Harry se miró por décima vez a su espejo para confirmar que todo estaba en orden. La imagen de un treintañero de pelo castaño y rizado, piel bronceada y ojos azules le devolvía la mirada.
Harry se rascó la barba en su rostro y, con el pelo organizado de una manera simple a su alrededor, no podía evitar mirar su frente lisa con la cicatriz oculta bajo una capa de maquillaje y glamour haciendo el trabajo.
Era extraño, Harry no podía decir que le agradaba su cicatriz dada la atención que atraía consigo y el hecho de que era un constante recuerdo de la muerte de sus padres, pero era una parte de él que lo acompañó toda la vida. La cicatriz era solo Harry, y se sentía incómodo al no verla para nada.
Eider apareció a su lado, con esa habilidad única para caminar sin producir ruido y salir de las sombras y esquinas cuando menos lo esperabas. Asustaba a Harry más veces de las que estaba dispuesto a admitir.
El francés le pasó a Harry una túnica elegante, pero sencilla, de un color negro profundo y un par de zapatos formales a juego. Harry se lo puso todo con una mueca disgustada, sus pies ya extrañando la suavidad y comodidad de un buen par de zapatillas deportivas.
— ¿Recuerdas todo? —le preguntó Eider, mirando a Harry para luego chasquear la lengua disconforme, y proceder a acomodar su túnica y atar correctamente el lazo formal en el cuello de la camisa de Harry.
Harry se abstuvo de rodar sus ojos y desatar el maldito lazo en su cuello, los odiaba.
—Por supuesto —respondió Harry, agarrando un maletín rígido de cuero negro posado sobre la cama cercana.
Eider asintió conforme y acompañó a Harry camino a la biblioteca que poseía el departamento de dicho mago. Ubicado en la otra mitad del segundo piso de la tienda (la mitad restante siendo las salas de reuniones ocultas), el lugar estaba mínimamente decorado, pero todo estaba perfectamente ordenado y combinado en una paleta de colores de marrones profundos, azules y toques de gris.
Observando la decoración y el espacio de Eider, Harry dedicó un pensamiento fugaz a como el bar de Eider parecía extrañamente pequeño, pero poseía demasiados lugares ocultos y espacios agrandados mágicamente.
Sin notar el espaciamiento de Harry, Eider avanzó hasta un librero, acariciando el costado de madera izquierdo hasta encontrar una runa tallada sobre el mismo y liberar una pequeña porción de su magia con su varita en la misma. El librero hizo un ruido de traqueteo antes de deslizarse suavemente hacia la derecha, revelando la entrada a un pasillo de piedra.
Ambos ingresaron al pasillo oculto, revelando una larga hilera de puertas de roble en la pared izquierda del mismo. Cada puerta estaba etiquetada bajo un código numérico distinto, algunas eran secuenciales "1335, 1336, 1337" y otras no parecían tener relación alguna "1568, 5797, 3025". Todo era parte de un sistema numérico único creado por Eider del cual solo el mago francés, Flamel (y ahora Harry) conocían la manera de cómo navegarlo y, lo más importante, que había detrás de cada puerta.
Cada puerta era, por decirlo de una manera simple, un traslador. Aunque era un poco más complicado que eso, las puertas solo reaccionaban a las firmas mágicas autorizadas, la traslación era más parecida a la aparición y una vez que el destino de una puerta estaba establecido, era imposible cambiarlo hasta la destrucción de la misma.
No obstante, los números grabados sobre cada puerta era un método para enumerar países, y ciudades dentro de cada país. Todo dependía de la cantidad de contactos y entradas ilegales que Eider conseguía para cada país de destino. He ahí porque había cifrados secuenciales para algunas, y para otros no. Por ejemplo: Eider poseía nueve puertas conectadas a diferentes lugares de Francia, pero solo una puerta para Corea.
Era extremadamente ilegal, dado que usaba magia tachada de oscura e invasiva, violaba todos los acuerdos fronterizos y de traslación mágicos. Probablemente le valdría a Eider un beso de Dementor si alguna vez lo atrapaban debido a la cantidad de puertas, pero cuando Harry le mencionó esto a Eider el otro mago simplemente le dedicó una sonrisa pícara antes de señalar que poseía de cinco a diez contactos en cada Ministerio Mágico, una gran cantidad de aurores tarde o temprano solicitaba información o sus servicios y "De algo sirven los rizos de oro dramáticos de Flamel"
Ambos se pararon frente a la puerta marcada como "3021", Eider la abrió revelando nada más que una pared de cemento blanco tras el marco y miró a Harry como revisando de nuevo su apariencia.
Harry acabó por mirar su camisa gris para confirmar que no logró mancharla mágicamente. No lo hizo.
—Recuerda que esta es tu prueba —le dijo Eider—. Si logras manejar la transacción exitosamente, empezaremos a organizar tu plan y tratar de conectar una puerta al Ministerio Mágico Británico.
