Otra vez le doy la bienvenida a mi fic actualizado. Esta versión la quería llamar «Edición 2021» o «Edición Coronavirus» (porque ahora el bichito influye algo en la historia). Pero justo salió una película que me gustó bastante: Justice League Snyder Cut. Así que como homenaje (y broma), lo quise llamar de una forma parecida.
Lo demás es todo igual: el viaje, las referencias descaradas al nivel de Space Jam 2, las canciones, las frases edgy al comienzo de cada capítulo, etc. Con la diferencia que esta vez sí habrá final (eso espero), además que el curso de la historia será incluso más exagerado, tanto que estará muy cerca de ser una parodia. Quedan advertidos.
Bueno, sin más que decir y agradeciendo a quienes leyeron mi versión anterior, espero lo disfruten de nuevo.
—Aquí tiene su boleto… ¡El siguiente!
Un empleado de ventas, trabajador del aeropuerto de Michigan, había vendido otro boleto más a una pareja de recién casados.
Era un día como cualquier otro para este señor de cabeza calva y piel bronceada de solárium. La rutina que tuvo antes de presentada una pandemia que amenazó al mundo volvió más rápido de lo esperado, tal así que ya extrañaba que algo nuevo sucediera. Pero no pasaría mucho para romper su monotonía de nuevo, después que llegase a su mesa una niña de camisa blanca con una flor rosa en su bolsillo. Su falda amarilla de cuadros y calcetines de futbolista del mismo color, le daba un aspecto muy cómico; además, su tierna sonrisa revelaba sus frenillos de la dentadura superior.
—Un boleto a California, por favor.
—Ok, jovencita.
El ejecutivo se dirigió a su computadora, estuvo un minuto sin mencionar una palabra mientras tecleaba, lo que le provocó cierta incomodidad en el ambiente.
»¿Forma de pago?
—Efectivo.
El ejecutivo, muy calmado, siguió tecleando por otro prolongado minuto, antes de decir la frase que arruinaría el entusiasmo de la joven:
—Necesito tu documentación.
—¿Mi… documentación?
La joven se puso nerviosa de un momento a otro, sobre todo porque no tenía ninguna identificación en su poder. Había salido de su hogar en forma apresurada. No obstante, el ejecutivo, a pesar de darse cuenta, la miraba con serenidad.
»Señor… ¿es… necesario que le presente mis documentos?
—Por supuesto, niña. Es la política del aeropuerto, en especial para una menor de edad como tú. En tu caso, debemos corroborar tu edad y proceder de acuerdo a las tarifas correspondientes, sin mencionar que debes llevar salvoconducto y tu certificado de sanidad para evitar propagar otra vez ese virus.
—¿Y cómo puede asegurar que no está mirando a una chica de 21 años, que quedó a medio crecer?
—Je je je je —rio el ejecutivo con discreción—, buen chiste, niña. Estoy a punto de cumplir 30 años trabajando en distintos oficios y he visto toda clase de personas, no me cuesta nada reconocer a una adolecente desesperada por aprovechar el levantamiento de una cuarentena.
—Bueno, si es tan infalible, tan eficiente, debería usar su mano para tomarme la temperatura. Prefiero eso a que un láser me dañe el cerebro.
—¡Ja ja ja ja! Buen punto. Por eso, debo saber tu edad con tus documentos.
La joven soltó una carcajada nerviosa.
»Niña, ¿ni siquiera traes salvoconducto?
La joven no tenía idea de cómo convencer al ejecutivo. Agachó la mirada un momento y miró con tristeza a la izquierda.
»Ah, esto es complicado… ¿Te cuento algo? He vivido casos de niños que viajan solos y sin documentación apropiada. Puede que lo sepas, pero para que un menor de edad viaje en avión, es requerimiento fundamental que se contrate un servicio de asistencia. Los encargados deben velar que estén seguros en el viaje, siendo recibidos por un responsable al terminar el viaje.
—Bueno, señor… hay alguien que me está esperando en California.
El ejecutivo comenzó a simpatizar con aquella joven, la que se demostraba determinada a llegar hasta allá.
—Disculpa si mi pregunta es indiscreta, pero ¿por qué vas a California?
—¿Por qué? —La joven se levantó como si hubiese recibido un golpe anímico— Porque allá se celebrará uno de los festivales más grande de comedia del país. Se realizará en poco más de una semana y tengo la intención de participar y mostrar mi talento.
—Ah, una joven comediante… tu vestimenta me decía algo. ¿Sabes?, tal vez sí haya una forma de que vayas hoy mismo a California.
La joven se mostró entusiasmada.
—¡¿En serio?!
—Exacto. Nuestra empresa posee un servicio de asistencia, donde uno de nuestros empleados te acompañará y velará por tu seguridad… aunque claro, sumando un cargo extra al servicio total. ¿Segura que no estás contagiada?
—Mi certificado dice que solo tengo la corona, pero no el virus. ¡Ja ja ja ja! ¿Entiende?
—Perfecto. Si dices que hay una persona de confianza esperando, no habrá problema en contactarla. Lo único que debemos hacer —el ejecutivo tomó el teléfono sobre el escritorio— es contactar a tus padres o a quien esté a tu cargo para pedirle…
—¡NOOOO!
El sorpresivo grito de la joven hizo que el ejecutivo mirara con duda. Éste bajó con lentitud el teléfono a su posición inicial y muchas ideas rondaban en su cabeza. Articuló la pregunta que parecía más coherente:
—¿Acaso huiste de tu hogar, niña?
La joven mostró una muy notoria preocupación en su rostro, seguido de una risa nerviosa.
»Mira, no voy a preguntar tus motivos, pero no seré tu cómplice. Llamaré a la policía para que vuelvas con tu familia.
