Harry aterrizó bruscamente en tierra firme, sintiéndose mareado por la brusquedad del viaje, pero emocionado ante la muestra de magia por parte de Riddle. Harry había volado, de manera indirecta gracias al pequeño viaje de Riddle, había sido algo increíble y terrorífico a la vez, Riddle solo le había extendido su mano y al segundo en que él la tomó se encontró a sí mismo a cientos de metros sobre el suelo con solo los brazos de Riddle a su alrededor evitando su caída, y la magia del Señor Oscuro envolviéndolos en una bruma oscura que, de alguna manera, los impulsaba hacia adelante.
Entonces, hizo la cosa más lógica a hacer: él se pegó a Riddle como una garrapata mientras el bastardo se reía de su desesperación. Logrando que Harry se asegurara de clavar sus dedos fuertemente en la carne bajo estos hasta que el otro siseó de dolor.
Pronto, la tierra bajo ellos le dio pasó al mar y, si era posible, Harry se adhirió a Riddle como una segunda piel ante la posibilidad de caer en las aguas frías y oscuras. Magia o no, Harry tenía algo de auto-preservación.
La siguiente media hora de viaje le pareció una eternidad, con Riddle aumentando la velocidad y los nervios de Harry en punta mientras el bastardo disfrutaba de dar descensos bruscos o rodeaba montañas jodidas en un giro cerrado como si esta fuera una maldita muestra de talento. Si bien Harry amaba volar, él lo amaba cuando era el mismo el que manejaba la escoba y no cuando toda su seguridad dependía de los brazos de un Señor Oscuro con tendencias asesinas hacia cierto Harry Potter, muchas gracias.
Fue por todo esto que Harry dio una oración de agradecimiento a Magia en cuanto sus pies tocaron el suelo y no terminó en el fondo del mar como alimento ni decorando el suelo en algún lugar de camino hacia aquí.
— ¿Qué tal el viaje, Potter? —se burló Riddle mientras sacudía polvo inexistente de su túnica.
Eso era todo, Harry iba a arrancarle los dientes al bastardo y arruinar esa sonrisa burlona perfecta.
—Podría enseñarte a hacerlo, si lo pides apropiadamente. —La mueca burlona en el rostro de Riddle le dijo todo a Harry sobre la manera apropiada de pedirlo.
—¿Qué tanto cariño le tienes a tus dientes, Riddle?
—Podría mostrarte mis maneras favoritas de usarlos, si así lo deseas.
La respuesta ingeniosa que Harry tenía en la punta de su lengua se cortó en cuanto notó donde estaban en realidad: una fortaleza sombría se erguía frente a Harry. Imponente, era un edificio gigantesco con forma de torre, hecho de piedra negra que parecía camuflar su estructura con el cielo nocturno tras ella.
Ni siquiera forzando su vista lograba ver la cima de la torre, oculta entre la oscuridad y la niebla. La torre estaba rodeada por una muralla enorme, hecha de la misma piedra negra azabache e incluso la tierra bajo sus pies parecía gritar en el dolor de los que aquí fueron encarcelados.
Estaban en Nurmengard.
Nurmengard, la misma prisión que Grindelwald construyó para aprisionar a quienes se le oponían o consideraba indignos de la libertad. La misma que ahora era su propia cárcel tras su derrota, parecía lógico que Dumbledore usará el lugar a su propio beneficio en una especie de parodia vengativa.
Caminaron hacia la puerta, sin ningún signo de vigilancia o seguridad en el lugar, ya sea mágica o mundana. Obviamente, Dumbledore confiaba demasiado en el peso de su nombre y el terror que la prisión generaba para mantener a los curiosos lejos.
Una vez frente a la entrada, Harry pudo leer la frase "Por el bien mayor" grabada sobre esta y sintió a su estómago revolverse al leerlo. Riddle siguió avanzando, sin voltearse a ver si lo seguiría (sabía que Harry lo haría) e ingresó al lugar sin impedimentos.