—Eider, es la quinta vez en dos horas que me lo repites —le dijo Harry, mirando graciosamente al otro mago. Parecía más nervioso que Harry por toda la situación.
Sin esperar una respuesta, Harry apoyó su mano sobre el marco de la puerta y dio un paso hacia adelante directo a través de la pared blanca. Se sintió como deslizarse a través de un manto de agua, solo un momento después, Harry apareció silenciosamente a través de una pared blanca en una oficina.
Mirando a su alrededor, notó los varios diplomas colgando de la pared y las fotos en movimiento de una familia mágica de cuatro saludando a la cámara, otra de dos personas casándose y, por último, la foto de las sonrisas de dos niños de diferentes edades empujándose entre sí juguetonamente.
Familia, los aprecia, registró Harry.
Académico de alto nivel y orgulloso de su posición, migró a la política cuando no fue suficiente. Fue lo siguiente en su mente, notando los diplomas sobre maestrías mayores en encantamientos y transfiguración, para luego ver los recortes de noticias del mismo hombre dueño de la oficina de la mano de importantes figuras mediáticas.
La misma cara que se repetía como el marido y padre orgulloso de una pequeña familia. La misma cara en los artículos de noticias destacadas. La misma cara que Harry imitó en sí mismo gracias a una fotografía dada por Eider a Harry.
Era la cara de la persona sentada en el escritorio frente a Harry, dándole la espalda sin ni siquiera notar la presencia silenciosa de Harry apoyada contra la pared del fondo de la oficina.
El hombre escribía serenamente sobre un pergamino, murmurando sobre ineptos que no podían enviar una propuesta sin equivocarse (nueva ley en progreso, adivinó Harry por las palabras del hombre).
Harry movió su mano mínimamente, la cerradura de la puerta se cerró a sí misma con un clic que resonó en el silencio de la oficina a propósito.
El hombre saltó sorprendido, mirando la puerta con algo cercano al miedo y a punto de deslizar su silla para pararse a verla.
—No lo haría si fuera tú —le dijo Harry. Moviéndose en parpadeo hasta pararse detrás del hombre sentado y hablar sobre el hombro del mismo.
El mago se puso rígido ante la sorpresa y el miedo. Y solo después de un par de respiraciones rápidas, el hombre giró su cabeza para mirar a Harry, palideciendo al ver su mismo rostro sonriéndole suavemente.
Aparecer bajo la misma apariencia del cliente era una táctica de intimidación ideada por Eider, una gran manera de ocultar la identidad de Harry y un buen método para comprobar que tan lejos en un lugar era capaz de llegar Harry con esto.
También estaban probando el conectar puertas con lugares altamente protegidos, aunque las puertas no dejaban deslizarse a nada más que una persona por uso.
—Estoy aquí en representación de Talionis —dijo Harry, logrando que el hombre se tranquilizara un poco ante la mención del nombre del negocio de Eider. El bar no estaba conectado a esta parte de los negocios de Eider, completamente desvinculado de los asuntos más turbios de los mismos.
» Es un placer conocerlo, señor Thanassios —pronunció Harry, la voz baja y ronca por un hechizo. La única diferencia que poseía con la persona frente a él.
—Encantado —dijo Androkles Thanassios. La voz le temblaba, pero aun así le hizo una seña a Harry para que se sentara frente a él.
Harry se sentó y colocó el maletín al lado de sus pies. Androkles miró el maletín con un interés apenas oculto, adivinando lo que contenía el mismo.
Era un artefacto gracioso, un simple adorno destinado a alterar la mente de una persona. Hacía falta solo un mechón de cabello o una gota de sangre dentro del mismo para que la persona comenzará lentamente a perder su cabeza. No era algo inmediato, comenzaba simplemente como una pérdida gradual de sueño, escalando hasta provocar terror nocturno, paranoia y alucinaciones. Aquellos altamente familiarizados con el artefacto podían ir más allá, creando pesadillas personalizadas y miedos potentes a sus objetivos
Solo existían tres ejemplares en el mundo, luego de que se prohibieran y produjera una caza masiva de los mismos.
—Talionis estará encantado de prestar sus servicios del aparato durante el plazo de medio año a cambio de los precios acordados anteriormente —dijo Harry, su voz deslizándose hasta imitar a la perfección a la del otro mago provocando que este se estremeciera.
—Sí, sí, por supuesto. Tengo todo listo ¿Señor…? —Androkles acabó su oración con las palabras alargándose en una pregunta por su nombre.
—Puedes decirme Niu —dijo Harry, con una sonrisa afilada en sus labios mientras veía la confusión ante el extraño y cortó nombre.
Androkles Thanassios asintió y luego sacó una bolsa de uno de los cajones de su escritorio, la deslizó frente a Harry, pero no hizo ningún gesto para exigir el maletín.
Harry, antes de que el hombre hablara, abrió el maletín y le mostró la esfera de cristal que poseía una base de oro viejo grabada en runas indistinguibles unas de las otras debido a su proximidad entre sí y antigüedad. Debido a su forma y sus efectos, el artefacto era llamado "La Esfera de Fobos".
