Harry caminó apresuradamente entre la multitud en Knockturn. El callejón estaba inusualmente lleno de gente, con magos y brujas susurrando entre sí sobre un intento de robo a Gringotts con el ladrón en fuga. Harry podía ver entre todos ellos a uno o dos aurores en incógnito, destacando como pulgar adolorido entre las personas con sus comportamientos "oscuros" para encajar en el ambiente. Todo en esos aurores, desde la daga y varita mostradas para intimidar y la postura demasiado tensa gritaba novatos ¿Quién muestra sus armas y guardia tan abiertamente?

Harry pasó entre dos magos discutiendo y un auror escuchando para tropezar luego con una túnica larga y golpear el costado de un hombre que pasaba rápidamente. La poción multijugos podía hacer que Harry pareciera Feodras, pero no hacía nada para ayudar a su pobre equilibrio con el cambio de altura.

Todo esto de tener que disfrazarse cada vez que entraba y salía de la sala de Knockturn estaba poniendo los nervios de Harry de punta, si el callejón no estuviese tan lleno él no tendría que hacerlo. Tal vez fue por eso que Harry tardó en reaccionar ante el rastro de magia que el hombro con el que tropezó dejaba tras de sí.

Harry se quedó quieto y parpadeó dos veces antes de reaccionar, terminando en una carrera apresurada empujando a las personas y bajando rápidamente por el callejón sin importarle que se ganara una mirada o dos. Estiró su cuello, el cuello de Feodras, por reflejo, aunque con su altura actual no lo necesitaba ¿Dónde estaba? El mago parecía haber desaparecido, pero Harry juraba conocerlo. La magia del hombre se había sentido en primera instancia inofensiva, débil y poco llamativa, como una simple brisa de verano oculta entre cientos de otras más poderosas, pero luego había estado ese hilo de magia que se entrelazaba y consumía la otra más débil. Era solo una mínima corriente de magia oculta entre los tonos celestes casi invisibles del otro mago, parecía de color negro, pero Harry juraba ver sombras de otros colores en esta y se arrastraba silenciosa por el ambiente como la noche en sus horas mortales.

Harry siguió el hilo de magia sin pensar hasta que el instinto puro y desagrado hizo que frenara, mirando a sus pies, estaba a un paso de entrar al callejón Diagon. Dio un paso atrás nervioso y miró a su alrededor, empezaba a ganarse miradas del otro lado. El hombre misterioso podía esperar y Harry volvió a la seguridad de Knockturn.

—No, Harry, concéntrate ¿En qué estás pensando? Perderás los huesos de tu mano, de nuevo —Knockturn corrigió a Harry, la séptima vez en esta tarde y Harry tuvo que tragarse las réplicas que quería soltar, él ya sabía que no estaba funcionando. La voz de Knockturn volvió paciente e instruyó: —. Vamos, respira lentamente y abre tus sentidos. Siente la sangre correr por tus venas, el sonido de tu respiración dando vida a tu cuerpo y la contracción de cada músculo dentro tuyo… Bien, sigue así… Ahora imagina cada parte de ti minuciosamente, cada vena y tejido que te forman, mira hasta la punta de tu pelo e inténtalo de nuevo.

Harry siguió las instrucciones de Knockturn inconscientemente, con la facilidad que viene de la practica Harry alcanzó su magia y se concentró en guiarla a cada parte de sí mismo, lentamente ocupando cada rincón. Detrás suyo, Knockturn dijo el siguiente paso, pero Harry ya estaba allí incluso antes que eso. Respirando lentamente, sintió el cosquilleo de la magia al cooperar con sus deseos sin dolor, el pelo de Harry creció un poco y se movió solo en una trenza que rozaba sus caderas, sintió el tirón particular de huesos, músculos y piel estirándose y creciendo y la rareza de las facciones de su cara cambiando.

Cuando Harry abrió sus ojos y vio a Knockturn sonriendo, Harry supo que lo logró. En lugar de Harry Potter ahora había un hombre veinteañero de rasgos faciales firmes y marcados parecidos a Knockturn, más alto, con el pelo negro en una trenza intricada de la cual caían mechones que enmarcaban su rostro y ojos plateados que brillaron orgullosos.

