—¿A dónde cree que va, señor Potter?
Harry quería maldecir, fuerte. De todos los momentos para que un profesor de Hogwarts realizara una patrulla, Lupin tenía que elegir hacerla justo hoy, al amanecer, cuando Harry estaba de camino para descuartizar a Riddle si es que este no lo esperaba junto a sus gemelos.
—A los dormitorios de Slytherin, profesor Lupin —dijo Harry y Lupin arqueó una sola ceja y le miró diciendo "Prueba otra vez".
—Los dormitorios están del otro lado, Harry —susurró Lupin y le miró suavemente. Los ojos miel de Remus le analizaron casi como si pudiera ver lo que Harry estaba tramando. El Hombre Lobo parecía estar escuchando por primera vez a sus instintos, y Remus obedeció.
—Iré contigo —proclamó el lobo y Harry le observó boquiabierto—, es mejor que te acompañe a que cometas alguna estupidez. Además, sé que no podre evitar que te vayas.
Harry se encontró en una encrucijada. Él podía evitar al lobo si así quería, pero eso traería consecuencias a futuro, aunque igual lo haría el llevar al lobo consigo ¿Qué tanto podía confiar en Remus Lupin? No conocía al hombre más allá de las historias de Sirius, y no sabía dónde estarían las lealtades del hombre lobo.
Harry notó que los ojos de Lupin pasaban de su tono miel a uno cada vez más cercano al dorado, el profesor de Hogwarts estaba en sintonía con su lobo. Lentamente, pero si Harry estaba seguro de algo es que los hombres lobos protegían a la manada sobre todas las cosas.
Era hora de que descubriera si seguía formando parte de ella.
Tomando al otro mago del hombro, Harry los apareció fuera de Hogwarts hasta caer en medio del estudio de Riddle. Fue ruidoso, y Harry sabía que tendría que practicar su control cuando se aparecía con alguien más.
Riddle ya los estaba esperando, pero Harry le ignoró a favor de escanear la habitación. No había rastros de los gemelos, pero sí de Sirius Black sentado en uno de los sillones siendo mantenido allí a punta de varita por el mismo Señor Oscuro. Remus gruñó detrás suyo y Harry lo inmovilizó. Aunque divertido, este no era el momento para descubrir si el hombre lobo atacaría a Riddle o Black.
Harry cruzó miradas con Riddle y el verde bailó amenazadoramente, iluminando la habitación con el resplandor de un hechizo mortífero, mientras el carmín del Señor Oscuro parecía endurecer en resolución. Él debió de esperar esto, debió de saber que el Voldemort no jugaría limpio y entregaría todas sus cartas de una sola vez, Harry había sido ingenuo.
—No los tienes, Riddle —dijo Harry. Su voz estaba carente de emociones, fría, había pasado el punto del odio llegando al abrigo de una ira controlada, enfocado en un solo objetivo.
—Te dije que sabía dónde estaban, no que los tenía conmigo, Potter.
Harry levantó su mano, listo para atacar, pero Tom Riddle simplemente apuntó más firmemente su varita contra el rostro pálido de Sirius Black y Harry bajó su mano, gruñendo en frustración.
—Suéltalo —ordenó.
—Ahora ¿Por qué haría eso, Potter? Es la única forma en la que vas a escucharme. —Riddle sonrió con suficiencia y Harry le dio una mirada a su padrino.
El hombre estaba pálido y tembloroso al verse bajo la mira de la varita de uno de los magos más peligrosos, pero cuando notó a Harry viéndole, sonrió con seguridad y le susurró a Harry para que lo hiciera. Sirius Black estaba dispuesto a sacrificarse a sí mismo para la felicidad de Harry, y fue ahí cuando supo que no podía dejar al otro hombre así.
—Te escucho, pero no juegues con mi paciencia.
—No puedes sacarlos de donde están, Potter —dijo Riddle e ignoró el "Puedo y lo haré" de Harry— ¿Acaso no lo ves? ¿No ves todo el riesgo que trae consigo el liberarlos?
—No juegues con fuego, Riddle —escupió Harry. No sabía hacia donde quería ir, Harry solo comprendía que el otro tenía la ubicación de sus gemelos y que, con o sin Señor Oscuro, iría a por ellos—. Recuerda que no eres el único con algo con que amenazar.
—¿Te refieres al diario? —dijo Riddle, y fue la forma en que lo hizo, tan tranquilo y seguro de sí mismo, lo que puso a Harry en guardia.
» ¿Mi Horrocrux, Potter? —Siguió burlándose— Puedo perder uno, Harry.
Un breve silencio le siguió a esa declaración y Harry miró al Señor Oscuro como si estuviese demente, lo cual probablemente era según lo antes dicho por el mismo hombre.
