No llovía a los alrededores de la mansión Flamel, a pesar de que Harry aún se sentía como si lo hiciera, con pinchazos de frío recorriéndolo y el diario en el bolsillo de su túnica pareciendo pesar cada vez más cuanto más se acercaba a la mansión.

En cierta manera, Harry sabía que había sido ingenuo ¿Por qué creyó que Riddle haría lo que fuera para ayudarlo?

Yo soy Lord Voldemort.

Era la verdad, y Harry la había estado ignorando, jugando a los aliados con Riddle y olvidándose que un Señor Oscuro siempre seguiría su propia agenda. Tom Riddle no lo arriesgaría todo solo para complacer a Harry, mucho menos cuando los gemelos no estaban en riesgo inmediato.

Había sido ingenuo, sí, pero lo había sido por creer que Voldemort comprendería lo que Harry estaba sintiendo. Harry creyó que Voldemort lo ayudaría en nombre de su alianza, pero Harry le había pedido demasiado; Irrumpir en Nurmengard, ser notado por Dumbledore y arriesgar la cuidadosa planificación del Señor Oscuro para tomar el poder bajo las narices de todos.

Entiende que no soy un alma caritativa, que tu sufrimiento no me importa y que cualquier alianza contigo no está valiendo la pena su riesgo.

Dolía.

Pero Tom Riddle se equivocaba en algo, Harry podría haber sido ingenuo, pero no estúpido y, sobre todo, Harry iba a triunfar sobre esto. Porque él había estado bailando un juego infinito entre Lord Voldemort y Dumbledore, Harry se había ilusionado con uno y dejado manipular por otro, olvidándose de sí mismo.

Porqué él había estado perdiendo, sin notarlo, perdía el juego al pensar que necesitaba estar en un lado u el otro cuando, en realidad, esta guerra no era de él. Harry tenía una misión, y no era el apoyar a la luz o la oscuridad, no era ni siquiera el tratar de ser un mago normal.

Harry necesitaba hacer cosas más grandes que jugar a ser el rey en Inglaterra, y solo había una persona que podía ayudarlo en esto.

Y si era posible, la maldita sala de Flamel estaba incluso más reforzada que antes y le iba a doler incluso a Harry el atravesarlas.

Suspirando frustrado, Harry alzó su mano hacia la sala, magia vibrando bajó esta y tejiéndose sobre si misma en un propósito fijo. Un patrón rúnico se volvió visible para él sobre su mano, creciendo en tamaño mientras su intención era clara, avanzando como si danzará hasta cubrir todo su brazo, sobrepasar su hombro y arrastrarse en su pecho. Era una matriz enorme, aunque sencilla en sus bases.

—Oh, no ¡No lo harás, maldito ladrón de cuarta! —El grito vino del otro lado de las salas.

Enid, la sala de Flamel, se materializó frente a Harry y le frunció el ceño ferozmente, con las manos en sus caderas y la apariencia juvenil de la sala no hacía nada para mitigar la intención asesina proveniente de los ojos índigos de la sala.

Harry retiró su mano, la matriz desapareciendo en la nada, y trató de poner la expresión más inocente que podía (él falló).

Enid resopló ofendida y giró su cabeza desdeñosamente hacia un lado, las trenzas en su pelo se movieron con ella y Harry se preguntó cómo era posible el sonido tintineante proveniente de las monedas y cuentas en ellas.

—Vamos, ladrón, el señor Flamel te espera —dijo la niña sala, y giró sobre sus talones para caminar rápidamente hacia la mansión, con toda la intención de que Harry tuviera que correr para seguirle el paso.

—Tengo un nombre, ya sabes.

Enid ignoró a Harry y caminó aún más rápido. Harry maldijo suavemente, para luego correr tras la sala e ingresar a la caótica mansión Flamel con ella.

En su interior, no solo lo esperaba Nicolás Flamel, sentado en uno de los muchos sillones del lugar, mientras retorcía una de sus risos rubios entre sus dedos y parecía disfrutar de sonreírle a Harry con malicia, sino también estaba Perenelle Flamel a su lado.

La señora Flamel era una mujer hermosa, con su largo pelo negro, rasgos finos y ojos avellana, con un aura grácil y calmada a su alrededor. Sorprendentemente, llevaba puesta ropa muggle, vestida con un pantalón negro de tiro alto y doble cinturón, junto a un suéter de cuello tortuga blanco y un abrigo rojo medio largo de gruesos botones negros en doble hilera. Además, su largo pelo estaba sostenido hacia atrás por una horquilla japonesa dorada con joyería que simulaban ser flores de jazmín en sus puntas y de las cuales colgaban dos cristales.

