—Har…Har…ry.
Harry no quería despertarse, su mundo estaba cambiando demasiado y muy rápidamente. Hace unas semanas sus mayores preocupaciones giraban en torno a los Dursley y como escapar de ellos. Bien, él había estado planeando escapar, hubiese estado en un muy mal estado mental si creía que quedándose en ese lugar lograría llegar hasta sus dieciochos años para poder irse de manera legal.
Si bien Harry estaba contento por lo que pasó (¿Debería enviarles una nota de agradecimiento a los Dursley? Los modales era lo único que Petunia valoraba después de todo), esto podría haber sucedido en un año o dos tal vez, con su edad actual le sería difícil manejarse solo en un mundo totalmente nuevo para él, donde habría que añadir la nota feliz de que su nombre venía con un gran peso que acarrea, también, el hecho de que la gente trataría de utilizarlo gracias a eso.
Harry olvidó momentáneamente que no estaba solo, hasta que lo empaparon en agua.
Sentado en la cama y con agua goteando desde su cabeza, Harry aceptó las gafas que una mano borrosa le ofrecía. Viendo a medias por el agua, Harry frunció el ceño hacia Darrius.
—¿Era necesario empaparme? —dijo y, ante el asentimiento del gemelo menor, solo pudo mirarlo mal (no es que él se viera amenazador estando empapado en agua).
— Alégrate —dijo Darrius y sus labios de movieron en una sonrisa cegadora—, a Feodras lo despertaba con una mezcla de harina, café frío y lo que sea que encontraba. — La mirada de Darrius adquirió un brillo travieso que asustó a Harry, mientras el hombre recordaba los pocos momentos preciosos en los que podía hacer que su hermano perdiera su rigidez— Aunque— dijo e hizo una mueca dolorosa —, las venganzas de Feodras después rayaban lo doloroso.
Harry hubiese discutido para obtener más historias, pero su mente decidió que era un buen momento para recordarle los sucesos de anoche.
El callejón le habló. Un. Callejón. Le. Habló. ¡El jodido callejón le habló!
Bueno, le habló, Harry se desmayó de nuevo de una manera absolutamente espectacular y mágicamente (apréciese el sarcasmo, no el hecho de que obviamente fue con magia) apareció en su cama para ser despertado con agua fría por Darrius… Bonito día.
Darrius observó como la mirada de Harry se perdía de nuevo y sus ojos terminaban en la ventana. Por algún motivo, notó que cuando Harry tendía a olvidarse de todos a su alrededor, su mirada siempre iba hacia la ventana más cercana, como si esperara algo o quisiese salir. Sentía curiosidad por lo que Harry podría ver con ellos, su Vista era poderosa más allá de lo que nunca supo.
El niño se escapó anoche, lo sabía. Las salas son tan buenas como eso, en el momento que Harry abrió la puerta de su habitación a altas horas, Darrius lo había seguido. Hasta que al final del callejón su mente se abrumó con una neblina plateada invadiendo sus sentidos y para cuando se fue, Darrius estaba sentado en el piso y Harry por ningún lado.
Se quedó a esperarlo, apoyado contra la vieja y mohosa pared de ladrillos. Harry nunca apareció y Darrius despertó más temprano en su propia cama, costándole respirar y sintiendo su pecho y garganta tan pesados como si una persona adulta estuviese sentada en él. Sus dedos habían picado y los pelos de su nuca se alzaron, reconocía las señales para mantenerse fuera del asunto.
—De todas formas, Harry. —Darrius dejó de hablar al ver que Harry no lo miraba, silenciosamente tomo su varita y procedió a lanzarle un ligero hechizo punzante al niño en la cama, odiaba que lo ignoraran.
—¡DARRIUS! —gritó Harry mientras saltaba ligeramente.
— Nada de quejas jovencito. — Darrius puso sus manos en su cadera y miro severamente a Harry— Feodras te está esperando en la oficina de su tienda, necesita hablar contigo de algo.
