Severus miró la forma en que Darrius se paseaba de un lado al otro en su oficina, el hombre dejaría rastros en su alfombra a este paso. Severus solo disfrutaba del espectáculo mientras Feodras aún regañaba a Harry como un susurro de fondo. El mago menor tenía la mirada vidriosa, que indicaban que estaba usando la Vista, o no escuchando en absoluto a Feodras.

—Perdiste una mano importante Harry, podrías habernos mandado una carta o avisado a Severus y te hubiésemos conseguido una varita falsa. Ahora Dumbledore sabrá de tu magia sin varita ¿En qué estabas pensando? Haz demostrado ser más listo que eso antes, Harry. Explica. —Una sola exigencia dictada por el mago. El gemelo quería comprender los motivos de Potter, sin dudas, antes de emitir un juicio o contramedidas para solucionar la situación.

A Snape empezaba a dolerle la cabeza con solo pensar en tener que lidiar con Dumbledore viendo a su niño dorado ser más poderoso de lo planeado. Aunque, Snape se enderezó abruptamente de donde estaba apoyado contra su escritorio, tal vez Potter…

—¿Notaste algo raro en las salas de Hogwarts, mocoso? —preguntó Snape y Potter hizo una mueca ante esto.

—Al fin alguno piensa ¡Maldición! —contestó Harry y todos ignoraron a Darrius gritando sobre "¡Lenguaje!" atrás— ¿Acaso creen que no analicé todas esas opciones? Sé que están preocupados ante la posibilidad de que Dumbledore se entere, pero, contrario a la creencia popular, el anciano no es omnisciente. —Ahora era el adolescente quien empezaba a caminar de un lado al otro. Suspirando, Severus se resignó a tener que comprar otra alfombra.

«Enviar una lechuza me sería imposible, las salas en Hogwarts están interrumpidas para que el director controle el correo. Severus, tu y yo sabemos que no puedo simplemente acercarme a hablar contigo durante el día, los cuadros avisarían al instante al director y, por si no lo notaste, tu red Flu está siendo monitoreada… Relaja tu magia, es solo reciente. Diría que lo puso ahí por que quede en Slytherin y como sabemos, por lo cual eso me lleva a la última cuestión, la casa de Slytherin es la casa de los secretos. Los Slytherin son un frente unido y ninguna serpiente hablara sobre lo que pasó si saben lo que les conviene, e incluso si lo hacen, será a su propia y discreta manera.

Ahora, ¿He calmado sus preocupaciones? Mis, oh tan queridos, tutores paranoicos que necesitan una taza de café, galletas y whisky fuerte para relajarse… Debo aclarar que no necesito decir para quién es qué».

Permitiéndose una ligera sonrisa, Severus disfrutó de ver a Darrius rodar con el mocoso por el suelo mientras el gemelo intentaba ahorcarlo por insinuar que él podría ser paranoico. Y, por la mirada de Feodras, Snape no quiso saber si las galletas serian para él o Darrius.

Convocando su taza con café, el profesor de pociones le dio una sugerencia o dos al estudiante de Hogwarts sobre donde sería mejor soltar impulsos de magia sobre Darrius y cuanto, para que el cabello del gemelo se erizara aún más.

Potter era un aprendiz rápido, sin dudas. Feodras, en silencio, se sentó a su lado dejando un plato de galletas sobre el escritorio de Snape.

Harry se sentó agotado al lado de una Gryffindor que no parecía tan ruidosa como sus compañeros. Por la pequeña charla de los gemelos y Snape, Harry se atrasó para la clase de Defensa. Ahora debió de sentarse con una leona, que literalmente parecía una ya, por su cabello raramente yendo contra la gravedad junto la mirada desafiante que le daba a Harry, y soportar al parásito insoportable en la nuca de su profesor.

Harry apretó los puños debajo de la mesa. A pocos metros de él estaba la persona que asesinó a sus padres y se dividía entre la necesidad de saltar a su garganta para arrancarle la espina dorsal desde su boca o enseñarle que un Señor Oscuro debería de tener la cabeza necesaria para no saltar como idiota ante una profecía que escuchó a medias.

Aun así, Harry perdonó a Snape el día que la verdad fue sacada a la luz cuando Harry intentó atacarlo al notar la magia leve de su marca oscura. Intentar fue la palabra clave ahí, Snape lo tuvo contra el suelo, atado y desarmado, en segundos y una muy alegre charla llena de grandes momentos de perdón y altruismo le siguió después, es decir, Harry amenazó de matar a Snape en cientos de formas distintas, Severus pasó todo el pequeño discurso de Harry con cara estoica para luego corregir todos los errores en sus patéticas excusas de asesinatos y finalmente relatarle como llegó a escuchar parte de una profecía en una entrevista muy sospechosa realizada en un bar de mala muerte para una escuela que tenía espacio más que suficiente para hacerla ahí.

Le fue muy difícil siquiera ver a Severus después de eso, le hizo falta muchas charlas de Darrius y un entrenamiento agotador de Knockturn "para hacerlo entrar en razón", antes de siquiera pensar en tratar de ponerse en el lugar del otro mago en esa época.
Cuando exigió la dirección de Flu del pocionero y se decidió a verlo, Harry había encontrado al otro mago ahogado en penas y alcohol, sobre la mesa de una casa pequeña y descuidada, murmurando disculpas y condenas por igual mientras se llamaba así mismo cosas que no quería repetir.

