Feodras escuchó el grito de Harry desde su asiento habitual en la biblioteca de los Flamel y, por un segundo, se congeló en su lugar mientras su consciencia se desenterraba de las palabras que habían logrado capturarlo a otro mundo, pero luego se encontró a si mismo recorriendo los pasillos en dirección a Harry.

Si se hubiese tratado de Darrius, Feodras lo hubiese ignorado debido a que su gemelo tenía la costumbre de gritar a por él para que le pasará ingredientes de pociones, que estaban a solo metros de Darrius, quien era un mago. Pero se trataba de Harry, quien solo le gritaba a Darrius después de una broma por parte de este y que sabía mejor que llamar a Feodras cuando se encontraba leyendo y no era un asunto importante.

Así que, del momento en que Feodras fue llamado y para cuando él volvió a la realidad, su cuerpo había reaccionado inconscientemente y se encontró a sí mismo a medio camino de la habitación de Harry. Darrius lo cruzó mientras salía tropezando del laboratorio de pociones de Flamel, con una mirada frenética en su rostro, además de estar cubierto de alguna extraña baba que se volcó sobre sí mismo cuando el grito de Harry lo hizo saltar y, de alguna manera, logrando ir incluso más rápido que Feodras en su prisa por llegar a Harry.

Una vez frente a las puertas dobles del dormitorio de Harry, los gemelos compartieron una mirada entre sí, un intercambio de ceños fruncidos y movimientos de cejas que parecieron abarcar toda una conversación, terminando con Feodras viéndose ligeramente arrogante y Darrius rodando sus ojos en exasperación. Entonces, como una unidad, atravesaron las puertas.

Darrius entró primero, inmediatamente sujetando a Harry por la parte trasera de su camisa y empujándolo detrás suyo, mientras Feodras se adelantó a ambos y apuntó con su varita a la persona restante en la habitación. Todo esto incluso antes de que cualquiera de los dos registrará la apariencia del intruso y, cuando lo hicieron, Darrius miró boquiabierto como un idiota entre Harry y el intruso. Un intruso que se parecía a Harry, pero definitivamente no era Harry, al menos no su Harry.

Feodras se sobresaltó, rápidamente disparó un incarcerous al extraño, quien no logró esquivarlo a tiempo y pronto se encontró a sí mismo en el suelo, atado fuertemente. Mirando al adolescente atado, Feodras no pudo evitar empezar a notar las diferencias demasiado notorias entre Harry y este intento de Doppelgänger.

El Harry-no-Harry lucía mayor, como un alumno de último año de Hogwarts, estaba pálido como un muerto y demasiado flaco para ser su Harry. Con el pelo negro opaco hasta los hombros y formado por rizos salvajes que en algunos lugares se alisaban formando ondas como si el cabello no pudiera decidirse entre rizarse o no.

Además, las mayores discrepancias radicaban en dos cosas: sus ojos y las cicatrices. Feodras notó estas últimas primero, ya que el chico poseía demasiadas de estas, asomándose por el cuello de la ridícula camisa amarilla que vestía había dos cicatrices grotescas en el lado izquierdo de la garganta, una extendiéndose casi de un lado al otro horizontalmente y la otra descendiendo por su clavícula y perdiéndose bajo la tela. Otras estaban expuestas en los brazos desnudos por la camisa doblada hasta los codos y las mas notorias estaban en su cara: una delgada que partía su labio inferior, otra del grosor de un dedo que trazaba la mandíbula del niño y parecía comenzar en su oreja izquierda hasta chocar con el mentón; por ultimo ¿Cómo olvidarla? La cicatriz del rayo, llamando la atención notoriamente debido a que, mientras la cicatriz de Harry era casi perfecta, como una runa tallada en su frente, la de este chico parecía ser la representación literal de un rayo, caótica y ocupando casi todo un lado de su frente y bajando hasta rozar un parpado, se extendía desaliñada y se ramificaba como un verdadero rayo al tocar la tierra.