…
Feodras observaba ligeramente divertido como Harry miraba fijamente los papeles de la custodia en sus manos. El joven llevaba ya diez minutos mirándolos sin reaccionar.
Lo que no fue divertido eran las memorias que Severus extrajo de la mente de esas personas, el constante maltrato, las golpizas y la podrida alacena bajo las escaleras. Él apenas pudo evitar que Darrius los matara a todos.
Obtuvo su venganza, claramente, pero Feodras tuvo que conformarse con analizar las salas y solo maldecirlos a sufrir de hambre sin importar cuanto comieran. Ató la maldición al armario bajo las escaleras, de esta manera se aseguró que, si alguien iba a revisar a los Dursley, descubrieran todo con ello. Aunque Albus Dumbledore no podría fingir ignorancia durante mucho tiempo, curiosamente las salas estaban configuradas para alertarle a Dumbledore si alguno de los Dursley sufría daños severos, pero nada para Harry, absolutamente nada aparte de una alarma ante la magia accidental poderosa.
Los Dursley no serían ayudados en un largo tiempo, las salas solo se fijaban si ellos tenían algún daño físico, ya que el hambre devastadora que sentirían solo sería eso, una sensación. Ellos seguirían comiendo desesperadamente y su cuerpo absorbería los nutrientes, pero nunca estarían satisfechos. No hay desnutrición, no hay daño físico, sin salas que lo noten.
Esperando a que Harry reaccione, Feodras tomó un pequeño trago de su té y disfrutó de la pequeña sensación de venganza y anticipación que se acumulaba en su pecho.
Nada evitaba que visitara a los Dursley una vez que Harry fuera un adulto ante la ley.
Si es que no morían primero de un ataque al corazón las morsas.
—Harry —llamó Feodras y una vez que el joven lo miró, continuó: —, Darrius quería hablar contigo sobre algo relacionado a su tienda, Panacea.
«Somos conscientes de tu rechazo a no querer ser mantenido y tu poca disposición a quedarte con nosotros. Así que, a cambio de que te quedaras con Darrius en el piso sobre su tienda, aceptarías un puesto de aprendiz con él y, si todo sale bien, en unos años otro conmigo.
Harry observo detenidamente la cara de Feodras en busca de algún engaño, sonaba demasiado bien y todavía tenía sus dudas.
—¿Qué hay con respecto a un salario? —preguntó.
—Los aprendices en sí no disponen de un salario, está a disposición y obligación de sus maestros la manutención de sus discípulos, así como su protección y bienestar. —Ante la negativa en la cara de Harry, Feodras agregó: —También un aprendiz dispone de más libertad para el manejo de sus horarios personales y puede renunciar cuando quiera al aprendizaje.
—Aun no me agrada la idea de ser mantenido.
—Tendrá que. El bono mágico que se forma entre aprendiz y maestro, obliga al maestro a cumplir con todas sus funciones. Si Darrius, o yo posteriormente también, te hiciéramos daño o atentáramos contra ti de cualquier forma, la magia nos castigaría severamente. —La postura de Harry se relajó ligeramente ante esto— Pensamos que la seguridad de este bono te gustaría más, ya que solo unas firmas en un papel no serían mucho. Bien ¿Qué dices?
Por un lado, Harry podría negarse, pero esto lo colocaría en una posición más insegura. Por otro, si aceptaba, el bono mágico se aseguraría de su bienestar y manutención sin posibilidades de ser engañado. La respuesta era fácil.
—Acepto.
—Entonces, esta tarde iremos a Gringotts para hacer un contrato, revisaremos las cuentas Potter y…— Feodras no sabía cómo decir esto suavemente— Harry. — Se agacho frente a Harry en el sillón para poder mirarlo a los ojos— ¿Sabes qué tuvimos que ir a los Dursley para que firmaran los papeles? —Harry asintió— Esto no será agradable, pero mientras estábamos allí, Severus vio el armario y…
La mente de Harry entró en estado de alerta máxima, él no quería que ellos lo vieran. Verán como fue tratado y solo pensaran en lo débil que es, él solo es un fenómeno.
