawna.

—¿Y tú solución es huir y dejarla sola con la competencia?

—¡Oye! —exclamó ella con una sonrisa dándome un pequeño golpe en el hombro— Creí que habías dicho que Bridgette es muy amable.

—Lo es, estoy seguro de que seducirá a Leshawna con su amabilidad, cuando regreses seguramente ya no recordará ni tu nombre. Eso te pasa por no ser tan bonita como yo, así nadie te olvidaría.

Gwen se rio y rodó los ojos mientras yo le regresaba el golpecito en el hombro.

—Bueno, ¿y qué hay de ti? Tú también escapaste. Dices que es porque te abrumaban, ¿verdad? ¿Con quién pasabas los almuerzos antes?

—Bueno, las últimas semanas las pasaba con Izzy. A veces también estábamos con Eva y Noah, pero estoy seguro de que él me odia así que intentaba convencerla de evitarlos. Antes de eso… Katie y Sadie, o Owen y con quien fuera que estuviera Owen ese día.

—Espera, espera —dijo Gwen, a pesar de que yo ya había terminado de hablar—. Me estás diciendo que te juntabas con Izzy, Katie, Sadie y Owen… ¿pero Trent y los nerds te abruman? Digo, sé que Harold habla mucho, pero...

—No me molesta eso… Es solo que ninguna de las personas con las que me juntaba antes esperaba nada de mí.

—Oh.

Ambos nos mantuvimos en silencio hasta que la chicharra sonó, anunciando que debíamos empezar nuestro camino de regreso a las aulas.

—Gwen —la detuve cuando ella se puso de pie—, Bridgette es una buena persona. Deberías de darle una oportunidad, quizás en lugar de perder terminas ganando algo.

—Suenas igual que Trent —observó Gwen con una sonrisa—. Tú deberías de darle una oportunidad a él, es un gran chico… Cody también; y si logras obviar el hecho de que se saca los mocos en público y que no puedes decir que te gusta algo sin que te explique el origen etimológico de su nombre, puede que descubras que Harold tampoco está tan mal.

Ella estiró su mano pálida, que yo tomé con fuerza, y con un pequeño jalón me ayudó a ponerme de pie.

-0-0-0-

—¿En serio tú tampoco vas a entrar a la clase? —le reclamó Harold a Trent que se había sentado al lado de Cody en las gradas alrededor de la alberca.

—Conmoción, ¿lo olvidas? —respondió él señalándose la cabeza.

—¿No ya habías tenido una conmoción a inició del semestre? —recordé.

Trent me volteó a ver como si hubiera olvidado que yo también estaba ahí.

—¿Ya habías tenido una conmoción? —le preguntó Harold sorprendido.

—Sí —dijo Trent con una sonrisa forzada—. Fue hace unos meses. La verdad no recuerdo muy bien lo que pasó, pero Gwen y Leshawna dicen que tuvo algo que ver con una bolsa de maquillaje y que fue culpa de Heather.

—Yo no estaba, pero Beth me contó —comentó Cody—. Creo que en realidad fue Owen el que lanzó la caja de naranjas que te dejaron inconsciente, lo del estuche de maquillaje fue después… Pero ella también cree que fue culpa de Heather.

—Oh, ¿fue la vez del congelador? Sadie también me contó, pero no recordaba que hubieras sido tú…

—¿No les da miedo hacer una banda donde estén los tres juntos? —los interrumpí antes de que siguieran con su conversación sin sentido.

—¿A qué te refieres? —me cuestionó Trent confundido.

—Te caíste en el hábitat de un oso— señalé a Cody—, tuviste dos conmociones en menos de seis meses —señalé a Trent—, el matón de la generación la tiene contra ti —señalé a Harold—. Es como si la mala suerte los persiguiera. Capaz que si se quedan juntos les cae un rayo o algo así.

No sé cómo describir la forma en la que me miraron. Trent tragó saliva.

—O puede que nuestra mala suerte se anule entre sí —sugirió Cody.

—Si no quieres estar con nosotros solo tienes que decirlo —gruñó Harold.

