Teru:

En el tiempo que llevo trabajando en la empresa jamás me he ausentado. Llevo mis chequeos médicos con regularidad, tomo mis vitaminas y me ejercito diariamente, por lo que muy rara vez me enfermo. Es entendible que el señor Ferreira se haya sorprendido del permiso que le pedí para retirarme. Estaba apenas iniciando mi turno cuando me convencí de que no iba a poder concentrarme y decidí hablar con el jefe a sabiendas de que su respuesta podía ser no. Por fortuna es un día tranquilo y debido a mi buen desempeño me dejó ir sin muchas explicaciones, solo dije que me sentía mal. Por supuesto que no le mencioné que el motivo de mi malestar es más bien un suceso que me ha quitado el sueño desde el fin de semana.

Haberme atrevido a hablar con el jefe fue un gran paso, pero la verdadera hazaña apenas empieza. Me detengo frente a esa puerta de madera y dejo salir el aire para que la presión en mi pecho sea menos sofocante, acto seguido tomo el picaporte, no obstante pasan varios segundos antes de que me atreva a empujar. El corazón se me acelera y comienzo a sudar, ¿lo peor de todo? Mi valentía fue en vano, la puerta no se mueve y por inercia lo que hago es empujar más fuerte. Es hasta entonces que leo el letrero que está casi en mis narices: cerrado.

No puede ser...

Me siento tan avergonzado y tonto. Quizá esto es una señal y por inercia retrocedo un par de pasos antes de dar media vuelta. Sin embargo, me detengo al escuchar la puerta abrirse a mi espalda.

—¿Sí...? —me devuelvo sobre mi hombro al escuchar la voz de Sachiko, quien al verme parece acordarse de mí— ¡Oh! El joven del otro día... —truena los dedos, intentado hacer memoria— ¡Teru! ¿No es así?

—S-Sí... Teru —sonrío mientras me desajusto un poco la corbata, de otra forma moriré ahogado. Ni siquiera debería sorprenderme, a mí las cosas rara vez me salen bien— Perdón, no sabía que estaban cerrados.

—Sí, los miércoles abrimos hasta el mediodía —vuelvo a sonreír y asiento con la cabeza, como diciendo "entiendo. Ahora me marcho", sin embargo antes de poder dar un paso ella continúa:—, pero pase adelante. Supongo que podemos hacer una excepción por un cliente tan especial. —Ella sonríe, haciéndose a un lado e invitándome a pasar.

¿Acaba de llamarme cliente especial?

—No es necesario... puedo volver más tarde. No quisiera molestar.

—Alguien que fue tan amable con mi hijo jamás será una molestia —sin darme chance a decidir por mí mismo, me sujeta de la muñeca—. Además, estoy segura que a él le dará gusto que esté aquí.

¿A él le dará gusto? No tenía idea que el detalle del libro pudiera tener tanto éxito. Ibas bien, Teru, ¿cómo es que lo echaste a perder? No, esta vez no fui yo, si el monstruito ese que tiene por amigo no me hubiera bloqueado yo seguiría durmiendo mis ocho horas cada noche. Prometo que una vez salga de esta, si salgo, voy a retomar los ejercicios para el manejo de la ansiedad que mi terapeuta me ha recomendado tantas veces. Si mi adorada madre supiera cuánto gasto al mes en terapia para seguir siendo el mismo muchacho que en cualquier momento va a morir de un colapso nervioso, seguro me desheredaría.

—¿Le gustaría una mesa en la terraza? A esta hora la vista es preciosa. —Sachiko extiende un brazo, como mostrándome que tengo el restaurante para mi solito. Yo asiento mientras le sonrío porque aunque me siento avergonzado de haber venido en mal momento, agradezco su amabilidad de recibirme.

oOo


Light:

—Mello, ¿podrías ir a ver por qué Sachiko tarda tanto?

Mi padre se la pasa buena parte del día en los cafetos y la cocina, el único momento en el que coincidimos es hasta la noche, cuando el restaurante está cerrado. Por eso para él son sagrados los contados días en los que podemos desayunar juntos, y nadie puede comer mientras no estemos todos en la mesa.

—Yo voy. —Me pongo de pie antes que Mello y me dirijo presuroso fuera de la cocina.