Con los dientes apretados, Harry había ayudado a Snape a acostarse y decidió que el mago había recibido suficiente castigo de su propia mente con el pesar de que él había conocido a sus padres y fue parte de la causa de su ida. Snape los conocía como personas, a su madre más que eso, para él habían sido humanos con vida y sentimientos, a los que condenó y la carga de eso era suficiente para llevar a alguien a la locura.

Harry solo los conocía como un concepto abstracto. Sabía que habían sido sus padres y que dieron sus vidas por él, y eso era motivo más que suficiente para valorarlo, pero él no sentiría ni por asomo el mismo dolor que Severus, nunca. Sus padres eran nombres, una sensación cálida y la sonrisa triste, pero amorosa, de una joven pelirroja en su último momento de vida.

Para Severus eran su amiga de la infancia, quizás su persona más querida, y si bien el otro no era más que su matón, a la vez era el hombre que Lily había amado, el padre de alguien, amigo y hermano de otros, era quien dio la vida por proteger a su familia. La que él sentía y sabía que ayudó a acabar.

—¿Cómo vivir con eso? —Severus había susurrado ebrio mientras se apoyaba tambaleante contra Harry camino a su habitación— ¿Cómo soportas verme ahora? Yo no puedo verme, miro mi reflejo y veo a alguien que condenó a toda una familia a su final. Fui tonto, debí saber que no escucharían, uno perdido en su propia mente y el otro un maestro manipulador que me condenó al vasallaje.

«No intente con todas mis fuerzas, solo trate de salvar a tu madre ¿Lo sabes? Él me prometió, él prometió… nunca había roto antes una promesa ¿Por qué la mía sí?... Ella me hubiese odiado, lo sé, si sobrevivía me hubiese odiado, pero estaría viva y a salvo. Estaría… ¿Cómo estaría? Lirio no soportaría vivir sin ustedes, solo la hubiese hecho sufrir ¿No es así? Solo sirvo para el sufrimiento…»

Harry había agradecido a la magia que Severus cayera agotado en ese momento, las lágrimas se habían deslizado por las mejillas de Harry sin control. Sollozando, se había sentado en el suelo al lado de la cama de Snape, pensando que ahí estaban los condenados del destino. Fueron marcados para cosas más grandes que las que ellos nunca imaginarían, condenados al dolor de tener vida y la agonía de amar y sentir ¿Serian siempre peones de los poderosos? A su lado un hombre, vasallo de dos poderosos, estaba vivo por la pura voluntad de cumplir la promesa de proteger a la descendencia de una amiga que lo había despreciado. Sufría cada día con el castigo del recuerdo y el lamento, la culpa recorriendo como sangre y la tristeza siendo el aire en sus pulmones ¿Cómo vivir con eso?

La leona a su lado le codeó ligeramente y Harry se vio forzado a salir de sus recuerdos, frente suyo un tartamudo Quirrell explicaba difícilmente el fundamento de las contra-maldiciones. Volteando a ver fríamente a la Gryffindor, los ojos verdes vibrantes exigieron respuestas y los castaños apagados solo miraron frenéticamente entre el profesor, Harry y sus propios pergaminos para luego nublarse y la boca, igual de nerviosa, empezara a soltar susurros increíblemente veloces sobre prestar atención en clases y como nunca avanzaría lejos si no atendía a las lecciones de Hogwarts.

Extraño.

La Gryffindor era más inteligente que la mayoría, pero su mente parecía tan cerrada y sus metas ingenuas, que Harry no pudo evitar tener malos presentimientos sobre esto ¿Qué persona actúa así? ¿Qué motivos hay para entrar en un frenesí absoluto sobre estudios, responsabilidades y alabanza a enseñanzas y profesores obsoletos? Si la leona fuera tan inteligente como parece, notaria los vacíos en la educación y la falta de preocupación de parte del profesorado hacia el bienestar y problemas de sus alumnos. Un compañero de su misma casa era acosado por su deficiencia en la magia, el niño Longbottom era un claro ejemplo de cómo su jefa de casa dejaba a sus estudiantes a que se las apañaran solos, y ningún otro profesor hacia nada tampoco.

Harry miró, fascinado y horrorizado a partes iguales, como la leona escribía palabra a palabra de lo dicho por el profesor y murmuraba por lo bajo todo lo que sabía relacionado a lo que este decía. A su alrededor, los otros estudiantes solo dirigían miradas irritadas hacia la Gryffindor o simplemente la ignoraban. La mano que escribía estaba tensa y el agarre de la pluma parecía doloroso, el tintero casi vacío se volcó dejando un rastro mínimo de tinta y la joven lo ignoró a favor de seguir escribiendo y susurrando incluso a través del pergamino manchado.

Ya encontrando la situación extremista, y con los instintos picándole, Harry se sacó sus gafas y miró a la leona. La magia de la joven, en un amarillo suave, era mayor a la normal en un mago de once años, pero lo extraño era como esta era la causa del elevamiento de su cabello ¿Qué demonios? Harry prestó más atención a los detalles y notó los mínimos rastros de magia ajena a la joven, entrelazados en las hebras de su pelo. Sintiéndose furioso, Harry vio lo que la magia le indicaba, hechizos de compulsión.

Había un hechizo de compulsión leve en casi cada hebra de pelo, como un arte delicado. El rastro era mínimo, apenas imperceptible, pero en conjunto eran la causa del comportamiento de la Gryffindor. Suspirando cansado, Harry se preguntó para que necesitaría Dumbledore a una estudiante con comportamiento obsesivo por los estudios y obediencia ciega a las autoridades.

