Ir al callejón Diagon siempre sería algo complicado para Harry.
Un mago común vería al callejón abarrotado, oiría el suave murmullo de la gente hablando entre si y el ajetreo característico de una persona o familia de compras.
Para ellos, era solo un callejón comercial, el centro principal de interacción social y económica, nada más allá de un punto de encuentro y turismo en la Gran Bretaña Mágica.
Para Harry, era la representación de todo lo que pudo haber sido y nunca fue. El lugar bonito que obligaba a las personas a mirarlo e ignorar la miseria que estaba cerca. El entretenimiento creado y mantenido para contentar a las masas.
Panem et circenses.
Tal vez, lo admitía, Harry estaba siendo demasiado parcial, algunos dirían injusto, pero su percepción estaba sesgada por años de opresión alentada, en cierta forma, por este lugar. Era por esto que cuando miraba al callejón, no podía evitar ver todo bañado en esta luz dorada, perfecta, centelleante y completamente repulsiva.
Esta era la luz de los falsos. Aquellos cubiertos por un halo dorado hipócrita e irrompible, personas cosidas en un hilo de oro, punto a punto, se unían en un brillante diseño hecho para encajar y resaltar a la vez. También, eran sus máscaras, las que se ataban en cintas doradas, apacibles y correctas, miraban tras brillos dorados en las pestañas de sus ojos caídos y prejuiciosos, acompañado por el suave tintineo del mismo metal precioso al caer de sus labios en cada palabra banal.
Harry caminó detrás de los Weasley ignorando la sala de Diagon y concentrándose en la alegre familia. Ginny hablaba con su padre, la señora Weasley estaba distraída controlando a los gemelos y Ronald miraba en blanco a Percy, fingiendo escuchar su diatriba sobre calderos.
Bien, momento perfecto.
Silenciosamente, Harry se deslizó entre la multitud sin que los Weasley se percataran de su ausencia. Entrar en Knockturn sin que nadie lo notara fue aún más fácil, años de práctica en pasar desapercibido en el mismo callejón hacían que el ser invisible en Diagon fuera un juego de niños.
El mismo ambiente lúgubre le dio la bienvenida y Harry se sintió en casa, hasta que llegó a los escaparates de Panacea y Aclis, las tiendas de los gemelos. Destrozados, ambos, con sus vidrieras rotas, objetos inservibles desparramados por el suelo, basura y polvo en cada superficie por el daño que venía de un lugar dejado para el saqueo y abandono.
Con su corazón resonando, Harry se adentró a Panacea y pasó la puerta que daba a la trastienda. El precioso laboratorio de pociones de Darrius ya no existía, solo quedaban frascos rotos e ingredientes echados a perder en estantes deplorables. El caldero e instrumentos que solían lavar y cuidar juntos acompañado por un suave tarareo del otro mago ya no estaban, saqueado. Las escaleras hacia el piso compartido por ambas tiendas rechinaban dolorosas en sintonía con Harry y el hogar de Harry no estaba en condiciones mejores.
La magia en el lugar era débil, privada de renovación y vida, con la pintura en las paredes cayéndose a pedazos, el piso roto en varios lugares y las pocas fotografías de los gemelos y Harry arrojadas por el suelo, pisoteadas y con los marcos de estas robados. La biblioteca fue lo que más dolió, con la chimenea apagada y el frio hostil invadiendo todo, gran parte de los libros de Feodras ya no eran más que hojas sueltas en el lugar y, los que no, solo dejaron tras de sí un lugar vacío.
Harry cubrió su boca en un gesto horrorizado, las lágrimas picaban por salir, pero no las dejó. Su hogar fue invadido, pisoteado y destruido. Esto era solo otra consecuencia de los planes de Dumbledore.
Silencioso, decadente y oprimido, como los restos de la guerra, Harry recogió cada foto y objeto salvable del lugar.
…
Al menos la calidez de los brazos de Knockturn no le fue arrebatada, la sala envolvió a Harry protectoramente dejándole descargar su ira silenciosa en la comodidad familiar. Detrás de ellos, Sirius miraba con ojos tristes la escena.