Silenciosamente, el señor Thanassios sacó una placa de metal de su bolsillo y la deslizó hacia Harry sobre el escritorio de caoba. La varita del hombre le siguió poco después. Harry se levantó, cerró el maletín y se lo dio a su cliente en un solo movimiento fluido mientras la bolsa de cuero, la placa y la varita flotaban en el aire hacia Harry.
Thanassios tragó saliva ante la muestra silenciosa de poder y agarró el maletín con manos temblorosas. Harry salió de la oficina un segundo después a través de la puerta, cerrándola con magia tras de sí, completamente seguro de que el hombre no sería lo suficientemente imbécil como para salir hasta que Harry regresara.
Solo por si acaso, bloqueó la puerta y colocó un hechizo No me notes sobre la misma para evitar que alguien llamara.
Harry caminó a través del pasillo frente suyo, con el mapa del lugar memorizado en su cabeza, y adoptando un caminar elegante, pero simple y lento que había notado que Androkles Thanassios poseía en una noticia colgada de la pared de la oficina del hombre, donde el mismo caminaba junto al Jefe de la Antigua Casa de Onassis.
Mirando las paredes de marfil y los grandes ventanales del Ministerio de Magia Griego, Harry caminó a través de lo que sería el recibidor principal del mismo y directo hacía un ascensor al fondo del lugar. Una vez dentro del mismo, colocó la placa de identificación que Androkles le había dado y una voz mecánica proclamó:
—Androkles Thanassios, Jefe del Departamento de Registro Administrativo. Por favor: nombre o ingrese su destino.
—Sala de archivos —contestó Harry.
Una vez que llegó al piso de destino (tercer piso, ala este), Harry salió del elevador y le dio su varita (la varita de Androkles Thanassios) y placa al joven brujo en el escritorio.
Probablemente era un nuevo empleado, notó Harry dado el nerviosismo del mismo y la manera en que tuvo que buscar tres veces antes de encontrar el cajón correcto con el permiso para ingresar. Harry tuvo que carraspear para recordarle al asistente que debía devolverle su varita, pero quedarse con la placa.
Sin reconocer la disculpa del mago nervioso, ya que sabía que Androkles era un mago demasiado alto en sí mismo como para prestarle atención a un empleado menor, Harry ingresó a la Sala de archivos para que la vista de miles de gabinetes enormes y flotando en un espacio inclusive más grande le recibiera.
Ignorando a las criaturas negras parecidas a una pantera y aladas que se posaban por sobre los gabinetes vigilando todo, Harry llamó con un movimiento de la varita de Androkles al gabinete dedicado a los registros de las familias mágicas y fue a escarbar directo al cajón de las familias bajo la letra F.
No le tomó mucho tiempo encontrar el archivo para los Filaidas, y ver que el registro de Darrius (bajo el nombre de Dessa) estaba marcado con una gran A negra quemada en la esquina. Probablemente para marcarlo como un Abstrahunt, pero el registro de Filaidas se mencionó ligado al de Darrius bajo la palabra "Cómplice" escrita en rojo.
Harry gruñó, un sonido profundo en su pecho que apenas fue escuchado. Era un sonido para descargar su ira ante la amenaza que los papeles representaban: la clara marcación de su familia, etiquetándolos como si hubieran cometido un crimen imperdonable. Como si el decidir ser ellos mismo y buscar la felicidad fuera una atrocidad condenable.
La ira de Harry casi agitó su magia como en mucho tiempo no le sucedía, se sentía como caminar sobre un lago congelado y sentir un retumbar profundo bajo la superficie. La amenaza de algo oscuro y mortal escondiéndose debajo del hielo, que parecía perfecto y capaz de sostener a una persona, pero algo más te hacía caminar rápido, presintiendo que pronto ibas a ser consumido por aguas heladas que te tragarían en segundos.
Harry, de repente, quiso quemar todo el lugar hasta las cenizas, para que no hubiera nada capaz de siquiera ser usado contra sus gemelos. Quería quemar la amenaza hasta convertir la tierra en lava, pero su lógica lo obligó a calmarse y tomar respiraciones profundas. Harry se recordó a sí mismo que los gemelos estaban a salvo, se recordó inclusive que Sirius, Remus los Flamel y todos sus amigos estaban a salvo, antes de tomar otra respiración profunda y proceder a guardar los archivos sobre los gemelos bajo su túnica. No era algo estándar, que se le permitiera a cualquier empleado sacar los archivos directamente y no una copia, pero Androkles era el Jefe del Departamento de Registro Administrativo por lo que ninguna alarma se disparó.
Aunque aun así Harry colocó dos papeles idénticos en el archivo, no obstante, desprovistos de las firmas mágicas de los gemelos. Sabiendo que de todas maneras nadie los revisará, dada la gran cantidad de archivos que el Ministerio manejaba, Harry no pudo evitar agregar las copias solo por seguridad.