—Aun no entiendo como Dumbledore terminó en la casa de Godric, en serio. —Salazar Slytherin dijo sarcásticamente. Harry frente suyo miró divertido como Godric intentó, y falló, en hechizar al otro mago. Rowena murmuro sobre personas con capacidades intelectuales respetables dejándose influenciar por brutos, a la vista de los dos magos discutiendo y Helga solo tuvo que aclarar su garganta, de esa manera particular que tenía para indicar que su paciencia se estaba agotando, y los dos hombres se callaron.

—Volviendo al tema importante —dijo Rowena—, si lo que Dumbledore quiere es la separación de las casas, con eso lo está logrando.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry y Ravenclaw sonrió como cada vez que tiene la respuesta a algo.

—La actitud de la joven en clases junto a su desesperación por complacer y responder preguntas seguramente generará roces con los de mi casa.

—Traducción: los lindos cerebritos de Rowe se pondrán celosos o molestos por la actitud sabelotodo-roba-atención de mi Gryffindor —Godric interrumpió y los ojos de Rowena podrían matarlo si quisiera—. Los listillos ignoraran o evitaran a la leoncita generando más tensiones entre las casas.

—Por como lo explicaste, joven Potter. A mis serpientes no les agradara que una nacida de muggles se comporte de manera grosera en clases, cuestione sus costumbres y quiera imponerse como la más inteligente. La despedazaran si pueden —Slytherin dijo serio y Godric murmuro sobre saber bien de no molestar a los alumnos de Salazar.

—Espero que mis Puffs no hagan nada malo, aunque quizás lleguen a evitarla si sigue así. Esas actitudes pueden llegar a molestar hasta al más amable de todos. —Helga murmuró distraída mientras evitaba que Salazar maldijera a Gryffindor. —Lo importante aquí, Kappi, es que trates de ayudar a la joven. Si Dumbledore eligió a alguien de tu edad y en la casa de Godric para semejantes alimañas, es porque vio potencial en ella y probablemente planeaba usarla contra ti.

¿Hogwarts no podría haber sido una escuela normal? Un Señor Oscuro parásito, el manipulador actuando de anciano benevolente, salas mágicas antes fundadores, varitas inútiles ¿Qué faltaba? ¿Una invasión troll?

—Un intento más, Harry. —Draco Malfoy a su lado lo alentó, el muchacho se sentía lo suficientemente seguro como para usar su primer nombre. La rubia era caprichosa, altanera y mantenía una máscara de seguridad todo el tiempo, Harry de momento solo había logrado que dejara de peinar tontamente su pelo hacia atrás, plantar semillas sutiles de como los Malfoy son reconocidos por ser magos fuertes por sí mismos y no copias de sus padres y de cómo el alarde de la fortuna o conexiones era contraproducente y vulgar.

El heredero Malfoy había mejorado y el tono altanero en su voz ya empezaba a desaparecer. Esto no quería decir que Draco Malfoy debía de cambiar sus puntos de vista o personalidad, el chico era sarcástico, de respuestas rápidas y astuto, Harry solo quería hacerlo su propia persona, algo más allá de ser el próximo Lord Malfoy.

Mirando la varita falsa en su mano y a la pluma que se negaba a levitar, Harry supo que las intenciones de Draco de prepararlo para la clase de encantamientos de mañana eran buenas, en todo lo que sus murmullos sobre avergonzar a la casa dejaban oír, pero Harry no estaba de humor, su magia se negaba a cooperar a los encantamientos y mañana era treinta y uno de octubre.

La varita ya no era el problema, pero el pronunciar los encantamientos ahora distraía a Harry de su objetivo. Debía trabajar con su magia a la vez que recitaba palabras latinas que no necesitaba y movimientos de varita ridículos, su magia solo le exigía un poco más de dignidad.

Encantamientos silenciosos, era lo que parecía exigir. Nada de forzar la concentración y magia a través de lenguas muertas, estas eran para los rituales y magia avanzada. Harry comprendía que su magia se avergonzaba que usara el latín para hacer levitar una pluma.

Libre, fuerte y digno, Kappi. No ocultes tu poder a ese nivel.

Suspirando resignado, Harry cerró su mandíbula e realizó el movimiento exagerado e inútil para levitar la pluma. La quijada de Malfoy a su lado se cayó por un segundo, pero el joven mago lo ocultó rápido.

Harry observó aburrido ver a las llamas moverse en la chimenea de la sala común de Slytherin, era una manera vaga de entretenerse mientras los demás estaban cenando en el Gran Salón con la fiesta de Halloween.

Halloween, se burló, los magos festejando Halloween y Navidad ¿Hasta qué punto olvidaron y rechazaron sus creencias solo para contentar a los nacidos de muggles de cuna religiosa cristiana? Harry se preguntó curiosamente lo que tendrían que soportar los nacidos de muggles que vinieran de crianza judía, musulmana, hindú, atea y parecidos. Hogwarts había decaído en contentar a la minoría antes de enseñar costumbre y cultura o poner siquiera un curso, e inclusive primaria mágica, para adaptar a los nacidos de muggles.

¿No les serviría el fomentar vínculos entre nacidos y herederos para el futuro? Los nacidos no eran más que sangre y magia nueva, poderosa, para renovar líneas y equilibrar las cosas. Los muggles tenían un nombre para esto ¿Endogamia? Era bonito ver como a los magos no les interesaba el riesgo que corrían sus hijos al mantener la sangre "pura". Ni siquiera existía tal cosa.