Si tan solo él hubiera escapado antes, si las ganas de vivir hubieran vuelto antes, quizás hubiera podido proteger a Harry de todo esto. Podría haber conocido a los gemelos y ver con sus propios ojos a las personas que lo dieron todo por su cachorro, agradecerles y lograr formar parte de la familia de su cachorro con el tiempo. Pero ya no podía, Harry estaba endurecido y sus bordes eran afilados, trataba a Sirius con la fría indiferencia de quien no quiere arriesgarse a perder a alguien más.
El joven intentaba esconderlo, el dolor y soledad que le afectaban, pero prodigio mágico o no, actitud madura o no, su cachorro antes que todo, era un niño. Un niño que ya perdió a su familia dos veces, de manera brutal y cruel, y ahora debía luchar con uñas y dientes por recuperar lo que le fue arrebatado, solo, en un mundo de adultos despiadados y con el peso sobre sus hombros de cosas más allá del entendimiento de Sirius.
Si tan solo…
—¿Cachorro? —llamó Sirius y disfrutó de la felicidad expandiéndose en su pecho cuando Harry, aunque tratara de mantener distancia con Sirius, respondía al termino cariñoso. Harry levantó su rostro del hombro de Knockturn (o lo que Sirius pensaba que debía ser el hombro de la sala, era difícil decirlo cuando solo veía a Harry ser abrazado por el aire) y miró a Sirius interrogante —Creo que tú y yo sabemos que te seré más útil en otro lado.
Sirius pudo imaginarlo, pero estaba seguro de haber visto los ojos de su cachorro apagarse en tristeza ante lo que esa oración implicaba.
—Lo sé —dijo Harry y miró en silencio a Sirius Black durante otro poco. En otra vida, si Harry no hubiese conocido a los gemelos, Sirius sería el primer contacto con la palabra familia que tendría, en otra vida, pudo ser lo más importante para Harry, pero no en esta. La imagen fantasma de Darrius amarrado y humillado, siendo protegido por el cuerpo de Feodras de la vista de toda la gente de Diagon presenciando un arresto en Knockturn, se interpuso sobre Sirius y, al segundo siguiente, Harry pudo imaginar a Sirius en el lugar de Darrius, sin nadie para protegerlo de los demás, con Dumbledore mirando triunfante mientras decía:
¿No te lo advertí, Harry? Tenías que ser un buen niño.
La ilusión de Dumbledore hizo una seña de manos y los aurores arrastraron a Sirius lejos de Harry.
No esta vez, no de nuevo.
Harry clavó sus uñas en las palmas de sus manos, Sirius lo miró confundido y preocupado desde donde estaba sentado contra la pared. Harry quería, la añoranza estaba ahí en el fondo de su mente, quería desesperadamente dejar a Sirius ser importante para él, pero no soportaría ver que otra persona le es arrebatada.
Con su mente jugándole malas pasadas y su corazón agonizante, Harry avanzó para salir del lugar y, antes de desaparecer de la vista, dijo:
—Volveré por ti más tarde, Sirius.
…
Era extraño, como el tiempo podía avanzar rápidamente y luego ser agónicamente lento al segundo siguiente.
Para Harry, el dejar a Sirius al lado de Riddle y garantizar su seguridad pasó como un recuerdo borroso. Sirius tenía más conocimiento sobre Azkaban que cualquier guardia que Riddle logrará sobornar, ningún guardia pasaría tiempo voluntariamente con los dementores, y Sirius sabia las rondas de cada uno tras su tiempo en la prisión condenada.
Aun así, el viaje en tren a Hogwarts parecía durar décadas, silenciosas y frías. El compartimiento en el que estaba sentado solo era ocupado por Harry y Remus Lupin, que fingía estar dormido.
Remus Lupin, hombre lobo, el otro mejor amigo de su padre.
Silencioso, fingiría no ver las bromas de los otros dos en su grupo, solo levantaba su cabeza cuando un profesor venía, a veces no lo hacía. Diría Severus.
Leal, ha pasado por mucho, era el inteligente del grupo, siempre andaba detrás nuestro, cuidándonos, y yo no confié en él. Palabras de Sirius.
De momento, para Harry, Lupin no era más que su profesor de defensa contra las artes oscuras, algo desaliñado y con un gran secreto que esconder. No sabía que pensar del hombre, no es como si Harry le guardara rencor por no estar presente en su vida, Lupin no era más que un hombre lobo, una paria, con apenas un trabajo ocasional y sin nadie con él.