El sonido ensordecedor del silbato del entrenador hizo a Cody y Harold saltar y yo agradecí la interrupción. Me quité las sandalias con un par de movimientos rápidos de los pies, asegurándome de que quedaran debajo de las gradas, crucé los brazos y me saqué la playera. Escuché un par de ricitas nerviosas de algunas chicas y a uno de los chicos preguntando cómo lograba eso. Sonreí, me recorrí el cabello con una mano y dejé caer la playera.

No hay muchas cosas relevantes que decir de esa clase. El entrenador Hatchet nos puso a hacer relevos toda la hora. Harold y yo terminamos en equipos contrarios, y aunque en el suyo estaba la persona más rápida de la clase (Eva) mientras que en el mío la más lenta (Noah, el tipo tiene una condición física tan mala que hubo un momento en el que Owen tuvo que sacarlo en brazos de la alberca para evitar que se ahogara), de algún modo mi equipo le ganó al suyo. Me gusta pensar que yo tuve algo que ver con eso.

Nos sentamos uno al lado del otro en los vestidores al terminar de bañarnos. El ambiente se sentía tenso.

—Entonces… —decidí hacer algo— Eso de ser un Don Juan. ¿Es bueno o es malo?

—Depende —se subió los lentes con un dedo—, si te gustan mucho las mujeres y nada el compromiso, supongo que es bueno.

—¿Y si no?

—¿Sí te gusta el compromiso?

Él me miró y yo sentí como si quisiera remover dentro de mis entrañas. Me rasqué la nuca y volteé a ver a otro lado.

—No me gustan tanto las mujeres —me apresuré a seguir hablando, antes de que se hiciera ideas—. Digo, es más fácil tratar con ellas que con los hombres. Los hombres a veces… no sé. Me siento cómodo rodeado de mujeres, pero a veces simplemente preferiría no tener que relacionarme con ellas de ese modo.

Odiaba el camino que estaba tomando esa conversación.

—¿Y entonces porqué te sigues relacionando con ellas de ese modo?

—Es más fácil —confesé—. Yo nunca las busco, pero si ellas me buscan no las voy a rechazar. ¿Entiendes?

—No… Bueno, sí fueras Cody lo entendería. Pero eres el maldito Justin…

—A mí me gusta pensar en mi belleza más cómo una bendición.

—El bendito Justin —se corrigió—. Puedes tener a la chica que quieras.

—Pero no hay ninguna chica que quiera… Y salir con chicas tiene sus beneficios…

—Sí, definitivamente suenas cómo un Don Juan para mí —asintió Harold—. Ahora tienes dos futuros posibles. Según la mayoría de las historias en las que el personaje Don Juan fue utilizado: estás condenado. Pero no te preocupes, según la versión más popular Don Juan Tenorio, aún tienes la posibilidad de que el amor de una mujer te salve.

-0-0-0-

Frida, una mujer bajita, gordita y más mestiza que yo, me sonrió cuando pasé por enfrente de la recepción.

—¡Justin! Las chicas van a estar tan contentas de verte.

—Y yo de verlas a ellas. ¿Están en la salita?

Ella asintió y yo me dirigí sólo a través de los pasillos. Ya nadie le ponía peros a mi presencia ahí ni tenía problemas con que me moviera cómo si estuviera en mi casa. Aunque mi casa nunca había tenido un papel tapiz tan feo.

La salita era una habitación de unos seis metros cuadrados con tres sillones repletos de almohadas, un par de cuadros de naturalezas muertas y dos mesas al centro, en una de las cuáles había un juego iniciado de dominó y otra destinada a las bebidas: tres tazas de té, dos de chocolate y un café descafeinado. Me quedé un segundo en el marco de la puerta, observando.

—¿Quién es ese chico guapo que vino a visitarnos?

Milly, una mujer negra cómo el carbón, con los ojos más brillantes y la sonrisa más cálida que conocía, abrió sus enormes brazos en mi dirección y yo no dudé en ir a hundirme en ellos. Olía a chocolate y medicina.

—A mí también me da mucho gusto verte —murmuró mientras me revolvía el cabello con ternura.

Me separé de ella y volteé a ver al resto de las señoras en la pequeña sala.

—Mira, mira, el hijo pródigo a regresado —dijo Elvira, una mujer alta y siempre elegante que se veía cómo me imagino se verá Gwen cuando tenga 73 años… Sí ella fuer alta y elegante.

—No seas cruel, solo falté dos semanas —contesté con una sonrisa.