Entrando a la sala a través del muro, veloz como una flecha, la luz roja impactó contra el pecho de Harry dejándolo sin aire ante el choque de magia.

Godric no cesó y solo siguió impactando contra él y apresurándolo a moverse cada vez más nervioso.

— Ya ¡YA! ¡GODRIC! Por la barba de Salazar… No tiene barba —se interrumpió el mismo Harry y Godric solo lo golpeó de nuevo—. Bien, bien ¿Dime que sucede? —La luz se movió más rápido y Harry comprendió que Gryffindor no iba a formarse para hablar con él. Harry se sacó sus gafas y abrió sus sentidos a Hogwarts, Godric se rozó contra su mano y lo condujo a ver a través de las salas de Hogwarts rápidamente.

La gigantesca matriz de runas y hechizos que Hogwarts era le dio la bienvenida, la sala retumbo furiosa ante una intromisión en su barrera. Magia muy poderosa interrumpió en la sala. Apresurándose a través de ella, Harry vio confundido el objetivo de esta.

—¿Está bloqueando a la cruz de troll? —preguntó Harry asombrado. La cruz de troll era un amuleto hecho de un circulo de hierro cruzado en la parte inferior (como la runa Othila solo que circular). Ocultó sobre la puerta de Hogwarts, es un encantamiento que evita la entrada a trolls y elfos— ¿Hay un troll dentro o qué?

Godric levitó de arriba a abajo, como asintiendo, y Harry maldijo al idiota Señor Oscuro que decidió que meter un troll a la escuela sería una buena idea. Harry podría reconocer la firma de ese hombre (¿Gusano? ¿Parásito? ¿Chupacabras?) donde fuera y dejando salir su magia hasta tocar la barrera de la sala, Harry la deslizó de manera suave y respetuosamente hasta llegar al bloqueó puesto sobre la Cruz de Troll. Delicadamente enredó y tejió su magia con la del otro mago, ignorando ferozmente el cosquilleo cálido que lo recorrió, empezó a tirar de la magia invasora fuera de la sala y no paró hasta extraerla por completo. Fue agotador y Harry sudaba frío para el final, dependiendo de qué tan conectado este Voldemort con su magia, el mago notara la ausencia de su hechizo.

Sabiendo que dotaba de poco tiempo, Harry se apresuró mientras seguía a Godric a través de Hogwarts hasta el baño de niñas, donde no había ningún troll aún. Mirando mal a Gryffindor, Harry estuvo a punto de irse cuando escuchó los suaves sollozos procedentes de una letrina. Viendo la magia de una joven bruja ahí, Harry supo quién era.

—¿Hola? Oye, pequeña Gryffindor —llamó Harry y los sollozos se callaron al instante, era muy tarde para tratar de hacer como si no hubiera nadie—. Mira leoncita, me encantaría dejarte ahí llorando sobre la crueldad del mundo, pero hay un troll suelto y, al menos que quieras probar que tal te va como escarbadientes, sería mejor salir de aquí. —Una pequeña risa se escuchó y la puerta donde se ocultaba la leona se abrió lentamente.

La Gryffindor lo miró agradecida, pero en cuanto sus ojos subieron hasta la frente de Harry; los ojos castaños se nublaron y Harry se preparó para lo que vendría.

— Eres Harry Potter —dijo y, sin pausa, continuó velozmente: —. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, tú figuras en Historia de la magia moder... —

—Mira, por más bonito que es enterarme que soy Harry Potter ahora —la interrumpió Harry y disfrutó de ver como la claridad volvía a la leona—, me parece importante recalcar que hay un troll suelto por ahí y debemos…

El olor a una mezcla entre calcetines sucios y baño público le llegó a Harry y segundos después el troll pisaba fuerte dentro del baño. La Gryffindor gritó espantada y el troll balanceó su enorme bastón de madera contra ellos, instintivamente Harry volteó y se tiró sobre la leona para salir de la trayectoria del arma lenta pero mortífera. Harry empujó a la bruja para que reaccionara.

—Vamos, vamos… levántate y vete de aquí ¡Busca un profesor! … —que acabar con el troll yo solo no es una buena manera de llamar la atención, pensó Harry, pero no lo dijo. La chica no reaccionó por el miedo y el troll ya estaba balanceando su arma de nuevo.
Maldiciendo su suerte, a los viejos come caramelos y a señores oscuros idiotas a los que patearía si recuperan su cuerpo, Harry se levantó y con su magia arrojó una de las puertas de madera pertenecientes a las letrinas hacia el troll. La criatura paró en seco y parpadeó como si Harry le hubiese arrojado una bola de papel, acto siguiente se dirigió hacia él levantando de nuevo el bastón, Harry preparó su magia y el aire crepitó ante esta.

Madera, mármol y cañería se desprendieron de todos lados, se dividieron y tomaron forma de grandes, afiladas y letales agujas, elevándose sobre el troll y apuntando a zonas delicadas como el cuello, los costados del torso, articulaciones y entre las costillas. El troll no se detuvo, Harry arrojó las agujas sobre él y, reforzadas por la magia, se incrustaron todas hasta por lo menos la mitad.

El troll cayó muerto y en un charco de sangre asquerosa sobre el suelo. Segundos después, pisadas se escucharon y tres (y media) firmas mágicas entraron a espaldas de Harry.

—Harry Potter, Hermione Granger ¿En qué estaban pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada, el azabache miró hacia el espectáculo que el troll hacia y Hermione Granger se levantó del suelo hasta estar a su lado.