Los monstruos no merecen un hogar.
Conoce tu lugar fenómeno.
Aprende que no vales nada niño, o te enseñare como los de tu clase deben de ser tratados.
Eres una carga arrojada a nuestra puerta por culpa del alcohólico de tu padre, agradece que te dimos un lugar, niño.
Cientos de frases más y recuerdos se precipitaron en la mente de Harry, haciendo hiperventilar. Él debía… tenía que salir de aquí, no es seguro, no es seguro, no es seguro.
—Harry— Feodras miraba preocupado al niño sentado, su piel se ponía cada vez más pálida, respiraba muy rápido y empezaba a mirar frenéticamente por todo el lugar. Colocando sus manos sobre los hombros de Harry lo llamo de nuevo— Harry… —Lo sacudió un poco y nada— Harry, niño.
Fue como si todo estallara.
De repente, Feodras ya no estaba. La mano en el hombro de Harry cambiaba rápidamente a una más pesada y gruesa, la persona frente a él se hizo más corta y gruesa, cubriéndolo con una enorme y pesada sombra.
—Niño.
Es hora de tu castigo niño.
Harry desapareció del sillón.
Feodras solo pudo observar conmocionado como Harry se aparecía, en un lugar donde eso no debería ser posible. En pánico, se paró y fue en busca de Darrius.
Tenían que encontrar a Harry.
…
Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…
Harry estaba en pánico absoluto, su tío vendría por él muy enojado. No tendría que haber hablado con la maestra sobre el armario, ahora su tío estaba enojado y el castigo sería peor. Abrazando fuertemente sus piernas mientras se mecía, solo siguió pidiendo perdón.
No lo hare de nuevo tío Vernon, lo siento, lo siento, lo siento. No lo hagas por favor, no volverá a pasar… lo siento, lo siento, perdón…
Harry rogó una y otra vez, pero esto solo parecía estimular más a su tío. Los chasquidos del cuero resonaban en el lugar y cuando los brazos se cansaron, los golpes por las patadas trajeron consigo los crujidos de sus huesos. Al final dejó de hablar, solo lo empeoraba todo.
…
Una mano extraña trajo a Harry de nuevo a la realidad, el cosquilleo que recorría toda su espalda le dijo de quien se trataba, pero no estaba de humor para sacar la cabeza de entre sus rodillas, ni aflojar sus brazos de sus piernas. Todo eso parecía doloroso.
—Ya está bien— dijo Knockturn y suavemente continuaba dibujando círculos en su espalda— Todo está bien niño. —Estremeciéndose, Harry gruñó.
—No me llames niño— se alejó de las caricias y miro fijamente a Knockturn, con los ojos brillando por el poder de su magia furiosa— él me decía niño, no me llames niño, no lo soporto.
—Está bien, está bien. —Levantando sus manos a la altura de su cabeza, Knockturn trató y falló en parecer inofensivo. Harry sonrió levemente ante eso— Mensaje recibido, ahora calma a tu magia y dime qué pasó.
Perdiendo la sonrisa, Harry volteó su cabeza hacia otro lado.
—Yo… fui un idiota—dijo y escondió su cara en sus piernas— Feodras me mostró los papeles de la custodia y hasta me ofreció que fuera aprendiz de Darrius, pero… él solo menciono mínimamente el armario, a los Dursley y entre en pánico. — Harry se giró y fijó su vista en los ojos de Knockturn, para luego bajarlo avergonzado— Luego, creó que Feodras trató de calmarme, pero… me llamó niño y yo solo, quería salir de ahí.
Knockturn miró a Harry y sonrió ligeramente. Poniendo una mano en su hombro y con la otra sacando una bolsa de tela de su cinturón, le indicó a Harry que mirara atentamente.
Sonriendo y cerrando los ojos por un segundo, Knockturn se concentró en encontrar algo que fuera valioso para Harry. Abriéndolos, movió sus manos para recibir en ellas una manta vieja.
Al instante, Harry trató de arrebatársela. Alejándola de su alcance, le prometió que estaría bien y que observara atentamente.
