El Bosque de Hoia-Baciu poseía una historia interesante, con personas sufriendo un fenómeno de "pérdida de tiempo" al ingresar al mismo, saliendo horas o días después.
Hay leyendas que se remontan al pasado, un momento en la historia donde un pastor y su rebaño de 200 ovejas se adentraron en el bosque y desaparecieron sin dejar rastro.
Más tarde llegaron las primeras leyendas que hablaban de un bosque "envenenado". Se decía, y aún se sigue contando, que han sido muchos los que han salido del bosque con los mismos patrones y estados: ansiedad, náuseas, dolores de cabeza o, lo más inexplicable para los habitantes de la zona, la gente salía con pequeñas heridas en forma de ligeras quemaduras, pequeñas ampollas o erupciones cutáneas.
Incluso hoy en día los muggles cuentas historias sobre avistamientos ovnis debido a fenómenos de luces y demás sucediendo en el bosque.
Para Harry todo esto podría explicarse solo con mencionar la presencia de Kala. La bruja era un misterio envuelto en faldas folclóricas, joyería y quema de hierbas para alejar a los muggles de lo que consideraba su bosque.
Kala llegó a este bosque hace casi doscientos cincuenta años tras hacer un trato con Flamel, el uso de la Piedra Filosofal a cambio de los secretos de su clan que no tuvo problemas en compartir. Al parecer, Kala nació en la segunda línea familiar de su clan, el mismo año y mes que el hijo heredero de la familia principal vino al mundo.
Ese fue un hecho que a nadie de la familia le cayó bien, una amenaza directa en el poder y estabilidad. Las cosas no mejoraron cuando Kala, con el pasar de los años, demostró ser mucho más poderosa y mejor en la magia que el heredero.
Era inaudito que una mujer hija de la línea secundaria se atreviera a ser mejor que el heredero hijo de lo mejor en la sangre de la familia. A nadie pareció importarle que a Kala no le interesara tomar el poder y su sueño solo fuera estudiar y obtener el conocimiento necesario para fundar una pequeña escuela mágica propia o lograr trabajar en una de las prestigiosas.
Las cosas empeoraron con el tiempo, cuanto mejor fuera Kala, más su clan, su propia gente, la ignoraba o cortaba lazos con ella por temor a las represalias. Al final, solo sus padres solo le hablaban en la privacidad de su hogar.
Para cuando el heredero se volvió el nuevo Jefe de Casa, tras años de que le susurraran y advirtieran del peligro de que aquellos debajo de él se volvieran demasiado poderosos, tras demasiadas veces que sus propios padres le compararon con la prodigiosa Kala; acabó por expulsar a Kala del clan.
Kala acabó por vagar alrededor del mundo, persiguiendo un rumor tras otro sobre grandes maestros dispuestos a tomar aprendices, no muchos estaban dispuestos a tomar mujeres como aprendices. A la larga, con las preguntas correctas a las personas indicadas en los lugares más oscuros y marginales del mundo mágico, Kala escuchó un susurro sobre Flamel.
Encontrar a Flamel fue más estúpidamente fácil de lo pensado, era un hombre que tenía un oído en cualquier lugar que siquiera murmurara su nombre, con demasiada gente bajo su influencia como para que las preguntas de Kala sobre él no le llamaran la atención.
Obtener la Piedra también lo fue, Kala quería la inmortalidad para obtener el tiempo en busca de una mejor oportunidad y época para sí misma, tiempo para todo el conocimiento que el mundo ocultaba ¿Flamel? Flamel quería cada mota de información sobre su clan dado que resultaron ser un inconveniente político para uno de los hombres de Flamel, solo una piedra en el camino de un títere que Flamel deseaba volver polvo.
Kala aceptó y, con las cenizas de su clan marcando sus huellas y el cielo oscureciéndose en rojo carmín, marchó libre por primera vez en su vida dejando que su magia la guiara cada vez más lejos hasta llegar a un bosque que cantaba por su presencia.
Poco valía para ella la gente que se negó a reconocer su nombre durante años, nada le importaba la vida del hombre que se dedicó a lloriquear sobre la imposibilidad de que Kala fuera mejor que él en lugar de fortalecerse a sí mismo. No había motivos para preocuparse por lo que Flamel haría con ellos, simplemente pisaron la sombra del monstruo equivocado e iban a pagar por ello.
Entonces, cuando Kala puso un pie en un bosque llenó de magia, pero que nunca avanzaba debido al constante pasó de muggles por el mismo, puso manos a la obra y decidió que había encontrado el lugar correcto para ella.
