Capítulo 6.
—Suéltalo ya.
—¿Qué?
Hak la miró impaciente, con un hombro apoyado en las barras de hierro y los brazos y piernas cruzados.
—Lo que sea que a lo que le estés dando vuelta, ¿vas a soltarlo en algún momento o qué? Llevas días comportándote raro— frunció el ceño.
Yona se sintió molesta porque él la conociese tan bien que no pudiese esconderle nada, aunque, a la vez, una parte de ella estaba un poquito emocionada ante esa misma idea. Dios, qué idiota era…
—No sé de qué estás hablando— espetó impulsivamente, y después maldijo en su cabeza.
Mierda.
Llevaba días juntando valor para contarles los últimos sucesos y el plan, y ahora que se le presentaba la ocasión en bandeja de plata, ella rehuía y se hacía la desentendida. El tiempo cada vez se iba acortando más y más y la fecha señalada para su… excusión se acercaba inexorablemente, así que ahora era un muy buen momento para confesar "aquello a lo que no dejaba de darle vueltas"…
Sin embargo, temía la reacción que pudieran tener, especialmente Hak, y eso causaba que atrasara cada vez más la charla.
—Princesa Yona, Hak tiene razón, ¿estás bien? — inquirió Kija en un tono más comedido.
Yona se mordió el labio inferior y jugueteó con un hilillo suelo de la manga de su vestido.
—Vale, lo diré— se armó de valor lo suficiente para hablar, aunque, eso sí, no miró a ninguno de los dos a los ojos— pero primero prometedme los dos, principalmente tú, Hak, que no os vais a enfadar.
—¿Tan malo es? — inquirió desconcertado Kija.
—¿Qué has hecho ahora? — gruñó el otro, impaciente e irritado.
—Prometédmelo.
—Uhm, claro…— aceptó un poco confuso Kija.
Hak permaneció callado.
—¿Y bien? — lo encaró, alzando una ceja.
—¿Sabes que si dices eso quiere decir que, sea lo que sea, me enfadaré igualmente, no? Es una tontería prometerlo.
—Si lo haces, debes cumplirlo.
El mentón de Hak se tensó.
—Dilo ya.
—Hasta que no lo prometas, no.
—Pero…
—Hazlo.
Hak gruñó algo para sí mismo y se refregó la cara con un poco de desesperación.
—Bien, bien, lo que digas. Prometo no enfadarme…— la sonrisa que ya empezaba a surcar el rostro femenino desapareció cuando él continuó hablando—: mucho. Y es lo máximo que sacarás de mí. Ahora, dilo.
—Bueno, vale— hizo una mueca medio conforme; en realidad, sabía que eso era lo máximo que podría sacarle a su favor. Se removió en el sitio, alternando la mirada entre Hak y Kija, quienes a su vez la observaban atentamente, casi esperando que de pronto le creciese una segunda cabeza o algo por el estilo— Lo que pasa es que… bueno…— mierda, había preparado este discurso cientos de veces pero en el momento de la verdad se le había quedado la mente en blanco y no le salía nada— Lo que pasa es que… voy a estar durante una luna ausente y no quería que os preocuparais por mi ausencia.
—¿Te han pillado? — se apresuró a preguntar Kija, mirando la puerta a su espalda como si en cualquier momento pudiera entrar alguien y llevársela en sus narices.
Yona sacudió enérgicamente la cabeza.
—No, no, todo está bien. Nadie me ha pillado, sigo a salvo.
—¿Entonces?
La joven se mordió el labio inferior debido al tono seco que había usado Hak y empezó a hacer rodar la pulsera, su regalo, alrededor de su muñeca. Era un tic bastante molesto que tenía cada vez que se ponía nerviosa. Con los ojos en el suelo, no se atrevía a mirarlo, aunque una parte de sí misma le decía que lo mejor era hacerlo porque en su rostro, en sus ojos, debía haber algo que revelara sus verdaderos pensamientos. La expresión de calma e indiferencia que tenía era una fachada, lo conocía.