Pero lo interesante en Perenelle Flamel, además de su ropa, era que poseía la misma mirada perdida pero conocedora, que Luna Lovegood.

En ese momento, Harry y Perenelle cruzaron miradas. La señora Flamel le sonrió como si supiera algo que Harry no, y Harry podía ver el parecido a la hora de jugar con la gente que Perenelle compartía con su marido.

—La lluvia puede ser algo molesta ¿No es así, señor Potter? —dijo Perenelle, mirando a Harry sin verlo mientras se paraba de su lugar y lo rodeaba— Limpiando las verdades que preferiríamos no ver. —Perenelle puso su mano sobre el hombro de Harry y lo apretó suavemente, pareciendo tratar de consolarlo.

» Iré a por algo de té para nuestro invitado. Querido, no hagas nada con él si no puedo verlo —ordenó, y desapareció por una puerta hacia lo que Harry creía que sería la cocina.

Tratando de ignorar lo inquietante de la última frase dicha por Perenelle, Harry sacó el diario oculto en su túnica y se lo extendió a Flamel. El mago miró con curiosidad el objeto y lo tomó entre sus manos, abriendo el diario y pasando un dedo curioso por las páginas en blanco, tomándose su tiempo en inspeccionar el cuero en la tapa del diario y las costuras en los bordes.

Harry trató profundamente en no caer en otro de los juegos de Flamel.

—Un Horrocrux —dijo finalmente Flamel, Harry le dio la mirada más cargada de sarcasmo que pudo hacer— ¿Por qué motivo trajo un Horrocrux, señor Potter?

Flamel dejó el diario en la mesita de té, invitando a Harry a sentarse con una señal de su mano y mirando a su alrededor, pareciendo buscar algo. Se paró de su lugar y camino alrededor del salón abarrotado de cosas, tomando objetos de algunos lugares y regresando a su asiento frente a Harry, para luego colocar cinco cosas en la mesita.

Eran objetos comunes a simple vista: una daga ornamentada, lo que parecía una cajita musical, un anillo sencillo de plata, un pequeño jarrón griego con alguna diosa griega representado en él y prendedor para el cabello con la forma de cuervo que sostenía entre sus garras el pasante de hierro para el pelo.

Todos ellos, notó Harry, eran Horrocruxes.

—No eres el primero, señor Potter, en tratar de ofrecerme un horrocrux como método de pago —informó Flamel, tomando el anillo de plata de la mesa y trazando un triskelion celta grabado en él—. No obstante, ese horrocrux ni siquiera es tuyo.

—No, no lo es —admitió Harry, tomando el diario y mirando el nombre grabado en su primera página—, es de Voldemort.

Flamel le miró sorprendido, para luego sonreírle gratamente a Harry, como si fuera un perro que lograba traerle de regreso el palo antes arrojado por su amo.

Harry se revolvió incomodo en su lugar, sin saber qué hacer ante el silencio por parte de Flamel y la mirada extraña y calculadora en él.

Por suerte, Perenelle apareció en ese momento y Flamel se paró para ayudar con la bandeja del té a su esposa. Se tomaron su tiempo en servirlo, en silencio y perfectamente coordinados entre sí al prepararlo, Harry observó fascinado la extraña vista de una pareja completamente en sintonía entre sí. Perenelle atrapó a Harry mirándolos, guiñándole un ojo mientras echaba azúcar en las tazas de té y su marido tapaba la azucarera y alcanzaba la crema al momento siguiente.

—Veo que el honor de Harry sigue intacto—dijo y sonrió contenta cuando Harry trató de ocultar su vergüenza tras su propia taza de té.

Por Merlín, rogó Harry, esperó haber malinterpretado eso.

—Prometí que podrías ver, ¿no es así, querida? —le siguió el juego Flamel y Perenelle tarareó mientras deslizaba su dedo por el borde de su taza.

—Lo mismo dijiste sobre el joven Smith, pero no fuiste capaz de esperar a que volviera de mi viaje por Asia.

—Ya me disculpé por eso, además, fue hace ciento cincuenta años y tuviste tus propios momentos con la querida Etsuko poco después.

Harry tosió fuertemente, fingiendo ahogarse con su té para evitar que el tema en cuestión entre los Flamel escalará todavía más y terminaran por envolverlo en el también.

Perenelle le sonrió en disculpa y Flamel le miró burlonamente mientras comía una galleta… a veces, a Harry le sorprendía que este hombre fuera tan viejo y poderoso como decía ser.

—Yendo al punto en todo esto —dijo Flamel, mientras mandaba los cinco horrocrux en la mesita hacia su lugar con un movimiento de su mano— ¿Qué es lo que esperas a cambio del horrocrux?

