El viento les daba de lleno en la cara.

Harry finalmente estaba listo para dejar ir las Reliquias. Para renunciar al poder de la Varita de Saúco y dejar de ser el Amo de la muerte. Habían volado desde la costa hasta la tumba de Dumbledore, sin saber muy bien qué harían a continuación. Harry se quedaría su antigua varita, eso era seguro, pero Kingsley le había entregado la Varita de Saúco años atrás y no se sentía correcto tenerla en su posesión, incluso cuando no la ocupaba.

Pero hasta ese momento no fue capaz de deshacerse de su poder, seguro de que ya no lo necesitaba.

El peligro ya había pasado.

Draco esperó a Harry en el aire mientras él bajaba y hacía lo que debía hacer. Le habría gustado estar a su lado pero tenía sus límites y ver el cadáver de Dumbledore solo reviviría malas memorias. Así que Harry fue solo, dijo unas últimas palabras y se deshizo de la carga que venía aguantando desde hacía décadas, ya.

—¿Una carrera de vuelta? —preguntó Draco cuando Harry volvió en su escoba, con ojos tan cansados como vivos. Antes de que pudiera responder, salió volando a toda velocidad porque era un maldito tramposo.

—¡Te gusta perder, ya veo! —gritó Harry siguiéndolo.

Draco sonrió mostrando todos los dientes, rejuveneciéndolo. Era una de sus sonrisas sinceras. Hizo unas maniobras audaces con la escoba, que le maravillaban y le hacían reír porque, si era honesto, Draco se veía un poquito ridículo. La brisa del mar hacía que sus cabellos se sintieran esponjosos.

Aquel día volvían a Inglaterra, pero volvían para quedarse. Draco estaba cursando su último año de medimagia, y Harry había abierto recientemente el primer Orfanato Ron y Eric del Reino Unido para Niños Mágicos, además de una escuela a la que ir antes de Hogwarts. Tenían miedo- no se habían establecido nunca en Inglaterra, pero las contra maldiciones de Draco y sus avances en hechizos curativos hacía que todos aquellos que no lo conocieron, por lo menos lo toleraran, y Harry era y siempre sería su Elegido: el hombre que derrotó a Voldemort.

A pesar del miedo, estaban emocionados por todo lo que esta decisión implicaba. Harry vería a Hermione, Rose y a Luna más seguido. Draco a Theo y a Daphne. Ambos pasarían más tiempo con Eveline y Caleb. Kingsley podría visitarlos más a menudo. Harry pondría pie en la Madriguera sin desear vomitar.

Sin quererlo, sin realmente esperarlo, las heridas estaban sanando.

Pasaron demasiado tiempo culpándose por seguir vivos, por haber sobrevivido. Castigándose y prohibiéndose olvidar las muertes. Pero ahí estaban, y por mucho que desearon haber muerto con los demás, continuaban allí, y ya no tenía sentido seguir como si esto fuera una carga en vez de una oportunidad que el resto de sus seres queridos no tuvo.

Aquello era una falta de respeto:

No permitirse seguir adelante.

—¡Deberías callarte o la gente empezará a pensar que tienes sentimientos! —Harry le gritó a Draco cuando este no paraba de reírse porque le estaba ganando.

—Oh, cállate tú. ¡No seas envidioso!

Estaba amaneciendo recién. Era un buen día. Draco parecía recordar todo- o al menos esa versión de sí mismo comprendía lo suficiente de su pasado para no estar demasiado confundido. Harry rio, apegándose a su escoba mientras descendía a la orilla de la playa, justo donde estaba la casa en la que vivirían de ahora en adelante. Draco le dio un empujón en el aire, bajando también. Harry rio de nuevo.

Se veía imposiblemente hermoso bajo la luz de la mañana, rosada y naranja. La cicatriz de su rostro no era un determinante como solía serlo cuando lo encontró; no era algo que lo hacía ser alguien o no. Era- simplemente estaba allí. Era parte de Draco, parte de su historia. Su cabello se encontraba largo, rozando su mandíbula, y la forma en la que sus pestañas rozaban sus mejillas, ahora redondas, hacían que el estómago de Harry se sintiera lleno. El relicario familiar le colgaba del cuello. Se veía tan real. Se veía suyo. Harry no quería perderlo nunca.

Se repitieron durante toda la guerra que eran dos monstruos que sentían, y que lloraban, y que reían, por lo menos dentro de sus pensamientos. Pero al final del día resultaba ser que solo eran dos seres humanos simples y corrientes, que estaban jodidos desde antes de nacer, cargando con una guerra que correspondía a sus padres y no a ellos.

Draco abrió un ojo, y Harry se bebió de esa imagen.

Dorado frente al sol.

Suyo.

Suyo. Suyo. Suyo.

—Te amo —le dijo, y Draco sonrió con tanto cariño que su corazón se apretó.

—Lo sé.

Ambos se preguntaron muchas veces qué sentido tenía seguir vivos.

