Un héroe incomprendido
Oficina del director general en jefe de la Revista Shonen Sunday. 9 de la mañana. De pronto, un torbellino eléctrico e imparable hace irrupción en medio de la sala de conferencias.
-PADRE –grita la muchacha que acaba de interrumpir la sesión de marketing matinal-, ha llegado a mis oídos un cuchicheo ponzoñoso. Se rumorea que durante la década de los 90 ya estabas al frente de la Shonen Sunday. Por favor, dime que no es cierto.
-Ay, mi niña –responde el padre haciéndole una señal a sus subalternos para que evacuen el futuro campo de batalla-. Ya queda poco para tu cumple. ¿Qué quieres este año? ¿Un coche nuevo? ¿Dos?
-Dime que no es cierto.
-¿Un avión?
-¡Papá!
Silencio. Durante unos segundos, padre e hija se estudian sin decir palabra. Los ojos del primero cansados, gastados de tanto leer los bocetos de artistas jóvenes y las maravillas de los ya consagrados. Los de ella, centelleantes. Dispuestos a llegar hasta el fondo del asunto.
-De acuerdo, hija. De acuerdo –concede el editor maduro-. ¿Y qué si estaba al mando de la revista más guay del mundo también en su época dorada? No hay nada de qué avergonzarse…
-¿Nada?
-Nada. Te lo aseguro. Zatchbell, Detective Conan, Inuyasha. Todos éxitos…
La jovencita pega un puñetazo sobre el escritorio. Algunos folios caen a los pies del padre. Otros se desparraman por el resto de la oficina.
-Inuyasha… ¿y ya está? ¿No publicaste nada más de Rumiko?
-Vale, vale, hija –baja la vista y responde con un hilo de voz-. Veo que estás informada. Sí. También publicamos Urusei Yatsura… no termina muy bien pero…
-¿Y a quién demonios le importa la mutante tetona esa?
-Extraterrestre.
-Lo que sea. Quiero que me cuentes lo de Ranma ½.
Nuevo silencio. El hombre de negocios, tan acostumbrado a tratar con tantos y tantos tiburones del sector, titubea sin saber bien qué decir.
-Yo… no me acuerdo bien. Fue hace mucho. ¿El protagonista se transformaba en elefante cuando estornudaba, no?
-¿Te refresco la memoria, papi? Ranma. Akane. La mejor pareja del mundo. Compromiso forzado. Aventuras, romance. Transformaciones. Estorbos. Inmadurez. Desenlace que parece trágico. Recuperación milagrosa. Casamiento… y… un par de páginas finales muy decepcionantes. ¿Tienes algo que decir sobre el final?
-Nada, mi vida. Nada. Ya sabes… tenían 16 años… los estándares de la revista eran muy claros sobre los límites del amor adolescente… tan jóvenes… además el final de Rumiko era totalmente inaceptable.
-Entonces… ¡por fin lo reconoces! –lo señala con el dedo índice extendido-. ¡TÚ alteraste el final! ¡Lo censuraste! Soy la hija del peor villano que jamás haya pisado la Tierra –se tapa la cara y llora-. Peor que la hija de Putin o de Maluma.
-Vamos, hija. No exageres. No hay nada peor que el regguetón.
-Claro que sí –sigue llorando-. El final de Ranma. Eso es peor que hasta la Covid19. Sí, mira lo que te digo. Es peor que una pandemia global que se llevó millones de vidas en un par de años.
-Cálmate, hija. Ya nadie se acuerda de la Covid. Menos, de Ranma…
-¿Seguro? –señala el portátil paterno-. Métete en fanfiction y me cuentas. Si no fuera por Sandro Lensei creo que me daría algo. Y el muy tonto publica una vez cada cinco años…
-Ah, sí. Sandro Lensei. Un verdadero genio. Le he ofrecido hacer un reboot de Ranma pero quería meter personajes raros. Que Ibuki, que Anticlímax, que Ranmond. Ya sabes que los autores son muy particulares en sus exigencias. No tienes ni idea de lo que me hizo pasar Rumiko.
-No. Por eso te estoy dando el beneficio de la duda y todavía no he envenenado el café que te estás bebiendo –efectivamente, el padre da lentos sorbos de una taza que su adorable hija ha preparado minutos atrás, justo antes de enterarse de que, tal vez, su buen progenitor, sea un troll horrible que traumatizó a toda una generación-. Dime, ¿por qué ese final? Había mil formas elegantes de terminarlo bien. Un salto en el tiempo. Un puto beso al menos. Y no me digas ahora que los chicos y chicas de dieciséis años no se besan porque me va a dar algo.
-No te confundas, hija. Yo… no es por presumir… pero en el fondo soy un héroe.
-¡JA!
-De verdad… no quería llegar a esto pero ya que insistes… te dejaré leer el final censurado. Aunque te advierto… ¡es terrible!