Por un lado, las cicatrices también eran demasiado viejas como para que su Harry las poseyera y, por el otro, los ojos de este Harry-no-Harry eran la muerte. Eran ojos de un color verde muerto, como vida vegetal dejada para podrirse en un lugar oscuro, con ojeras bajo estos que los hacían lucir aún más cansados. Llegaban a rozar las sombras del negro en su mirada, con el brillo en la mirada de cualquier criatura viva notoriamente ausente y había algo en este extraño, alguna presencia fría y afilada al observarlo, que gritaba sobre muerte, y tanta falta de cordura en esa mirada que Feodras no pudo evitar lanzar hechizos de detección para cualquier cosa afilada o peligrosa que pudiera esconder la imitación de Harry en sus bolsillos.

No se sorprendió para nada cuando dos pares de dagas salieron de debajo de las piernas del pantalón del intruso y otras pequeñas cuchillas parecieron descoserse del dobladillo de la camisa amarilla.

Cuando los ojos muertos trataron de darle una mirada completamente inocente de "yo no soy el sociópata en la habitación con objetos afilados", Feodras tuvo que voltearse a ver a Harry porque, por Merlín, era la misma mirada que su Harry le dio la primera vez que confisco ese extraño juego de dagas que Darrius encontró entre la ropa sucia al fondo de su armario. Los ojos de Harry le miraron con cientos de preguntas en ellos, brillantes y vivaces en su propia magia y vida; de un verde esmeralda reluciente, eran como mirar una joya, y Feodras tuvo que recordarse a sí mismo que el intruso podía parecerse a Harry, pero no lo era ni por asomo, con esos ojos como un bosque muerto, cicatrices extrañas, delgadez y piel pálida como un prisionero que no vio el sol en años.

—¿Qué mierda? —preguntó Darrius, haciendo una aportación enorme a la extrañeza de la situación con su pregunta, aunque Feodras podía simpatizar con la incredulidad en su voz.

—Eso mismo quisiera saber —dijo Harry, y se zafó del agarre de Darrius de manera imprudente, el mocoso sin dudas escucharía sobre esto más tarde.

Harry trató de pararse delante de Feodras, como si sus doce años y estatura de camarón fueran intimidantes, y Feodras lo sujetó del cuello de su camisa, arrastrando al mocoso en dirección a Darrius, quien lo sujeto esta vez por la oreja.

El intruso permaneció tranquilo durante ese intercambio, cambiando su mirada apagada entre las varitas de Darrius y Feodras, pero, sobre todo, observó a Harry con algo parecido al horror, la fascinación y el pánico en una sola mezcla. Harry le miraba fijamente también, pero era la mirada obsesiva que poseía cuando encontraba algo interesante e iba a procederá acribillar a Feodras con un millar de preguntas y teorías sobre dicha cosa, sin darle tiempo de contestarle y terminando de responderse a sí mismo en su monologo frenético.

Feodras notó también la falta de anteojos en Harry, estaba usando su Vista en la persona parecida a él y, lo que sea que estuviese viendo, lo tenía fascinado y medio luchando con el agarre de oreja mortal de Darrius.

—¿Quién eres? —le preguntó Feodras a su invitado sorpresa amarrado en el suelo, antes de que Harry decidiera hacer algo estúpido por el bien de su curiosidad.

Harry-no Harry abrió su boca para responder, con una extraña sonrisa afilada en su rostro, y las puertas detrás de todos ellos se abrieron estrepitosamente, anunciando la entrada de Flamel al lugar con el dramatismo habitual que seguía al mago. Perenelle ingresó justo detrás de su marido, tranquilamente y cerrando las puertas tras de sí, para luego girar con gracia sobre sí misma y empujar a Flamel en las costillas ante la obvia muestra de teatralidad.