—Quiero… —comenzó Harry, pero Perenelle le interrumpió suavemente:

—Hay dos personas, en un lugar muy solitario, que el joven Potter desea recuperar.

Flamel pareció considerar las palabras de su esposa, mientras una conversación silenciosa se dio entre ambos. Basada en movimientos de labios, cejas elevadas y ojos siendo puestos en blanco entre los dos, pero al final, la ceja elevada de Perenelle pareció ser la más temible, ya que Flamel suspiró y miró a Harry en derrota.

—Todavía me debes por el préstamo de la piedra, lo sabes —dijo Flamel, y Harry empezó a temer lo peor, hasta que Flamel continuo: —. No obstante, te propongo otro trato, que saldaría ambas deudas, tanto por la piedra como para lo que quieres ahora.

» Antes de que te emociones, escúchame: Quiero que dejes Hogwarts.

Harry miró en absoluta sorpresa a Flamel ¿De qué le serviría al otro mago que Harry abandonará Hogwarts?

Perenelle le dio una fuerte patada en el tobillo a su marido, obligándolo a explicarse mejor.

—Quiero que dejes Hogwarts, señor Potter, y asumas un puesto bajo mi servicio hasta que consideré que tu deuda conmigo este saldada.

» Por supuesto, la misma protección se extiende a las personas que desees que salve del control de Dumbledore. Sería estúpido de mi parte el pretender alejar a tales personas de ti, si estás dispuesto a ir tan lejos para protegerlos.

» Pero, entiende esto, estarás bajo mi servicio, daré una orden y esta será absoluta. No habrá dudas, moral o quejas hacia estas, porque no importaran en lo absoluto. Solo serás un vasallo pagando su deuda ¿Estás de acuerdo con estas condiciones, joven Potter?

Flamel terminó su discurso, los ojos cian le brillaron con magia y astucia, parecía analizar cada expresión en Harry y calcular a consecuencia de estas. Era como un mercader de la guerra inspeccionando a un activo, o un zorro a punto de cerrar otro trato.

Harry meditó profundamente ante lo dicho, con el té enfriándose al pasar el tiempo y el silencio en el lugar calando profundamente en los pensamientos de Harry. Aunque, no es como si Harry tuviera otra opción, Flamel era su última esperanza no problemática para resolver esto.

—Harry —llamó Perenelle, mirándolo fijamente y a la vez observando algo más allá de él—, las cosas en Inglaterra no siempre serán tan pacíficas y Hogwarts no es un lugar seguro, a la larga, para ti. Dumbledore usará cualquier medio para tenerte bajo su mando si es necesario y tu mundo ya no se limita solo a las dos personas que quieres liberar ¿No es así?

De repente, las imágenes de Draco, Weasley, Luna, Hermione y hasta los gemelos aparecieron frente a Harry. Su mundo ya no se limitaba a dos personas.

Flamel se levantó de su lugar, caminó hasta enfrentarse a Harry y pareció llegar a una conclusión entendible solo para él. Tomando el diario en la mesita, Flamel lo colocó en las manos de Harry y le miró pesadamente, para luego decir:

—Estaré esperando tu respuesta, Potter, en tres días. Mientras tanto, no necesito otro de estos y tu aún tienes a una persona bajo la protección de Riddle ¿No es así?

Harry miró al diario entre sus manos y palideció cuando notó lo que Flamel le decía.

Sirius.

A Harry le sabía la boca a azufre, estar en la oficina de Riddle dejaba un sabor acre en su boca. Quería irse desesperadamente, pero aun debía sacar a Sirius de aquí y llevarlo a un lugar seguro.

Harry se sentó en el elegante sillón que Riddle tenía frente al fuego, viendo la leña crepitar en la chimenea y e ignorando lo que estar tan cerca de Riddle le provocaba a su magia. Trató de ignorar el tirón traidor de esta hacia la magia del Señor Oscuro, también ignoró la rabia profunda que le exigía que se fuera de ahí.

Harry quería odiar a Riddle, pero también comprendía los motivos del otro, lo que le impedía hacerlo, pero lo hacía odiarse a sí mismo por no poder odiar al otro.

Sinceramente, todo este juego de tira y afloja en el que Tom Riddle y él estaban involucrados estaba cansando a Harry. Un día, Tom Riddle parecía ser su mayor aliado, alguien de quien Harry podía esperar mucho y mirar con admiración, quizás tontamente; y al siguiente, Riddle le recordaba quien era él realmente, sacudiendo la ingenuidad de Harry frente a su rostro y enseñándole que no todos valoran las cosas de igual manera.

No era más que la verdad, Tom Riddle era un Señor Oscuro dispuesto a todo por obtener su triunfo, acechando lentamente a su objetivo y rodeándolo hasta dejarlo sin escapatoria en el último golpe del tablero. Era un enigma, condenado sea su apellido, pero también valoraba lo que consideraba suyo y a los que le servían lealmente.

