Harry observó a las personas a su alrededor con una mirada feliz en su rostro. Weasley se encontraba en una conversación profunda junto a Darrius en una esquina silenciada para todos, entre ellos había una pila de libros sacados de la biblioteca de Flamel; ambos trataban de encontrar un modo de revertir lo que Molly le había hecho a su propio hijo hace años.
Si bien Harry sabía que había días en que Weasley era más un ella que un él (una prueba de ello era como estaba vestido Weasley hoy, con ropas que tomo prestada de Perenelle, pero aun así hoy se sentía como un él), el mismo pelirrojo le había afirmado que deseaba revertir el ritual al que su madre le había forzado. Con un deseo apenas oculto de ser dueño de su propio cuerpo una vez más y superar la máscara de "Ginny Weasley" que su madre le había obligado a llevar.
Draco, quien por algún motivo parecía llevarse bien con Feodras, se encontraba en una intensa partida de ajedrez contra dicho mago, mientras Flamel disparaba miradas extrañas en dirección de la pareja de vez en cuando. Al lado de Flamel, y golpeándolo con el dorso de un libro cada vez que se distraía, Hermione estaba aprovechando la presencia del alquimista para que le ayudara con su Vista, dado que Harry parecía ser un maestro absolutamente horrible en eso según Hermione.
Mientras tanto, y provocando escalofríos en Harry ante la posibilidad de esas dos juntas, Luna y Perenelle estaban sentadas en un par de cojines muggles enormes. Una frente a la otra, con las piernas cruzadas debajo de ellas, pareciera que ocurría todo un debate silencioso entre las miradas fijas que ambas se dirigían.
Eso provocó que Harry volviera a temblar, imaginándose comentarios crípticos sobre el clima y criaturas mágicas extrañas dichos por parte de las dos brujas. Sería suficiente para que Harry se desmayara del dolor de cabeza al tratar de entenderlo.
Por un momento, Harry dejó que su imaginación vagara, con el piso de mármol elegante de Flamel disolviéndose a madera pulida mantenida mágicamente, con las paredes cambiando a un azul profundo y el desastre de cosas transformándose en estanterías con pociones, objetos maldecidos o amuletos contra maldiciones, hierbas colgando del techo y una puerta de roble pesado entre medio de dos ventanales enormes que permitían el paso de la luz y exponían carteles y productos para el público.
Por ese instante, Harry se imaginó a las personas a su alrededor en la tienda de Darrius en el callejón, con Feodras cerrando su propio lugar, pero dejando la puerta que conectaba ambas tiendas abierta. Vio a Sirius bromeando con Darrius y a Remus tratando de mantenerlo a raya. En la escena, invisible para todos menos para Harry y Flamel, la magia de un callejón que había sido la guarida de los rechazados durante años, daba giros y miraba protectora a la gente en el lugar.
Solo por ese momento, Harry se permitió la esperanza. Antes de que la sensación de pisos crujientes y maltratados lo asaltará; de estanterías vacías y rotas, de hierbas dejadas al olvido y fotografías medio quemada invadieran su mente.
Antes de que el peso de un hogar destruido le agriara el humor, Harry se forzó al presente y se sentó junto a Draco en un intento de ver la quinta partida entre ambos magos.
A Draco no parecía importarle el hecho de que iba perdiendo todas las partidas, la derrota simplemente parecía añadir un acero a su mirada, junto a una sonrisa de admiración dirigida hacia Feodras cuando volvió a perder.
—Jaque mate —dijo Feodras, justo cuando la puerta volvió a sonar con tres golpes profundos e impacientes que hicieron a todos mirarse curiosos.
—Genial, deje a una hormiga entrar y lo próximo que se es que mi mansión se volvió un hormiguero —Se quejó Flamel mientras Darrius abría la puerta para revelar a Severus Snape tras de ella.
Un muy enojado Severus Snape que inmediatamente entró al hogar Flamel, con las túnicas revoloteando a su paso, y hacia Harry. Para agarrar al mago adolescente de los hombros y proceder a sacudirlo hasta que Harry sintió a su cerebro rebotar.
—Tu —comenzó Severus, con cada palabra marcada por una sacudida—. Pequeña. Bestia. Desconsiderada.
» ¿Cómo te atreves a no informarme, Potter, de tu dramática e innecesaria desaparición? Estoy seguro de que tu cerebro procedente de una lombriz todavía podría suponer las consecuencias de la obra inmadura que montaste.