Los miércoles es el único día que don Chusito nos visita para estar conmigo la tarde entera tras el mostrador, pero nunca viene tan temprano. Sin embargo es la única persona que se me viene a la mente y prefiero ser yo quien lo reciba. Mello es... un amor, pero conmigo, de ahí en más es capaz de reñir hasta con su propia sombra.

Mis pies descalzos resuenan por el pasillo, por ganarle a Mello ni me preocupé por ponerme las pantuflas que dejé bajo la mesa. Todavía sigo en pijamas, lo normal para este día, creo que Mello y yo somos los únicos que no nos hemos bañado y es el único momento del día en el que nuestra ropa hace match ya que aunque tenemos un uniforme él insiste en usar esos pantalones de cuero. Desde que somos pequeños compramos los mismos pijamas, para dormir iguales según nosotros, éste es un conjunto de dos piezas en tono celeste pastel con pantalón y camisa de botones, a Mello no le gustó el color pero a mí me gustó la tela y para cuando los compramos era mi turno de elegir. Por lo general no permitiría que nadie más fuera del círculo familiar me viera así, me daría demasiada vergüenza, pero a don Chusito lo veo como un abuelo así que no me desvío a mi habitación para cambiarme, en cambio continúo avanzando hasta cruzar el umbral.

—Mamá, pregunta mi papá si... —aprieto los labios, percibo el aroma de mi madre y el de alguien más pero no es el de don Chusito. Entrecierro los ojos intentando concentrarme— Perdón, buenos días... —ya que no se trata de mi cliente favorito, no me queda más que saludar al desconocido.

—Ho-Hola, Light. —Reconozco de inmediato esa voz temblorosa.

—¿Señor Mikami? —frunzo el ceño. Que extraño, yo recuerdo su aroma un poco diferente, quizá tiene diferentes perfumes, no sería extraño, la mayoría de personas tienen variedad aunque yo prefiero cuando se obsesionan solo con una, el aroma se vuelve parte de ellos, como un sello.

—Vaya, me reconociste... ¿Cómo estás, Light?

Su voz ahora se escucha calmada, lo que me hace pensar que su reacción previa no fue de nervios como la vez que me regaló el libro, sino más bien de sorpresa. Qué raro, ¿qué le habrá sorprendido?

—¡Bien! No esperaba que viniera hoy, podría haberme mandado un men... —esperen un momento, el señor Mikami está aquí y... ay no, ¡ya sé qué le sorprendió! ¡Estoy en pijamas! —Di-Disculpen... ¡Recordé que debo hacer algo!

Me doy vuelta demasiado rápido y corro de regreso al pasillo, no sin antes pasarme golpeando el dedo chiquito del pie en quién sabe qué. Y quién sabe cómo logro fingir que no me dolió cuando lo único que quiero es lanzarme al suelo y sobarme el dedito.

Escucho a mi mamá disculparse con el señor Mikami, ofreciéndole que tome asiento donde le plazca antes de comenzar a seguir mis pasos.

oOo


Teru:

Sin exagerar, creo que podría volverme adicto al café de aquí. No es parecido a nada que haya probado en alguna otra cafetería de la ciudad, y ni hablar del aroma, que junto a esta vista desde la terraza brinda toda una experiencia.

Dejo la taza a un lado para tomar el sándwich de queso fundido y darle un mordisco, no quise pedir nada muy elaborado ya que de por sí mi presencia aquí ni siquiera es prudente, cosa que Mihael me reafirmó con solo un gesto cuando trajo mi pedido. Se nota que me odia, muy diferente a Light que se veía todo adorable con su pijama. ¿¡Qué!? Casi me atraganto con el sándwich al darme cuenta de dicho pensamiento, sin embargo me limpio la comisura de los labios y recobro la compostura, tampoco es que haya pensado una idiotez, Light... tiene un aura adorable. De hecho el que me haya saludado como si nada hizo que me volviera el alma al cuerpo, y no sé si son cosas mías pero me pareció verlo sonrojarse cuando se marchaba. Aunque no lo culpo, yo me hubiera puesto como un tomate si alguien me encontrara en pijama, pero claro, él se veía bien, yo en cambio me veo peor que un zombie cuando recién me despierto.