El problema era ese, pensó Harry, él no era de Riddle, tampoco servía bajo él y ni siquiera veían las cosas de la misma manera. Ambos podrían ser parecidos, ambiciosos y letales al proteger lo suyo, pero no eran iguales, no estaban cerca de serlo, porque Harry sentía cosas que Tom Riddle ni siquiera conocía y eso los separaba como un abismo de espinas entre ellos.

Era triste, como pequeñas cosas podían hacer una enorme diferencia

Y, como si lo convocaran, Tom Riddle eligió ese momento para entrar al lugar y notar a Potter sentado en su sillón. Lo siguiente que supo Tom, es que una mano estaba siendo estampada contra su cara y Harry Potter le exigía "traer a su padrino aquí en este instante".

Bueno, Harry no podía odiar a Riddle, pero las pequeñas venganzas eran dulces.

Separando su mano del rostro de Riddle, Harry volvió a tomar asiento y sacó el horrocrux de su bolsillo, para sacudirlo en su mano y disfrutar de la rabia apenas escondida en el rostro del Señor Oscuro.

—Mi padrino, ahora —exigió Harry y disfrutó de notar las venas hincharse en el cuello del otro.

—¿Qué me impide simplemente quitarte el diario, mocoso? —dijo Tom.

—Inténtalo, bastardo, y veremos qué tan rápido arde esta cosa en Fiendfyire. —Atacó Harry y el Señor Oscuro le miró largamente con frustración rodando a fuego lento en la mirada carmesí, para luego salir del lugar salir del lugar en busca del padrino de Harry.

Harry le observó marcharse y aprovechó el pequeño tiempo en lo que Riddle volvía para sentir su propia magia, había estado siendo silenciosa últimamente, como si Magia misma no tuviera prisas y disfrutará del pequeño espectáculo dramático que parecía ser la vida de Harry.

Se sentía perdido, no tenía claras las intenciones de la Magia y mucho menos si estaba tomando las decisiones correctas. Harry apenas intuía que su destino no estaba en un solo lugar, y era frustrante, porque perdía horas pensando en este futuro nebuloso en el que apenas podía verse a sí mismo, donde nada estaba asegurado y en el que las cosas podían ir muy mal para él si no jugaba bien sus cartas. Era como viajar en un barco en medio de la noche, sin más guías que un par de estrellas vislumbradas, en ocasiones, tras las nubes.

Riddle regresó poco después, con Sirius caminando tras él y viéndose completamente perdido con lo que estaba pasando. Confía en Tom Riddle para ordenarle a alguien que lo siguiera y no darle una sola maldita explicación.

Harry se paró de su lugar, caminó hasta el escritorio de Riddle y colocó el Horrocrux del mismo cajón de donde lo había sacado tiempo atrás.

—Nos vamos, Sirius —dijo Harry, cerrando el cajón y volteando a ver a Sirius —, te llevare con el profesor Lupin, estarás salvo con él.

—Espera ¿Qué? —preguntó Sirius, luciendo como si alguien le dijera que el cielo es verde.

Sirius abrió la boca como si fuera a preguntar qué demonios estaba pasando, pero luego miró entre Harry y Voldemort, y algo como el reconocimiento pasó por su rostro. Silenciosamente, se paró al lado de Harry y puso su mano sobre uno de sus hombros en consuelo.

—Diría que fue un placer, Riddle, pero hoy no estoy de humor para mentir —dijo Harry, con sarcasmo goteando de sus palabras y Riddle le sonrió divertido, como si una mosca tratará de rugirle a un león.

—No querríamos mentiras entre los dos ¿No es así, Potter? —contestó Riddle, palabras dulces dichas con la intención de empujar al otro.

Harry no cayó en la trampa y dejó que el silencio hablara por ellos ¿Mentiras? Si era así como Riddle quería llamarlo, que así fuera.

—¿Qué harás ahora, Potter? —preguntó Riddle, ignorando la expresión gélida en el rostro de Potter.

¿Qué derecho tenía Riddle a preguntarle eso?

De repente, la furia en Harry se agitó, se movió como un océano furioso a su alrededor, pero estaba tranquila en las profundidades, atenta.

—Nada que te concierna —dijo Harry, su voz era fría y calo en Riddle como un trozo de hielo—. No te preocupes, no volverás a saber de mí.

Con eso dicho, Harry tomó el brazo de Sirius y miró una última vez a Riddle. Había mucho que decir y demasiado sin decir, y quizás lo mejor era alejarse.

Riddle le devolvió la mirada, donde el verde y el carmín se encontraron, pero ninguno entendió lo que el otro decía con eso.

