Literalmente, la familia Loud se caerá a pedazos. Gracias a Luan, debemos seguirla hasta Chicago… Esperaba tener unas vacaciones normales y tranquilas junto a mi familia… Claro, «normal» no es la palabra que define a los Loud.
En verdad quiere ir a ese concurso, quiere demostrarnos que estamos equivocados. En lo personal, no creo que tenga éxito, pasará lo mismo que la vez en que quiso armar su propio show. No se lo he dicho a nadie, pero literalmente, creo que Luan representa todo lo contrario a lo que un comediante debe ser. Imagínense: sus chistes son malos, sus bromas son en exceso crueles —sobre todo en el día de las bromas, como detesto que haga eso— y no he visto a nadie más que se ría de manera sincera, aparte de los niños que entretiene en sus shows. No he visto nada de lo que hace su empresa de Negocios Graciosos, pero sé que no es diferente a lo que pienso.
De todas maneras, Luan es nuestra hermana y le dimos la espalda cuando más nos necesitaba… ¡Tonta! ¡Ese no era motivo para huir de la casa! ¡Cuando te encuentre, pondré mis manos sobre ti, antes que lo hagan mis padres!

Lori Loud, hermana mayor de profesión (y también, golfista)

«Para sobrevivir, todas las habilidades serán puestas a prueba»
Luan Loud, en:
La hermana caradura

—Ƶ—

Carretera hacia Chicago
Chicago, Illinois
2:00 PM

Música recomendada
«I´m Still Standing», de Elton John

—Lo lamento tanto, Luan —dijo la señora Margaret—. Quería dejarte en una terminal en Indianápolis, pero no estaba segura de la ruta y me desvié sin darme cuenta.

En el auto de la ancianita, aún en medio de la carretera, Luan estaba desconcertada, aunque fue reflexionando. Ella rogó a la mujer que la llevara a Indianápolis, todo para huir de los guardias, pero terminó viajando aún más al oeste. Tras ello, miró con detenimiento el interior del vehículo, encontrando detalles intrascendentes que la llevaron a la calma. Exhaló aire por su boca y dijo con una sonrisa:

—No tiene por qué disculparse. De hecho, me siento más cerca de California ahora.

—Eh… Bueno, es un alivio escucharlo. Hagamos algo: ¿qué tal si salimos de la ruta y vamos al centro de Chicago? Vamos hacia una terminal y así, tú podrás ir a California y yo voy hacia Arkansas.

La comediante le asintió, ya no quería abusar de su hospitalidad y prefería llegar a cualquier terminal para viajar.

La señora Margaret buscó la salida más cercana y la tomó. El lado bueno para Luan es que, después de recorrer un poco el centro de la ciudad, encontraron un terminal de buses, lo cual fue un alivio para ambas. Luan ya quería entrar y consultar las posibles rutas a California.

La ancianita la dejó en frente del terminal.

—¿No olvidas nada, Luan?

—Sí, claro —dijo la comediante, mientras se revisaba la ropa con prisa y sacaba una mascarilla para mostrarla—. Por cierto, señora Margaret, ¿A qué clase de convención usted va?

—A esas de las que me reúno una vez al año. Es una convención un grupo motorista vegano feminista. Es llamado el METLA.

—¿METLA? —pregunto Luan, extrañada del nombre y del hecho de ser motorista, debido a que la anciana no aparentaba montar motos.

—Son iniciales, que significan Mujeres En Todos LAdos y siempre recibimos nuevos miembros. Tú serías perfecta para entrar a nuestro grupo, si es que lo quisieras algún día, Luan.

—Bueno… si algún día lo veo, lo pensaré. Gracias, señora Margaret.

Luego de hacer el gesto de despedida con su mano, Luan vio como la señora se preparaba para continuar su ruta en el vehículo. Cuando lo vio doblar, dio la media vuelta e ingreso al enorme sitio. Se asombró del enorme espacio de la zona para boletos, porque afuera se apreciaba más reducido. Una tranquilidad le vino, al saber que muchas de las casetas tenían buses con ruta a California. Recordaba que su amiga Giggles estaría en su destino para el día siguiente, pero no se mostraba acomplejada, puesto que contaba con dinero suficiente para pagar un arriendo decente para una semana. Fue al local de venta más cercano a ella, donde una funcionaria de cabello abultado rojizo, de estilo ochentero, leía una revista de moda. Ésta levantó su mirada:

—¿Desea un boleto?