Knockturn suspiró pesadamente, viendo la copia joven y a color de sí mismo.

—No sé si golpearte o felicitarte, me pediste esto porque la poción multijugos te parecía ridícula, pero el objetivo era usar una forma que no destacara Kappi. —Knockturn reprimió las ganas de reír cuando su sonr miró al piso avergonzado.

—No es como si pudiera usarla siempre, es difícil de sostener. —Y como comprobando sus palabras, el cambio físico hecho a través de magia retrocedió y los ojos verdes se vieron decididos— De nuevo.

Harry miró al hombre de figura oscura sentada en el tren con él ¿Esto era en serio? De todas las cosas que Dumbledore podía hacer, el viejo mago le ponía guardias como si Harry fuera idiota y no lo notaria.

Severus Snape tampoco parecía contento. El hombre había atemorizado a la mitad del tren y la otra mitad simplemente se escondía de él con los instintos dominando para huir de un depredador.

No es como si Harry no quisiera huir también, no de Severus. Harry quería huir del tren, saltar por la ventana lejos de Hogwarts y no mirar atrás hasta llegar de nuevo al callejón Knockturn.

—¿Y qué excusa usó el anciano para ponerte en el tren? —preguntó Harry, Severus lo miró fijamente y los labios se crisparon irritados.

—La sabiduría de Dumbledore a determinado que, oficialmente, estoy aquí para tranquilizar a los padres con el reciente robo a Gringotts. Si dicho robo sucedió hace un mes o no, parece no calmar sus preocupaciones de que un ladrón de bancos iba a ir en un tren lleno de adolescentes con varitas, mocosos insufribles, pero superado en números solo por los de séptimo año.

Harry se tragó la risa que quería salir y sonrió con ojos brillantes a Severus, el humor del mago pareció mejorar un poco a juzgar por la ligera suavidad en su postura.

—¿Y extraoficialmente? —dijo y el mayor adoptó la expresión que Harry reconoció como la que el pocionero usaba cuando hablaba de sus clases y Gryffindors, o ambos.

—Estoy aquí para vigilarte. —Harry soltó un suspiro cansado ¿Cómo si tuviera elección u opción en esto? — Para Dumbledore ahora eres un factor desconocido que debe analizar y… teme que escapes.

Harry hizo una mueca burlona, pero la mirada de Harry descendió hasta el brazo izquierdo del mago, Snape posó una mano sobre el lugar.

—Los magos de la luz sí que son fáciles de engañar, no hablo de Dumbledore, sino de todos esos padres que aprobaron que tu fueras el que vigilara el tren, como si no quisieras matarlos igual. —Severus no se dejó engañar por el cambio de tema.

—¿Cómo se ve? Mi Vista es leve en comparación.

—Sigue latiendo y cambiando, está un poco más oscura… algo mínimo —contestó, Harry no despejo la mirada de la marca y Severus retiró su mano resignado. Le atraía verla, se iluminaba en oscuros tonos que giraban perezosos y mortales, arraigados en la esencia de Severus, pero conectados con su lanzador. Esa era la Marca Tenebrosa, una conexión del receptor al lanzador, capaz de localizar al receptor donde fuera que este y forzar su presencia, pero lo peligroso de ella era como se conectaba a Severus, la marca era capaz de provocar dolor al conectar con la magia del receptor residente en el brazo. También podría extraerla, condenar al marcado a la muerte ante el shock de la perdida de magia rápida.

Harry suspiró de nuevo, a este paso envejecería antes.

—Hogwarts no será tranquilo por lo que veo…

Hogwarts apestaba, bueno no, los magos en ella lo hacían. Decidió Harry mientras caminaba entre el silencio aturdido de todo el Gran Salón hacia la mesa de Slytherin ¿De verdad? Podrían cerrar las bocas, aunque algunos decidieron usarlas mejor para susurrar mago oscuro a sus espaldas en cuanto se sentó y el shock de la noticia parecía desaparecer.