Montó un campamento que con el tiempo se convirtió en una cabaña y pasó sus días paseando por el bosque con un turíbulo, un incensario que pende de cadenas, esparciendo una mezcla de hierbas para confundir a los muggles.
A la larga, terminó por cultivar varios tipos de plantas venenosas por el bosque y hasta tallar runas ilusorias en los troncos de los árboles.
Funcionó por un tiempo, hasta que los muggles decidieron que ir a dar un paseo por un bosque encantado era algo popular y divertido de hacer. Logrando que los mismos vinieran de todo el mundo para investigar el bosque, comprobar las leyendas o atreverse unos a otros a pasar la noche en el mismo.
Kala terminó por pedir de nuevo la ayuda de Flamel, para separar en bosque mismo en dos dimensiones. Era algo complicado de hacer y daba dolores de cabeza de solo leer la teoría, pero consistía en algo que los Faes eran expertos: dividir un lugar en dos planos dando acceso a la gente ordinaria a uno y solo lo mágico podía ver y acceder al otro.
Ahora, los muggles tenían todo un bosque de plantas mágicas venenosas para ellos y aire alucinógeno para explorar, mientras las criaturas y la magia que Kala había logrado restaurar del bosque original permanecía en el mismo lugar, pero a la vez no lo era.
Esto confundía a Harry de solo pensarlo, pero era algo parecido a toda la magia que se usaba para ocultar el mundo mágico, a la vez que era algo mucho más complicado al carecer de una entrada física, propiamente dicha, en el mundo muggle. Como lograr que dos hojas de papel se fusionaran, pero siguieran siendo independientes una de la otra.
De todas maneras, era el nuevo favor que Kala le debía a Flamel lo que le llevó a aceptar a Harry bajo su tutela hasta que aprendiera todo lo que Kala tenía para enseñarla. Lo que incluía, al parecer, cada manera en el que una inocente planta podría matar a alguien al quemarla, hacerla polvo para ser consumida o al mezclarla con otra.
Inquietaba a Harry, en cierto modo, la lente inserción en todo lo oscuro y mortal que el mundo tenía para ofrecerle, pero ese era su lado ahora. Lo había sido desde que Feodras lo recogió de una callejuela en Knockturn, desde el sonido de vidrios rotos y gritos sobre justicia que cada redada al callejón traía a su memoria, lo era desde que el lado de la luz nunca aceptaría como Darrius o Aidan se sentían con respecto a los cuerpos con los que nacieron y como decidieron cambiar eso. La oscuridad era su lado desde que Dumbledore arrestó a los gemelos como un método para recuperar el control sobre Harry, lo era desde que vio los encantamientos para manipular a Hermione tejiéndose en el pelo de la misma. Lo era desde el mismo momento en que Harry fue colocado en la puerta del número cuatro de Privet Drive y nadie se molestó en revisarlo. La oscuridad era su lado desde el momento en que los labios de un prisionero inculpado injustamente, su propio padrino incapaz de criarlo, fue arrojado a años de tortura sin una segunda mirada a ello.
Lo era porque Harry no estaba dispuesto a permanecer segado por la ignorancia de la luz y mucho menos a sumergirse en su hipocresía debido a que este era el supuesto lado más limpio y moralmente elegible como el mejor y aun así llevaban años de paz sin dedicarse a cambiar lo que había provocado una guerra en primer lugar.
Todo esto tampoco hacía a Harry ciego o ignorante a la gran lista de defectos que la oscuridad poseía, comenzando con los sangre pura mismos, pasando por su endogamia y odio a los nacidos de muggles, prejuicio contra las criaturas y negación a reconocer sus propios errores y formas impropias. Había que ser estúpido para no ver lo que la oscuridad hacia mal, pero la luz también pecaba de los mismos errores, dado que ningún lado se negaba a reconocer a los derechos de las criaturas mágicas, el pobre estado que la división provocaba a la magia o como arrojaban a niños de once años a un mundo nuevo sin una pizca de información ni mostrándoles la cultura mágica como es debido y mucho menos enseñándoles a respetarla.
Harry mismo era un ejemplo de lo que la ignorancia o temor a la magia podía provocar en muggles que criaban a niños mágicos sin supervisión y, aunque si había padres muggles que criaban a sus niños mágicos con amor, pero ¿Cómo asegurarse que no se asustarán de sus niños cuando la magia era algo tan cercano a lo que los muggles llamaban satánico o diabólico?
