Harry suspiró cansadamente mientras miraba a la gente pasar por la ventana en el segundo piso de la tienda de Feodras, su cabeza palpitaba pesadamente por el esfuerzo de mantener lo que Darrius había llamado La Vista bloqueada.
Uno pensaría que ver la magia sería como ver un patrón organizado, hechizos tejiéndose alrededor de sus objetivos, protecciones con matrices de runas y encantamientos enlazándose como hilos en un telar artesanal, pero la magia venía del caos. Era vida salvaje que se movía y fluía, los hechizos soltaban erupciones de poder al aire, las protecciones, si bien inmóviles, resonaban en su magnificencia como una oda a su fuente y todos cantaban para decir que aquí estaban.
Al principio, mirar hacia el callejón solo le ganó otro dolor de cabeza y perder la consciencia de manera bastante tonta. Harry terminó con su cara en el piso, no cayó hacia atrás y terminó en una pose dramática como los programas de tía Petunia, solo logró estrellar su cara contra la madera y dejar, de alguna manera, un charco de baba bajo él hasta que Feodras pasó por ahí y no tuvo reparos en despertarlo con un hechizo punzante.
Mirar con La Vista era como querer ver el Sol fijamente mientras fuegos artificiales explotaban a su alrededor exigiendo atención y una multitud ruidosa taladraba su cerebro con información constante. Era un caos puro de colores fluyendo entre sí, magos y criaturas brillando como luciérnagas iluminando su camino; protecciones y salas de cada negocio resonando poderosas y magia bailando en el aire con una sinfonía discordante que llevaba a Harry a pararse sobre la punta de sus pies y querer alzar sus manos al cielo en alabanza a la magia, girando en círculos vertiginosos y embriagándose en el poder que surgía de conectarse con la magia.
No podía hacerlo, Darrius le había explicado que La Vista era un don raro entre los magos, codiciado por la capacidad de conectarse con la magia. La misma abuela de los gemelos la había tenido, de ahí su rapidez al identificar el porqué del dolor de Harry. Pero como todo don mágico, este era temido, si La Vista era muy fuerte serían capaces de ver a través de todo, cada protección, sala o hechizo a los deseos de una persona. Por esto, el Ministerio regulaba y tenía bajo su mando a cualquier persona con La Vista para que contribuyera a la comunidad mágica.
El callejón Knockturn, contrario a su nombre, era una hermosa vista de matices variados y vividos gracias a la magia. Las tiendas se iluminaban en tonos distintos, en el aire luces giraban y danzaban entre un lugar y otro, como niños en festivales rebosantes de alegría, y el cielo brillaba en plata por la protección del callejón. Era una lástima que nadie pudiera apreciarlo, los magos abajo solo veían una calle sucia y tiendas desgastadas por el tiempo, nunca notarían cuan hermosos eran los núcleos de cada persona que caminaba ahí. Nadie vería como las magias de esa pareja que camina calle abajo, con rostros de piedra, fluían entre si alegres de estar juntas, diciéndole más a Harry sobre ellos que nada.
Para todo el mundo, Knockturn solo era el hogar de los desdichados, destinado a ser el tiradero de la sociedad mágica. Era donde ladrones, estafadores, criaturas y magos oscuros convergían juntos. Sobre aquí la gente escupía ácido, alejaba a sus hijos de la entrada y caminaban velozmente con la cabeza gacha al pasar al lado. Si no lo miró, no sucede.
Masajeando sus sienes levemente, Harry trató de considerar cual dolor era más leve, el de usar La Vista con su sobreinformación o bloquearla y el esfuerzo que esto acarreaba. Cuando vivía con los Dursley las cosas fueron más sencillas, en un lugar carente de magia más allá de las salas que lo protegían, su Vista estaba activa todo el tiempo sin dolor. Pero Harry no cambiaría su situación actual por nada del mundo, los gemelos eran una salvación que no sabía que necesitaba. Antes, Harry solo podía pensar en un futuro gris de años con los Dursley hasta que tuviera la edad para irse, y ahora tenía posibilidades mejores y días teñidos de alegría y comodidad, ante la verdad de saber su propia historia.
—Harry —llamó Feodras y Harry posó su mirada sobre el gemelo mayor sin quitar su cabeza de la ventana—, ven conmigo. —Feodras se volteó y Harry se enderezó para caminar detrás de él. El gemelo mayor, extrañamente, era con el que Harry se sentía más cómodo. Era un terreno conocido para Harry tratar con el carácter serio y directo de Feodras, si bien la amabilidad hacia Harry era obvia y algo nuevo, el mago mayor sabia tratar con Harry, anunciaba su presencia para no sobresaltarlo, nunca lo tocaba sin aviso o rápidamente y moderaba su voz un tono más suave, como si el concepto de suavidad fuera extraño para él.