—¿Tu qué? ¡El diario tiene la pieza más grande de tu alma!
Tom Riddle pareció considerar eso durante unos momentos, pero luego miró a Harry y toda duda le fue despejada.
—Es un precio pequeño a pagar a favor de evitar cualquier estupidez que puedas llegar a cometer.
—¿Estupidez? —susurró Harry. La pregunta fue dicha suavemente, casi con cariño, en la inocencia engañosa de la calma que procedía a la tormenta y Tom lo supo.
Tom Riddle solo tuvo tiempo de pensar «oh mierda» antes de que su espalda se encontrara, para nada amigablemente, contra el suelo y con un Harry Potter furioso encima suyo, sosteniendo una daga contra su garganta.
—¿Estupidez? —Volvió a preguntar Harry, esta vez la rabia absoluta teñía cada silaba en despreció hacia su receptor— Ellos son míos, Riddle ¡Entiéndelo! Y ningún temor estúpido de tu parte logrará convencerme de lo contrario.
» ¿O acaso crees que te escogeré a ti sobre ellos?
Tom guardó silencio mientras pensaba cuidadosamente en que decir, sabía que cualquier palabra mal dicha pondría a Potter en su contra para siempre, pero Tom no entendía cómo lograr que el otro comprendiera lo que estaba queriendo decir.
Harry Potter era una molestia absoluta y, para horror y fascinación de Tom, una molestia poderosa e indispensable. Él no podía perder a Potter, pero el otro se negaba a escuchar y Tom estaba desesperado.
—No se trata de ti o de mi Potter —comenzó Tom y Harry le miró curioso, pero aun enojado—, esto es algo más grande. Liberarlos sería un error y lo sabes. —Tom ignoró a la daga que logró hacer brotar un fino hilo de sangre de su cuello.
» Dime, Potter ¿Qué harás una vez que los liberes? ¿Qué harás cuando Dumbledore note que ya no están y decida enfrentarte? ¿Huiras? ¿Te arriesgaras a ser perseguido, a correr, y no tener medios para protegerlos?
Como magia, los hombros de Harry cayeron y el espíritu pareció escaparse del joven mago. La daga fue retirada de la garganta de Tom y Potter retrocedió hasta lograr pararse lejos de Tom, al lado del hombre lobo aún inmovilizado.
Suspirando, Potter miró al hombre lobo y agitó una mano permitiendo que se moviera con libertad de nuevo. El hombre lobo miró entre Tom, Sirius Black y Harry Potter una y otra vez tratando de encontrar un sentido a todo y Sirius le miraba desde su lugar en el sillón como un perrito perdido.
—Sirius —llamó Potter y el animago le miró ansioso—, creó que sería una buena idea que ustedes dos fueran a otro lado a hablar.
Sirius asintió y salió de la habitación con Remus Lupin, aun procesando todo, detrás suyo. El hombre lobo dirigió una sola mirada, brillante en un dorado sangriento, hacia el Señor Oscuro y luego a Harry ¿Debía el lobo dejar a su cachorro solo con la amenaza que el otro hombre en la habitación representaba?
Harry vio esto y asintió hacia Lupin, quien dirigió un solo gruñido profundo al lugar por última vez y marchó tras de Sirius. Era extraño para Harry ver Lupin reaccionar así y, sin dudas, tendría que lidiar con una crisis existencial por parte del tranquilo profesor una vez que el lobo retrocediera.
—Potter —le llamó Riddle. Harry miró aburridamente en su dirección general, presionando botones en el temperamento del otro hombre, sabiendo que odiaba ser ignorado— ¿Acaso el sombrero te mandó a Gryffindor?
—¿Qué yo qué? —Harry se irguió ofendido, sonaba casi como un gato amenazando— Sabes que estoy en Slytherin.
—Bueno —dijo Riddle, la voz profunda y meditativa, casi pronunciando todo lentamente. Como si tratara de explicarle algo y no tuviera la paciencia para hacerlo—, no se me ocurre otra explicación para que actúes de manera tan impulsiva, imprudente y destructiva. Como un Gryffindor.
Era como si cada adjetivo le diera una puñalada al orgullo de Harry. Genial, como si necesitara que un Señor Oscuro (ex parasito Chupacabras) le reprendiera como a un niño.
—Gruñendo y exigiendo como un perro rabioso. —Continuó Tom, Harry casi podía jurar que sonaba como un anciano cascarrabias— En lugar de pensar en las consecuencias que tus acciones podrían traer ¿Qué harías si los rescatas? ¿Cómo lidiarías con Dumbledore y sus conexiones a tu caza?
Harry quería protestar, no era justo ¿Cómo quería Riddle que mantuviera su cabeza fría cuando se trataba de recuperar a sus gemelos? Se trataba de su familia, no un seguidor prescindible o un aliado potencial. Eran personas que habían protegido, cuidado y amado a Harry durante la mitad de su vida ahora, quienes lo guiaron y ayudaron a ser quien era.
