El tiempo con Eider avanzó rápidamente para Harry. Al principio, durante los primeros dos meses, Harry se dedicó únicamente a preparar bebidas como café, té o esas mezclas de leche, hielo y crema, siempre con un oído atento a lo que todo el mundo dijera. Pero lo malo era que Harry trabajaba exclusivamente en el turno matutino, donde las conversaciones eran mínimas o suaves debido a la tranquilidad del horario y el sueño nublando las facciones de los comensales.
Pero Harry aprendió rápidamente por qué Eider le dio el turno matutino: la gente era una mierda grosera sin tiempo durante las mañanas ¿Por qué los adultos consideraban inteligente buscar café diez minutos antes de que sus turnos comenzaran y todos al mismo tiempo? Las colas por café se volvían impresionantes, tanto que las filas lograban salir del local, los magos golpeteaban los pies apurados o les gritaban a Harry y Giada (una adolescente de pelo teñido en lila que era más sarcástica que el mismo Snape) para apurarse como si eso hiciera funcionar las máquinas y hechizos a mayor velocidad.
Las propinas, supo Harry, también eran una parte importante de ser baristas. Aunque la gente apurada o enojada por su café rara vez arrojaba algo más que un par de monedas de bajo valor al jarro. También estaba el asunto del italiano, al principio Harry usó un hechizo traductor, pero Harry rápidamente comprendió que no era una solución a largo plazo: el hechizo tenía una demora de casi cinco segundos en lo que el cliente hablaba y el hechizo captaba y traducía para Harry en una voz femenina y neutral que mayormente se equivocaba en los tiempos verbales complicados del idioma y su jerga local resultando en que una vez Harry le hiciera un té de matcha a un cliente que quería un Mocha Latte.
Para el final del mes, Harry comprendía la mayoría de las palabras y oraciones en italiano con respecto a ordenar comida o bebidas, respuestas agradecidas cada vez que una buena persona arrojaba algo más que una moneda al tarro de propinas, y un montón de palabrotas gracias a Giada. Harry también aprendió a no gruñir o insultar a los clientes porque le gritaran pensando que eso haría al café filtrarse más rápido, por no mencionar a las brujas que cuidaban sus uñas como si fueran sus navajas favoritas y tamborileaban los dedos sobre la madera de la barra produciendo un sonido constante de "tick, tick, tick" espeluznante que provocaba escalofríos en los dientes de Harry y le hacía imaginarse a las malhumoradas brujas usándolo como su nuevo poste para arañar favorito.
Harry tenía un sano respeto hacia las mujeres y todos sus rituales de cuidado desde que una vez vio a Perenelle pelar una naranja solo con sus uñas de manera elegante y agraciada como si estas fueran cuchillos extremadamente afilados. Lo gracioso es que las uñas de Perenelle caían en la escala de más cortas que largas según estándares para estas. Sin mencionar que todo el espectáculo provocó que Hermione adorara la idea de uñas asesinas y comenzara a dejar crecer y cuidar la suyas. Además, Hermione en ocasiones usaba sus uñas para tallar runas, las brujas inclusive tenían sus propios esmaltes "tan resistentes como diamantes" y Harry sabía por experiencia al prepararlos que los esmaltes de Kala también contenían veneno.
(Las mujeres eran aterradoras).
Una vez que Harry dominó el fino arte de no insultar a los clientes, pero sutilmente hacerlo sin que se dieran cuenta, Eider lo puso a trabajar en las salas de reuniones ubicadas tras una puerta oculta al fondo del local. Estas salas estaban ocultas así para que cualquiera que no poseyera una llave para las salas no pudiera siquiera encontrar la puerta y mucho menos espiar las reuniones. Además de que el bar de Eider se enorgullecía de no poseer elfos domésticos en su lugar y tener fuertes salas contras estos mismo, limitando los riesgos de espionaje o traiciones con respecto a transacciones más delicadas.
También, y esto provocaba que cada sangre pura hiciera una mueca asqueada al notarlo y se burlara, aunque terminaran regresando de todas formas: la magia estaba estrictamente prohibida y regulada en estas salas. La comida no podía ser invocada desde la cocina, Harry tenía que llevarla él mismo y realizar los hechizos de pruebas contra envenenamientos frente a los clientes, siendo este uno de los pocos hechizos que las salas permitían. Esto se hacía en fin de evitar la manipulación de la comida, además de evitar que se colocara sobre ellas hechizos de compulsión, o el lanzamiento de maldiciones como Imperius.