Extendiendo la manta doblada por la mitad y agarrando firmemente la bolsa con su mano derecha, le sonrió a Harry.
—Mira atentamente Harry, esto es algo que se hacía mucho en la época donde el callejón se creó. Es una tirada de runas, esta será de una sola runa.
Observando curiosamente, Harry vio como Knockturn metía su mano sin ver en la bolsa y sacaba una sola runa que posiciono como la sacó sobre la manta vieja de Harry.
—¿Nauthiz? —preguntó Harry confundido.
—Sí, Nauthiz, Naudiz o Nied —pronuncio Knockturn, asintiendo contento de que Harry sin saberlo conociera la runa— Nied es una runa que representa los obstáculos, el dolor y la necesidad Harry.
«Te insta a preguntarte ¿qué hay dentro de mí que está bloqueando mi progreso y como puede lo que siento servirme como guía, enseñarme? Es una crisis interior, un aprendizaje doloroso pero necesario, pues es aquello que duele desde dentro, pero nos puede hacer reaccionar.
La runa Nied es hambre, sensación de carencia. Es Karma. Aceptación. Transmutación. Empujón que nos da la vida para dar el salto.
Como herramienta de ayuda personal, puede estar queriendo que reconozcamos los miedos más profundos o la parte más inconfesable de nuestra personalidad y que nos enfrentemos a ello».
Mirando la runa al frente suyo, Harry no podía estar más nervioso. Entendía muy bien lo que quería decirle.
Con sus ojos, Harry le dijo a Knockturn que terminara.
—En una tirada la aparición de la runa Naudiz no es agradable pues no vamos a estar muy felices durante algún tiempo —prosiguió Knockturn —, pero nos ayuda a llevar a cabo el cambio que era necesario para estar realmente bien. Es una transición un periodo que hay que pasar y que finalmente será para mejor.
—Aun así, no me siento listo para volver.
—Entiendo. —Asintió Knockturn y guardó con cuidado la runa en la bolsa para luego atarla a su cintura— ¿Qué tal si te cuento algo?
—¿Algo como qué? —preguntó Harry y Knockturn se sentó a su lado para luego poner en las piernas de Harry la manta. Knockturn fingió no notar como Harry la abrazaba fuertemente.
—Veamos, te he dado una pista de cuando fui creado, si la tirada de runas no te sirve de ayuda, no recuerdo la fecha exacta, pero creo que hoy en día hablaríamos de unos siglos antes de cristo, en la época en que magos y muggles vivían en paz.
«Este callejón fue desde su inicio ocultado de los muggles, incluso entonces los magos querían mantener ciertas cosas en secreto. Al principio había tiendas de todo tipo y la magia no era discriminada ni clasificada de forma tan feroz y desigual.
Todavía recuerdo la época en que los niños podían correr felices por este lugar, las festividades como Samhain y Yule estaban vigentes, se celebraban aquí, y las criaturas caminaban libres y sin marcar. Sabes, no siempre fui tachado de sombrío.
Todo eso cambio rápidamente por nuestro querido callejón vecino. En la época de las casas de brujas, construyeron el callejón Diagon… atravesándome».
—¿Atravesándote? —No pudo evitar interrumpir Harry. Knockturn asintió tristemente y por su mirada parecía que la construcción del callejón Diagon le dolió profundamente.
—¿De dónde crees que viene el nombre de ese lugar? Antes Harry, el callejón Knockturn solía ser mucho más largo y grande sabes. Pero, con Diagon comprando toda la tierra y ocupándola, este callejón perdió fama… y gente.
«Las tiendas más famosas se mudaron al otro callejón y con ellas, todas las personas que aquí vivían. Con el tiempo solo quedaron algunas pocas que siguen aquí y se fue llenando de los negocios y personas que el callejón Diagon no aceptaba.
El ministerio en ese momento estaba cambiando, la influencia de los nacidos muggles era grande y la magia empezó a separarse y ser discriminado el lado oscuro.