Él no podía calmarse, era casi un reflejo. Harry tenía esta posibilidad de recuperarlos y su mente entraba en un ciclo automático de están aquí, debo rescatarlos y fue mi culpa se los debo. Era la furia abrazadora trepando por su cuerpo rugiendo por justicia y la determinación mordiendo en su piel sobre avanzar y rescatar a los que eran suyos.
— ¿Cómo vas a protegerlos si el liberarlos significa declarar la guerra?
Los pensamientos de Harry se interrumpieron, la sola palabra de guerra se repitió en él y su sangre se congeló por el temor traído en su significado.
— ¿Guerra? —preguntó.
—En el instante en que tus gemelos sean libres, Dumbledore lo sabrá y no lo dudes. No temerá en levantar todas sus fuerzas y hacer lo que sea necesario para tenerte bajo su yugo de nuevo —Las palabras de Riddle sonaban proféticas, marcando en hierro una verdad absoluta de la que nadie escaparía.
» Eres su herramienta, no te engañes. Si bien tu personalidad no se moldeó según sus planes, él aun te subestima y lo que hizo para controlarte es suave comparado con lo que le hace a aquellos que escapan de su control.
Tom Riddle señaló, marcó y dictó su voluntad en esa oración. No lo dijo explícitamente, pero los susurros en busca de guiar a Harry en otras direcciones estaban ahí. Riddle quería a Harry con él, destripando con palabras duras a su principal enemigo en la lucha por el control de un peón poderoso y mostrando que Harry no tenía salida en esto.
—Él hará lo necesario por conseguir lo que quiere, Potter, cualquier cosa por su propio bien mayor ¿Qué tienes para combatirlo? Nada, te arrojaras a una guerra sin cartas a tu disposición más allá de la voluntad de un ser que puede no ayudarte.
Con cada oración dicha, Riddle se acercó más de lo necesario hacia Harry. Lo encerró en un mundo donde solo existía él, y su atención solo le pertenecía a él. No había nada más en el lugar que el mago parado frente a él, dominándolo bajo el fulgor de una mirada carmesí que prometía poder y libertad; era la magia de Riddle cantando poderosa sobre el propio Harry, con susurros de promesas eternas y odas sobre venganza a quienes se opongan. Harry podía sostener el mundo si así quisiera. Si Harry así se lo pidiera podría reducirlo a cenizas.
Oh, pero también había voces de advertencia. Encontró una sensación gélida en la magia de Riddle, una frialdad que se deslizaba por la piel de Harry en señal de peligro. Eran las consecuencias de aceptar entregarse a alguien así; a alguien que prometía que, si lo traicionabas, arderías en llamas que te quemarían en frio. Porque el infierno donde Riddle arrastraría sus cenizas sería frio, producto de una venganza pensada íntimamente para él; calculada para cavar en sus huesos hasta hacerlos hielo, para quemar en frio su garganta y negarle la libertad de gritar. Harry se quemaría en hielo, uno que sacudiría su pecho y escaparía a través de él hasta conservarlo eternamente como un trofeo para los traidores.
Riddle se acercó aún más, una mano cargada de magia se deslizó por la mandíbula de Harry y le obligó a mirar a su poseedor. De repente, todo en él susurraba para escuchar a Riddle.
—Nunca olvides tus limites, Potter —susurró Tom, casi cuidadoso de no romper el hechizo en el ambiente—. Eres una herramienta. —Harry definitivamente había estado bajo un hechizo, decidió, no hay manera en que él estuviera cautivado por Riddle. El ser llamado una herramienta fue suficiente para hacer que Harry tratará de liberarse, pero Riddle lo aplastó en un movimiento contra la pared tras suyo y sostuvo su cabeza, casi dolorosamente, entre sus manos. Solo podía mirarlo a él.
» Tu patrona —se burló Riddle, una palabra susurrada en ácido y sonando como miel— no te ve más que como una herramienta. Eres su campeón para la victoria, pero ¿Qué sigue luego de la victoria? ¿Qué será de ti, Potter, si no logras la victoria?
» Y no me hagas empezar por Dumbledore, eres su niño de oro y hará lo que sea por mantenerte atado. Corre a cualquiera de ellos, Harry, firmaras tu sentencia.
» Ah, pero ¿yo? —La voz se tiño en magia y certeza, una sola mano avanzó hacia el pelo de Harry y le sujetó para que mirara al carmín sangriento que eran los ojos de Tom Riddle, la otra bajó hasta posicionarse suavemente sobre su yugular. Contaba pulsaciones— ¿Qué crees que puedo darte?