En resumen, el bar de Eider se enorgullece de su neutralidad y cuidado absoluto. Ni una sola traición, manipulación o asesinato había ocurrido bajo su techo y lo mantendrían así hasta su cierre. Lo que significaba que Harry era un mayordomo con la obligación de siempre estar presente en la sala de reunión que se le asignó cuando esta estaba ocupada, sirviendo al estilo muggle todas las comidas y bebidas y permaneciendo silencioso en las sombras e invisible cuando no era necesitado.
Hizo maravillas para su sigilo y sentidos de observación: notar cuando uno de los clientes se tensaba por el movimiento rígido de sus hombros, cuando empezaban a disgustarse debido al rizo de los labios, o cuando estaban contentos en sus conversaciones debido a la suavidad en sus posturas y facciones relajadas. Para cada una, Harry sabía cuándo era oportuno deslizar más vino en la copa de alguien, o deslizar otro plato de dulces, inclusive cuando era conveniente cortar las conversaciones al hablar preguntando si deseaban algo más con una sonrisa tonta y amable y un tono de ingenuidad especial en sus palabras.
Pero, sobre todo, Harry aprendió a escuchar y absorber información como una esponja: quien acaba de comprar qué artículo poderoso a alguien más, y anotarlo más tarde en la libreta de Eider que detallaba estas transacciones; por más de que no hubiesen sido transacciones realizadas en el bar, el conocimiento era poder y seguir la pista de objetos de interés era un buen método para saber quién tenía que si llegaba a necesitarse dicha información. Tomar nota de que familia formó una alianza con cual otra, cual traicionó a su patrocinador, los nuevos matrimonios y los escándalos entre ellos, los rumores sobre políticos importantes y facciones dentro de los Ministerios Mágicos.
Harry era una abuelita chismosa glorificada en su trabajo, y estaba orgulloso de eso. Era impresionante como los sangre pura y aristocracia del Mundo Mágico tendían a ignorar a la gente que consideraban obsoleta; aquellos tan simples como un camarero esperando para llenar tu vaso podía conocer toda tu vida, escándalos, sueños y debilidades sin que ni siquiera lo notaras debido a tu propio ego y ganas de mostrarte ante otra persona de tu rango.
Al cerrar el bar, Eider aprovechaba el silencio y la monotonía que limpiar el lugar ofrecía y conversaba con Harry preguntándole sobre los clientes del día y cada cosa importante o no sobre ellos: ¿La hija pequeña de la familia Angelo era alérgica a las almendras y lo descubrieron debido a un incidente en una fiesta importante que concluyó en la niña escupiendo y reaccionando en la cara del anfitrión? Parecía algo estúpido de recordar, algo que se comentaba entre risas un tiempo después, pero la Familia Angelo era parte de las Sagradas Doce de Italia y su hija probablemente acabaría como la Jefa de la Casa o casada con alguien poderoso (existían rumores de un matrimonio entre la niña y el hijo del Ministro) y nunca sabías si esta acabaría por ser la enemiga de alguien o un obstáculo molesto para el mismo bar.
Pero el puesto que Harry disfrutaba más se lo dieron a los seis meses de llegar al bar: el turno de noche. Mezclar bebidas fue algo que adoraba hacer, por más de que Harry no tolerara el aroma del alcohol y odiaba con rigor dicha sustancia, las conversaciones fáciles que surgían de ser la persona tras la barra era algo que le encantaba. Había algo en ser un barman que parecía convertirlo en el terapeuta gratuito y preferido de todos los clientes.
Quizás era el alcohol, quizás era la sonrisa amable de Harry y su disposición a escuchar hasta las más ridículas de las cosas. Pero tal vez era el hecho de que Harry parecía tener veintiún años gracias a muchos hechizos de glamour y el entrenamiento bajo Knockturn, debido a que Merlín no quisiera que un inspector atrapará al camarón de Harry de catorce años trabajando en un bar y mezclando sustancias no disponibles para mocosos de su edad.
Al final el tiempo pasa rápido cuando te encuentras bajo una rutina, notó Harry. No hace mucho tenía doce años, horrorizado debido a que su familia estaba encarcelada en algún lado y no podía encontrarlos, el Mundo Mágico Británico parecía querer ahogarlo bajo los ideales de la luz y ponerlo bajo el control de Dumbledore a toda costa y a Riddle (Harry trataba de no pensar en el Señor Oscuro a menudo) no podrían haberle importado menos los planes infantiles y desesperados de Harry. En ese entonces, Flamel se había visto como una solución desesperada y una condena al feudalismo, pero las cosas resultaron mejor de lo que esperaba y no encontraba en sí mismo el arrepentirse de sus decisiones.
Sobre todo, pensó al mirar el periódico abandona en la barra, debido a que las cosas parecían estar escalando.
El título de las noticias de primera plana se burlaba de Harry, recordándole que había todo un mundo desesperado que había dejado atrás, y que posiblemente toda la situación volviera a perseguirlo y cazarlo tarde o temprano por su status y nombre maldito.