—Es… complicado.
El corazón le latía frenético en el pecho. Complicado, que bonito eufemismo para todo lo que se le venía encima y que, seguro, Hak rechazaría.
—Creo que podré seguirlo— replicó él con sequedad—. Habla. ¿Por qué no vendrás? ¿Y por qué nos avisas de antemano?
—Porque… bueno…— se removió una vez más en el sitio, mirando el suelo como si pudiera hallar allí todas las preguntas del universo— porque me voy.
Ya está, lo soltó.
Inmediatamente después, dos voces replicaron a coro:
—¿Te vas?
—¿Vas tú o te llevan?
Yona miró a Hak con el corazón en la garganta; sus ojos, más azules de lo que jamás había visto, tenían un brillo que conseguía ponerle los pelos de punta. Era como si pudiese leerle la mente y supiese cada nimio pensamiento que hubiera pasado por su cabeza.
—¿Qué no me has dicho, princesa?
—Tengo un plan, ¿vale? Y todo va a ir bien, te lo prometo— aseguró, impulsivamente—. Está todo controlado.
Hak cerró los ojos y murmuró algo para sí. Yona pudo ver cómo se le marcaba una vena en la sien.
Efectivamente, se estaba enfadando…
—Un plan— repitió él, la palabra sonando extraña en sus labios— Tienes un plan. Uno que tiene que ver con salir del castillo. ¿Qué has hecho, chiquilla?
—No uses ese tono conmigo— replicó, picada.
—Habla de una vez y cuéntame todo.
—Me prometiste…
—Yona, habla.
La mencionada se paralizó. El tono seco y enfadado que usó no había impedido que Yona se sorprendiera ante el hecho de que, por primera vez, su nombre había salido de los labios masculinos, aunque él estaba actuando como si no se hubiera dado cuenta de ello. Las circunstancias no eran las mejores, sí, pero a su corazón no pareció importarle cuando empezó a bombear como el aleteo de un colibrí.
—Princesa Yona— se metió Kija, siempre más comedido pero no por ello menos preocupado— Díganos que ha hecho, por favor.
La joven se mordió el labio inferior, pero terminó asintiendo. Inspirando hondo para armarse de valor, deslizó la mirada al suelo y empezó a hablar. Y les contó sobre su cumpleaños, una estación atrás, cuando tuvo un invitado especial. Les contó sobre la invitación de él a seguir viéndola y cómo eso derivó a varias visitas periódicas que fueron sucediéndose convenientemente a lo largo de los últimos meses. Y concluyó relatándoles lo pasó hace una semana, cuando la invitó a conocer su Tribu.
—Solo serán una luna, pero sabía que os preocuparíais si no aparecía por aquí, así que…
—Para. Detente, maldita sea, deja de hablar— gruñó Hak, con el rostro crispado—. ¿Tae-Jun, en serio? ¿Ese niño estirado y mimado?
Que esas fueran sus primeras palabras después de todo lo que les había dicho, molestó y emocionó a Yona a partes iguales, lo que la confundió profundamente.
—Es un buen hombre— mintió mientras rememoraba esa mala sensación que le asolaba cuando estaba con él, pero que pensaba callarse a toda costa. Si Hak llegaba a intuir algo de eso, su plan estaría condenado al fracaso, y eso que todavía no les había dicho por qué hacía todo esto…
—Pero… pensé… dijiste que nunca habías salido del castillo, ni que nadie entraba en él— exclamó Kija, confundido.
—Y así es. Yo también me sorprendí en un primer momento, pero después pensé que sería una gran oportunid-
Mierda.
—¿Oportunidad para qué?
—Para… para… conocer gente.