Harry se obligó a mantenerse tranquilo, lo último que necesitaba es que Voldemort sintiera su pulso acelerarse. Era tentador, tan tentador, simplemente entregarse a este hombre. La magia rodeándolo era prueba suficiente para romper la voluntad de cualquier persona, para arrodillarse y jurar lealtad a cambio de todo lo que quisiera o necesitara. Riddle podría poner al mundo a sus pies, asesinar a sus enemigos y adorarlo como a su mejor.
Pero Harry no era cualquier persona. Él no era de los que se arrodillaran por servicio y el precio por lo que deseara podría ser demasiado alto. Es como el mismo Riddle le dijo:
— ¿Qué sería de mi después de tu victoria, Riddle? ¿Qué será de mi si no logro tu victoria? —Riddle retrocedió en clara sorpresa por las preguntas de Harry. Quizás esperaba su rendición, quizás que se fuera furioso, pero no esperaba la mirada de cazador dirigida hacia él por parte de Harry y los labios estirados en satisfacción ante su reacción— Son palabras bonitas, Tom, pero tú y yo sabemos lo que en verdad me estas ofreciendo.
Esta vez fue Harry quien se acercó a Tom, pero el otro mago no retrocedió ante la invasión de su espacio personal y Harry no pudo evitar sonreír como quien mira la travesura de un niño.
—No estoy hecho para arrodillarme, Tom, al menos no de la manera en que tú piensas —dijo Harry, solo un atisbo de insinuaciones en sus palabras. Riddle reaccionó mínimamente, las esquinas de sus labios se curvaron en diversión ante el desafío—. Nunca podría vivir a las sombras, nunca por debajo de ti.
» Deberías de saber eso a estas alturas, Riddle.
…
Harry aun no entendía como su discusión con Riddle había pasado de los gemelos a una lucha por el poder y dominio. Sinceramente, prefería no saberlo porque ya notaba que Riddle hacia honor a su apellido. Lo quisiera o no.
Él sabía que necesitaría poder para enfrentarse a Dumbledore. El viejo mago sabía demasiado sobre Harry, tenía demasiados hilos manejándolo, como para enfrentarlo impulsivamente. Técnicamente, Harry podría derrotar a Dumbledore de ser necesario, pero este caería como un mártir; poniendo a casi toda la totalidad del mundo mágico en su contra, ellos cazarían a Harry por acabar con su líder y como Tom Riddle le había dicho: sería la guerra.
Las siguientes semanas en Hogwarts fueron un desastre borroso para Harry y, cuando menos lo notó, septiembre paso a octubre, que se volvió noviembre y llegó diciembre. El primer día de diciembre, un escalofrió de horrorosa realización golpeó a Harry.
Él tendría que quedarse en Hogwarts para las vacaciones.
Y ese pensamiento le horrorizó. Él tendría que pasar sus vacaciones de nuevo sin los gemelos, era escalofriante y la culpa (la que Harry rara vez dejaba de sentir) volvió con una fuerza abrumadora. Se sintió como hielo deslizándose por su garganta, últimamente todo lo que Harry podía sentir era el frio.
Calaba profundo, como si buscara llegar a su alma y asfixiarla, el frio se deslizaba en sus pensamientos. Dejaba su mente abrumada e insensible a los demás, Harry estaba demasiado ocupado revolcándose en su auto odio, culpa y decepción como para intentar siquiera parecer sociable. Por lo menos esto mantenía a la mayoría de Hogwarts a medio metro lejos de él, la gente incluso hacia un camino para Harry en medio de los pasillos abarrotados. Lo evitaban como la peste, mejor dicho, como la muerte.
Mantenía a la mayoría de Hogwarts lejos, sí, pero no a todos. Como los gemelos Weasley, quienes veían a Harry como su fuente de entretenimiento principal, caminando detrás suyo en los pasillos mientras hacían gestos exagerados y gritaban:
—¡Temed todos! —Comenzaba uno.
—Al implacable —Seguía el otro.
—Al aterrador.
—Él chupará tu alma.
—Cortará tu garganta.
—Y traerá tu perdición. Señores.
—Señoritas.
—¡El Rey de Slytherin acabara con ustedes! —Acababan juntos y si no fuera porque Harry estaba odiando la atención, podría reírse junto a ellos.
En todo caso, eso solo lograba que los primeros años huyeran de Harry en cuanto lo vieran. Le tomo tres semanas a Harry convencer a los primeros años de Slytherin de que no iba a chupar sus almas, cortarles las gargantas, arrancarles los ojos, o cualquier otra forma estúpida de asesinato que los Weasley inventaran, para que dejaran de huir de él y aceptaran irse a dormir sin que Severus pusiera un hechizo en la puerta de Harry.