Harry desapareció del lugar con Sirius. Dejando a Riddle solo, sin nadie que notará la magia que explotó en el lugar, arrojando todo a su alrededor hacia atrás y provocando caos ante las emociones del mago.

Harry se apareció silenciosamente en la oficina de Lupin, mirando a su padrino observar la forma dormida del profesor y calmando la furia provocada por Riddle al notar la suave mirada por parte de Sirius hacia el hombre dormido.

Sirius debía de quererlo mucho, siendo la única otra persona que le quedaba en este lugar, con Harry apenas contando: Sirius solo lo había conocido como un bebé y Harry dudaba que las pocas reuniones entre ambos fueran suficientes para generar el mismo nivel de cariño ante su padrino

Aun así, cuando Harry dio un paso atrás, para retirarse silenciosamente del lugar, su padrino extendió rápidamente su mano y atrapó el brazo de Harry en ella. Sirius tiró a Harry hacia un abrazo apretado que le quitó la respiración, pero Harry no comentó nada de eso, solo disfrutó de la calidez del otro hombre y el leve olor a cuero, tierra y fuego que desprendía.

—No te veré muy seguido ¿Verdad, Cachorro? —preguntó Sirius y, ante la absoluta tristeza en su voz, Harry no pudo evitar consolarlo:

—No digas eso, padrino —dijo Harry, y disfrutó del leve resplandor de felicidad en Sirius ante el término usado—. Vendré a verte tan seguido como pueda.

—¿Júralo solemnemente?

Harry sonrió divertido y empujó su hombro contra Sirius juguetonamente, para luego dirigirse a la puerta y, antes de salir, decir:

—Lo juro solemnemente.

—¿Te vas, Harry? —Helga Hufflepuff preguntó tras Harry, sonando preocupada y triste, haciendo que Harry se revolviera culpable sobre su baúl, que estaba acomodando. — ¿No ibas a despedirte?

Oh, mierda, pensó Harry, lo ultima que necesitaba era decepcionar y/o enojar a Helga. Slytherin tendría su cuello por eso, mientras Gryffindor lo atormentaría con su mirada de cachorro pateado y Rowena lo apuñalaría en palabras letales por atreverse a hacer que Helga se entristeciera.

—Tengo que irme, Helga, pero quizás pueda visitar en un futuro. —Prometió Harry, siendo sincero y en parte tratando de quitar esa mirada del rostro de Helga Hufflepuff.

Y como si presintiera las emociones de Hufflepuff, Slytherin apareció en una esquina de la habitación de Harry, miró solo un momento a Helga, para luego atravesar a Harry con su mirada acusadora de "¿Tu hiciste llorar a Hufflepuff? Le diré a Rowena sobre esto".

Harry no pudo evitar golpear su frente contra el borde de su baúl en derrota, tanto para una salida silenciosa.

—Espero que no pensaras que podrías escapar así de fácil, Potter —dijo Slytherin, con la comisura de sus labios elevadas y los ojos disparando veneno.

—No, obviamente, no podría —admitió Harry, y guardó las ultimas cosas en su baúl, teniendo cuidado de que las fotografías y demás en él no se arrugarán.

A este ritmo, Harry solo podría irse mañana, porque, con su suerte, entre los tres Weasley que le hablaban, Hermione, Luna y Draco, encontrarían la manera de saber que se iba y lo asarían vivo por no despedirse.

—Señor Potter —le llamó Slytherin, con una extraña expresión en su rostro, viéndose decepcionada y triste por algo. Harry miró a Slytherin preocupado, el otro mago (¿Harry debería llamarlo sala en lugar de mago? El estatus de los fundadores de Hogwarts aun lo confundía un poco) asintió para demostrarle que estaba bien —, lamento que Hogwarts te fallara.

—¿Qué quieres decir?

—Hogwarts es, ante todo, una escuela Harry. Se supone que sería un lugar seguro para los niños mágicos, donde aprenderían las maravillas de la magia sin miedo a que todo un pueblo se volcará contra ellos si un vecino muggle los veía y acusaba de brujería.

» Sé que te enseñan que la quema de brujas no fue la gran cosa, que los mismos magos, supuestamente, podían fácilmente protegerse de los fuegos muggles. Pero, Harry, ese es el problema, los grandes magos, aquellos que tenían acceso a los raros libros sobre magia, podían sí, pero ¿Qué hay de aquellos que no? Familias enteras no eran más que gente de campo que apenas tenía conocimientos sobre como influir su magia en la tierra para mejorar las cosechas —Salazar miró a Harry sin verlo, con sus ojos perdidos en sus propios recuerdos y la amargura tiñendo sus rasgos.