—Sí, por favor. Un bus para…

Sin embargo, al revisar sus bolsillos, un sentimiento de preocupación le sobrevino.

»No puede ser…

Revisó en todas partes de su ropa, sin encontrar nada de dinero. Cuando le preguntó la señora Margaret si le faltaba algo, se revisó tan rápido que no tomó realmente en cuenta lo que llevaba y haciendo memoria, recordó que también llevaba un palo con un bolso, el cual también tenía su celular. Todas esas cosas quedaron en el móvil.

»¡Diablos, qué idiota fui! —exclamó con ira, ante la mirada aturdida de la funcionaria—. ¡Debo detenerla!

Luan corrió hacia las afueras. Sin embargo, midió la distancia que el vehículo recorrió y dedujo que sería imposible alcanzarlo a pie. Pronto se sintió en shock: no tenía dinero ni su móvil personal para realizar algún llamado.

Por el enorme imprevisto, ya estaba arrepentida por huir de su hogar. No obstante, tuvo una idea que esperase funcionara: recordaba muy bien el número de su móvil, así que necesitaba a que alguien le prestara un teléfono para contactarse con la señora Margaret y así, ella volviera a entregarle sus cosas. Pero no tenía siquiera monedas para usarlas en alguna caseta antigua de teléfono. Mas pensó en la señora del primer local de venta, que parecía ser una señora simpática y accesible. Así que volvió a entrar y fue directo hacia la señora, con una expresión de total vergüenza.

—Disculpe, señora…

—Señorita —corrigió la empleada, a modo de broma—, soy apenas una señorita, como tú.

La mujer de la caseta le mostró una sonrisa coqueta. Esta última le devolvió el gesto con cierto recelo.

—De acuerdo… Disculpe si es mucha la molestia, pero quería preguntarle si tiene un teléfono que me preste por un momento, por favor... ¡E-es solo por un momento!

La mujer miró con detenimiento a Luan por su petición. Luego, movió sus manos como si buscara algo.

—De acuerdo, niña. No me preocupa, porque la empresa paga el plan de telefonía.

Luan recibió un antiguo teléfono fijo de color blanco. Levantó el micrófono adherido a un cable enrollado y marcó el número, sintiendo una extraña sensación en sus dedos debido a que nunca antes usó ese tipo de aparatos anticuados. El tono de comunicación se escuchó unos segundos, antes de derivar al buzón de voz. Cortó con sus dedos y un sonoro suspiro, luego volvió a marcar, para recibir el mismo resultado. Con una evidente expresión de tristeza, la comediante colgó el teléfono y se lo devolvió a la empleada.

—Gracias... y siento haberla molestado, señorita…

—Puedes decirme Peggy.

—De acuerdo… Luan es mi nombre.

Peggy asintió y Luan se dirigió a la salida del terminal de buses. La empleada sintió como una pizca de compasión brotaba en su interior, algo que, por lo general, no va con su personalidad. Le afectó tanto la desesperanza de la chica, que llevó su mirada hacia ella en forma constante.

Ya afuera y por más que pensaba, Luan no encontraba forma de salir de la encrucijada. Durante todo el viaje, solo se dejaba llevar por sus impulsos, no pensó ninguno de sus movimientos y eso la envió a un terminal en otro estado. Con la mente ida, era su cuerpo el que actuaba por cuenta propia, iba sin razón alguna a la pared cerca de la entrada, donde había un vaso de polietileno blanco usado, apoyó su espalda y se arrastró con lentitud hasta sentarse al suelo, llevando sus rodillas al pecho y ocultando su cara sobre las articulaciones. Estuvo unos minutos en esa posición, hasta que una persona pasó cerca de ella. Este transeúnte la miró con algo de indiferencia, pero denotaba una intención por hacer algo bueno y sacó algo de su bolsillo, para dejarlo en el vaso. Era un par de monedas de 50 centavos, los cuales sonaron dentro y llamaron la atención de Luan. El hombre caminó hacia la entrada del terminal, sin preocuparse por la reacción de la niña, mientras ésta miró sorprendida el gesto, no quería verse como una méndiga qué limosneaba dinero.

—¡Señor, no estoy mendigando!

El transeúnte no escucho, pero la chica miró el vaso. Eso le dio una idea, una idea descarada, pero no tenía otra forma de salir de su situación. No pediría monedas, sino que se las ganaría con lo mejor que sabía hacer: la comedia.

