Capítulo 5
Una semana. Ese fue el tiempo que Mahad estuvo en coma. Siendo tratado y atendido por los mejores médicos del continente americano. Supervisado de cerca por supuesto por Atem, quien no pudo pedir menos o más. Manteniéndose al margen todo lo que podía mientras una angustia enorme en su interior crecía hasta el punto de no querer alejarse mucho de él. Ocupando uno de los sillones disponibles como cama y colocándolo a un lado de donde yacía su amado solo para ese propósito.
Pues desde que pudo ver en primera fila como es que su querido esposo resultaba herido en un accidente, una vez despertó del shock, fue que se trasladó rápidamente hasta donde le entendían con diligencia. Llevando consigo, más por querer que por necesidad, a su "familia" y algunos amigos. Con el fin de no sentirse demasiado solo en lo que enfrentaba aquella situación que se convirtió en la peor semana de su vida. Recibiendo mucho apoyo moral de ellos y cuidados que él no había notado había dejado de hacerse en su persona con tal de no separarse de Mahad. Obligándolo a comer o dormir, aunque sea cinco horas para que él pudiera continuar en la espera a alguna reacción de su amado.
Casi derrumbándose cuando el medico en jefe llego con la terrible noticia de que, con la pérdida de sangre y las heridas de Mahad, cabría la posibilidad enormemente que cayera para siempre en un coma, por ende, eso le llevaría a un estado vegetativo poco a poco, hasta que no hubiera más remedio que descontarle.
Matar, fue la palabra que Atem escucho en todo aquello. Y eso le horrorizo en muchos niveles.
Recuerda que incluso golpeo aquel médico y después lo saco de la habitación. Cerrando la puerta para mirar a su amado, negándose a lo que aquel experto decía. Aferrándose a un milagro que estaba seguro, ocurriría, apenas percatándose de cómo es que la puerta era asegurada por un ente de ojos tan rojos como la sangre.
Ardientes en furia y hostilidad, pareciendo percibir el mismo enojo e impotencia que él. Mientras por fuera, su "familia" y amigos gritaban con insistencia a que abriera la puerta y les dejara pasar, tratando de hacer un intento por consolar su dolor. Fallando cuando una vez más, pudieron percibir un terrible frio en los pasillos.
Notando como es que, lo que venía persiguiéndolos desde hace una semana, comenzaba a manifestarse poco a poco, apagando las luces de un segundo para otro. Aterrándolos de muchas maneras antes de que, el más creyente del grupo, sacara un talismán de papel amarillo y tinta de cinabrio para alejar aquella cosa que intentaba hacerles daño. Alegrándose cuando percibió como es que todo volvía a la normalidad, sacando el mismo sus conclusiones ante ello. Armando el rompecabezas por pistas, para obtener quizá una razón de lo que había atosigado al matrimonio de su "nieto" mayor.
Rápidamente esto siendo compartido con los presentes, quienes apenas procesaban con ingenuidad lo escuchado. Creyéndolo firmemente cuando las luces en el fondo del pasillo comenzaron a parpadear con insistencia. Jonouchi, quien era el más susceptible y menos adepto a lo sobrenatural, fue quien reacciono primero para dar su palabra en que apoyaría a su amigo, siendo seguido de los demás, quienes, con un poco de resistencia, ya sea por sus creencias o por su lógica, aceptaron poco apoco. No queriendo dejar atrás a su amigo, el cual sufría mucho por la casi pérdida de su esposo. Escuchando un segundo después como es que la puerta de la habitación de Mahad se abría solo para mostrar a Atem.
Su sonrisa abierta, así como la esperanza en sus ojos siendo un detonante para que los demás pudieran intuir quizá que algo bueno había pasado, celebrando cuando pudieron pasar al cuarto solo para encontrarse con un Mahad despierto y atento.