Flamel miró a su esposa con un puchero, ganándose una mirada sin impresionar por parte de esta y, derrotado, fijó su atención en la persona que estaba atada en el suelo. Algo debió de impresionarlo, porque procedió a ponerse en cuclillas frente al joven mago atado, inclinándose mucho más cerca del extraño de lo que era necesario y exclamó:

—¡Un viajero! ¡Mira, querida! No todos los días uno puede conocer a un viajero —gorgoteó Flamel encantado y Perenelle abandonó cualquier apariencia recatada para acercarse al viajero también, evaluándolo con esos ojos avellana que miran más allá, pero no te observan.

—Oh, dulce niño —dijo Perenelle suavemente y se acercó más al joven mientras arrullaba como si se tratara de una criatura salvaje y procedió a desatar las cuerdas que lo sujetaban— Haz estado mucho tiempo privado de las maravillas que el cielo trae ¿No es así?

El adolescente, ahora liberado, miró a Perenelle como si esta pudiera arrancarle la cabeza ante el mínimo movimiento equivocado y simplemente asintió ante las palabras de la dama, pareciendo que no quería disgustarla por equivocación.

Detrás suyo, Feodras podía sentir a Harry revolviéndose en energía nervioso ante la falta de avance en el tema más problemático del momento, mientras Perenelle arrulló aún más al mocoso que se parecía a Harry y Flamel parecía satisfecho de sí mismo, como si hubiese llegado a una conclusión obvia del asunto.

—Así que. —Flamel interrumpió la conversación unilateral de Perenelle con el viajero— ¿Cómo fuiste lo suficientemente estúpido para colisionar contigo mismo al usar un giratiempo?

Solo entonces, con esa pregunta precisa por parte de Flamel, Feodras notó la cadena de oro que se camuflaba con el amarillo de la camisa espantosa del extraño niño, y el intruso (un Harry-no-Harry que resultó ser un Harry de otro lugar y tiempo) se carcajeó como si él mismo recién llegara a la misma conclusión y le sorprendiera su propia falta de atención.

—Me agrada este viejo —dijo el Harry viajero, con una voz áspera y de pronunciación lenta.

Por otro lado, Flamel se veía absolutamente indignado por el término usado para referirse a él.

—¿Alguien podría explicarme qué carajos está pasando aquí? —exclamó Harry, cansado de ser ignorado y, por una vez, Darrius no lo regaño ante su uso de palabrotas.

Harry avanzó hacia este intruso, un viajero según Flamel, y esta vez ninguno de los gemelos lo detuvo. El viajero le devolvió la mirada, y los Flamel se hicieron a un lado con expresiones cautivadas en sus rostros, ambos observando estas dos versiones de Harry como si fuera un hecho único en la vida.

Harry podía entender su fascinación, porque esta otra versión de sí mismo no merecía ninguna palabra menor que "fascinante" para definirlo, y Harry sabía que Flamel, más que nadie, entendía lo que él estaba viendo en este otro yo.

Podía ver mucho más de lo que cualquiera aquí notaba, ya que la principal diferencia entre Harry y esta otra versión de él era palpable en el aire, en la forma que el frío parecía extenderse por el lugar poniéndole los pelos de punta y en como las sombras parecían crecer tras el costado derecho de este viajero con el que compartía rostro. Era palpable en como la magia que este otro Harry parecía irradiar le había ahogado desde el primer momento, haciendo que su garganta picara y que Harry deseara toser como si estuviera respirando polvo.

Era este frío y la sensación de estar respirando cenizas lo que llevó a Harry a observar al intruso con su Vista y no pudo evitar maravillarse ante lo que vio.

Porque la magia de este otro Harry era como polvo, un polvo negro y escurridizo, casi como una arena oscura y viva, que se agitaba dentro de este Harry sin seguir los canales de magia de un mago normal; era más como Flamel y Harry mismo, magia luciendo como un lio de oscuridad dentro de este extraño al que apodaron viajero, que se agitaba y giraba cual agujero que lo succionaba todo.

La magia del viajero también giraba a su alrededor en remolinos oscuros que parecían protegerlo y rodearlo, danzando sobre su piel y dando la apariencia de que podrían sumergirlo en un pozo de arena de obsidiana que podría arrastrarlo al olvido en la sombra más cercana.