ΜΛΦΛΜ—

—El estrés nos afecta a todos. El otro día, un señor vino hacia mí cuando esperaba transporte y me dijo con arrogancia «espero seas bien clara: quiero preguntarte si éste de acá es el paradero del frente». Yo, desconcertada, de dije «No. El paradero del frente está al frente». «Pero ¿cómo es la cosa? De allá mismo me acaban de mandar hasta acá».

La gente que circulaba, algunos con mascarillas quirúrgicas, soltó unas carcajadas por el chiste de Luan, quien estaba ganando dinero con una de sus tantas rutinas. Tenía suficiente para pagar un pasaje, mas seguía acumulando para un arriendo imprevisto y demás, lo cual ella creía que no tardaría mucho. Tan solo unas cuantas rutinas más para mantenerse estable.

Para su desgracia, unos tipos vestidos como la fuerza de seguridad del terminal, camisa corta color rojo, sombrero tipo vaquero de igual color, se acercaron a ella, mirando con desprecio la acción de la comediante sin dinero. Eran 3 guardias.

—Señorita —dijo uno de los guardias—. ¿Tiene pase de movilidad sanitario?

Luan habló con sinceridad:

—Lo siento señor. No tengo nada, ni siquiera mi documentación, la perdí por un error y no tengo siquiera dinero para comer. Me sentí obligada a recurrir a un espectáculo para no limosnear. Por favor, lo necesito.

El guardia miró con desconfianza.

—No te creemos, no pareces como un vago cualquiera. Además, hay mucha gente reunida, lo que puede aumentar el riesgo de contagiarnos con el COVID.

—Señor, lamento si lo que hago está mal, pero no sé qué más hacer.

—Entregarnos el dinero, niñita.

Luan sentía injusto que le quitaran el dinero que tanto necesitaba, además que los guardias no tenían derecho de quitárselo. Al mostrar resistencia, decidieron que se abalanzarían sobre ella y le quitarían toda su recaudación. En el momento en que le estaban tirando el vaso, un par de tipos vestidos de negro, con lentes y sombrero negro, se acercaron con cara de pocos amigos a los guardias. Uno era alto y flaco, mientras que el otro era gordo y bajo. El último dijo:

—Oigan, ¿no es un poco cobarde robarle a la pobre niña?

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó enfadado el guardia.

Luan los miró con sentimiento de duda.

—Me llamo Jake —dijo el hombre alto—, mi hermano es Elwood y nos llamaremos «tu pesadilla» si es que no sueltas ese vaso.

Estos hicieron lo dicho por el tipo alto: soltaron el vaso y la comediante Loud usó la instancia para guardar su dinero. El guardia no soltó en vaso por obedecer, sino para mantener sus manos libres para iniciar un posible enfrentamiento.

—Prepárate niñita —dijo el hombre de negro más pequeño—, esto se pondrá feo.

Los 2 hombres de negro parecían dispuestos a pelear para defender a Luan y estás es veía inquieta. Habían soltado una bolsa de compras cuyo contenido era indistinguible, mientras los guardias prepararon sus bastones para el ataque. Los de negro hicieron sonar los huesos de sus manos y se prepararon para el ataque. De repente, el hombre de negro bajo dijo:

—Oigan, ¿no es esa Joan Jett[1]?

Los 3 guardias miraron hacia atrás, llevados por la curiosidad.

—¿Dónde?... ah, por favor… no me digan que los tipos acaban de huir.

Los guardias volvieron a mirar al frente y descubrieron que los tipos y la niña ya estaban lejos de su alcance, corriendo con todas sus ganas.

—Sí, parece que huyeron —dijo el segundo guardia.

—¿Parece? —se quejó el tercer guardia— ¡Claro que huyeron! ¿Y ahora qué?

—¿Y si vamos a almorzar?

Los compañeros miraron despectivos.

Meh... ¿por qué no?

Los guardias entraron al terminal, mientras que Luan corría junto a los hombres que la rescataron. En tanto, Peggy miraba con una sonrisa al grupo. Ella fue quien había llamado a esos tipos, a los que conocía y contactaba cada cierto tiempo para solucionar asuntos que requerían fuerza bruta. Por esa razón, intuyó que la niña, por la que sintió lástima, los necesitaba.

Minutos después de calmada la situación, a unos metros de una plaza, el hombre de negro pequeño y robusto sacó algo de su bolsillo y se lo presentó. Se trataba de un móvil celular color gris, un teléfono ya bastante pasado de moda porque contenía botones y una pantalla LCD monocromática con brillo verde. Era grueso y pesado en comparación de los smartphones más actuales.