A Harry no le extrañaba que Lupin no se hiciera cargo de él. No tenía dinero, si se quedaba con el Niño-que-vivió su condición de hombre lobo no tardaría en salir y todo el mundo mágico se arrojaría sobre él. Sin mencionar que, después de la perdida de toda su manada en una sola noche, Lupin sería inestable con su lobo rugiendo por venganza y tristeza, pasando de un estado a otro.
Harry miró al hombre que fingía dormir ¿Se atrevería Harry? Silenciosamente, se movió de su asiento hasta sentarse al lado de Lupin. Sería tan fácil hacerlo. Harry sonrió con los labios estirados anchamente y los dientes peligrosos en travesura, lentamente, y sin Lupin sospecharlo, acercó su boca al oído del hombre y susurró como quien saluda casualmente:
—Hey, profesor Lupin, ¿No le parece atrapante la luz de luna llena?
Fue instantáneo, Lupin se tensó solo un segundo, pero Harry lo captó al instante. El desgastado hombre fingió dormir de nuevo, inocencia y despiste ante la sospecha, y Harry, con todas las bromas hechas junto a Darrius, aguantó profesionalmente la risa maliciosa que quería brotar de entre sus labios. Después de todo, ¿No estaba esperando el hombre lobo una copia de su padre? Harry podría divertirse un momento.
—Aunque algo más cautivante, debo admitir mi profesor, es el bonito color de las Aconitum Vulparia ¿No lo cree? O las Cascos de Júpiter, las Aconitum Napellus.
Preparado para otro asalto, Lupin no reaccionó, pero su particular magia sí. Agitada, preocupada, la mezcla bicolor que era la magia de Lupin se movía instintivamente como lobo en cacería, protectora y con la guardia en alto. Era como mirar al depredador a punto de saltar a por su presa, con las patas posicionándose para el salto y los colmillos mostrados en una sonrisa ansiosa de hambre. Pero, aunque reaccionara como uno, la magia de Lupin estaba en guerra consigo misma, la parte perteneciente al lobo buscaba soltarse y ser libre, arrastrándose como una mancha pegajosa sobre la propia de Lupin. El hombre lobo luchaba contra ella, perdiendo solo en luna llena, con cada gramo de su ser buscaba doblegar al lobo. Esfuerzo inútil, el lobo era tanto hombre como Lupin era lobo, pero ni Lupin era el lobo ni el lobo Lupin. Incapaz de llegar a un acuerdo o aceptarse a sí mismo, Remus Lupin se condenaba al dolor.
También, debía admitir Harry, estaban quienes abusaban de esto, dando las excusas perfectas para justificar la exclusión de los hombres lobos. Pero era supervivencia, el poder animal en posesión de las malditas manos manchadas de avaricia y egoísmo del hombre ¿Qué podían esperar? Como todo lo que posee, hace y toca, el hombre puede llevarlo a su máximo esplendor, a su ruina abominable, o a una mezcla que rozaba ambas, defendida y odiada. El hombre tiene el poder de convertir todo en algo maravillosamente horroroso. De crear bestias morbosas y sangrientas, fascinantes de ver y temerosas de usar.
Las referencias, para nada sutiles, de Harry sobre hombres lobos siguieron durante un cuarto de hora más cuando, de repente, el tren se detuvo y el frio se arrastró sobre el lugar como una serpiente mortífera. Lupin, con varita en alto, saltó a su lado de un momento a otro y Harry sabía que lo que vendría no sería bueno. Cualquier cosa que pudiera poner a un licántropo en ese estado no lo sería.
Las luces se apagaron, Lupin conjuró llamas en su mano libre, los gritos y adolescentes caminando en la oscuridad se repetían en ecos desesperantes y la puerta del compartimiento se abrió de golpe. Harry notó quien era antes que Lupin. Neville Longbottom tartamudeó disculpas a medias y se apresuró en entrar, pisando el pie de Harry en el proceso. En serio, el chico temblaba como un perrito mojado.
—Tranquilo, Longbottom, estaremos bien. Ese hombre, el profesor Lupin, es el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras.
—S-se supone que eso debe tranquilizarme ¿P-potter? —exclamó Longbottom, y Harry no podía culparlo.
—Sabe lo que hace, lo prometo. —Longbottom relajó solo un poco su postura, aceptando a medias las palabras de Harry, pero mirando de reojo al Slytherin de todas formas.