Darrius era un asunto aparte. Donde Feodras mantenía su distancia y calma, Darrius era contacto físico, efusividad y trato amoroso, Harry aun trataba de no saltar o huir cada vez que Darrius lo abrazaba de repente. Era una experiencia nueva e hilarante el recibir sonrisas, palabras dulces y elogios, lo era aún más el tener comida cálida y casera, una habitación propia y a alguien cuidando por su bienestar.
—Tierra a Harry—dijo Feodras y balanceó una mano sobre el rostro del niño. Ojos verdes resplandecientes lo miraron fijamente y el joven mago dio un repentino paso atrás, lejos de Feodras—. No estás en problemas ni nada parecido, solo tengo algo para ti que podría ayudar con tu problema de visión.
Dicho eso, Feodras se volteó y alcanzó una vieja caja que había sobre el armario de su habitación. Sacando un par de lentes en perfecto estado, Feodras los puso en las manos pequeñas de Harry.
—¿Lentes?
—Algo más que eso, sus marcos están hechos de acero —dijo y no pudo evitar sonreír mínimamente ante la mirada en blanco del niño frente a él—. El acero, Harry, bloquea la magia, como casi cualquier metal de origen muggle. Solo el oro, plata, platino y similares son buenos conductores de magia, metales preciosos.
«Esto era de mi γιαγιά, si bien su Vista no era tan fuerte como la tuya, creo que ayudara. Obviamente no debes acostumbrarte a ellos, trata de practicar tu Vista, mira que quieres: bloquearla o no. Con la práctica de cualquiera, el dolor se ira, pero aun eres joven, usa estos cuando el dolor sea demasiado. Tomé tu aumento de tu anteojo viejo y cambié el vidrio por unos apropiados, por suerte mi γιαγιά tenía el mismo gusto que tú en cuanto a gafas, redondos».
Sin querer explicar que sus gafas habían sido las más baratas y de ahí la forma, Harry cambió sus anteojos por los nuevos e inmediatamente sintió el cambió. Harry no estaba bloqueando activamente su vista, pero aun así la magia ya no era tan visible. Todavía había un rastro débil de ella, pero era tolerable y sin dolor.
Dándole las gracias a Feodras, Harry supo que preferiría mantener su Vista mágica. Había visto como la magia se movía y reaccionaba en ciertos patrones ante las emociones de un mago, podía ser una ventaja y Harry no iba a ocultar su Vista por la estupidez de un gobierno mágico.
…
Harry miró a su alrededor, observando y memorizando todo lo que Darrius hacía en ese momento. Dicho mago se encontraba en las delicadas fases finales de la elaboración para una poción contra, según Darrius, alguna clase de veneno citotóxico.
Con el silencio que reinaba en el lugar gracias al estricto procedimiento, Harry dejó que su mente lo llevara lejos, específicamente hacia sus anfitriones. Los gemelos eran un claro ejemplo de polos opuestos, Feodras era la representación digna de un primogénito sangre pura, criado exclusivamente por tutores y castigado solo por su padre, mientras que Darrius, si bien también tuvo los mismos tutores, gozo de más privilegios y el carácter suave de su madre.
A Harry le resultaba extraña la manera tan relajada de hablar sobre su vida que ambos tenían hacia él. Si bien, la forma en la que Harry se enteraba, era a través de los numerosos "debates ácidos, pero con cariño" de los hermanos, término de Darrius, "someter al mocoso menor", según Feodras.
Los reproches se disparaban de un extremo a otro acompañado de burlas y comentarios sarcásticos, si no fuese por la sonrisa de afecto en Darrius y la mirada más suave en Feodras, Harry se preocuparía. Los gemelos habían venido a Inglaterra hace cinco años, saliendo del clima tenso en la Grecia Mágica por las nuevas leyes pro-luz, que aprobaba la extracción de los niños mágicos de familias marcadas "oscuras" para reinsertarlos en un buen hogar de luz. Si bien la ley no los afectaba, habían decidido mudarse antes de que el gobierno pasara a controlar a todo el mundo y a limitar la salida del país de parte de individuos oscuros.
Llegaron a Inglaterra con toda la herencia familiar y dispusieron juntos dos tiendas en el callejón Knockturn. Ubicadas al lado de Borgin & Burkes, primero estaba el negocio de Feodras: "Aclis: maldiciones y amuletos" y, seguidamente, "Panacea: pociones y herbolaria", perteneciente a Darrius. Entre ambas, estaba la callejuela donde Harry fue encontrado por Feodras. Él no quería imaginar que hubiese pasado si era encontrado por alguien más.