La magia de este Harry era escurridiza, fría como un invierno destinado a exterminarlo todo y, lo que lograba que Harry no pudiera apartar la vista de él, era chirriante. Por primera vez en su vida, Harry podía escuchar la magia de alguien más y era escalofriante, porque la magia de su otro yo chillaba como un enjambre de insectos enfurecidos: con un sonido crujiente de cientos de huesos fracturándose y a la vez abrumador por el chillido de un enjambre enloquecido; esta magia también se sentía helada como el aliento de la muerte, siendo un respiro exhalado tras la profundidad de una capucha que ocultaba tras de sí un abismo negro que lograba hacer temblar a cualquiera por lo que podía haber en esa oscuridad.

Algo dentro de sí mismo le gritaba a Harry que este gemelo bizarro había sido tocado por la muerte, y todo en lo que Harry podía pensar es que él quería saber, quería conocerlo todo, aprender donde la historia se torció atrozmente y eclosionó en cada diferencia entre los dos. Quería los relatos tras cada cicatriz y tras la mirada ensombrecida, quería los pensamientos que ocultaban una personalidad quebrada, pero arrolladora en su propia fuerza. Y, por la manera en que el otro Harry le miraba, este pensaba lo mismo ya que ¿Qué hay más fascinante que la oportunidad de conocerte a ti mismo de una manera nunca antes pensada? ¿De lograr alcanzar la comprensión con un alma a fin, pero a la vez tan diferente?

De repente, el otro Harry adquirió una mirada absolutamente aterradora, del tipo que solo había visto en Sirius en sus momentos delirantes. Era la mirada de alguien que acababa de pensar una idea espantosamente caótica para los demás, demostrada por un cierto brillo maniático tras los ojos y un intento de sonrisa apenas oculto para que nadie notará lo que estaba por suceder.

La última vez que Harry vio esa mirada, a Sirius le pareció una idea increíble el convertir a gran parte del Gran Salón (léase muchos Slytherins, incluido Harry, y la mitad de Ravenclaw) en un paraíso teñido de un verde vomitivo tras un comentario de Harry sobre como Hogwarts era aburrido; y solo se necesitó una inocente carta dirigida a un Slytherin al azar durante la entrega de correo matutino.

No hace falta mencionar que Harry estaba aterrado de ver esa mirada en un rostro igual al suyo, porque el otro Harry no perdió el tiempo en sonreír afiladamente y estirar una mano hacia el hombro de Harry.

Detrás suyo, Harry pudo escuchar a Darrius tratando de gritar algo sobre magos y meterse con el tiempo indebidamente, pero antes de que el menor de los gemelos tratará de avanzar, Feodras lo frenó y negó silenciosamente hacia su hermano.

Por otro lado, Flamel parecía que podría ponerse a animar al otro Harry para generar más caos, si eso fuera posible.

La mano del viajero se posó sobre el hombre de Harry y Darrius inhalo dramáticamente, sonando horrorizado. Ambos Harry se miraron, pero nada paso, y el viajero se veía absolutamente decepcionado sobre ese hecho.

—Oh joder, pensé que me volvería polvo o algo así, decepcionante —dijo el otro Harry mientras un puchero, de todas las cosas, atravesaba su rostro.

Era oficial, pensó Harry, esta otra versión de sí mismo estaba demente.

—Bueno, mierda —continuo el viajero (a Harry ya le estaba mareando en pensar en esta persona como un "otro Harry")—, Oscurito va a estar furioso conmigo cuando descubra que jodí con el giratiempo.

—¿Oscurito? —preguntó Harry, curioso por un nombre tan raro, pero luego se dio cuenta de la otra mitad de la oración y dijo: — ¿Qué hiciste qué con un giratiempo?

El viajero le miró con el ceño fruncido, casi como si Harry fuera el último en darse cuenta del sentido de una broma que ya todos comprendían.

