.
..
-Capítulo I-
La princesa de Gales era muy querida en su reino, su alegría era contagiosa, a sus trece años ya había hecho varias contribuciones a su pueblo, gracias también a que tenía unos padres amorosos y comprensivos que la apoyaban, adelantados a su tiempo, donde la mujer no era solo una figura decorativa del hogar o uso del hombre, no, Gales era conocida por sus leyes en favor de la igualdad, y a pesar de las críticas de otros reinos, ellos eran así.
Setsuna la nana de la princesa era una mujer dotada de muchos conocimientos, tenía la misma edad que la reina Luna, Artemis era un rey noble y de gran corazón, todas esas bienaventuranzas en la vida de Minako le ayudaron a florecer como una pequeña dama instruida e inteligente, pero a pesar de ser un torbellino, bien guardaba su canto, su voz era solo para sus más allegados, sus padres le decían que esa voz algún día seria usada para cantar arrullos hermosos a sus hijos, Mina soñaba con ellos, soñó con Malachite siendo el padre de esos hijos, pero ahora, era solo eso, un sueño, todo era un sueño. Uno que inicio con la visita de los reyes de Escocia y sus hijos, se dio en esa primavera de su cuarto año, justamente por su cumpleaños, pero ella estaba triste, recientemente su madre habia abortado y en peligro de muerte a su hermanito, dejándola incapacitada para volver a tener hijos, ella no quería fiestas, quería un hermanito, se fue llorando a las afueras del bosque, y fue ahí cuando le conoció, famoso por su capa negra, y una larga cabellera platinada, el príncipe Malachite, enviado a consolarla y llevarla a su propia fiesta, con una sonrisa y unos ojos que no pudo distinguir por su altura y la brillantes del sol atrás de él, pero si recordó sus palabras: "Una hermosa niña como tu no debe llorar, pero si es necesario, yo te daré mi hombro gustoso", le dio la mano, ella la tomo y cuando vio en la entrada del castillo a su madre, corrió hacia ella, no sin antes dirigirle una hermosa sonrisa al pequeño príncipe.
Ahora todo era una pesadilla, pues la princesa Minako después de haberse casado con Yaten solo recibió desprecio, no solo por parte de él, que no se había dignado de compartir su alcoba, sino de todo sirviente del castillo, ella no lo comprendía, y aunque no estaba en su naturaleza ser callada, no hablo, pues sabia que ese matrimonio tenia que funcionar, si bien Escocia se beneficiaba con esa alianza, también su reino, y si algo tenía la princesa de Gales, era un profundo amor por su pueblo, por sus padres, pensaba que si tal vez pasaba un poco más de tiempo, si se daba una sola oportunidad, ella cambiaria las cosas, era solo el séptimo mes de su matrimonio, ¿no duraría para siempre esa situación de soledad y desprecio verdad?
Pero si duro, al ala del castillo donde fueron designados sus aposentos solo llegaban telas costosas, joyas, perfumes, y cuanta cosa valiosa, pero ni una carta escrita de su esposo, solo mensajes por parte de las doncellas enviados por el príncipe heredero, deseándole hermosos y saludables días
Pero como si sus oraciones fueran escuchadas, una doncella le anuncio que esa mañana el príncipe heredero desayunaría con ella, su optimismo volvió, pero tan rápido como un soplido apaga una vela, se esfumo en ese enorme comedor.
Yaten a sus dieciséis años era tan varonil y brillante, y las doncellas no dudaban en mirarle con deseo, aun en las narices de Mina, que bebía su té de limón como si fuera de hierba amarga, es que no la respetaba nadie, y su esposo no decía nada por la horrible actitud de la servidumbre, solo un saludo escueto sin dirigirle la mirada, como si esos ojos verdes como esmeraldas se fueran a desgastar por ello.