El ejecutivo miró a su espalda un momento para solicitar la asistencia de los guardias de seguridad, pero al devolver la mirada, vio que, en un abrir y cerrar de ojos, la joven desapareció como por arte de magia. Miró inútilmente de izquierda a derecha, tratando de encontrarla. No quiso quedarse de brazos cruzados, así que dio aviso a todo el personal del aeropuerto y luego llamó a las autoridades, con tal de averiguar si existía una constancia por extravío, en relación a una adolecente en Michigan.
—Ƶ—
La joven comediante huyó lo más rápido que pudo del aeropuerto, no tenía pensado volver a su hogar.
Al pasar los minutos, vio que los guardias comenzaron a mirar a todos lados, y dedujo que la estaban buscando a ella. Así que fue hacia la calle para así tomar el primer taxi que pasara.
Para su desgracia, en su huida tuvo la mala suerte de pisar mal con su pie izquierdo, doblando su tobillo. Esto le hizo detenerse, mientras gritaba a los 4 vientos unas palabras no muy apropiadas para el horario familiar. Se agachó por instinto y tomó su pie inflamado, tratando de alivianar el dolor sin mucho efecto.
Pero hubo un lado bueno en ese percance, porque fueron estas palabras y los posteriores gemidos de dolor los que llamaron la atención de una señora de edad, muy gordita y de apariencia amable.
—¡Esa boquita, jovencita! —dijo aquella señora.
La señora miró su rostro de dolor cuando la joven le observó y sintió algo de pena por ella. Por ello decidió asistirla.
»¿Te sientes bien, niña?
La joven la miró con miedo porque creía que podría denunciarla al personal del aeropuerto.
»Vamos, no te asustes. No quiero lastimarte… ¿Por qué no vienes a mi auto y te sientas un rato para calmar un poco ese dolor?
No sabía por qué, pero confió en aquella señora, además de no contar con mejores opciones. La siguió hacia su vehículo a unos minutos del aeropuerto, mientras cojeaba. Aunque la señora se ofreció en su ayuda para caminar, ésta no quiso aprovecharse de su hospitalidad y continuó como pudo.
Al llegar a su modesto auto verde modelo «escarabajo», la joven se sentó en el asiento de atrás, sin cerrar la puerta, manteniendo los pies fuera del vehículo.
—Gracias, señora —dijo—, siento que aún no le haya preguntado su nombre.
—Mi nombre es Margaret, ¿y el tuyo?
—Luan, me llamo Luan Loud.
—Luan, espero te puedas sentir mejor. Es lo menos que podía hacer, normalmente me sucede algo parecido. A veces, mis huesos me duelen y me cuesta mucho caminar, sobre todo en invierno. Menos mal me controlo con medicamentos.
—Cuánto lo lamento. Por lo menos, esto me pasará pronto, y cuando me sienta mejor, tomaré un vehículo que me lleve hasta California.
—Muy bien por ti. En un momento, viajaré a una importante convención fuera de este estado, me parece que seguiré la ruta hacia donde tú vas o eso creo. La verdad, tengo muy mala memoria para recordar calles.
De pronto, Luan se sintió preocupada al ver que habían unos policías en frente del aeropuerto hablando con los guardias para luego movilizarse. Ésta entró sus pies al interior el auto y, cerrando la puerta, pregunto exaltada:
—¡¿Dice que va a seguir la misma ruta que yo?! ¡No me gustaría abusar de su confianza! ¡Pero ¿podría llevarme por esa ruta para encontrar un transporte hasta California?!
La señora Margaret estuvo pensativa.
—No estoy segura… Pero Luan, ¿no sería mejor buscar un transporte en el aeropuerto, como dijiste?
—¡Sí, pero me ha costado encontrarlo! —dijo mientras giraba a cada momento su cabeza hacia la ventana—. Tuve problemas con el papeleo, como soy menor de edad… pero… ¡si usted conoce algún terminal concurrido, puede dejarme ahí y yo buscaré la forma para llegar!
—Si así lo quieres, no tengo problemas en llevarte, conozco un sitio concurrido. ¿Tienes familiares en California?
Luan se quedó muda un instante.
—Por… ¡supuesto! Mi familia me está esperando en Los Ángeles.
—Entonces no esperemos más, Luan. Vamos ahora mismo.
Luan miraba alterada hacia el aeropuerto y a la fuerza policial, desesperada de la enorme calma de la señora por encender el motor, el cual, además, no partía de inmediato.
—Disculpa, Luan —dijo Margaret—, es normal que mi autito me haga esta jugarreta, no me acordé de calentar el motor.
Luan quería gritarle que partiera de inmediato, en especial porque los policías se estaban acercando. Cuando por fin encendió, el vehículo tomó velocidad tan sorpresiva, que hizo sentar a Luan con el impulso. Cuando la joven miró a los policías a lo lejos, por fin sintió calma y su cuerpo se relajó tanto que, en un abrir y cerrar de ojos, se quedó dormida.
—Espera… —dijo para sí misma la señora Margaret—. ¿California queda camino al este?... ¿O hacia Texas?
La señora no mentía en el hecho de desconocer las rutas del país, es más, no sabía dónde se ubicaba California u otro estado que no fuera Arkansas, su estado natal. Luego de tomada la carretera, recién en ese instante tuvo la idea de preguntar a Luan qué ruta le servía en verdad, pero al encontrarla dormida, no la quiso molestar.
No se preocupó de todos modos, porque creyó que podría llegar a California desde Indianápolis, aunque no estaba del todo segura.
Música recomendada
«Seven Stars», de la banda Fates Warning.
(Tómenlo como la intro de la historia)
«Nunca es tarde para la revancha»
Lector-Z presenta:
Viaje Fantástico al Corazón de la Utopía
(Lector'z Cut)