Tom Riddle era otro ejemplo, pero uno que acabó saliendo por el mal lado de las cosas y el mundo mágico aun así no disponía de ningún sistema de crianza que se asegurara del bienestar de sus niños.
Uno bien podía ser sangre pura y ser maltratado a dos pulgadas de la muerte y nadie lo notaría porque ni siquiera poseían leyes para eso, o se molestaban en mirar todas las señales. Estaban perfectamente bien con permanecer sentados en la complacencia e ignorancia hasta el punto que el único método que poseían para saber que algo estaba mal era cuando un niño acaba, con suerte, muriendo por convertirse en un Obscurus o siendo cazado para ser utilizado debido a eso.
Sinceramente, había tantas cosas mal con el mundo que pensarlo por demasiado tiempo provocaba que una ira cruda y burbujeante resonara en el pecho de Harry. Lo dejaba tan enojado y decepcionado con todo que le hacía imaginarse el convertir el mundo a cenizas para comenzarlo de nuevo de manera justa, pero no había modo para ello ni alma que aguantara provocar tales actos indiscriminadamente.
No había ser mortal capaz de ser juez y verdugo porque la justicia se limitaría a lo que ese ser consideraba justo o aceptable y acabaría por destruir lo que para otro también podría considerar que estaba bien, debido a que no sabría ni habría manera perfecta de saber dónde trazar la línea.
Además, pensó Harry mientras cosechaba plantas de muérdago para Kala, no había mejor manera de provocar el cambio que lograr que tu peor enemigo se volviera tu aliado.
Harry no necesitaba crear un tercer lado en la guerra por venir, él necesitaba hacer del lado oscuro el suyo sin que este siquiera lo notara. Necesitaba ingresar gente, sentar bases invisibles, en el lado de la luz para volverla complaciente en su superioridad y acabarla desde adentro.
Porque él lo sabía, lo sabía en la manera en que su magia crujía como un trueno en el aire, chocando contra la nada y dejando el sabor del rayo en los labios de los testigos. Era la manera en que su piel se estremecía y lograba calarle hasta los huesos, la necesidad de movimiento ante el avistamiento de una presa y un depredador, y la sensación de ojos sin edad, pero casi tan viejos como el tiempo, teñidos del oro de la vida y el vacío de la misma, que le hormigueaban en la nuca.
Harry sabía que en esta guerra no habría un lugar para un tercer lado, era una cuestión de tomarlos a ambos y reducir sus creencias a cenizas hasta traer algo nuevo de las brasas. Solo que ningún lado debería de verlo venir y ¿Qué mejor manera que esperar hasta que ambos estén demasiado ocupados sacándose las gargantas uno al otro como para notar nada más? ¿Qué mejor que esperar a que el lado que gane se siente en la gloria dorada de la victoria para barrer a las cenizas lo que quede del otro y destronar al campeón desde adentro cuando la corona envenenada se siente en su cabeza?
Claro está, había un lado que Harry quería en el trono y otro para ser cenizas, pero ¿Qué es peor? ¿Ser cenizas por la derrota o sentarte en la victoria ilusoria con una corona que te matara lentamente?
…
Aprender bajo Kala consistió en levantarse al amanecer para reponer las hierbas en los turíbulos, incensarios con cadenas que lo sostenían, que colgaban de los árboles en el lado muggles del bosque (a Kala le gustaba, aunque lo negara, mantener todos los misterios que su bosque significaba para los muggles) y mirar las plantas que cultivaban en ese lado que no se mezclaban bien con la magia.
Luego, Harry sería sometido a una sesión obligatoria de meditación (en lo que aun apestaba) de por lo menos hora y media para después proceder a atender el lado mágico del bosque. Todo el tiempo, Kala señalaría todas las plantas a su vista y sus propiedades para luego pedirle a Harry que lo repitiera la próxima vez, hasta que los paseos por el bosque consistieron en Harry repitiendo los nombres y propiedades de cada planta a la vista como un loro.
Harry estaba seguro de que se olvidaría por lo menos la mitad de todo esto una vez que dejara su aprendizaje bajo Kala. Él no poseía el tipo de memoria para retener información que terminaba descartando como innecesaria por el momento, sin mencionar que prefería simplemente recordar las más peligrosas y descartar las demás. Además, si surgía la necesidad, prefería buscarlo más tarde en un libro que terminar por tener que leer cada tres días toda una enciclopedia completa sobre plantas debido a que había demasiadas de todas ellas y nunca recordaría la mayoría.