Los ojos de Hak se entrecerraron y aunque Yona había intentado hacer parecer su comentario por algo casual, supo que él… que él lo había entendido. Que sin necesidad de decirlo en voz alta, había unido su personalidad impulsiva, su comportamiento de los últimos meses, sus palabras de antes y la actitud esquiva y vehemente en la conversación para…
—Ni se te ocurra— espetó contenido, aunque sus ojos eran un pozo sin fondo de furia e indignación.
El cuerpo de Yona se tensó como si estuviera dispuesto a la batalla, aunque claramente ella estuviera en desventaja.
—No sé a qué te refieres— se aferró al último vestigio de mentira— Tae-Jun me ha invitado a conocer su hogar y yo he aceptado. No eres nadie para impedírmelo.
—Princesa, no haces eso por esa mierda— sus nudillos se volvieron blanco cuando se agarró a las barras de hierro; las cadenas chocaron entre ellas y ese sonido metálico causó que los vellos de la muchacha se pusieran de punta—Vale, lo he pillado. Y mi respuesta es no, no vas a hacerlo.
—¿Tu respuesta? ¿En qué momento tenía que pedirte permiso para hacer o dejar de hacer algo? —se acercó un paso a él en un acto inconsciente.
—¡En el momento en el que te pones en peligro estúpidamente!
—¡Estaré bien!
—¡Eh! — los chistó Kija— Estáis alzando mucho la voz. Tranquilizaos ya o sí que estaremos en peligro nosotros aquí.
Yona inspiró con fuerzas y se puso a juguetear con nerviosismo con la pulsera de nuevo, haciéndola girar en su muñeca, mientras escuchaba a Hak gruñir unas palabras para él y ponerse a dar paseíllos en el interior de su celda; el murmullo metálico siseaba a su paso al igual que una serpiente cascabel enrabietada.
—¿De verdad fuiste tan tonta como para pensar que una estúpida promesa me haría tomarme con calma… quizás, lo más estúpido que has hecho en tu vida?
—Una debe tener esperanza, ¿no? — replicó, mosqueada con su actitud— Pero ya veo que es imposible razonar con asnos.
—Princesa, mierda— chasqueó la lengua, pasándose una mano por el cabello— Por lo que más quieras… no lo hagas. Es peligroso. Lo que sea que tengas en la cabeza, olvídalo.
—Tendré cuidado, mucho cuidado. No me pasará nada.
—¡Eso da igual! — masculló, encolerizado, acercándose a la verja para que sus ojos llameantes se encontrasen con los de ella— Llevo escuchando de ese niñato desde que era un crío y no es trigo limpio, te lo aseguro. No confíes con él. No puedes irte con él a su tierra, tienes que escucharme.
—Soy la princesa, Hak, la princesa de Kouka. ¿Qué puede hacerme que no haga recaer la ira del reino sobre él?
—No, no me gusta. Algo hará, estoy seguro— volvió a pasarse la mano por el pelo— Además, ¿qué piensas hacer una vez que salga, eh? ¿Crees que es tan sencillo?
—No… no lo sé, pero ya se me ocurrirá algo.
—Mierda, princesa, no me gusta. No me gusta nada. Lo que piensas hacer es una estupidez.
—¿Y cuál es la otra opción? — inquirió, señalándolos con un movimiento de mano— ¿Qué os quedéis aquí toda la vida? ¿Qué baje algunas noches, charlemos y cuando esté allí fuera me olvide de todo esto y siga con mi vida como si nada? ¿De verdad creíste que no estaría pensando una forma de sacaros de aquí? ¿De verdad pensante que sería tan frívola?
—No… mierda, no, princesa, pero…— comenzó otra vez el paseíllo nervioso— No conoces el mundo de fuera. No sabrás qué hacer, a dónde ir. Te pillarán.
—Si lo hacen, diré que quería explorar, ¡yo qué sé! Simplemente debo intentarlo, os lo debo. Te lo debo, Hak.
—¡A mí no me debes nada! — bramó iracundo, dejando a los presentes paralizados por un momento. Sus ojos parecían ser un trozo de mar bravío en medio de una tormenta.