Samhain, Yule y algunos otros se prohibieron, las tradiciones se perdieron y con ellas, el conocimiento de la magia, el respeto y agradecimiento a estas. La magia pasó a ser una herramienta más que nada.
Estos cambios ocurrían es todo el mundo y hoy solo quedan unos pocos lugares en América, Europa oriental y Asia que siguen las viejas costumbres».
—¿A ti te molestan los nacidos de muggles? — Knockturn se rio alegremente ante la pregunta.
—No es eso Harry, no me interesan —dijo— Son solo magos, mortales, como la sangre siempre será. El mundo mágico es un caos de puristas de sangre y pro-muggles, o traidores a la sangre, como quieran llamarlos.
«No se trata de puras sangres, traidores o nacidos de muggles. Es sobre la magia y como su sabiduría está siendo olvidada, prohibida e insultada. Llegará el día Harry, que la magia se cansará y decidirá irse.
—¿Irse? —preguntó Harry en shock— Hablas como si la magia fuera un ser viviente.
—¿Acaso no me ves? —dijo Knockturn y sus ojos miraron a Harry brillando aún más fuerte de lo usual— ¿No soy yo pensante y sensible? —Harry asintió— Entonces, ¿Por qué la magia no lo sería?
—No lo sé, creo que nunca me detuve a considerarlo.
— Nadie lo hace Harry, pero la magia está dando sus advertencias. Los squibs son prueba viviente de ello, la magia nos está castigando.
«Los squibs son cada vez más, los niños pura sangre se debilitan por su "sangre pura" y su exclusión de los nacidos de muggles. A su vez, los nacidos de muggles están mermando en número lentamente, ya sea los que vienen al mundo mágico como los que se quedan en este. Y luego, están los mestizos, que son curiosamente los magos más poderosos que hay.
¿No es un mensaje? Los magos sangre pura se debilitan, los squibs aumentan, los nacidos de muggles nos dejan y son los mestizos los más poderosos».
—Es decir, ¿Hablas de aceptación? —preguntó Harry. Para él, todos los castigos de la magia estaban llamando por igualdad y libertad.
—Mm.… podría decirse que Magia está exigiendo todo eso y más. Pronto lo entenderás Harry.
…
Harry se despertó horas más tarde. Se encontraba tirado en el suelo frente a la piedra de las salas de Knockturn, la tierra siendo extrañamente cómoda cuando sintió los zumbidos de la magia, un hechizo, bajo esta. Harry tampoco notó la manta que tenía encima hasta que trató de sentarse, era su vieja manta, de un color borgoña desvanecido y la palabra Potter en oro traslucido en una esquina.
Esas seis letras habían sido su único consuelo durante las noches en su alacena, de niño las trazaba una y otra vez preguntándose qué dirían. Una y otra vez pasaba sus dedos por encima, disfrutando de la sensación del bordado bajo las yemas de sus dedos. Había adorado esa manta aún más al descubrir su nombre, antes de que lo mandaran a la escuela por primera vez y luego aprendiera a leer para descubrir su apellido en ella.
Potter.
La boca de Harry se llenó de un sabor extraño. La amargura de la vergüenza, la sequedad de la confusión y lo empalagoso de la alegría remota invadieron su lengua. Hasta hoy, pensar en sus padres solo le trae un revoltijo de sentimientos indescifrables que todavía tiene que descifrar. Era solo un remolino de ira y deseo, durante los primeros cinco años de su vida pensó que su nombre era niño, monstruo o fenómeno, dependiendo del humor de sus parientes, hasta que comenzó a ir a clases. Durante los primeros seis años ni siquiera supo que les paso a sus padres hasta que la maestra mandó de tarea realizar un árbol genealógico y Harry juntó la valentía suficiente para preguntar, terminó por desaprobar eso.
Con los Dursley, sus padres eran extraños para él, lo sabía. Nunca conocería como eran, que les gustaba, si su padre jugaba con él o su madre lo arrullaba como Petunia a Dudley. Todo lo que supo no podía creerlo, no creía que murieron ebrios en un accidente de auto ni nada que le dijeran los Dursley.