Sentado cómodamente en la cama reclinable, mirándolos de manera profunda antes de darles una sonrisa agradecida. Salvándolos de la penumbra que cubrió los pasillos una vez la puerta fue cerrada y sellada por el mayor el grupo, quien no despego ni por un segundo el dedo del renglón. Cubriendo a los niños que estaba cuidando, dando sus felicitaciones una vez pudo escuchar la tranquilidad y las demás acciones amables y alegres de sus acompañantes. Los cuales se abalanzaron a su amigo para abrazarlo, reclamándole el por qué había tardado tanto.
Una bella escena surgiendo, solo para calmar a todos de distintas maneras. Una conversación naciendo de ella, la cual fue redirigiéndose a lo que habían logrado percibir en la última videollamada que tuvieron con él. Un extraño sentimiento colándose a sus pechos cuando comenzaron a hablar de ello.
—¿De verdad estas bien? Fue horrible lo que paso... —Insistió Yugi, acercándose junto a Atem para mirar a Mahad, quien se mostraba visiblemente vendado y parchado de su piel. Sus movimientos lentos solo confirmando las preocupaciones del menor.
—Estoy bien... Al menos para haber despertado antes de que Atem cometiera una locura. —Mahad bromeo, ganándose un ligero pellizco en su brazo, lo cual ocasiono un gesto de dolor, siendo seguido de una sonrisa satisfecha, al observar cómo es que su amado tomaba aquella zona recién lastimada para sobarla ligeramente. —Puedo asegurar que ya no necesito la atención de los doctores al menos tan constantemente.
—Bueno eso fue lo que dijo ese doctor al que...—Menciono a medias Honda, callándose al percibir como es que Atem lo miraba.
Optando entonces por redirigir su mirada a otro lado, notando por primera vez en su vida, lo cuidado que estaba el techo de aquella habitación, así como las paredes o los muebles. Anotando mentalmente comprar uno parecido para su cuarto cuando volvieran a Japón.
—Lo que dijera no me interesa, se nota que sus diagnósticos son malos. No sé si quiera porque está trabajando en este hospital. —
Expreso abiertamente Atem, a lo que los presentes solo asintieron para no hacerlo enojar más. Recordando como es que aquel doctor necesito al menos diez puntos de sutura para curar lo que Atem le había hecho.
—Además, "mi" abuelito dijo algo interesante hace un rato...
—Es verdad... —
Corroboro Mahad, redirigiendo la atención de todos al mayor del grupo, quien se mostró ligeramente preocupado al notar como es que sus conclusiones eran tomadas como ciertas sin vacilación. Con ello dejando en claro, que tanto había sufrido el matrimonio Encinereb ante aquella entidad.
—Aunque, debo aclarar que no soy exactamente creyente del tema paranormal. Sin embargo, recordando todo lo que paso... —Dijo, pareciendo percibir lo visto, recordando la trágica muerte de sus trabajadores y de su asistente, a quien consideraba el mejor para llevar las industrias. —Ya no puedo ignorarlo y fingir que nada está ocurriendo...
—¿Desde hace cuánto que está pasándoles esto? —Cuestiono Sugoroku, mirando como es que el joven matrimonio se miraba antes de negar. Recibiendo con ello que no recordaban con exactitud, pero que si había sido un tiempo prolongado. Lo cual, lo convertía en una mala noticia. —Ya veo, así que no lo saben. Bien, ¿Puedo saber que han pesado al respecto? ¿Han notado el origen, o algo referente a ello?
—No exactamente, pero...—Respondió Atem, mirando detrás de él al buro que descansaba a un lado de la cama de su amado, mostrando una caja de oro con un ojo en ella. El brillo natural del metal causando una desagradable sensación en Mahad. Quien suspiro sonoramente antes de arrojar un pañuelo sobre la misma. Atrayendo la atención sobre sí mismo con aquella acción.
—Hemos concluido que la caja que nos ha regalado sin malas intenciones Sugoroku-san, es la causante... —
Dictamino, mirando al más grande del grupo. Quien asintió culpable. Dando pauta para que dijera que es lo que los llevo a esa deducción.
