Penúltimo capítulo! Espero que lo disfrutéis!


Capítulo 45: Las drogas siempre dejan un rastro

...

Shinichi despertó en la cama de un hospital casi 24 horas más tarde. Abrió los ojos, sobresaltado y se enderezo rápidamente, mareándose en el proceso, observando a su alrededor totalmente desorientado hasta que consiguió comprender la situación.

Después de abordar el helicóptero, Ran había vuelto a desmayarse, así que preocupado había pilotado el aparato como había podido, reuniendo los escasos conocimientos que tenía para hacer mantener aquella maquina en el aire sin estrellarse, y se había dirigido directamente al hospital de Tokio, sin pasar antes por el puerto donde sus aliados del FBI lo estaban esperando bajo sus órdenes. Ran necesitaba atención médica urgente.

Aterrizó sobre el tejado del hospital, el cual tenía habilitado su propio helipuerto, haciendo que todo el mundo entrase en pánico ante un aterrizaje no programado. Sin embargo, tan pronto como bajó a la chica inconsciente el personal médico, aun sin comprender la situación, se apresuró a atenderla correctamente.

Después de eso Shinichi había llamado al FBI, había informado de la situación y había ordenado que vinieran a recoger a Gin, quien seguía inconsciente y celosamente atado dentro del helicóptero. Había mantenido vigilado al sicario durante varias horas, con miedo a que despertase de pronto, sin embargo, no lo hizo y cuando la propia Jodie-sensei se presentó en el tejado del hospital, afirmando que se encargaría ella de todo, el joven se dejó caer derrengado y perdió el conocimiento.

Ahora, casi un día más tarde, había despertado de nuevo y el primer pensamiento que se le coló en la cabeza fue: ¿cómo está Ran?

Así que se levantó, tratando de ignorar el dolor de cabeza que le atravesaba las sienes, se puso de pie, descubriendo que estaba totalmente descalzo pese a que aun vestía su pantalón y camisa del traje, y con dificultad salió de la habitación.

—¿Sabes dónde se encuentra la paciente Mouri Ran? —le preguntó a la primera persona vestida de blanco que encontró en el pasillo.

Este, aunque lo miró dubitativo porque probablemente tenía una apariencia terrible, le respondió que no lo sabía, pero que si bajaba a recepción podría averiguarlo. Y Shinichi así lo hizo.

Cuando finalmente logró llegar hasta la puerta que tenía el cartel con su nombre dudó a la hora de entrar. La joven de recepción ya le había confirmado que Ran se encontraba fuera de peligro, que la operación para sacar la bala de su pierna había sido realizada con éxito y que simplemente estaba agotada. ¿Y si cuando Ran despertase cambiaba de opinión sobre él? ¿Y si decidía no perdonarlo? ¿Y si lo ocurrido en el barco había sido fruto únicamente de la euforia del momento?

Aun así, entró. Necesitaba comprobar de primera mano que la mujer se encontraba a salvo. Empujó la puerta intentando no hacer ruido y se deslizó, caminando dificultosamente, hasta la banqueta que había junto a la cama.

Ran dormía plácidamente, con el rostro y las manos, las únicas partes de su cuerpo que asomaban por encima de las sábanas, cubiertas de magulladuras y cortes. Shinichi estaba seguro de que el resto de su cuerpo debía estar igual de dolorido y se le escapó un quejido de dolor empático al imaginárselo. Especialmente, al pensar en su pierna. ¿Podrá volver a caminar como siempre? ¿Podrá seguir practicando karate? ¿O acaso acababa de joderle la vida a la mujer que amaba?

Shinichi no quería pensarlo. Pensar en esa opción hacía que se le encogiese el corazón terriblemente. Igual sus temores tenían razón y no se merecía que Ran lo perdonase, después de todo.

Pero no quería pensarlo. No quería ni imaginárselo. Ran lo había besado y eso significaba algo, significaba que por lo menos lo seguía queriendo, igual no lo había perdonado del todo, pero esperanzas todavía quedaban. Y después de haber esperado diez largos años, estaba dispuesto a aferrarse a cualquier mínima esperanza que la chica pudiera darle.

Así que reunió todo su coraje para tomarla de la mano y asegurarse de que lo hacía con sus sentimientos claros. La joven tenía las manos llenas de raspones y callos, pero sus manos siempre habían sido así de fuertes, así de preparadas para lo que sea que la vida le plantara delante. Tal y como Holmes había dicho, las manos de una persona son el reflejo perfecto de la clase de vida que lleva.

Las manos de Ran siempre habían sido un reflejo de la valentía de su corazón.