Era anticlimático, pensar que los gemelos estaban aquí y ni siquiera tendría que enfrentarse a grandes desafíos para llegar a ellos. Se sentía casi como si un caballero rescatara a la damisela en apuros de la torre más alta del reino, pero sin dragones, conjuros o bruja malvadas en ella; solo el rumor de la promesa de muerte y dolor habían mantenido a los aldeanos lejos del lugar y la joven doncella fue encerrada sin que nada evitara que alguien entrara, pero nadie nunca lo hizo.
La torre era tan negra por dentro como por fuera. La luz en la punta de la varita de Riddle apenas era suficiente para guiarlos, pero Harry se negó a conjurar una luz también. Prefería estar preparado ante cualquier amenaza, que usar magia para alumbrar su camino.
Subieron piso tras piso, perdiendo tiempo en revisar cada uno debido a que Riddle no sabía en qué celda del lugar estaban sus gemelos, solo que estaban ahí, y cuanto más subían, menos celdas había por piso; Hasta que llegaron al penúltimo piso y Harry vislumbró el tenue resplandor de una antorcha más allá de las escaleras.
Fue como si nada más importara. No importó Tom Riddle, que le llamó para que no avanzará imprudentemente, menos lo hizo el hecho de si lo era o no; ya no importó su cansancio, no importaron sus miedos o esperanzas, ni siquiera importó todo el sufrimiento pasado desde que los gemelos fueron arrestados.
Entonces, los vio.
Sus gemelos estaban encerrados en una única celda, con nada más que un par de catres y mantas finas. Estaban sucios y delgados, vestidos con las mismas túnicas que usaron la última vez que los vio, pero Harry no notó ninguna herida visible o signo de derrota en ellos y se sintió aliviado ante esto. Tal vez, el simple hecho de tenerse el uno al otro en este lugar evitó la peor parte de las consecuencias que la soledad absoluta traía consigo.
Harry permaneció en silencio unos segundos, bebiendo de la vista ante sí, disfrutando de poder apreciar de nuevo la travesura en Darrius y el ingenio sarcástico en Feodras. Sus gemelos no estaban hablando, pero eran las miradas en sus ojos lo que le aseguraban a Harry que seguían siendo los mismos; era la travesura en la sonrisa de Darrius y la tormenta de ingenio que giraba en los ojos de Feodras.
Riddle apareció tras Harry, con la respiración agitada y soltando palabras sobre su imprudencia, los gemelos reaccionaron ante el ruido provocado por Riddle y parecieron congelarse ante la vista de las otras dos personas. Harry tampoco se movió, no sabía cómo reaccionar, la mitad de su persona quería correr a ellos para abrazarlos en el alivio de verlos y, la otra parte, quería caer de rodillas y pedir perdón por todo lo que pasó.
Se miraron otro tenso momento, como preguntándose si lo que veían era real, antes de que la voz de Darrius atravesara el espacio con una simple palabra:
— ¿Harry? —Su nombre sonó casi como un lamento, dicho por una persona cargada de esperanzas y que temía que estás fueran en vano.
Harry reaccionó. Se arrojó contra las barras de la celda y magia pura quemó contra estas, doblándolas para darle espacio y permitirle arrojarse contra las dos personas en el lugar.
Harry se sintió en casa.
Por primera vez en todo ese tiempo, tenía los brazos de Darrius y Feodras envueltos alrededor de él. Era el hogar, la familiaridad reconfortante de sus gemelos rodeándolo, el aroma dulce de galletas y canela de Darrius, el leve rastro de cuero, tinta y madera de Feodras y, sobre todo, la calidez de las magias reconocibles de sus gemelos: de un azul oscuro y envolviendo a Harry con la calma de las aguas profundas de un océano.
Sin poder evitarlo, Harry sollozó. Soltando palabras de disculpa y recibiendo a cambió oraciones de consuelo y aceptación. No le culpaban, no lamentaban el haberlo acogido hace tantos años y le pedían que dejara de pensar esas cosas.