—Desde que ese regalo entro a nuestras vidas, me temo que solo ha sido para peor. En un principio solo fueron cosas pequeñas, casi insignificantes. Pero conforme más y más continuaba, fue que comenzamos a notar como es que extrañas cosas ocurrían a nuestro alrededor. Desde sonidos o voces, hasta apariciones completamente increíbles delante de nuestros ojos. Aunque no de buena manera cabe destacar... De alguna manera, algo o alguien nos está mirando desde las sombras... Siempre siguiéndonos, siempre acompañándonos a donde sea que vayamos...
—Dios mío. ¿Cómo pudieron aguantar tanto? —Cuestiono Anzu, su tono preocupado, así como su postura, delatando su angustia. Contagiando a los demás, quienes de no ser por haber vivido algo paranormal aquella semana, no hubieran creído fácilmente aquellos hechos.
—No lo sé, de alguna manera supongo no fueron tan constantes como para tomarlo como tal... —Admitió Atem. Recibiendo una mirada extraña de su esposo, quien asintió a medias, recordando cada muerte habida a causa de su negligencia.
La culpabilidad cerniéndose sobre sus hombros antes de que una mano ajena tomara la suya. La sonrisa de Atem siendo suficiente para que Mahad pudiera relajarse ante la tensión que comenzaba a acumularse, tomando fuertemente aquella mano que adoraba con fervor. Acariciándola levemente con su pulgar, animándose a seguir con aquello que había preferido no mirar hasta ahora. Su tono de voz, una vez más haciéndose notar.
—No es tema fácil hablar sobre cosas que se supone no deberían existir, pero... —
Mahad miro sobre su hombro, volviendo a percibir aquella caja cubierta de la tela blanca. La cual se agitaba suavemente ante una brisa inexistente.
—Ahora que de alguna manera ustedes saben lo que está ocurriendo... Me gustaría preguntar a Sugoroku-san. —Llamo, regresando su mirada al mencionado. —¿Cómo es que podemos deshacernos de esto?
Sugoroku miro a la joven pareja para luego colocar una de sus manos sobre su mentón, su postura pasando a ser pensativa en lo que concluía e intuía hechos. Argumentándose así mismo internamente antes de dar su veredicto. Clamando la atención de todos con una tos falsa, la cual solo pareció agregar un poco más de dramatismo a la situación.
—Me temo que no tenemos suficiente información sobre esa caja, o sobre los hechos paranormales en realidad. Además, tratamos con algo que quizá provenga de una civilización ya extinta hace milenos. Es peligroso ser precipitados sobre este tema, y mucho más cuando ya hay algunos espíritus malvados involucrados. Si nos movemos mal, solo conseguiremos su ira y su furia, así que es mejor ir a donde todo puede, tal vez ser resulto...
—¿Habla de donde saco la caja? ¿En Egipto? —
Pregunto Jonouchi, medianamente sorprendido por lo dicho. Emocionándose un poco antes de recordar su odio a los fantasmas y cosas paranormales. Casi arrepintiéndose de haber venido sin un amuleto u objeto parecido. Aguantando sus ganas de correr solo porque sabía que su amado CEO, de alguna manera conseguiría saber que se acobardo a último minuto, y eso lo usaría en su contra hasta que le diera el sí completamente.
Y sinceramente, aquello aun no estaba en sus planes cercanos. Lejanos sí, pero cercanos... aun no.
—Exactamente... —Afirmo Sugoroku, asintiendo mientras se levantaba de su asiento. —Debemos regresar al Valle de los Reyes para confirmar o descartar nuestras sospechas, quizá encontremos algo por esos lugares, es la mejor solución pronta que se me ocurre... De otra manera, si queremos actuar después, quizá a ese momento, sea demasiado tarde...
Los presentes, luego de escuchar al mayor del grupo, asintieron con ligera angustia, alcanzando a escuchar entre líneas la advertencia que conllevaban aquellas palabras. Sintiendo como es que una espada comenzaba a balancearse sobre la cabeza del par de amigos que observaban todo con preocupación, apretando sus labios ante algo que apenas entendían. Cada uno encerrándose en sus pensamientos antes de que el doctor de turno entrara casi de la nada para seguir en la atención de Mahad. Despachando a los presentes para que solo quedara el paciente y su esposo, quien no se despegó ni por un segundo de él.