Mirando por la ventana de la trastienda, las luces plateadas seguían girando salvajemente en torno a esta, aún más rápido que hace unos días, él quería salir y seguirlas tan desesperadamente, pero una mirada a la otra persona en la habitación bastó para convencerlo de no hacerlo. Darrius había actuado todo este tiempo como, lo que Harry creía que era, una mamá gallina. Según Darrius, y con Feodras asintiendo en silencio detrás de él, Harry debería agradecerle a su magia el estar vivo, tenía desnutrición, deshidratación, un muy mal estado físico, heridas y fracturas mal curadas y, a eso, había que sumarle la dosis de sedante para un elefante que sus parientes habían puesto en su botella, dejando a Harry noqueado por tres días y con fiebre.
Harry no tenía permiso para irse del lugar, Darrius era terrorífico al poder leerlo así, hasta estar en plena condición física y mágica en, como mínimo, dos meses.
Suspirando de aburrimiento y ganándose una mala mirada del pocionista, se removió nervioso en el taburete en el que estaba sentado. Feodras le había dado un libro de teoría mágica básica, que explicaba que dividía a un mago oscuro de uno de luz y, por ende, dichas magias. Primordialmente, el libro pedía olvidar el termino magia blanca y negra, no era nada más que un término traído por los nacidos de muggles de sus "magos paganos", muggles que trataban de hacer magia mediante contratos con demonios o brujería barata. Dichos falsos términos relacionaban lo que era magia blanca con la protección, hechizos para fines "buenos" y conexión con lo que los muggles llamaban santos. Por otro lado, los muggles usaban el término magia negra, para todo lo que ellos consideraban "malo", como maleficios y maldiciones, contratos "demoniacos" y demás.
Es erróneo llamar a la magia ligera o de luz "blanca" y a la oscura "negra". Principalmente, el texto decía que la mayor diferencia entre magia ligera y oscura se basaba en sacrificio. Siendo la magia ligera sin sacrificios, manejada puramente por voluntad y la magia de un mago.
Lo que volvía a la magia oscura era exactamente esto, la magia oscura se basa puramente en sacrificio, mediante fuertes emociones o sacrificios de elementos vivos (sangre, plantas, animales) y, lo que más peligrosa la hacía, no era que dependía solo del poder mágico de un mago, la magia oscura también recurría al manejo de la magia ambiental, el poder de Gea. El poder de Gea, nada más que la magia misma de la Tierra, fuerte y adictiva, difícil de controlar, pero no imposible si uno disponía de un núcleo afín.
Con esto, la magia oscura no era el mal ni negra y la ligera tampoco el bien ni blanca. Magia no distingue entre bien y mal, es el hombre el que le da la intención de ser buena o mala, haciendo hechizos con propósitos crueles o caritativos. Pero, el autor se lamentaba, hoy en día esto es sabido por pocos, debido a la baja disponibilidad de este conocimiento y las restricciones cada vez más absurdas contra la magia oscura.
El libro no decía más que eso, cuando Harry le pidió a Feodras el segundo volumen, este le dijo que no estaba disponible. El autor era un mago ruso, uno de los pocos países que no prohibían la magia oscura, y sus libros habían sido prohibidos en Inglaterra, por lo que Feodras aun luchaba para conseguir el siguiente volumen, aunque le ofreció a Harry otros libros. Pero ninguno de ellos decía mucho más, no hablaban de los orígenes de la magia o el porqué de los distintos núcleos mágicos que Harry veía. Feodras tampoco le podía explicar mucho más, cada vez que trataba Darrius aparecía de la nada, regañando a su hermano y diciendo que "nada de temas sensibles o políticos y, aún más, de cerebritos, hasta que Harry se recupere" … tanto Harry como el gemelo regañado se abstenían de rodar los ojos ante el complejo de mamá gallina de Darrius (solo les valdría más gritos y quedarse sin galletas).
…
Días después, Harry se encontró a Feodras en la biblioteca con la cabeza sumergida en la chimenea y hablando con un hombre, a juzgar por la voz seria y gruesa que se oía del otro lado. Pacientemente, Harry se sentó a esperarlo en uno de los cómodos sillones del lugar, quería preguntarle al gemelo mayor varias dudas que tenía sobre un libro de mitología griega y romana que Feodras le había regalado.
Finalmente, cuando Feodras sacó su cabeza, Harry no alcanzó a abrir la boca cuando las llamas de la chimenea rugieron a la vida con un llamativo color verde y un hombre surgió de ellas. Vestido de con pesadas túnicas negras, parado con rigidez y con la cara más estoica que Harry vio nunca. El hombre tenía el pelo negro y grasoso como Darrius después de pasar horas sobre sus pociones, el rostro pálido, una nariz prominente y sus ojos de ónix mirando a Harry sin parpadear.