Nadie notaría la falta de firmas mágicas de todas formas, solo un Auror altamente calificado podría pedir por ellas o el mismo Jefe del Departamento de Registros.
Aprovechando que se encontraba en el lugar, Harry llamó a un gabinete que se distinguía de los otros debido a su color negro profundo. Era algo estúpido de hacer, un compromiso a la seguridad, distinguir un gabinete de esa manera, pero los magos carecían de lógica y Harry era paranoico al extremo de una forma u otra.
Sonriendo una vez que encontró los papeles que Eider quería, y las pruebas que Harry vino a buscar en el mismo gabinete negro, salió del lugar de regreso a la oficina por la que entró. Una vez dentro de la misma, le devolvió la placa y la varita a Androkles Thanassios, pero se quedó con la bolsa de cuero llena de dinero para Eider.
Mientras atravesaba la pared de regreso al bar, cerrando la puerta firmemente tras de sí para impedir su uso, Harry sonrió con la manía de alguien a quien todos sus planes iban de maravilla.
Dejado en una oficina silenciosa, Androkles Thanassios se concentró a respirar a través del pánico. Con la imagen de su misma cara sonriéndole como si fuera un pequeño bocadillo para destruir y mirando las fotos de su familia con un brillo divertido en sus ojos, Androkles respiró profundo y guardó el artefacto dentro del maletín para luego asegurarlo en un cajón bajo su escritorio.
El agregaría las gotas de sangre que tenía guardadas más tarde, de momento, se concentró en olvidar el miedo que lo seguiría hasta sus sueños de una persona capaz de tomar toda su vida sin que nadie lo notara. Era la amenaza más nueva de Talionis: "juega con nosotros y jugaras con tu vida" parecía decir, mostrando cuán capaces son de hacer que un Doppelgänger con su cara anunciara que se iría de un viaje de por vida, y nadie se molestaría de buscar el cadáver de su verdadero cuerpo gracias a esto.
Era la pesadilla de cualquier político, una difamación atroz. Era la oportunidad de arruinar su reputación sin que Androkles hiciera nada, pero aun así siendo su propia cara quien lo logrará.
…
Cuando Harry bajó al bar de Eider dispuesto a entregarle la bolsa con dinero, encontró a Eider mirando a Flamel, sentado tras la barra, con una cara sin impresionar y una amenaza completa en sus ojos para el mago alquimista.
—¡Harry! —exclamó Flamel una vez que lo vio, sonriendo con dientes brillantes como solo él parecía poder lograr.
Harry le miró con ojos muertos y levantó una ceja sin impresionar hacia Flamel.
—¿Qué? —le dijo Harry, grosero y sarcástico solo como sabía ser con Flamel. Era su juego, y el mismo Flamel hizo pucheros ante la contestación de Harry, pero sus ojos brillaban divertidos.
—Que cruel, Harry, vine aquí para felicitarte por manejar una transacción por ti solo, y me miras tan fríamente —dijo Flamel, arrojando su cuerpo sobre la barra y descansando en ella como un peso muerto.
Harry rodó los ojos y palmeó la cabeza de Flamel como quien acaricia un cachorro que acaba de hacer algo tonto, pero tierno. Flamel giró la cabeza para morderle los dedos y Harry retiró su mano rápidamente.
—De todas maneras —dijo Flamel, enderezándose en su lugar cuando Eider le disparó una mirada de regaño—, vine para llevarte a tu próximo…
—No.
—Ni hablar —dijeron Eider y Harry a la vez.
Harry giró su cabeza para mirar al moreno debido al contundente "no" dicho por el otro y Eider solo levantó una ceja hacia Harry como diciéndole que era estúpido por no asumir que él se negaría a su ida.
Flamel balbuceó indignado, murmurando algo sobre entrenamiento que Eider cortó de raíz:
—Manda a cualquier tutor directamente al bar. No vas a estar mudando a un adolescente de un lugar a otro solo por tu antojo, Nicholas —regaño Eider a Flamel.
—Cabe mencionar —agregó Harry, mirando a Flamel de esa manera especial que decía "Llévame la contraria y le diré a Perenelle"—, mis amigos y los gemelos te matarán si vuelves a dejarme en un lugar ilocalizable. No todos tienen la misma amabilidad de Eider para proporcionar puntos de aparición y trasladores para que puedan verme… Además, ¡Me están pagando! ¡Dinero, viejo, dinero!
Flamel bajó los hombros y aceptó el punto de Harry alzando su copa hacia el mismo, y tomando un largo trago por la derrota. Para nada dispuesto a recordarle a Harry que poseía toda una bóveda con dinero en Gringotts y que no necesitaba trabajar por el mismo, técnicamente hablando.
Harry rodó los ojos y procedió a darle la olvidada bolsa de dinero a Eider, junto a los archivos con información de políticos y tratos bajo la alfombra que sacó del Ministerio Griego para él.