Harry iba a contestarle a Snape, a comenzar ese juego de tirarse comentarios ácidos entre sí que ambos disfrutaban, pero luego notó la palidez anormal en Severus. Vio las ojeras profundas, el cansancio tras esa mirada y sintió el temblor de los dedos que lo sujetaban, notando que el pocionista apenas podía evitar que sus brazos se sacudieran y tuvieran espasmos por el dolor y con pequeños rayos rojos que iban y venían por todo su cuerpo que Harry solo notaba por su vista y la cercanía.
Harry iba a matar a Tom Riddle.
—¿Cuánto tiempo, Severus, te mantuvo bajo Crucio? —preguntó Harry, logrando un silencio conmocionado en la habitación y que Darrius se viera a una pulgada de arrastrar a Snape para sentarlo en un sofá, envolverlo en una manta y darle chocolate caliente.
Snape solo le gruñó a Harry, con dientes y todo, para luego soltarlo y mirar a las personas a su alrededor.
—Vaya —comenzó, e inmediatamente cada alumno de Hogwarts, menos Harry, trataron de no parecer culpables— ¿Qué tenemos aquí? Más pequeñas bestias que decidieron escaparse durante el fin de semana, veo.
» ¿Debería reportarlos a sus jefes de casa? ¿O podría proporcionar las detenciones necesarias desde aquí? —Snape parecía demasiado feliz ante la oportunidad de vengarse por los problemas al sacar puntos de la casa.
—Padrinoooo —comenzó a quejarse Draco, ganándose una ceja alzada por parte del profesor.
—Tu padre escuchará de esto, Draco —le dijo Snape y el heredero Malfoy palideció.
Weasley no lo soportó y se largó a reír a carcajadas ante la infame frase de Malfoy usada contra él. Draco, de cara a Snape, oculto un brazo detrás de su espalda y le disparó un gesto de su dedo medio al pelirrojo, ganándose un cojín hindú, ricamente bordado, contra su nuca.
Para sumar más cosas al caos, Luna y Perenelle compartieron otra mirada, antes de que Luna dijera, y completamente al azar:
—Aidan.
Todos se miraron ante el nombre desconocido, pero Weasley parecía dividirse entre verse horrorizado y feliz.
—Luna, ¿En serio? De todos los momentos, decides ahora uno…
Luna no lo estaba mirando, sino parecía seguir algo con su mirada al otro lado de la habitación y Weasley volvió a llamarla, provocando que Luna parpadeara y le mirara confundida.
—¿Dijiste algo, Aidan querido?
Weasley, al parecer ahora Aidan, consiguió estallar en un sonrojo espectacular, que parecía querer competir contra su cabello, ante el termino cariñoso.
Esta vez, Harry fue el que se rio a carcajadas.
—Parece que en verdad eres una cabeza de fuego ¿No es así, Aidan? —se burló Harry, dado que Luna prácticamente le nombró fuego.
—Jódete, Pottery.
Todos, sabiamente, se salieron de la línea de fuego de ambos magos cuando los dos adolescentes comenzaron una guerra entre sí. Con Harry terminando por recorrer a decir bromas sucias sobre pelirrojas y Weasley (Harry aún no se habituaba a llamarlo Aidan), siendo tan gráfico sobre la cerámica y su uso en juguetes sexuales para magos como le era posible.
Al final, solo hizo falta una mirada (y la ceja expresiva) de Snape para someter a ambos a la calma.
…
Remus Lupin no era el tipo de individuo que destacaría en la multitud, disfrutaba de mantener un perfil bajo.
Siempre considerado como el tipo responsable entre su pequeño grupo de amigos ( o de delincuentes juveniles, depende de a quien le preguntes sobre los Merodeadores), o el único de ellos que abriría voluntariamente un libro que no fuera sobre bromas, solía aprovechar su relativo anonimato y fachada inocente para pasar desapercibido en Hogwarts; después de todo ¿Quién echaría de menos a ese silencioso chico Lupin cuando el último escándalo de Sirius, o la nueva manera de James para invitar a Lily a salir, eran la última comidilla?
De todas formas, por más de que la gente en general disfrutaba más de hablar de cómo Lily logró pegar a James a una pared a fuerza del encanto Mocomurcielago parecía ser más interesante que susurrar como el silencioso chico Lupin siempre desaparece una vez al mes, Remus no podía entender porque, de todas las personas más capacitadas para hacer esto (léase, como Severus) debía de ser él quien tenía que unirse a la recién restaurada Orden del Fénix.