Harry agarró el periódico y aprovechó la suavidad que las diez de la noche traía consigo al bar, una hora de tranquilidad hasta que el primero de los clientes habituales se deslizara a las once en busca del líquido que usaban para borrar sus preocupaciones de manera estúpida, para sentarse en el taburete de madera detrás de la caja registradora (si podías llamar eso a esa maquinaría antigua que los magos usaban) y pasó un dedo por las palabras escritas en grande y negrita, susurrándolas con una calma absoluta en el silencio del lugar.
— "Escape masivo de Azkaban" —murmuró Harry.
Las palabras trajeron un sabor agridulce a su boca, junto a los recuerdos de una oficina elegante y una chimenea rugiente rodeada por sillones cómodos. Harry se vio sentado en uno de ellos, doce años y estúpidamente ingenuo, rodeado de pergaminos y planos, junto a Tom Riddle mirando a su lado mientras discutían los planes a futuro del mago oscuro y la ayuda de Harry en ellos.
Parte de Harry quería prender fuego al periódico, continuar con su vida alejado de Inglaterra como si nada y seguir bajo la tutela de Flamel haciendo oídos sordos a cualquier mención de la Gran Bretaña Mágica, Dumbledore y Voldemort.
Él quería ignorarlos a todos y dejar al Mundo Mágico Británico arder bajo su propia miseria y creación, hasta que no fueran más que cenizas esparcidas al viento. Pero Harry tenía a personas que amaba en Inglaterra, tenía a Hermione, los gemelos Weasley, Luna, Aidan y a su padrino y Remus mudándose por todo el lugar mientras escapaban del Ministerio.
Harry sabía que no podía ignorarlo, y sentía que Dumbledore no se olvidaría de Harry nunca. El Líder de la Luz era capaz de utilizar todo su poder en una caza masiva a por Harry porque el hombre estaba lo suficientemente loco como para dejar el destino de su facción mágica en manos de un adolescente criado en el Callejón Knockturn, que bien podría verlos arder a todos y avivar las llamas en lugar de apagarlas.
Dumbledore había confiado en los Dursley para criar a Harry en el lado correcto de las cosas, jamás se imaginó que un par de muggles rechazarían su visión del mundo, se atreverían a abandonar a su propia sangre y desobedecer las órdenes del mago en el proceso.
Y, al final, es Harry quién pagará por eso. Harry pagaría por el descontento de Dumbledore ante un plan fallido, una pieza rebelde a los esquemas del Bien Mayor que no podía permitirse ¿Quién sabía los extremos a los que Dumbledore sería capaz de llegar para asegurar sus planes? ¿Qué le haría a Harry si lo encontraba y este se negaba a seguir sus pasos?
Un escalofrío recorrió a Harry, lo que más lo asustaba de todo esto es lo impredecible que era Dumbledore al ocultarse bajo su imagen de abuelo bonachón y mago poderoso que todo lo sabe. La verdad en todo el asunto, lo que más espantaba a Harry, es que él no conocía a Dumbledore, para nada.
Harry no conocía sus motivaciones, no sabía porque continuaba haciendo lo que hace, sus límites y planes le eran ajenos a la larga. Harry solo sabía que Dumbledore quería que Harry acabará por dejarse matar a manos de Voldemort debido a un horrocrux maldito que no significaba nada en el gran esquema de las cosas y mucho menos con el Señor Oscuro poseyendo otros más.
¿Cuáles eran las bases sobre las que Dumbledore basaba sus planes? ¿Qué pasaría si, en un caso hipotético, Harry (el niño dorado Harry) no hubiese logrado destruir todos los Horrocruxes para el momento de su muerte? ¿Si lo lograba y aun así Voldemort conseguía matarlo de nuevo? O ni siquiera Voldemort, quizás otro mortifago enloquecido por la muerte de su Señor, y buscando venganza, dispararía la maldición asesina a Harry en el momento que notaran la muerte del Señor Oscuro.
¿Por qué motivo Harry se entregaría a su muerte voluntariamente sin estar absolutamente seguro de que cada uno de los Horrocruxes están destruidos y, además, sin garantías de que volvería de ella como Dumbledore fantaseaba? La muerte era una amante voluble y nada aseguraba que Harry cumpliría los requisitos míticos de Dumbledore para regresar de la muerte.
Pensar en Dumbledore y sus planes siempre llevaba a Harry a pensar en otra versión de sí mismo. Lo hacía imaginarse a esta otra versión de si, maniático y loco hasta el extremo, cubierta de cicatrices con una sonrisa carente de emoción verdadera y ojos muertos. Con una criatura traída de la muerte misma en su sombra y hablándole de historias de terror que ocurrían cada día en los lugares más profundos del Ministerio.