Harry intentó cenar pacíficamente, bloqueando todo su alrededor, así como la mirada centelleante de Dumbledore y la presumida danza de la magia de Severus al tenerlo en su casa… Bueno, Harry podría burlarse de eso con él más tarde.

Sabía que fue tonto el aceptar entrar en Slytherin, se había ganado nada más que la sospecha de Dumbledore y el resto de la población estudiantil por eso, pero Harry quería tener esto para sí mismo, aunque sea. Estar donde debería estar y no pasar todo Hogwarts fingiendo ser un alegre Gryffindor solo por el bien de Dumbledore o jugar al niño héroe.

Un codo puntiagudo sacó a Harry de sus pensamientos y Harry volteó a ver al dueño del golpe. Un par de ojos color mercurio lo miraron y Harry recordó a Knockturn.

—Malfoy, Draco Malfoy —dijo el niño, la voz sonaba altiva y Harry se preguntó cuánto tardaría en sacar ese tono del niño Malfoy.

—Potter, Harry. —Esto dio la entrada para que todos los demás niños de primer año se presentaran.

Harry caminó silenciosamente por los pasillos de las mazmorras de Hogwarts. Era imposible dormir, con la guardia en alto sin descanso por las miradas sucias que había recibido de los años superiores, rodando en la habitación compartida con Malfoy y escuchando los susurros de la magia alzándose en la Sala Común de Slytherin, Harry decidió que era mejor salir y que fueran tras él si de verdad se atrevían, a quedarse en la habitación sin saber si podía confiar en Draco Malfoy, quien además parecía tener el sueño orgullosamente pesado… y preferiría que no hubiera testigos si algo ocurriera.

Se deslizo entre las sombras sintiendo la magia de Hogwarts vibrar bajo sus pies fuertemente, curioso, Harry se quitó sus lentes y miró a Hogwarts claramente.

Era como zambullirse en un océano cálido, con miles de corrientes tirando de él en diferentes direcciones. Era pararse en el centro de un huracán, que gira lentamente, en el corazón de un caleidoscopio que cae en colores que lo envuelven. Hogwarts era una obra maestra de hechizos entrelazados y corrientes de magia atrapadas en un glorioso, complejo y encantador nudo.

La mayoría nunca podrá contarlo, pero no hay patrón aquí; Hogwarts no lo necesita. Ella es una maravilla, de líneas torcidas, hechizos que caen y encantos en cascada. Cada patrón se construye en otra pieza, enredadas hasta nunca ser capaz de separarse.

Y ahí, Harry lo sintió y empezó a avanzar lentamente con la mente nublada y el corazón palpitante. Ahí en cada rincón visible, la sangre de cuatro fue derramada en la creación de este lugar, los cuatro ataron su alma en los ladrillos que alzaron, son parte de Hogwarts como la piedra de la que está hecha.

Harry vio, sintió y escuchó mientras avanzaba entre laberintos de pasillos, atajos y falsos caminos, mientras toda la magia del lugar palpitaba viva y lo guiaba sumergiéndolo cada vez más en su mismo ser hasta que todo terminó abruptamente y Harry se encontró parpadeando confundido en medio de una sala oscura.

Velas se encendieron por todo el lugar y Harry dio su primer vistazo al lugar: la habitación era rustica, con paredes y suelo de piedra sencilla, vacía de mobiliario alguno y una muy grande, y dolorosa a la vista, piedra tallada… Bien, Harry supuso que algo así pasaría, Knockturn le advirtió de la antigüedad y poder de Hogwarts.

Lo que Harry no espero fueron los cuatros juegos de luces que surgieron de la piedra y giraron por el lugar ¿Cuatro?... Oh, Harry pensó, dieron sus vidas, almas y magia por Hogwarts.