Esta era la cuestión, dada la reciente desaparición de Harry y sin ninguna pista sobre su paradero, Dumbledore decidió volver a reunir a los miembros de la Orden en un esfuerzo por encontrar a Harry. Además de poner en la mente de todos que la falta de Harry debía de ser una señal obvia de que Ya-Sabes-Quien lo secuestró y debió de utilizarlo para obtener un cuerpo y torturarlo.
Todo esto llevó a niveles de pánico masivos en la mente de cada miembro de la Orden, y de que Sirius le diera ojos de cachorro durante horas hasta que aceptó unirse a la Orden para mantener un oído en las locuras y planes de Dumbledore para Harry porque, de alguna manera, Dumbledore se convenció a si mismo de que la ausencia de Harry significaba que el Señor Oscuro estaba regresando.
Remus, en cierta forma, lo entendía. Él era el tipo de persona que solía pasar desapercibida, siempre silencioso y educado, lograba desvanecerse en el fondo y observar todo sin que nadie lo notara. Tenía un talento único para no ser notado a menos que lo quisiera (gracias a años de tener que mantener un perfil bajo debido a su pequeño problema peludo). Así que él era la opción perfecta para unirse a la Orden y mantener a Harry al tanto, dado que Dumbledore lo aceptaría fácilmente debido a que el director consideraba que tenía a Remus bajo su pulgar ya que le permitió asistir a Hogwarts, sin mencionar que pensaba que Remus hacía esto por la bondad de traer a Harry al lado de la luz como James y Lily hubiesen querido y por la culpa del sobreviviente claro está.
La cuestión era que Remus sabía que en cuanto James y Lily (o quizás James, estando más al tanto de la basura que el Ministerio esconde bajo su alfombra debido a ser un heredero sangre pura) hubiesen notado los dones de Harry y como la luz los usaría, hubiesen huido de la Gran Bretaña Mágica antes de poder decir "Traslador" para evitar que su hijo desapareciera en las profundidades del Departamento de Misterios.
O al menos, eso pensaba Remus. Más decidido a hacer lo que creía mejor para Harry que lo que todos los demás decían que "James y Lily hubiesen querido", esas palabras dichas por Dumbledore valían menos que la basura desde que se enteró que el Director había sido quien puso a Harry bajo el cuidado de Petunia Dursley.
Eso, definitivamente, era algo que James y Lily nunca hubiesen querido.
Y mientras todos los miembros de la Orden se apiñaban alrededor del comedor de La Madriguera, Remus se consoló pensando que por lo menos evitó que Canuto se uniera a esta estupidez. Después de años en Azkaban, lo último que Remus le permitiría hacer es estar cerca de Dumbledore dado que el hombre era uno de los motivos por el cual Sirius nunca tuvo un juicio.
Puede que Dumbledore no fuera quien condenara a Sirius directamente, pero Remus solo sabía que era imposible que el director no conociera quien era el verdadero guardián secreto con la forma en que al hombre le gustaba tener todo bajo control. Aun así, Dumbledore guardó silencio, no ayudó a Sirius, dejó que Remus creyera durante años que Sirius los había traicionado a todos y, la guinda del pastel, no le permitió a Remus siquiera intentar luchar por la custodia de Harry.
Dumbledore de alguna manera logró cortar cualquier intentó de protesta por parte de Remus, cada vez que Remus iba al Ministerio a intentar averiguar el paradero de Harry o solicitar la custodia, cada vez era rechazado. Cuando Remus no se rindió, de alguna manera cada trabajo disponible en la Gran Bretaña Mágica le fue negado y, para cuando ya estaba al borde de vivir en las calles y el hambre se volvió un estado constante en su vida, convenientemente Dumbledore le consiguió la oportunidad de ser asistente de un Magizoólogo que viajaba por Europa y necesitaba a alguien bueno en Defensa para la recuperación de criaturas mágicas del tráfico en el mercado negro.
Era como un trabajo soñado, dado a un hombre lobo muerto de hambre que su propio país, su patria, no reconocía como humano y le negaba siquiera ver a la última persona de su manada que lo mantenía cuerdo. Remus no tardó en aceptar, pero cada noche después de eso se arrepintió de eso.