Pero, sabiamente, Harry no le dijo nada de esto a Kala y se dedicó a memorizar lo que se requería de él ahora mismo. Creando juegos de palabras cortos en su propia mente y relacionando todo con conceptos más comunes para no olvidarse de todo inmediatamente después.
Por la tarde, Kala se dedicó al tema que Harry prefería: runas. Mostrándole a Harry los conceptos básicos de cada una y como enlazarlas sin que exploten en tu cara, enseñándole los diferentes materiales sobre donde tallarlas y cual conviene más dependiendo el propósito. Hablándole de matrices de runas básicos hasta los más complicados que se convirtieron en leyendas mismas.
Le enseñó los diferentes alfabetos e inclusive como los japoneses, por darle a Harry un ejemplo, avanzó esto un paso más allá al convertir las palabras en talismanes poderosos o como los egipcios protegían y maldecían sus tumbas con los jeroglíficos.
Kala también le habló sobre la conexión con la naturaleza y la magia, a vivir del bosque en lo posible y a conectarse con la magia que este exudaba. Le mostró la importancia del sigilo y a camuflarse con su entorno al punto de casi desaparecer entre las sombras o fundirse con las hojas y ramas de los árboles.
Le dijo que era más importante aprender a caminar como si no existiera que a correr para derribar a cualquiera. Y Harry lo entendió, la importancia de acercarse a alguien sin que lo notaran, de moverte como si fueran parte del fondo y que tus pasos no sonaran más de lo que lo hace una pluma al caer, porque no hay peor enemigo que aquel al que no ves venir.
Sin que lo notará, pasaron tres meses y Flamel apareció a la vista una tarde mientras el sol se ponía en el horizonte y Harry con Kala mezclaban hojas de tejo y setas psilocybe para que Kala luego las encantara para usar en los inciensos del bosque.
Flamel se apareció sin hacer un ruido frente a ambos logrando que Kala casi lo ensartara con la daga de gran tamaño que guardaba en su cinturón.
—Mago —le llamó Kala con voz muerta.
—Kala, querida, es encantador verte como siempre —le contestó Flamel, tan dulcemente que dejó a Harry entrecerrando los ojos sin saber si eso era sarcasmo o no—. Vengo en busca de Harry, es hora de que visitemos a alguien más.
Kala se hizo un lado, mirando a Flamel sin saber si valía la pena enterrar la daga en el mago o no debido a su ultimo comentario. Harry se levantó de donde estaba arrodillado en la entrada de la cabaña de Kala y miró a Flamel mientras el mago reunía las cosas de Harry.
—Primero iremos a la mansión, por supuesto, o me temo que los gemelos me comerán vivo si no les doy pruebas suficientes de que no te arroje a un volcán. —parloteo Flamel mientras daba vuelta por el lugar y Kala se movió a empaquetar y guardar varios conjuntos de hierbas y setas en el bolso de Harry.
Flamel se apartó de la bruja ante la vista de plantas venenosas altamente mortales.
—¿Y entonces? —le preguntó Harry— ¿A dónde me llevarás después?
—A conocer un viejo amigo mío, Eider. Es uno de mis principales puntos de contacto para los negocios.
…
Después de visitar a los gemelos y de que Darrius balbuceara encantado sobre todas las plantas en la bolsa de Harry y sus usos (Harry tomó nota mental para nunca beber o comer nada que le diera un Darrius enojado), Flamel los apareció a una callejuela en Roma y condujo a Harry a través de un pasaje tras otro entre los complicados caminos que dejo a Harry completamente perdido ante el laberinto de calles.
Finalmente, acabaron por bajar las escaleras hacia un bar escondido donde el sonido de una campanilla informó su ingreso. El lugar era pequeño y cálido, con mesas de caoba y sillones cómodos, varias plantas colgando de las paredes y un gran librero contra la pared del fondo y al lado de la puerta que anunciaba el baño. Flamel guio a Harry para sentarse en la barra a la derecha del local y miró a la mujer pelirroja que mezclaba las bebidas con una sonrisa despampanante.
—Hassel, cariño, ¿Eider está disponible?
—Preguntaré —dijo Hassel, sin ningún acento al hablar para estar viviendo en Roma y desapareció tras una puerta detrás de ella después de dejar dos vasos de agua para ambos.