» El conocimiento no siempre fue fácil de obtener, Harry, y es por eso que Hogwarts fue creada, para ofrecerles a todos esos niños un lugar seguro donde evitar las cacerías contra los nuestros. En gran parte, es por qué no quería a nacidos de muggles en Hogwarts, pero son otros tiempos. Y si bien Hogwarts es una gran escuela, también es uno de los principales motivos de división entre los nuestros. Es casi hilarante, como lo que empezó como un simple sistema de dormitorios, terminó por ser una de las causas de la separación entre los nuestros.

» Lo que quiero decir, es que lamento que Hogwarts no pudiera ser un lugar de aprendizaje seguro para ti.

Harry carraspeó un poco al intentar controlar la oleada de emociones que lo embargaron, y también porque no sabía cómo responderle a Slytherin. Rara vez el hombre era sinceramente abierto, mucho menos si era algo que tuviera que ver con él mismo y esta disculpa, por algo que ahora estaba más allá de su control, dejaba a Harry sin palabras.

Harry deseaba que Slytherin no se hubiese disculpado, no había nada por lo que el fundador debiera disculparse. Lo que Hogwarts es actualmente no caía sobre los hombros del otro hombre, y de ninguno de los otros fundadores.

Pero Harry no sabía cómo decir esto, y temía desestimar las palabras de Slytherin si negaba su disculpa. Aunque el fundador pareció entender el silencio de Harry y le dedicó una pequeña y astuta sonrisa a Harry.

—Vamos, Rowena y Godric nos esperan —dijo Slytherin.

Helga, quien se veía como si no supiera si abrazar a Slytherin o Harry, asintió y sonrió hacia Harry, quien se volteó para continuar guardando sus cosas, pero Slytherin carraspeó y levantó una ceja hacia Harry.

Bueno, Harry no hablaba el idioma de las cejas así que solo miró al otro como si estuviera loco.

—Tú también vienes, Harry, nos esperan en la Sala de los Menesteres, hay cierta reliquia de Ravenclaw que Rowena desea darte. —le informó Hufflepuff, luego pareció dudar sobre algo, mirando nerviosamente a Slytherin y remojándose los labios antes de decir: —Y algo que deberías saber, también.

A la mañana siguiente, mientras todo Hogwarts estaba en clases, Draco Malfoy ingresó a la sala común de Slytherin, saltándose las clases debido a una misteriosa nota dejada por Harry, y observó sorprendido como en la su sala común estaban dispersos por el lugar nada más y nada menos que todos con los que Potter hablaba

Los gemelos Weasley toqueteaban todo en la sala pasando de un lugar a otro, el menor de los Weasley y Luna Lovegood compartían un asiento frente a la chimenea, con Weasley trenzando el cabello de la Ravenclaw, y Hermione Granger estaba sentada en medio de un juego de sillones mientras observaba a Harry juguetear con una cuerda de soga que colgaba de la lámpara del techo.

—Solo nos falta un Hufflepuff —se mofó Draco y la leona residente pareció considerar algo antes de decir:

—No me dio tiempo de invitar a Diggory, sería una buena manera de introducirlo.

Harry paró de desatar la maraña de cuerda a la que llamaba nudo y miró a Hermione con sorpresa.

—¿Desde cuando hablas con Diggory? —preguntó Potter y cuando la Gryffindor simplemente se encogió de hombros, Harry regresó a su trabajo con el nudo.

—¿Qué hace? —preguntó Draco, tomando asiento junto a Granger, quien rodó sus ojos y miró al Slytherin con un claro "¿No es obvio?" en sus ojos.

—Trata de suicidarse —dijo Granger y tomó una pieza de ajedrez de un juego cercano, comenzando a rodarla entre sus manos.

Ambos observaron durante otro rato a Harry, intentando y fallando en desarmar el nudo y comenzar otro. Para el cuarto intento fallido, el Weasley menor se acercó a Harry, con Luna jugando con su nueva trenza unos pasos atrás, tomó la cuerda de las manos de Potter, la desenredo hábilmente y se la devolvió al pelinegro con una mirada presumida en su rostro.

—¿Él o ella? —preguntó Harry, mientras intentaba otro nudo y miraba la trenza de Luna con interés.

—Ella —dijo Weasley, sonriendo ampliamente y tomando asiento junto a Draco.

Todos volvieron a mirar a Harry y su intento fallido de un nudo. Weasley pareció estar en una clase de enfoque hacia Potter, mirándolo sin parpadear mientras el pelinegro entraba en una ráfaga rápida de murmullos y maldiciones, y Draco podría jurar que los ojos de Weasley brillaban durante un instante.

