Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.
No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito
CAPTAIN TSUBASA FANFIC
SWEET EMOTIONS
Por
Simbiosis
CAPITULO I. AGRADO
Sao Pablo; Brasil
El día había transcurrido tranquilamente, tenía que repartir el tiempo entre los estudios en la mañana y los entrenamientos en la tarde, ese había sido el trato con sus padres para que pudiese cumplir su sueño de aprender futbol en Brasil y posteriormente ficharía para algún club europeo, ya tenía proyectada toda su vida, que podía salir mal. Llego al complejo de apartamentos donde vivía con Roberto, su amigo, mentor y tutor legal, al entrar se topó con el moreno, sin embargo noto que el brasileño no estaba de humor para jugar o conversar - ¿Roberto, pasa algo? – pregunto con un dejo de preocupación
El silencio entre ambos se volvió incomodo por un momento, Tsubasa esperaba una respuesta y Roberto sumido en sus pensamientos buscaba las palabras adecuadas para decirle al muchacho que debía regresar a Japón, - Tu madre llamo hace rato -, le dijo un tanto titubeante, pero sabía que debía hacerlo, aunque él no quisiese, el muchacho debía regresar esta misma noche a Japón, - Debes regresar a casa
- ¿Por qué? – La interrogante del muchacho no se hizo esperar, - ¿Acaso he hecho algo que te avergonzara? -, continuo cuestionando el adolescente tratando de hacer memoria acerca de su comportamiento, - No -, negó el carioca con la cabeza, - Pero debes hacerlo, tu madre lo pidió -, cuando escucho que su madre era la que hacia dicha petición, - ¿Está bien? -, inquirió comenzando a sentir ansiedad, - Ella está bien, es tu padre -, respondió el hombre mayor esperando una mala reacción de parte del chico, sin embargo el jovencito que se había quedado callado por un momento, se levantó y se dirigió a su habitación seguido por su tutor, Tsubasa había sacado la maleta más pequeña del armario, colocándola sobre la cama, deposito dentro de ella un par de cambios de ropa, artículos de aseo personal, tomo sus documentos del cajón, al igual que el celular, - ¡Estoy listo!
Tokio; Japón
Llevaba alrededor de una semana molesto, su mal humor iba en ascenso conforme pasaron los días, durante el entrenamiento, estuvo tan disperso que el entrenador le llamo dos veces la atención, el que estuviera distraído era porque el dolor de cabeza comenzaba a ser fastidioso, aguanto hasta que termino la sesión del día, rápidamente se fue a los vestidores, se quedó largo rato bajo la regadera, ignorando a todo el mundo, esperando con eso que el dolor bajase, conforme pasaron los minutos cada miembro del equipo se fue retirando, solo quedaron los jugadores más cercanos al moreno, - Capitán –, se escuchó desde afuera la voz de Takeshi que le llamaba, - Dime -, respondió secamente el número diez, -Ya nos vamos, ¿quiere venir? -, el muchacho le extendió la invitación pese a las muecas de negación de sus compañeros, - No puedo Takeshi, voy a cuidar a mis hermanos, será en otra ocasión -, se excusó el delantero mientras secaba parte de su cuerpo con una toalla.
Sus compañeros se despidieron y se fueron a directamente a su cita triple, de camino a la entrada del colegio, se toparon con el padrastro de su capitán, - ¡Buenas noches muchachos! -, saludo Makoto Kitazume, ex entrenador de la escuadra del Toho, - ¡Buenas noches entrenador Kitazume! -, saludaron los tres jóvenes al unísono como cuando estaban en la secundaria, mostrando sus debidos respetos al hombre, - ¡Chicos, ya no soy su entrenador!, pueden llamarme Sr. Kitazume -, les dijo un tanto avergonzado, - ¿Kojiro? -, pregunto por su ahora hijo, - Ahí viene -, respondió Sorimachi señalando al aludido, sin voltear a verlos el moreno se pasó de largo y se subió al auto, sus compañeros decidieron ignorarlo, ya que sabían lo mucho que le molesta a su capitán que su ex entrenador se halla casado con su madre, se despidieron del hombre y reanudaron su camino, pero fueron detenidos por el hombre mayor, - Muchachos, ¿quieren un aventón? -, los tres se miraron entre ellos, Sawada y Kazuki iban a negarse, pero el guardameta viendo la posibilidad de ahorrarse algo de dinero para gastarlo en otros menesteres más placenteros, les gano la palabra, - Gracias -, dijo con toda la desfachatez y se subió al auto seguido por los otros dos.