— Vale —dijo Flamel, dejando su copa vacía a un lado—, un conocido llamado Kairos vendrá a darte lecciones de magia defensiva y duelos. Puedes arreglar el horario con él cuando lo conozcas.
Flamel se inclinó sobre la barra, hasta estar sobre el espacio personal de Harry, para sonreírle con dientes mostrándose de manera amenazante, dejando toda cordialidad de lado.
Harry le miró de manera aburrida, para nada afectado gracias a años de exposición a la personalidad de Flamel, y a que Perenelle y Severus poseían un nivel diez veces mayor de amenaza con solo levantar una ceja.
— Aún trabajas para mí, señor Potter — le dijo Flamel, recordando a Harry que el alquimista fue quien sacó a los gemelos de debajo del control de Dumbledore.
— Estoy seguro de que a Feodras le encantará escuchar eso — le contestó Harry, disfrutando de ver a Flamel palidecer y dar un paso atrás.
Feodras amaría colgar a Flamel de sus joyas ante la mínima mención o implicación de que Harry aún estaba en deuda con Flamel. Era la manera perfecta de provocar el modo "voy a matarte y convertir tu cadáver en comida para gatos" del mayor de los gemelos, y Flamel lo tenía muy presente.
— Recuerda, Kairos vendrá a conocerte aquí— dijo Flamel.
Luego de eso, Flamel salió del lugar en un parpadeo, probablemente apareciéndose frente a Perenelle y ganándose un golpe por parte de la misma gracias al susto. Feodras le arrojaría a Flamel el objeto contundente más cercano si también estaba presente y, probablemente, Darrius les tomaría una foto, con ese sentido único que tiene para saber cuándo es necesaria una cámara, para luego enviarle la foto a Harry.
Eso era algo que preocupaba a Harry, no las fotos o los golpes a Flamel por su dramatismo, sino el hecho de que Feodras se había vuelto extrañamente apegado a Nicholas y Perenelle Flamel. La sola idea del genio planificador y con tendencias asesinas de Feodras, juntándose con el dramatismo y actitud hacia los problemas de Nicholas y la apariencia de normalidad, pero en realidad va a manipularte para que hagas lo que ella quiere de Perenelle, enviaba escalofríos completos a través de la columna de Harry.
Lo había visto en acción una vez: Harry apareció de visita después de su turno en Eider, usando una de las puertas para pasar directamente por el salón de Flamel, solo para encontrarse con que las cosas no eran como de costumbre.
Harry llegó a la mansión Flamel ese día para encontrarse con Darrius bebiendo té sentado en un sofá naranja (Perenelle tendía a cambiar los muebles de lugar cada cierto tiempo o reemplazarlos con otros), Feodras a su lado disparando dagas a un tipo vestido con túnicas turquesa brillantes, con rizos dorados perfectamente peinados y una sonrisa de celebridad que lastimó los ojos de Harry a la vista.
El extraño, sentado en un sofá individual incómodo y estrecho que Flamel poseía para las visitas que lo irritaban, se veía absolutamente aterrorizado por su situación, pero trataba de esconderlo con una sonrisa tonta. Pero con Perenelle sentada a su izquierda, en un sillón enorme y de aspecto suave, mirándolo de manera fija y espeluznante a lo "Me se toda tu vida y secretos más oscuros y voy a mirarte hasta que los admitas" tenía al pobre idiota, que seguramente hizo algo para molestarla, removiéndose en su lugar y sudando.
A la derecha del tipo, de pie y apoyándose contra una chimenea con su repisa llena de cosas, Flamel miraba al hombre en túnicas turquesas con una sonrisa alegre de dientes anchos, que lo hacía más propenso a lucir como alguien loco a punto de saltar sobre ti para arañarte la cara, que a un anfitrión sonriéndole a su invitado.
Harry casi sintió pena por el pobre bastardo. Casi. Si no lo hubiese reconocido como Gilderoy Lockhart, el hijo de puta que acababa de publicar un libro titulado "La caza de Abstrahunt". Una excusa de libro y mierda absoluta, inconsistente y dramática relatando sus aventuras para liberar un pueblo irlandés de la devastadora invasión de una familia de Abstrahunt y cómo llevó a su perfecta persecución y captura de los "despreciables".
Harry sabía del tipo y su libro gracias a que Hermione había gritado y despotricado durante semanas en contra de la cosa horrorosa que se atrevía a llamarse así. Después de leer la copia y destacar toda su mierda, Hermione había procedido a quemar el libro y maldecirlo, junto a todos los otros libros del autor, con una saña feroz para descargar su ira.
— ¿Qué hace este aquí? —gruñó Harry, escupiendo sobre la palabra "este" para aclarar lo poco que apreciaba a Lockhart.
Era la primera vez en mucho tiempo en que Harry se ponía mal hablado y propenso a la ira desde que trabajaba con Eider.