Y, como un llamado a sus pensamientos, cuatro figuras surgieron de las luces: la primera fue intrépida y salvaje, roja y, él que supuso que era, Godric Gryffindor le miró. Alto, una sonrisa de héroe en su rostro con los ojos verdes confiados mirándolo alegres y el pelo rojo y extrañamente corto y ondulado. La segunda figura vino de la luz amarilla y Helga Hufflepuff, de pelo rojo trenzado, brillantes ojos azules y la sonrisa más amable que nunca vio, le saludo educadamente y miró a la luz a su lado: el azul brillo un segundo en impaciencia y una mujer alta de buen porte, con los ojos oscuros inteligentes y el pelo del color de los cuervos lo miró seriamente, a Harry le recordó las historias sobre Palas Atenea de Feodras. Por ultimo e inesperado, el verde dio sitio a Salazar Slytherin, rompiendo casi todas las suposiciones de Harry al verse como un adulto treintañero de cabellera negra larga y ojos grises astutos que se sintieron como si buscaran veinte formas distintas de desmenuzarlo y salir ileso. Brillando momentáneamente de rojo, los ojos de Slytherin acompañaron a una sonrisa pequeña y fría.

Harry pudo decir mucho en ese momento, presentarse educadamente para dar una buena impresión o, tal vez, hasta exigir una explicación ante la imposibilidad de que un grupo magos se volvieran seres de magia pura, pero conservaran sus aspectos mortales y no la coloración de un solo color como Knockturn. Quizá también pudo entrar en shock, pero Harry solo abrió su boca y exclamó un río verbal que haría que Darrius lo regañara por dejarse escuchar siendo grosero, Feodras le dijera maneras de serlo sutilmente y Severus se burlara de sus palabras pobremente elegidas:

—Mierda, joder, por las bolas arrugadas de Merlín… Iugh, no, eso no —Harry dijo rápidamente y soltó una risita nerviosa que lo incitó a empezar a caminar de un lado a otro— ¡Están vivos! Vivos… ¿Cómo es que están vivos? No, olvida eso, no contestes Gryffindor. Mierda, son de color, tienen color… Knockturn no me aviso de esto, debí de imaginar que no me diría todo. Callejón estúpido y sus acertijos. Tengo a los fundadores de Hogwarts aquí, vivos. Bueno, algo parecido a estar vivos… Slytherin no parece un viejo calvo esquelético y malvado. —Harry ignoró la respuesta venenosa del mago y empezó a caminar aún más rápido, su mente avanzando a grandes velocidades— Alma, sangre y vida, literalmente mezclados con este lugar, mi Vista no me engaña. Pero ¿Cómo? —Harry ignoró también la apertura de boca de Rowena Ravenclaw para seguramente responderle y alzó una mano para indicarle silencio, notó distraídamente que Helga Hufflepuff ponía una mano sobre el hombro de Ravenclaw para tranquilizarla mientras ocultaba una risita.

«Tal vez con una matriz rúnica y el ritual en Samhain para asegurar el traspaso del alma, ¿Uruz? La fuerza para iniciar algo, logros que requieren esfuerzo; Raido, para el camino; Kano, el fuego de la purificación y reencarnación; tal vez Gebo, el regalo, para ofrecer la vida, alma, sangre y magia; Isa, el hielo que trae la nueva vida; Perth ¿Cómo centro? Iniciación mágica, muerte y renacimiento; Algiz, para la protección y su propósito de ser protección; Pondría a Sowilo, que trae la victoria; Ehwaz, movimiento, cambio y victoria sobre la muerte y, la más peligrosa, la runa blanca: fuerza, poder, la nada y el todo, destino y lo inexplorado, el vacío como final y principio... Imposible.

Esto es inestable, la magia necesaria para un efecto y activación duradero, sumado al gran control mental para orientar el propósito, la nobleza para que la magia acepte el motivo de sumarse a ella… Por supuesto, lo dieron todo al hacerlo, se necesitaría tal nivel de magia que drenaría a un mago poderoso y terminaría con su vida… ¡Vida! Dieron una vida para esto, los fundadores de Hogwarts con este tipo de magia ¿Quién?».

Un silencio aturdido le dio su respuesta, los cuatro fundadores le miraban como uno con los ojos abiertos enormemente y miradas incrédulas de cejas altas. Gryffindor rompió el momento silbando bajo y dándole a Harry una sonrisa afilada y divertida.

