Gwen

Bridgette y yo corríamos por los pasillos mientras intentábamos contener las risitas que burbujeaban dentro de nosotras. Ella siempre ha sido más atlética y ágil que yo, así que tenía que hacer un esfuerzo extra para mantener su ritmo. Al parecer lo notó ya que me tomó de la mano para asegurarse de que no me quedara atrás.

Me tomaré un momento para describirles a Bridgette. Ella es un poco más alta que yo, en ese tiempo usaba su cabello (rubio y lacio) largo en una cola de caballo que le llegaba casi hasta la cadera; tiene la piel clara siempre un poco bronceada por el sol de la playa, los ojos verdes (muy parecidos a los de Trent), la cabeza redonda y un rostro que si bien relajado y amistoso a mí siempre me ha dado la impresión de que oculta algo más.

La escuela ya estaba casi vacía. Nada más sonar la chicharra final la mayoría de los estudiantes habían salido casi instantáneamente, ansiosos por empezar sus vacaciones de invierno lo más rápidamente posible. Aun así se podían alcanzar a divisar algunos estudiantes vaciando sus casilleros o deseándole felices fiestas a sus amigos que iban a salir de la ciudad.

Ambas doblamos por un último pasillo antes de encontrar la puerta que nos llevaba a la enfermería. La abrimos de golpe. Adentro todos se congelaron en su lugar y voltearon a vernos.

—Creí que les había dicho que solo podía haber dos acompañantes y que eso ya era demasiado —nos regañó el entrenador… ¿enfermero?... Hatchet.

Trent había tenido un envenenamiento por alimentos hace un par de horas y los chicos (Harold, Justin y Cody), Leshawna, Beth y yo nos habíamos estado turnando para ver cómo estaba. En ese momento eran Cody y Justin los que esperaban que el entrenador finalmente le diera el alta. La verdad es que ya se veía mucho mejor… ya no estaba verde.

Bridgette y yo intercambiamos una mirada, aún incapaces de parar de sonreír. Ella hizo un movimiento de cabeza y yo no necesité otra señal.

—¡Leshawna y Harold se besaron! —exclamamos las dos al mismo tiempo antes de explotar otra vez en risas de pura emoción.

Llevábamos toda la semana buscando a la dueña del poema que habíamos encontrado accidentalmente extraviado en el piso de la cafetería, y no solo habíamos descubierto que le pertenecía a nuestra amiga, sino que también acabábamos de presenciar la declaración de amor de su admirador secreto.

—¡Leshawna y Harold? —el primero en reaccionar fue el entrenador Hatchet.

—Nosotras también estábamos muy sorprendidas —dije mientras volteaba a ver a Bridgette—, pero de algún modo…

—Funciona —terminó ella por mí.

—¡Sí!

—Se veían muy lindos juntos, Lindsay casi llora.

—Esperen, esperen. ¿Harold besó a Leshawna y ella lo dejó? —nos preguntó Justin.

—Más bien yo diría que ella lo besó a él —aclaré.

—Bueno, podríamos decir que Harold fue el que sugirió que se besaran —agregó Bridgette.

—Pero fue Leshawna la que hizo el movimiento final.

—Oh sí, definitivamente.

Los cuatro hombres se miraron uno al otro, procesando la información.

—No sabía que a Leshawna le gustara Harold… o que a él le gustara ella, aunque ahora que lo pienso tiene sentido —comentó Trent—. Pero definitivamente jamás me hubiera imaginado que a Leshawna le gustara Harold.

—Bueno, no creo que ella lo supiera hasta hoy —mi amiga se encogió de hombros.

—Siento que me estoy perdiendo de algo —dijo Justin.

—Yo también —secundó el entrenador, que ya había jalado una silla y se estaba sentando, listo para escuchar el chisme.

—Bueno, al parecer Harold le estuvo enviando cartas y poemas anónimos a Leshawna todo el semestre —empezó a explicar Bridgette—. Y al parecer ella le respondía de vez en cuando, pero no tenía idea de que era Harold.

—Y hoy él le confesó todo —continué—. No pudimos escuchar todo porque estábamos un poco lejos. ¡Pero entonces fue el beso!

—Me siento cómo un mal amigo, ¿por qué no sabía nada de esto? —se quejó Trent.

—No creo que nadie supiera —lo intenté tranquilizar.