Ante la mirada fija, Harry enderezó sus hombros y le devolvió la mirada, llameantes ojos verdes lo miraron y cobraron vida inconscientemente por la magia, desafiando al extraño a hacer algo incorrecto que amenazará a las personas del lugar. El rostro del hombre solo palideció ante esto, era la misma mirada que una persona le dio hace mucho tiempo atrás.
—Lily. —Salió como un suspiro casi sin querer ser notado. Segundos después, la cara del de ojos ónix se cubrió con una máscara de furia e incertidumbre—Feodras —entonó, la voz baja y tranquila, pero había un borde de amenaza jugando entre las silabas— ¿Puedes decirme cómo Harry Potter acabó en tu biblioteca y no con su familia, siendo el mocoso mimado que debería de ser?
Con la última oración, la magia de Harry estalló en oleadas fuera de él, trazando marcados remolinos alrededor de su persona, visibles solo para sí mismo, y cargando de pesada y poderosa magia furiosa el lugar. Si bien la magia aún no era lo suficientemente poderosa como para poner a las personas de rodillas, se posó sobre los que estaban en la habitación en una silenciosa advertencia de no subestimarlo.
—Severus —dijo Feodras en un gruñido—, si bien tu sentido del humor en bienvenido, no todos aquí apreciamos el sarcasmo en tu última frase.
«Harry Potter aquí, es el joven del que te contaba encontré abandonado a un lado en mi tienda. Así que apreciaría tu ayuda con el tema concerniente a su tutor mágico y la custodia del joven señor Potter.
—¿Custodia? —dijo Harry sorprendido, su magia calmándose al entender que era sarcasmo.
—Sí Harry, custodia. —Feodras asintió y añadió— Sabemos que Dumbledore es tu tutor mágico y si este se enterase de que faltas en el hogar de esos muggles, él podría obligarte a volver o colocarte con otra familia de su agrado. Notando su gran juicio al elegir los anteriores, decidí no arriesgarme a que esto sucediera y llamé a Severus por ayuda.
«Tenemos pocas opciones, la verdad. Si dejamos las cosas como están, Dumbledore y su poderoso por el bien mayor tendrán demasiado control sobre ti. Emanciparte no sería una opción viable, ya que tendría que ser aprobado por el ministerio, lo que llevaría a explicar por qué quieres emanciparte y no creo que quieras tu vida privada expuesta de tal modo, mucho menos creo que estés listo para volver al ojo público del mundo mágico. Ni hablar de la reacción del público ante los muggles tratándote de esta manera, se desencadenaría una cacería de muggles imparable que nos expondría enormemente.
La última opción que nos queda es lograr traspasar tu custodia a alguien más hasta que cumplas 14 y puedas reclamar tu señorío como el último miembro vivo de la noble y antigua casa de Potter, para ser legalmente un adulto».
A Harry la preocupación lo invadió rápida y fríamente, como las veces que Petunia decidía que se bañará con la manguera en el patio trasero y Dudley se ofrecía voluntario a sostenerla. Dolorosamente se dio cuenta que su libertad pendía de un hilo delgado que se rompería más y más si evitaban este asunto. A Harry le hubiese gustado emanciparse, pero Feodras le explicó que la emancipación era un trámite tratado por el ministerio de magia y no Gringotts como Harry creía. Después de todo, si bien los goblins eran poderosos, solo se encargaban de la economía de los magos y la única manera de emancipar a un mago era si este tenía catorce años y era el último miembro vivo de la familia principal de una casa noble y antigua. Harry decidió que los Filaidas serían sus nuevos tutores.
—Entonces —susurro Harry, la duda cubriendo su voz—, ¿Cómo piensas hacer esto Feodras? Obviamente los prefiero a ustedes como tutores que unos desconocidos.
—Ahí —Severus dijo— entraría yo, señor Potter. Dispongo de varios conocidos con hilos fuertes dentro del ministerio que nos serán de ayuda para que esto se solucione discretamente y Albus no se entere de nada.
—¿Albus? — Harry no pudo evitar preguntar ante el uso tan familiar del primer nombre de su guardián mágico. Los labios de Severus se crisparon en irritación.
—Mis disculpas, me temo que al trabajar tantos años en Hogwarts bajo su mandato este me pide que lo llame por su primer nombre.
—¿Cómo se entonces que eres de confianza si pasas la mayor parte de tu tiempo con ese hombre?
—No por gusto, Potter —dijo y su voz daba el tema por cerrado—. Feodras, si no te importa, me retiro y te informare en el instante que tenga una respuesta de Lucius.
Dejando la habitación silenciosa, Severus Snape salió del lugar con la ira ante verse atrapado en las consecuencias de otros de los juegos de Albus y que este incluyera al hijo de Lily, de todas las personas.