—Hak…
Durante un par de segundos, el silencio se arremolinó en la habitación como una cuarta persona. Entonces, Hak expulsó todo el aire por los pulmones y una expresión de hastío cruzó su semblante.
—Mierda, muy bien, haz lo que te dé la gana. Sé que no podré decir nada que te haga cambiar de opinión, así que, estupendo, hazlo, ve, ponte en peligro— su rostro se deformó en una mueca irónica— A lo mejor, si te prohíben volver, si te pillan o te encierran, me ahorro tener que aguantarte cada noche.
Cada palabra pronunciada por él se clavó con saña en el corazón de la joven. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y amenazaron con caer. Pero… Parpadeó repetidas veces y a duras penas pudo contenerlas a tiempo. No dejaría que él la viese llorar, no dejaría que viera lo mucho que le habían dolido sus palabras.
—Hak, ¡¿qué estás diciendo?!
—Sé que no piensas lo que dices— se obligó a decir Yona con calma, aunque sentía sus manos temblando; toda ella, en realidad— Sé que estás preocupado, que eso te hace decir esas palabras tan feas. Cuando la situación te supera, te vuelves más estúpido de lo normal. No te crees lo que estás diciendo.
Hak tensó la mandíbula y sus ojos se entrecerraron al haber sido pillado, pero no dio su brazo a torcer.
—¿Y no crees que es algo normal cuando nos estás contando esto? ¡Es una misión suicida lo que vas a hacer!
—¡Todo va a ir bien!
—Princ- ¡joder! — pateó con fuerza la verja de hierro y Yona ahogó un gemido, dando un salto hacia atrás por la sorpresa.
En el segundo que el estruendo resonó en la habitación, Hak se quedó paralizado con el miedo mordiéndole las entrañas. ¡Mierda, se había dejado llevar y…! Sin embargo, los dioses deberían estar esa noche de su parte porque, aunque permanecieron inmóviles esperando escuchar algún ruido de fuera, nadie vino a ver qué había ocurrido.
—Creo que será mejor que me vaya— susurró Yona con el corazón latiéndole con fuerzas en el pecho— No… no… Tenemos que tranquilizarnos y pensar las cosas bien, porque como sigamos así bajarán a ver por qué hay tanto alboroto.
—No hay nada que pensar, ya está todo dicho— replicó con brusquedad él, dándole una vez más la espalda.
Durante un segundo nadie se movió. Entonces, las cadenas de Kija tintinearon cuando se acercó a la cancela.
—Princesa Yona.
A Yona le costó un par de segundo alejar la mirada de la espalda de Hak, pero cuando lo hizo, Kija descubrió en ella una inmensa tristeza y rabia.
—¿Sí?
—Por favor, piense bien lo que va a hacer. No es un simple paseo por los jardines.
—Lo sé, Kija, créeme que entiendo vuestra preocupación, pero no puedo quedarme con los brazos cruzados, no cuando está en mi mano poder ayudaros. No os merecéis esto— sus hombros de hundieron y se abrazó a sí misma.
Kija se quedó mirándola embelesado. No era más que una chiquilla de poco más de quince años que jamás había visto el mundo, que había vivido entre joyas y almohadones sin padecer hambre, sueño y dolor alguno, pero había un fuego en ella… una valentía, un sentido de la justicia, que superaría con creces a buena parte de los guerreros de su aldea.
Su corazón bombeó con fuerzas en su pecho cuando el inesperado deseo de borrar cualquier rastro de dolor y tristeza de su expresión lo asoló por completo hasta el punto de dejarlo paralizado. Suspiró, sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos, y se aferró con su mano humano a las barras de metal que los separaba.
—Ten muchísimo cuidado. Y si ve que puede ser muy peligroso para ti, por favor, recula. No lo hagas.
Yona dio un paso hacia él y posó su mano sobre la de él, mirándolo con esperanza y determinación.
—Confía en mí, lo conseguiré.