Y quizás eso era todo.

La brisa del mar sobre sus pieles, la arena bajo sus pies, el sonido de las olas chocar contra la orilla, el ardor de sus pulmones por el vuelo y la magia que acababa de devolver- se sentía bien. Correcto.

Quizás la razón por la que habían nacido, después de todo, era para que pudieran vivir allí junto al mar.

Nacieron para que Draco bailara con su madre; para que Harry visitara a Ron en la Madriguera; para que junto a Hermione resolvieran problemas. Acciones simples, pero increíblemente necesarias. Fueron destrozados y recompuestos millones de veces. La vida fue horrorosa, y oscura y cruda, pero- Merlín, estaban vivos y era espectacular, porque si así no fuera, ¿cómo podrían volar y sentir el viento en sus caras?

La muerte ya no se trataba de lo que habían perdido.

Se trataba de todo lo que habían tenido.

Sus seres queridos aún vivían a través de ellos.

Harry extendió una mano, sabiendo que a los pocos segundos, Draco la tomaría. Tenían un día ocupado por delante. Irían a Hogwarts, moverían más hilos para ayudar a la reconstrucción de todos los organismos que aún perecían bajo las secuelas de esa larga pesadilla. Pero por ahora, podían descansar.

Por ahora podían parar el tiempo.

Siempre lo hicieron.

—Déjame llevarte a casa —dijo Draco, entrelazando sus dedos mientras caminaban de vuelta por la arena.

—Creo que sé perfectamente dónde queda.

Harry le dedicó una mirada.

Draco apretó su mano.

La casa en cuestión, de hecho, era bellísima. Tenía un gran ventanal con vista al mar, y una gran habitación también. Cerca había tiendas. Harry quizás debería abrir una y fingir que eran dos extraños que de casualidad se parecían mucho a dos magos famosos en otro mundo.

Esa era la vida que habían soñado.

Esa era la vida que Draco le pidió que tuvieran, cuando le dijo que se fueran lejos.

Harry lo llevó al cuarto, besándose, abrazándose, hablando en voz baja como si estuvieran pronunciando los secretos más valiosos en todo el mundo. Draco jugaba con su cabello. Harry con sus ropas.

Eres real.

Soy tuyo.

No mueras.

Draco lo empujó contra el colchón y, perezosamente, se echó a su lado. Harry envolvió los brazos alrededor de su cuerpo, apoyando la frente en su hombro. El mundo se calló, y nada existió fuera del calor de su piel. Eran uno solo.

—¿Crees que todo estará bien mañana? —susurró Harry contra su cuello. Siempre preguntaba lo mismo. Siempre necesitaba asegurarse de que habían salido de la Mansión McGonagall.

Draco, en respuesta, se acurrucó contra él sonriendo de una forma que Harry nunca vio durante la guerra, así que sólo podía tratarse del después. Sin permitirse olvidar, la desolación poco a poco empezó a desvanecerse, y Harry se metió en el recoveco de su hombro.

No dijo nada.

En cambio, miró hacia afuera.

Por primera vez en años, el sol se asomó por la ventana.

•••

Bueno gente, este es el final después de 1 año de publicación y más de 1 año de escritura.

No tengo muy claro qué decir, pero sé que quiero decir algo porque Desolación ha sido una parte muy importante de mi vida. En primer lugar fue el primer long-fic que he escrito y el primero que tiene una trama compleja. Me hizo darme cuenta de que soy capaz de hacer algo así y de que hay personas allí fuera que me leerán y les gustará.

Cuando comencé Desolación esto no iba a ser más que un OS, y luego un fic de no más de 30 caps, y ya después acepté la monstruosidad en que se convirtió. Estaba pasando por un momento muy bajo de mi vida (como se darán cuenta, jaja), y aquí deposité todos mis miedos, anhelos y tristezas. Me ayudó a sanar y obtuve esto. Estoy feliz y espero seguir evolucionando como persona y llegar a convertirme en escritora algún día.

Espero que a pesar del dolor les haya gustado y se hayan encariñado tanto como yo. No puedo estar más agradecida con ustedes por estar al pendiente leyendo, votando, comentando y haciéndome saber que les estaba gustando. Aunque no tenía tiempo para contestar a todos sus comentarios y reseñas, intentaba leer todo. Les guardo un lugar especial a todos aquellos que se dieron el tiempo para regalarme un pedacito de su corazón.

Supongo que lo único que quiero decirles es: gracias. Muchas gracias a esos que se desvelaban, a los que me ayudaron a corregir, a los que me hicieron notar mis fallos y me alentaron y esperaron. Gracias por comentar aunque sea un: a, SDKUJDJ. No tienen idea de lo mucho que significa un comentario para nosotros los que escribimos por amor al arte.

Bueno, eso, *llora* Espero verlos por aquí en futuros proyectos. Los qm, tomen agua.

Nos leemos pronto!