Era horroroso y los Slytherins mayores lo tomaban con diversión. Se aseguraban de llamar rey a Harry, en presencia de otros alumnos, para alimentar los rumores y expandir el caos; tampoco faltaron las reverencias, en su mayoría sarcásticas, para cuando hablaban con Harry o lo veían pasar en los pasillos y la maldita manera en que lo obligaban a sentarse justo en medio de la mesa de Slytherin como si estuviera en una corte medieval.
— Oh ¡Rey Potter! —Mierda, hablando de Roma.
—Theo —gimió Harry—, no tú también, por favor. —Theodore Nott le sonrió a Harry con diversión maléfica y agitó una mano desdeñosa hacia el grupo de Hufflepuff que observaban la interacción.
—Por favor, su alteza, no hay necesidad de ser modesto solo porque la chusma está espiando— dijo y Harry gimió lastimeramente esta vez.
—Y yo que creí que eras el sensato del grupo —dijo Harry y casi podía sentir el sonrojo subir a través de su cuello directo a sus orejas.
—Oh, puedo serlo, pero no me perdería la diversión en esto —dijo y, con una última reverencia y un guiño burlón, agregó: — ¡Nos vemos, su majestad!
Por Merlín, Harry iba a morir de la vergüenza.
…
Iba a morir del aburrimiento, era definitivo. Encontrarían el cadáver seco y chupado de Harry cuando todos volvieran de sus casas a Hogwarts, habría gritos horrorizados y Harry volvería como un fantasma por siempre aburrido que se vería incapaz de encontrar entretenimiento. Atormentaría a los gemelos Weasley y toda su descendencia por la eternidad en busca de diversión, era seguro.
Harry podría estar exagerando, solo un poco, quizás mucho; pero si Hogwarts lleno de adolescentes hormonales que pensaban con la sangre hacia el sur era un martirio, un Hogwarts vacío era como cuando Harry se quedaba solo con los Dursley. En los Dursley había reinado el silencio y el temor de mover lo que sea y que esa familia lo descubriera; Harry se había sentido observado todo el tiempo, apenas con el valor suficiente para tocar las cosas de Dudley y nunca se había atrevido a entrar al dormitorio de sus tíos. En Hogwarts, caminando por pasillos despoblados, recibiendo el triple de atención por parte de los cuadros al estar aburridos y oyendo el eco de sus propios pasos sin importar donde fuera, la sensación era algo similar solo que ahora era Dumbledore quien lo vigilaba.
Era por esto que Harry se había prácticamente recluido a su habitación en Slytherin y evitaba a los otros alumnos que se quedaban en la escuela mágica. El solo hecho de pensar en tropezar en otra discusión épica de Draco Malfoy contra Ron Weasley le daba dolor de cabeza y su leona favorita parecía haber dejado la escuela para sus vacaciones. No era que Harry no tendría con quien pasar el tiempo, podría ir fácilmente hacia los fundadores, a Weasley o Luna, pero él no quería.
Había un motivo claro por el que los demás estudiantes lo estaban evitando los últimos meses, Harry estaba con la habilidad social para responder de una piedra en su humor actual, lo que lo llevaba a ser demasiado sincero en algunas ocasiones. Él logró hacer llorar a una Ravenclaw de quinto cuando se le acercó en la biblioteca hace unas semanas y si esa no era una alerta roja para sí mismo, no sabía que lo era. Harry se recluyó a sí mismo a propósito para pensar porque no había manera de que él pudiera seguir con este humor tan delicado (ignoró el pensamiento fugaz de que Feodras lo llamaría explosivo y Darrius le preguntaría quien robó su tiara para ponerlo de ese humor, princesita. Dolía pensar en ellos).
El problema estaba en que parecía que Harry no podía pensar correctamente. Trataba de pensar en lo que podría hacer, lo que ya había hecho o hasta en lo que sentía y no podía. Era como paredes de acero frío que lo bloqueaban y le impedían pensar en cualquier forma de mejorar, pero los pensamientos más oscuros tenías pase libre hacia él. Estaba encerrado en una maraña de culpa, odio y arrepentimiento porque Harry quería a sus gemelos, pero no podía tenerlos y se odiaba y culpaba por eso.
No había forma de escapar de esto, pero tampoco encontraba forma de aceptarlo y Harry sentía que se estaba amargando con el peso de sus propias decisiones. Y ahora, llevaba tres horas completas observando el techo de su habitación y sentía que ya podría dibujar de memoria las grietas en la piedra de este. Era estúpida la manera en que estaba increíblemente aburrido y frustrado a la vez.
Harry podía decir que sus pensamientos estaban yendo de mala manera al sentir como su respiración se aceleraba, la garganta se cerraba y sus ojos escocían. Estaba frustrado, harto, de no poder hacer nada, pensar en nada, ser nada y a este ritmo él iba a…
—¿Harry? —Ante el sonido de su nombre, Harry miró hacia la puerta de la habitación y observó a Draco Malfoy mirarlo vacilante desde ahí.