-¿Por qué? ¿Se muere Akane? –hace un gesto de desprecio con una mano-. Da igual. Siempre lo he sospechado. En realidad no sobrevive a la batalla… por eso no corresponde a Ranma cuando se confiesa…
-Peor…
-Ya. Entonces es Ranma el que sufre una herida mortal –repite el mismo gesto de antes con la otra mano-. También lo he pensado. Mientras se besen…, me parece mejor que el final abierto.
-Peor que eso…
-Ufff. Me lo pones difícil. ¿Ranma acaba con Shampoo? Sería inaceptable… aunque no tanto como lo que tengo ahora.
-No estás ni cerca…
-¿Termina con Ukyo?
-He dicho "peor".
-Cierto, cierto. Perdón, padre. No se me ocurre nada peor que Shampoo. Incluso Kodachi me cae mejor.
-Y sin embargo… a Rumiko sí que se le ocurrió. Lee, hija mía. Lee lo que nadie ha leído jamás… gracias a mí…
Final censurado de Ranma ½
-Usted, doña Akane Tendo, ¿quiere casarse con Ranma Saotome y serle fiel en la prosperidad y la adversidad, todos los martes y jueves hasta que la muerte los separe?
-Sí, quiero.
-Y usted, doña Ukyo Kuonji, ¿quiere casarse con Ranma Saotome, serle fiel en la prosperidad y la adversidad, todos los lunes y sábados hasta que la muerte los separe?
-Sí, quiero.
-Y usted, doña Shampoo estem… Cremaenjuague, ¿quiere casarse con Ranma Saotome, serle fiel en la prosperidad y la adversidad, todos los miércoles y viernes hasta que la muerte los separe?
-Sí, quiero.
-Entonces yo os declaro, marido y mujer y mujer y mujer. Ranma, puedes besar a las novias…
-Un momento, ¿y los domingos?
-Ah, sí perdón. Y usted Don Ryoga Hibiki, ¿quiere casarse con Ranko Saotome, serle fiel en la prosperidad y la adversidad, todos los domingos hasta que la muerte los separe?
-Sí quiero.
-Entonces yo os declaro, marido y mujer y mujer y mujer. Y mujer y marido. Ranma, puedes… lo que sea que vayas a hacer… puedes hacerlo ya.
Fin
-¡Dios mío! Mi padre es un héroe. ¿Qué digo? Un simple héroe, no. Un HÉROE. Con mayúsculas.
-Como todos los padres, hija. De nada.
-Yo… no sé qué decir. Estem… ¿qué decías sobre un avión para mi cumpleaños?
Historia bonus
El tiempo es implacable. No va muy rápido como aseguran los tontos exagerados que escriben novelas románticas. No es vertiginoso. Pero tampoco se detiene… avanza pasito a pasito, el muy cabrón. Nunca para. Nunca retrocede. Pasan los días, las semanas y los años. Y de pronto… ya no eres tú. Por mucho que lo intentes. Por mucho que te esfuerces. Ya no eres capaz de hacer lo que antes te salía tan fácil. Sin esfuerzo. Te has convertido en el anciano del anciano. Un viejo decrépito que ya nunca inventará personajes irreverentes ni ideará vueltas de tuercas impensadas. A lo máximo que puedes aspirar es a reciclar ideas del pasado y hacerlas más cortitas. A tu medida actual. Sin la gracia ni la emoción de antaño. La vejez no da sabiduría. Al contrario. Lo poco que sabes se te escurre poco a poco de los sesos y desaparece en un vacío que todo lo traga. Tan lento y tan implacable como el tiempo. Y sin embargo, le has prometido a la estúpida de Ibuki que volverías a intentarlo. Insiste mucho la muy Ibuki. Y eso que seguro que ya nadie se acuerda de ella. Pero claro, se trata de un personaje dentro de tu cabeza, después de todo. Ni envejece ni entiende de estas cosas. Sigue tan segura de sí misma como el día en que nació. Y cree en ti. En ti que casi no ves la pantalla del ordenador ni te acuerdas de qué iba Ranma. Dice que podría buscarse otro autor que la retrate pero que no es lo mismo. Es fiel, la muy engreída. Aunque por alguna razón suene irónico. A lo mejor ahora mismo tocaría decir Irónico, ¿verdad? O hablar de Bulmita. De Gohan. Quizás no se te ocurre nada por otras razones. No por viejo. Simplemente porque es imposible escribir 1001 capítulo diferentes sobre algo. 180 no está tan mal, supones. Y sin embargo, a veces te da ganas de rebelarte al tiempo. Volverte implacable también. Avanzar pasito a pasito hasta ese objetivo planteado en otra época y con otras fuerzas. ¿Dudará también el tiempo? ¿Sentirá que cada paso le cuesta el doble que el anterior? ¿Será, pues, una carrera justa? ¿O ya está todo perdido desde el vamos? Solo hay una forma de averiguarlo.