—Toma, un pequeño regalo de la casa.

Luan miro extrañada el curioso regalo.

—Gracias… pero ¿qué quiere que haga con él?

—Úsalo para llamar a alguien de tu confianza —dijo el tipo alto—, para que no pienses que somos… pues… malos, como mucha gente cree.

—Alto, alto —dijo Luan—. ¿Quiénes son ustedes y porque me ayudaron?

Los hombres se miraron. El más alto habló:

Ups, Lo siento pequeña, no somos muy corteses que digamos. Como dijimos, yo soy Elwood Blues y el que está a mi lado es mi hermano del alma, Jake Blues.

—Y somos —dijo Jake— los Blues Brothers.

—¿Blues Brothers? —preguntó Luan.

—Exacto —dijo Elwood—. También nos conocen como los «Hermanos Caradura». Somos músicos, somos amantes del blues y hemos tocado durante mucho tiempo en las calles.

—Te ayudamos, porque nos molesta que gente con placa abuse de las demás personas —dijo Jake.

—O en este caso, tipos que creen tener placa.

—Un pajarito nos contó que estabas en problemas y vinimos en tu auxilio. Es una recepcionista que trabaja en el terminal en donde hacías tu espectáculo, se apiadó de ti y nos llamó.

Luan recordó a la mujer con la que le pidió su teléfono, la mujer simpática de pelo abultado.

—Ah… está bien. Mi nombre es Luan Loud.

—Entonces, Luan —dijo Elwood—, deberías usar el teléfono y llamar a alguien que te ayude.

Luan miró a ambos, luego vio el teléfono por lo rudimentario que era. Aun no acostumbraba a apretar botones, aún sentía esa rara sensación en sus dedos. Sin más, lo primero que hizo fue marcar de teléfono de la casa Loud. No obstante, recordó su repulsión hacia ellos, no pretendía disculparse como si se tratase de un perro arrepentido. Aun así, su situación era incierta, así que decidió presionar el botón verde para iniciar el llamado, esperando que fuesen Lincoln o Luna quienes contestasen su llamado. Esperó unos segundos, pero nadie contestó. Debido a su enfado, desistió de llamar otra vez. Pensó en la señora Margaret y el dinero que había perdido, mas no quiso llamar a su número por haberlo intentado sin respuesta.

Decidió llamar a su amiga de confianza, Giggles. Suponía que no estaba enterada de su huida, por lo que parecía suficiente decir que estaba bien. Para su lamento, no le contestó ninguna de las 3 veces que intentó. Por tanto, solo dejó un mensaje de texto y le devolvió el móvil a Elwood.

—No, Luan —le dijo—. Puedes quedártelo.

—¿En serio?

—Mi hermano ya quería deshacerse del celular —dijo Jake—. Si fuese por él, lo mantendría, esa reliquia es tan básica que no tiene mecanismos de rastreo, como GPS o Internet. Además, esta puesto como número privado.

—O sea, ¿me están dando un teléfono, así nada más? ¿No esperan que haga algo?

Los Blues Brothers se miraron las caras.

—Hay que decírselo —dijo Elwood, mientras devolvía la mirada a Luan—. Niña, la verdad es que tratamos de persuadirte para que estés en nuestro concierto. Necesitamos ayuda de cualquier persona con talento y en unas horas montaremos un escenario en medio de la plaza. Quisiéramos que, como devolución del favor y por el móvil en tus manos, nos ayudases.

Luan no miraba con mucha confianza.

—Oigan, me gustaría ayudar, en serio, pero necesito reunir más dinero para comprar mi pasaje a California.

—¿Por qué vas allá? dijo Jake.

—Porque allá se llevará el festival de comedia más grande del país y pienso estar allá sí o sí.

—Je, el Com-Circus… sería lógico, porque te vimos haciendo una rutina y tienes dotes de comediante.

—Gracias y así es, tengo pensado ganar el premio mayor.

Los Blues Brothers se miraron las caras de nuevo y sonrieron.

—Oye Luan —dijo Elwood—, nuestra amiga recepcionista tiene un esposo que le gusta sentirse joven, tanto que cada cierto tiempo toma su vehículo y recorre muchos estados del país. Le pediremos que lo convenza para salir una vez más y, de paso, llevarte hasta donde necesites.

Luan comenzó a pensar, la idea le entusiasmaba.

—Pero para ello, ¿quieren que haga un show de comedia con ustedes?