—¿Necesitas algo, Draco? —preguntó Harry y, si era posible, Draco pareció todavía más inseguro. Era una gran muestra de confianza hacia Harry que Draco siquiera se viera así.
—Mira —comenzó Draco y entró a la habitación para sentarse al lado de Harry en su cama—, no sé cómo comenzar esto ya que la última vez que intente hablar contigo sobre algo parecido te fuiste durante horas y te apareciste lejos de Hogwarts, cuando eso no debería ser posible. Además, que…
—Draco, ve al punto. No voy a morderte. —Ante la última oración de Harry, Draco pareció ofenderse si la forma en que uso su postura de "Soy un Malfoy y vas a escucharme" era un indicativo de eso.
—Disculpa, Potter, pero cualquiera se batería a duelo ante la oportunidad de solo tomar mi mano. Morderme no es una pesadilla.
—Ve al punto, Malfoy.
Esta vez, Draco Malfoy se mostró enojado. Harry Potter le sacaba de quicio.
—Bien, solo te diré que estas siendo un jodido bastardo amargado al que pateare en las bolas la próxima vez que vuelva a ignorar a Luna.
Oh, con que ese era el asunto. Harry había ignorado a todo el mundo y Draco Malfoy tenía una vena sobreprotectora hacia Luna Lovegood desde el momento que la conoció. Eso era algo que nunca había esperado de Draco, pero el Slytherin se había asegurado de mantener a raya a los demás Ravenclaw con respecto a tan solo mirar mal a Luna y la pequeña águila nunca parecía molesta por eso.
—Harry. —Volvió a llamarlo, esta vez la mirada mercurio de Draco era suave. Mirando con cariño y preocupación suficiente hacia Harry como para hacer que se mordiera la respuesta que iba a dar— Sé que estas en una situación difícil, para lo poco que me explicaste, pero deberías de tener un poco más de fe en tu familia y dejar de actuar como si los estás perdiendo para siempre.
» ¡No te atrevas a interrumpirme, Harry James Potter! Actúas como si estuvieran muertos ¡Los das por muertos en tu alma! ¿Cómo quieres ayudarlos si en tu interior te has rendido?
—Draco…
— ¡No Draco a mí, Potter! —Si era posible, Harry se volvió diminuto en su propio lugar. Él nunca había sufrido la furia de madre dragón por parte de Draco y no había manera de pararlo porque lo que le estaba diciendo era cierto. Harry se había rendido— Harry, por favor, solo habla. Di lo que estas sintiendo, pide ayuda, no voy a negártela. Te estoy viendo consumirte y eso duele porque eres un bastardo terco que se niega a aceptar que necesita ayuda.
Para estas alturas, Draco Malfoy tenía lagrimas silenciosas deslizándose por sus mejillas y miraba a Harry en busca de cosas que no podía nombrar. Harry solo se tensaba más y más ante cada palabra y se sentía como un hilo siendo tensado hasta sus límites.
—No están muertos, Harry. —Fue un último susurro de esperanza dado por Draco. Una mano arrojada hacia el vacío tratando de atrapar a alguien antes que sea demasiado tarde. —Ellos están bien y en el fondo lo sabes, porque si no lo estuvieran podrías sentirlo. Si ellos no estuvieran bien, lo sentirías, Harry, y te romperías.
» Así que levántate, Potter, y empieza a actuar en honor a tu casa. Levántate y empieza a ver que los cómo, cuándo y dónde para ir a por ellos porque están vivos.
Cada palabra se repetía profundamente en Harry y el hilo se tensaba más y más.
—Dilo, Harry.
Harry podía sentir las hebras ceder. Tensas, cada vez más tensas.
Draco Malfoy agarró sus hombros y le obligó a mirarlo. Él mercurio se perdía en plata y se volvía acero, pasando por cada mirada de cada persona que le importaba.
—Dilo.
El hilo se tensó y tensó, el acero de miradas conocidas le vieron y Harry dijo:
—Están vivos. —Fue dicho como un hecho. Dos palabras que hicieron eco por el lugar y llegaron a su alma; derribaron las paredes en él y espantaron al frío, trayendo consigo la calidez de la seguridad en estas.
El hilo se tensó y rompió, y Harry lloró sobre el hombro de Draco como un alma renovada en esperanza.
…
Draco Malfoy le había dado a Harry alas. Alas otorgadas con el fuego de un Dragón, le dio a Harry la seguridad y esperanzas que había perdido sin notarlo y le gruñó como un mismo dragón hasta que se levantó y empezó a actuar porque de nada servían las palabras sin los hechos que las respaldaran.
