Después de lo que pasó a Helga no le apetecía estar sola en casa y creyó que le haría bien distraerse, así que acudió a casa de Lady Danbury con quien ya tenía pactada una reunión informal con unas pocas mujeres, sin embargo con el pasar de los minutos se fue dando cuenta del error que había cometido. No se sentía bien, mientras más tiempo pasaba todo su ser parecía ser más consciente del peligro al que estuvo expuesta y comenzaba a reaccionar en consecuencia.

Una de las mujeres le dijo algo, pero ella no lo entendió, estaba más preocupada por controlar el temblor en su cuerpo y porque no fueran a notar el sudor frío que comenzaba a sentir que aparecía.

La mujer pareció darse cuenta de que no la había entendido y repitió su pregunta.

—¿Qué le parece ir al jardín? ¿No cree que estaríamos mejor allí?

Está vez Helga asintió y sonrió ligeramente como respuesta.

Las demás mujeres hablaron entre ellas un instante para después ponerse de pie. Todas habían llegado al acuerdo de que disfrutar de sus bebidas sería mejor en el espléndido jardín de Lady Danbury. Helga fue la última en ponerse en pie y también en comenzar a caminar, sus piernas estaban débiles y mientras rogaba no caerse dio un par de respiraciones profundas y de repente todo se volvió negro.

Tan pronto recobró la conciencia, Helga muy apenada se disculpó y dejó el lugar.

—Realmente me asustó mucho la señora Shortman.

—Yo la vi muy pálida por eso propuse ir al jardín, pensé que el aire fresco le caería bien.

Justo cuando otra de las preocupadas mujeres se disponía a hablar, la señora McDowell interrumpió.

—No hay por qué preocuparse, esos episodios son comunes cuando se está en cierto estado

Todas las allí reunidas comprendieron de inmediato a lo que se refería.

—¿Crees que sea eso?

—Totalmente porque además no ha sido la primera vez que se desvanece, ¿lo recuerdan? El día de su boda también lo hizo.

Las mujeres se escandalizaron.

—Pero eso significaría que…

—Así es —la señora McDowell hablaba como si se sintiera plenamente orgullosa de cada una de sus palabras —...Eso quiere decir que tiene más meses de embarazo que de matrimonio —al ver en el rostro de las demás que se negaban a creerlo, con gusto expuso su teoría —Piénsenlo bien, las mujeres siempre sabemos cuando estamos en dulce espera y el hecho de que la señora Shortman no lo anuncie aún, sólo puede deberse a que se siente profundamente avergonzada ¡Por Dios! ¿Recuerdan cómo se comportaba cuando aún era prometida del señor Shortman? —todas asintieron.

—Pero esta muy delgada…

—Hay mujeres que son así, incluso el embarazo prácticamente nunca se les nota —la señora McDowell estaba decidida a convencerlas.

—Cierto… La prima de mi cuñada justamente es así, tiene tres hijos ya y está tan delgada como cuando estaba soltera y nunca ha crecido su vientre en demasía.

La opinión estaba muy dividida, algunas asentía vigorosamente, demostrando creer los dichos de McDowell, pero otro grupo aún se veía renuente a aceptar sus palabras, entre ellas estaba Lady Danbury y eso ofendió a la mujer.

—Piensen lo que quieran, yo estoy segura de que el tiempo me dará la razón. Ya lo verán cuando en pocos meses anuncien que el primogénito del matrimonio es prematuro.

Lady Danbury meneó la cabeza mostrando su desacuerdo, pero no podía evitar que los rumores comenzaran a correr a partir de ese día, no podía dedicar tiempo a eso, ya estaba bastante ocupada en vigilar a su sobrino, quien por cierto ese día había logrado escaparse.


—Adelante —dijo Helga en respuesta al llamado en la puerta de su habitación. Poco después escuchó que alguien entró, pero no miró hacia allá, pretendía estar concentrada en lo que había frente a ella en la mesita que le servía de escritorio.

—La señora Johnson insistió en que viniera a verte. Dijo que no te encontrabas bien —Helga se puso de pie y volteó para mirarlo —Dijo que estabas muy pálida cuando llegaste.

Eso era porque aún se encontraba afectada por lo ocurrido ese día. Sinceramente se creyó alguien más fuerte y resulta que la realidad era otra. Todavía en ese momento gran parte de su ser le pedía que buscara consuelo en él, pero otra, aquella que la mantenía con los pies siempre pegados en la realidad, le impedían olvidar que había perdido el derecho de obtener algo así.