Tuvo pesadillas de Harry llegando a odiarlo, de odiar a este hombre que supuestamente conoció a sus padres, que supuestamente los amaba, pero no estuvo ahí para él. Pesadillas de Harry creciendo criado por una familia de magos que le hablarían de los Merodeadores y la farsa que resultaron ser. De cómo el último de ellos, ese asqueroso hombre lobo, ni siquiera estaba ahí para él, para verlo crecer como Lily y James hubieran querido.
Lily y James, ellos también estaban en sus pesadillas durante los siguientes años, decepcionados de él y odiándolo por dejar a Harry cuando ellos le dieron una familia a Remus, cuando fueron manada. Y si bien las cosas entre todos ellos no estuvieron muy bien durante la guerra, dado el estado de hombre lobo de Remus y como la mayoría de los suyos se unían al lado oscuro bajo la promesa de igualdad, generando la desconfianza inmediata a cualquiera que se supiera fuera hombre lobo y con el Ministerio inmediatamente encarcelándolos. Remus podía entender por qué ya no le decían nada, por qué nunca supo sobre el cambio de guardián, por qué ni siquiera Sirius le contó sobre eso.
Remus podía comprender todo eso porque él mismo ni siquiera confiaba en sí mismo para no cambiar de bando, cuando el otro lado le ofrecía lo que la luz nunca hizo. Cuando el lado oscuro le susurraba sobre igualdad, sobre la igualdad en la magia, sobre luchar ahora para que los siguientes niños que pudieran terminar en su situación no deberían de temer, para que estos niños pudieran deambular por Hogwarts libremente, sin ocultarse.
Cuando la Oscuridad le ofrecía todo eso que la Luz siempre le negó ¿Cómo podía Remus decir que no? ¿Cómo podía decir que no cuando le estaban dando la oportunidad de legalmente poder referirse a sí mismo como humano, cuando el lado gobernante (la Luz) lo nombró criatura oscura?
Remus sabía que solo dijo que no debido a que toda su manada estaba en el lado de la luz. Debido a que una parte de él, la que llevaba años bajo esta sociedad, no podía creer ni confiaba en las palabras dulces que le eran prometidas.
Debido a que una parte de él sabía que no había forma, después de cientos de años donde la facción ligera gobernaba, de que la Oscuridad ganara.
La mala hierba nunca muere, pero Remus no sabía decir cuál lado era esta.
—Gracias a todos por venir —comenzó Dumbledore, sacando a Remus de sus pensamientos y enfocándolo en lo que tenía que hacer.
…
Harry estaba meditando, o creía que lo estaba. O más bien rogaba para que se viera como si estuviera meditando porque no tenía una jodida idea de lo que estaba haciendo.
Se suponía que estaba meditando, con todo eso de controlar su respiración, contarlas, concentrarse en partes de su cuerpo y tratar de dejar la mente en blanco (hágase énfasis en tratar). Harry incluso estaba sentado correctamente y todo eso ¿El problema? No sabía lo que estaba haciendo ¿Cómo podía Harry saber si estaba meditando exitosamente? ¿Era "dejar la mente en blanco" en realidad algo posible o solo palabras bonitas para "trata de no pensar mierda mientras haces esto"?
Harry nunca en su vida había tratado de meditar, nunca trato de dejar de pensar. Él siempre tenía su cabeza en algo más, sinceramente, no recuerda un momento (más allá de dormir) en el que simplemente se encontrará quieto, como en blanco. Él nunca antes trató, porque cada vez que intentó esto, su mente siempre lo llevaba a pensamientos menos bonitos.
Estar quieto parecía ser sinónimo para su cerebro para recordarle todo lo malo en su vida, para lanzarle a la cara cada error, cada cosa mal dicha o que pudo hacer mejor hasta que Harry se encontraba a si mismo al borde de las lágrimas, la rabia, la desesperación, o todas esas, y se forzaba a sí mismo a moverse y hacer algo más para distraerse de eso.
Honestamente, Harry admira a aquellas personas que eran capaces de meditar o de tener paciencia y control sobre sí mismos. Eso era algo de lo que él carecía, y por más Slytherin ambicioso e ingenioso que fuera, Harry era una criatura de impulsos, del tipo "actúa primero, piensa luego en las consecuencias y ruégale a todas las deidades que conozcas que tu astucia pueda sacarte de la mierda profunda en la que te metiste" de persona que generalmente resultaba en el viendo de cara a la muerte; ya sea por meterse en algo peligroso, o por enfrentarse a Darrius y Severus luego de hacer algo estúpido.