La puerta se abrió de nuevo y de pie en el umbral estaba una figura alta, en una capa negra y la cara cubierta por la capucha. La cosa era dolorosa de ver, con la capa roída y el olor a muerte persiguiéndolo. Levantó una sola mano gris, putrefacta y esquelética, en dirección a ellos y una aspiración aguda y larga de la criatura resonó en el vagón.
Fue como si Harry se parará frente a su final, su mente se atestó en pánico y sintió su garganta como si estuviera siendo abierta de abajo hacia arriba. Alguien gritaba por ayuda y muerte a la vez en algún lugar, más rápido y más rápido. Harry quiso gritar por ella, pero su voz no salió, rascó su propia piel en desesperación y el mundo se disolvió en una sinfonía de una sola voz rogando por él.
…
Harry caminó en furia silenciosa hasta el gran salón, ignorando la torpe imitación de Ronald Weasley sobre él desmayándose ante un dementor (y el golpe que el menor de los Weasley le propinó a su hermano pelirrojo idiota por eso). Hogwarts parecía empeorar cada año y Harry solo estaba en su segundo año. Sentía que a este ritmo terminaría por abandonar la jodida escuela en cuanto pudiera, pero no podía y lo sabía.
La desesperación por no ver un avance en encontrar a los gemelos le molestaba. Azkaban no los tenía y los recorridos de mortífagos por el Departamento de Misterios parecían no dar frutos.
Harry estaba bloqueado. Su mente le jugaba malas pasadas, la presión era demasiada y él solo tenía doce años. Harry tenía miedo de lo que vería cuando los encontrara ¿Estarían decepcionados de él? ¿No querrían verlo más? ÉL era un idiota, por bajar su guardia así y permitirse apegarse a alguien.
Los pensamientos oscuros se arrastraron y giraron alrededor de él volviéndolo irritable y menos seguro que de costumbre ¿Qué le pasaba? Harry ya casi no dormía y sentía que en cualquier momento podría abandonarlo todo.
Vivir cada día era como cargar un peso constante sobre él, era respirar ácido y pensar oscuridad. En cualquier momento caería por el hielo fino sobre el que caminaba, y no parecía un final tan terrible. Pensar en caer casi parecía consolarlo ¿Serían las aguas profundas que lo esperarían tan silenciosas? La perspectiva de rodearse para siempre de ellas, frías pero acogedoras, lo aterraba y atraía. Cada día, el hielo sobre el que caminaba se adelgazaba. Los hilos que lo unían parecían irse de a poco, sus hilos de Ariadna que lo habían guiado en este laberinto estaban perdidos ¿Cómo seguir sin ellos?
—¿Potter? —habló Draco. El heredero Malfoy sentado a su lado le miró con preocupación. — Has estado muy callado últimamente.
—No me digas, Sherlock.
—¿Quién demonios es Sherlock? Potter, ven conmigo, imbécil.
Malfoy lo arrastró por el cuello de su túnica todo el camino hasta su dormitorio en Slytherin, ignorando las protestas de Harry y el hecho de que era completamente capaz de caminar por sí mismo, gracias. En cuanto llegaron, la rubia irritante lo soltó y clavó su mirada de mercurio en Harry, una mirada muy enojada.
Oh joder, encontrarían el cadáver de Harry flotando en el lago negro mañana.
—Mira, Potter, sé que la mayoría de las personas no me toman en cuenta o me consideran una mierda arrogante que solo tiene un apellido que mostrar.
—Pues…
—A callar. —De repente, la mirada de Malfoy parecía mucho más vieja y Harry pudo ver un atisbo de lo que sería y podría ser el otro. El mercurio giró y marcó destino, siendo imprevisible en su propio camino, pero fijo en él. —Sé que no lo comprendo todo, sé que no tengo tu misma sabiduría y vida, Potter. Pero tengo a un muy jodido Señor Oscuro en mi hogar y a mi padre orinándose del miedo por eso.
» Sé que, con dos palabras, ese hombre puede terminar con nuestra existencia, aun así, no es comparable con tu tristeza y dolor por tus guardianes, ya que es mucho mayor de lo que yo puedo imaginar. Pero estoy seguro, Potter, que el Señor Oscuro aprecia su alianza contigo y está haciendo lo posible por encontrarlos.