El hombre palideció, hasta que reconoció a Harry debido a su cicatriz y empezó a recitar mierda sobre trabajar juntos y conseguir mejor publicidad. Entonces, Lockhart trató de levantarse, seguramente para abordar a Harry, cuando un silbido atravesó el aire y una daga se encontró incrustada en el respaldo del sofá al lado de la cabeza de Lockhart. El tipo tragó saliva nerviosa, más aún cuando Feodras (quien fue el que arrojó la daga) le miró con ojos fríos que le retaron a moverse de nuevo.
Las cosas fueron escalando desde ahí, Lockhart había visitado para convencer a Flamel de trabajar con él (más bien para robar algo y atribuirse el crédito), y Flamel había aceptado que Lockhart apareciera solo para poder gritarle al bastardo sobre el libro que el susodicho había escrito.
Solo que Gilderoy Lockhart se las arregló para confundir y tratar a Perenelle como una asistente muggle de manera grosera y exigirle un café, había gritado al reconocer a Darrius y Feodras como "los infames gemelos que habían secuestrado y criado bajo su influencia oscura al pobre niño Potter". Para luego intentar borrar la memoria de todos y lanzar un hechizo Imperius sobre Harry tratando de conseguir un nuevo gran éxito al ser el rescatador de Harry Potter, y el nuevo dueño de la Piedra Filosofal si se salía con la suya.
Es obvio que las cosas no resultaron bien para el mago pomposo, Harry esquivó perfectamente la maldición de Lockhart, y todos eran magos adultos capaces de desviar un hechizo Obliviate sin problemas, más aún gracias a que lo vieron venir debido al innecesario y dramático discurso de Lockhart sobre sus planes.
Lo próximo que Harry notó es que Lockhart se encontraba en el suelo, convulsionando de dolor con Flamel mirándolo con ojos cian brillantes que lo delataban como el que hechizó a Lockhart.
Darrius había sonreído durante todo el asunto, bebiendo su té y confiando en todos para manejar el asunto. Le señaló a Harry que se sentara a su lado, listo para preguntarle por su semana, mientras Flamel, Feodras y Perenelle ingresaban a una habitación vacía pasillo abajo arrastrando a Lockhart con ellos.
Harry no volvió a ver o saber de Lockhart luego de eso, aparte de cuando un periodista logró encontrar todos los errores e inconsistencias en los libros de Lockhart (dos de ellos sucedieron al mismo tiempo en dos partes diferentes del mundo, por ejemplo), hallar a todas sus víctimas obliviadas y exponer todas las fechorías del mago para un artículo que estuvo en boca de todos durante meses.
Aunque, se enteró Harry más tarde, nadie se molestó en buscar activamente al mago desaparecido, pensando que se escondía debido a sus crímenes expuestos.
Fue debido a todo este incidente que Harry descubrió el extraño apego y excelente trabajo en equipo que Nicholas, Perenelle y Feodras lograban y compartían. Dejando a Harry sintiéndose como si hubiese entrado a una dimensión alternativa dada la rareza de ver a Feodras siendo amable con cualquiera que no fuera familia.
Pero, aunque raro, Harry no se oponía a ello siempre que Feodras estuviera bien con todo eso. Pero ¿Si alguno de los Flamel dañaba o traicionaba la confianza de Feodras? Harry ya poseía planes e ideas de respaldo para lidiar con la pareja si eran lo suficientemente idiotas como para dañar a la familia de Harry.
…
Remus Lupin era una persona que tendía a pasar desapercibida cuando quería hacerlo. Siempre era el chico bueno entre su grupo de amigos, aunque la mayor amenaza entre los cuatro, había aprovechado la aparente inocencia que todos le atribuían para desaparecer en el fondo cuando no quería ser molestado.
Siempre considerado como el único responsable entre su pequeño grupo de amigos (o delincuentes juveniles, dependiendo de a quién le preguntes sobre los Merodeadores), o el único de ellos que abriría voluntariamente un libro que no fuera sobre bromas. Solía aprovechar su relativo anonimato y fachada inocente para pasar desapercibido en Hogwarts; después de todo ¿Quién echaría de menos a ese silencioso chico Lupin cuando el último escándalo de Sirius, o la nueva manera de James para invitar a Lily a salir, eran la última comidilla?
Una gran parte de ello se debía al terror de que descubrieran que era un hombre lobo, prefiriendo dejar que sus amigos se llevaran toda la atención con tal de seguir disfrutando del privilegio que la educación era para los de su clase entre los magos.
Otra parte se debía a que había mucho que uno podía aprender cuando se desvanecía en el fondo, cuando era subestimado y pintado en una imagen del pobre hombre lobo incapaz de cargar con su maldición. Por algún motivo, la gente siempre tendía a abrirse a Remus, como si este desprendiera alguna imagen a los demás de que era una persona capaz de llevar tus secretos a la tumba y tenía la solución a tus problemas. Solo hacía falta que vinieras y escupieras durante tres horas sobre todos tus problemas, donde Remus asentiría cada cierto tiempo y luego procedería a aconsejarte desde su punto de vista inexperto, pero imparcial.