—Pues alguien aquí se ha quedado muy callado —comentó Justin e inmediatamente todas las miradas se posaron en Cody que tragó saliva ruidosamente.

—Cody, lo sabías y no me dijiste nada —no era una pregunta—. Creí que tú y yo éramos amigos.

—Oigan, no era mi lugar contarles —se defendió él, claramente nervioso a pesar del tono obvio de broma que le había puesto a mi acusación—. A ustedes no les gustaría que si me contaran un secreto lo fuera diciendo por todos lados.

—Niño listo —dijo Justin con una sonrisa burlona—. Bien dicen que el que come callado come dos veces, y tú quieres que todos soltemos la sopa contigo.

—¡Eso no es lo que quería decir!

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Recargué mi cabeza contra el hombro de Trent mientras los dos caminábamos a través de las calles nevadas que separaban la escuela de mi casa. Él había insistido en acompañarme, a pesar de que era obvio que aún no se sentía del todo bien. No era como que no tuviéramos planes para vernos durante las vacaciones, pero aun así pasar ese último trayecto del año juntos era especial de algún modo.

—No puedo dejar de pensar en el hecho de que Leshawna no nos hubiera dicho que estaba coqueteando con alguien por cartas. Digo, de Harold lo entiendo no llevamos tanto tiempo juntándonos y aún no somos precisamente cercanos. Pero ella…

—Oye —lo detuve dándole un golpecito con la cadera antes de que siguiera dándole vueltas—. Mira, no te mentiré, yo también me sentí horrible cuando lo descubrí. Pero es Leshawna de la que estamos hablando. Ya sabes cómo es. No es que no confíe en nosotros, ella ya nos ha dicho que no le gusta darle más peso a las cosas del que tienen. Y si lo piensas recibir poemas de un desconocido no es algo precisamente formal.

Él suspiró, era obvio que no estaba convencido. Estábamos a una calle de mi casa, así que nos detuvimos y el posó su frente contra la mía. Siempre me gustó cómo olía su cabello en ese tiempo, cómo a limón.

—Pero vamos a interrogarla después, ¿verdad?

—Por supuesto —contesté con una sonrisa.

Él cerró los ojos y nuestras manos se entrelazaron. Yo cerré los ojos y aunque a nuestra piel la separaba una capa de lana y otra de estambre sentí cómo su calor iba de sus manos, subía por mis brazos y llegaba a mi pecho directo a mi corazón.

—¿Qué hice para merecer tenerte en mi vida? —me preguntó.

Abrí los ojos y vi el reflejo de mi mirada en la suya. No podía creer que algún día pudiera estar más enamorada de lo que estaba en ese momento.

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No hay mucho que decir de ahí hasta Año Nuevo. Salí con Trent y Leshawna una vez (no logramos sacarle mucha información). Pensamos en invitar al resto, pero queríamos pasar tiempo solos los tres, cómo en los viejos tiempos, antes de que pasara… bueno, todo. Íbamos a vernos más veces pero Leshawna tenía muchas actividades planeadas para fin de año con sus chicos y la familia de Trent tenía sus propias tradiciones que abordar. Yo también tenía cosas que hacer, los regalos que Santa Claus dejaría abajo del árbol de navidad ese año no iban a comprarse solos…

Pero probablemente no les interesa saber cómo pasé la navidad, ni que música escuchaba mientras dibujaba, o de mis conversaciones hasta media noche por mensaje con Trent… bueno, quizás esas si les interesen. Aunque supongo que lo que en realidad quieren saber es porque estoy narrando yo y no uno de los chicos. Bueno, pues a Cody se le hizo una buena idea que yo narrara esta parte de su historia y todos los demás estuvieron de acuerdo. Así que si ustedes no lo están no es mi problema.

Ahora, hablando de Cody, saltemos al siguiente punto trascendental de la Historia (con H mayúscula) de Los Hermanos del Drama. Después de Año Nuevo, cuando ya nadie tenía yesos y tenían una buena selección de canciones con las que empezar, Trent, Harold, Justin y yo fuimos a la casa de Cody.