—Mira, Mini-yo —comenzó el viajero, ignorando el graznido indignado de Harry y la carcajada conjunta de Flamel y Darrius—, estaba usando un giratiempos para mis tutorías con el otro Moony y estúpidamente choque conmigo mismo.

» Una explosión de luz después y me encontré aquí, frente a una versión menor de mí mismo, en un aparente maldito universo alternativo y en una situación sacada de una novela barata con ganas de joder con mi vida ¿Entiendes ahora, Mini-yo?

El viajero terminó su discurso dramáticamente, con una ceja arqueada y toda la mirada de un hermano mayor mirando a su hermano menor como si este fuera adoptado (o Feodras viendo a Darrius tras una pregunta escandalosamente estúpida por parte del otro).

Y todo lo que Harry pudo decir fue:

—Oh vete a la mierda, cara rajada.

La versión mayor y extraña de sí mismo se rió como si Harry le acabara de contar un gran chiste, divertido ante el insulto que ambos sabían era propiedad de Draco Malfoy.

— Ya que obviamente conoces a la rubia menor, me preguntó: ¿Dónde está el Oscurito? —le cuestionó el viajero a Harry, quien solo le miró en blanco al no entender a quien se dirigía.

» ¡Oh joder! —continuó el viajero, pareciendo levemente preocupado ante algo— No me digas que no conoces al Oscurito ¿Él-que-usa-vestidos? ¿Lord Coco? ¿Vomimort? ¿Nada? ¿Tommy?

Por un momento, Harry no conectó los apodos a la persona que el viajero mencionaba, pero, luego, Darrius empezó a rodar en el suelo mientras se reía y carcajeaba sobre Señores Oscuros reaccionando a esto. Y Harry, horrorizado y divertido en partes iguales ante los sobrenombres usados para referirse a Voldemort, dijo:

—Creo que tú y yo necesitamos hablar sobre ciertas cosas diferentes entre ambos.

—Si. —El viajero asintió. —Empezando por: ¿Quién carajo son el viejo verde y los gemelos espeluznantes por aquí? —preguntó, mientras señalaba con un dedo acusador a Flamel y los gemelos.

Mientras Darrius y Flamel tenían miradas incrédulas y ofendidas sobre ellos, Feodras se veía completamente preocupado ante el hecho implícito de que este Harry no los conocía. Porque esa simple pregunta demostraba que, de donde sea que este Harry viniera, las cosas eran lo suficientemente diferentes como para que Harry nunca cruzara su camino con los gemelos Filaidas hace muchos años atrás.

—¿No reconoces a Nicholas Flamel siquiera? —preguntó Feodras, como si el solo hecho de no saber de uno de los más grandes magos (aunque dramático e infantil) fuera una ofensa preocupante. Ganándose, de paso, una mirada de adoración por parte de Flamel.

La mirada en blanco del otro Harry fue una respuesta suficientemente buena como cualquier otra.

Por otro lado, Perenelle, notando que la conversación convergería en temas más serios, decidió que sería buena idea que todos se mudaran a la oficina de su esposo para ponerse cómodos y abordar el tema (tras unas muy fuertes salas de privacidad) en dicho lugar.

Una vez que todos estuvieron cómodamente sentados en la oficina, donde el otro Harry decidió que sentarse sobre el escritorio de Flamel era lo mejor, todos se quedaron mirando entre sí sin saber quién debería comenzar la conversación.

Un incómodo silencio descendió sobre todos, con Darrius mirando distraídamente las puntas de su cabello, ahora más largo, y el otro Harry decidiendo que tocar todo lo que había sobre el escritorio de Flamel era buena idea (se detuvo una vez que un objeto extraño procedió a golpearlo en la frente y arrojarle polvo a la cara por atreverse a levantarlo).

Una vez que el viajero dejó de toser, él y Harry cruzaron miradas. Volviendo a recapitular todas las diferencias entre sí, desde la apariencia hasta la magia e incluso lo diferente en sus portes y miradas, ambos estaban curiosos y anhelantes de conocer donde fue todo tan diferente para ambos.