Severus miró agudamente a Harry y este desvió la vista hacia Quirrell, donde el profesor estaba en el suelo después de su entrada dramática. En cuanto McGonagall desvió su vista hacia Hermione, Harry miró fríamente y con una ceja hacia arriba al profesor. Este se levantó azorado y Snape fingió no estar divirtiéndose.

—Disculpe profesora McGonagall, pero debo aclarar que no sabía nada sobre el troll. No asistí a la fiesta de Halloween, como le advertí al profesor Snape, pero oí que Hermione estaba descompuesta en los baños y vine a verla. El troll nos tomó por sorpresa a ambos. —McGonagall miró a Snape buscando confirmación y Harry punzó ligeramente con su magia a Severus, este asintió con la mirada en blanco.

Él estaría en tantos problemas en cuanto esto acabara.

Harry se sobó el oído adolorido mientras caminaba desde el despacho de Severus hacia la sala común de Slytherin. Acababa de tener la regañida de su vida entre Feodras, Darrius y el mismo Snape, ahora su oído dolía por los gritos de Darrius (al cual fue muy difícil de evitar que saliera a asesinar al profesor Quirrell, Señor Oscuro o no).

El adolescente se detuvo en seco ante la persona que lo esperaba frente a la entrada de Slytherin. Hermione Granger, leona de Gryffindor, lo miró en silencio y Harry pasó a su lado buscando un lugar para hablar. La joven bruja lo siguió de cerca.

Ambos entraron a una sala oculta tras la pared, que se abría presionando la runa Dagaz tallada tras un tapiz, y se miraron el uno al otro en medio del lugar apenas amoblado. Hermione renunció al concurso de miradas primero y Harry sonrió divertido, ganándose la nariz levantada de forma despectiva de la bruja.

— Tú… —comenzó la bruja, Harry notó curioso a la magia de Granger luchando contra los hechizos ¿Cómo lo sabía? — Tú… ¿Puedes verla también? No hay otra manera, no… —Granger sacudió su cabeza fuertemente y luego parpadeó dos veces confundida, la magia luchando contra los hechizos de compulsión se detuvo— ¿Qué hago aquí? ¡Por Merlín! Van a matarme, o peor, expulsarme. —La Gryffindor notó su presencia y los ojos se nublaron más — ¿Potter? ¿Tú me trajiste aquí? ¡Van a expulsarnos a los dos! Se supone que estemos acostados ahora ¿Sabes la cantidad de puntos que perderemos si…

Harry tuvo suficiente, rápidamente lanzó su magia sobre la leona y la chica Granger cayó suavemente, sostenida por su magia, hacia atrás. Dormida se veía mejor, sin dudas.

Quitándose sus gafas, Harry se arrodilló al lado de Granger en el suelo. Mirando la melena salvaje y abundante, Harry supo que sería un proceso largo. Él necesitaba quitar cada hechizo, uno por uno, delicadamente con cuidado de no hacerlos reaccionar o Granger tendría un bonito cabello a la parrilla a partir de ahora.

Mientras comenzaba su trabajo, Harry no pudo pensar con ironía: Estoy prácticamente acicalando a un león ¿Es enserio?

Tiempo después, y un cabello menos salvaje y más ordenado, Hermione Granger abrió los ojos y pensó con claridad por primera vez en todo ese año. Sentándose lentamente, Hermione miró al causante de esto, que le devolvió la mirada con ojos de acero verde desde el único sofá en el lugar.

Harry Potter era un enigma que había intrigado a Hermione desde la primera vez que leyó sobre él en los libros de magia. Si bien al principio fue guiada por un hechizo a querer saber más sobre él, el incidente con el troll había desencadenado en Hermione la voluntad de quien encuentra su salvación cerca de ella.

—Explica —ordenó el azabache, en una imitación muy buena de Feodras.

—Cuando la profesora McGonagall vino a informarme sobre el mundo mágico, yo cometí la estupidez de mencionar que ella brillaba como yo. Ella preguntó más sobre el asunto, le explique sobre las bonitas luces que podía ver a veces —dijo Granger, la bruja se remojó los labios nerviosa y Harry rogó que no empezara a llorar al ver sus ojos humedecerse.

«La profesora McGonagall no volvió a mencionar el tema, así que pensé que todo estaría bien. —El labio inferior de Hermione empezó a temblar y Harry casi entra en pánico— Cuando Dumbledore se presentó en mi casa una semana después, les dijo a mis padres que McGonagall se había olvidado de mencionar ciertas cosas. Su magia se veía mal, no sé si tiene sentido…

—¿Era empalagosa? Arrastrándose sobre ti y fingiendo ser suave y buena —le interrumpió Harry y Hermione asintió, para luego continuar:

—Estaba por decirles a mis padres que algo estaba mal, cuando Dumbledore los hechizó. Cayeron inconscientes a un lado y luego les seguí de cerca. —Hermione inhaló aire nerviosa y Harry conjuró pañuelos, acercándoselos a la joven como si fuera contagiosa. La bruja rodó sus ojos, pero aceptó los pañuelos— Cuando me desperté, nada estaba claro, me hallaba en mi habitación leyendo frenéticamente un libro tras otro. Quería parar, ya los había leído ligeramente y deseaba ver a mis padres, pero no podía.