Harry apreciaba las palabras de Draco, pero todos los sentimientos amargos de los últimos tiempos parecieron juntarse y multiplicarse, la rabia lo invadió y solo atinó a decir:
—Pues bien, al parecer no es así, no es suficiente y, definitivamente, no es todo lo posible Malfoy. —Las palabras fueron duras y Draco retrocedió un paso mirando a Harry como quien sabe que alguien cometerá una locura.
La magia arremetió contra Draco como un viento fuerte, obligándolo a cerrar sus ojos y cubrirse por miedo. Fueron solo unos segundos de respirar aire pesado y cargado, de sentir la presión en su pecho y la advertencia en su núcleo de no hacer nada contra lo que venía. Para cuando abrió los ojos, Harry Potter había desaparecido.
…
Harry abrió sus ojos en el despacho de Riddle y envió una oración silenciosa de agradecimiento hacia la magia. Sabía que luego tendría que disculparse con Draco por su arrebato, pero no había podido evitarlo.
Hay veces que las palabras amables y entendimiento solo dan paso a la ira protectora.
Harry no buscaba que le hablaran o comprendieran, buscaba que Riddle cumpliera su maldita parte de una vez por todas antes de que le arrancara la yugular con los dientes en frustración. Gruñendo en enojo, Harry se paseó de una punta a la otra del lugar, esperando que Riddle terminara con su reunión de té para mortífagos anónimos y decidiera dejar de fingir que no notó las oleadas de magia que Harry le enviaba.
Riddle era la persona más molesta que Harry había conocido. Tratar con el hombre antes había sido más fácil, pero ahora tenía con él el recuerdo fresco del asesinato de su madre y no era fácil. Conocía el evento gracias a que Magia se lo mostró, pero había sido impersonal, desde el punto de vista de un ser mayor mostrando lo que era necesario que sucediera para el destino se moviera. Ahora, Harry lo sintió como si fuera su madre, la impotencia, desesperación, amor y tristeza que conllevaban sus últimos segundos de vida en virtud de una posible salvación para su hijo.
Era irritante, porque sus padres nunca fueron más que un recuerdo brumoso y lejano, ahora tenía sus presencias cerca y parecían un impedimento para sus metas. No podía evitar pensar que los estaba decepcionando, aliándose con el hombre que les dio fin, pero todo era necesario para recuperar a sus gemelos.
Como si buscara el final de su existencia, ese fue el momento de Riddle para aparecer y agacharse rápidamente para esquivar un libro, cortesía de Harry, que iba directo a su cabeza.
—¿Vas a hacer una costumbre el recibirme así, Potter? —Riddle solo levantó una perfecta y elegante ceja en dirección a Harry, cabrón infeliz que podía hacer eso.
—Muérete, Riddle.
—Pensé que ya habíamos superado la etapa de desear mi muerte.
Harry le arrojó otro libro, Riddle lo esquivó de nuevo y dando pasos rápidos, llenó de cólera, Harry llegó hasta Riddle y tomó al otro mago por el cuello de su túnica. En una imitación más brutal de Draco, arrastró al hombre mayor hasta el escritorio y lo estrelló contra él.
Tom Riddle no era un Señor Oscuro por nada y, en represalia, arrojo un crucio silencioso a Harry. El duelo siguiente fue escandaloso, sacudiendo hasta los cimientos la mansión y siendo un espectáculo colorido de hechizos versados en dañar y no matar. Buscaban oprimir al otro, que uno cayera en sumisión ante la fuerza del contrario y nadie estaba dispuesto a ceder.
Harry peleó con su mente en ello, pero no su alma. Podría usar a Aegishjalmur, activar la runa en su mano izquierda y aterrorizar a Riddle, sería sencillo, pero no quería que acabara así. Luchar contra Riddle era liberador, poder tener la elección de tirar a matar si lo deseara y saber que el otro tenía la suficiente fuerza, poder y destreza para esquivarlo era liberador, y, Merlín no permita que Riddle lo sepa, divertido en cierto punto.
Tiempo después, cuando la habitación era un desastre y olía a quemado, sangre y a una buena batalla, Riddle le miró fijamente desde el otro lado de la habitación. Era consciente que el duelo había calmado a Harry, pero cualquier palabra podría volver a encender la furia del otro.
—¿A qué viniste, Potter? —preguntó y Harry se tragó la respuesta sarcástica que quería brotar a toda costa, atento a la tentativa paz entre los dos.
—¿Pettigrew apareció?