Remus culpaba de esto a los libros. Las personas tendían a creer que porque Remus leía, era una persona confiable y sabía en la vida. Como si los libros no pudieran ser un objeto que los farsantes, asesinos o psicópatas fueran capaces de sostener. El agua bendita de los impostores.
Si solo supieran que más de la mitad de los libros de Remus trataban sobre psicología, asesinos seriales o historias de terror que perturbarían a cualquiera durante meses.
A Remus le gustaba leer que había cosas peores afuera en el mundo que un hombre lobo, la mayoría de ellas completamente humanas.
Pero esto también significaba que había desventajas en ser una persona considerada completamente buena y confiable, como ser usado de sustituto para la terapia o, su situación actual, ser la única persona conectada a Harry capaz de participar en la Orden del Fénix sin sospechas.
Severus ya servía a dos maestros, no había justificación para hacerlo jugar a una guerra de tres lados. Sirius era un fugitivo y, en estos momentos, era capaz de saltar sobre la yugular de Dumbledore si lo veía.
¿Remus? Para todo el mundo, Remus aún creía que Sirius había sido el Guardián Secreto de los Potter, los había traicionado y matado a esos muggles junto con Peter en un momento de locura.
Para Dumbledore, Remus le debía todo gracias a que le permitió completar su educación mágica en Hogwarts. Para Dumbledore, Remus era un hombre completamente leal, un hombre lobo sin manada que buscaba una nueva conexión y motivo para vivir, y la Orden podía ofrecer todo eso.
Por ello, Remus estaba sentado en este momento en una reunión de la Orden, viendo al hombre que Harry aborrecía más que a cualquiera, dirigir otra reunión en busca de Harry como si este fuera un niño ingenuo siendo mantenido cautivo por Ya-Sabes-Quien.
Era estúpido, pero nadie le llevaba la contraria Dumbledore, inclusive cuando la mayoría de las personas en la habitación habían leído el libro recientemente publicado sobre el hombre. Era como si nadie quisiera reconocer una sola de esas palabras como ciertas, porque al hacerlo todo su mundo podría romperse en una visión irreparable.
Era ver un espejo que mostraba los colores ocultos del mundo y negarse a reconocer la imagen ante sí, pintando sobre la superficie hasta que todo parecía normal de nuevo. La verdadera imagen continuaba ahí abajo, bajo una capa de pintura que se descararía y mancharía con el tiempo, pero preferían observar eso que mirar al espejo y que este se quebrara sobre sí mismo, incapaz de soportar la realidad en él.
Ojos pintados en oro, como a Harry le gustaba decir. Reconocían que su visión del mundo era la versión dorada y perfecta del mismo, tan inalcanzable en sus estándares que el peso de la misma comenzaba a afectarlos a ellos mismo.
Se imaginaban un mundo tan perfecto que los pasos para lograrlo parecían imposibles en su esplendor. Las metas a lograr eran tan grandes, que los pasos pequeños a seguir parecían inútiles en comparación.
El peso de esto, a su vez, los hundía. Lastimaba su propia moral y resistencia para conseguirlo, pero en lugar de dejarse derrotar por esto, trataban de forzar su cambio a través de todo sin importarles si la persona afectada quería esto.
No es que el otro lado de esta guerra estuviera mejor, igual de desesperada y con metas que parecían ser sacadas de las pesadillas de alguien. La oscuridad era brutal, despiadada y avasallante en sus métodos y objetivos, pero por lo menos no trataban de ocultarlo.
Aunque, Remus recordó de sus largas charlas con Harry al respecto, había algo en el oro que la Luz parecía sostener como su ideal que lo hacía repulsivo. Como ver un palacio cubierto de oro y preguntarse cuánta sangre se derramó en el lugar para conseguir eso, cuánta gente murió cavando por el precioso material, cuantos transportándolo y cuantos más al hacer el lugar. Te hacía preguntarte a cuantos eso enriqueció, ciertamente muchos menos que a los que afectó.
No obstante, Remus pensaba que el lado de la Oscuridad se sentía como pedir de rodillas que te etiquetaran cual ganado. Cómo ser voluntario para la segregación y que solo los pocos afortunados de siempre siguieran en la parte superior de la cadena. Pero lo mismo era con la Luz, en ciertos casos, ya que siendo un hombre lobo Remus sabía que la Luz tenía cientos de años de gobierno etiquetando a su clase como bestias sin derechos y aun así llamándose a sí mismos los más justos.
Pero Remus sabía que la perfección y equidad en el mundo eran difíciles de alcanzar, un trabajo que tendría que ser legado de una generación a otra rogando para que no lo arruinaran en algún momento. Remus también sabía que el cambio debía de iniciarlo uno mismo para que sucediera, el cambio no venía con quedarse sentado esperando que alguien más lo solucionará mágicamente y sin esfuerzo en un futuro.