Ambos quedando solos una vez aquel medico realizo su chequeo y cambio de vendajes antes de irse, encontrando un silencio que no habían disfrutado desde hace ya bastante tiempo. La suave brisa que acompañaba a la tarde, convirtiéndose en un bello recuerdo ante el atardecer que hubo después. Pintando el cielo de bellos colores fríos y cálidos a la vez, mientras el tono naranja del sol acariciaba levemente las sábanas de Mahad, el cual invito a su esposo a su lecho. Otorgándole el suficiente espacio para que ambos pudieran quedar de frente, mirándose suavemente y con cariño antes de abrazarse.
Siendo Atem, esta vez quien consolaría en su dolor a su amado, quien lloro suavemente ante los recientes eventos y perdidas. Confesando su culpa y sus acciones, admitiendo los actos hechos y los planes que fueron cuesta abajo. Colocando a aquella caja de oro como principal protagonista ante sus desgracias, solo para que tiempo después, Atem admitiera su propio sentir y su angustia. Acompañando en su dolor a su esposo, quien le abrazo con más fuerza en respuesta. Tratando de otorgar también un confort que ambos necesitaban, requerían, luego de experiencias tan traumáticas y cercanas a la muerte.
Sin querer realmente, comenzando a amarse poco a poco para hacerle saber al otro cuanto se necesitaban, confiando en que sus amigos darían la suficiente privacidad para ello.
Sin percatarse como es que, una vez alcanzaron la cúspide del placer y del amor, sus ojos cambiaron de color por un par de minutos. El azul siendo remplazado por un brillante morado, mientras los ojos amatistas pasaron a ser tan rojos como la sangre. Sus sonrisas mostrando un par de colmillos, siendo suficiente para que volvieran a besarse con un ímpetu mucho más ansioso, hambriento. Como si fuese la primera vez o la última, dejando correr un par de hilos de sangre de ambas bocas antes de que cayeran satisfechos en aquella cama, quien guardo aquella experiencia como propia. Dejando al par de protagonistas sin saber lo que vendría.
[02 de noviembre, año XXXX, 3: 00 p.m.]
El día llego sin complicaciones, aun si seguían pasando cosas extrañas o aquella caja se mantenía siempre cerca del matrimonio Encinereb. La familia Muto se mantuvo firme en su decisión, así como los amigos de los mismos, quienes se apuntaron al viaje solo por preocupación de la pareja que parecía obtener apenas un descanso después de tantas cosas horribles que les habían pasado y sufrido. Apenas dándoles un respiro para lo que planeaban, cada uno de ellos abriendo sus horarios un poco más para viajar de los Estados Unidos Americanos hasta Egipto. Haciendo una escala y mucho papeleo, para que Mahad pudiera viajar sin ningún problema en torno a su salud.
El encargado principal de ello siendo su mismo esposo, quien no esperaba menos de sí y el poder que le otorgaba mantener el apellido de su amado. Sabiéndolo utilizar la mayoría del tiempo para que ningún obstáculo pudiera detenerlos en sus propósitos. Consiguiendo su objetivo en menos de lo esperado, al siguiente día estando listos para partir lo más rápido posible del país americano.
El grupo siendo encaminado desde ese momento hasta el avión que los llevaría en una escala a Europa y de ahí hasta Egipto, en donde Mahad tenía la suerte de poder contactar con su pasante favorita, y con su hermana adoptiva, la cual había cambiado su apellido para seguir con sus propios sueños sin tener que tener a cuestas las Industrias que él manejaba. Su hermano adoptivo más pequeño siendo el que seguiría los pasos de su hermana. Lo cual, sinceramente lo mantenía de buen humor. Alegrándose un poco más ante su situación actual, esperando pacientemente volver a verlos, sintiendo un cálido sentimiento en el pecho una vez preguntaron por su salud.
