Harry respiró ruidosamente, observando cuidadosamente a la persona frente a él, con el corazón palpitando ferozmente en sus oídos y las rodillas temblorosas debido al agotamiento. Con manos sacudiéndose en temblores sucesivos debido al agarrotamiento de sus músculos, Harry sintió que era un esfuerzo titánico el levantarlas para secar el sudor de su frente.
Estaban en su enfrentamiento número doce del día, y Harry se sentía listo para pasar a la otra vida ahí mismo. Kairós era un oponente feroz, sin miedo de presionar a Harry y para nada dispuesto a ponérselo fácil, por esto Harry había besado el suelo gracias a ser derribado más veces de las que estaba dispuesto a contar.
Cuando Harry lo conoció, Kairós había acompañado a Flamel al piso de Eider sobre el bar, destacándose al ser por lo menos una cabeza más alto que cualquiera en la habitación. Harry había sentido un deseo desesperado por crecer al ver al otro hombre superar a todos fácilmente, además de poseer una postura que gritaba seguridad y confianza en sí mismo, y a eso había que agregarle los pantalones de tela gruesa como algodón, pero rígida como cuero que el otro hombre usaba; Al conjunto se le sumaron las botas, de lo que parecía piel de dragón, que las cubría un par de grebas, piezas de armadura que cubren las piernas desde el tobillo a las rodillas, de cuero y tachas de metal, junto a una camisa blanca con una túnica azul profundo con cortes a los lados para permitir el libre movimiento.
Pero lo segundo en llamar la atención por parte de Kairós era la sonrisa amable que portaba, junto con ojos de un verde profundo que brillaban alegres y el pelo rubio, casi blanco, lacio y rozándole las orejas en un corte suelto y desordenado. Extrañamente, Harry notó la cicatriz al final: del lado derecho de su cara, Kairós poseía una cicatriz lineal que iba desde su mandíbula, a través de su mejilla y terminaba en el puente de su nariz. Parecía haber sido hecha por una cuchilla, siendo más gruesa en la mandíbula y afinándose hasta llegar a la nariz.
A Harry, Kairós lucía como esos soldados de los cuentos muggles, caballeros listos para derribar dragones y salvar ciudades.
—Tú debes ser Harry Potter —saludó Kairós, con voz profunda y sedosa, sonriéndole a Harry y extendiéndole una mano que se apresuró a tomar—. Es un placer conocerte, Flamel me ha hablado mucho de ti.
Harry le devolvió el saludo, pero luego miró a Flamel con ojos que le prometían el infierno si el otro había soltado sus burlas y quejas sobre Harry, haciéndole ver infantil ante Kairós. Flamel levantó las manos inocentemente y le sonrió a Harry mostrando los dientes de forma diabólica.
Detrás de Flamel, Eider apareció con una bandeja de té y bocadillos flotando a su lado, mirando el drama de Harry y Flamel con profunda exasperación en sus ojos. Los ojos de Eider se dirigieron a Kairós, y esa fue la primera vez en todo el tiempo que llevaba trabajando con él que Harry vería tal expresión en el rostro del otro mago: desprecio.
Eider miraba a Kairós como si su entera existencia le molestara, como si el otro mago fuera una espina clavada en su costado que apenas soportaba. Le recordaba a Harry a el cómo varios Slytherins miraban a los Gryffindors, lo que tuvo a Harry sonriendo ante la vista de una clara rivalidad.
Por otro lado, Kairós notó a Eider y le dedicó una gran sonrisa feliz mientras se acercaba a saludarlo, lo que tuvo a Harry tratando de no reírse cuando Eider se veía a dos segundos para el asesinato. Era la primera vez que Harry veía a Eider perder tanto la compostura, y Kairós no había hecho nada más que saludar.
— ¡Mi luz de luna! ¡Estrella guiadora de mi noche! — Kairós llamó, abalanzándose a abrazar a Eider. El otro mago le esquivó con gracia, y miró a Flamel como si Kairós fuera un perro portándose mal y Nicholas fuera el dueño.