- ¿A dónde van? -, pregunto el hombre mientras observaba a los tres jovencitos por el retrovisor, - Vamos al Magic Island – contesto el menor, con dicha respuesta el moreno soltó un pesado suspiro, el dolor de cabeza que se había aminorado comenzaba nuevamente a punzar, quería llegar a la casa, tumbarse en el futon y no saber de nada ni de nadie hasta mañana, pero sabía que no podía ser, debía cuidar a sus hermanos mientras su madre salía con su esposo, durante los próximos veinte minutos escucho lo que él consideraba una estúpida conversación de gente enamorada, sus compañeros intercambiaban opiniones sobre los presentes que llevaban para sus respectivas novias, durante la conversación incluyeron al señor Kitazume, pero no al delantero, - Aun están resentidos porque las corrí –, pensó el moreno mientras se le dibujaba una ligera sonrisa de satisfacción en el rostro, - Ellos tuvieron la culpa, si no hubieran perdido el tiempo con ellas, probablemente podrían seguir yendo a los entrenamientos
Llegaron al lugar indicado, una plaza comercial con todo lo que un adolescente pudiera soñar, puestos de comida, tiendas de ropa de moda para todos los estilos, peluquerías, salones de belleza, spa, centro de videojuegos, un antro exclusivo para jóvenes, sala de proyección, hasta una piscina techada y muchas cosas más, todo estaba perfectamente distribuido en un edificio de diez pisos, dicho lugar se reflejaba en su slogan promocional, "Magic Island, un festival eterno", los tres chicos bajaron, agradecieron el favor y volvieron a extenderle la invitación a Kojiro, - ¿Quieres venir?, Sayumi vino –, esta vez fue Ken quien le insistió esperando convencerlo al mencionarle a la chica, amiga de su actual novia, sin embargo el Tigre se volvió a negar alegando que debía cuidar a sus hermanos, - No quieres, tú te lo pierdes, vámonos –, se despidió el karateka molesto, ya que su linda novia esperaba que convenciera a su reacio capitán para que saliera con su mejor amiga y así poder emparejarlos.
Los chicos se perdieron entre el gentío y padre e hijo reanudaron su camino, durante el trayecto Kitazume empezó a cuestionar al muchacho, - ¿Por qué no fuiste con ellos? –, el moreno no contesto, - Deberías conseguirte una novia -, al escuchar esto último volteo a ver al hombre, - ¡No está en mis planes perder mi tiempo con una chica! -, contesto tajante tratando de zanjar la conversación, - Acabas de cumplir los dieciséis años, no crees que ya es tiempo de que busques una pareja -, volvió a insistir el hombre mientras la cedía el paso a un peatón, - ¡Ya le dije que no está en mis planes emparejarme con alguien! - , volvió a contestar el menor ofuscado por la insistencia del hombre, su padrastro guardo silencio por un rato, para después contraatacar desde otra perspectiva, - Bueno, aun eres muy niño para entender -, lanzo al aire esperando pacientemente a que la fiera mordiera la carnada, - ¿Entender que cosa? -, pregunto molesto el adolescente sintiéndose ofendido porque le llamo niño, - Las placenteras ventajas de tener una pareja -, la respuesta del hombre lo sacó de quicio, lo bueno era que ya habían llegado a casa, el muchacho bajo del auto azotando la puerta furioso, - ¡¿Cómo diablos se le ocurre decirme esa estupidez?! -, iba pensando mientras se dirigía a la entrada y sacaba su juego de llaves, entro sin decir nada y directo a las escaleras, clara señal de que venía molesto, su madre que se encontraba en su recamara poniéndose sus pendientes, soltó un suspiro cuando escucho el azote de la puerta del cuarto de al lado, últimamente su hijo mayor no le hacia las cosas fáciles a nadie.
Aeropuerto de Toronto, Canadá
El vuelo más próximo era la ruta por el Pacifico, no quiso esperar a Roberto, él lo alcanzaría cuando pudiera hacer un espacio en su apretada agenda, ahora se encontraba haciendo escala en Toronto, se sentía ansioso, cansado aún faltaban más de doce horas de vuelo, la espalda le dolía, no lograba estar concentrado por más que lo intentaba, saco su celular para entretenerse en lo que el personal de la aerolínea les avisaba que podían abordar el avión para reanudar su vuelo.
Rápidamente se aburrió de los juegos que tenía, tampoco tenía ganas de escuchar música, la película en la pantalla no le llamaba la atención, la galería de fotos ya la tenía más que vista y sus redes sociales estaban más que muertas, con los entrenamientos y la escuela no tenía tiempo para socializar como los demás chicos de su edad, sin querer desplego en su pantalla la lista de contactos, tenía el número de casi todos sus compañeros del Nankatsu, incluida Sanae, se acordó de la plática que tuvieron antes de su partida, ya habían pasado algunos meses y dicha conversación se le hacía tan lejana y poco significativa.
Siguió viendo su lista de contactos, Taro, Genzo, Jun, Hikaru, Kojiro, Makoto, Mitsuru, - ¿Un momento?, ¡Kojiro! –, exclamo para sí mismo sorprendido por tener el número de celular del moreno, no recordaba que el Tigre le hubiese dado su número, ni mucho menos que alguien se lo hubiese pasado, le pareció interesante tenerlo, estaba debatiéndose entre llamarle a Misaki o al guardameta para platicar un rato, sin embargo su pulgar resbalo y termino llamándole a Hyuga, estaba seguro de que la llamada no iba a entrar o de que el moreno no contestaría, – Son trece horas de diferencia Tsubasa, no te preocupes no va a contestar, si aquí son las diez de la mañana, allá son las once de la noche, ya debe estar dormido
- Moshi moshi! (¡Hola!) -, se escuchó la voz del otro lado, - ¿Quién habla? –, Al parecer lo había despertado y no había visto el numero o no lo tenía, - ¡Buenas noches! -, dijo un tanto titubeante, la voz del otro lado de la línea le correspondió el saludo, - ¡Buenas noches!, ¿Quién habla? -, volvió a inquirir el moreno mientras se levantaba y salía de su habitación, Ozora escuchaba atento y curioso los sonidos a través del pequeño aparato, se escuchaba la voz del número diez del Toho preguntándole nuevamente quien era mientras caminaba, por su parte Kojiro había caminado por el pasillo dirigiéndose al baño, entro al pequeño cuarto a hacer sus necesidades, prácticamente Tsubasa escucho como orinaba su rival y ahora compañero de selección.