Fue por esto, que Harry decidió que sería una buena idea comenzar desde el principio.

—¿Qué pasó, de dónde vienes, con los Dursley? —preguntó Harry, sabiendo que el mayor impacto y cambio en su vida fue traído por la decisión de sus parientes de abandonarlo hace tantos años.

El otro Harry le miró perdido por un momento, como si necesitara recordar exactamente quienes eran los Dursley. Como escuchar una palabra antes usada, pero no recordar el significado.

—Ah, esos —dijo, con el tono de alguien que hablaba de una vieja prenda de ropa que hace tiempo no vestía—. Los maté.

—¿QUÉ TU QUÉ? —reaccionó Harry, completamente sorprendido por ese hecho y aterrorizado por lo que traía — ¿Qué pasó?

El otro Harry sonrió agudamente, con dientes mostrándose y sus cicatrices estirándose por el movimiento, llevando la atención a los ojos verdes muertos que adquirían una mirada brillante de emoción.

—¿Te gustan las historias de terror, Mini-yo? —Le dijo, sonando completamente alegre de contar un asesinato.

» Veras. —Comenzó, mientras se paraba del escritorio y caminaba hacia Harry lentamente, exudando magia en todo su ser. Magia oscura, opresiva y encantadora, un tipo de magia que Harry sintió antes, aunque a la vez no: Era fría, pero acogedora, como si fuera una sombra en medio del desierto resguardándolo del sol, se sentía como si pudiera llevarlo a dormir tranquilamente y Harry despertaría en su otra vida sin siquiera notarlo— A Vernon Dursley le pareció una buena idea matarme cuando tenía siete años.

» Y morí, un cuello roto de hecho —dijo, ante el silencio atónito de todos los presentes—. Estuve muerte, realmente, pero ¿A dónde fui? No lo recuerdo, solo sé que luego desperté de nuevo a la vida y me traje algo conmigo.

» Algo, mi querido otro yo, que aún no has tenido el placer de conocer —sentenció al pararse frente a Harry y, sosteniendo su barbilla, esta otra versión de sí mismo le sonrió dulcemente como si buscara tranquilizarlo. Para que luego un sonido chirriante empezará a brotar de él, y era espeluznante: como un enjambre de insectos chocando entre si y huesos siento aplastados a la vez.

Pero no acabó allí, una especie de polvo, grueso y tan negro como un abismo, empezó a brotar de este viajero. Agrupándose detrás de él y amontonándose hasta que una figura surgió como resultado: Alta, con un esqueleto humanoide, per con orejas de tipo lobunas, garras en lugar de dedos y solo la mitad de un hocico terminando con media mandíbula de la cual colgaban dientes que se desvanecían en nada. Estaba hecha del mismo polvo que brotó del otro Harry, pero a la vez parecía que este se agrupó en formas de vendas que se envolvían sobre el cuerpo invisible de este pseudo fantasma negro.

Era escalofriante, y fascinó completamente a Harry.

—Es hermoso —dijo y se ganó un gemido incrédulo por parte de Darrius, quien se había ocultado detrás de Feodras.

—Gracias —dijo el otro Harry, viéndose sinceramente feliz por ello—. Se llama Moony, pero lo conocí antes que al Moony humano —explicó, ante la mirada de Harry por el apodo familiar.

» Moony volvió conmigo, y es tanto una parte de mí, como no lo es. Es difícil tratar de ponerlo en palabras, pero Moony apareció y acabó con los Dursley por mí.

La criatura, al escuchar lo que reconoció como su nombre, se movió de una manera extrañamente alegre y, con una voz distorsionada e infantil, dijo:

—Moony saluda.

El otro Harry se vio divertido por las palabras de Moony y observó con cariño como la criatura comenzó a merodear por la oficina.

—Unas horas después de que Moony terminará con los Dursley, mi nueva libertad se acabó rápidamente: Dumbledore apareció en el hogar muggle y me llevó con él, y en cuanto se dio cuenta de lo que era. En cómo me era imposible morir, no importa la forma.