La mayoría de nosotros ya habíamos estado ahí por fuera. Sabíamos que era costosa, grande y bonita. Pero entrar era una experiencia completamente distinta. La mitad de los pisos estaban cubiertos por una alfombra color beige que se veía tan suave y limpia que casi se sentía cómo un pecado pisarlo, mientras que la otra tenía baldosas relucientes; los muebles eran de madera oscura y los sillones de piel se veían tan nuevos que no estaba segura de que alguien los hubiera usado nunca. Todos los cuadros de la pared eran de buen gusto y por lo que alcanzaba a ver de la cocina los electrodomésticos eran de última generación.

—Vamos a la cochera —nos indicó Cody.

—¿Tenemos qué? —se quejó Harold por lo bajo.

—Creí que querían ver el lugar dónde vamos a ensayar —dijo Cody.

Y si ustedes no lo están pensando ya, lo diré yo: Que cliché.

La cochera también era bastante impresionante. Tenía espacio para dos coches, ganchos para colgar ropa empotrados en la pared, ninguna mancha de aceite o llantas en el piso (que no era solo cemento) y un mueble con gabinetes de plástico en color crema. El teclado y el sintetizador de Cody ya estaban ahí.

—Vamos a tener que recoger todo cuando terminemos todos los días —anunció Cody—. Pero si quieren pueden dejar cosas en mi cuarto para no tener que traerlas cada que vayamos a ensayar.

—¿Qué tal es la acústica? —preguntó Trent mientras recorría el lugar.

—No es la mejor de todas… Es mejor en mi cuarto, pero no cabemos todos ahí. Al menos no se escapa mucho el ruido así que no tendremos problema con los vecinos… El problema va a ser en vacaciones, porque mi papá empieza a pasar mucho más tiempo aquí y él odia que haga ruido. Pero ya tendremos tiempo para arreglar eso más adelante.

—¿Dónde están tus papás en este momento? ¿No estás metiéndonos aquí a escondidas ni nada así, verdad? —lo cuestionó Justin.

—Oh, están en una cita con una editora… creo. El chiste es que uno de ellos consiguió que una editorial se interesara en publicar un libro suyo, aunque no sé exactamente cuál de los dos —contestó.

—¿Uno de tus papás va a ser publicado y tú ni siquiera te interesaste en descubrir cuál de ellos? —lo regañé.

No era mi intención sonar tan dura, ni ser tan prejuiciosa. Pero deben entender que para mí la familia siempre ha sido la cosa más preciada en el mundo. Y en ese entonces aún no había vivido lo suficiente para entender porque para algunas personas no era así.

—No es que no me interese —las mejillas de Cody se habían encendido y miraba al piso—. Sé que es algo muy grande… Es solo que no creo que estuviera en sus planes contarme. Cuando les pregunté si podía invitarlos para que vieran la cochera mi papá había dicho que no por el ruido hasta que mi mamá le recordó que hoy no iban a estar por lo del libro… ¡Pero dijeron que podíamos pedir comida a domicilio si dejábamos todo limpio!

Pedimos comida china.

Cuarenta y cinco minutos después estábamos los cinco sentados en el piso de la cochera, Cody nos había ofrecido que comiéramos en la casa pero a Trent y a mí nos ponía un poco nerviosos así que los convencimos de quedarnos ahí. Ellos seguían y seguían insistiendo que ya iban a empezar a ensayar, pero no lo hacían. Supongo que el primer ensayo es el más difícil, o algo.

—Es que si empezamos con una balada romántica van a pensar que somos aburridos y vamos a perder una gran parte de nuestro mercado potencial —alegaba Harold.

—Pensé que nuestro mercado potencial eran mujeres entre los doce y los veinticinco años —respondió Trent.

Yo intenté no rodar los ojos, era mi novio el que estaba hablando después de todo, pero no pude evitarlo.

—Pero no a todas las mujeres les gustan las baladas románticas —insistió Harold antes de voltear a verme directamente a los ojos—. ¿Verdad Gwen?

Todas las miradas se posaron en mí, esperando, especialmente la de Trent.

—Me gustan las que hace Trent —decidí contestar.

Mi novio suspiró, era obvio que no era la respuesta que esperaba.

—Pero eso no importa —les dije—. Díganme, ¿están haciendo esto por amor al arte o por las vistas en YouTube?

—Por las vistas, definitivamente —aseguró Justin, ni siquiera parecía darle vergüenza admitirlo.

—No es que nos importe más la fama que el arte —dijo Trent.