No puedo seguir indagando en si mis impulsos algún día harán que me veten de aquí porque de pronto Light cruza despacio el arco de madera que divide la terraza del interior, y mientras camina en dirección a mi mesa me dedica una sonrisa a la vez que agita una mano.

—Señor Mikami... —Sin dejar de sonreír toma asiento frente a mí. Trae el cabello húmedo y gafas oscuras— Me disculpo por lo de antes.

—¿Te disculpas? —no puedo evitar fruncir el ceño y acomodarme los anteojos, ¿de qué habla?— Soy yo el que ha venido cuando ni siquiera estaban abiertos. Sachiko fue muy amable en atenderme pese a mi indiscreción, pero aún así les debo una disculpa. Mi intención no era causar molestias.

—Pero no es ninguna molestia, a mí me alegra que haya venido —ok, ¿por qué siento bonito de que haya dicho eso?—, y no se preocupe, le daré una tarjeta con nuestros horarios, ¡o se los mando por mensaje! Tenemos el número del otro pero hasta el momento ninguno ha escrito, es raro, ¿no? —él ríe, hasta su risa es linda—. Sin embargo no lo reconocí al principio —lo veo inclinarse hacia adelante sobre la mesa, apretando los labios—, su aroma es diferente. ¿Perfume nuevo?

—¿Eh? —eso definitivamente no lo veía venir— Uhm, bueno... —me llevo un par de dedos al nudo de la corbata, aflojandolo un poco, ¿por qué me pone nervioso la idea de que Light reconozca mi aroma?— La verdad es un perfume que me dio mi mamá hace años, lo uso muy poco en realidad.

—¿En serio? Yo también hago lo mismo cuando algún regalo tiene un valor sentimental.

Le doy un sorbo al café mientras asiento, reprimiendo las ganas de preguntarle cuál es su favorito. Mi cabeza comienza a maquinar, repasar sus palabras, él dijo "huele diferente", no dijo "huele bien", eso debe significar que debe gustarle más el que uso habitualmente, ¿verdad?

—Me parece increíble que sepas reconocer a la gente por su aroma. —Digo porque es preciso callar a mi mente.

Él agita una mano. —No es la gran cosa, ya sabe lo que dicen acerca de los ciegos, desarrollamos nuestros otros sentidos.

—No te quites el mérito, de verdad es increíble. En cambio yo lo único que puedo hacer es leer las manos. —Río, me parece pertinente hacer una broma. Una tonta comparación de una charlatanería versus lo sorprendentemente habilidoso e independiente que es Light pese a su discapacidad.

Sin embargo, lo veo entreabrir los labios y un par de cejas se elevan por sobre las gafas. Parece que alguien no le encontró la gracia a mis palabras.

—¿¡En serio!? ¡Lea mi mano, señor Mikami!

Extiende un brazo hacia mí, dejando al descubierto su palma. ¿Ahora qué hago?

—Bueno... —carraspeo la garganta nervioso, no puedo decirle que era una broma, lo veo tan ilusionado que no tengo corazón para hacerlo—, pero antes que nada, por favor deja de decirme señor, llámame Teru. Apenas tengo veintiséis años.

—¿¡Veintiséis!? —Aprieta los labios, debe estar confundido porque en realidad no creo que nos llevemos muchos años de diferencia— Pero Mello dijo... —pareciera que murmura por inercia pero se detiene, aunque la sola mención de ese camarero me hace suponer que de viejo decrépito no me baja, lógico que Light creyera que era mucho mayor—. Está bien, me costará acostumbrarme, hasta lo había agendado así en mi celular pero desde hoy lo llamaré... digo, te llamaré Teru.

Se sonroja tras decir mi nombre, ¿por qué? ¿Será vergüenza? ¿Se siente incómodo tuteándome? Ay Light, no hagas cosas que no entiendo porque luego no puedo dormir por las noches creyendo que es algo malo.

—Bueno, prosigamos... —me detengo al darme cuenta de lo que estoy a punto de hacer. La otra vez conseguí el número telefónico de un hombre y ¿hoy estoy a punto de tomarle mano? Definitivamente estoy llegando más lejos de cuando realmente intento ligar con alguien.

—¿Y entonces qué dice mi mano, Teru? —Light sacude la mano sobre la mesa bastante ansioso, trayendome a la realidad.