—Claro y podrías ganar mucho dinero… Ok, no voy a mentirte. Solo tendrás una cantidad generosa, suficiente para tu viaje.

Luan estuvo mirando a los Blues Brothers. Había tomado su decisión, pero en su cabeza trataba de aseverar si sería acertada o no. Luego de casi minuto de analizar, emitió una sonrisa:

—Entonces… ¿Cuándo empezamos?

ΜΛΦΛΜ—

—¿Lista para probar suerte? —dijo Elwood.

—Debo estarlo si quiero triunfar en California —dijo Luan, para luego inhalar y exhalar aire con energía.

Salió con toda confianza al humilde escenario —una estructura de no más de un metro de altura y con mantas de plástico negro, que asemejaba más a un ring de lucha libre sin cuerdas—, en medio de la plaza donde tenían a un modesto público, de cerca de 100 personas, unos pocos con mascarillas puestas en sus rostros. Quienes pasaban y se quedaban a ver dejaban propinas a un par de hombres que llevaban cajas para recibir el dinero, Los últimos, además, ofrecían tanto mercancía artesanal como discos grabados en un PC básico, con las canciones de los Blues Brothers, que solían pagar a estudios de baja calidad para grabar demos, con equipos de sonido usados o de baja calidad.

Luan se ganó frente al micrófono, ante la atenta mirada de la gente:

—Eh… Gracias por venir…

En los 3 primeros chistes, el público no parecía del todo receptivo, lo que le generaba palpitaciones en su corazón. Sin embargo, solía pasar situaciones de tal clase en sus espectáculos y aquella era solo una más. Tenía total confianza y lanzó uno de sus chistes más fuertes, a los que llamaba sus «caballos de batalla».

»Por cierto, antes era obligatorio hacer el servicio militar y salirse de él era muy difícil. Recuerdo que un tío se cortó una extremidad, estaba desesperado por no ingresar. Y resulta que lo dejaron fuera porque tenía pies planos.

El chiste funciono muy bien, las risas no se hicieron esperar, la confianza retornó en ella con rapidez y continuó su rutina.

Con el pasar de los minutos, Luan fue ganándose un moderado aplauso del público, lo cual dejó contenta a la comediante al finalizar. Se retiró con una reverencia de un actor de teatro.

—Todos, un fuerte aplauso para Luan —dijo Elwood, luego de subir al escenario y llegar hacia el micrófono.

Al bajar, Luan se ganó en frente de Jake.

—¿Sabes? —dijo el hermano blues—, fue un gran show. Te ganaste el cariño del público Y créeme, en Chicago no es muy fácil triunfar. Pero te pedimos paciencia, una vez terminado el show, te daremos el dinero y nuestro amigo te llevará a California sin problemas.

Luan pareció sorprendida del gesto del hermano blues.

—¿En serio, señor Jake?

—Solo llámame Jake… Y sí, ya lo hemos llamado. Se llama Al, es esposo de Peggy y un buen amigo nuestro.

Luan sonrió, pero comenzó a pensar sobre la hospitalidad que le entregaban esa gente y si merecía tanta ayuda. De todos modos, lo que más le urgía era el dinero que recibiría de los Blues Brothers, a quienes veía prepararse sobre el escenario con su banda. Eran 9 músicos que acompañaban a los hermanos. Lo que la chica Loud encontró curioso, fue un extraño sonido de sirena que se escuchó a lo lejos, como las usadas en los vehículos de la policía. Por alguna razón, le sonaba algo distinto, al mirar una de las patrullas que aparecieron, notó que uno de los oficiales, un hombre de tez negra y bigote, sostenía un megáfono y usaba su boca para realizar dicho sonido. Luan no evitó arquear su ceja por la extraña situación:

—¿Qué rayos?

Unas 3 patrullas de policía se presentaron en se estacionaron cerca de la plaza, para luego abrir sus puertas y ver a 9 policías —vestidos con las tradicionales camisas de color azul, sombrero con placa dorada sobre su visera y sobre el pecho izquierdo— saliendo con macanas y esposas, mirando directo a los hermanos con lentes oscuros. La música inició su sonido:

Música recomendada
«Everybody Needs Somebody To Love», de los Blues Brothers.