Flamel tocó su vaso y convirtió su bebida en algo alcohólico y de color ámbar parecido al whisky que provocó que Harry le mirara como si estuviese loco. Rápidamente, Harry miro para todos lados en pánico de que un muggle viera eso.
—Tranquilo, señor Potter, mi bar es enteramente mágico —Una voz llamó y Harry levantó la mirada para quedar hipnotizado por el hombre que debía de ser Eider.
Tenía la piel de un color que le recordaba a Harry al chocolate, con una nota brillosa sobre la piel y el pelo negro corto a los lados junto a los ojos llamando toda la atención sobre su cara: porque, por un momento, Harry pensó que el hombre estaba ciego debido a los ojos de un color lavanda claro rozando lo blanco y la falta de pupilas negras. Pero el hombre, Eider, le miraba fijamente y reconoció a Harry a primera vista, sin mencionar que tenía un portapapeles en la mano y un bolígrafo en la otra.
—En cuanto a ti, Nicholas. —La voz de Eider si poseía un acento que le recordaba a Harry a Perenelle: francés— es bastante grosero convertir la bebida en un bar mágico.
—Mi error —dijo Flamel, para luego regresar su bebida a agua y que Hassel le deslizara otro vaso con lo que Flamel había estado bebiendo.
Eider le sonrió a Flamel en reconocimiento y se volvió para mirar a Harry y sonreírle gentilmente al preguntar:
— ¿Desea algo para tomar, señor Potter?
Mierda, pensó Harry mientras estrujaba su cerebro cuando este decidió que era un buen momento para olvidar el nombre de cualquier líquido sobre la tierra.
—Solo dale uno de tus tés especiales, Eider, es británico —le respondió Flamel.
—Café estará bien —dijo Harry, mirando a Flamel con dagas y molesto ante la implicación que por ser británico Harry solo bebería té.
Harry observó el bar a su alrededor y a Hassel y Eider dar vueltas tras la barra con dudas surgiendo de su mente ¿Qué iba a aprender él aquí?
—Extracción de información, negociación y diplomacia —le dijo Flamel, viendo la duda escrita en toda la cara de Harry— El bar de Eider es uno de los principales puntos de negociación de toda Italia y está muy bien conectado con el resto del mundo mágico. Mucha gente viene a cerrar negocios aquí, así como a dejar información sobre lo que hacen o venden con Eider en busca de contactos.
—La gente te encuentra gracias a Eider —le dijo Harry y Flamel le sonrió tras el borde de su vaso.
—Algo así, no presto el servicio de la Piedra Filosofal a todo el mundo, como la producción de oro o el elixir de la vida, ni mucho menos le doy una a cualquiera.
—Espera un minuto ¿Dar una Piedra? —Preguntó Harry ¿Era posible?
—Harry, mocoso, si hice una Piedra Filosofal ¿Por qué no sería capaz de hacer otra? —le dijo Flamel, como si Harry estuviera dudando de que dos más dos son cuatro.
—Vale ¿Qué hay con respecto a la exclusividad de uso?
—Solo le he dado otra Piedra a otras dos personas en el mundo. No, no Dumbledore. Y estas están dadas bajo juramentos mágicos para no comercializarlas.
—¿Conoceré a esas dos personas algún día? —preguntó Harry, con la curiosidad picando sobre quien en el mundo impresionó a Flamel lo suficiente como para obtener una Piedra Filosofal.
—Eider es uno —soltó Flamel como si nada, impactando a Harry.
—Espera ¿Qué?
—Lo conocí gracias a Perenelle mientras aun vivíamos en París, era un mocoso juntando información y contactos para salir de las calles y mejorar su vida. Consiguiendo clientes potenciales para el mercado negro de la Francia Mágica, y me impresionó bastante cuando comencé a comercializar la Piedra. Además, el mocoso vino a mí con una lista de diez clientes, todos políticos y comerciantes en el poder de Francia en ese momento.
» Le ofrecí la Piedra porque sería engorroso cambiar de contacto por cada vez que uno se muriera, y aun así me tomó casi diez años convencer al cabeza dura de aceptarla.
El suave golpe de cerámica contra la madera sobresaltó a Harry y le hizo mirar a Eider, quien colocaba el café de Harry sobre la barra.
—No a todos nos emociona la inmortalidad, Nicholas —le dijo Eider a Flamel con una sonrisa descarada—. Además, era divertido verte frustrado.
—Mocoso —contesto Flamel, con toda la actitud de un niño de cinco años que descubre un nuevo insulto que los demás no.