Era la misma versión loca de Harry que le contó hasta el último detalle de los planes de Dumbledore para él, y de cómo acabaron las cosas cuando Harry no cumplió con las expectativas hacia su persona. Era este Harry, roto bajo torturas inimaginables y vivencias que nadie vivo alguna vez experimentó, que le hizo temer a Dumbledore más que a ninguna otra cosa.
Harry sabía, sabía que no había garantías de que este Dumbledore cometería los mismos crímenes del otro, pero tampoco lo había para lo contrario. Y con solo imaginarse la sonrisa vacía y las manos llenas de cicatrices y dedos torcidos del otro Harry, era suficiente para hacerlo sentir el sabor de la bilis amarga en su garganta ante lo que podría pasarle si no es cuidadoso.
Honestamente, Voldemort era el menor de dos males. Porque el Señor Oscuro no era más que un mal que Harry comprendía de un extremo al otro, conocía cada miedo, cada intención, anhelo y plan del Señor Oscuro.
Profetizados como iguales hasta que uno derrotará al otro hace tiempo atrás (Harry estaba contento de ignorar la estúpida profecía dado que esta ni quiera tenía una fecha limite o pactada entre sus palabras), Voldemort estaba conectado a Harry de una manera innegable y el Señor Oscuro conocía a Harry tan bien como Harry lo conocía a él.
Prefería un mal conocido que otro por conocer.
Y, con la imagen de otro Harry quebrantado hasta el borde de su existencia susurrando secretos que Dumbledore trataba de llevarse más allá de la muerte, Harry le hizo una seña a Eider para que se acercara a él. Antes de que el turno nocturno entrara en su hora pico, Harry miró a Eider y le preguntó:
—¿Conoces a un buen periodista sin miedo a la muerte? —preguntó Harry y Eider le sonrió como quien conoce la verdad del caos y ama provocarlo.
…
—¿ES VERDAD? —Las palabras fueron seguidas por el azote de dos manos contra la madera y una silla arrastrándose para acomodar a su ocupante.
—Es un placer verte también, Mione —le dijo Harry a una Hermione Granger luciendo como si alguien hubiese dado por inválida la tercera ley de Newton y declarado que Einstein es estúpido.
—No "Mione" a mi Harry Potter —le gruñó Hermione, sacando un periódico de su bolso y agitándolo furiosamente en la cara de Harry—. No te visito por una semana durante las vacaciones en Hogwarts y tu logras calumniar a Dumbledore en ese tiempo.
Hermione retiró el periódico de la cara de Harry y le dejó ver el titular impreso en este:
"Albus Dumbledore, la verdad tras su pasado. Una hermana muerta y un amante encarcelado ¿La tragedia oculta del Líder de la Luz expone un pasado oscuro?"
Harry se rió encantado cuando la imagen de Ariana Dumbledore miró con ojos perdidos a su derecha a la foto de un joven Gellert Grindelwald pasando su brazo por sobre los hombros de la versión adolescente de Dumbledore.
La periodista que publicó el artículo en El Profeta, una Hufflepuff encantada ante la oportunidad de tirar barro sobre Dumbledore, habló sobre el pasado de Dumbledore, desde su padre a Ariana y terminando en Grindelwald, con suficientes pruebas, fotos y documentos que comprobaban lo que decía que la resguardaban de cualquier riesgo de que Dumbledore tratará de negar los hechos.
Pero nada podía salvarla de la posibilidad de una venganza más que encerrarse bajo una pila de salas, hechizos y runas como lo hizo, con Harry y Flamel comprobando en secreto las salas para evitar cualquier descuido o error.
Aunque ¿Lo mejor? La noticia en El Profeta era solo un artículo para promocionar y dar conocer unos cuantos hechos que saldrían en su libro a la venta a partir de ese mismo día.
Hermione entrecerró los ojos y miró a Harry como si estuviese reevaluando la decisión de su amistad.
—Pudo haber sido cualquiera, Mione. Solo hace falta mirar un poquito al pasado para encontrar toda esa información, Dumbledore no lo escondía tan bien como él pensaba —le dijo Harry, aún sin poder borrar la sonrisa de satisfacción en su rostro.
—Dile eso a alguien que no te conozca, Potter —se burló Hermione.
La Gryffindor luego procedió a sacar dos libros de su bolsa y Harry miró la bolsa de Hermione con sospecha, pensando que si alguien cargaría una biblioteca en un bolso con hechizos de expansión y peso pluma esa persona sería Hermione.
Hermione le pasó uno de los libros a Harry.
—¿Compraste dos copias del libro? —Pregunto Harry, notando el nombre de la periodista Hufflepuff en el libro y el título "Tragedia en la luz" que la mujer eligió para el mismo.