Kija asintió, sus mejillas repentinamente ruborizadas, y en un acto completamente espontáneo, giró la mano humana para que rodease la de ella, dándole un suave y alentador apretón. La sonrisa de ella se hizo más grande y su mirada calentó el pecho del muchacho.
—Creo en ti, aunque no puedo evitar preocuparme.
—Volveré. Traeré ayuda, lo prometo.
—Con que vuelvas tú a salvo, me basta. Si no es posible ahora, tendremos más posibilidades en el futuro.
Yona asintió, profundamente agradecida por la confianza que Kija estaba depositando en ella, al contrario de…
Inspiró hondo, emprendiendo el camino hacia la puerta.
—Debo irme ya, se ha hecho tarde.
—Buenas noches, princesa.
—Buenas noches, Kija— le sonrió antes de mirar de reojo al otro muchacho, quién no se había movido en todo el rato. Sus hombros se hundieron y las lágrimas picaron por salir una vez más ante la posibilidad de que se marchara con la pelea sobre sus cabezas, pero no pensaba dar su brazo a torcer. No después de todo lo que habían vivido— Buenas noches a ti también, Hak— se aferró a la pluma de su mano con la otra, y se dio la vuelta para caminar hacia la puerta.
—Espera.
Yona se detuvo al escuchar la ronca voz, pero no se giró. No se sentía preparada.
—¿Cuándo te vas?
Tragó saliva.
—En dos días.
Silencio.
—Ten… Tendrás mucho cuidado, ¿verdad? — sonó triste, rabioso y preocupado, y Yona deseó, no por primera vez, abrazarle mientras le prometía que todo iría bien.
—Por supuesto— lo miró por encima del hombro y le sonrió fugaz pero sinceramente— Tengo mi amuleto de la suerte, ¿recuerdas? — y alzó el brazo donde descansaba la pulsera.
Aunque la mirada de Hak era un mar embravecido por la tormenta, que prometía devastación y locura allí por donde fuera, él le correspondió la sonrisa. Desvaída y un poco forzada, pero al menos estuvo allí, aligerando un poco el peso que pendía sobre el corazón de la muchacha. No se movió cuando ella se dio finalmente la vuelta y traspasó la puerta con su vestido ondeando en el aire.
No se movió cuando la pesada puerta de madera se cerró a su espalda, ni cuando sus pasos dejaron de escucharse en la lejanía.
Permaneció quieto, hundido en sus pensamientos más profundos.
En algún momento de la noche, sus piernas empezaron a moverse y caminó hacia la verja, donde se dejó caer de espalda a ella, con las rodillas en alza y las manos entremetidas en su cabello.
Muchacha estúpida, incauta, irresponsable… ¿Quién se creía que era con esos planes tan estúpidos?
¡Ella, que nunca había salido del castillo, pensaba ir en busca de ayuda! ¡Era una locura! ¡Un jodido suicidio!
Y él mientras… enjaulado como un animal, incapaz de ayudarla.
Podía sonar irónico ya ella se estaba poniendo en peligro en primer lugar para liberarlo, pero no podía evitar retorcerse ante la idea de que le pudiese pasar algo por salvarle, por… su culpa. Desde que la conoció, años atrás, desde que lentamente, pasito a pasito, sonrisa a sonrisa, se había ido haciendo un hueco en su pecho y corazón… había crecido en él una imperiosa necesidad de protegerla, pese a su situación, y sabía que en las próximas semanas se volvería loco por la angustiosa espera.
—Hak.
—¿Qué?
—Ella estará bien, ya lo verás.
Más le valía… porque si volvía con un mísero rasguño, con un pelo menos en su espesa y alocada cabellera…
(No pensaba en la opción de que ella no volviera)
Se las vería con él personalmente.
·
—¿Lord Tae-Jun?
—Buenas noches, princesa.
—¿Qu-qué haces aquí?