—El chico casi lo tiene todo ¿Eh? Podrías perder tu lugar Rowena, cuidado.

—Oh, silencio Godric, el joven tiene talento y hay que apreciarlo —Ravenclaw dijo y Hufflepuff se adelantó para luego voltear a ver dulcemente a Harry.

Oh, oh.

Por algún motivo la mente de Harry se puso en alerta máxima y le gritaba para salir ahí. Si el paso atrás de Godric Gryffindor era una indicación, provocar a Helga Hufflepuff no era una buena idea.

—Ahora, cariño. Hay asuntos serios de los que necesitamos hablar…

Harry miró al profesor Snape sin mostrar la desesperación que sentía ante la falta de respuestas del hombre. Así que, puede que los fundadores realizaran un ritual profundamente oscuro (según estándares ministeriales) y lograran ligar sus almas y magia a la de Hogwarts pasando a ser una especie de guardianes voluntarios de sus protecciones, hasta el fin de la escuela velando por sus alumnos por el precio de una vida.

Una vida, la vida de Salazar Slytherin. El mago astuto al parecer había priorizado la seguridad de los alumnos cuando sus tres colegas estaban firmes con respecto a recibir nacidos de muggles en plena cacería de brujas. Slytherin había investigado cientos de formas de hacer al castillo lo más seguro posible, la idea de ligarse a las salas surgió, pero para poder realizar el ritual, el nivel de exposición y esfuerzo era tal que la vida del mago que lo hiciera llegaría a su fin, siendo el vínculo y precio necesario para ligar las otras tres almas al castillo.

Salazar había descartado la idea, hasta que Gryffindor fue herido gravemente en un pueblo muggle al tratar de contactar a un alumno que no había regresado. El alumno fue encontrado muerto y Gryffindor apenas escapo con vida. La vida, de repente, se la respiraba con la muerte más cerca y Slytherin vio que la mortalidad no lo era todo. Si las cosas salían bien, Salazar pasaría a un nuevo tipo de vida y, a sus debidos tiempos y momentos, sus colegas estarían con él.

Helga agregó suavemente y con la mirada en blanco que encontraron el cuerpo de Salazar en medio del complejo circulo de runas, entre algunos otros artículos, el amanecer del día siguiente a Samhain con una carta esperándolos a todos. Godric, con los ojos oscuros, dijo sonriendo que golpeó a Salazar fuertemente cuando se volvieron a encontrar y Rowena había mostrado una extraña sensibilidad al agregar lo sorprendente que era encontrar un lado inesperadamente suave en Slytherin, había pensado que Salazar era el tipo de persona que mataría por uno, no que moriría.

Salazar Slytherin solo dio una explicación a medias:

—Mis metas estaban cumplidas, ahí estaba mi más grande sueño: un lugar seguro para los magos, donde jóvenes podrían aprender las bellas ramas de la magia sin restricciones ¿Y yo? ¿Qué quedaba más que un hombre que podría llegar a anciano viendo su más grande logro destruido por muggles? Hogwarts fue mi mayor ambición y haría lo que fuera, de hecho, lo hice: para verla eternamente de pie, inamovible.

Harry volvió a la realidad cuando Severus se inclinó ligeramente para hablar. Lo importante de la reunión con los fundadores no había sido como habían conseguido ser parte de Hogwarts, era lo que sabían sobre Hogwarts y sus habitantes.

—Me dices que, de alguna manera, sabes que Albus Dumbledore tiene la piedra filosofal y que el Señor Oscuro está poseyendo a Quirrell, pero no vas a decirme cómo lo sabes —pronunció Severus, las palabras lentas y suaves como la serpiente mortal deslizándose en la noche hacia su presa— Tendría que no creerte y designar esto como delirios de un mocoso con aires de grandeza y necesidad de atención, pero… te conozco y no encuentro manera de explicar cómo sabrías de la piedra en solo tu segundo día de clases. —Snape se reclinó contra su silla en una muy escasa muestra de cansancio y de repente, con los hombros cansados y la mirada vacía como dos túneles oscuros sin fin, frente a Harry estaba sentado un hombre que había pasado por una guerra y mucho más— ¿Confirmaste lo de Quirrell?