—Espera —interrumpió Harry, sorprendido—, acaso él ¿Él te mató?

—Lo hice enojar mucho, al parecer ya era demasiado tarde para mí para ser salvable como un mago de la luz, así que sí, me mató. Avada Kedavra en realidad, y en cuanto volví, lo primero que hizo fue llevarme directamente al Departamento de Misterio y declararme muerto para el Mundo Mágico.

» Resumiendo rápidamente —continuó, mientras ignoraba las miradas atónitas de todos—, el Señor Oscuro se alzó poco después, mató a Dumbledore y logró tomar el control de Gran Bretaña, con lo que le llevó a descubrir mi muy secreta, y para nada cómoda, celda en el Departamento de Misterios, reservada especialmente para sus experimentos divertidos.

Con esto, para cada persona en el lugar, las cicatrices sobre este otro Harry obtuvieron un nuevo significado, contando lo que no se estaba diciendo y dando a entender hasta que parte del infierno este Harry había ido.

—Le debó mi libertad a Riddle —le dijo el viajero a Harry, con una mirada solemne y seria—. Le debo mucho, pero vale la pena, porque Oscurito no me ha dado nada más que libertad, cuidado, un hogar y personas que se preocupan por mí.

» Por todo esto, quiero que seas sincero cuando respondas mi pregunta: ¿Qué pasó con él?

El otro Harry concluyó y, en ese momento, se veía como alguien que sería capaz de arrastrar el mundo a cenizas para conseguir lo que quería. Y Harry podía verlo, todo el respeto y devoción que este Harry le dedicaba a Tom Riddle, en como esa mirada muerta brillaba en un verde vivaz por primera vez, renaciendo con el fulgor de alguien que destruiría el mundo por otro, sin importar que, porque todo el mundo simplemente se resumía a esa persona.

Para Harry fue claro: esta otra versión de él amaba, y quizás mucho más que eso, a Tom Riddle y las palabras de su Riddle resonaron en su cabeza:

"Yo soy Lord Voldemort"

Si, Tom Riddle era Lord Voldemort y en otro lugar, había dominado Gran Bretaña Mágica y, aun así, de alguna manera, había algo en él que lo hizo salvar a este Harry Potter. Porque Harry podía verlo, no había manera en que esta versión de él mirara a otra persona así y no recibiera la misma mirada a cambio. Además, mientras observaba a Darrius abalanzarse sobre el otro Harry, tras su historia, para asegurarse de que estaba bien, Harry comprendió que quizás las cosas no siempre tenían que ser resueltas a su manera.

Entendió que Tom Riddle es Lord Voldemort, y que debía aceptar eso. Fue por esto, que miró al otro Harry y le dijo:

—Me equivoqué en algo con él, discutimos sobre algo y nuestra alianza se vio afectada por ello —dijo, y el otro Harry le miró atónito, como si no comprendiera que alguna versión de él fuera capaz de tal cosa. El viajero se vio listo para empezar a cuestionar a Harry sobre esto, pero Harry levantó una mano indicando silencio, cuando notó algo que probablemente debían discutir y dijo: — Antes que nada, debes de entender esto: Dumbledore está vivo aquí.

El cambio fue asombroso, ante esa simple oración el otro Harry se vio incluso más pálido y hasta enfermo; con su rostro tiñéndose en una mirada que solía podía ser descrita como miedo y desesperación absoluta. Pero, luego, ocultó rápidamente cualquier rastro de miedo, adquiriendo una mirada calculadora, para luego sonreír y decir:

—Bueno, por suerte para ti, se algunas cosas sobre Dumbleshit que pueden servirte.

Y el otro Harry habló durante horas, sobre cada pequeña cosa y detalle que sabía sobre Dumbledore. Cada miembro de la Orden, cada investigación y secreto escondido del Departamento de Misterios, cada debilidad fue dicha a esta otra versión de sí mismo con la esperanza de que este Harry fuera la caída de Dumbledore.