—Viejo verde —le respondió Harry, más por costumbre que nada, dado que "mocoso" era el término favorito de Flamel para dirigirse a Harry.
Eider se rió encantado mientras Flamel tosía todo su whisky sobre la madera fina de la barra y miraba a Harry como si quisiera prenderle fuego.
—No soy un "viejo verde" mocoso descarado.
—Dile eso a Perenelle, ustedes se llevan ¿Cuánto? ¿Dos mil años? ¿Tres mil?
—Pequeña mierda —se quejó Flamel, mientras trataba de encerrar a Harry en una llave para frotarle los nudillos en la cabeza.
Una vez que Harry se liberó al patearle el tobillo a Flamel, se enderezó su abrigo y trató de controlar en vano el desastre de cabello que Flamel le provocó.
—Nicholas aquí espera que te enseñe a cómo tratar con las personas de manera diplomática y extraer información y favores sin que lo noten o se opongan a ello. Negociar términos y aprender que es aceptable y que no cuando de esto se trata —le dijo Eider a Harry, mientras abría una tabla en la barra y la levantaba para que Harry pasara a través.
» Al principio trabajarás conmigo aquí, escucha todo y observa, pero no hables ni comentes por más que la actitud del cliente te irrite completamente. Debes aprender a calmarte y pensar tres pasos adelante sobre qué decir.
» Lentamente, te dejaré ver otras partes del lugar: atender las habitaciones de reuniones u organizar la lista de contactos conmigo. Todo hasta que seas capaz de realizar transacciones por tu cuenta, obtener nuevas ventas e interesados ¿Quién sabe? Quizás un día manejes por completo los clientes de Nicholas y me saques al viejo muerto de encima.
—Exacto… ¡OYE MOCOSO! —Se indignó Flamel, sin haber escuchado al principio a Eider.
Harry se rió encantado, quizás no del todo emocionado con respecto al lado político, cautivador y diplomático del asunto, pero viendo los beneficios en todo esto.
—¿Cuánto tiempo estaré aquí entonces? —preguntó Harry antes de que Flamel se fuera.
—Seis meses… un año, hasta que Eider te dé su visto bueno.
Ah, solo un año.
—¡¿UN AÑO?! ¿Qué mierda, Flamel? —gritó Harry horrorizado, pero Flamel se apareció rápidamente escapando de la ira de Harry.
¡Harry solo había estado con Kala durante dos meses! Pero Flamel ahora lo estaba arrojando a ser una especie de camarero traficante del mercado negro del mundo mágico durante todo un maldito año.
—Vamos, señor Potter —le llamó Eider, con una sonrisa encantadora mientras levitaba el bolso de Harry hacia la puerta que conducía a unas escaleras y al segundo piso donde el mismo vivía—. No será tan malo.
Harry tuvo que frotarse los ojos para eliminar el brillo cegador de la sonrisa de Eider antes de pensar claramente y seguir al mago hacia el segundo piso.
— ¿Qué talla de ropa y zapatos eres? Necesitaremos tu talle para el esmoquin y ropa formal.
¿Esmoquin? ¿Ropa formal? Olvídate de las sonrisas bonitas, Harry estaba en el infierno.
…
Un hombre de aspecto sencillo caminó apresuradamente a través de la quietud del amanecer en el callejón Knockturn, dirigiéndose a la pequeña tienda que poseía en el lugar con las manos en los bolsillos debido al frío y mirando al suelo atentamente entre los adoquines de piedra de diferentes tamaños que formaban la calle del infame lugar.
Contando a través de las piedras de diferentes tamaños, avanzó apenas tres pasos en lo que le tomó contar y etiquetar cada piedra frente a él de un extremo a otro de la calle. Sin magia, usándolo para calmar sus nervios y alejarlo de los peligros del maldito callejón oscuro, el hombre se tomó su tiempo entre paso y paso sin nadie para verlo o apresurarlo en esta hora temprana en el día.
Lentamente, contó: nueve piedras grandes de un extremo a otro en el primer metro de calle en el Callejón Knockturn, otras trece casi tan grandes, pero no tan notables, veintiocho más en el mismo espacio, pero un poco más pequeñas, una de ellas tiene una marca que parece un rasguño. Casi ochenta que les siguen en la escala, más pequeñas que las otras, un tono de gris más oscuro y doce de ellas con marcas, todo en el primer metro de calle…
El hombre siguió así, llevaba tres años trabajando en el callejón Knockturn, realizando este mismo ritual cada día desde que abrió la pequeña librería en el lugar. Su destartalada tienda solía pertenecer a otro mago, pero fue arrestado tiempo atrás y su lugar quedó vacío hasta que él lo compró.