—Lo vi con mi Vista, sin anteojos, hay dos magias en su cuerpo. —Harry decidió omitir cuidadosamente que la magia de Quirrell era exactamente igual a la del hombre en el callejón Knockturn.

—Salazar me libre de esto. —Harry tuvo muchas dificultades para no reírse.

—Wingardium Leviosa —dijo Harry, era la octava vez y nada. Volvió a revisar los estúpidos y conflictivos movimientos de muñeca, pronunciación y repitió: —Wingardium Leviosa.

El profesor Flitwick frente a él parpadeo sorprendido, la clase entera miraba en silencio la rareza de todo. Harry sintió como si estuviera lastimándose, forzando a sus pulmones a soltar aire que no tenían y negándose a respirar.

—Es extraño, señor Potter, su técnica es impecable y no hay errores de movimiento o habla… raro, muy raro. —El profesor Flitwick se alejó murmurando para sí mismo, alguien al otro lado de la habitación tosió una sola palabra:

—Squib.

—Hazlo de nuevo, señor Potter, visualiza a la cerilla convirtiéndose en aguja. Adelante —le dijo McGonagall y Harry apretó los dientes en frustración plena, la atención de los maestros se debía más a que la magia no salía de su varita y no podía hacer ni un simple Lumus con está. McGonagall, al parecer advertida por Flitwick, había separado a Harry de sus compañeros y esto no ayudaba ni detenía los susurros y miradas que podía sentir a sus espaldas.

Esto solo no se sentía bien, Harry estaba acostumbrado a la magia libre moviéndose con él y trabajando como uno. Tratar de forzarla a pasar por la varita y obligarla a actuar le dolía, la magia de Harry simplemente parecía desbordarse y su varita se calentaba al punto de quemar. Harry ya podía oler a madera quemada y McGonagall lo excusó para irse.

¿Por qué los magos se limitaron a las varitas? Knockturn le contaba historias de tiempos donde no eran necesarias, pero con la desconexión con la magia vino la dificultad para realizarla. Las varitas solo fueron la solución de los magos y la magia de Harry ya acostumbrada a ser libre se negaba a volver a doblegarse.

Estúpidas varitas.

Harry empezó a caminar más rápido por el pasillo hacia la biblioteca, tenía que encontrar alguna manera de no usar la varita tonta.

—Aún lado, squib. —Un sexto año de Ravenclaw empujó a Harry a pasar, la magia se juntó en sus dedos lista para atacar cuando la profesora Sprout bajó por el pasillo y Harry apretó sus manos y se dirigió a la biblioteca rabiando.

Al entrar, el silencio del lugar fue suficiente para calmar su enojo y Harry se sentó solo en una esquina alejada luego de agarrar los únicos dos tristes libros que había en Hogwarts sobre varitas, uno sobre su historia y otro pequeño introductorio a su creación.

La desesperación lo comía al notar que necesitaba herramientas especiales para poder extraer el núcleo de su varita y dejar la madera vacía y bonita. Si lo hacía solo con su magia podría generar una explosión o la destrucción total de la madera y núcleo. Ahí va la idea de la varita vacía y falsa.

No podía usar solo cualquier varita falsa, Harry sabía que tenía que ser una copia de la original o la original en sí. Dudaba de que Dumbledore no tendría memorizada la varita hermana de la de Voldemort y aun no conseguía hacer transfiguraciones permanentes como Knockturn quería. Era arriesgado tener que estar transfigurando un pedazo de madera todo el tiempo, lo atraparían.

¿Qué tan malo sería revelar su magia sin varita? Era una mano a la que estaba reacio a renunciar.

Una luz amarilla giró a su alrededor y Harry supo que lo necesitaban. Empezó a guardar sus cosas y notó distraídamente que las clases de la mañana habían terminado, todos debían de estar en el Gran Salón. La luz empezó a despeinar su cabello y Harry dijo divertido:

—Voy, Helga, Voy. No hay necesidad de eso.