—Aun no, creo que teme su exterminio por mi parte, tengo a mortífagos atentos a cualquier rastro, pero no es eso a por lo que has venido a discutir tan amablemente.
—Cabrón. —Se rió Harry y Riddle pareció relajarse un poco ante el sonido— Sé que aún no hay pistas sobre los gemelos. Me informaste que han desaparecido de las celdas del Ministerio y su destino más probable es en algún lugar dentro del departamento de Misterios.
—Es redundante volver a hablarlo, pero sí, esos son los hechos ¿Tu punto es?
—Mi punto es, Señor Impaciente, que, si no podremos llegar a ellos, haremos que Dumbledore los traiga a nosotros.
» Atacaremos Azkaban y luego el Ministerio, una vez que tus mortífagos presos estén en condiciones de hacerlo, forzaremos a Dumbledore a tener que sacarlos de ahí, y ¿Qué otro lugar seguro y, según lo que él cree, bajo su mando tiene Dumbledore?
Riddle sonrió mínimamente en satisfacción, viendo a Potter bajo otra luz, contento hacia donde todo apuntaba. Lentamente, Tom dio un paso tras otro en dirección al mocoso Potter, obligando al otro a retroceder hasta chocar contra el escritorio de Tom y verse rodeado completamente por el Señor Oscuro.
—Has resultado ser un factor más importante del que considere que lograrías ser. Es interesante, Potter, ver el rostro que se esconde tras el disfraz de humano. Dime, ¿a qué medios llegarías para conseguir lo que deseas? —pronunció Riddle, las palabras siendo arrastradas en placer perverso contra el oído de Harry y la sensación de logro por parte de Riddle no le pasó desapercibida a Harry.
—Tu, infeliz bastardo… —Harry no pudo continuar por la rabia invadiéndolo ¿Acaso Riddle hizo lo que Harry pensaba? La sonrisa que Harry recibió a cambio fue lo que necesitaba ver para confirmarlo. —¿Dónde los tienes?
—Ah, Potter, no apresures tus pensamientos. Aún no los tengo conmigo, pero, digamos, que me es fácil extraerlos de donde están.
» Ahora, la cuestión es ¿Me conviene hacerlo? ¿Tu alianza conmigo se acabará si te los devuelvo?
Harry presionó la palma de su mano contra el pecho de Riddle para apartarlo, mirando al otro con ojos del color de la muerte y prometiendo un destino mucho peor.
—Tu alianza conmigo acabara en este instante si no me los devuelves para el amanecer, Riddle.
—¿Te crees en posición para amenazarme, Potter? —Harry le gruñó a Riddle, esta vez no tuvo reparos en activar a Aegishjalmur. Las sombras lo envolvieron, su rostro se mezcló en la personificación del terror y miró a Riddle como la bestia que era, a punto de matarlo.
Harry retrocedió a las sombras, se ocultó en ellas como un hermano bien recibido, rodeando a Riddle con instintos rugiendo por su muerte.
Calma, Kappi. Prioridades.
Harry esta vez gruñó en frustración. ¡Prioridades! Esto lo estaba cansando. Desactivando la runa, Harry apareció a espaldas de Riddle y presionó su mano firmemente contra la garganta del otro. Sabiendo que ese gesto era más amenazante que cualquier varita, Riddle no se movió desde la posición forzada e incómoda.
—Con cuidado, mutilado, recuerda quien de los dos tiene más armas ocultas. Matarte no sería difícil, pero si innecesario. Eres un aliado necesario para los fines de Magia, no estoy aquí por gusto y, lamentablemente, no puedo irme libremente.
» Si tus preocupaciones están calmadas, Riddle, voy a retirarme. Volveré al amanecer en busca de ellos y tu revisaras el bonito cajón asegurado que tienes en tu escritorio en busca de cierto diario. Te lo devolveré cuando crea conveniente como castigo, y, si ellos no están para el momento acordado, lo destruiré y sabes que puedo hacerlo.
***...***
Lo sé, lo sé. Estoy actualizando un poco (muy) tarde, pero son cosas de la vida y falta de un giratiempo en mi vida.
Espero haber podido mostrar otro lado de Harry con esto, mirar que aún es solo un niño y ¿Quién tiene ganas de golpear a Tom?
Con esto, ¿Dudas, comentarios, teorías, preguntas?
¡Gracias por leer!