Con esto en mente, Harry estaba de nuevo frente a Tom Riddle después de meses de no contactarlo siquiera. Era inevitable, con la forma en que Draco le gruñó y dijo que el Señor Oscuro había estado llamando a Severus semanalmente para que le diera reportes sobre Harry y su padrino estaba al límite de armar un motín con su padre (a quien le hacían mostrarle cada carta de Draco que contenían el nombre de Harry a su Señor) contra el mismo Voldemort si seguía actuando como un adolescente despechado.
Harry se rió divertido con el recuerdo y Tom Riddle le miró como absorbiendo en su memoria cada sonido y gesto de Harry. Parecía que Harry tenía al más grande Señor Oscuro de todos los tiempos pisando sobre cascaras de huevo a su alrededor y, Merlín, si Harry no disfrutaba de esto.
Riddle siguió mirando a Harry otro rato. Ambos estaban sentados en sillones enfrentados a la chimenea del despacho de Riddle, el Señor Oscuro había estado en un extraño silencio desde que entró a su lugar para ver a Harry sentado cómodamente y solo se limitó a servirse una copa de brandy, antes de sentarse y observar a Harry.
— ¿No tienes nada que decir? —preguntó Harry. El silencio por parte de Riddle le parecía extraño y no estaba seguro de cómo se sentía al respecto.
— ¿Vas a huir en cuanto diga algo que no sea de tu agrado? —Atacó Riddle.
— Estas enojado —dijo Harry. La realización sobre este hecho le supo amarga, que Riddle tuviera este nivel de enfado con él pesaba en su lengua con la amargura de un mal logro.
—¿Me culpas? Te sobreestime, Harry. —El uso suave de su nombre alertó a Harry sobre la decepción profunda que Riddle ocultaba. Aunque Harry no sabía con quién estaba más decepcionado Riddle— Pensé en ti como un gran aliado, pensé en ti como alguien parecido a mí, casi como un igual. —El mago oscuro rodó perezosamente la bebida en su vaso y pareció admirar como la luz del fuego golpeaba el vidrio. No miraba a Harry.
» La última vez que nos reunimos —continuó en un susurro suave, pero su voz aun así abarcaba cada espacio en la habitación—, te fuiste antes de que pudiera contestar tus dudas. Huiste, con una mala impresión de lo que quiero de ti y te dejaste cegar por tus emociones en tu preocupación.
—¿Qué esperabas, Riddle? Ellos son mi familia —Interrumpió Harry, justificando sus acciones—. No podría mantener mi mente fría, ellos me importan ¿Acaso tu nunca has…
—No —sentenció Tom. Mordaz en una verdad incomprensible para Harry—, nunca he tenido nadie que me importe a ese nivel, Potter.
» Familia —dijo. Desdén, celos, incomprensión y odio pronunciados en una sola palabra. Aún no había mirado a Harry ni una sola vez desde que centró su vista en su bebida— ¿Qué es sino un obstáculo?
» Es ahí donde me equivoque contigo, Potter. —Las palabras siguientes sonaron como una puñalada: — Te creí parecido a mí, pero veo que, en realidad, sigues siendo un niño.
» Tu vida sigue marcada por ser el hijo de alguien, el protegido de alguien, el campeón de otro —Riddle rodó de nuevo su bebida, uno pensaría que esta aburrido de no ser por sus palabras. — Te encerraste a ti mismo en los límites de las expectativas familiares.
» No somos iguales. —Acabó y Tom Riddle aún no le miraba.
Harry sintió ira ante sus palabras. «Cómo se atrevía» pensó, la ira subía por su garganta al pensar que era subestimado por su familia. Fue esa misma ira la que guio sus siguientes acciones. Como un viento veloz, Harry paso de su asiento al de Riddle en un parpadeo y, en una imitación de su última discusión, tomó la cabeza de Riddle entre sus manos y le obligó a mirarlo. El vaso de brandy rodó sobre la alfombra y Harry obligó a la atención sobre él.
Esta vez era la magia de Harry la que inundaba el lugar, pero en vez de enfocarse en convencer, su magia cortaba como cuchillas en el aire. Se deslizó sobre la piel de Riddle como la advertencia del filo de una daga bailando sobre esta. Riddle le miró y el verde se topó con el carmín en un ya conocido enfrentamiento de voluntades.
La magia de Harry llamó a la atención, no a la seducción. Gritaba sobre las consecuencias de enfrentarla, porque si Riddle quemaría en hielo a sus traidores, Harry les haría arder y explotar como una supernova. Harry prometía el infierno que lograba iluminar todo el espacio vacío de una galaxia, las consecuencias de ver a una estrella morir y arder con la gracia de miles de soles. Porque Harry haría que Tom Riddle ardiera desde el centro de su núcleo, explosionando en la hermosura de la magia al ser liberada del cuerpo mortal, y conservaría esta magia para brillar eterna en una estrella explosionada, muerta, pero perfecta en muestra de la victoria sobre la traición.