—Controla al idiota —llamó Eider a Flamel, mientras se aseguraba de poner dos metros de distancia entre él y Kairós.
Tal vez no era una rivalidad, pensó Harry, y era algo así más como un enamoramiento unilateral entre un cachorro sobreexcitado y un lobo malhumorada.
— ¿Qué diablos con los nombres cariñosos vomitivos? —le preguntó Harry a Flamel, cuando Kairós continuó soltando nombres ridículos a Eider e intentaba acercarse más al otro.
Flamel le sonrió a Harry con los ojos arrugados de tanto reír, para luego palmear el hombro de Harry y decirle:
— Kairós sabe que Eider los odia, por eso los usa. Además, es la única manera que tiene para llamar la atención de Eider.
— Pero —dudó Harry, la dinámica entre esos dos era demasiado extraña y cómica como para haber salido así solo por eso—, no entiendo ¿Por qué hacer eso? Eider no lo aprecia.
— Esos dos han sido así desde el primer día que se conocieron. —Flamel negó con la cabeza como divertido ante algo— Kairós es quien puso las protecciones y la Sala en la mansión —explicó luego Flamel.
— ¿Enid? —dijo Harry, completamente fascinado ante la idea de conocer a un Mago Hacedor de Protecciones, pero volvió a pensar lo que Nicholas Flamel le estaba diciendo.
Kairós hizo la Sala de la mansión Flamel, la Sala lo suficientemente antigua como para manifestar una forma.
— ¡Espera! ¿Qué tan viejo es? —preguntó Harry, mirando la apariencia normal de Kairós sin comprender.
—Lo suficientemente viejo, y no, no es gracias a la Piedra —le dijo Flamel y miró la forma en que Eider mantenía a Kairós alejado: con una mano en la cabeza del mago y una expresión de cansancio. — Eider y Kairós se conocieron cuando el primero estaba informándome sobre un nuevo negocio y Kairós vino a revisar la Sala… Kairós se burló un poco de Eider. En ese entonces Eider tenía unos diecisiete años y era un adolescente escuálido de las calles de París, por lo que era poco impresionante.
» Las burlas de Kairós fueron para tratar de mejorar el ambiente, pero Eider en su juventud tenía un temperamento atroz y estaba siempre a la defensiva, el gesto de Kairós no fue bienvenido y esos dos han sido de aquella manera desde ese día.
Harry escuchó las palabras de Flamel mientras observaba a Eider y Kairós seguir discutiendo mientras ambos acomodaban el té y bocadillos para todos en la mesa de la sala de estar de Eider. Las burlas y rivalidad parecía ser la única manera en que esos dos se entendían, pero al observar la mirada cariñosa que Kairós le dirigía a Eider cada vez que el otro no lo veía, le hizo preguntarse cuáles eran palabras de burlas por parte de Kairós y cuales eran verdades que no se atrevía a decir sin las bromas.
En todo el tiempo que Harry conoció a Kairós ese día, su actitud alegre y su extraña relación con Eider lo llevó a estar emocionado con su tutoría: Kairós le enseñaría defensa y combate, según Flamel, y el otro mago se veía como una persona amable y despreocupada, quizás inclusive las horas de tutoría podrían ser entretenidas o divertidas.
Harry pensó así, hasta la primera patada por parte de Kairós durante su primer enfrentamiento. La patada había sido alta, dirigida al flanco izquierdo de Harry, quien lo bloqueó con sus brazos cruzados, pero el golpe de las grebas en las piernas del otro contra sus brazos, y la fuerza tras el mismo, había arrojado a Harry golpeando su espalda contra el piso fuertemente.
No fue para nada fácil, no fue entretenido y mucho menos divertido. Kairós no golpeaba fácil, no exigía menos que el máximo de Harry en cada ataque y defensa. Y ni siquiera habían comenzado a usar magia, era pura habilidad física a la manera muggle, dado que según Kairos, Harry debía aprender a estar tan protegido con su magia como sin ella.