Ambos lados, no importaba cual una persona eligiera, no era más que someterse a una condena para Remus, pero ¿Cuál era la peor? ¿Cuál podría ser el que trajera un mejor cambio al final?
Mirando a la gente a su alrededor, discutiendo para encontrar a un adolescente para forzarlo a solucionar una guerra, Remus sintió que la decisión pesaba más para un lado que el otro. Para cualquier lado que Harry y Sirius eligieran, Remus quemaría el mundo para no volver a separarse de su manada, para mantenerlos seguros.
— Remus. — El sonido de su nombre lo sacó de sus pensamientos, y con una mirada dirigida a Dumbledore, el viejo mago le sonrió como si fuera un abuelo orgulloso y continuo: — Necesito un favor de tu parte, mi niño, una misión de vital importancia para la Orden.
Parándose de su lugar, Dumbledore le hizo señas a Remus para que lo acompañara en una caminata a través de los terrenos afuera de La Madriguera. Una vez lejos del rango de audición de los demás, y medio ocultos en un camino a través de los árboles, Dumbledore comenzó un discurso sobre el deber y el destino, hablando de la necesidad de sacrificio para el bien mayor que tuvo a Remus escuchando solo con medio oído y con ganas de que el otro llegara al punto.
— Lo que te pediré, mi niño, puede ser algo muy difícil, pero debes entender que, en la situación actual, es el único camino disponible para lograr conseguir más aliados en la guerra por venir.
Presintiendo a donde iba todo esto, Remus miró a Dumbledore sabiendo que el otro lo estaba poniendo en una misión imposible y difícil que lo llevaría a estar aislado de todos durante meses.
— Necesito que te pongas en contacto con tantas manadas como puedas, Remus. Adviérteles sobre la vuelta de Tom y trata de ponerlos de nuestro lado.
En otra vida, Remus hubiese aceptado sin comentarios. Sintiendo esta misión como un modo de saldar su deuda con el otro hombre, de agradecerle. Aquí y ahora, con Harry siendo perseguido como si fuera un criminal, buscado para ser matado al final, y tras años de ser echado de un lugar tras otro, de trabajos, de tiendas que se negaron a atenderlo y casi todos siendo de gente partidaria de la luz; Remus observó un punto detrás de Dumbledore y preguntó:
— ¿Qué vas a ofrecer a cambio?
Dumbledore le miró sorprendido, como si no hubiese estado listo para la pregunta y Remus se impacientó un poco.
— La Oscuridad está prometiendo varitas, bosques protegidos para el uso de las manadas y educación para los futuros niños de hombres lobos ¿Cuál será tu contraoferta, Albus? ¿Qué les darás para convencerlos de que la luz es mejor?
Remus observó sorprendido como la mandíbula del otro parecía temblar de enojo, ya sea por la osadía de Remus al atreverse a cuestionar una orden, cuestionar a Albus, o decir sutilmente que la Oscuridad estaba siendo mejor en esto.
— Estoy seguro que la noción de que la Oscuridad no traerá más que sufrimiento y desgracias debería de apelar a la moral de todos más que suficientemente para hacerlos ver la luz, mi niño.
» Esto no es una cuestión de garantías o recompensas, sino sobre lo que es mejor para todos. Lo que está bien y aceptable de hacer.
» Es por el bien mayor.
Dicho eso, Albus se alejó del lugar, regresando a La Madriguera, sin cuestionarse por un segundo de que sus palabras no serían como algo más que absolutas. De que Remus seguiría su misión, y que los hombres lobos estarían alegres de unirse a la Luz solo por el bien mayor.
Suspirando en derrota, Remus regresó para otras dos horas de reunión y se preguntó cómo podría salvar esta misión insalvable. Lo último que necesitaba era que Albus Dumbledore se decepcionara de él, o Merlín lo quisiera, considerara a Remus indigno de manejar más información debido a esto.
Era importante para Remus que Dumbledore siguiera confiando en él, por mucho que el Director fuera un hombre conocido por dar segundas oportunidad, solo las daba a aquellos a quienes le era beneficioso dárselas. Solo perdonaba un error cuando era redimible, cuando la persona que lo decepcionó seguía siendo útil, ya que ¿De qué sirve un miembro de la Orden si no es útil? ¿De qué sirve encomendarle a una persona que ya le falló una vez más responsabilidades o misiones? Más aún cuando dicha persona había demostrado no poder manejar la responsabilidad de ello.
Remus necesitaba ser una persona de confianza para Dumbledore por el bien de Harry y Sirius, por su manada. No podía fallar o decepcionarlo porque al hacerlo Remus podría ser excluido, podría perderse información importante, como ser sacado de la búsqueda de Harry o la de Sirius que el director llevaba en secreto.
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He aquí mi advertencia: Gracias a que KamiMatoi hizo de beta, sus ojitos están a salvo. Muchas gracias por tomarte el tiempo y la dedicación en corregir esto.
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Sepheline.