—Uno —dijo Hermione, señalando el que Harry tenía en su mano que se veía nuevo a diferencia del que la chica tenía: lleno de etiquetas de colores y algo voluminoso debido a notas enganchadas entre páginas—, es para que se lo des a la autora y me consigas su firma.
» El otro es para poder escribirle encima y señalarlo sin que me dé un ataque al corazón por atreverme a escribir sobre él —agregó, con algo de rubor cubriendo sus mejillas debido a la admisión.
Harry asintió y guardó el libro para luego sonreírle con cariño debido a que Feodras hacía lo mismo. Recordándole que había pasado más de dos semanas desde la última vez que visitó a los gemelos y era mejor que los visitará en su descanso de mañana, antes de que Darrius apareciera en el bar gritando sobre el abandono de Harry, con Feodras detrás suyo sin decir nada para parecer el más serio de los dos, pero completamente de acuerdo con su hermano.
—¿Cómo has estado? —preguntó Harry, con una parte de él extrañando enormemente la libertad para conversar durante horas que poseían en Hogwarts, pero no dispuesto a renunciar a todo lo que ganó debido solo a eso.
Hermione revolvió ausentemente el café late que Harry le sirvió y miró atentamente las galletas con chispas de chocolate que había en exhibición hasta que Harry le sirvió dos en un plato pequeño y se las dio.
—Draco no para de enviarme búhos con fotografías y cartas de sus maravillosas vacaciones en Turquía y preguntando "¿Cuál era ese autor que te gustaba de aquí, Granger?" como si no supiera que tiene tres de sus libros firmados para regalarme en navidad.
» Aidan tuvo otra discusión con Molly cuando se negó a dejarse crecer el pelo y se ha estado quedando las últimas dos semanas en casa de Luna. Creo que la Señora Weasley le tiene miedo al padre de Luna, de alguna manera ¡Oh! Y los gemelos Weasley han comenzado a vender algunos de sus productos de broma en Hogwarts, no es que lo apruebe, y su sujeto de prueba favorito resultó ser Ronald.
—¿Ronald? —preguntó Harry, desconcertado.
—El que nació antes que Aidan —le contestó Hermione y Harry asintió distraídamente recordando al pelirrojo y las acusaciones sobre matar a su rata…
Espera ¿Rata? ¿No era Pettigrew una rata? ¿Y la mascota del pelirrojo desapareció al mismo tiempo que Sirius huyó de Azkaban?
Joder, ¡Había tenido a la rata tan cerca suyo todo el tiempo y Harry lo notó casi dos años después!
—Hermione —le dijo Harry, dejando de lado los pensamientos sobre la rata—, pregunté cómo estabas tú y has omitido el contarme sobre tu nueva lectura por completo ¿Ha ocurrido algo?
Hermione se metió un gran pedazo de galleta a la boca, como si el masticar con las mejillas tan grandes como una ardilla la salvaría de responder la pregunta de Harry. Él, sin embargo, esperó pacientemente mientras limpiaba y desinfectaba los cubiertos del bar, y miraba a Hermione con una sonrisa gentil y ojos que la desafiaban a mentirle.
Los hombros de la bruja se hundieron y comenzó a jugar con sus uñas de color gris verdoso con toda la actitud de una niña molesta.
—Odio lo perspicaz que te has vuelto ¿Dónde está la serpiente torpe que no podía decir más de dos palabras sin maldecir algo?
—Se quedó en primer año junto a los tartamudeos de Quirrell —le contestó Harry y Hermione se estremeció ante la mención del hombre Quirrellmort aterrador—. Deja de esquivar el tema, Mione.
—Vale, he estado discutiendo con mis padres ¿Feliz? —le gruñó la bruja y, ante los ojos aburridos que Harry le dio, continuó: — Ellos piensan que el Mundo Mágico no es mi lugar, tenían esta idea de que solo iría a Hogwarts a controlar mi magia y que luego volvería para estudiar odontología o algo así y olvidarme de la magia ¿Puedes creerlo?
Hermione lucía absolutamente enojada y ofendida ante el pensamiento de dejar una parte de ella atrás en aras de la "normalidad" muggle. Su cabello, mucho más controlado debido a la falta de encantamientos en ellos y haberlo cortado hasta que rozaba sus orejas, se encrespó en respuesta en su magia casi haciéndola lucir como una versión femenina de cabello castaño y enredado de Albert Einstein.
—Dicen que lo que sucederá no es mi guerra, que no debería de preocuparme por lo que les sucederá a todos ellos que se "quedaran a jugar a la magia" y que debería comenzar a pensar mis opciones de universidad dado que Hogwarts me puede dar notas y papeles muggles en caso de ser requerido.