Una conversación naciendo de ello junto a su esposo, quien les dio muchos más detalles que él incluso llego a desconocer en su momento. Emocionándose de tener a su, como lo llamo en su momento, "enfermero" personal.
El avión siendo un punto importante para que todo el grupo pasara a descansar. Tratando de imaginarse por lo que podrían pasar o por lo que sentirían que ocurriría, muchas más conversaciones comenzando escucharse en lo que llegaban a su primer destino.
En donde sucedió el siguiente trasbordo, las Industrias Encinereb manteniendo su imagen en todo momento, así como su poder. Apenas viéndose afectados por el fatídico evento ocurrido, aquello atendiéndose tan discretamente como habían podido muy a pesar del amarillismo que hubo. Consecuencia de empresas enemigas o rivales. Jonouchi dando a conocer cómo es que Kaiba Corp. fue uno de los que se mantuvo al tanto y atento a acallar todos los rumores dañinos para la industria, endeudando a Mahad, quien tomo nota para agradecer a su rival en un determinado momento. Esperando que no fuese demasiado pronto, pues aún tenía mal sabor de boca solo al mover su cuerpo.
El dolor punzante en cada herida tratada solo siendo la muestra de lo que aún tenía que arreglar. Esto sirviendo como recordatorio para no desviarse del tema principal. Colocando su cabeza en alto cuando tocaron tierras egipcias, sintiendo extrañamente una melancolía recorrerle, así como una añoranza poco normal en él.
Distrayéndose una vez en el aeropuerto, fue recibido por un abrazo contundente por parte de su pasante favorita, quien le seguía gritando casi en el odio mientras se aferraba a su cuello. Pasando a ser quitada poco después por Atem, quien le dio un leve golpe en la cabeza para alejarla, regañándola a la vez que señalaba las vendas en Mahad.
La joven rápidamente entendiendo esto antes de disculparse sonoramente, atrayendo la atención del grupo, los cuales no dudaron en saludarla y conocerla, rápidamente encajando con sus ideas y su manera de ser. Para luego notar como es que un par de personas más llegaban, personas que inmediatamente se acercaron a Atem antes de Mahad, saludándolo como un buen amigo y conocido. Los tonos alegres resonando para los presentes.
—¡Atem! ¡Mírate! Ya has crecido mucho, y no solo eso, aun sigues con el gruñón de nuestro hermano. —Exclamo sin ninguna contemplación aquel joven de cabello castaño y mirada lila. Sus ropas siendo acorde al clima del lugar, así como la fémina a su lado. La cual asintió sin reparo.
—Es verdad, debemos agradecerte. Eso y recibirte como todo protocolo de la familia manda.
—N-No tienen por qué molestarse tanto con eso... —Menciono Atem de manera tímida, sus manos siendo acaparadas por las nuevas personas, antes de que Mahad lo alejara de ellas. Sus acciones siendo suficiente para hacer reír a los presentes.
— Ishizu, Marik, ¿Acaso se olvidan que estoy aquí? ¿No pueden esperar solo un poco más para eso? —La cuestión de Mahad sonando más celosa que enojada, provocando una sonrisa amplia en su amado, quien negó suavemente antes de atender aquel problema. Tocando con un poco más de fuerza las heridas de su esposo para que recordara que no estaba en condiciones para hacer un escándalo o moverse demasiado. Atrayendo la atención de los presentes, quienes no dudaron en volver a presentarse.
—¡Maestro! ¡Por favor no se enoje, haré lo posible para compensar mi error! —Exclamo la joven de cabello rubio y ojos verdes, acercándose una vez más a su mentor. Quien solo suspiro como respuesta.
—Mana, no tienes nada que compensar, solo recuerda no hacerlo cada que me veas...
—¡Pero...!
—No voy a discutir eso de nuevo. —Corto Mahad, recibiendo un lindo puchero de su pasante favorita.