—Estoy bien… Incluso estaba a punto de bajar para la cena, ¿vamos?

Él asintió y ella caminó hacia la puerta, después de pasar a su lado se tambaleó, creyó que caería, pero Arnold la sostuvo. Estaban cerca, demasiado y pudo ver en los ojos de él la preocupación, pero fue solo un segundo, el mismo tiempo que duró su cercanía, porque Arnold se apartó con rapidez.

―Deja de armar teatros para ganar simpatía —soltó con hiriente mordacidad.

Helga lo confirmó, había perdido el derecho de que Arnold se preocupara por ella.

―No volverá a pasar, no te preocupes.

Él se sorprendió, pensó que ella reaccionaría de otra forma.

―¿Qué? ¿No vas a defenderte? ¿A decir que no era eso lo que pretendías? —de repente sintió como si sus ojos azules miraran más allá de él, como si en realidad no lo mirara aunque estaban enfocados en él.

Helga negó con la cabeza y con paso lento y cuidadoso continuó su camino.

Él la vio ponerse pálida, blanca como un papel. Eso no es algo que se pueda fingir, lo sabía bien, pero aun así no pudo evitar lanzarle aquel reclamo. En todo caso no se sentía mal por eso, se dijo, ella se lo merecía. Se lo había ganado a pulso.


—Me concede este baile —preguntó Gerald, acompañando la petición con una cortés reverencia y estirando el brazo hacia la solitaria joven que parecía estarse ocultando de todos en la orilla del salón y que lo miró como si de una horrible aparición se tratara.

—No, gracias —contestó después de unos segundos con más determinación en su voz de la que se pudiera esperar.

Pero Gerald era terco y tenía una misión que cumplir, así que después de encogerse de hombros se instaló a su lado, recargándose en la pared ante la mirada sorprendida de la joven.

—Si me lo permite, puedo presentarle algunas personas para que no tenga que pasar sola estas reuniones, me refiero a otras jóvenes con las que incluso pueda formar una amistad.

—No, gracias —aunque tuviera que estar alejada de Hilda no deseaba tener otras amigas —, pero por qué hace esto.

—Bueno, la señora Shortman...

—¡No vaya a atreverse a hablar mal de ella! —se puso a la defensiva porque recordó las palabras que dijo en su corto encuentro en el balcón —Y cómo sea, no me interesa su oferta —iba a marcharse, pero él la detuvo gentilmente, apenas tocando su brazo por un instante.

—Admiro que la defienda, lo digo en verdad y tiene razón en verme como a un idiota —así era cómo se sentía después de hablar largo y tendido con Sid y Stinky, y darse cuenta de que había sacado conclusiones apresuradas, que lo habían llevado a ser injusto al juzgar a Helga y no se sentía orgulloso de eso, sino más bien culpable. Si hubiera actuado con la cabeza fría, como solía hacerlo, tal vez hubiera podido evitar todo el sufrimiento que esos dos estaban viviendo, pero el hubiera no existe y ahora a lo mucho podía tratar de enmendar su error y por supuesto, cumplir con la petición que ella le había hecho, además la señorita Heyerdahl le simpatizaba —, pero escúcheme, por favor, fue ella misma quien me pidió que hiciera esto.

—¿Por qué?

—Porque usted en verdad le importa mucho y está preocupada por tener que dejarla sola, por eso es que le suplico que me deje ayudarla.

Phoebe se quedó sin palabras y sin saber qué hacer, hasta que armándose de valor lo miro a los ojos por un muy corto instante y vio en ellos sinceridad. Suspiro con resignación y aceptó la oferta.

Helga había observado a la distancia y aunque no tenía idea de las palabras dichas, al parecer todo había salido bien y eso le alegraba mucho. Sonrió. Habían pasado varios días sin que Wolfgang hubiera aparecido para tratar de atormentarla, pero eso no quería decir que se había rendido y eso la angustiaba inevitablemente, pero ver que Phoebe ya no iba a estar sola le provocaba un poco de alivio en medio de tanta tribulación.

Por su parte, Arnold se había quedado solo después de que Gerald simplemente desapareciera sin dar mayor explicación, lo cual no le molestaba, pero hubiera preferido que estuviera allí para no tener que hacerle frente solo al desagradable sujeto que apareció de repente.

—Buenas noches, señor Shortman ¿Qué tal su velada? —Arnold no se molestó en responderle y a Wolfgang no le importó —¿Y cómo va con nuestro asunto? Espero que haya avanzado, no me gusta esperar demasiado.