—A mí sí me importa más la fama —lo interrumpió Justin.

—Pero… —continuó Trent ignorándolo— El arte se supone que se trata de tocar a las personas emocionalmente. ¿Y cómo vamos a lograr eso si no llegamos a las personas en primer lugar?

Suspiré, era claro que teníamos ideas distintas de para que servía el arte.

—Entonces, ¿no han pensado que, quizás, no puedan llegar a las personas que esperan que los escuchen? —si querían que me metiera, me iba a meter

—¿A qué te refieres? —preguntó Cody, al parecer no lo habían pensado.

—Qué… ni siquiera yo sé cómo se llama su banda, ni el nombre de sus canciones. No sabría como buscarlos en YouTube, por lo tanto todas esas personas a las que quieren llegar menos.

La cara de decepción de los cuatro no se hizo esperar, y yo me sentí culpable una vez más. Siempre fui terrible animando o inspirando a la gente.

Entonces la mirada de Cody se ilumino cómo si hubiera tenido una epifanía.

—Entonces deberíamos hacer covers —sentenció—. Cómo los dibujantes. Empiezan haciendo fanarts y mientras van ganando seguidores y haciendo que las personas los quieran empiezan a introducir poco a poco su trabajo original.

—En realidad esa es una muy buena idea —se emocionó Harold.

—¡Y ni siquiera tenemos que hacer que eso sea un impedimento para nuestra creatividad! Podemos hacerle algunos arreglos a la música o modificar un poco la letra para asegurarnos de dejar nuestro sello y que la gente nos vaya reconociendo —sugirió Trent.

—Y para que el público nos sienta cercanos podemos hacer votaciones para que ellos sugieran que covers quieren que hagamos después —se unió Justin.

En ese momento no fui consciente de ello, pero si hoy me preguntaran cuando me di cuenta de que serían grandes probablemente contestaría que fue ahí. Los vi sonreír y discutir cuál sería su primer cover un rato hasta que me di cuenta de que había información que aún no sabía.

—Oigan, aún no me dicen cuál es el nombre de su banda —les recordé.

Y ellos dejaron de sonreír.

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El nuevo semestre era un caos. La mitad de los estudiantes no recordaban dónde estaban sus casilleros, y de esos la mitad estaba en negación así que en lugar de ir a ver las listas preferían probar con su llave en diez casilleros distintos hasta que finalmente aceptaban su error o la suerte les sonreía y le atinaban. Así que los pasillos estaban llenos de personas estorbándose las unas a las otras o saludándose mutuamente como si no hubieran sido solo dos semanas de vacaciones.

Yo no estaba de muy buen humor ese día. Había tenido un insomnio terrible y en la mañana había discutido con mi hermanito que se negaba a salir de la cama.

—Galletas para mi vecina de casillero favorita —una bolsita de celofán, con un par de muñequitos de jengibre que estaban adornados en un muy inexacto estilo gótico, se sacudió enfrente de mis ojos y yo no pude evitar sonreír.

Dj, al que podría describir cómo un oso de peluche de casi dos metros y cuerpo de jugador de americano dejó caer la bolsita en mis manos antes de arrebujarme entre sus grandes brazos.

—Feliz navidad Gwen.

—Feliz navidad Dj —contesté, dejándome querer.

—Creí que yo era tu vecina de casillero favorita —una voz un tanto infantil y que en los últimos tiempos se había vuelto muy familiar para mí nos interrumpió.

Dj se separó de mí sin deshacer su brillante sonrisa y sacó otra bolsita con galletas (estas con forma de cerdito) de su mochila que parecía estar llena.

—Y aquí están para mi otra vecina de casillero favorita.

—¡Gracias! —Beth tomó la bolsita de celofán y se lanzó a los brazos de Dj que la recibió con igual afecto— ¡Voy a enseñárselas a Cody!

Y así cómo así salió corriendo.

—Eso me recuerda —Dj atrajo mi atención de regreso—. Un pajarito, y por pajarito me refiero a Leshawna, me dijo que tu hombre y el suyo formaron una banda.

—¿Leshawna tiene un hombre, sabes algo que yo no? —lo interrogué con una ceja enarcada.

Él se encogió de hombros y su sonrisa relajada apenas se movió un ápice. Si sabía algo no iba a decirlo.