—Sin duda es un gusto conocerlos a todos, nos honra su presencia en estas tierras, aunque, nos hubiese gustado que fuese de manera distinta a lo informado. —
Agradeció Ishizu, dando una reverencia antes de dar las instrucciones a seguir, manteniendo una conversación amena desde entonces. Siendo Marik quien acaparaba la mayoría del tiempo junto a Mana la atención, sus voces resonando felizmente al menos hasta que fueron trasladados al lugar indicado.
Un hotel siendo requerido para dejar maletas y cambiar atuendos a uno más acorde al clima y paisaje de Egipto. De ahí, pasando a subirse a transportes especializados para dirigirse hasta el Valle indicado, llevando como mapa al par de hermanos que seguían molestando sutilmente a Mahad, así como al patriarca de la familia Muto. Quien se mostró como un niño en navidad al volver una vez más a las tierras en donde más emoción sintió.
Los autos siendo detenidos una vez llegaron a su destino, Atem solo redirigiendo su mirada al asiento recién desocupado solo para toparse con aquella caja que atormentaba a su amado. Un escalofrió recorriendo su columna, animándolo a tomar aquella caja antes de salir completamente hasta la entrada correcta.
—¿Es aquí? —
Cuestiono Mahad, notando como la entrada se mostraba ante ellos como un pasadizo en el suelo. Invitando a los más valientes a adentrarse. La oscuridad pareciendo extenderse un poco más de la cuenta aún con las perceptibles antorchas colocadas en la pared. Un extraño sentimiento colándose en su estómago antes de perderse en sus pensamientos.
—Sí, es aquí. Las investigaciones nos han llevado a esto. —
Corroboro Ishizu, mirando al grupo de uno en uno, deteniéndose momentáneamente para apreciarlos mejor. Asintiendo una vez noto como es que su hermano mayor se comenzaba a mover para entrar, llevando de la mano a su esposo, quien le siguió sin dudar.
—Según lo contado por el Señor Muto, esto nos debe de llevar hasta el origen de la caja que lleva Atem. Se que en su momento este lugar se derrumbó. El informe decía que fue más una falla en la construcción de los pilares adicionales que por alguna causa natural. Así que hace poco fue abierta nuevamente para su exploración, pero muchos no quisieron entrar al tratarse de una tumba con muchas más trampas de lo habitual.
—Por eso es que solo llegaremos hasta donde llego el Señor Muto, no más, y esperemos eso sea suficiente para atender el problema que tiene nuestro hermano encima... —Continuo Marik, su tono siendo calmado y contrario a lo mostrado durante el trayecto. Terminando de instruir a los presentes, dejando en excepción a Mana, quien hablo para hacer notar que algo faltaba, o más bien, alguien faltaba.
—Eso está bien, pero ¿No acaso deberíamos hacerles saber a mi maestro y a su esposo? —Su voz sonando curiosa antes de que todos se adentraran casi corriendo al lugar.
—¡¿Qué dices?!
El grupo rápidamente conformando una carrera hasta encontrar a los principales protagonistas de aquel mal que les atormentaba. Siendo Sugoroku el único que saco un par de talismanes en espera de no usarlos, pasando a ser ayudado por los dos hermanos adoptivos de Mahad, quienes se mostraron preocupados ante la falta de comunicación de su hermano al dejarlos solos. Colocando un mal presentimiento en sus pechos.
—¿Acaso eso pasa seguido? —Pregunto Marik, tomando una de las antorchas sobrantes. Alumbrando el camino para sus acompañantes. Recibiendo una negativa del mayor.
—Para nada, es la primera vez que hacen algo tan tonto como eso... Esto va mal...
—Mahad... —Llamo suavemente Ishizu, su tono sonando preocupado y angustiado. —¿Acaso eso tiene que ver con la caja que tenían? ¿De verdad la maldición mencionada en esta tumba es real?...
—Lo es, tanto como lo puedas imaginar... al parecer he despertado un terrible mal que dormía en este sitio—Se culpo Sugoroku, a lo que los hermanos se miraron sin decir más, esperando que todo aquello solo haya sido un mal entendido.