—Dos semanas son una eternidad a esta edad. Cuando una es así de vieja puede morirse en cualquier momento.

—Jesucristo santo, no digas esas cosas —exclamó Siana, pequeñita, con el cabello blanco y diminutos ojos azules.

—Deja que hable por ella, yo me siento joven y fresca cómo una lechuga —dijo Ester, que con 71 años era efectivamente la mujer más joven en ese grupo—. A todas nos alegra mucho que estés aquí, y entendemos perfectamente que tengas otras cosas que hacer.

—Menos plática y más dominó —las apuró Ruslana, la mujer más vieja del lugar, siempre con expresión seria y las manos temblorosas.

Había migrado de lo que ahora es Ucrania, con su esposo, sus tres hijos y las familias de estos, a Canadá cuando la separación de la URSS. Cuando nos enseñó fotos de su juventud todas dijeron que se veía guapa, yo solo pienso que se veía triste.

—Ven Justin, tú puedes hacer equipo conmigo —me indicó Ester dando un par de golpecitos en el diminuto espacio en el sillón al lado de ella.

—¡Hey, eso no es justo! —se quejó Hua, también era inmigrante pero ella de China, que no había quitado su vista de las fichas en su mesa desde que había llegado.

—Oh, no sea hipócrita. Todas sabemos que Milly te está ayudando.

—Yo solo estoy observando —se defendió la acusada con una risa antes de darle otro trago a su taza de chocolate.

Yo me acomodé al lado de Ester y dejé que me enseñara sus fichas, aunque sabía que al final ella tomaría todas las decisiones. En realidad ella era la razón por la que había empezado a ir a la casa de descanso todos los miércoles. Cuando era niño, antes de que mi mamá y yo nos volviéramos estables y aún vivíamos en un departamento con una sola habitación, un baño y la sala y la cocina en un mismo espacio, ella era nuestra vecina de abajo.

En general mi mamá nunca tuvo demasiada necesidad en lo referente a mí. Las vecinas siempre estaban dispuestas a cuidarme, o a comprarme un bote de leche en polvo si el cheque de esa semana se atrasaba. Era un niño muy lindo, y muchas de ellas también habían sido madres solteras.

Ese no es el caso de Ester, ella nunca se casó ni tuvo hijos. Ella dice que es porque era demasiado lesbiana para forzarse a formar una familia con un hombre, pero no lo suficientemente valiente para intentar formar una con una mujer en ese momento de la historia. Nos adoptó cómo a su familia a mi mamá y a mí en el momento en el que nos conoció. Luego, cuando tenía doce, tuve que pasar un año en Hawai mientras mi mamá arreglaba un par de problemas legales para asegurarse de que ambos consiguiéramos la nacionalidad canadiense. Cuando regresé Ester se había mudado a esa casa de descanso. Ella es lo más parecido a una abuela que he tenido… aparte de mi abuela, pero ella está en Hawai.

Perdimos esa partida de dominó… y las dos siguientes. Pero ganamos la cuarta y, aunque sé que no es cierto, ella dice que fue gracias a mí.

Al final algunas de las señoras se fueron a ver las novelas o a echarse una siesta y nos quedamos Hua, Ester, Siana y yo. Esta última se ofreció a arreglarme las uñas de los pies, y yo no me iba a negar.

—Tienes que empezar a usar zapatos, sino nunca conseguirás contratos para modelaje de pies —me regañó señalándome con su lima.

—Pero es que mis pies se sienten muy encerrados —contesté.

—Aparte, él ya no necesita más contratos de modelaje, necesita menos —dijo Hua dándole un trago a su tercera taza de té—. Creí que tu madre y tú ya no tenían problemas económicos.

—Hua… —empezó a decir Ester.

—¿Qué? ¿No se supone que lo trajo a Canadá para buscarle una mejor vida? El trabajo infantil no es un chiste.

—Está bien, a mí me gusta —me apresuré a aclarar—. Aparte, estaba pensando que si todo sigue bien con el trabajo de mamá podría donar parte de mis salarios a la caridad. Ustedes saben, para regresarle al universo un poco de lo que me ha dado.

—Oh, eso es muy dulce —comentó Siana.

—Lo que tu necesitas es amigos —opinó Hua.