Harry veía el punto, entendía porque era necesario, pero eso no significaba que tuviera que gustarle. Tampoco se callaba sobre ello, maldecía el nombre de Kairós a los cuatro vientos y el otro simplemente se reía.
—Si quieres que pare, Harry —dijo Kairós, viendo a Harry tirado en el piso y respirando fuertemente debido al agotamiento de haber estado peleando todo el día—, hazme.
Kairós le sonrió con malicia, provocando a Harry para que continuara. En él no había rastros de la persona alegre y amable con la que se había presentado, frente a Harry había una persona dispuesta a hacerlo pulpa en el piso con fines educativos, y ni siquiera Darrius vendría a rescatarlo de esta.
Sintiendo a su orgullo siendo aplastado en el suelo, y más que nada enojado por la sonrisa come mierda de Kairós, Harry pensó que era momento de intentar una cosa. Harry se paró del suelo y Kairós le miró pacientemente desde el otro lado del salón que usaban para practicar, Harry levantó su brazo izquierdo frente a él mientras se aseguraba de que el dorso de su mano fuera visible.
Harry activó Aegishjalmur, el símbolo de tinta negra que eran cuatro líneas que se cruzaban entre sí, quedando como una estrella de ocho puntas, con un círculo central, con tres líneas que cortaban horizontalmente cada punta de la forma, justo después del círculo central y un semicírculo, orientado hacia afuera, al final de cada línea. Era el símbolo que Knockturn le regaló, conocido como La Máscara del Terror, le había ayudado antes para inclusive enfrentarse a Riddle.
En el momento en que lo activó, las sombras a su alrededor parecieron espesarse y crecer, volviendo los alrededores sombríos. Las facciones de Harry se deformaron en algo aterrador, nunca seguro de cómo sería (dependiendo siempre del miedo de la otra persona). Los ojos de Kairós se agrandaron incrédulos ante la vista y retrocedió unos pasos, pero la sorpresa no duró demasiado; casi como si estuviera acostumbrado a ver monstruos en su propia sombra, Kairós le sonrió a Harry y corrió al ataque.
Durante un momento, Harry pensó que sería atacado de frente, pero en un segundo el aire a su alrededor se espesó y el tiempo pareció correr más lento, en lo que Kairós se acercó a Harry y pasó por su lado. En ese instante, algo atrajo la mirada de Harry hacía la oreja derecha de Kairós donde un pendiente de plata ovalado algo grande colgaba de la misma.
La cara de una persona que parecía una bestia le miraba desde el pendiente, con una lengua que se proyectaba hacia afuera, colmillos grotescos que partían los labios de la misma, mejillas enormes, globos oculares mirando fijamente a Harry y serpientes retorciéndose a su alrededor. Había algo en la cara de esa bestia que despertó los instintos más profundos de Harry, los ojos de la misma parecían mirar en su alma anunciando su final, las serpientes a su alrededor empezaron a susurrar palabras de terror hacía Harry.
La imagen en el pendiente lo paralizó, hasta que la lengua de la bestia pareció transformarse en una serpiente y salir disparada hacia Harry, provocando que saltara hacia atrás y tropezara con sus propios pies.
Sentado en el suelo y tratando de deshacerse del terror en sus venas, Harry miró a Kairós, quien ahora le sonreía para tranquilizarlo y se desabrochaba el pendiente de su oreja, estirando su mano hacia Harry para que lo tomara. Después de un par de respiraciones profundas, Harry extendió su brazo y miró el pendiente, la cara de la bestia le miró, pero ahora no sucedió nada.
—La Máscara del Terror no es el único símbolo que provoca miedo, Harry —le dijo Kairós, refiriéndose al símbolo Aegishjalmur que Harry había intentado usar.
— ¿Qué es esto? —preguntó Harry, moviendo el pendiente y observando a las serpientes alrededor de la cara grotesca, notando que eran el cabello de la bestia.
— Un Gorgoneion, un amuleto apotropaico. Lo mismo que tu símbolo, pero diferente.
— ¿Apoto?... ¿Apotropaico? —dudo Harry, sin conocer la palabra, Kairós sonrió como si encontrara algo en la palabra gracioso.