—No puedo creerlo... No quiero creer que esto esté pasando... —
Susurro Marik, recordando como fue que sufrió algo similar cuando era niño. Habiendo incluso asesinando a sus verdaderos padres antes de ser adoptados y salvados por el padre biológico de Mahad, el cual les brindo apoyo y comprensión ante lo sucedido. Cobijándolos bajo su ala una vez todo volvió a la normalidad, presentándoles a su hermano, quien hizo todo lo posible para que pudieran vivir feliz y pacíficamente. Aceptándolos aun con su tormentoso pasado, sin llegar a preguntar al respecto hasta ahora, en donde ahora ellos temían por él. En el fondo de sus corazones esperando no haber llegado tarde.
Mahad y Atem por otro lado, comenzaban a sentir un Deja vú. Alcanzando a reconocer ciertas zonas antes de siquiera llegar a ellas, confundiéndose cuando podían pasarlas sin ningún problema, colocando un camino para sus amigos, los cuales seguían vía a ellos. Cuidando de no pisar en donde no debían, aletargándose un poco a causa de eso.
Dejando entonces a sus anchas a la pareja, la cual parecía por momentos transportarse a lo que fue hace milenios y a lo que era hoy en día. Sus realidades comenzando a distorsionarse sin cuidado y mucho menos sin aviso.
El adornado de oro comenzando a brillar fantasmalmente ante ellos mientras la arena de los muros caía de a poco. La suave brisa pasando a rodearlos antes de guiarlos hasta una sala con un solo sendero. Un altar a lo lejos siendo lo único ante el vacío que se extendía a los lados, llamando poderosamente al matrimonio, quienes asintieron para poco después aventurarse hasta ese lugar. Sus mentes comenzando a llenarse de recuerdos que no eran exactamente suyos.
Las visiones iniciando a anteponerse a cada paso dado. Así como las sensaciones y las emociones, las lágrimas pasando a ser las primeras que cayeron de sus ojos antes de que los mismos cambiaran de color. Mostrando melancolía y tristeza, pero también frialdad y enojo. Sus otros yo dejándose ver al final del camino antes de que cada uno de ellos extendieran sus manos en señal de recibimiento. Sus formas oscuras distorsionándose para hacerles ver cómo es que eran antes de ello.
"Una vez el sacerdote pudo volver a su príncipe, fue entonces que curo sus heridas con cuidado y cariño.
Cerrando su vientre entre llanto y añoranza.
Lamentando el ser débil para proteger lo que más amaba, recibiendo como consuelo un abrazo frio, pero lleno de calidez de su amado. Quien, con esfuerzo, entrego cenizas entre sus dedos. Aceptando la cruel realidad antes de que el fuego en el Palacio se extendiera a límites insospechados, tomando poder entonces del Reino.
Comenzando su tiranía al siguiente día, en donde los muertos volvían a la vida como meros títeres sin emociones, la carne quemada apenas siendo un impedimento para ser usados con distintos propósitos, arraigando el miedo de los sobrevivientes, los cuales pidieron ayuda a los jóvenes sacerdotes que estaban fuera del Reino, entrenando como magos para su puesto. Los cuales, valerosos, pudieron notar con sus propios ojos como es que su hogar era consumido por la oscuridad y el dolor.
Llevándolos incluso a los extremos más hostiles y horrorosos para poder rescatar el mismo. Alcanzando a salvar un poco más de terreno conforme pasaban los días y las semanas. Una terrible guerra viniendo de aquello, valiéndose con poderosos artículos que crearon a partir de la misma oscuridad que combatían, ganando poco a poco hasta que acorralaron a los principales causantes, los cuales no se mostraron hasta que tarde fue.
Mana, la niña aprendiz de Mahad, siendo una de las que más sufrió con aquella revelación, entendiendo que su maestro ya no era humano. Mucho menos estaba vivo, Seth, primo oculto de Atem, y mejor amigo del mismo, pasando a ser quien más se lamentó al no percibir el sufrimiento de su primo.
Aquello siendo guardado para ellos, mientras observaban con terror y tristeza como es que ambos amantes se dejaban consumir por las llamas oscuras salidas de la nada misma.