«Seguí y seguí, mis padres actuaron como si eso fuera normal y de repente, yo ya no era la misma ¿Qué era lo que me preocupaba? Ya no importaba, Dumbledore se volvió un icono y Hogwarts era todo lo que necesitaría en mi vida. Me halle tirando los libros que explicaban la cultura mágica, murmurando sobre oscuros y sucios cuando ni siquiera comprendía por qué.

Cuando Ronald Weasley dijo esas palabras sobre mí, de repente recordé que esa no era yo. Quería pegarle un puñetazo o dejarlo hecho polvo con mis respuestas usuales, pero salí llorando como una niñita. —Harry miró fascinado los cambios en Granger, la voz se volvió fría e indignada, el asco hacia su situación teñía sus palabras y podía ver la magia de Granger girando mortal a su alrededor, reaccionando a su bruja y su odio. La postura de la joven se enderezó grácil y el castaño brilló en tonos cobres en la mirada de alguien que decide sobre su propia vida— Y luego te vi… —Granger murmuró fascinada y el cobre vivo volteó hacia Harry— Vi tu magia libre ¿Sabes que tu magia corre única por tu cuerpo? —le dijo y la mirada se posó en el brazo derecho de Harry donde la varita falsa era sostenida— Todos los magos tienen un conducto de magia dominante y ancho en su brazo de varita, es el motivo aparente por el cual nos cuesta realizar magia sin varita y también porque necesitamos una, pero tú no lo tienes —le acusó la leona y deslizó un dedo sobre su mismo brazo de varita, siguiendo la línea de magia gruesa y de color amarillo que recorría desde su mano hacia su núcleo mágico— Eres poderoso y tu magia es libre, lo que hiciste con el troll es prueba de ello.

Pensé, en ese momento, pensé que tenía mi oportunidad frente a mí, y no iba a desperdiciarla».

Harry no pudo evitarlo, empezó a reír con carcajadas largas e histéricas ante la situación, como alguien que sabe que todo se está volviendo fuera de su control. Granger le miró de forma vacía, esperando que su momento de estupidez pasara y Harry se preguntó hasta qué punto era Dumbledore capaz de llegar.

—Así que esto era lo que planeaba —dijo Harry alegre—, tu aislamiento total. Dumbledore te uso como fuente de odio y separación de las casas, a la vez que se aseguraba tu soledad ¿Quién extrañaría a la odiosa hija de Muggles que no pudo soportar la presión de Hogwarts al final? —Harry tal vez estaba siendo cruel, pero él no suavizaría el asunto para consolar a la bruja, tenía que entender a lo que se enfrentaba— O bien, te sacaría de Hogwarts en algún momento y te usaría por tu vista, o estaba adoctrinando a un peón fiel que solo encontraría consuelo de su cruel existencia escolar junto al estudio y la mano extendida de su director benevolente que se acercaría a ayudar y brindar consuelo.

«Hubieses caído como una mosca ante la telaraña bien tejida… No me mires así, Granger. Ambos sabemos que tu habilidad y magia no hubiesen sido suficiente para luchar contra Dumbledore, pero ahora estás libre de eso.

Dime, leona ¿Qué tan buena actriz eres?».

Harry caminó contento hacia la sala de Knockturn. Eran las vacaciones de navidad, el día después de esta misma festividad, y Harry estaba con los gemelos lejos de Hogwarts. Llevaba consigo la capa de invisibilidad que el anciano director pensó que no notaria que venía de su parte, la firma mágica del otro mago prácticamente se arrastraba por la vieja capa de su padre, manchándola. Era un buen momento para que Knockturn le mostrara como manipular hechizos sobre artefactos delicados ya encantados.

La sala en cuestión lo esperaba sentado al lado de su piedra, Knockturn lo vio entrar con una sonrisa alegre marcando sus facciones.

—Ven aquí, Harry. Tengo un regalo que hacerte, mi Sonr —dijo Knockturn y, levantando una ceja interrogativa, Harry se sentó al lado de Knockturn dejando la capa a un lado—. Extiende tu mano izquierda hacia mí, Kappi.

Entendiendo la gravedad del asunto hacia el nombre poco usado por Knockturn, Harry extendió su mano y Knockturn elevó sus dos manos sobre la izquierda de Harry. La magia fluyó de la sala hacia Harry, obligándolo a apartar la mirada y, ante el picor doloroso que empezaba a sentir, Harry apretó la mandíbula esperando. Una vez que terminó y Knockturn lo llamó para que viera, Harry se atrevió a voltear a ver su mano izquierda.

Sobre el dorso de su mano, había un tatuaje de tinta negra ocupando su piel. Cuatro líneas se cruzaban entre sí, quedando como una estrella de ocho puntas, con un círculo central, con tres líneas que cortaban horizontalmente cada punta de la forma, justo después del círculo central y un semicírculo al final de cada línea.

Aegishjalmur, el símbolo brilló tenuemente en el mismo tono de plata que Knockturn, cuando Harry activó su magia. Luego resplandeció en el verde vivo que era Harry.

Levantando la vista asombrado, Harry preguntó con sus ojos lo que su garganta seca se negaba a decir.

—Aegishjalmur, Harry, es conocido como "la máscara del terror" —dijo Knockturn y una sonrisa traviesa que decía que acababa de hacer algo malo y no se arrepiente cruzó su rostro—. Lo que te diré es información perdida gracias al Ministerio. —la voz se volvió sería, y reconociendo una lección de historia, las cuales adoraba, Harry escuchó atentamente. Knockturn movió sus manos y de ella luces plateadas salieron formando la figura de un pequeño escuadrón de hombres armados, nórdicos o vikingos por lo que veía.