—Es un término antropológico muggle, aunque a los magos no les gusta admitir eso, se refiere a los mecanismos de defensa mágicos orientados a alejar algo, en su mayoría el mal, pero también se aplica para aquellas cosas que generan terror y provocan la necesidad de huir. Pueden ser objetos, rituales, símbolos o hasta gestos con el cuerpo.
Harry miró asombrado a Kairós, no esperando que el otro supiera cosas así, pero tenía sentido, dado que el otro mago se dedicaba a erigir protecciones y salas de defensa. Uno no podía ser un profesional en algo, sin conocer todo detrás de ellos, y eso incluía la teoría.
—Gorgoneion —repitió Harry, mirando el pendiente en su mano, fascinado por encontrar algo que provocaba el mismo efecto que Aegishjalmur—. Suena a griego.
Kairós palmeó la cabeza de Harry como felicitándolo y le dijo:
—Lo es, este es un amuleto que induce el horror al mostrar la cabeza de la Gorgona. Quizás escuchaste sobre su versión más popular, la Égida.
—¡El escudo con la cabeza de Medusa! —exclamó Harry, reconociéndolo de las historias que Feodras le contaba.
—Esa es la más popular de todas, sí. Hay quienes hicieron sus propias Égidas, se dice que Atenea poseía una, pero era una coraza de piel de cabra con la cabeza de Medusa en ella.
Harry escuchó a Kairós, quien procedió hablar de la mitología griega y sus héroes, guerras y artefactos con pasión, mencionando cosas que los magos conservaban hasta hoy en día. Pero lo que se destacó es que Kairós hablaba de los mitos griegos como si estos no fueran mitos, como si los mismos hubieran sucedido. Hablaba de los dioses de la misma manera que Flamel: como alguien que lo vivió.
Era como escuchar al tiempo hablar, conocedor de cosas que la historia olvida o borra. Algo fascinante y que muy pocos podían presenciar. Por esto, Harry atesoró toda la información que Kairós le soltaba, consciente que estaba frente a una persona que podía ser algo igual de único que Flamel.
…
Era el turno de la tarde en el bar, Harry se encontraba limpiando la encimera de la cafetera por tercera vez debido al aburrimiento. Era esa extraña hora entre las tres y cinco de la tarde donde los clientes parecían escasear y el tiempo pasaba lentamente.
En la última hora el bar no había visto ni un solo cliente, Harry había limpiado todo lo que se podía, organizado y desinfectado todos los utensilios y tazas del lugar, verificado los granos de café que llegaron, e incluso había abierto la estantería con las botellas de licores y vuelto a acomodar la misma para que las botellas fueran por marca y tipo de alcohol en lugar de la mezcla caótica que era antes.
En resumen, Harry estaba aburrido más allá de lo posible y ni siquiera podía molestar a Hassel (una maga pelirroja que trabaja a medio tiempo en el bar) porque la misma se encontraba en la despensa manejando su aburrimiento al controlar el inventario. Por eso, cuando la campanilla de la puerta sonó anunciando a alguien, Harry se emocionó porque incluso atender a otro adulto demasiado apurado y necesitando un café en treinta segundos sonaba mejor que seguir mirando la superficie brillante de la cafetera.
— Bienvenido a… Ah, son solo ustedes —Harry cortó su saludo de bienvenida al notar que quienes entraban no eran otros que las pesadillas vivientes a los que llamaba amigos: Aidan Weasley, los gemelos Weasley, Luna Lovegood, Draco Malfoy, Hermione Granger, y, por algún extraño motivo, Cedric Diggory.
— Es un placer como siempre, Potter —le dijo Aidan sarcásticamente, mirando a Harry con ojos divertidos al notar la expresión del otro.
— Si es así como recibes a todos tus clientes, no me sorprende que el lugar este vacío —Draco comentó arrastrando las palabras de esa manera estirada que usaba para irritar a todos.