—No deja de murmurar estupideces sobre "pedazos de alma de un bastardo" y algo más sobre su cicatriz y "maldito mundo de mierda con sus jodidas profecías" junto con "El elegido y una mierda" —informó Weasley, mirando el cabello de Draco y pasando una mano sobre él como si quisiera peinarlo también.

Draco le dio un manotazo, nadie toca su cabello.

—¿Alguien trató de detenerlo? —hablaron a la vez los gemelos desde donde quitaron una pintura de la pared y presionaban los ladrillos sin motivo aparente.

—Por Merlín, ¡No! —exclamó Granger, fingiendo exasperación —Llevó la última media hora tratando de que haga bien el nudo.

Harry dejó de tratar de desenredar el nudo, que de algún modo se encargó de arruinar de nuevo, y los miró a todos con absoluta indignación ¿Para qué quería amigos si tenía a este grupo de imbéciles con él?

Weasley eligió ese momento para arrojarle un almohadón, como si supiera lo que Harry estaba pensando, y Harry le levantó su dedo más dulce en respuesta.

Decidiendo que el esfuerzo no valía la pena, Harry abandonó la cuerda (y se dedicó un feliz momento para pensar en la reacción de Severus cuando encontrara una cuerda, sin motivo aparente, mal anudada, y colgando en medio de la sala común) y se bajó de la mesa ratonera donde estaba parado, para sentarse en el suelo frente a Luna y permitirle jugar con su cabello.

Estuvieron así otro rato, los gemelos abandonaron la pared, colocando la pintura de nuevo en su lugar, que se veía muy diferente a la original, y se sentaron a jugar un juego de ajedrez de dos contra uno con Harry. Hermione sacó un libro de la nada y sumergió su cabeza en él, ignorándolos a todos, y Weasley con Draco parecieron participar en una versión muy viciosa, donde los favores y deudas estaban en juego, del póker muggle.

Con su sentido de la oportunidad único, a Harry le pareció un buen momento para decir:

—Me iré de Hogwarts.

Por un momento, hubo silencio, donde todos se miraron entre si preguntándose si Harry bromeaba o no, y luego Luna tiró fuertemente de un mechón de cabello de Harry, provocando que este gruñera, y Fred se sumó al ataque arrojándole un caballo del ajedrez a la cara.

Fue como una señal, Hermione cerró su libro y lo guardó para que estuviera a salvó, Draco y Weasley parecieron llegar a un acuerdo con su juego, los gemelos miraron las piezas de ajedrez como sus nuevas armas favoritas y Luna se aseguró de que no escapará al sujetarlo por los hombros

¿Cómo alguien tan pequeño tenía tanta fuerza?

—¿Decías, Harry? Creo que no te escuche bien —preguntó Hermione, una sonrisa suave en su rostro y la postura correcta, viéndose totalmente como una señorita.

Oh mierda, él estaba tan muerto.

Harry se tragó las ganas de decir "Se gentil", porque sabía que ese comentario solo enojaría más a Hermione, y se preparó mentalmente para su experiencia cercana a las puertas del infierno.

Fue Flamel quien lo estaba esperando al borde de la propiedad esta vez, viéndose en igual medida intrigado y divertido ante el estado catastrófico de la ropa de Harry y el par de moretones en su rostro que le hacían juego.

—Ni siquiera te atrevas a preguntar —exclamó Harry, señalando con un dedo acusatorio a Flamel y pasándolo de largo caminó a la mansión.

—No dije nada, aunque ¿Qué modales son eso señor Potter? Uno debe tratar apropiadamente a su nuevo señor—se mofó el otro mago, rápidamente poniéndose al día con las zancadas de Harry.

—Que te jodan, Flamel, aún no he aceptado nada y pienso disfrutar de esto mientras pueda —debatió Harry y miró asustado a Flamel en cuanto este le sonrió como un zorro.

—Soy más bien de los que joden, Harry, gracias. Además, deberías de llamarme Nicolás, dado el nuevo estado de nuestra relación.

Harry gimió exasperado y se aseguró de dejar a Flamel en el polvo ¿Por qué el viajo mago tenía que ser así? Harry iba a morir de la vergüenza ante los juegos de doble sentido de Flamel y Perenelle.

Hablando de Perenelle, ella le estaba esperando en las puertas de la mansión, luciendo una sonrisa demasiado alegre que provocó que Harry se detuviera ante la vista y mirará nerviosamente entre la pareja y estos solo siguieron sonriendo terroríficamente.

Harry se preguntó como hacían para que las mejillas no le dolieran y empezaba a pensar que permanecer con los Flamel sería malo para su salud a la larga, pero no tenía otra opción más que ingresar a la mansión y ver qué es lo que tramaban.