Así que aquí estaba, sentado en el césped de uno de los jardines de los Flamel, con su trasero doliéndole por la tierra dura y estar en la misma posición durante mucho tiempo. Fingiendo que cerraba los ojos, pero abriéndolos de vez en cuando para observar si Flamel lo estaba mirando mientras rogaba que el otro mago no se diera cuenta de que no estaba haciendo los ejercicios de respiración.
—Señor Potter, concentración.
Ah, así que Flamel sabía que no estaba haciendo nada bien. Harry no entendía como el otro mago lograba hacerlo, pero se imaginaba que con todo eso de ser inmortal uno aprendía cosas, le gustará o no.
Abriendo un ojo para mirarlo, Flamel descruzó sus piernas para darle una patada en el tobillo a Harry mientras le miraba como McGonagall cada vez que encontraba a los Weasley haciendo algo que no debía. Era el tipo de mirada que transmitía "Estoy tan harto de esto" "¿Qué voy a hacer contigo?" y "Se maestro, decían. Sera divertido, decían" a la vez.
—Bien, se acabó —comenzó Flamel, completamente cansado de Harry—. Obviamente no puedo esperar paciencia y perseverancia de tu parte en este momento ¡No sonrías, mocoso, no creas que te salvaste de aprender esto! Retomaremos la meditación más adelante.
Dicho esto, Flamel se levantó de su lugar y Harry se apresuró a seguirlo, haciendo todo lo posible por no sonreír de alivio.
Flamel guio a Harry a una parte del jardín que carecía de decoración o plantas, hecha especialmente para entrenar magia que obviamente terminaría por arruinar todo eso.
—A veces —comenzó Flamel, mientras desvanecía tierra del suelo para hacer un gran agujero en el, como del tamaño de una pequeña laguna que los separó a ambos alrededor de unos dos metros, y lo llenaba de agua conjurada—, olvido que solo eres un niño.
Harry miró la superficie del agua ondulante, mientras Flamel le observó con los ojos de un anciano que ve a los jóvenes ir a la guerra. Era la mirada embrujada que Harry había observado en el señor Bane que vivía en el número siete de Privet Drive, el anciano era un veterano de guerra que todo el mundo en el vecindario trataba de ignorar porque siempre gritaba a todo aquel que le miraba las cicatrices en su rostro y la prótesis en su pierna izquierda. Además, era propenso a sufrir ataques por estrés post traumático.
El anciano Bane era una de las pocas personas amables con Harry, siempre dándole dulces cuando Harry lograba escaparse unas cuantas veces de Dudley y el hombre lo veía pasar y le llamaba para contarle historias sobre los viejos tiempos. El señor Bane solo buscaba a alguien que le escuchará, y Harry era el único que parecía no temerle.
—A veces —le dijo Harry a Flamel, con la voz del señor Bane diciéndole en su mente que disfrutará su juventud, dado que la guerra no perdonaba ni a los niños— creo que la gente está demasiado ocupada pensando en quien podre ser, que no observa quien soy ahora.
—Punto justo —contestó Flamel, tras unos segundos de silencio —, pero no vamos a entrar en charlas filosóficas eternas, Harry.
» Quiero que intestes algo por mí —instruyó mientras se agachaba junto al agua y, con un movimiento de su mano, hacia flotar varios pares de gotas del tamaño de una canica y comenzaba a hacerlas giras y dar vueltas en patrones elaborados—, quiero que hagas flotar una sola gota de agua, del mismo tamaño que estas, hasta la altura de tu cabeza.
Harry observó el agua y luego a Flamel, sonaba fácil. Nada tan desafiante como lo que Knockturn le enseñó antes y, con una sonrisa en su cara ante la posibilidad de hacer magia y avanzar, Harry se concentró en tirar de su magia al agua con la intención clara en su mente.
El agua comenzó a moverse, casi burbujeante y Harry frunció el ceño, descontento cuando no pudo realizar el ejercicio fácilmente. Él decidió en concentrarse más y deslizar aún más magia hacia el agua.
La pequeña laguna comenzó a burbujear esta vez, moviéndose cada vez más hasta que pareció elevarse en su lugar, ya casi salvaje. Los siguiente que Harry supo fue que el agua le estalló en la cara, más bien como si una ola se estrellará contra él, obligándole a cerrar los ojos, tragar agua por la sorpresa y toser cuando esta se deslizó por sus fosas nasales.