…
Dando vueltas en su cama, Harry Potter no podía dormir, la preocupación por su custodia no lo dejaba y las luces danzando en su ventana le recordaban que tenía algo para hacer. Sacando de su mente el hecho de que Darrius aún no lo dejaba salir, Harry se sentó en la cama y observó las sombras en la pared que las luces creaban. Frotándose los ojos, notó sorprendido que estas empezaban a tomar forma.
Danzando irritadas, se juntaron y doblaron hasta tomar forma de runas, Harry había aprendido gracias a Darrius de que podía leerlas fácilmente «y al parecer eso es lo que leía en el domo sobre la casa de los Dursley». Apareció ante Harry una sola runa, Ehwaz: la runa de cambios durante el movimiento, la que representa dos caballos enfrentados, le llamaba a comenzar su cambio, a moverse.
Decidido, Harry se puso una de las capas que Feodras le dio, se colocó las gafas con marcos de acero y volteó hacia la ventana. Aun podía ver las luces, débilmente y borrosas, pero ahí estaban. Silenciosamente bajo las escaleras hasta la trastienda, para salir en la misma callejuela donde fue encontrado. Parado allí, las luces giraron a su alrededor, formando una y otra vez a Ehwaz y añadiendo a Sowilo en ello. Guiándolo hacia adelante, Harry las siguió y pronto atravesó todo el callejón Knockturn hasta el final.
Situado frente al muro de ladrillos que era el final del largo callejón, Harry no entendió por qué las luces lo trajeron hasta allí, hasta que estas empezaron a girar sobre el muro, cada vez más rápido, hasta que lo atravesaron sin dejar rastro. Confundido, Harry estuvo a punto de retroceder e irse. Sin embargo, justo cuando retrocedía un solo paso, la tierra pareció temblar y polvo cayo desde la pared, provocando que tosiera y cerrara los ojos.
Al abrirlos, en el suelo frente a él, un oscuro túnel le invitaba a adentrarse en sus profundidades.
…
Severus Snape no era un hombre feliz.
Si tratamos de decir cuando exactamente él dejó de ser feliz, podríamos señalar que desde el momento en que su madre le confesó a su padre que ella era una bruja. Severus tenía cuatro años cuando pasó y se encontraba escondido en el armario de la cocina, había querido sorprender a su madre cuando esta abriera la puerta de dicho mueble… el sorprendido terminó siendo él.
Su madre en esa época era una persona radiante, su sonrisa lo iluminaba todo y Severus adoraba aún más cuando cada noche le leía cuentos sobre criaturas fantásticas y recetas de cocinas asquerosas (nada entendía él que se trataban de pociones), para luego arrullarlo y desearle buenas noches. En ese momento, donde sin saberlo será la última vez que su madre se verá radiante, su padre llevaba dos meses sin conseguir un nuevo trabajo y este le mostraba preocupado que el sistema de tuberías no funcionaba, su madre normalmente reparaba las cosas con magia sin que él lo notara y, viendo que esa era una gran oportunidad, las reparó frente a su esposo.
Al principio todo fue bien, sus padres habían discutido solo un poco por la traición que el señor Snape sentía por el enorme secreto que su esposa le había guardado, pero rápidamente decidió ignorar eso al no querer generar problemas. Aun así, con el tiempo, el padre de Severus no volvió a conseguir trabajo, comenzando a ahogar sus penas en alcohol y una tarde, cuando estaba medio ebrio, Eileen Snape antes Prince trató de distraerlo explicándole lo que era la transfiguración mientras Severus le quitaba los zapatos a su padre para poder acostarlo. En su lucidez de ebrio, le exigió a su esposa que transformara algo en oro para poder venderlo, ante la negativa de esta y, sin darle tiempo de poder explicarle los principios de la transfiguración que hacían ese acto difícil y poco duradero, el hombre furioso golpeó por primera vez a la señora Snape. Esa tarde fue marcada por la primera vez de ese acto, sumergiendo a la familia en un círculo vicioso donde en sus momentos de lucidez el señor Snape se disculpaba con su esposa, esta perdonaría a su marido y haría como si nada hubiese pasado.
No es como si eso pudiese ocultar la verdad de ese lugar.
Severus frunció su seño en irritación, las cosas en su hogar tenían altos y bajos —más bajos que altos — con su padre ebrio la mayor parte del tiempo y su madre negándose a irse por no pedir ayuda a la familia que había abandonado. Su única luz había sido Lily… hasta que llegaron a Hogwarts.
Las diferentes casas y, aún más, los merodeadores los distanciaban poco a poco, pero la brecha se hizo extrema el día que Severus pronunció esas palabras.
Sangre sucia.
Sí, él dijo eso, en un momento de rabia profunda que venía acumulándose dentro suyo lentamente. Cada broma mortal a la que era sometido, las negativas del director al castigarlos, el que Lily no entendiera el porqué de sus amistades en Slytherin y, luego vino ese hechizo… Levicorpus.