Una vez dentro, Harry fue recibido por dos personas sentadas, de espaldas a él, en el sofá más grande de Flamel, el azul que parecía sacado del apartamento de un soltero. Harry miró fijamente las nucas de dichas personas y solo fue necesario un vistazo de su magia para que saltará sobre las dos personas y gritara en alegría e incredulidad

—¡Darrius! ¡Feodras! ¿Cómo es qué? —comenzó Harry, feliz de verlos y sintiéndose como si hubiera un espectáculo de fuegos artificiales en su pecho, pero se detuvo en cuanto Darrius le golpeó en la cabeza y le miró en forma de "mamá oso está enojada contigo".

—Harry —dijo Darrius, arrugando los ojos y viéndose como si quisiera matarlo, pero no podía debido a que, repentinamente, recordaba que lo quería— ¿Qué es esto de servir a Flamel y dejar Hogwarts, jovencito?

Joder, pensó Harry, su suerte parecía casi nula últimamente.

Harry miró a Feodras en busca de ayuda, y el gemelo mayor le miró fijamente y se dedicó a sorber su té en silencio.

¿Estás en Slytherin o no?, espetó Feodras al levantar su ceja, salva tu propio cuello, mocoso.

Quizás Harry si hablaba el idioma de las cejas, o tal vez simplemente hablaba el idioma Feodras, y se aseguró de expresar "Traidor" en su cara al fruncirle el ceño al gemelo mayor.

Harry volvió a mirar a Darrius y pensó que ya qué estaba con un pie en el infierno, bien podría tomar el té con Lucifer.

—Era lo que tenía que hacer —dijo Harry—, era lo que ustedes harían por mí también.

—¡Estábamos a salvo, Harry! Encerrados, pero bien —empezó Darrius, viéndose cada vez más enojado— y tú eres solo un niño ¡No tenías que hacer nada de eso! Feodras y yo sabemos bien las consecuencias que el mundo mágico trae para personas como nosotros, podría haber sido peor, así que no hay motivo para que...

— Ese es exactamente el motivo —interrumpió Harry y Darrius calló ante su tono de voz, incluso Feodras dejo de fingir que no les prestaba atención. En todos estos años, Harry nunca había sonado así, roto— ¡Podría haber sido peor! Mucho peor ¿Por cuánto tiempo más crees que Dumbledore los dejaría así? ¿Cuándo piensas que empezaría a usarlos, verdaderamente, para controlarme? Años, meses, unas semanas, ¿Quién sabe? No iba a dejarlos ahí.

» No quiero arrepentirme, Darrius, de poder salvarlos y no hacerlo porque "estaban bien".

Darrius cerró su boca fuertemente, en algún momento durante la exclamación de Harry se había abierto de sorpresa, y le miró sorprendido durante un segundo, para que luego su cara pareciera entrar en un debate interno sobre si debía sonreír, llorar o maldecir, resultando que se arrugara dolorosamente. El debate pareció acabar cuando finalmente abrazó a Harry fuertemente y empezó a proclamar sobre el maravilloso niño que resulto Harry.

Harry podía sentir su nuca ardiendo por la vergüenza y Feodras dándole palmaditas en la espalda y despeinando su pelo no estaban ayudando.

—¡Ah! Las alegrías de una familia recién reunida —exclamó Flamel al entrar, interrumpiendo el ambiente con todo el dramatismo de una reina que parecía poseer y caminando directamente hacia Harry, separándolo de Darrius e invadiendo su espacio personal.

Flamel enfrentó a Harry, lo sujetó por los hombros y se inclinó innecesariamente hacia el rostro de Harry mientras decía:

—Ahora, ahora, mi querido señor Potter ¿Cuál será su respuesta?

—Tú ya sabes cuál es y ¡Por Merlín, aléjate de mí!

***...***

¡Hola! Capitulo nuevo, sin corregir (otra vez) y me disculpo por cualquier error/horror de ortografía o gramática en él (Culpable sin culpa diría). De todas formas, sean libres de señalarme dichas metidas de pata al escribir.

Para aquellos que si leen las notas aburridas que dejo por aquí, les tengo una propuesta y la anunciaré con dos palabras: Ginny Weasley ¡Nuestro fuego ardiente en el fic necesita un nuevo nombre! Llamarle Weasley genera muchas confusiones, así que, dado que mi capacidad para nombrar cosas se remonta a un buscador de Google y poca imaginación, pensé que sería una gran idea conocer sus opiniones respecto a esto.

¿Alguna sugerencia para el nombre de Weasley? Estaré contenta de escucharlos (leerlos).

En fin, ¿Dudas, comentarios, opiniones, teorías? Los comentarios dan vida y no me hacen sentir como si les escribiera a fantasmas.

¡Muchas gracias por leer!

Sepheline.