- Kojiro, soy Ozora -, respondió el muchacho conteniendo un poco la risa, - Ozora, no te recuerdo, ¿nos conocemos de la escuela? -, el hecho de que lo confundiera con alguien más molesto un poco al capitán japonés, por lo que le ayudo a recordar, dándole donde más le duele, - ¡Soy Tsubasa, capitán del Nankatsu!, ¡Él que te humillo! -, mientras le decía eso, el moreno sintió como si se le encajaran puñales en el cuerpo, - ¡Dejándote como el segundón por excelencia tres años seguidos!, ¡Y que solo te dejo empatar porque estaba lesionado! -, al terminar de refrescarle la memoria la autoestima del moreno estaba muerta y saliéndose de su cuerpo.
- Tsubasa, ¿Qué tal Brasil?, - pregunto el artillero más repuesto, - Bien, es un lugar muy interesante -, respondió sintiéndose cómodo con el delantero, pasaron un rato agradable hablando de cómo les estaba yendo a cada uno, un aviso del personal de la aerolínea se escuchó pidiéndoles a los pasajeros de su vuelo que no se movieran de su asiento, una joven aeromoza junto con un guardia de seguridad le iban pidiendo a cada uno que mostraran sus documentos, cuando llegaron con Tsubasa le preguntaron si venia solo, por lo que Ozora le pidió al Tigre que no colgara mientras atendía a la chica, le mostró su pasaporte y las cartas de permiso para viajar firmadas por sus padres y Roberto -, Tsubasa, ¿Dónde estás? -, interrogo el capitán del Toho curioso por la voz de mujer que escucho, - Estoy en Toronto – le contesto cuando hubo guardado sus documentos, - Pensé que estabas en Brasil con alguna chica
- ¡Fui a Brasil a aprender futbol no a ligar chicas! –, Rebatió el joven Ozora molesto por el comentario del Tigre, - ¡Y por si no lo sabes!, ¡Estoy viajando solo y me pidieron los documentos! -, la conversación estaba tomando un rumbo un poco extraño, Tsubasa no le debía explicaciones y él no debía pedirlas aunque fuese de forma velada, - Sumimasen! (¡Disculpa!), ¡No pensé que te fueras a molestar! -, se excusó el moreno, - Deberías hablar seriamente con tus compañeros del Nankatsu, - empezó a explicarle mientras se revolvía un poco en el futon, - ¿Por qué? -, pregunto su compañero un poco a la defensiva, - No sé quién empezó el chisme, pero andan diciendo que además de ir a jugar futbol, te estas cogiendo a cuanta brasileña nalgona bronceada se te pone por delante
- ¡¿Así que eso están diciendo de mí?! -, murmuro molesto mientras apretaba el puño, odiaba estar envuelto en rumores infundados y más si estos llegaban a oídos de su padres, - ¡Que conste, que yo solo te estoy pasando el dato!, ¡Porque se me hace de muy mal gusto que te estén inventando esas historias!, ¡Aparte, si te coges o no con alguien, es asunto tuyo! -, el informe de Hyuga lejos de calmarlo lo estaba poniendo de muy mal humor, además si el Tigre sabia eso significaba que estaban esparcidos por todos lados, por lo que tendría que arreglar ese asunto mientras visitaba a sus padres, - Debo colgar voy a abordar el avión -, se disculpó por tener que colgar la llamada, - ¡Sigo sin creerte que estés en Canadá! -, Comento fastidioso el moreno, por lo que le pidió una prueba que le mostraría si se llegaban a encontrar en Japón, - Pero te creeré si me traes un suvenir y un video de que lo estas comprando para mí.
- ¡Ok, te comprare algo de aquí del aeropuerto!, ¡Así que vete preparando para que me obedezcas sin replica por una semana! -, le sentencio dando por finalizada la conversación, quitando el mal rato causado por enterarse de los rumores de hace un momento, el resto de la plática había sido muy entretenido, tanto que no había sentido el tiempo y esos ataques de ansiedad que comenzaron a darle de unos meses para acá no fueron tan persistentes, la voz del Tigre lo tranquilizaba, por su parte Kojiro, lejos de lo que llego a pensar alguna vez, se dio cuenta de que tenían mucho en común y que tal vez en otras circunstancias él y Ozora pudieron haber sido buenos amigos y así no resentiría tanto el sentirse solo dentro del equipo.