Ignorado debido al reencuentro feliz, Tom Riddle observó con cierto morbo y fascinación la escena. Era desconocido para él semejante muestra de sentimientos, toda la protección y, Merlín lo libre, amor de una familia al fin reunida. Muy en el fondo, se preguntó qué hubiese pasado de tener ese tipo de apoyo ¿Sería él el mismo? ¿Cuánto sobre sí cambiaria? ¿Estaba condenado a nunca amar nada solo por el hecho de nacer de una poción de amor? ¿Hubiese seguido los mismos métodos y caminos? Él nunca lo sabrá y era mejor así, no podía perder su tiempo lamentándose por pasados alternativos que nunca sucedieron, y tampoco podía dejar que cosas como celos o añoranza lo distrajeran ahora.
Pero era todo un espectáculo para ver, el observar de primera mano hasta donde las personas eran capaces de ir por el llamado amor. Tom, aunque nunca lo admitiría, admiraba en cierto sentido la lealtad y protección que Potter profesaba hacia estas dos personas, quienes le acogieron y aceptaron tal cual era.
El amor era también un arma peligrosa, Tom era lo suficientemente inteligente para admitir eso ahora. Casi podía verlo a la perfección: Harry Potter, criado entre muggles que le despreciaban y marcaban como diferente, siempre a la sombra y en el dolor, descubriendo este nuevo mundo de magia donde era reconocido y valorado. Ignorante de todos los matices en este mundo, un pequeño niño que a la primera muestra de afecto se pegaría a las personas que le dieran dicho cariño con todo su ser, para demostrar que era digno. Esto era peligroso, porque podría haber sido Dumbledore.
Dumbledore, apareciendo como el anciano amable y paciente, quien era la figura a seguir para todo el mundo. Poderoso, pero amable Albus Dumbledore, con un niño de oro que lo seguiría hasta la muerte por el llamado amor ¿Quién sabe? Tal vez todo esto hubiese resultado diferente, y Tom presentía que no hubiese acabado bien para él.
La pequeña familia feliz frente a Tom se separó de su abrazo al fin y Potter se veía radiante, abandonando la tensión en su postura que Tom nunca notó antes, con un gemelo a cada lado y una sutil sonrisa adornando sus labios. Por primera vez desde que lo conoció, Harry Potter se veía acorde a su edad.
—Tengo que sacarlos de aquí —dijo Potter, y Tom estuvo aún más de acuerdo con su pensamiento anterior respecto a la edad de Potter ¿El niño era imbécil?
—¿Qué tu qué? —preguntó uno de los tutores de Potter, Tom no sabía cuál.
—No puedo dejarlos aquí, Darrius, lo sabes —exclamó Potter. Las palabras desesperadas hicieron eco ante las respuestas en forma de silencio que los gemelos le brindaron.
—Potter —llamó Tom y Harry Potter le miró pareciéndose casi a una Gorgona con toda su actitud de "atrévete a desafiarme y te arrancare la yugular con los dientes". —, ya hemos hablado de esto y no puedes sacarlos de aquí.
Tom Riddle esperaba que Harry le gritara, si era sincero, lo atacará inmediatamente en el momento en que le recordara que no podía salvar a su familia de este lugar, pero no esperaba que Harry le sonriera. Ancho, feliz y astuto, como si fuera un zorro en medio de una travesura, Harry Potter le sonrió y le dijo:
—No, yo no puedo sacarlos de aquí, pero tú sí.
Oh Merlín, Tom estaba condenado.
…
Al día siguiente, Harry caminó exudando alegría a través de los pasillos de Hogwarts. No es que estuvieran dando saltitos y arrojando dulces, pero la sonrisa en su rostro y el andar suelto en sus pasos tuvo a toda la población estudiantil de Hogwarts mirándole como si el anticristo caminara por sus pasillos en un tutú rosa y usando medias de arcoíris.