Él lo había inventado y solo se lo mostró a Lily, se había sentido traicionado. Ahí estaban, las personas que eran su principal tormento en Hogwarts, usando su propio hechizo contra él y luego llegaba Lily, la última persona que quería ver, la única (además de él) que supuestamente sabia ese hechizo, Severus en su dolor recurrió a su mejor defensa: su máscara de Slytherin.
Las consecuencias fueron desastrosas, Lily no quería verlo y por más de que rogó que le disculpara, cuantas noches pasara fuera de la sala común de Gryffindor o incluso ya no discutiera con los Merodeadores, dejando de defenderse y agachando la cabeza. Ella nunca lo perdonó por esas dos palabras dichas en un momento de dolor y humillación.
Sí pudo perdonar a James Potter obviamente, este demuestra un poco de madurez y, de repente, ya es un buen samaritano. Olvidados quedaron los recuerdos de todas las humillaciones y peligros mortales a los que lo sometieron, las burlas hacia las otras casas, el odio excesivo hacia la casa de las serpientes y todas las personas que fueron víctimas de bromas pesadas y excesivas, casi sin merecerlas la mayoría. James Potter, honorable Gryffindor, si merecía una segunda oportunidad.
El corazón de Snape la primera vez que los vio juntos no se rompió, no fue uno de esos momentos en los que puedes escuchar el sonido de este despedazándose en mil partes. En cambio, su corazón, fue sometido a una inmensa marea de momentos que se llenaron de amargura y resentimiento, en los pasados años en los que se disculpaba, una tras otra vez, sin importarle que esto le trajera malos momentos con los demás Slytherin, por perseguir a alguien que lo estaba haciendo arrodillarse por una mirada; vio como Lily de enfurecerse cuando los merodeadores lo hostigaban, pasaba a ignorarlo, como si lo mereciera; vio las miradas frías y los silencios castigadores; la forma en que la cabeza de su lirio giraba rápidamente en los pasillos al cruzarlo; las notas y regalos devueltos sin abrir y la espalda pequeña de porte elegante que se alejaba caminando lentamente, negándose a hablarle.
Así, su corazón se ahogó profundamente en un océano negro de rencor e injusticia. Ese año se convirtió en aquello que tanto le acusaban, entró profundamente en las artes oscuras y tomó cada palabra dicha contra su casa como personal.
Me quieres oscuro, me volveré oscuro.
Él empezó a ver amargamente la fila de asientos vacíos que las demás casas dejaban entre los Slytherin y ellos en clases. Duras cadenas salieron del fondo del océano, donde su corazón estaba, envolviéndolo y anclándolo en este, al interponerse entre las serpientes de primer año y los alumnos mayores en rojo y dorado que los atormentaban. De esta manera, injusticia tras otra, se aferraron profundamente a él, susurrándole palabras sobre crueldad e igualdad, guiándolo en la dirección de las únicas personas que le decían las mismas cosas.
Al final de ese año escolar, Severus Snape era un fiel mortifago.
Las cosas comenzaron a salir mal desde allí, el señor oscuro parecía perder la razón a pasos agigantados y, en cuestión de unas pocas semanas, este se volvió completamente irracional, claro que nadie se lo dijo. Luego, apareció la maldita profecía y en el momento de que esta señalo a los Potter como objetivo, por primera vez en mucho tiempo, el corazón de Severus se aceleró y tembló de manera ridícula. A pesar de todo, aun amaba a Lily como la primera vez que la vio, y para salvarla fue capaz hasta de obtener un segundo maestro que lo utilizara, se volvió el espía de Albus Dumbledore.
Ahora, el hijo de Lily era víctima de las maquinaciones de Albus y él tenía que asegurarse de salvarlo.
Severus suspiró cansadamente y, viendo los papeles en sus manos, se levantó del cómodo sillón hacia la chimenea. Tenía unos gemelos para contactar.
…
Harry caminaba lentamente a través del túnel bajo el callejón aun sin creer que se estaba metiendo de cabeza en esto, tendría que haber bajado con los gemelos, aunque dudaba que le creyeran o lo dejaran volver aquí.
Las luces iluminaban a su alrededor y, por primera vez, las vio moverse lenta y pacientemente, no con los giros frenéticos e intrépidos con los que siempre estaban. Por lo que pareció un largo tiempo, Harry caminó entrando cada vez más profundo y, entre que más descendían, una por una las luces salían disparadas hacia adelante hasta que quedo una sola que guío su camino hasta el final del túnel.