Ahora sabia la verdad y el mayor recuerdo que tenia de ellos era de su madre muriendo frente a él rogando por su vida. Al fin sabia como era ella, con el cabello de un rojo atardecer y los ojos verdes como Harry, su voz había sido dulce a pesar de estar teñida por la desesperación. Era amargo saber que su único recuerdo de ella era su muerte, pero estaba feliz de tener una breve imagen de ella.
Doblando la manta cuidadosamente, se forzó a guardar esos pensamientos en lo más profundo de su mente.
Parándose, Harry notó que Knockturn no estaba. Más bien, su forma humana no lo era, las luces plateadas habían tomado su lugar y giraban de manera energética alrededor de la piedra negra con runas, proyectando sombras y luces por toda la sala.
Era momento de regresar.
Como si leyera sus pensamientos, un estrecho túnel apareció de la nada al otro lado del lugar, las luces giraron y se adentraron en él.
—Bueno, mira eso, al final si eres un laberinto viejo. —Se burló antes de ingresar en él, con las luces consiguiendo empujarlo y despeinarlo durante todo el camino en venganza.
…
Los brazos de Darrius eran cálidos.
No pudo evitar pensarlo. Cuando Harry salió del túnel a la callejuela entre las tiendas de los gemelos y entró a Panacea, la tienda de Darrius, era el mismo gemelo dueño del lugar él único dentro.
Dando vueltas como un maníaco y gastando ligeramente el piso de madera, Darrius giró su cabeza al sonido de la puerta y cuando lo vio, procedió a darle uno de los abrazos más asfixiantes de su vida, luego lo agarró de los hombros y le gritó un poco sobre matarlo de la preocupación y sacarle canas antes de tiempo
Darrius volvió a abrazarlo y gritarle a intervalos regulares, al final se decidió a solo abrazarlo y dibujar círculos en su espalda, más para calmarse a sí mismo que a Harry. Diciéndole que no volviera a hacer eso, pero lo perdonaba ya que Feodras era un idiota con la sensibilidad de una piedra en medio del desierto. Fue un buen momento para que Feodras entrara, lanzándole una mirada de muerte a su hermano por lo último y luego miró a Harry.
Agachándose a su altura sobre una rodilla, Feodras puso sus manos sobre los hombros pequeños de Harry. Preparándose para lo peor, Harry cerró los ojos.
—Harry —susurró Feodras—, abre los ojos. No voy a regañarte, ni a hacerte daño.
Aun reacio, Harry miró a Feodras y no pudo evitar jadear. Era la primera vez que veía su rostro mostrando algo de emoción, sus ojos de acero parecían del color de las nubes grises durante los días de viento que Harry amaba y una pequeña sonrisa adornaba su boca.
—¿Podrías decirme lo que te paso ayer?
—No me gusta que me llamen niño —dijo y no necesitó más explicaciones, Feodras asintió y entendió que no debía presionar más. Aun así, las manos en sus hombros temblaban un poco y Darrius lo abrazó más fuerte contra su pecho.
—¿Nos dirás donde estuviste? —él negó y Darrius intervino con voz firme.
—Es suficiente Feodras, no vamos a obligarlo a decírnoslo y aún hay temas que tratar —Amonestó y luego despeinó el cabello de Harry, empujándolo suavemente hacia las escaleras—. Ve a cambiarte Harry, debemos ir a Gringotts.
…
La visita a Gringotts no fue para nada bonita, Harry tuvo que tener la capucha de su capa todo el tiempo arriba, no sería bueno que alguien lo reconociera cuando supuestamente estaba siendo amado y consentido por sus familiares muggles. Algo similar le pasaba en Knockturn, procuraba mantenerse fuera de la vista de los habitantes del lugar, no sería bueno que lo vieran y terminara siendo una noticia de primera plana en El Profeta.