Ese pensamiento tuvo a Harry riéndose solo y a dos Ravenclaws mirándole desde el otro lado del pasillo como si quisieran abrir su cerebro para ver que está mal con él. Al parecer, en su descontento general ante la falta de sus gemelos, Harry había aterrorizado a todos con su expresión asesina y caminata de diva que vio a alguien robarle su corona favorita (palabras de los gemelos Weasley) y el verlo de nuevo feliz tenía a todo el mundo pensando que asesino a alguien al fin, comió uno de los chocolates especiales de Blaise Zabini (estos eran los Slytherin) o pensando que el fin del mundo se acercaba y él estaba feliz por eso.
De todas formas, Harry tenía un plan para sacar a sus gemelos de Nurmengard, plan que aun debía convencer a cierto Señor Oscuro de ejecutar, pero solo era cuestión de tiempo, porque Tom Riddle no tendría otra opción, ya que Harry no debía ser relacionado de ninguna manera con la fuga de sus gemelos y Riddle sabía que, si no accedía, Harry lo dejaría fuera de todo esto.
Después de todo, si Riddle no accedía a ayudarlo, Harry disponía de un famoso alquimista capaz de mover hilos desde las sombras a cambio de un intercambio justo, y el diario de cuero escondido en su baúl parecía algo que a Flamel podría interesarle.
—Mira quien decidió que al final si sabía sonreír. —Una voz dijo detrás de Harry. Volteándose, no era otro que el menor del clan pelirrojo.
—Ginny —canturreó Harry y los ojos castaños le fulminaron como si pudiera matarlo con eso ante el uso del nombre femenino—. No me mires así, no es como si te hubieras decidido por un nombre propio al fin.
—Cállate Potter ¿o debo decir "Su Majestad"? —contratacó Weasley.
Por Merlín, Harry había extrañado esto, la sensación de que las cosas iban a ir bien y el poder disfrutar de las interacciones proporcionadas por las pocas personas cercanas a él en este lugar. Era agradable ser capaz de bromear sin el temor constante que había sentido antes. Pero, por el bien de las apariencias y las amistadas basadas en meterse el uno con el otro, Harry gimió como si estuviera avergonzado y se encogió dramáticamente sobre sí mismo. Hacer eso obligó a Harry a mirar hacia abajo y notar que Weasley estaba usando una falda.
Weasley usaba una falda, la del uniforme femenino de Hogwarts, y era una visión extraña, teniendo en cuenta que Weasley le había pedido ayuda para quemar sus faldas y transfigurar los viejos pantalones de los gemelos a su talla tras la cena de bienvenida de ese año.
—Llevas falda —comentó Harry, estúpidamente, dada la mirada que Weasley le dirigió. Weasley le miró como si se preguntará que tanto nivel de ignorancia podía alcanzar Harry; A cambio, Harry le miró como si Weasley hubiese decidido cambiar su nombre a Sparkle.
» Falda —repitió Harry, por si el hecho de que estaba perdiendo su mierda fuera de sí mismo no estaba claro.
—Potter, eres un imbécil —dijo suavemente Weasley, con sus dientes apretados y las cejas bajas en frustración por no poder golpearlo en este momento—. Me sentí… creí, simplemente quería ¿Vale? —exclamó, esta vez a la defensiva y Harry levantó sus manos en un intento de aplacar la ira de Weasley.
» Es solo que, no sé cómo explicarlo. Me levanté esta mañana y solamente lo quise ¿Si? Tenía esta sensación, esto que me hacía sentir como si hoy quisiera verme bonita.
—¿Bonita? —Interrumpió Harry, consternado ante el uso de la palabra en femenino.