«En la antigüedad, cuando magos y hombres comunes vivían en paz entre sí, los hombres venían en busca de ayuda a los magos, ya sea por protección, videncia o hechizos. —Entre los hombres armados apareció otra figura de la nada, con un báculo de madera y vestimentas estrafalarias, un mago, que caminó entre ellos tocando la frente de cada guerrero— Uno de los regalos de los magos hacia el hombre fue Aegishjalmur, otorgada como un hechizo o símbolo de protección durante y para la batalla. —la máscara del terror apareció en cada frente tocada, los hombres parecían más fuertes y confiados con cada Aegishjalmur que aparecía, los rostros se ensombrecían y el símbolo resaltaba, ante todo— Para que funcionará en los hombres comunes, el mago debía pintarlo sobre la frente y para ti, como persona mágica, no será necesario.

Aegishjalmur volvía al portador casi invencible, otorgándole coraje y atemorizando al enemigo. —Los guerreros desaparecieron, quedando uno solo, un enemigo apareció frente a él y la máscara del terror entró en función. Se iluminó poderosa y el rostro del guerrero se volvió afilado con las facciones parecidas a los demonios que los hombres temían, con los dientes afilados, ojos rasgados y terminaciones frías y crueles. Harry podía jurar sentir el aura del hombre común volverse casi mágica, poderosa, asfixiante, gélida y letal, el guerrero enemigo cayó de rodillas ante la opresión de dicha aura, el brazo le tembló y la espada que sostenía cayó al suelo. — Era, Harry, uno de los mejores regalos del mago al hombre, pero luego los tiempos cambiaron y todo se perdió. —Ambas figuras desaparecieron aplastadas— Como siempre, el mago desconfió del hombre y el hombre tuvo miedo del mago y perseguido, hostigado y prohibido, el mago se escondió del hombre pasando a ser solo un mito luego de su caza.

Hoy en día, Aegishjalmur sería magia oscura, al influir sobre otro de tal manera y ser un símbolo tan poderoso, pero el Ministerio lo borró de la historia y no es más que algo de a lo que los muggles les gusta hablar.

Harry, mi sonr, con esto —dijo Knockturn y se inclinó a tomar la mano izquierda de Harry entre las suyas— espero brindarte protección donde yo no podré estar. —Las palabras de repente sonaban fatalistas y a despedida. Harry negó con la cabeza, no quería que Knockturn continuara— Se fuerte, Kappi, que un gran peso esta sobre tus hombros y aunque el camino parecerá difícil, resiste que pronto nos volveremos a ver».

Harry sentía sus pasos eternos. Knockturn le avisó, le dijo que corriera, que él no podía intervenir.

Mierda, mierda, mierda, mierda.

Ahí estaban, frente a Harry, solo unos pasos más. Las calles, como nunca, estaban llenas de curiosos. Lenguas afiladas del callejón vecino buscando algo nuevo de que hablar como si no tuvieran suficiente ya. Eran demasiados y Harry pasaba entre ellos empujando, esquivando y agachándose sin importarle hombre, mujer, anciano o niño: todos eran iguales al final, alimañas de vidas huecas desesperados por ser considerados buenas personas de la sociedad, hormigas dirigiéndose felices a su baile de la muerte ¿Harry hubiese resultado así de ser criado por sus padres? ¿Ignorante y feliz de vivir la simpleza de una sociedad cegada de luz?

En el frente de la multitud, al fin pudo verlos: Ambos en el suelo inconscientes y esposados para inhibir su magia. Sucios, desgarrados, maltratados y sangrantes ¿Qué importaba si merecían o no dicho trato? Los gemelos estaban ahí, no se movían sabedores de las consecuencias al hacerlo.

¿Cómo se atrevían? Aquellos magos y brujas en túnicas rojas reclamando atención, las manos de Harry se apretaron hasta que no sentía sus dedos. Aurores infelices de mentes obsoletas seguidoras de órdenes, las personas que arrestaban eran mejores que cualquiera de todos ellos.

—Filaidas Feodras, queda bajo arresto por ocultar y convivir con un Abstrahunt. —Uno de los aurores dijo. La multitud jadeó sorprendida, los susurros indignados y de odio llegaron a los oídos de Harry, palabras como desviado, oscuro, perdido, indeseable, lo forzaron a moverse más rápido.

—Filaidas Darrius, queda arrestado por el crimen de ser... —El auror hizo una pausa dramática, la multitud guardó calma expectante y las pisadas de Harry resonaron como balas muggles en el silencio— Un Abstrahunt.

Los gritos fueron instantáneos, el odio escupido desde las bocas hipócritas y muecas grotescas formándose en los rostros llamados buenos. Brazos, manos y dedos se movieron como uno señalando a las dos personas en el suelo como criminales, ellos solo cometieron el crimen de ser libres y pensar más allá.

Alguien arrojó una piedra a la cabeza de Darrius. El gemelo se encogió y Feodras trató de llegar a él, un auror pisó su espalda empujándolo al suelo.

Olvidada estaba la supremacía de la magia. Salvajes, que no podían ser nombrados animales, olvidaron todo honor, dignidad o comportamiento aceptable cuando más piedras siguieron y los aurores empezaron a ignorar las primeras oleadas de estás.