Oh, pero la magia de Harry también prometía. Hablaba sobre libertad, orgullo y victoria, era una oda hacia su campeón y garantizaba la gloria para quien le siguiera. Era la sensación de grandeza que acompañaba el entregarse a otro y ser recompensado en cada logro, porque si algunos se arrodillaban con miedo, ante él se arrodillarían con deseo, por el placer traído en esta.
Riddle respiró hondo, sus pupilas consumieron en oscuridad al carmín en su mirada y una fugaz admiración paso por su rostro. Pero cualquier rastro de ella fue rápidamente ocultado, aunque no evitó que Harry la notara y sonriera en recompensa al mago bajo él.
—Hay algo en lo que siempre pareces equivocarte —dijo Harry, un susurro contra la piel de Riddle—. Siempre cometes el error de insultar a los míos y, ahora, me insultas a mí por tenerlos.
» Te equivocas, Tom. Yo no tengo límites —proclamó Harry y sus palabras fueron pesadas en el ambiente, como si tocaran los hilos mismos del universo y crearan una nueva corriente—, mi familia, los míos, nunca me limitaron. Ellos siempre me guiaron a romper mis cadenas y harías muy bien en aprender eso de una vez porque, de lo contrario, te mostrare que tan lejos estoy dispuesto a ir en mi nombre, voluntad, y su protección.
Después de que la última palabra fue dicha, Tom Riddle sonrió en victoria hacia Harry y, casi como si esperara esto, se apoyó contra él para reír suave, pero libremente, contra su cuello. Sonaba triunfante, como quien obtiene las respuestas que buscaba y lo envolvió en sus brazos para acercarlo más. Riddle rió una última vez, luego presionó sus labios contra la garganta expuesta de Harry y su magia fue liberada para reunirse a la de él en el mismo instante en que los labios hicieron contacto con la piel.
Se sentía casi como una recompensa.
Riddle había estado probando a Harry.
—Tu —exclamó Harry. Incrédulo ante lo que estaba presenciando— ¿En qué mierda, por las jodidas bolas de Merlín, estabas pensando?
—Tal lenguaje —dijo el otro mago, las palabras cosquilleando sobre la piel de Harry al no haberse movido de su posición—. Tranquilo, Potter. Solo comprobaba una cosa.
—Comprobar y una mierda.
Riddle sonrió de nuevo y se movió hasta mirar a Harry a los ojos de nuevo. El ambiente cambió y Harry pudo sentir que lo que seguiría sería importante.
—Nunca me dejaste responder a tus dudas antes de huir la última vez, Harry —dijo Riddle, pero bien podría haber ronroneado contra la yugular de Harry— No te quiero a mi sombra, no te quiero subyugado y mucho menos arrodillado a mi lado de ese modo. —A Harry no se le perdió el significado de lo último.
» No te quiero a mi lado para ser un simple seguidor. Comprendo bien, Harry, que nunca te rebajarías a mi sombra o mis pies como cualquier otro.
» Yo veo tu valor, tu potencial y poder. Te comprendo más de lo que piensas y no somos iguales, pero no busco una copia de mí mismo en una lucha de confianza y poder; busco un aliado en igualdad de condición y eso es lo que quiero obtener de ti, porque no es mi victoria, sería la nuestra.
—Tampoco sería solo tu derrota —debatió Harry. Lo único que podía hacer tras las palabras de Riddle.
Riddle le sonrió en respuesta, esta noche parecía estar llena de estas. Harry se separó de él y le observó de pie mientras este parecía considerar algo. Riddle lo veía con la cabeza ligeramente inclinada y el orgullo irradiando en el carmín sangriento de su mirada. Luego, se paró y caminó hasta su escritorio y se volteó a ver a Harry; una sola mano fue extendida en invitación y Harry la observó en duda.
—Agárrate de mí, voy a llevarte a ver con tus gemelos.
***...***
Nunca creí que una historia me costaría tanto, pero sufrí un bloqueo inmenso con esta. En fin, quería avisar que corregí todos los capítulos anteriores de esta historia (todos esos horrores de gramática y ortografía que pude notar, perdón por los que no) y quería avisarles que los estaré resubiendo más tarde, por si les aparecen las notificaciones.
También, me disculpo por la demora. En realidad, publique este capítulo hace dos semanas en Wattpad y no he tenido tiempo hasta ahora para subirlo aquí.
Ah, y este capítulo no está corregido así que me disculpo por cualquier horror/error en él y agradecería que me avisaran de ellos.
¡Gracias por leer!