Ok, puedo hacerlo, recuerdo haber leído alguna vez un artículo en internet y lo que no sepa puedo inventármelo. No debe ser algo muy profundo para no meter la pata.

—Aquí dice que eres un hombre muy inteligente... —comienzo a trazar con mis dedos las líneas de su palma, sin tener ni idea qué estoy haciendo— también que eres muy afortunado en el amor. —Digo obviedades para no regarla, Light es guapo así que seguro-seguro no tiene problemas en esa área.

Sin embargo...

—¿Afortunado? —lo veo arrugar la nariz y yo trago saliva creyendo que ya la regué—, pero si nunca he tenido novio.

¿Novio? ¿Dijo novio? ¿¡A Light también le gustan los hombres!?

—Bueno, afortunado no significa cantidad —me sorprende mi facilidad para responder cuando aún estaba intentando procesar esa palabrita que me quedó dando vueltas por la cabeza—. Puede ser que solo sea uno pero cuando aparezca el indicado te sentirás... pues afortunado.

—Oooooh, eso tiene sentido. —Asiente sonriendo y vuelve a mover la mano, como pidiéndome que siga.

La verdad no quiero continuar, temo decir algo que pueda dejar en evidencia que solo me estoy inventando todo. Por suerte Mihael aparece para retirar mi plato, con esa mirada que promete asesinarme dormido tan pronto averigüe la dirección de mi casa.

—¡Mello, el señor Mi... digo, Teru sabe leer las manos!

¿Acabo de decir "por suerte"? Quise decir "por desgracia", porque esa sí que es la que siempre me acompaña.

—¿Ah, sí? —el rubio alza una ceja, se nota que él no se traga mi habilidad recién inventada— A ver, lea la mía.

Extiende su mano, aunque su actitud más bien es desafiante. Vamos Teru, tú puedes.

—Pues... aquí dice que muy pronto aparecerá alguien en tu vida —la mayoría quiere saber sobre el amor, espero haber atinado—. Será una persona a quien querrás mucho.

De pronto la voz de Sachiko viniendo desde el interior llamando a Light interrumpe el momento. ¿Será que esta vez la suerte sí está de mi lado?

—Voy, mamá. Vuelvo en un momento.

Light se levanta, dejándonos solos. Trago saliva al voltear y encontrarme con los ojos azules de Mihael.

—Escúcheme bien, vejete —comienza a picotearme el pecho con el índice de forma amenazante—, no sé qué pretende pero espero que sus intenciones con Light sean buenas, de lo contrario se las tendrá que ver conmigo...

—Yo no... no sé de qué hablas...

—Lo agarraré como piñata con un bate recubierto de alambre de púas si se atreve a hacerle daño, por más mínimo que sea, ¿entendió?

Mihael no espera por mi respuesta ya que Light vuelve a la terraza.

—Mello, dice mi mamá que vayas —Light toma asiento de nuevo y el rubio se marcha. Son demasiadas emociones para mí en una sola mañana— ¿Teru? —Reacciono hasta que lo escucho decir mi nombre.

—¿S-Sí? Dime.

—¿Todo bien? —Lo veo ladear el rostro, su cabello castaño cayendo con el movimiento.

—Sí, por supuesto.

Intento controlar mi respiración para calmarme. Aún no logro asimilar que me acaban de amenazar casi de muerte por algo que ni estoy haciendo. Aunque eso me hace prestar atención al muchacho que tengo enfrente, Light es guapo, me gusta el color de su cabello y aunque ahora lleva gafas oscuras, sé por la primera vez que lo vi que tiene unos ojos muy lindos. Sin embargo, en ningún momento mis visitas han sido con las intenciones que Mihael insinúa, ¿cómo iban a serlo si apenas hace unos minutos acabo de enterarme que también le gustan los hombres?

¿Será que mi forma de actuar y visitas se han malinterpretado? ¿O quizá inconscientemente si me interesa Light? Después de todo, el verdadero ciego sería el que no admita que es hermoso... ¿O acaso Light ha mencionado algo y por eso Mello me amenazó con tanta saña?

Ay no... se suponía que vine para recuperar mis ocho horas de sueño, no para agregar algo más a la lista de: «cosas a las que Teru Mikami le pasará dando vueltas por los próximos tres días».