Absorto en sus pensamientos el joven acarició el dorso de su mano con el pulgar y jugueteó con sus dedos, enredándolo con los suyos. Sentía como si ese contacto fuera todo lo que necesitaba para volver a sentirse tranquilo de nuevo, olvidar todas las responsabilidades que le quedaban por saldar y los miedos a que la joven no lo perdonase del todo.

Por eso le costó tanto romper ese enlace.

Estuvo sentado en aquella silla durante lo que probablemente fue una hora entera, hasta que su propia lógica empezó a repetirle que tenía demasiadas cosas pendientes como para seguir allí sentado ignorándolas. Así que, aunque lamentándolo, soltó la mano de Ran y se puso de pie.

Cuando salió de la habitación se encontró de bruces justo con la persona que estaba buscando.

—Jonathan —lo llamó. El joven detective estaba de pie, apoyado en la pared, a escasos dos metros de la puerta por la que él acababa de salir. Probablemente había descubierto que se había escapado de la habitación y había ido hasta allí a buscarlo, viéndose después incapaz de interrumpirlos. Sintiéndose un poco avergonzado por ello, Shinichi se recompuso e intentó actuar lo más profesional que su agotado cuerpo se lo permitió—: ¿Ya estás bien como para andar moviéndote? Tengo entendido que saliste muy mal herido.

—Estoy bien —dijo, aunque al enderezarse y separar su espalda del muro no pudo disimular del todo una mueca de dolor—. Estaré bien mientras no me mueva mucho —reconoció—. De todas formas, Edo… Kudo-san, tengo información que creo que debería escuchar. —Jonathan no estaba seguro de cómo debía llamarlo, pero su superior no pareció contrariado de que lo hiciera con su verdadero nombre. Al parecer, los años tratando de fingir ser otra persona habían terminado.

El inspector asintió y con un gesto de cabeza señaló hacia el fondo del pasillo.

—Volvamos primero a mi habitación. Hablaremos allí.

Una vez en el cuarto, Shinichi se sentó sobre la cama y le indicó al otro que hiciera lo mismo en cualquiera de las sillas que tenía delante.

—¿Dónde está el farmacéutico? —preguntó, poniéndose serio de pronto.

—Está a salvo, bajo custodia policial del FBI.

El inspector asintió conforme.

—¿Y Gin?

Jonathan se mostró un poco sorprendido porque, aunque estaba al tanto de que su superior había capturado al nuevo líder de la organización, no se había enterado de que aquel hombre que el propio Akai-san había escoltado hasta la prisión era el mismo que aparecía como "muerto" en el informe de la antigua organización.

—Supongo que te refieres al líder —tanteó y la seriedad en el rostro de Kudo le confirmó que estaba en lo cierto—. En prisión. Recuperó el conocimiento a las 24 horas, tal y como dijo que pasaría.

Shinichi soltó un bufido divertido.

—Ese asqueroso antídoto. Siempre duraba 24 horas, a veces incluso menos —masculló para sí mismo, recordando todas esas veces en las que ese límite de tiempo había estado a punto de meterlo en problemas—. No lo hubiera usado de no saber a ciencia cierta que sus efectos son temporales. Se sintió bien devolverle a ese capullo un poco de su propia medicina, pero después de todo no soy un asesino. De haber sabido que podría matarlo no me habría atrevido a usarlo.

Shinichi había planeado la idea de usar el antídoto temporal del APTX gracias a que Haibara le dio la idea. Cuando vio su laboratorio improvisado construido en el sótano del profesor Agasa se dio cuenta de que allí tenían un arma de doble filo que merecía la pena aprovechar. Así que le pidió al profesor y a la joven científica aquel enorme favor: modificar la aguja envenenada.

—¿Tenemos noticias de qué pasó con Julian Hayes? —cambió de tema.

—Desapareció con todo el APTX después de destruir el laboratorio.

—Bien hecho. —El inspector asintió conforme mostrando una sonrisa triunfante—. ¿Y cómo va el tema de Hachecelle?

—Casi está solucionado. Nuestros informáticos llevan dos días trabajando sin parar y pronto tendremos suficientes pruebas para demostrar que es una empresa falsa para blanquear dinero.

Jonathan estaban más que sorprendido con el plan que en cuestión de días Kudo había elaborado para derrotar a la organización, sin que él supiera siquiera de la mitad del plan. El inspector no solo se había dado cuenta de que la "base" de la organización estaba en la red, sino que había descubierto la verdadera identidad de la empresa blanqueadora "Hachecelle", había puesto a trabajar a medio FBI para conseguir las pruebas para demostrarlo y lo había logrado en menos de 3 días. Todo eso mientras él mismo se enfrentaba en persona al actual líder y, por si fuera poco, se las apañaba para dar el golpe final manipulando al que se podría decir que era el mandamás del bajo mundo, a la vez que le tendía una trampa para derrotarlo también, ya de paso.