—Ustedes son mis amigas.

—Amigos de tu edad, cariño —dijo Ester apartándome un mechón de cabello y dándome un beso en la frente—. Eres un adolescente, necesitas otros adolescentes con los que ser irresponsable y perder el tiempo.

—Estoy seguro de que ese es un estereotipo dañino —le reclamé divertido.

—A mí me gustaría ser una adolescente irresponsable que pierde el tiempo —agregó Siana.

Suspiré, considerando mis posibilidades. Podía hablarles de Harold, Cody y Trent. Pero la verdad es que ninguno de ellos era de verdad mi amigo, y estaba empezando a considerar seriamente que era una pésima idea unirme a su banda. Pero aun así…

—Hay unos chicos que quieren que haga un proyecto con ellos… Sería trabajo, pero son de mi edad.

Siana me dio un par de golpecitos en el pie.

—Yo conocí a mi esposo en el trabajo.

-0-0-0-

Cody ya no traía su silla de ruedas.

Eso sí, sus brazos seguían enyesados y Duncan estaba sosteniéndolos sobre su cabeza mientras Geoff lanzaba una hoja de papel hecha bola entre ellos. Cody no hizo nada para detenerlos, solo sonrió nerviosamente.

—¡Gol de campo! —exclamó Duncan mientras él y su amigo chocaban los cinco.

Esperé a que los dos se alejaran corriendo para acercarme.

—No sabía que te llevabas así con ellos —le dije.

Cody se sobresaltó un poco al escucharme, pero rápidamente regresó a su falsa sonrisa.

—Bueno, no es cómo que yo lo haya decidido —contestó—. Aparte, es mejor que los deje hacer cosas así. Tontas. Tú sabes, para no hacerlos enojar y que no le echen salsa a mi ropa interior limpia o me ofrezcan jugo "de reconciliación" que en realidad es aceite usado de cocina.

Volteé a ver por donde se habían ido y reprimí un escalofrío.

—¿En verdad crees que serían capaces de hacer eso?

—Sí… Bueno, ya se lo han hecho a Harold.

—Eso es una mierda… Me alegra no verme cómo una víctima potencial.

Flexioné uno de mis brazos para mostrárselo a Cody y él se permitió bufar por su nariz divertido.

—¿Serías capaz de hacerlo: enfrentarte físicamente a ellos si se metieran contigo? —me preguntó levantando mucho las cejas.

—No tengo la más mínima idea. Pero confío en que nunca tendré que averiguarlo. Son cobardes, solo se enfrentan a quienes están indefensos.

—No sé si estar de acuerdo contigo o ofenderme porque me llamaste indefenso.

—Pues no te defendiste, ¿o sí?

Él suspiró antes de volver a sonreír, ahora más relajado.

—¿Puedes abrir mi casillero? Beth dijo que iba a ayudarme, pero creo que está platicando con Lindsay a escondidas en el baño.

—Claro.

—La llave está en la bolsa pequeña al frente de mi mochila.

Cody se volteó para que pudiera verla, yo abrí el cierre y empecé a buscar entre las envolturas de dulces.

—Creí que ellos te agradaban. Duncan y Geoff. Te he visto pasar tiempo con ellos —comentó Cody.

—A Owen le agradan —aclaré mientras finalmente encontraba la llave, que tenía una carita feliz pegada, y abría el casillero.

—No sé para qué insistes en traer cuadernos a la escuela si al final soy yo el que hace todos tus apuntes —una voz nasal y molesta irrumpió nuestra conversación.

—Bueno, no es cómo que me haya roto los dos brazos a propósito —se quejó Cody, aunque era la primera vez en el día que su expresión era de auténtica felicidad.

—Uno nunca sabe, con eso de que te encanta la atención —los ojos oscuros y eternamente aburridos se dirigieron a mí—. Anti yo.

—Noah —contesté.

Fue entonces cuando un cuerpo se dejó caer por completo contra mí, su brazo rodeando mi hombro y sus risos naranjas golpeándome en la cara.

—Así que Cody es tu nueva víctima, niño bonito —dijo antes de señalar al susodicho acusadoramente—. Te advertí que era malvado y un mentiroso patológico. Mira, sé que él es un diez mientras que Noah con trabajos es un tres punto cinco. ¡Pero debes aprender a tomar mejores decisiones en tu vida!

