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Prólogo
No hubo largas presentaciones para los novios, Escocia estaba en conflicto sangriento con su vecino del sur, y Gales asediado por los terribles vikingos, así que cuando Minako tuvo la edad necesaria para desposarse fue entregada en matrimonio al príncipe Malachite, con una diferencia de edad de 10 años, aun asi, fue una hermosa boda, la madre de la princesa estaba anonadada por la fiesta, el padre tranquilo por que su hija estaría protegida por uno de los caballeros más confiables y responsables de Escocia, y su hija no podía estar más feliz, pues desde que tenía memoria estaba prendada del príncipe de platinada cabellera y capa negra, pero tan responsable era su esposo, que tuvo que partir a otra cruzada, apenas sello los labios de Mina con un beso, y fue el único toque que consiguió la rubia de su parte, pues cuando partió el príncipe Malachite a la guerra, y a pesar del apoyo de Gales, el ya no regreso, dejando a la joven viuda, casi niña, sumida en total desesperación, pero ni siquiera tuvo tiempo de guardarle luto a su esposo, pues la alianza estaba en vilo, con sus padres recién marchados a Gales, ella tuvo que acatar las ordenes de sus suegros, y casarse con el hijo menor: Yaten.
No hubo tiempo de mandar a hacer un vestido tan majestuoso, como el usado en la boda con Malachite, ni para grandes preparativos.
Esa tarde de invierno, Minako se encontraba temblando un poco, ¿Qué conocía de Yaten? Bueno era cierto que no conocía casi nada de Malachite, solo lo que logro informarse para ser mejor esposa para él, y aunado a su eterno enamoramiento no tuvo problema alguno con casarse, pero del hermano menor no sabía absolutamente nada, la única vista que tuvo de su persona, fue una leve reverencia en su anterior boda, si, el joven era atractivo, y sin necesidad de buscarse información supo que era: rebelde, mujeriego, quisquilloso, malhumorado y excelente con la espada, una cosa buena, una cualidad necesaria para matar.
La rubia llego temerosa a las puertas que la llevarían al altar, nadie la entregaría, incluso su ramo era más pequeño que el anterior, era como si nadie quisiera celebrar esa unión, ella por supuesto era la primera.
"Tengo miedo".
De pronto, un guante blanco apretó su mano libre con delicadeza, y una mirada brillante como esmeralda la observo amistosamente.
-Todo estará bien, yo también estoy nervioso.
Ella se sonrojo un poco, no era el protocolo correcto, pero después de todo era una viuda "virgen", no era necesaria la total formalidad, así que supuso que estuvo bien ingresar de la mano de Yaten, y caminar juntos, se sintió segura, esa tarde el le dio un poco de paz, solo un poco.
-Yo, Yaten Kou de Escocia te tomo a ti, princesa Minako Aino de Gales como mi esposa, para honrarte y cuidarte, hasta que la muerte nos separe.
Su voz era menos grave que Malachite, pero sus palabras fueron dichas con tal determinación, que le brindaron seguridad a Mina para no claudicar.
-Yo, Minako Aino de Gales te tomo a ti, príncipe Yaten Kou de Escocia como mi esposo, para obedecerte y respetarte, hasta que la muerte nos separe.
Anillos fueron intercambiados, las bendiciones por parte del obispo dadas y un beso tierno y cálido recibido.
Pero fue todo lo cálido que recibió Mina ese día, una vez comenzó la fiesta, Yaten se apartó de ella, con el pretexto de que necesitaba atender asuntos urgentes, ella lo vio atender esos asuntos urgentes, primero con el general del ejército real, luego con una condesa castaña de pronunciado escote, mientras ella iba y venía entre los invitados, pero siempre sola, incluso algunos se atrevieron a cuchichear: "Esta niña ni curvas tiene, ¿acaso ya podrá ser madre?, ¿darle placer al príncipe heredero? Imposible, Esperemos que este no se nos muera o ella será una bruja maldita"
Afortunadamente llego la noche.
La novia fue llevada a la alcoba nupcial, cuando vio la cama, esta si tenía una diferencia a la vez anterior, estaba llena de flores, al aroma dulzón invitaba a la pasión, ella se sonrojo por lo que ocurriría, quitando de su mente todas esas malas palabras que escucho durante la fiesta, se encendió de optimismo, no es que hubiera olvidado a Malachite, pero ella era una joven dotada de un enorme optimismo, si ya se habia casado- otra vez- trataría de iniciar con el pie derecho, ser la mujer que se espera de una futura reina, velar por sus súbditos, y eso se lograria llevando a buen término esa alianza matrimonial, seguiria los vergonzosos consejos de su nana, y complacería al príncipe heredero, pero los minutos empezaron a correr demasiado aprisa y del príncipe ni su perfume se percibía, hasta que llego una de las mucamas del palacio.
-El príncipe Yaten se disculpa, pero esta noche no será el consumado, le desea que tenga un sueño reconfortante, permiso.
El brilloso ánimo de Mina se volvió gris, pero aun así su optimismo no se apagó, no hasta que en la mañana llego el cotilleo, de que la noche de bodas la paso Yaten lejos de su esposa, y que del cuarto donde pernocto el príncipe, salió una hermosa mujer castaña de pronunciado escote.
-Y así me honra y me cuida- susurró para sí misma, las lágrimas ahora si fueron necesarias- te extraño nana, madre, padre.
Este fue el comienzo de su verdadero calvario.
Comentarios.
Aquí está el inicio de esta breve historia, es una pareja que me fascina y aunque casi siempre les hago justicia en mis historias siento que les debia esto a los minatenlovers. Se que este no fue el principio más feliz, pero no se apuren Yaten ya tendrá su merecido, y claro, su final feliz juntos.
Los capítulos serán cortos, pero la buena noticia es que no tardare mucho en actualizar y terminarla, bueno esa es la idea.
Besos de Tinta.