Siguiendo las órdenes de su inspector, Jonathan le había "regalado" el APTX a Julian a cambio de hacerles el favor de eliminar el laboratorio de la organización. Lo que no sabía, es que además del APTX también le habían hecho otro regalo, y es que toda droga siempre deja un rastro, y esta no iba a ser una excepción.

-o0o-

Veinticuatro horas atrás, en el sótano del centro comercial donde estaba el almacén de Hachecelle:

Jonathan y Murakami estaban intentando esconderse de su perseguidor mientras el detective del FBI trataba de sonsacarle toda la información posible sobre la organización al farmacéutico.

—En realidad… —balbuceó Murakami, pero se quedó callado a medias.

—¿En realidad qué? —Jonathan lo miró fijamente, el hombre acababa de despertar su curiosidad enormemente. ¿Qué demonios significa ese "en realidad"? —¿Está el APTX terminada o no? Antes dijiste que lo estaba, pero… —Lo miró esperanzado.

—No, por desgracia lo está. —Negó con la cabeza—. Está terminada, pero… pero le añadí un pequeño elemento extra. Mi pequeña venganza por todos los años que me lo hicieron pasar fatal.

—¿De qué hablas?

—Lo que más valoraban ellos era que fuera indetectable y fue lo que les di, salvo que no lo era del todo.

—Explícate —lo instó a continua.

—Marqué uno de los excipientes.

—¿Qué marcaste el qué?

—La molécula del APTX en sí es indetectable, como ellos querían. Una vez te la tragas y se absorbe, actúa tan rápido y a una dosis tan baja, que es prácticamente imposible demostrar el envenenamiento por cualquier análisis postmortem. Sin embargo, sí se puede detectar antes de ingerirla, porque marqué uno de los excipientes de la cápsula. Ésta al llegar al estómago se deshace y deja de ser detectable.

—¿Eso significa… que puedes localizarlo incluso si la organización lo roba y lo esconde?

—Sí, algo así. Las cápsulas emiten una leve radiación detectable con el material de medición adecuado.

La conversación fue interrumpida por su persecutor, quien de nuevo se les acercaba peligrosamente. Así que no fue hasta que, después de derrotar a Jack y llamar a Edogawa-san para informarle de su descubrimiento, que este mismo comprendió la importancia de semejante idea.

Así que le plantó una trampa a Julian: le vendió el APTX, sabiendo que este no se resistiría antes la posibilidad de poner sus manos sobre la droga, y con ello encontraron la forma de localizarlo cuando escapase.

-o0o-

De vuelta al presente, en la habitación de hospital de Kudo Shinichi:

Al gran fallo de Julian fue llevarse todo el APTX sintetizado. Había robado la fórmula, pero también todo el enorme cargamento que Murakami y sus hombres ya habían formulado y envasado. De haber decidido llevarse únicamente los informes se les hubieran complicado las cosas bastante, por eso Jonathan lo había retado, por eso había actuado tan arrogantemente. Debían asegurarse de que Julian quisiera llevarse aquel cargamento.

—El FBI ya está siguiendo a Julian. Pronto tendremos buenas noticias —añadió Jonathan.

El inspector se dejó caer sobre la cama al escuchar eso.

Una vez lo hubiera encontrado, todo habría acabado. La guerra que había durado más de diez años habría acabado, por fin. Era el Jaque mate absoluto y, como debía de ser, el bien había triunfado

—Bien hecho —masculló —. Puedes retirarte, estoy seguro de que estarás agotado.

—Señor —Jonathan tenía algo más que sentía que debía informar—, es… es sobre Jack.

Shinichi, quien se había olvidado por completo de la existencia del espía, abrió la boca como muestra de sorpresa. Él supo siempre que era un espía, pero Jonathan probablemente no había asumido tan fácilmente esa sorpresa.

—¿Qué pasó con él?

—Bueno… está hospitalizado bajo supervisión policial. Perdió mucha sangre y… estuvo a punto de morir… —No podía negar que se sentía en parte responsable por ello, porque había sido su incapacidad para gestionar correctamente la situación lo que lo había obligado a pegarle un tiro. Por muy inhumano que Jack fuese, estuvo a punto de convertirse en un asesino por culpa de su propia ineptitud.