— Estamos muy contentos de ver a tanta gente encantadora aquí esta tarde —dijo Elwood al micrófono—. Y nos gustaría dar, especialmente, la bienvenida a todos los representantes del departamento del empleo de la ley de Illinois, que han querido unírsenos aquí en la plaza de Chicago, en este momento. Esperamos, de todo corazón, que disfruten del espectáculo y recordarles a las personas que, sin importar quiénes sean y qué hagan para vivir, prosperar y sobrevivir, todavía hay algunas cosas que nos hacen iguales a todos: tú, yo, ellos… Todo el mundo… ¡Todo el mundo!

La música de los Blues Brothers estaba calando muy al interior de Luan, que, por el contenido romántico, le recordó su relación con Benny, un chico de cabello marrón de su clase, a quien le costó declararse. Hubo un momento donde se ilusionó con una carta de amor sin destinatario, aparte de la letra «L», que había llegado a la casa. Esa fue razón por la que compitió con sus demás hermanas, para saber a quién de todas correspondía. Cuando se supo que no le correspondía a ella, no decayó en buscar el amor. Fue durante el ensayo de una obra escolar donde, después de mucho tiempo de buscar la atención de aquel chico, se unieron al saber que compartían gustos similares. La comediante extrañaba mucho estar una vez más con aquel chico, en las afueras de su escuela o en alguna plaza, hablando de lo genial que es ser un ventrílocuo. De hecho, extrañaba también volver a casa, con la familia Loud, pero luego de recordar la forma en como la decepcionaron, mantuvo su terquedad y prefirió seguir su viaje a California a toda costa.

Durante 20 minutos, la banda tocó algunos de sus éxitos de toda su vida, ya llevaban años en el negocio. Pero para la policía, había un detalle que era bien sabido y muy reiterado de parte de los hermanos vestidos de negro: nunca solicitaban permisos para montar espectáculos a mitad de la calle y esa vez no era la excepción. Como artistas callejeros que decían ser, no hacían las cosas por la vía legal y más de una ocasión han tenido problemas con la ley. Además, eran tan famosos en la ciudad, que el rumor de su concierto se expandió como la espuma, llegando, como era lógico, a oídos de las 3 patrullas. Uno de los oficiales levantó un radiotransmisor:

—Atento, central, era cierto —dijo un oficial de policía con peinado corto ochentero—: los viejos Blues Brothers volvieron a armar un concierto de forma ilegal. Iniciaremos el procedimiento.

—Esos tipos nunca aprenden, ¿verdad? —dijo su compañero con voz profunda, un hombre alto, de tez morena y robusto.

—¿Empezamos, Hightower? —dijo el policía moreno que hacía el sonido de sirena.

Golpeando su macana con la palma de su mano, el oficial que llamó a la central dijo:

—Empecemos.

Los 9 policías se abrieron ante la gente, el policía moreno tomó el megáfono y emitió de nuevo el sonido de las sirenas policiacas, en una forma tan estridente que espantó a la mayoría del público. Un par de tipos ebrios se acercaron con bates de béisbol metálicos, para defender a la banda.

—¡Nadie con placa se llevará a los Blues Brothers otra vez!

—¿Otra vez? —preguntó Luan para sí misma.

Sin embargo, el moreno más alto se ubicó frente a los tipos y tomó el extremo superior de ambos bates. Con la fuerza de sus manos, las deformó hasta el punto de reventarlas. Las soltó y los ebrios se atemorizaron con solo ver las marcas de los dedos de aquel mastodonte. Tiraron sus bates al suelo y huyeron. Los que deseaban enfrentarse a los policías cambiaron de opinión y se mantuvieron inmóviles.

—Ay, no me digan que de nuevo no pagaron los permisos —dijo uno de los músicos, el trompetista.

—Anarquía por siempre, hermano —dijo Jake, para luego levantar sus manos junto con Jake.

Los policías subieron y tomaron de las manos a los de negro, llevándolas a sus espaldas y colocándoles las esposas. Elwood dijo con toda tranquilidad:

—Oiga, ¿por qué no nos deja terminar el espectáculo antes de llevarnos, sargento…?

—Mahoney, para ti. Ya saben que hay que pagar, sino, seguirán como delincuentes. ¿En serio quieren hacer shows en la cárcel?

Meh, no es que nos moleste —dijo Elwood—. Eso sí, déjeme hablar con los de la banda antes que nos lleven.

Mahoney accedió, Elwood hablo con sus miembros.

—Oigan, no olviden darle parte de la ganancia a Luan. Al vendrá pronto por ella.