Nunca se molestó en ocultar o reparar las marcas de quemaduras por los hechizos que poseía la tienda, mucho menos en acomodar la trastienda llena de muebles rotos que tiró ahí una vez que compró el lugar. Sí reparó la vidriera rota y empaquetó cada libro dejado por el dueño anterior que guardo en una caja bajo el mostrador siempre revisándola cada día para ver que ningún libro faltara. Eran cosas oscuras, cada uno de ellos.
Llevaba tres años en el lugar y nunca se molestó en hablar con los dueños de las tiendas vecinas, pasando rápidamente al lado de cualquier ser de este lugar que tratara de hablarle y rápidamente se ganó la reputación de un lobo solitario irritable entre los otros habitantes del oscuro callejón.
A él no le agradaba la idea de interactuar con nadie de por aquí, dedicándose a su negocio y nada más, contando las piedras al venir, abriendo su tienda con una taza de té en la mano y recibiendo a los pocos clientes que buscaban libros en este lugar. Era siempre el último en cerrar su tienda y al salir guardaba el cartel de afuera que indicaba que esta era una librería de libros únicos y antiguos, luego metía las manos en sus bolsillos y procedía a su ritual de caminar hasta el otro extremo del callejón, esta vez catalogando las piedras y buscando patrones en las formas de la misma mientras dejaba el lugar abandonado por el mundo tras su espalda y regresaba a la calidez del hogar donde su familia le esperaba.
En el primer metro del callejón hay veinticinco piedras con marcas sobre ellas, pero ninguna forma nada hasta que miras el segundo metro y cuentas treinta piedras con marcas sobre ellas comenzando a notarse una línea curva en su camino y…
Así, el hombre simple abandona el callejón mientras mira fijamente al suelo y oculta sus manos temblorosas en lo profundo de sus bolsillos y su aliento tambaleante tras la pesada y larga bufanda que posee.
…
En el Ministerio de Magia trabaja una mujer de aspecto dulce y encantador. Sentada en su silla tras el escritorio principal, su trabajo consiste en verificar y marcar a cada persona que desee acceder a esta zona del Ministerio, siendo el lugar donde se ubica el departamento que regula el nacimiento de cada niño mágico y controla las voluntades que los padres dejan al nacer un niño aquí mismo. Como es una zona poco concurrida, ella también tiene la tarea de controlar, tomar nota y anotar cada placa de identificación que las entradas al Ministerio Mágico proporcionan generalmente.
Cada día, ella es una de las primeras en llegar, pasando por el recibidor principal y camina hacia la derecha hasta toparse con su escritorio donde la máquina hechizada que realiza el turno de noche proporciona un informe que flota frente a ella en el cual se registran las pocas placas dadas a esas horas, en su mayoría son mujeres que ingresan a visitar a ciertos funcionarios del Ministerio o algún Auror despistado que olvidó su identificación.
Otra máquina suelta un trozo de pergamino más largo: cada persona que paso a través del hall principal del Ministerio de Magia, esta lista más larga registra a todos menos los Inefables quienes tienen su propia entrada.
Ella, una vez leídos ambos informes rápidamente, toma asiento y guarda uno en su bolso y al otro lo archiva en los registros oficiales del Ministerio. Para este momento, ella prepara un poco de café y escucha el primer tintineo revelador de que una placa ha sido entregada en la entrada: John Charleston, nacido de Muggles busca audiencia en el Departamento de regulación y control de criaturas mágicas.
La mujer hace una copia con su varita de la placa, la original la archiva en el gabinete bajo ella que fusionara cada placa en un solo pergamino para informar al final del día y esto borrara la firma mágica de John Charleston de la placa. A la copia la guarda en la caja blanca sin fondo en el último cajón de su escritorio, hay otras tres cajas en el mismo cajón: una amarilla, otra roja y otra negra.
En el transcurso del día ella coloca las copias de las placas según correspondan en cada caja, cada una resonando con la firma mágica de los visitantes del Ministerio. Cada placa en una diferente caja dependiendo el caso.
Solo una vez alguien interrumpe esta rutina y es un Auror buscando la voluntad de unos padres mágicos que acaban de fallecer por viruela de Dragón. Ella pide el nombre completo de ambos, así como del hijo o heredero en cuestión y procede a buscar el documento oficial con un simple hechizo en el gabinete tras de sí que lo conecta a una sala enorme llena de los mismos papeles en el interior del gabinete.