Pero Yaten tenia una razón en su actuar. Cuando era niño, recordaba los regaños de su padre hacia su hermano mayor, pues parecía nada interesado en el asunto, a Malachite le recordaron de camino a Gales que tenia que portarse bien con la princesa Minako, estaba destinado a casarse con ella, a Yaten no le importo nada de eso, incluso cuando estuvieron ya en esas tierras solo se dedico a jugar como si fuera un campesino y no un príncipe, por supuesto mancho por completo su capa blanca, blanco era su color favorito, y cuando Malachite se dio cuenta de ello y para ayudarlo, le presto la propia, y en recompensa por ello, cuando su Malachite fue encomendado a buscar a la niña, Yaten le ayudo a buscar a la princesa Minako, aunque nada tenia que ver con ello, y no estaba interesado en nada que no fueran las espadas de madera y los caballos veloces, pero cuando la vio llorando, no dudo en darle su mano, lo conmovió conocerla, fue un flechazo puro e inocente, pero esa princesa no era para él, era para su hermano, así que con el tiempo enfoco todo ese cariño en desprecio, aumentándolo terriblemente cuando se dio la boda de Malachite y Minako, y fue aún mucho peor al presenciar como ella miraba con devoción a su hermano mayor, y para cuando el murió, Yaten tenia bien cimentado un muro en su corazón, incapacitándolo por completo para amar a la que era su esposa, pues la veía como la mujer de su hermano. Aun así tenerla en abandono ya le había cargado la conciencia, por eso la visito esa mañana.
-Espero que todo esté en orden- Minako casi se atraganta con la uva que seguía masticando, pues Yaten le hablo y le miro, fue extraño y repentino- si algo te apetece no dudes en pedírmelo, mis obligaciones me tienen muy ocupado, pero me sentiré tranquilo de poder darte cualquier cosa que desees.
"Cualquier cosa que desees."
Esas cuatro palabras resonaron en los oídos de Minako.
Ella lo que en verdad deseaba a esas alturas era regresarse a su hogar, a la calidez de su reino, de la gente que si la amaba, no como ese remedo de esposo, o si, ella estaba muy callada y recta como una vara, toda una dama a sus catorce primaveras, y aunque era una princesa diferente y adelantada a su tiempo, fue bien educada en etiqueta y cuanto debia saber para una futura reina, así que su petición fue sencilla.
-En mi castillo…quiero decir en el castillo de mis padres- pues ahora ella tenia que dar por sentado que Escocia era su hogar su reino- se ha quedado mi querida yegua Afrodita, seguro estará triste, la tengo desde hace tres años, fue un regalo de mi abuelo que el todopoderoso lo tenga en su gloria, podría su majestad…- si así tenía que hablarle, no habia ni una pizca de vinculo más que la ley- que pudieran traerla, que sea solo yo quien pueda cabalgar en ella, es un poco huraña.
Por supuesto Yaten accedió, y en dos semanas esa preciosa yegua blanca, magnifico animal fue traído, todos los nobles se maravillaron, pero nadie podía montarlo solo Minako, y aunque siguió vagando sola en el castillo como un fantasma, le cambio un poco el panorama.
Pero cuando escucho la noticia que jóvenes nobles estaban visitando el castillo para ser las concubinas del príncipe heredero, que era una práctica normal en la nobleza, una práctica que no tuvo Malachite, ante ese panorama, dándole nuevamente puntos en su corazón a su difunto esposo, no ese remedo de esposo que era Yaten, lo terrible del asunto es que ella seguía siendo virgen, despreciada por su esposo como si ella fuera una adefesio, fue caer nuevamente en la desesperación, y ahora si ya no pudo más, aunque se enteró de noche, y estaba segura que a propósito las mucamas hablaron para que las escuchara, pero eso no importaba, no cuando sus piernas la llevaron con desesperación hacia los jardines, se sentía defectuosa, maldita, tal como decían de ella todos en el castillo.
Llorando, comenzó una canción, no le importo que alguien la escuchara, tenia que de alguna forma sacarse toda la amargura acumulada esos meses, sus notas tristes inundaron el jardín, las flores y la luna brillante, pero no fueron los únicos testigos, una mirada esmeralda no pudo apartar la mirada de ella, unas lágrimas soltaron esos que antes solo la miraron con frialdad, y el príncipe Yaten supo que algo tenía que hacer, por ella, por su esposa.
Comentario.
Bueno pues el enredo es revelado, Minako cree que quien le hablo de niña fue Malachite, Yaten esta enojado por que gracias a ese malentendido ella le debe una devoción y amor a su hermano difunto.
Espero te siga gustando esta historia Abel Gregov , Loly kou, Fatima
Próximamente Kaitou aparecerá, Lita, Kakkyu, Rei, Galaxia y Endimión. Y mucho mas adelante Seiya y Taiki, que obvio no son sus hermanos en esta historia.
Besos de tinta.