Los músicos asintieron. Los policías se llevaron a los de negro, mientras bajaban las escaleras, el sargento Mahoney miró con detenimiento a Luan, quien miraba pasmada toda la situación. Jake se le acercó:

—Oye Luan, te dejo a manos de nuestros músicos. En unos minutos, el conductor vendrá por ti.

Los policías continuaron su camino. Pero Mahoney no paraba de pensar en el rostro de la niña con frenillos y cabello castaño con cola de caballo. Le parecía familiar de algún lado.

Luego de que las patrullas se fueran, los músicos le pagaron a Luan por su participación. Se sorprendió por la generosa cantidad recibida, tomando en cuenta que se trataba de un espectáculo callejero que no duró las 3 horas programadas. La sumó con lo obtenido en el terminal de buses.

—Gracias, señores —dijo, con una gran sonrisa.

—No hay de qué —dijo el bajista—, se gana más de lo que crees. Una lástima que debamos esperar otros 6 meses para volver a tocar con Jake y Elwood.

—Por cierto —dijo el baterista—, alguien viene por ti en esa esquina.

Luan miró a donde apuntó el bajista. Era un vehículo Cadillac de los 70, de un color turquesa opacado por el tiempo. El que lo manejaba era un hombre robusto y calvo, tez de piel blanca, ojos azules, con una mirada huraña. Al su lado, pudo reconocer a la vendedora de boletos que le ayudó. Luan se acercó al auto.

—¿Tú eres la mocosa? —dijo el conductor.

—¡Al! —dijo Peggy—. ¡Ten más respeto por la pobre niña!... —dirigió su mirada a Luan—. ¿Y? ¿Cómo fue tu estancia con Elwood y Jake?

Luan se sorprendió, no sabía qué decir.

—Bien, supongo… Oiga, señorita, muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí.

—Oye, te dije que me llamaras Peggy, y también te presento a mi esposo, Al Bundy.

Al solo emitió un sonido de molestia con su boca. Peggy le sonrió y le dijo a Luan:

—Sube, Luan. Te llevaremos a nuestra casa.

Luan estuvo pensativa. Lo que más deseaba era ir a California, no quería tener otro desvío.

—¿A su casa? ¿No irán a California?

—A ver, niña —dijo Al—: mira la hora que es. El viaje es largo y no pienso dormir de noche en la carretera. Así que volveremos a mi casa, tendremos una cena decente, descansaremos como corresponde y mañana saldremos al mediodía. ¿Qué te parece?

Luan, sin más que decir, asintió. Al gesticuló con su mano derecha para que la comediante Loud fuera al asiento de atrás. Cerró la puerta trasera con sus 2 manos.

—Oiga, señor Al —dijo Luan—, no quiero ser una molestia para usted… para ambos.

—No, tú no eres molestia, niña —dijo Al—. Lo que más quisiera es recorrer de nuevo la carretera con esta belleza, que obtuve en una subasta a un precio redondo, viajando lo más lejos que el tanque de combustible me permita y llevando a cualquier pobre diablo en problemas a su destino…

Luan miró con extrañeza a Al, le llamaba la atención que no se limitara en los insultos.

»… Pero la verdadera molestia aquí, es esta morsa que tengo como esposa. Nos acompañará mañana en el viaje.

—También te quiero, cielo —respondió Peggy con sarcasmo—. Pero hace mucho que no salimos de viaje por el virus ese. Por eso iré contigo, ahora que he terminado mi turno en el terminal de buses.

—Espero no estés mintiendo como la última vez, Peg. Lo último que quiero ahora es que te despidan por otra tontería. Sabes bien que mi empleo tampoco deja mucho.

El vehículo se fue del lugar, demoraron poco menos de una hora para llegar a la casa. Luan ya podía sentí la calma al saber que pronto estaría en California luego de improviso del día. No obstante, no paraba de pensar. Por alguna razón, por una corazonada, sentía que era apenas el principio de los problemas.

ΜΛΦΛΜ—

Recién terminado su almuerzo —el cual se devoraron con desesperación—, la familia Loud continuaba su viaje en el Vanzilla, por la carretera en Indiana. Mas sin embargo…

—¿Qué? ¡No puede ser! —exclamó Lisa, sorprendida.

—¿Qué ocurre? —Preguntó Lola.

—Se terminó la batería de mi rastreador. La pantalla del radar se apagó.

La familia mostró preocupación.

—¿Y cómo encontraremos a Luan? —Preguntó Lynn.