Weasley miró al suelo en derrota, los hombros tensos y caídos, se veía en lucha consigo mismo y Harry recordó que Weasley apenas tenía once años (no es como si él fuera alguien para hablar, solo le llevaba un año), con sus propios problemas que cargar y la noción de que nació como un niño, pero su madre decidió por él que sería una niña. Y aquí estaba, consternado ante sus propios pensamientos y emociones; después de afirmar durante mucho tiempo que él era un niño, sintiendo ganas de verse bonita y llevar falda, y, viéndole bien, Harry podía notar sus uñas pintadas y un ligero rastro de brillo en sus labios.
Tomando una decisión, Harry tomó a Weasley por la muñeca y procedió a arrastrarlo a la fuerza hacia una de las habitaciones ocultas de Hogwarts. Harry atravesó un pasadizo oculto tras un tapiz de una ninfa tejiendo al borde de un bosque sombrío y lo siguió hasta llegar al final, donde una habitación de tamaño considerable, pero acogedora con enormes almohadones mullidos por todo el lugar a modo de sofá y una chimenea, decorada con una alfombra gruesa y telas pesadas, aunque coloridas y bordadas, colgaban desde el techo llegando a arrastrarse metros por el suelo. Había plantas colgando por el lugar por cadenas que sostenían sus macetas y velas flotando que iluminaban el lugar tenuemente, rodeando la chimenea, y llegando casi tan alto como el techo, había estantes con libros y uno que otro juego o rompecabezas ocupaban toda una pared al fondo.
La habitación había pertenecido a Helga, por lo que le dijo Rowena una vez cuando Harry buscaba un lugar seguro donde esconderse de los demás estudiantes.
Harry hizo que Weasley se sentara en un almohadón junto a la chimenea y arrastró otra para sí mismo desde una esquina rodeada de plantas cerca de esta. Weasley se veía como un fantasma y Harry podía decir que estaba al borde de las lágrimas. Jurando para sí mismo, Harry se estiró y tomó las manos de Weasley entre las suyas, forzando a que lo mirara y le indicó que tomara respiraciones profundas imitando a Harry al hacerlo.
—¿Mejor? —preguntó Harry y Weasley asintió— ¿Quieres hablarlo?
Weasley miro al suelo como si fuera su nuevo amigo y pareció reacio a hablar, hasta que una expresión amarga, pero cansada, atravesó su rostro y lentamente, buscando palabras que pudiera describir sus pensamientos, comenzó a hablar:
— ¿Crees que soy raro, Potter? —preguntó y Harry frunció sus labios en desaprobación hacia Weasley— Lo sé, no lo crees, pero ¿Cómo explicas esto? Digo que soy varón, me siento uno, pero… No lo sé, extrañe esto, quería sentirme bonita.
» No quería usar falda y sentirme bonito, me refiero a que en serio quería sentirme bonita. Me sentí femenina ¡SOY UN NIÑO!
A estas alturas, Weasley había comenzado a llorar, lagrimas silenciosas y separadas entre sí, como si ni siquiera quisiera complacerse en llorar abiertamente.
—Soy un niño —dijo y sonó amargo y áspero, con sus manos estrujando la tela de la falda que llevaba puesta—, pero hoy me sentí como una niña, mis compañeras me dijeron que me veía bonita y me gusto que me dijeran eso ¿Qué está mal conmigo, Potter? —Terminó por preguntar Weasley y eso pareció abrir las compuertas que lo retenían: comenzó a llorar fuertemente, su cuerpo se estremecía ante cada sollozo desgarrador que soltaba, y abrazó sus rodillas buscando hacerse más pequeño sobre la almohada que parecía poder tragarlo.
Harry entró en pánico. Él no era bueno con las personas llorando a su alrededor, no sabía cómo actuar, y podía sentir sus nervios tratando de dominarlo. Renuente y lentamente, se acercó a Weasley como si este fuera un animal salvaje y rodeó los hombros del otro con uno de sus brazos, atrayéndolo hacia sí mismo y permitiéndole llorar contra la tabla de piedra tensa que el cuerpo de Harry había decidido ser.