¿Qué hacía en sus aposentos a esa hora? Acababan de volver de la cena, se había despedido de su padre, pues mañana pensaban partir temprano para no estar de camino en las horas más calurosa y ahora lo único en lo que pensaba Yona era encerrarse en su habitación… hasta que fuera la hora de salir.
Porque sí, iría a verlos una última noche. Y aunque sabía que había muchas posibilidades de que terminaran discutiendo una vez más, también tenía la esperanza de poder hablar mejor sobre lo que podría hacer ella una vez estuviera al otro lado de los muros del castillo.
Sin embargo, la -inesperada e incómoda- visita de Tae-Jun había alterado todos sus planes.
—Solo venía a reiterarle mi felicidad por la oportunidad que me está brindando, princesa— sonrió, extendiendo una de sus manos. Yona lo imitó un poco de mala gana y escondió la mueca que se quiso formar en sus labios cuando él la cogió y se la llevó a los labios para darle un beso en el dorso.
—Es halagador y siempre le agradezco sus buenas palabras, lord, pero creo que es momento de que me vaya a la cama. Quiero estar descansada para el camino.
Tae-Jun la miró fijamente y Yona sintió un inexplicable nudo en el estómago. Había algo en él, en su forma de verla, que le ponía los vellos de punta.
—Algún día… Algún día, princesa, no tendremos que despedirnos al caer la noche.
Por lo que pareció un minuto, Yona no supo qué decir ni qué pensar ante las palabras escuchadas.
—¿Perdona?
Repentinamente, la sonrisa de Tae-Jun se llenó de deseo y sus ojos se oscurecieron mientras la observaba de arriba abajo. Yona se sintió demasiado expuesta con su "ropa informal" de dormir y luchó contra el impulso de cerrarle la puerta en las narices.
—Vamos, princesa, pienso que ha llegado ya el momento de dejar de fingir sobre lo que es esto.
—Yo no… no sé a qué se refiere, lord…— murmuró perdida.
Aquella mala sensación que llevaba sintiendo todo este tiempo se asentó en su estómago, anudándose en la boca de este y ascendiendo hasta su garganta para impedirle respirar con normalidad. Quería terminar con la conversación… no le estaba gustando ni un pelo…
La mano de Tae-Jun apretó con fuerza la suya y de un tirón, la acercó a su cuerpo. Por un segundo, Yona se dejó llevar como una muñeca de trapo al no esperárselo, pero cuando sintió el duro cuerpo masculino contra ella, se despertó de su ensoñación y forcejeó contra las manos que la sostenían por la cintura.
—Lord, qu-qué está…
—Sssshhh, princesa, pronto serás mías. No sabes el tiempo que llevo esperando para este momento— le susurró al oído, y Yona gimió, asqueada.
—Suélteme ahora mismo— se retorció.
—¿O qué? — Tae-Jun se echó hacia atrás y le sonrió con perversión— He dado mucho por ti, gatita, y es el momento de obtener mi recompensa.
—¿Qué…?— el corazón estaba a punto de escapársele por la boca.
—Pronto serás mi reina, querida, y yo tu rey.
Entonces, la besó.
No, no estaba muerta. Solo estaba terminando la universidad con una sequía imaginativa como un camión de grande. Perdón por haber tardado tantísimo, pero se me había hecho una bola los últimos meses y lo único que necesitaba era... desconectar. Siento muchísimo haber desaparecido así sin más *carita de Ao triste* Pero bueno, he vuelto y lo hago, no solo con un nuevo capítulo, sino con una buena noticia: ¡he terminado de escribir la historia! Así que, no os preocupéis que no habrá un nuevo parón. Llegaremos a conocer el final de esta larga travesía (o locura(?)).
Así que... ¿qué os ha parecido? ¿Qué pensáis de la reacción de Hak? Y... ¿todo el problema de Tae-Jun? ¿Os lo esperabais? jejeje ¿Qué creéis que pasará ahora?
¡Os leo!
PD: espero que siga habiendo alguien por allí que haya esperado todo este tiempo... T.T