—Hola Izzy —saludé mientras ponía los ojos en blanco.

—¡Hola! —exclamó ella enseñándome sus dientes inhumanamente filosos.

—¡A mí me gusta Gwen! —se apresuró a defenderse Cody.

—¿Gwen? —pregunté.

—¡Trent lo sabe! —agregó Cody.

—No se para que escuchas a Izzy, sí ya sabes cómo es— gruñó Noah entre dientes mientras maniobraba con las cosas de Cody como si fueran suyas.

Una tercera presencia sostenía la mochila de Noah, él nunca cargaba sus cosas, mientras este sacaba un par de fotocopias. Decidí concentrar mi atención en ella.

—Hola Eva.

La chica de la uniceja y el cabello negro usualmente agarrado en una cola de caballo volteó su cabeza al lado contrario al que yo estaba, al mismo tiempo que sus mejillas se encendían de color rojo. Yo sonreí con suficiencia.

—Listo —Noah cerró el cierre de la mochila de Cody y le dio un par de golpecitos en el hombro—, nos vemos en el salón.

Y así cómo llegaron, se fueron. Cody y yo nos quedamos viendo en su dirección

—Así que… ¿Gwen? —recordé.

—Sí… Pero estoy bien con que este con Trent, ¿sabes? Los dos son increíbles y se merecen el uno al otro.

Asentí.

—¿Y Noah?

Lo vi tensarse.

—¿Qué con Noah?

—No lo sé, esperaba que tú me explicaras —le contesté con una media sonrisa.

—En ese caso tú explícame esto —él cuadro los hombros y engrosó su voz, en una pésima interpretación mía—: Noah, Izzy —asintió con la cabeza al mencionar cada nombre antes de volver a relajar su posición y recuperar su tono de voz natural—, hola Eva.

—Me agrada Eva —expliqué—, y Noah e Izzy me aterran.

—Espera, ¿Noah e Izzy te aterran?

—¿A ti no?

—Bueno… Noah no. ¿Y a ti Eva no?

—¿No te cae bien Eva?

—Claro que me cae bien Eva, así cómo me cae bien Izzy. Si hubiera un apocalipsis zombi no dudaría en unirme a su equipo. Estoy seguro de que cualquiera de ellas podría partirlos por la mitad sin siquiera pestañear.

Me reí.

—Tienes un punto.

La chicharra sonó y los dos empezamos a caminar en dirección de nuestro salón. Teníamos la primera clase juntos.

—Entonces… ¿Vas a almorzar con nosotros hoy? —me preguntó Cody.

—No lo creo… lo siento —me obligué a disculparme—. Es que es fin de semestre y mi novia…

—Sí, sí, no te preocupes.

-0-0-0-

Antes de que crean que esa novia de la que he hablado no era más que una excusa para no pasar tiempo con Harold, Cody y Trent, déjenme aclarar que ella era muy real… Y también una excusa perfecta. Algo de lo que aparentemente se dio cuenta, porque cuando por tercer día consecutivo me aparecí en su mesa ella tuvo una charla muy seria conmigo sobre cómo debía de dejar de huir y jugar con los sentimientos de los demás. Los chicos merecían una respuesta.

No quería decirles que no sabía absolutamente nada de música y que me sentía tonto y fuera de lugar cuando estaba con ellos. Así que ya había decidido que les diría que el modelaje ya me tenía muy ocupado, pero que estaba dispuesto a ayudarlos actuando gratis en un par de videos musicales si querían.

Así que terminando mi última clase del día me dirigí al salón donde sabía que debían estar los tres. No estaba muy lejos del mío y con los dos brazos rotos de Cody eran más lentos de lo normal, así que no debía tener mucho problema encontrándolos. Recorrí los pasillos en un paso no muy rápido pero constante, solo para encontrarme que el lugar estaba completamente vacío.

Me quedé congelado enfrente de la puerta un par de segundos antes de decidirme a ir a buscarlos al casillero de Cody, no sabía dónde estaba el de los demás. Los pasillos ya se habían llenado de gente y era un poco difícil moverme entre la multitud. Un par de personas intentaron detenerme para hacerme la plática, pero yo las ignoré mientras miraba atento a todos lados viendo si podía distinguir alguien que pudiera saber dónde estaban.