—Weasley —le llamó Harry y, una vez que los ojos marrones le miraron atentamente, prosiguió: —, no hay nada malo contigo ¿Está bien? —Harry no sabía si lo que dijo ayudaba o era lo correcto para decir, pero Weasley pareció relajarse y, reuniendo algo de coraje, decidió continuar diciendo lo que pensaba.
» Hoy te sentiste como un ella ¿No es así? La mayoría de los días te sientes como un él, pero hoy eras un ella. —Oh por favor, pensó Harry, espero no estar jodiendo esto. — Puede que lo que pasa es que eres un niño, pero también eres una niña ¿Me explico a mí mismo?
Weasley asintió tentativamente a su pregunta, secándose las lágrimas de su rostro con las mangas de su túnica y mirándose aún más pequeño de lo que era ¿Harry quizás debería pensar hoy en "pequeña" en lugar de "pequeño"?
—Creo que deberías de hablar con algún adulto de confianza sobre esto, el profesor Lupin es una muy buena opción. Él te tomara en serio.
Weasley salió del lugar en busca de Lupin y, unos días más tarde, Harry recibió la orden por parte de Weasley de hablarle y referirse a él como un "él" al menos que le diga lo contrario.
…
Harry caminó perezosamente y con seguridad a través de las sombras de unos de los jardines de la mansión Malfoy. Al igual que a la familia a la que pertenecían, los jardines de esta mansión eran una muestra de opulencia, con plantas exóticas pero elegantes, laberintos enormes en sus terrenos, fuentes extraordinarias y estatuas sin nada que envidiarles a las aclamadas estatuas de la antigua Grecia. Y viendo algunas de dichas estatuas, quizás eran de la antigua Grecia.
Por supuesto, Harry no podía olvidar a los pavos reales albinos, ya que las malditas cosas empezarían a chillar como si los estuvieran torturando si tan solo vislumbraban la sombra de Harry, lo había aprendido por las malas en una de sus visitas y desde entonces procuraba evitarlas (a Draco le encantaba despertar a Harry con ellos cuando se quedaba a pasar la noche).
La razón por la que Harry paseaba por los jardines Malfoy no era otra que Tom Riddle, quien al parecer poseía la costumbre de caminar por la noche una vez por semana como el Señor Oscuro sumamente terrorífico que era. Riddle había escogido esta vez los jardines al este de la mansión, que poseían largos senderos que llevaban todos al centro mismo del jardín, donde había una fuente inmensa en medio y un circulo de asientos dispuestos a una distancia segura del roció generado por la fuente misma.
Harry encontró al otro mago en el centro del Jardín, y por primera vez, Harry observó al Señor Oscuro en una postura que podría definirse como intima, vulnerable, utilizada por el otro hombre cuando estaba seguro que era la única otra alma a su alrededor y era hipnótico de ver: Tom Riddle se encontraba sentado en uno de los bancos del lugar, mirando hacia el cielo nocturno con la cabeza apoyada en el respaldo de su asiento, los brazos sueltos y relajados alrededor de su torso y las piernas estiradas desigualmente. Casi parecía que estaba dormitando, si no fuera por la mirada atenta y distante del hombre sobre el cielo, y se veía tan humano que Harry temía estar equivocándose de persona.
—Puedo escucharte respirar hasta aquí, Potter, sal de ahí —llamó el Señor Oscuro, la cabeza girando en la dirección general de Harry y los ojos carmín mirando exigentemente a las sombras donde Harry se escondía.
Harry aguardó un segundo, considerando la idea de simplemente Aparecer fuera del lugar y dejando al otro pensar que fue una ilusión de su mente el sentir a Harry, pero vino aquí en busca de Riddle y lentamente dio pasos, que resonaban en el silencio del lugar, hasta salir de las sombras.
En cuanto Harry fue visible, Riddle abandonó su postura cómoda y se sentó con toda la frialdad y elegancia de la que era habitual. Harry no pudo entender porque esto le dolía.
—¿Cómo supiste que era yo? —preguntó Harry, en un intento de distraerse a sí mismo de la punzada en su pecho.