» Les dije. —Los labios de Hermione se fruncieron en disgusto mientras la bruja pasaba una mano por su cabello devolviéndolo a la normalidad y mordía agresivamente su galleta— Que el Mundo Mágico era mi hogar, que aquí encontré gente que me acepto tal cual como soy, a diferencia de los muggles, y me dijeron que "debería considerar mis opciones en el mundo muggle para conseguir un trabajo realista y profesional" y que "agitar una varita y aprender palabras mágicas no es una carrera sustentable. Además, cariño, ¿Has pensado en tu futuro? No podías casarte como se debe en ese lugar, mucho menos tener niños..."
» Después de eso fue peor, Harry, amo a mis padres, pero la idea de estudiar algo que no me interesa solo para ser autosuficiente y acabar por odiarme a mí misma a los treinta y cinco años no es algo que desee. Mucho menos sería capaz de vivir una vida muggle ordinaria dándole la espalda a lo que soy, por estudiar algo como los dientes y sus caries.
Harry resopló ante la última frase cubierta de sarcasmo de Hermione, y se estiró sobre la barra para colocar una mano reconfortante en la mano de la bruja.
—Mione, eres la bruja más inteligente, terca y audaz que conozco. Si quieres hacer algo dudo que alguien, inclusive tus padres, sea capaz de detenerte. —La reconfortó Harry y Hermione le sonrió agradecida por sus palabras— Además, te será sencillo conseguir un aprendizaje cuando te gradúes, o un puesto en el Ministerio, o lo que sea que quieras hacer. Si necesitas ayuda en ello, tu solo llámame y te ayudaré, estoy seguro que Draco refregará su nombre en la cara de quien haga falta y Aidan los espantará a muerte de ser necesario.
—Ya, ya. Detente antes que explote, imbécil —le detuvo Hermione, con las mejillas y orejas de un impresionante tono de rojo.
Hermione sacudió su cabeza y tomó un gran sorbo de su bebida, antes de mirar a Harry con la misma mirada que le dio a Flamel segundos antes de acribillarlo a preguntas en busca de succionar el conocimiento fuera del mago francés.
Harry palideció y dio un paso atrás. Hermione le sonrió como un gato a punto de comer un canario.
—Ahora, cuéntame todo lo que sepas sobre Dumbledore, Harry Potter. Y no te atrevas a esconder un mísero detalle, Merlín sabe que necesitarás ayuda en esto.
…
Voldemort estaba de un humor particularmente bueno, sentado en su trono en medio de la Sala de Reuniones en la mansión Malfoy y sonriendo mientras pasaba las páginas del libro que contenía las desgracias de Dumbledore escritas sobre él.
Los Mortífagos a su alrededor se dividían entre estar absolutamente aterrorizados ante un feliz Señor Oscuro, algunos frenéticos ante la sonrisa de su Señor en plena exposición, y otros trataban de recordar si echaron algún hongo mágico a sus comidas por error.
Voldemort siguió leyendo, ignorando a sus seguidores y contento con leer la fotografía de una carta de Dumbledore a Grindelwald. Con satisfacción y deleite ante las palabras expuestas y el nuevo significado que traían estas cartas al lema que Dumbledore amaba, leyó de nuevo con una risita las últimas frases de una de las cartas.
Por el bien mayor.
Hilarante, como Dumbledore usó uno de los lemas que Grindelwald incluso grabó sobre su propia prisión para promocionarse a sí mismo y a su causa, sin esperar la manera en que este volvió a morderle de regreso al Líder de la Luz.
¿Dumbledore honestamente pensó que mantendría todo esto en secreto hasta su muerte? Incluso Tom recordaba como el otro mago se negaba a combatir contra Grindelwald en un comienzo hasta que el Mago Oscuro apareció en la Inglaterra misma. Tom también recordaba todas las dudas alrededor de Dumbledore durante esa época, todo el mundo cuestionándose por qué un mago tan destacado como Dumbledore se negaría a defender Inglaterra hasta el último momento.
Oh, y no le hagan comenzar a Tom con respecto a Ariana ¿Quién diría que Dumbledore defendería tanto a los muggles por vergüenza? La vergüenza que le traía al otro mago que le recordaran que su padre acabó en Azkaban por atacar muggles (poco parecía importarle a todo el mundo que fue un padre dolido y en venganza por el destino de su hija), la vergüenza que le recordaba el haber apoyado a un genocida durante su juventud (no que Tom fuera el pináculo de la moral y de manos limpias, pero Grindelwald sin duda llevó su guerra a muchos más lugares que Tom), pero era la vergüenza sobre todo en sus propias motivaciones: porque Dumbledore había odiado a los muggles y el esconder la magia de estos casi tanto como Grindelwald o Tom lo hacen. Porque los muggles atacaron a su hermana en temor a su magia, porque su padre fue a Azkaban en su rabia por vengar a su hija de simples muggles, porque odiaba esconder su propia brillantes de todo el mundo y ocultar su magia como si fuese un secreto sucio igual que cualquier otro mago.