—Tranquilos, traje un cargador para conectarlo a la batería del vehículo. El inconveniente es que tendremos de pasar por un periodo de incertidumbre, estimada en una hora.

—¿Podemos hallarla con lo que tenemos ahora? —Preguntó Lincoln.

—A la velocidad a la que vamos, existe un 81% de encontrar a nuestra hermana si comenzamos en el último punto de detección: un terminal de buses en Chicago.

—¡Excelente, hija! —dijo la madre Loud.

Para su desgracia, notaron un brillo por los espejos retrovisores. El padre Loud miró hacia atrás y vio un vehículo a una velocidad mayor a la permitida, lo que llamó también la atención del resto de la familia. Era difícil distinguirlo en la luz del atardecer, hasta que estuvo a cierta distancia. Era una van de color gris ónice, muy parecida al Vanzilla. Además, notaron que otro vehículo lo seguía, uno mucho más grande: se trataba de un camión militar, con el tradicional color verde musgo. Ambos móviles se acercaban en forma peligrosa, por lo que se deducía que el camión militar perseguía a la van color ónice.

Cuando se acercó el camión fugitivo, se adelantó al Vanzilla por la izquierda, de una forma tan inesperada que hizo perder el control a Lynn Sr.

—¡¿Pero qué…?! —dijo el padre Loud

Maniobró como pudo el vehículo para evitar el choque. Mas no fue posible, porque la punta trasera del lado piloto golpeó al vehículo ónice, lo que desequilibró a ambos. Ello conllevó al grito desesperado de toda la familia Loud.

—¡SUJÉTENSE! —exclamó el padre Loud.

Mientras el Vanzilla recuperaba el equilibrio, el otro vehículo abrió la puerta lateral del lado de copiloto había abierto, lo cual liberó un contenido que no apreciaron del todo. El padre Loud frenó con fuerza para evitar golpear con lo que había caído, pero lo último quedó bajo ellos. Una vez detenidos, los Loud, por completo exaltados, bajaron para sentirse a salvo.

—¡Tierra! —gritó Lola, mientras besaba el suelo—. ¡Firme e inmóvil tierra!

Leni, quien estaba muy calma, pensó en el contenido bajo el Vanzilla. Luego dijo:

—Chicos… ¿es idea mía o lo que está abajo es oro?

El resto de la familia, sorprendidos por la afirmación, miró y comprobó que en verdad era oro… lingotes de oro de la más alta pureza bajo su móvil.

—Esperen —dijo Lisa—, prepararé mi kit de identificación de metales.

—¿Traes un kit de metales? —dijo Lucy.

No obstante, Lisa no pudo preparar sus artilugios, porque el camión militar frenó en seco cerca de los Loud. Los militares se bajaron y apuntaron con sus fusiles AK-47[2].

—¡Alto ahí! —dijeron los militares.

La familia hizo caso y levantó los brazos, confiados de que no iban a hacer nada porque eran inocentes después de todo. Sin embargo, los militares no pensaban lo mismo, debido a la poca visibilidad de la tarde, no pudieron distinguir al otro móvil que perseguían originalmente. Peor fue que ambos vehículos eran muy parecidos.

—¿Pensaban que se saldrían con la suya?

—¿Disculpe? —preguntó la madre Loud, estupefacta.

—No nos van a negar a estas alturas qué ustedes tomaron el oro, ¿Cierto?

—¿De qué está hablando? —preguntó el Padre Loud, incrédulo—. Nosotros no tenemos nada que ver, fue el otro vehículo que se nos atravesó y casi nos choca.

—Eso díganlo al tribunal militar… En Fort Knox.

—¡¿FORT KNOX?! —gritó la familia al mismo tiempo.

Los soldados no aplicaron siquiera el beneficio de la duda y tomaron prisioneros a la familia Loud, quienes abordaron el camión militar. Recogieron el oro y uno de los soldados manejó el Vanzilla para presentarlo como evidencia.

Y, por más que los hermanos trataron de conversar con ellos para convencerlos, estos no hicieron caso y llevaron a la inocente familia a un recinto militar para dar un castigo ejemplar.

Música recomendada
«My Own Prison», de la banda Creed.


REFERENCIAS

- Blues Brothers
- Married with Children
- Police Academy


NOTAS

[1] Joan Jett es una conocida guitarrista y cantante de rock, exitosa tanto dentro de las bandas The Runaways y The Blackhearts, como en su trabajo como solista.

[2] Los fusiles AK-47 son armas diseñadas en Rusia… Eh, como que algo no cuadra…