—Eres alguien a quien difícilmente pasaría por alto, Potter. —dijo Riddle, y Harry no supo si tomar dicha afirmación como algo positivo o no.
Ignorando sus pensamientos conflictivos, Harry se sentó al lado de Riddle y decidió que adoptar la anterior postura relajada del Señor Oscuro parecía una buena idea. Así, mientras miraba al cielo y se distraía con pensamientos sobre estrellas y supernovas, le fue fácil ignorar la tensión creciente que parecía emanar de Riddle ante su presencia.
Tom Riddle de seguro sabía a lo que Harry venía, y que la conversación que tendrían podría terminar en desastre. Harry hizo un gran esfuerzo en ignorar esto, reuniendo coraje para preguntar lo que obviamente quería, y por lo que vino, a Riddle.
Harry no sabía si quería escuchar la respuesta, pero tenía que saber.
—¿Lo harás? —preguntó Harry. Suave y cargado, como el relámpago que ilumina el cielo antes que el rayo golpee el suelo.
—No —contestó Riddle. Firme, pero caótico, como lo es el sonido del trueno que acompaña al rayo.
La furia de Harry se encendió veloz como el relámpago, pero silenciosa. Su furia estaba ahí, Riddle podía verla iluminando todo, siendo la luz centelleante que enciende el miedo de la gente en la noche cuando lo ven. Porque ellos sabes lo que esa luz anuncia, saben el sonido arrollador seguirá a esta y la quema eléctrica y mortal que podrá golpearlos. Todos le temen al relámpago porque anuncia la llegada del rayo, todos le temen al relámpago, pero no es el que daña.
—Mi plan es bueno —dijo Harry, la voz un chasquido furioso y los dientes apretados entre sí como si pudieran moler su frustración—. Es sencillo, Riddle, vas a Nurmengard, directo a la celda de Grindewald…
—No, Potter.
—Vas a amenazarlo. —Continuó Harry, ignorando a Riddle y subiendo ligeramente su voz en la necesidad de ser escuchado— Vas a preguntarle sobre la Varita de Sauco, como te he contado sobre el Cuento de los Tres Hermanos, y parecerá que estás ahí solo para eso. Pero, repentina y sorprendentemente, escuchaste un fuerte ruido proveniente del piso bajo suyo e iras a ver, curioso por esto, y veras a dos personas encerradas en una celda. Dos personas que te llevaras de Nurmengard porque son un cebo fácil hacia Harry Potter, son lo que podrás usar para manipular a Harry Potter, eso es lo que Dumbledore creerá.
—He dicho que no –repitió su negativa Riddle.
— ¿POR QUÉ DIABLOS NO? —gritó enojado Harry, parándose de su lugar y alejándose de Riddle porque, si estaba cerca del hombre, Harry sabía que nada podría evitar que atacará al otro— ¿Cuál es el problema? Consigo a mis gemelos y el Señor Oscuro queda en una posición donde…
—Yo soy Lord Voldemort —dijo Riddle y, aunque las palabras fueron suaves, resonaron en todo el lugar fulminando de la existencia cualquier otro sonido—, ese es el problema, Potter. Sigues refiriéndote a mi como Tom Riddle y, cuando lo requieres, como el Señor Oscuro.
Riddle se levantó, caminando hacia a Harry hasta estar parado frente a este, irguiéndose sobre Harry en toda su estatura y soltando su magia sobre el lugar. Se sentía diferente, oscura y peligrosa, como acido presionando contra su piel y de alguna manera lograba que el aire escociera y sus pulmones ardieran al respirar.
—En tu mente me ves como dos personas, ahí está tu error —prosiguió Riddle, ignorando la expresión de shock en Harry y clavando sus dedos aún más profundos en la herida que sus palabras abrían.
» Yo no soy Tom Riddle, cuando necesitas un aliado. Tampoco soy el Señor Oscuro al que pareces referirte como esa oscuridad en mí que odias, como si fuera una entidad separada.