Ella le entrega el documento al Auror y piensa vagamente como la mayoría de las familias sangre pura más importantes prefieren este método antes de entregar su voluntad al banco de Gringotts dado que los Goblins rara vez recuerdan entregar estos a tiempos y con frecuencia son bloqueados, devueltos al banco sin abrir, o dados de inválidos según el capricho (o soborno aceptado) del funcionario del Ministerio en cuestión al que se le presente dicho documento (ella piensa en como muchos hacen esto para robar las fortunas o asientos de herederos infantiles dejados a su suerte por la vida).
La mujer termina pensando en la única vez que un Auror o abogado mágico no fue el que vino a buscar la voluntad de los padres de alguien a este lugar. Ella recuerda los ojos centelleantes y la larga barba blanca de Dumbledore y como era obvio en que hay ciertas ocasiones especiales en que las reglas deben romperse para aquellos en el alto poder.
El sonido de una placa tintineante llena el silencio de la oficina: Corban Yaxley, sangre pura, Departamento de Aplicación Mágica.
La mujer frunció los labios un poco mientras depositaba la copia de la placa en la caja de color negro.
Solo otro día de trabajo.
…
Una pareja casada disfrutaba de su comida en un encantador establecimiento algo exclusivo en el Callejón Diagon. Ambos llevaban casi veinte años de casados y tenían una vista de todo el establecimiento desde su pequeña mesa en una esquina del lugar.
Llevaban casi doce años viniendo a este lugar todos los miércoles y sábados por la tarde, era una rutina que ninguna de los dos rompió ni una sola vez. Conocían por el nombre a cada camarero y eran amigos cercanos del dueño desde hace tiempo.
Nunca pedían lo mismo, siempre dispuestos a probar nuevas cosas y ver cada delicia del menú. Hoy era un té verde junto a una tarta de melocotón y un café fuerte junto a un pequeño plato de galletas de chocolate oscuro y menta. No eran de comer cosas dulces, pero se permitían la excepción cada vez que venían al lugar.
Los dos conversaban con voces bajas comentando sus días laborales o las situaciones de sus allegados, cuando los temas se acababan procedían a comentar sobre los demás comensales ¿Cuáles serían sus vidas? ¿Qué hacían al dejar este lugar? ¿Los dos de allá estaban discutiendo? Algunas veces, alguien interesante ingresaría al lugar y la pareja realizaba un discreto hechizo de escucha para ver lo que, hacia esa otra persona, durante esos momentos ambos prestaban sumo detalle a la vida de este desconocido y se dedicaban a disfrutar de sus comidas o sostenerse de las manos a la vez que las palabras del desconocido fluían sobre ellos como un ruido suave apenas perceptible para los demás.
Otras veces, invitaban a los que más les llamaba la atención a unirse a ellos para charlas interesantes, siendo tan audaces como para hasta hablar de temas delicados como la política con dichos extraños. Y esto era posible porque la pareja tenía la extraña habilidad de tener las mismas opiniones que su invitado en cuestión, aunque no todos sus invitados eran de las mismas opiniones.
En algunas raras ocasiones, la pareja se iba del lugar con el extraño en cuestión entre medio de ellos, compartiendo risitas y toques casuales ante la vista de todos que dejaba a algunas personas levantando cejas ante sus pasos.
Pero era una rutina para la pareja en cuestión, siempre venían cada miércoles y sábado por las tardes, un extraño se sentaba a su mesa por lo menos una vez a la semana y aunque sea una vez al mes se llevaban a alguien entre ellos dos de manera encantadora.
Nunca fallaban en conseguir a alguien y jamás nadie salió disgustado tras una conversación con ambos, eran encantadores a su manera y la gente los amaba a las tres oraciones de conocer a ambos.
Era la rutina de ambos y nunca fallaban en ella.
***...***
Heme aquí con otro capítulo para que sus ojos bonitos sufran ante mi falta de revisión debido a que soy perezosa y no tengo beta, si notan algún horror de ortografía o gramática no duden en mencionarlo.
Dejo las tres últimas escenas para que sus mentes grandiosas maquinen o ignoren completamente y se les olvide para cuando sean de importancia realmente.
¿Teorías, dudas, comentarios, sugerencias, quejas sobre esto?
¡Gracias por leer!
Sepheline.