Harry le arrojó a Draco el trapo sucio más cercano que pudo agarrar, aterrizó sobre el cabello del Malfoy, por lo que Harry lo consideró una victoria para él cuando el Slytherin se quejó sobre su cabello arruinándose.
—Por Merlín, deja de gritar como una niña pequeña, Malfoy. —Aidan se metió, logrando que Draco le fulminará con la mirada, pero no dejara de mencionar "su precioso cabello siendo ultrajado, ¡Esto es una ofensa al legado Malfoy, Potter!".
Harry observó a Draco en silencio, mientras el rubio usaba esa extraña habilidad suya para quejarse sobre algo sin necesidad de respirar, hasta que Malfoy miró en su dirección y Harry le sonrió con una sonrisa pequeña y gentil que mostraba sus dientes, pero nada más que los frontales y transmitía un aura de serenidad.
—Draco —le llamó Harry, aun sonriendo, pero entrecerrando sus ojos en advertencia.
Draco Malfoy no se hizo esperar, se sentó en la banqueta más cercana a la barra que apareció y miró a Harry con toda la inocencia que esos ojos color mercurio podían reunir (esa era otra cosa que al Malfoy se le daba increíble)
— ¿Quién está siendo inapropiado? ¿Haciendo un escándalo? —dijo Draco, educando sus rasgos en esa masca estoica sangre pura típica— Yo no, obviamente.
—Sutil —se burló Aidan, mirándolos con ojos muertos.
Hermione, detrás de ellos, rodó los ojos exasperada, para luego lanzar un hechizo de limpieza sobre el cabello de Draco, seguido de otro que peinó el cabello de esa manera suelta y desordenada que el Malfoy parecía amar últimamente.
—Par de idiotas —se quejó Hermione mientras guardaba su varita —Cedric, por favor, no te espantes de lo que pueda suceder aquí.
Cedric Diggory se rió, viéndose absolutamente cómodo con el caos a su alrededor.
—No has conocido la sala común de Hufflepuff aun, Hermione, es peor que esto —contestó Cedric, a la vez que se movió dos pasos hacia adelante, esquivando a Aidan, quien esta vez perseguía a los gemelos por alguna razón.
Hermione hizo ruidos de acuerdo con Cedric y todos tomaron asiento en la barra de la cafetería, con las banquetas de la misma moviéndose solas y apareciendo de debajo de la barra. Tomando eso como señal, Harry comenzó a preparar café y té para todos junto con algunas galletas y, una vez que tuvo todo listo y en su lugar, miró a cada uno de sus amigos (y a Cedric) con la misma mirada decepcionada que Darrius le da cuando hace algo estúpido.
—Ahora, niños, ¿Quién va a decirme que hacen aquí en medio del año escolar de Hogwarts? —dijo Harry, añadiendo una pequeña sonrisa al final y agregando una galleta extra al plato de Luna cuando esta le señaló a Aidan como voluntario.
— ¿Qué? ¡LUNA! —se quejó Aidan, viendo el dedo de Luna que lo señalaba con absoluta traición— Es un fin de semana de Hogsmeade Harry, relájate.
—Eso ya lo sé, cabeza de fuego, sino los hubiese enviado de vuelta en el segundo en que los vi —exclamó Harry, perdiendo de a poco la paciencia.
—El café es bueno —se encogió de hombros Aidan, sorbiendo de su taza como si fuera ambrosia.
—Lo que nuestro querido hermanito…
—…quiere decir, Gran alteza, ¡Oh su honorada majestad!...
—…es que todos te extrañábamos, a ti y tus ojos de basilisco preciosos…
—e impacientes, que nos miran como si fuera a matarnos. En serio, …
—… ¿Por qué extrañábamos a este tipo de nuevo? —Los gemelos se turnaron al hablar, para terminar la última oración juntos, no decir nada importante al final, y luego mirar a Hermione como si esta fuera su Pepe Grillo personal y esta terminaría por recordarles el motivo como una voz de la razón andante.
Harry podía sentir sus cejas temblando. Hermione suspiró como si estuviera rodeada de trogloditas, pero acabó por esconder su sonrisa tras su taza.