Harry no lo pensó, sus piernas se movieron solas, con magia impulsándolas a ir más rápido y, sin notarlo, había cruzado la distancia que lo separaba de los hermanos. Arrodillado sobre ellos en un momento, con gritos para que retroceda y su magia instintivamente moviéndose sobre las esposas, buscando sus encantamientos y jurando en voz alta al ver que se trataba de runas. Los encantamientos eran fáciles de desmantelar, un conjunto de magia con propósito representada en hilos rompibles, pero las runas estaban gravadas y tomaban más tiempo.

Brazos firmes agarraron los hombros de Harry tirando su cuerpo hacia atrás, Aegishjalmur empezó a brillar en su mano, una voz enojada ladró improperios y órdenes que no escuchó con el pánico creciendo en su pecho.

Debió de hacerlo.

Lo siguiente que vio fue un destello rojo y cayó inconsciente entre sus guardianes.

Sin saberlo, sería la última vez que estaría tan cerca de ambos en un tiempo.

¿Qué diablos era un Abstrahunt? Harry no lo sabía y no tenía modo de entender porque los gemelos fueron acusados de ser y esconder a uno. Las lágrimas corrían silenciosas sobre sus ojos y volvió a mover sus muñecas en un vano intento para que su magia le respondiera.

No lo hizo.

El aluminio alrededor de ellas escocia, y la silla a la que estaba atado era incomoda. Harry había intentado escaparse tres veces desde que se despertó y un auror, cansado de él, inhibió su magia y lo dejo atado en las sillas fuera de la oficina de aurores.

Aegishjalmur permanecía invisible en su mano izquierda, oculta de las miradas que había recibido desde el comienzo. No podía usarla sin magia, se preguntó si Knockturn pensó en esto cuando se la hizo.

Knockturn, a donde Harry quería huir y esconderse en este momento ¿A esto se refería con no volver a verse en un tiempo? Harry sollozó por lo bajo y una lagrima toco el suelo.

Aguanta, Kappi. Pronto.

Harry alzó los ojos y la magia a su alrededor trató de consolarlo.

Sácame de aquí, le rogó. Por favor, sácame de aquí y ayúdame a salvarlos.

Magia guardó silencio y Harry supo que estaba perdido. Pasos sonaron por el final del pasillo y Harry miró a Albus Dumbledore avanzar por él.

Así que todo esto es tu culpa. La rabia subió y Harry trató con todas sus fuerzas el liberar su magia, el aluminio se calentó y sus muñecas empezaron a sangrar, pero nada sucedió.

Dumbledore se sentó a su lado.

—Es un lastima, mi niño —dijo, y el tono perfectamente equilibrado entre la tristeza y la pena hicieron que Harry quisiera arrancarle las cuerdas vocales al otro—. Un Abstrahunt ¿Te imaginas? Tal criatura maligna y abominable ha estado cerca de ti. Por suerte, nuestros aurores descubrieron la irregularidad en los registros del ser oscuro y lograron aprensarlo.

«No te preocupes, ahora iras a un lugar mejor. Los Weasley están contentos de poder recibirte, mi…

—No me llame niño, alimaña falsa —interrumpió Harry. Su voz estaba muerta como su pecho y ojos teñidos de rencor miraron a Dumbledore—. Deja el acto, Dumbledore. Tu y yo sabemos que no lo sientes.

«¿A qué viniste? ¿Qué ganabas arrestando a los gemelos? —Dumbledore tuvo la osadía de parecer sorprendido y ofendido ante sus palabras, pero su magia contaba otra historia».

—Mi niño. —Ignoró su advertencia y voz del hombre estaba teñida de decepción— ¿Por qué crees que ganó algo de tal tragedia? —preguntó Dumbledore y Harry lo miró fríamente. Comprendiendo que no era lugar para juegos y que Harry no se tragaba el acto, Dumbledore apoyó una mano sobre su hombro como si estuviera consolándolo y susurró a su oído: — Te aconsejo escuchar y obedecer muy bien mis instrucciones, joven Potter.

—Sueña, anciano, que me rebajaré a ser tu peón.

—Oh, Harry, pero lo harás. Después de todo —le respondió el mago mayor, y la voz se volvió alegre al saborear la victoria—, yo soy la diferencia entre las celdas del Ministerio y Azkaban para tus queridos guardianes. —Harry guardó silencio y aguantó las lágrimas, esta vez de rabia, que escocían en sus ojos. Dumbledore apretó ligeramente su hombro— Ahora, voy a entrar a la oficina y tomar de regreso tu tutela mágica, tu esperaras aquí tranquilamente y luego, cuando salga, liberare tu magia y no intentarás nada a menos que quieras que tus gemelos descubran el beso del Dementor al siguiente momento. Saldremos de aquí y te dejare con los Weasley, comprenderás que me es muy difícil quedarme contigo, pero ellos son una muy buena familia que se ofreció a quedarse contigo. —El hombro de Harry fue apretado dolorosamente, y Harry mordió su lengua para no insultar o escupir al viejo mago— Permanecerás ahí y te comportaras como un buen niño, cuando terminen las vacaciones volverás a Hogwarts con ellos y serás un alumno ejemplar.

«¿Entendido, mi niño?».

Harry asintió una sola vez y Dumbledore entró a la oficina de aurores. Esta vez, las lágrimas fluyeron libres y rápidas, sabiendo que disponía de poco tiempo para dejar ir su dolor.

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¡Hola! Nuevo capítulo aquí y ¿No me maten? No lo sé.
Gracias a todos los que han votado y comentado, me hace feliz leer sus comentarios.
Con esto, ¿Dudas, comentarios?
Gracias por leer y ¡Saludos!