Le hacía pensar a Tom en algo: ¿Qué hubiese sucedido de no morir Ariana aquella vez? ¿Dumbledore hubiese seguido a Grindelwald hasta el final? ¿Hubiese conquistado a los muggles al final y formado un nuevo mundo "Por el bien mayor"?
Pero, sobre todo, le hacía cuestionarse: ¿La vida de Tom hubiese sido diferente? No hay dudas de que Merope seguiría tan squib como siempre, viviendo en una casucha y admirando al padre de Tom desde lo lejos (por qué pensar en que pudo no haber existido era algo que él prefería ignorar), pero ¿Hubiese sido Tom abandonado a su suerte en un orfanato muggle? ¿O hubiese sido criado en un orfanato mágico, o quizás bajo alguna familia sangre pura? Tal vez, inclusive Merope hubiera podido reclamar al padre de Tom como suyo al no ser este más que un muggle.
El Señor Oscuro respiró y suspiró fuertemente, provocando un sobresalto entre sus seguidores que ignoró, y cerró su libro para mirar a Lucius Malfoy directo a los ojos.
Malfoy se estremeció, pero agachó su cabeza para indicar que escuchaba a su Señor.
—Averigua quien le dio toda esta información a… —Tom miró casualmente el nombre de la autora, no habiéndolo registrado antes— la señorita Greyson, Lucius e infórmame de inmediato.
—Enseguida, mi Señor —Malfoy exclamó, y se agachó profundamente esta vez antes de salir del lugar para cumplir de inmediato.
Tom lo dejó ir sin esperar grandes resultados. Una parte de él sospechaba quien podía estar detrás de todo esto, y dudaba que Lucius lograra encontrar a Harry Potter en el agujero de conejo en el que se escondió. Mucho menos a la escritora Greyson si esta fue protegida por Potter.
Solo necesitaba la confirmación de que Lucius no podía rastrear a Greyson para confirmar esto.
Una conmoción a su derecha le hizo mirar para ver a Nagini deslizándose hacia él, provocando que sus mortífagos se apresuraran a salir de su camino y chocaran entre sí en el pánico. Nagini se deslizó hasta enroscarse parcialmente alrededor del torso de Tom y acabar por posar su cabeza en su hombro.
Tom acarició las escamas en esta de manera distraída y Nagini le siseo con un sonido distraído.
— Hueles feliz. —Fue lo dicho por la serpiente, con su lengua rozando la mejilla de Tom superficialmente.
—No lo llamaría eso —dijo en Pársel Tom—. Más bien complacido, mi querida.
—Feliz es feliz, deja de agregar palabras humanas que lo complican.
Tom se mantuvo en silencio, no dispuesto a reconocer la burla de Nagini y se contentó con acariciar las escamas bajo la mandíbula de su serpiente con pensamientos e ideas rozando su mente debido a la nueva situación de Dumbledore.
Esto, la pérdida de credibilidad y sus secretos sacados a la luz quizás empujaría a Dumbledore a nuevos límites. La gente podría llegar a perder el respeto y la fe depositados en él, los padres de Hogwarts podrían armar un escándalo, sin mencionar que la Comisión Internacional de Magos querría una explicación con respecto a los hechos revelados de un pasado en común con un Señor Oscuro y el asesinato de su hermana sin resolver.
Dumbledore se verá en aprietos… y sería como el viejo mago encontrar una manera de culpar a Tom por esto.
¿Había pensado Potter en eso al publicar ese libro? ¿Era su intención? Dumbledore había estado en silencio después del ataque de Tom a Azkaban, aun concentrándose en encontrar a Potter por ridículo que sonara, y tal vez esta era la manera de Potter para sacudir al viejo y acelerar las cosas.
¿Buscaba Potter acelerar la guerra? No sonaba como el mocoso que conoció, pero no podía descartar la opción aún. No sería extraño del mocoso actuar impacientemente, pero esto no se veía como algo que motivara a Dumbledore a moverse.
¿Una advertencia? ¿Una manera de señalarle al viejo de que dejará de buscarlo o de lo contrario revelaría más cosas? Era probable, pero Tom no podía descartar el pensamiento de que Dumbledore podría no conectar los puntos y saltar directamente a culpar a Tom por esto.
Merlín, y había estado teniendo un buen día.