—Entonces sobre la banda…

—Sí. Trent, Harold, Cody y Justin. O al menos eso dicen, con las fracturas de Cody y las vacaciones de invierno la verdad no han avanzado mucho en eso de hacer música —le conté—. ¿Por qué?

—Verás, mi mamá trabaja en una compañía que organiza banquetes. Es una gran cocinera, algún día deberás probar su comida te juro que es la mejor del mundo. Pero ese no es el punto. La cuestión es que la contrataron para una guerra de bandas que va a haber el próximo mes. Las inscripciones cierran en dos semanas, solo tienen que mandar un video de un minuto a su página de Facebook. No será la gran cosa, los premios son cenas gratis, cupones para comprar zapatos con descuentos y cosas así. Pero pensé que quizás podría interesarles.

Intenté procesar la información. No creí que ellos estuvieran listos para algo así como una guerra de bandas en un mes, ni siquiera para hacer el vídeo de un minuto en menos de dos semanas. Pero sentí como me recorría una oleada de orgullo y emoción al saber que había alguien además de mí tomándose en serio los sueños de Trent.

—¡Eso es genial Dj! Definitivamente deberías comentárselos —contesté de todos modos.

—En realidad tenía la esperanza de que tú se los dijeras —me confesó, repentinamente incómodo, mientras me tendía un folleto.

—¿Por qué?

—No creo que pueda ver a Harold a la cara… Duncan… tiene planes para él. Yo no estoy involucrado pero aun así me los contó y…

No necesitaba decir más. Si yo fuera una mejor persona de lo que soy le hubiera dado un ultimátum sobre sus amistades, le hubiera dicho que en él estaba romper el ciclo de violencia y todo ese tipo de cosas que Leshawna les dice constantemente a sus chicos. Pero no lo era, así que solo contesté:

—No te preocupes, yo les digo.

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—¿Quieres qué esto funcione o no?

Trent miraba de manera amenazante a Cody que suspiró resignado.

—Pero me encantan los matletas.

—¿Tengo que dejar todo? ¿Scouts, patinaje artístico y Aikido? —preguntó Harold.

—Sí, todo —contestó Trent dándole un golpe a la mesa de la cafetería.

—Yo creo que si solo dejo dos…

—Todo, Harold.

—Yo no puedo dejar jazz —dijo Justin.

—Si yo voy a dejar los matletas tú puedes dejar tus clases de danza —lo señaló Cody acusadoramente.

—Es distinto. Lo mío sí es importante, es una herramienta para poder trabajar —alegó Justin.

—¿Estás diciendo que lo nuestro no es importante? —lo enfrentó Harold.

—¡Si no se lo van a tomar enserio se pueden ir! —exclamó mi novio, para ese punto los cuatro estaban de pie y se miraban amenazadoramente el uno al otro.

—Todos ustedes tienen que calmarse ya —sentenció Leshawna poniéndose de pie también, Beth y yo nos volteamos a ver la una a la otra—. Siéntense.

Harold abrió la boca para protestar pero una mirada de ella bastó para hacerlo cambiar de opinión. Una vez todos habían regresado a su lugar, incluyendo Leshawna, ella arrancó el folleto que Dj me había dado de la mano de Trent y lo leyó con una expresión que mostraba que no estaba muy impresionada.

—¿Quieren ganar una guerra de bandas? Pues empiecen a comportarse como una banda. ¿Van a tener que hacer sacrificios? Sí, pero no van a servir de nada si se odian unos a otros —los regañó—. Y Trent, sabes que te adoro, pero esto va principalmente para ti. ¿Quieres que ellos abandonen todo para ensayar cuándo tú bien sabes que no hay forma que tus papás te dejen dedicarle tanto tiempo a la banda? ¡Y ya deja de hacer eso!

Trent paró en seco un golpeteo rítmico de las yemas de sus dedos que había mantenido a lo largo de todo el almuerzo, del que yo no había sido completamente consciente hasta ese momento. Él golpeó rápidamente dos veces más antes de esconder sus manos debajo de la mesa.

—Por eso no les voy a decir que voy a renunciar al taller de carpintería, así tendré un pretexto para llegar tarde a casa —explicó mi novio.

—Cuando se enteren de que hiciste eso te van a matar —le advertí, genuinamente preocupada.