—Jonathan —el inspector llamó por su nombre con tono serio, sacándolo de su ciclo de autoflagelación en el que se había enterrado —, hiciste lo mejor que pudiste. No pienses que fue tu culpa.

—Pero… —intentó replicar. Kudo no sabía qué había sucedido en aquel almacén, ni tampoco se había atrevido a contarle todavía lo del escucha de su teléfono móvil. Le aterraba la idea de que se enterase.

—Sé que nos espiaban. Siempre supe que Jack no era de fiar y no te dije nada, lo siento. —La disculpa sonó tan sincera que a Jonathan incluso se le saltaron las lágrimas al escucharlo—. No confiaba en ti. Por eso no te lo dije. Si lo hubiera hecho, si te hubiera dicho desde el principio que tuvieras cuidado con Jack, que tenías un micrófono en el teléfono y que te usé para darles falsa información, es posible que todo hubiera sido más sencillo y no te hubieras visto obligado a pegarle un tiro en la pierna al que había sido tu amigo por cinco años. Lo siento mucho, Jonathan.

De pronto el joven estadounidense se sintió pequeño al lado de su superior. No solo "inferior" como se había sentido siempre frente a aquel joven, sino "pequeño" de verdad. Si lo pensaba claramente, Kudo era en realidad mayor que él. Así que simplemente se echó a llorar, de impotencia y cansancio, permitiéndose sentirse como un niño al lado de su superior por primera vez desde que había entrado al FBI. Se permitió sentir un poco de enfado hacia él, por haberse callado tantas cosas, por haberlo utilizado y por no confiar en él pese a que siempre le había dedicado su alma entera.

Jack lo había llamado "mentiroso" y Jonathan lo había defendido con uñas y dientes porque lo admiraba. Y eso no había cambiado. Descubrir que Edogawa Conan era Kudo Shinichi no había cambiado absolutamente nada. Él seguiría admirando a esa persona que dedicó su vida entera a detener una organización que, desde el principio, no tuvo nada que ver con él. Pero, de momento, iba a permitirse sentirse un poco enfadado con él por haberlo utilizado.

—Gracias por las disculpas —dijo, entre lágrimas—. Lo perdono, pero a cambio, la próxima vez, confíe más en mí. Me aseguraré de convertirme en un agente merecedor de esa confianza.

Edogawa Conan, o Kudo Shinichi, tanto daba, sonrío ante esas palabras. Después, dándole un golpecito en el hombro para animarlo, dijo:

—Eso no lo dudo.

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.

.

Continuará...


Con esto considero finalizada la guerra entera contra la organización. Gin pasará el resto de su vida entre rejas, la nueva organización emergente se irá pronto a la bancarrota con la caída de Hachecelle y Julian Hayes, a quien volvieron a usar como un comodín, pronto será detenido también por culpa de su avaricia y gracias a Jonathan.

La idea de marcar las cápsulas del APTX se me ocurrió en clase de radiofarmacia hace cuatro años y, aunque cojea un poco en cuanta a "indetectabilidad" porque probablemente esa radiación en la práctica no puede ser tan indetectable como Murakami nos lo pinta, tiré para adelante con la idea (como podéis ver, tiro para delante en muchas ocasiones)

También os digo, mi opinión como farmacéutica es que la administración oral no me parece la más cómoda para un veneno que está pensado para asesinar como arma, y mucho menos con una cápsula. Quiero decir: los envenenamientos míticos son con venenos líquidos (o solubles), que se disuelven con la comida/bebida y se deja que sea la propia persona quien la ingiera por error. Pero en Detective Conan, las veces que la organización ha usado el APTX como veneno, fue obligando a la otra persona a tragarse la cápsula. No es precisamente la forma más cómoda de envenenar a alguien, sería mucho más fácil usar una aguja o algo. Me resulta incluso gracioso, que tienen que ir por ahí con una botellita de agua para ayudar a tragarlas, me imagino a Gin cargando con una botellita de aluminio como voy yo a la biblioteca.

De hecho, estuve a punto de hacer algún cambio con eso, como un "avance que Murakami hizo en la investigación", pero decidí dejarlo estar y en su lugar usar esa idea con la aguja del reloj.

Fricadas farmacéuticas a parte: Jonathan y Shinichi han hecho "las paces". No es como si hubieran estado enfadados en ningún momento, pero creo que se merecían esta disculpa, sobre todo porque Shinichi le ocultó información bastante delicada a Jonathan, y lo hizo a propósito.

Y nada, queda solo un capítulo conclusivo (y posiblemente un epílogo), el desenlace final! Si continuamos con las referencia del ajedrez: nos queda recoger el tablero.

¡Nos leemos en el final!