Sinceramente Harry no sabía que esperar, tal vez una cueva con tesoros y libros antiguos o una intricada red de laberintos subterráneos que conectarían todo el callejón. Pero, sin duda, no esperaba caminar hasta una simple cámara de paredes de piedra, tierra como suelo y pilares grises hasta el techo, con solo una gran piedra negra gravada en el medio del lugar.
Acercándose a la piedra, su cabeza empezó a doler. La piedra tenía gravada runas en toda su superficie y con solo verla, los ojos de Harry daban vueltas por la sobre información de las runas y poder que brotaba de la misma.
Adolorido, le dio la espalda a la piedra y comenzó a caminar con la mano pegada a la pared en busca de pasadizos o algo así. Tal vez, se dijo a sí mismo Harry, debió de hacerle caso a Darrius y esperar su permiso para salir, quizá los adultos hubiesen encontrado algo.
No, negó con su cabeza, él sabía muy bien las consecuencias de confiar y pedir ayuda tan rápidamente. Los gemelos Filaidas podrían llegar a ser sus tutores, pero Harry no quería confiar tan rápidamente en ellos. Si bien eran magos y por esto no marcarían a Harry como un fenómeno como los Dursley, él los examinaría largamente antes de decidirse.
—Bueno, pareces decepcionado joven mago.
Si a Harry alguna vez le preguntaran, no, él no gritó ante la voz y mucho menos saltó tan alto que termino cayéndose al aterrizar, menos aún giró su cuello tan rápido, como para partírselo, para ver de quien se trataba.
Frente a Harry se encontraba parado el hombre plateado más alto que había visto en su vida (era en realidad el único hombre plateado que vio en su vida). Vestido con zapatos de una pieza de cuero, pantalones largos y una camisa a medio muslo de cuello cuadrado sujetada por un cinturón de cuero tachonado y peinado con dos trenzas finas colgando de su oreja derecha. El hombre gritaba vikingo en todo su ser, sin contar la espada de guerra que colgaba del cinturón.
Harry hubiese salido corriendo sino fuese porque el hombre era plateado, medio transparente y reconocía en él a las luces que lo guiaron aquí.
—¿Y tú quién eres? —preguntó Harry.
—Primero, joven, creo que sería correcto que te levantaras del suelo —le dijo el hombre. Sus ojos, al igual que todo su ser, plateados, miraron a Harry fijamente de manera espeluznante al no tener pupilas.
Con las mejillas rojas, Harry se paró apresuradamente.
—Si no quieres que la gente se caiga al suelo, no aparezcas de la nada y las espantes así —le respondió azorado.
—Me gustas pequeño, te he estado viendo desde que llegaste al callejón. No había visto una vista tan fuerte nunca. —El hombre sonrió y procedió a agacharse a la altura de Harry— Por si no lo has notado, soy Knockturn. Bueno, no siempre me llame así, pero específicamente soy la sala que cubre al callejón Knockturn.
—¿Sala? ¿Te refieres al gran domo plateado que cubre todo el callejón? —Harry dijo asombrado. Knockturn asintió en silencio, se paró y señaló a la piedra en medio del lugar.
—¿Ves esa piedra de ahí? En ella están gravadas las salas y es su fuente de poder… bueno, también mi fuente de poder ¿O sería yo la piedra? —dijo y apoyó una mano (Harry tuvo un sorprendente cosquilleo cálido) sobre su hombro— No importa. —Miró a Harry— Seres como yo, mi Sowilo, somos el fruto de la grabación de las salas. —El hombre debió de ver la confusión escrita en su cara— Veras, cuando un mago crea una sala para proteger un lugar, estas se alimentan de la magia residual del lugar y una vez que la sala es antigua y poderosa, gracias a la magia, nace de ella un guardián de la sala. Quiero decir que, con el tiempo, la magia de la sala se vuelve sensible por la magia residual y la sala misma se vuelve un ser sensible.
Harry quería tanto decir "No jodas" en este momento, pero él lo sabía mejor. Veía a la magia ser libre y salvaje todo el tiempo ¿Por qué no? Se dijo en una manera extraña para no entrar en pánico.
—¿Me estás diciendo con esto que, por ejemplo, las salas de Hogwarts, el callejón Diagon e incluso el Ministerio, son seres sensibles? —Knockturn le sonrió orgulloso.
—Veo que no estás muy sorprendido, pero el callejón Diagon aún no es una sala sensible, por lo que no tiene manera de tomar forma como yo. Es decir, es un lugar nuevo y tiene una sala relativamente nueva, comparada conmigo u otros lugares.
No es que Harry no estuviese sorprendido, es que estaba en su momento de esto no me puede estar pasando a mí.
Knockturn le siguió hablando y explicándole que eran muy pocos los magos que llegaron a conocer este secreto de parte de las salas, los magos de hoy ven la magia como una herramienta, más que un ser sensible y esto llevo a la completa separación con la parte sensible de la magia.