—No se preocupe por eso —su voz era cortante, a Arnold no le agradaba ventilar esos asuntos en público.

—Bien, me alegra escuchar eso —sonrió en toda su plenitud y luego esa sonrisa obtuvo un toque malévolo —¿Y la señora Shortman? —de nueva cuenta no hubo respuesta por parte de Arnold —No debería dejarla tan sola, es una mujer muy bella y hay muchos granujas por aquí dispuestos a brindarle las atenciones que usted no le da, ¿entiende a lo que me refiero? —chasqueó la lengua, mientras la mandíbula y los puños de Arnold estaban apretados con fuerza —Tal vez debería ir con ella para cuidarla por usted.

Pero antes de que pudiera siquiera dar un paso, Arnold en un movimiento rápido, lo tomó por la solapa.

—No se atreva —dijo entre dientes y Wolfgang rió descaradamente ante la amenaza, levantó las manos en señal de hacer las paces y caminó hacía atrás para que Arnold lo soltara.

—Tranquilo. No me acercaré si eso quiere, pero acepte mi consejo, ella es un bocado muy apetitoso al que cualquiera estaría dispuesto a probar, incluyéndome. No la descuide mucho, porque no sé cuanto tiempo pueda resistir la tentación —soltó una carcajada y mientras la gente a su alrededor los miraba con curiosidad por culpa de aquella cacofonía, Arnold buscaba con la mirada a Helga, de repente la idea de que lo dicho por Wolfgan pudiera ocurrir, no le gustó para nada y comenzó a buscarla.

—Perdón — se disculpó él al chocar contra alguien, sin detenerse ni prestar atención a quién había sido.

—¿A dónde va con tanta prisa, señor Shortman? —muy a su pesar tuvo que detenerse ante la pregunta de la señora McDowell —¿Será que está buscando a su esposa?

—¿La ha visto?

—¿Para qué la busca? —pese a la mirada de molestia de Arnold, la mujer no se sintió intimidada —¿Es algo importante? Pregunto porque si es urgente puedo ayudarle a buscarla.

Arnold iba a rechazar la oferta, pero recordó que Wolfgang estaba rondando por allí.

—En realidad debemos irnos ya.

—¿Pasa algo malo? Es decir, parece que lleva mucha prisa por hacerlo.

Esa mujer era exasperante, pensó Arnold.

—No, es sólo que últimamente mi esposa no se ha sentido bien y creo que lo mejor es retirarnos ya—fue la excusa que se le ocurrió.

—¡Oh! —el rostro de la mujer se iluminó —Sí, eso es comprensible en su...condición —la mujer lo miró con suspicacia y Arnold no entendió a qué iba todo eso, pero ya no iba a perder más su tiempo, así que comenzó a caminar —¡Espere! Creo que la vi por allá —señaló en una dirección.

—Gracias.

—No tiene nada que agradecer —dijo con una sonrisa, aunque Arnold ya no la escuchó y a ella no le importó. Ahora tenía la confirmación de sus sospechas y tenía que presumirlas pronto.

Pronto Arnold encontró a Helga, gracias a las indicaciones de la señora McDowell y se extrañó al verla sola. Sabía que la señorita Heyerdahl estaba en la fiesta, ¿entonces por qué no estaban juntas? ¿Sería que Helga quería estar sola?

«es una mujer muy bella y hay muchos granujas por aquí dispuestos a brindarle las atenciones que usted no le da»

Las palabras de Wolfgang volvieron a su mente y apresuró el paso.

Helga no ocultó su sorpresa al verlo de repente frente a ella y antes de que pudiera preguntarle sobre lo qué ocurría, Arnold habló.

—Nos vamos.

Lo contundente de su voz y la expresión que tenía su rostro fueron lo suficientemente elocuentes para Helga y no preguntó nada, se limitó a caminar a su lado y seguir su paso apresurado, aunque no tenía opción de caminar despacio, pues él agarraba su brazo y aunque no era un agarre rudo, sí era firme.

Casi al llegar a la salida, Arnold pudo ver entre los invitados a Wolfgang, quien también lo vio y le sonrió, levantando su copa en una descarada burla.

CONTINUARÁ...


Como siempre les agradezco su apoyo, pero esta vez en especial quiero dar las gracias a quienes se toman el tiempo para dejar su review y permitirme saber que es lo que piensan de como va esta historia ^_^