» Yo soy Lord Voldemort. —Volvió a declarar, mostrándole a Potter todo el poder que lo llevó a lograr todo lo que hizo y a ser quien era— Y no voy a renunciar a mis planes, no voy a arriesgar toda mi cuidadosa planificación para tomar el poder, por tu deseo caprichoso de recuperar a tu familia y burlarte de Dumbledore.
» Entiende, Harry Potter. —Voldemort se inclinó hasta estar a la altura de Harry, condescendiente— Que hay cosas más grandes en juego que dos personas que permanecen encerrada en un lugar donde no los dañan. Entiende que no soy un alma caritativa, que tu sufrimiento no me importa y que cualquier alianza contigo no está valiendo la pena su riesgo. Ni siquiera conozco tus metas, tus motivaciones, no se hacia dónde buscas ir y no voy a arriesgarlo todo solo para que Dumbledore descubra mi vuelta al mundo demasiado pronto y las consecuencias que esto trae lo arruinen todo.
» Entiende, yo soy Lord Voldemort, Harry Potter.
Riddle desapareció del lugar dejando a un niño, que buscaba jugar una guerra demasiado grande para él, solo en un jardín iluminado en estrellas. Harry Potter era capaz de hacer cualquier cosa por quienes amaba, y eso estaba demostrando ser un riesgo para él, convirtiendo al niño en alguien imprudente en su preocupación.
Harry Potter aún era un niño, he ahí el problema, y Tom Riddle era Lord Voldemort, quien no conocía el amor o la preocupación; quien nunca lograría ver como válidas las motivaciones del niño; quien era un monstruo dispuesto a cualquier cosa por el poder. Porque para Lord Voldemort, el conocimiento era poder, pero Potter estaba demostrando ser un conocimiento por el cual no valía la pena conseguir el poder que traía consigo.
Porque Lord Voldemort era Tom Riddle y Harry Potter aun no veía eso, no veía como a Tom Riddle no le interesaba poder perderlo todo por dos personas desconocidas para él.
Harry observó el cielo, una gota silenciosa aterrizó sobre su frente y las palabras de Riddle resonaron en su conciencia.
Yo soy Lord Voldemort.
Esas palabras se repetían, poderosas, eran truenos. Era lo que hacía que las personas temieran al relámpago, porque aún más que su luz, temían al sonido arrollador que acompañaba su caída con el poder de un rayo que todo lo quema.
Su alianza se había roto.
Un relámpago iluminó el cielo, inofensivo, nada más que luz que trae consigo una advertencia.
No importa, no lo necesito.
Un trueno resonó, en algún lugar algo se quemó hasta las cenizas por un rayo.
—No lo necesito —se dijo Harry— Tengo otros planes.
La lluvia cayó con aún más fuerza y Harry supo que estaba tratando de convencerse a sí mismo. Sus ropas estaban empapadas y Harry metió su mano en el bolsillo de su túnica, comprobando que el diario que estaba ahí estuviera bien.
Agarrando el diario, Harry lo sacó, sin preocuparse porque se mejora sabiendo que la lluvia no lo dañaría, y observó vacíamente como permanecía seco mientras el mundo parecía hundirse en agua a su alrededor.
Tenía un lugar al que ir.
***...***
¡Hola! Aquí un capitulo nuevo, sin corregir debido a la prisa, así que me disculpo por cualquier error/horror de ortografía y gramática, siéntanse libres de señalarlos para que pueda corregirlos cuando edite esto. Sé que este capítulo llega muy tarde, pero he estado desconectada de la tecnología por varias razones más los pluses de problemas que la vida trae.
No sé si trabaje bien la escena con Weasley o me explique a mí misma, no duden en preguntar u opinar recordando respetar.
En fin, ¿Dudas, comentarios, opiniones, teorías? Los comentarios dan vida.
¡Muchas gracias por leer!
Sepheline.