Lo más sorprendente es que Knockturn lo había mantenido protegido hasta que Feodras lo encontró, juzgándolo confiable. Bien, tal vez Harry no tendría que ser tan desconfiado con los hermanos.
—Con esto ¿Por qué me protegiste? —no pudo evitar preguntar.
—Harry —dijo Knockturn, era la primera vez que decía su nombre en toda esa noche—, debes saber que la cicatriz en tu frente, no es una cicatriz cualquiera.
— Lo sé, quedó después de que Volde…
— No. —Interrumpió a Harry— Esa cicatriz está señalada por la misma magia —Knockturn puso un dedo sobre la marca en su frente y Harry no pudo evitar jadear cuando su mundo cambió.
Una mujer pelirroja estaba frente a Harry, decía palabras que no comprendía. Dándole la espalda, Harry supo lo que vendría a continuación.
Cuando la escena de la muerte de su madre termino y el dolor se fue, una criatura dorada estaba frente él diciendo:
—Se fuerte mi Kappi. Que Sowilo ligado a Baldr te guíen.
—Sowilo —Harry susurró asombrado.
—Si —Knockturn asintió— Sowilo, la runa para el sol, asociada a la victoria y el poder, simboliza la integridad y la voluntad de triunfar. —Knockturn lo miró fijamente y poniendo sus dos manos sobre los hombros de Harry dijo —: Tu, Harry Potter, fuiste marcado por la magia misma para ser su victoria.
El mundo de Harry se volvió negro.
…
Inclinándose un poco más sobre la mesa de café ridículamente llena de comida, Feodras disfrutó de como palidecían los muggles ante ese gesto. Los parientes de Harry habían sido difíciles al comienzo, nada que un hechizo de fijación al sofá y otro de silencio no arreglaran. Detrás de él, Severus miraba intensamente la puerta del armario que había bajo las escaleras, lo que sea que el mago con la vista mágica entrenada estuviese viendo, sin duda no iba a gustarle para nada.
Arriba, las maldiciones que soltaba Darrius sobre desmembrar a los muggles y alimentar a los thestrals, no ayudaban con su humor.
—Muy bien señor Dursley —dijo y balanceó lentamente su varita, disfrutando del temblor en los muggles—, esto será simple y sencillo, usted y su esposa firmarán el papel frente suyo renunciando a Harry y yo… —Feodras sonrió cruelmente— les devolveré del techo a su adorable hijo— informó y miro hacia arriba viendo la criatura amorfa, entre un cerdo y un humano, a la que había transfigurada al despreciable mocoso.
Los Dursley solo asintieron temerosos y firmaron el papel. Sintiéndose realizado, el gemelo mayor procedió a borrar los recuerdos de esta tarde de los Dursley, para luego (con un hechizo considerado oscuro la verdad) desaparecer del lugar cualquier rastro de las firmas mágicas de ellos tres.
Con los papeles ya firmados, silenciosamente Snape caminó hasta el armario bajo las escaleras, tomando como una mala señal el que los muggles empezaran a moverse frenéticamente en su lugar. Abriendo la pequeña puerta, mientras tomaba nota de las cerraduras fuera de esta, Severus tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad y habilidades con la Oclumancia para no torturar a los salvajes en el sofá. En el pequeño armario se le presento una imagen triste y muy cruel, había un pequeño catre contra una pared, con solo una vieja sabana, arañas y polvo lo cubrían todo, lo más horrible eran las manchas de sangre seca por todo el piso.
Severus quería terriblemente despedazar a los Dursley, pero sabía que no podía, cualquier hechizo que provocara dolor a la familia alertaría a las salas, y tampoco querían que Albus supiera que magos estuvieron aquí si llegaba a controlar a los Dursley (aunque lo dudaba).
Pensando en todas las cosas que Albus podría hacer si venia, Severus conjuró una cámara mágica y sacó fotos de toda la alacena. Dándose la vuelta y caminando hasta los Dursley, apuntó su varita hacia Vernon Dursley y pronunció:
—Legilimens. —Lamentablemente, tuvo que asegurarse de no lastimar la mente del cerdo.
...*...*...
- γιαγιά: abuela en griego.
Aquí estamos, con el capítulo subido una semana antes gracias a la influencia de G (Ann también tuvo sus métodos convincentes). El capítulo va dedicado a ella por esto.
Llevo dos horas queriendo subirlo, pero el internet y las personas no dejaban de molestar.
Sus comentarios y votos serían algo increíble de dejar aquí (o no). La historia está en Wattpad, FF y Ao3 bajo el mismo pseudónimo, por favor si la ves en otro lado sin mi permiso explícito y mismo pseudónimo (además de agregar el nombre del sitio aquí) reporta.
¡Saludos!