Tampoco estaban por el casillero de Cody. Trent se había vestido ese día de verde y negro, y Harold de azul con… ¿rosa? Creía, no estaba seguro. Caminé entre las personas un rato, preguntándome a mismo porque me esforzaba tanto en encontrar a estas personas (nada cambiaría si esperaba al lunes para darles mi resolución), cuando una canción conocida pero interpretada por una voz que solo parecía reconocer llamó mi atención. Y ahí estaba Trent, en un salón vacío, cantando y tocando la guitarra.

Abrí la puerta y él se detuvo de golpe.

—Fui a buscarlos a su salón —anuncié mientras cerraba la puerta atrás de mí.

—Nuestro profesor se enfermó —me explicó—. Harold y Cody ya se fueron a su casa, pero yo pensé que podía aprovechar para ensayar un rato.

Él estaba en la silla del profesor, así que fui y me senté en el escritorio frente a él.

—Me gusta tu versión de esa canción, aunque se escucha un poco lenta.

—No esta lenta, es porque solo soy una guitarra. Necesita más instrumentos para agarrar más fuerza… Entonces, ¿conoces la canción?

—Sí.

—¿Y te sabes la letra?

—Bueno… no muy bien.

Trent me pasó unas partituras que tenía guardadas en un cuaderno, que tenían la letra escrita en la parte de abajo.

—¿Quieres intentarlo?

—Yo… no sé tocar ningún instrumento.

—Ya lo sé, cantar me refiero. También podemos darle fuerza a la canción con un juego de voces.

Asentí y me puse a acompasar mi respiración cómo nos habían enseñado en clase de coro mientras Trent empezaba a tocar.

—Yo te doy la señal. Y… ya.

—I, over my eyes now that I´m able. I, shedding my youth sit at the table —empecé a cantar—. Night after night, I can steel feel the fight. Without you, this feeling is fatal.

—No one can stop us, we won´t back down again—canto él mientras yo intentaba seguirle el ritmo golpeteando el escritorio con la yema de mis dedos—. Nothing can top this, we are not afraid…

—Take me home, tonight we are invincible —cantamos los dos, y yo me permití golpear el escritorio con fuerza y la palma completa—. Hold in the dark, tonight we are invincible.

El resto de la canción se escurrió como agua por nuestras bocas y nuestras manos. Él ya no tuvo que volver a marcarme cuando debía iniciar y cuando cantábamos juntos era cómo si lleváramos años ensayando. Cuando sus acordes dejaron de sonar me volteó a ver cómo si fuera la primera vez.

—Tienes mucho ritmo —comentó.

—Y eso que aún no me has visto bailar —le guiñé un ojo.

—No, en serio. ¿Nunca has tomado clases de percusiones o algo así?

Voltee a ver mi mano, dándome cuenta de que probablemente se refería al golpeteo que había estado haciendo mientras cantábamos.

—No… —contesté inseguro.

—Eres un natural, seguro que si te damos un pandero o algo así podrías marcar el ritmo al mismo tiempo que cantas… Tenías razón, también tienes muy buena voz.

Parpadee, intentando procesar sus palabras.

—¿Qué me estás intentando decir?

—Que sería un honor que fueras parte de mi banda.

Sentí cómo mi corazón latía fuerte dentro de mi pecho.

—El honor será mío.


Así que cada capítulo que escribo es más largo… espero que no les moleste. Aunque, díganme, ¿son demasiados diálogos? Sentí que este capítulo casi no tuvo narración.

Bueno, ahora hablemos sobre Justin. Sé que es un personaje complicado, no es muy utilizado en los fanfics y cuando lo es casi nunca me gusta la interpretación que hacen de él. Si tienen duda de donde salió la mía está fuertemente influenciado por su biografía de Isla del Drama, su participación en Isla del Drama y su cameo en Skatoony. Me encantaría conocer sus impresiones. ¡Y ya tenemos a los cuatro juntos!

Finalmente quería agradecer a Lerans y CarrodSparda por sus hermosos reviews. Como ven no solo ustedes piensan que ya es muy mala suerte que los incidentes con los osos persigan a Cody. Espero que el reclutamiento de Justin haya cumplido sus expectativas.

Los quiere: yo.