—Llama a Severus —le siseó Tom a uno de los Lestrange, para luego fruncir el ceño y centrarse en pensar en todas las consecuencias y posibilidades que el maldito libro sobre Dumbledore le daba.
Potter… Los ojos verdes mirándole como si le retara a enfrentarlo, desafiándolo con cada palabra y siempre feliz de llevarle la contraria. Tom suspiró cansado y pensó que no podía esperar menos de Harry – Espina En Su Costado— Potter.
Tom necesitaba reunir más contactos y aliados, urgentemente.
…
—El libro es un problema —Llamó una voz masculina, sonaba vieja y miraba con mal humor el libro de portada blanca con una niña de ojos perdidos mirando desde la misma.
Un hombre de aspecto igual de viejo le miró y tamborileó los dedos pensativamente sobre la mesa en la que se reunían.
—Lo es. —Estuvo de acuerdo— Habrá que hacer algo antes de que todo nos exploté en la cara.
…
—¡Lo agregaron a la lista de libros prohibidos! —Gritó Aidan Weasley, ingresando al bar y asegurándose de azotar la puerta en su furia.
Luna, detrás de él y aun por ingresar al lugar, atrapó la puerta con una mano y miró a Aidan con dagas, quien se encogió en su lugar y le beso la mejilla en una disculpa silenciosa. Ambos se sentaron en la barra y Harry le deslizó silenciosamente un plato con pastelitos a Aidan, quien rápidamente se lo entregó a Luna para que el humor de esta volviera a la normalidad.
—Harryyyy —se quejó Aidan, estirando su nombre de esa manera en particular que sabía que irritaba a Harry— ¿Entiendes esto? El libro que habla sobre Dumbledore fue puesto en la lista de libros prohibidos y ahora todo el mundo se está volviendo loco para conseguirlo ¡Hay protestas frente al Ministerio debido a ello!
Harry le entregó a Aidan un té negro y uno de jazmín a Luna sin decir nada. El pelirrojo resopló molesto ante el silencio y el hecho de que Harry los ignoró a favor de reponer las bebidas de otros clientes.
Una vez que se desocupo, casi media hora más tarde, Harry volvió al lado de Aidan y le miró con una ceja acusadora en su dirección.
—¿No tendrían que estar empacando para Hogwarts? El tren parte mañana.
—Hablas como si hubiese desempacado mi baúl en todo el verano —le contestó Aidan—. Mi madre hubiese quemado mis pantalones y ropa masculina muggle de haberlo hecho.
—El mío lo hice ayer —agregó Luna ante la mirada de Harry—. Despidieron a la periodista Greyson de El Profeta, El Quibbler estará feliz de ofrecerle un puesto.
—Le haré saber —le contestó Harry a Luna, feliz por la nueva información—. El despido de Greyson solo hará que las masas desconfíen de El Profeta, lo que pondrá en un aprieto al Ministerio, y este presionará a Dumbledore.
—Dumbledore culpa a Ya-Sabes-Quien del libro —informó Aidan—, los gemelos escucharon a mamá quejándose sobre esto con papá la semana pasada.
—Consecuencias inevitables, pero Voldemort sabrá arreglárselas —dijo Harry, mirando a Luna arrojar migas de los pastelitos al aire—. Pero el Ministerio y la Confederación ahora no confían ciegamente en la palabra de Dumbledore gracias a la "Tragedia en la Luz".
Aidan resopló, casi ahogándose en su té debido al nombre.
—Y es por eso que casi todos lo llaman "El Libro", aunque hay unos cuantos que lo llaman "Tragedia" —agregó Luna, ahora humedeciendo a las migas en té antes de arrojarlas.
—De todas formas, en cuanto más prohíbes algo, más la gente quiere saber sobre ello. —Eider apareció al lado del trío, sobresaltando a Aidan y mirando el desastre de té y migas alrededor de Luna como si fuera culpa de Harry— Hay editoriales de todo el mundo enviándole cartas a Greyson para arreglar la traducción y reproducción del libro.
» Por supuesto, está aceptando todo a cambio de comisiones aceptables y remuneración anticipada.
—Del mismo modo —agregó Aidan— Hay países agregando el libro en su lista negra anticipadamente, pero la gente sigue preguntando por el mismo de cualquier manera.
Harry tarareó de acuerdo, limpiando el desastre alrededor de Luna con un movimiento de mano en cuanto esta pareció perder el interés de alimentar criaturas invisibles.
No obstante, Harry pensó que era un buen momento para revolver más las cosas.
***...***
He aquí mi advertencia: No me hago responsable de sangrado ocular provocado por la falta de revisión de este capítulo. No obstante, no duden de reportar cualquier error en el mismo. (¿Creo que necesito un beta?).
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¡Gracias por leer!
Sepheline.