Pero también le habló sobre cosas maravillosas: sobre encontrar un hogar en la Mansión Malfoy, con su padrino, Lupin (a quién amaba llamar el Moony humano), los mismos Malfoy y, sorprendentemente, Bellatrix Lestrange. Aunque, sobre todo, este otro Harry habló sobre Tom Riddle, un Riddle que lo protegía sobre todas las cosas, pero no temía molerlo en duelos para fortalecerlo, sobre Riddle irritándose por muchas cosas, pero jamás deteniendo a Harry de hacer lo que le gustaba o negarle su libertad. Habló sobre como Riddle juró cuidarlo y nunca abandonarlo.

Más tarde esa noche, Harry encontró a su otro yo sentado en el jardín de los Flamel mientras observaba a Darrius jugar con Moony a una versión de "busca el palo" entre un mago y un fantasma/criatura, y se sentó a su lado en el suelo mientras ambos disfrutaban del ambiente tranquilo.

El otro Harry se veía casi triste al mirar a Darrius y su criatura interactuando y, ante la mirada interrogativa de Harry, dijo:

—Es raro ver que, en otro lugar, obtuve una familia. Es mirarte a ti y saber que pude haber crecido así, en otro momento y destino, amado y apoyado por personas maravillosas, pero a la vez, estoy bien con esto. Porque, no te ofendas Mini-yo, pero eres un poco un tonto ingenuo.

—¡Oye!

—Vamos, Bastarda-versión-de-mí, sabes a lo que me refiero: Tienes como doce años y esperabas que Lord Voldemort siguiera tus ordenes o cosas igual de estúpidas.

Ante esas palabras, Harry cayó en un silencio enfurruñado por las verdades en ella. Sabía que se había equivocado, que había exigido mucho y muy rápido en su asociación con Riddle, sin prestarle atención los planes del Señor Oscuro y enfocándose en una mirada de túnel en recuperar a sus gemelos sin importarles los costos o si era prudente o no.

Harry se equivocó en eso, lo sabía, pero cuando los gemelos habían sido arrestados, el tiempo parecía volverse desesperadamente lento para todo y muy rápido para sus errores.

—Mira —suspiro su otro yo—, lamentablemente, aun eres una pequeña mierda de doce años que no puede esperar que un Señor Oscuro, ni nadie más, lo tome enserio debido a su falta de habilidad, conexiones y edad.

» Quiero decir ¡Dejaste Hogwarts! Aunque eso se compensa por ese viejo verde Flamel enseñándote, pero a lo que voy es que estas exigiendo mucho, demasiado pronto. Toma esta oportunidad de ser libre por lo que es, aprende y prepárate para lo que puedas y, cuando llegue el momento, podrás lograr eso sobre Magia que me has contado.

» Pero, ahora, solo tienes doce años y no es el momento mocoso, por lo que no te apresures, o podrías perderlo todo definitivamente. —El otro Harry dijo y señaló a Darrius a lo lejos con una mirada atormentada en sus ojos y una sonrisa triste que decía mucho más que cualquier discurso.

—Entiendo —dijo Harry, pero tomó la mano de su otro yo y lo arrastró hacia donde estaba Darrius con un caminar alegre—, pero ahora ¡A disfrutar! Después de todo, como un viajero, cumplidas las veinticuatro horas del giratiempo, volverás a donde perteneces

***...***

¡VOLVII! Y con un capítulo del que no estoy muy segura de subir, cierta parte mi cree que podría ser confuso o cliché, pero bueno, aquí esta.

Por cierto, para nada sutil mi manera de mezclar brevemente dos de mis historias y ni siquiera recuerdo cómo demonios se me ocurrió esto… Culpo al café.

Así que, de nuevo, capitulo sin corregir y no duden de avisar sobre cualquier horror en él.

En fin, ¿Teorías, dudas, comentarios, sugerencias, quejas sobre esto?

¡Gracias por leer!

Sepheline.