Harry estaba empapado de pies a cabeza, con la ropa pesada debido a esto y escurriéndose en el suelo. Podía sentir que su pelo se pegaba a su cabeza y había incluso más agua corriendo a través de este hacia su cara. Parecía un gatito empapado y gruñón al que obligaron a tomarse un baño.
Flamel le miró atónito para luego estallar en risas y proceder a sentarse en el suelo cuando las piernas le fallaron de tanto reír.
—¿De qué te sirve el poder cuando no tienes control sobre el mismo, mocoso? —le preguntó Flamel una vez que logró recuperar la respiración después de reírse de Harry por un largo tiempo— Eso es lo que he estado tratando de enseñar en ese grueso cráneo tuyo, Harry.
» Ahora ¿Vas a cooperar y escucharme, Harry? ¿O seguirás pensando que ya lo sabes todo?
A regañadientes, Harry se sentó en el suelo al lado del lago, con las piernas cruzadas debajo de sí mismo para meditar y esperó en silencio (y con una mirada fulminante) a que Flamel hiciera lo mismo y comenzará a instruir a Harry a través de los ejercicios de respiración.
Flamel no dejó de sonreír triunfante durante toda la lección.
…
Hay un niño en algún lado, creciendo y siendo educado para saber que hay ciertas cosas que están mal, y otras que están bien. Que hay ciertas criaturas en este mundo que son despreciables, pero otras que son magníficas. Que hay ciertas personas que se sumergen en artes que deberían de ser pisoteadas y olvidadas. Que es educado para saber que merece respeto, y que la vida es fruto de su propio esfuerzo. Que sabe que hay personas allá afuera de las que tendrá que tener cuidado. Pero que crece sabiendo que hay cosas que uno nunca debe de hacer, líneas intrazables, y que las cosas son como son por una razón.
Hay otro niño, en algún lugar, que crece sabiendo que será despreciado por la mayoría solo por su nombre, porque nació en el lado equivocado de las cosas. Que es educado para sostener un legado sobre sus hombros y para comprender que la honestidad es difícil de conseguir, que no llegará a ningún lado sin la ambición para ello, porque con solo una mirada a su nombre la gente le escupirá a los pies. Que tendrá que pisotear y arañar para ser respetado, que sabe que por más que intente escapar de lo que sus padres hicieron o fueron, nadie del otro lado le dará una oportunidad. Pero crece sabiendo que el mundo no es justo, que tendrá que hacer cosas que no muchos se atreverían, y que las cosas son como son por una razón.
Hay incluso otro niño, que crece normalmente sin saber nada de esto. Que crece sin un lado para elegir y que es arrojado a mundo que va a juzgarlo por todo antes de que pueda decir si quiere o no. Con un lado escupiéndole por no saberlo y atreverse a juzgarlos sin conocimiento, pero con el otro lado abriéndole los brazos mientras cruza los dedos tras su espalda. Es un niño que se maravilla por tantas cosas nuevas que nunca mira detrás de nada de lo que se le muestra, educándose en todo sin analizar nada ni preguntar demasiado porque ha tenido la suerte de ser aceptado por este lado de las cosas. Pero crece sabiendo de estas maravillas que están disponibles para solo unos pocos privilegiados, y que las cosas son como son por una razón.
Hay muchos que crecen sabiendo que las cosas son como son por una razón y nunca se preguntan el porqué. Que eligen lados y colores porque hace falta una fe, creencia o postura para mantenerse cuerdos debido a que la neutralidad es un privilegio vacío. Que saben que merecen respeto, pero que la gente mirara primero a sus nombres y que los privilegiados son muy pocos como para darse el lujo de cuestionar.
Son niños que saben que son el fruto de sus esfuerzos, pero que a algunos les tomará arañar y pisotear para llegar a algún lado, que habrá quienes les juzgará o a quienes juzgaran sin saber y que siempre habrá que cuidarse de los dedos que se cruzan tras las espaldas en abrazos que pueden serlo todo.
Son niños educados así, porque las cosas son así por una razón.
***...***
¡ESTOY VIVA! (…creo) con un capítulo sin corregir como advertencia a sus ojitos y no duden de avisar sobre cualquier horror en él.
En fin, ¿Teorías, dudas, comentarios, sugerencias, quejas sobre esto?
¡Gracias por leer!
Sepheline.