La relación de Trent con sus papás siempre me incomodó. Si alguien le preguntaba directamente él contestaba que tenía una buena relación con ellos. Pero luego soltaba por aquí y por allá comentarios cómo que una vez cuando era un niño y lo estaban intentando forzar a comer brócoli le habían despostillado un diente con la cuchara, o que su papá lo había obligado a permanecer parado en una esquina de la sala con la frente contra la pared hasta que logró aprenderse de memoria las tablas de multiplicar del uno al diez.

—No tienen por qué saberlo. Puedo ocultarlo durante un semestre, y si para entonces ya hemos conseguido suficiente para probarles que lo que hago vale la pena van a estar de acuerdo con que le dedique más tiempo a la banda.

—Eso suena horrible —dijo Beth.

—¿Por qué? —la cuestionó Trent, había regresado al golpeteo ahora con su pie contra una de las patas de la banca.

Pude notar cómo Leshawna, que estaba entre Beth y yo, le apretaba la mano como una señal de que guardara silencio. Ella pareció entender el mensaje.

—¿Qué días eran los de tu taller? —le preguntó mi mejor amiga en cambio.

—Martes y jueves.

—¿Entonces esos son los días que podrías ensayar?

—Y viernes, mis papás ya me dejaron ensayar los viernes. Bueno, en realidad me ofrecieron que podían ser los viernes o los sábados, pero cómo Cody dijo que tenía que ser un día entre semana para que sus papás no estuvieran…

—Los matletas son el viernes… —comentó Cody.

—Lo sé, y también que habíamos quedado que íbamos a ensayar más tarde para que pudieras ir. Pero es que nos queda tan poco tiempo…

—Oye, lo entiendo. Esta banda fue mi idea, ¿lo olvidas? —le recordó Cody mientras le ponía una mano conciliadora en el hombro— Estoy dispuesto a hacer el sacrificio si los demás también lo están.

—Bueno, Aikido es los lunes y los miércoles —dijo Harold.

—Tienes razón, estaba actuando como un loco, si no se empalma con los ensayos no veo porque no podrías seguir asistiendo —aceptó Trent.

—Entonces estoy dentro… bueno, la verdad es que de todos modos iba a estar adentro, no iba a dejar que me echaras de mi propia banda.

Todos los ojos se posaron en Justin que parecía estar en cualquier lado menos ahí.

—¿Justin? —lo llamó Cody.

—¿Y si consigo otro lugar para ensayar? —preguntó como toda respuesta.

—¿Disculpa?

—Si tenemos otro lugar que no sea la casa de Cody podríamos ir a ensayar los sábados en lugar de los viernes. Así Cody podría seguir con los…

—Matletas —terminó Beth por él.

—Eso. Y podríamos quedarnos ahí hasta la hora que quisiéramos.

—Si tenías un lugar, ¿por qué no lo dijiste antes? —lo cuestionó Harold.

—Porque no lo tengo, pero creo que puedo conseguirlo —explicó Justin.

—Pero tenemos que empezar a ensayar mañana, solo tenemos dos semanas— le recordó Trent.

—Ya lo sé, ya lo sé. Denme hasta el viernes, ese día les confirmo si lo conseguí o no.

Trent, Cody y Harold intercambiaron un par de miradas y yo sentí un pequeño nudo en mi estomago al ver cómo Justin se tensaba.

—Esta bien —asintió Trent—. Confiamos en ti.

—Y si no lo consigues no hay ningún problema, vamos a hacer que esto funcione— agregó Cody.

Justin sonrió y, quizás porque es él, inmediatamente después ya estábamos todos sonriendo. Yo estiré una de mis manos hacia el frente y Trent la tomó, le di un pequeño apretón y él se llevo nuestras manos entrelazadas hasta su boca para besar con suavidad mis nudillos.


Este capítulo es más cortito, y también termina con la primera de las cuatro partes de las que va a consistir esta historia. ¡Estoy muy feliz! También, sé que las cosas parecen lentas, pero considerando lo caóticos que son los cuatro no había forma de que se pusieran de verdad a hacer las cosas sin tener presión encima. ¡Y ya la tienen! Así que les prometo que el próximo capítulo va a tener mucho más movimiento. Finalmente solo me queda agradecerle a Lerans por su review, espero que te haya gustado este capítulo.

Los quiere: yo.