Un hechizo eterno siendo recitado para ser interrumpido por Seth. El cual uso un rompecabezas para sellar aquello, salvando de aquella manera el pueblo de Egipto. Encerrando el mal por milenios hasta ahora. En donde la mitad de las almas de aquellos amantes volvían a reencontrarse con sus mitades faltantes."
Mahad y Atem, llenos de ira y tristeza, entendiendo que aquello siempre debió ser.
Siempre debió concretarse, haciendo de oídos sordos a los gritos angustiados y aterrados que dejaban salir sus amigos. Los cuales, percibieron como es que aquellas dos sombras sonreían de manera cruel. Satisfecha, anhelante.
Un miedo colándose en su corazón, comenzando a latir de manera desenfrenada, una vez vieron cómo es que el bello matrimonio era tomando por los seres que no perdieron tiempo en ocupar sus cuerpos.
—¡Maestro! ¡Príncipe! —
Llamo en llanto Mana, la cual parecía volver en el tiempo, observando como un par de capas ondeantes en color carmesí le daban la espalda mientras su mentor y padre, junto con su mejor amigo, se alejaban de ella. Caminando a través de un sendero lleno de oscuridad y dolor. Reviviendo lo que una vez fue, y lo que seguía siendo.
—¡No se vayan, no me dejen sola! No me dejen sola... por favor...
—¡Mana detente! ¡Debemos salir de aquí! —
Exclamo Yugi, alcanzándola a tomar de su mano. Alejándola del borde al que se acercaba, notando como es que el lugar pasaba a derrumbarse una vez más. Dejando en aquel altar al matrimonio que pasaba a desaparecer entre las penumbras naturales del sitio. Sus rostros apenas siendo percibidos, aterrándose cuando noto la vacía expresión de ambos.
—¡No podemos hacer más!
—¡No cuentes con eso Yugi! —Interrumpió Sugoroku de la nada.
Llegando con el par de hermanos que ayudaban a los demás a salir, dejando que un par de sellos fluyeran de sus manos hasta el suelo, alumbrando el sitio antes de que fuese detenido bruscamente ante una daga que atravesó su pecho en un corte limpio. Matándolo al instante, callando por un momento los gritos de los presentes ante la escena frente a ellos.
Horrorizándose al observar cómo es que la sangre pasaba a pintar el suelo y la arena, aumentando su instinto de supervivencia al querer salir de ahí. Cada paso dado, siendo solo una sentencia de muerte ante los ojos del matrimonio que veía desde la distancia. El carmesí y el morado brillando tanto como podían. Convirtiendo aquello en un verdadero infierno y una verdadera tumba.
Los únicos afortunados al salir siendo Mana, Ishizu, Marik, Anzu, Jonouchi, y Honda. Los cuales una vez se calmaron lo suficiente, quisieron volver para tratar de hacer algo, cualquier cosa al respecto. Deteniéndose bruscamente cuando aquella tumba volvió a permanecer cerrada a causa del derrumbe. Tragándose al matrimonio y a la familia Muto. Sellando milenios de historia, de una leyenda, y, sobre todo, de un amor no concluido.
Amor, que macho el futuro de un feliz matrimonio. Así como la vida del más joven de la familia Muto, quien fue testigo de cómo es que Atem y Mahad pasaban a ser distintas personas.
Los cuales, se aferraron a él de maneras escabrosas, comenzando a llamarlo por un nombre que no le correspondía, poco antes de ser arrastrado junto a ellos. Llevándolo lejos de lo que había vivido, lejos del cuerpo de su abuelito. Lejos de lo que amaba, mientras las voces antiguas de aquellos seres sonaban en su cabeza junto a ese nombre.
"Heba" Era lo que podía entender.
Claro, antes de que todo fuera confuso. Y hasta cierto punto...
¿Quién es que era él?
Ah, debía avisarle a Yusei... Yusei... ¿Quién era Yusei? A sus padres no les gusta que hable de ese tema. Su padre Mahad es quien más se enoja, su papá Atem es quien le regaña.
Y aun así no lograba entender nada...