Salieron del callejón Knockturn para entrar en Diagon y Harry odió el lugar a primera vista. No era solo que el lugar había condenado a Knockturn al ostracismo (bueno, eso era la mayor parte), si no también lo eran las miradas que la gente le dirigió a los gemelos al salir del lugar, las personas se abrían a su paso, las brujas alejaban a sus hijos y las palabras que fingían ser susurros hubiesen provocado que tía Petunia lavara la boca de esas personas con jabón, como lo hizo con Harry cuando se negó a llamarla tía. Había que sumarle la multitud de magos por el lugar, apenas dejando espacio para caminar (no es como si eso fuera un problema para ellos gracias a su discriminación) y la magia en todo el lugar, demasiado brillante, cegando a Harry y apestando a hipocresía (eso ultimo puede ser solo su disgusto hacia el lugar).
Una vez en Gringotts, los duendes fueron extrañamente amables, de una manera sarcástica, pero cortés, al ver a los gemelos y procedieron a llevarlos con el administrador de cuentas de los Potter. Una prueba de sangre más tarde, Harry tenía en su poder las cuentas Potter, y al parecer era el heredero de las cuentas Black, con un padrino aparentemente traidor sin juicio en Azkaban y la voluntad de sus padres sellada por orden del Jefe de Magos del Wizengamot hasta que fuera mayor de edad.
Muchos papeles de cuentas después, él había roto un jarrón del lugar en un ataque de magia accidental al descubrir el dinero pasado mensualmente a los Dursley por su manutención, pero se calmó segundo después al firmar los papeles para el aprendizaje.
Una mala parte fue cuando procedieron a realizar un examen médico completo, registrando en un pergamino (uno muy largo) todas las lesiones y enfermedades que alguna vez sufrió de manera cronológica. Lo peor vino para el final, Feodras le explicó que necesitarían sus recuerdos de su estancia con los Dursley en caso de que Dumbledore descubriera el traspaso de custodia e intentara forzarlo a volver.
Maldiciendo profundamente a Dumbledore, Harry fue forzado a las peores cinco horas de su vida, alcanzando lugares de su mente que hubiese preferido no ver nunca más, uno a uno los recuerdos fueron extraídos, uno a uno vueltos a vivir al tener que recordarlos. Los frascos se llenaron de manera espantosa hasta los bordes, trece frascos brillando en azul se burlaron de él y si no fuese porque no quería pasar todo esto de nuevo, Harry los hubiese estampado contra la pared más cercana.
—¿Feodras? —llamó Harry, buscando una distracción al dolor punzante en su cabeza y la necesidad extremadamente fuerte de asesinar a cierto mago director de Hogwarts.
—Dime Harry.
—¿Quién es el Jefe de Magos del Wizengamot?
—Albus Dumbledore ¿Por qué lo dices?
—VOY A MAT…
Con la mano de Darrius cubriendo su boca y Feodras sacándolo al pasillo para decirle que uno no va por ahí anunciando en voz alta a sus próximas victimas ("en serio mocoso, pensé que te enseñe mejor ¿Cómo crees que Darrius aún sigue vivo?"), Harry tuvo que conformarse con maldecir al viejo mago mentalmente.
Era tarde cuando terminaron, Harry estaba lo suficientemente agotado como para no quejarse cuando Darrius lo cargó todo el camino. Los frascos iban en sus brazos, se había negado a dejarlo en Gringotts, él tenía un lugar incluso más seguro que el banco mágico para guardarlos.
Esa noche las pesadillas invadieron a Harry y este no se quejó cuando Darrius, alertado con los gritos, lo envolvió en un abrazo y le leyó un libro de pociones hasta que cayó dormido de nuevo.
...*...*...
Este capítulo fue algo agridulce de escribir y aun me pica la nuca por querer hacer más. En fin, las tareas y las aburridas obligaciones mundanas me llaman al deber.
Me han dicho que se leía el código de escritura, acabo de reemplazar el capítulo. Si sigue figurando el código de escritura, vuelvan a notificármelo por favor. Gracias y perdón por el inconveniente.
Sus comentarios y votos serían algo increíble de dejar aquí (o no).
¡Saludos!