Sonriendo, el joven mago salió del lugar sin notar al par de ojos rojos observándolo desde las sombras.

Harry miró de nuevo a Draco sentado a su lado, el rubio lo había arrastrado a una mesa de estudio en la sala común junto a los otros primeros mientras susurraba por lo bajo el honor de apoyar y defender a la casa. Ahora Harry estaba obligado a fingir prestar atención a la diatriba de Draco y los demás contra profesores ineptos mientras trataban de ayudarlo.

Harry se concentró en mantener su sonrisa en una que no delatara las ganas que tenia de asesinar a alguien en ese momento, cuando alguien decidió que sería buena idea disparar un hechizo a su espalda.

Agachándose y esquivando, Harry vio la marca de quemadura en la mesa y siguió la trayectoria del hechizo hasta Flint y su grupo de año riéndose al lado de la chimenea. La sala común se sumergió en el silencio y Draco junto a los otros primeros años fueron arrastrados por los mayores fuera del camino.

Flint caminó hasta él y apuntó su varita a la cara de Harry. Harry se levantó lentamente y se paró derecho frente al mayor, con la cara en blanco.

—Ahora, Harry Potter. —La voz de Flint era áspera y una sonrisa viciosa cruzó su rostro— No solo te atreves a quedar en Slytherin, mestizo de la luz, sino que avergüenzas a nuestra casa con tus habilidades de squib. —Flint se acercó un paso más, los centímetros entre ellos se reducían y la punta de la varita quemó bajo el mentón de Harry.

«Tienes magia, obviamente, de lo contrario no estarías en Hogwarts ¿Es este un plan de Dumbledore? ¿Busca acaso que el niño dorado nos reforme o que los malos y puristas Slytherin lo ataquen para tener un motivo más para señalarnos? Responde Potter, ¿o la marioneta del anciano no tiene lengua propia? Dumbledore debe de tener que escribirte un guion para que sepas que hacer ¿No es así?

Vamos ¡Haz magia! Un solo hechizo, un simple Lumus. Deja de fingir Niño dorado o Dumbledore no le enseño a su perro a ladrar».

Harry sintió que se cansaba de esto, podía notar la magia de Flint alzándose para un hechizo y la boca del mayor se abrió para pronunciar la primera silaba de una maldición. Rápidamente, Harry alzó su mano derecha y presiono un dedo contra el pecho de Flint.

Su magia se precipitó hacia adelante sabiendo que hacer y el cuerpo de Flint salió disparado hacia atrás, chocando contra sus propios compañeros. Harry caminó hacia él y Flint alzó su propia varita desesperado.

— ¡Stupefy! —Nada pasó, Flint miró la varita en sorpresa muda y volvió a intentarlo: — ¡Diffindo! ¡Expelliarmus! ¡FLIPENDO!

Nada, y Harry llegó hasta donde estaba Flint. Sus compañeros se apartaron y Harry se agacho al lado de Flint, sonrió dulcemente y presionó un solo dedo sobre la frente de Flint.

—Los problemas con mi varita son solo míos, no necesito de una para acabar contigo. Tu magia volverá, no te preocupes, solo envié un pequeño pulso de la mía paralizando temporalmente tu núcleo mágico.

«Duele, lo sé, pero. —Harry sonrió pequeña y dulcemente, inclinó la cabeza un poco a la izquierda, parecido a un niño contando una noticia alegre— Vuelve a relacionarme con Dumbledore o llamarme cualquier cosa que se parezca a que estoy bajo su servicio y te haré conocer dolores mucho más fuertes que perder tu magia momentáneamente.

Lograré que tu piel se vuelva y tu propia magia te coma desde adentro, cucaracha tonta, mientras tus bolas se arrancan solas y tus ojos se agranden hasta reventar en sus cuencas si sigues molestando.

Buenas noches, Flint».

Harry vio a Flint derrumbarse como si viera a un papel caer, tranquilamente se dio la vuelta y caminó hasta su dormitorio. Los Slytherin le abrieron pasó y Harry supo que escucharía de Snape al día siguiente.

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Gracias a todos los que leen y apoyan la historia.

¡Saludos!