—Por Merlín, te extrañábamos y vinimos a verte, eso es todo ¡Jodido paranoico! —se quejó Draco, mirando a Harry con ojos acusadores, comportándose como la voz de "Deja de ser un estreñido emocional y acepta lo que viene". — ¿Me pasas el azúcar, Cararajada?
— ¿Y Diggory? —preguntó Harry, pasándole el azúcar a Draco.
Hermione se encogió de hombros y miró al Hufflepuff como preguntando algo, Cedric asintió.
— Es mi amigo, y lo estoy ayudando a evitar a Cho Chang, por lo que nos siguió hasta aquí —explicó la Gryffindor, mirando a Harry como retándolo a cuestionar su decisión.
—Ella sigue preguntando por ayuda en Herbología ¡Ni siquiera me gusta la Herbología! —Cedric se veía absolutamente horrorizado ante esto, con los ojos grises abiertos de manera exagerada haciendo que Harry notará las pestañas largas en estos.
…Uh ¿Desde cuándo Harry notaba las pestañas de otras personas?
—Eso seguramente es gracias a que estas en Hufflepuff —le dijo Harry y Cedric arrugó sus cejas en disgusto.
—Eso es ridículo de igual manera, incluso yo sé que Longbottom es el mejor en Herbología y ni siquiera está en mi año. —Cedric estaba legítimamente haciendo pucheros para esta instancia— Aunque imaginó que es lo mismo para los Slytherins y pociones, Ravenclaws con Encantamiento, pero no estoy seguro de si alguien le pregunta a los Gryffindors sobre Transfiguración…
—Oh, lo hacen…
—… especialmente a Finnigan…
—… ¿Cómo es que transfiguras el agua en whisky, Finnigan? …
—…Aunque es solo Whisky muggle, ¿No es así, Gred?...
— Si, lástima que aún no descubre cómo hacer Whisky de Fuego, Feorge. Las fiestas en Gryffindor serían salvajes con eso. —Los gemelos Weasley no pudieron evitar añadir, con sonrisas descaradas idénticas.
Diggory se carcajeó con las payasadas de los gemelos, echando su cabeza hacia atrás, destacando su cuello con el movimiento y atrayendo la mirada de Harry… Oh, maldición.
Draco le hizo señas burlonas a Harry desde su asiento al otro lado de Luna, subiendo y bajando sus cejas y sonriendo en la dirección general de Cedric.
Harry lo ignoró con todas sus fuerzas, sintiendo que sus orejas se calentaban y enrojecían. Harry no necesitaba que Draco Malfoy señalara ese tipo de cosas a él, no gracias.
— Sabes que Cho Chang está coqueteando contigo, ¿No es así, Diggory? —Draco le preguntó a Cedric, y cuando esté rodó los ojos ante la obvia pregunta, Draco se vio como si hubiera logrado atrapar a su presa y dijo:
» ¿Eres gay, Diggory?
Cedric Diggory, quien no estaba esperando esto para nada, se atragantó con su café y acabó escupiendo más de la mitad del mismo sobre la barra de madera. Cedric fulminó con la mirada a Draco mientras tosía para despejar el café que se fue por mal camino directo a sus vías respiratorias.
Maldiciendo internamente la tendencia al drama de Draco, Harry sacó un pañuelo y se lo pasó a Cedric mientras alcanzó un trapo para limpiar el desastre sobre la barra. Con una mirada llena de arrepentimiento, Cedric se disculpó con Harry al verlo limpiar.
—No te preocupes —le dijo Harry, con una sonrisa encantadora de cuando habla con los clientes intentando engatusarlos para que arrojen propina a la jarra de las mismas—, Luna provoca desastres el triple de grandes cada vez que viene, y no es tu culpa que Draco sea una piedra insensible con tendencia al drama.
—No me metas en esto, Harry. —Luna le acusó desde su lugar, de alguna manera llena de migajas y con dos tazas de té, además de la suya, rodeándola.
—¿A quién llamas piedra, Cararajada?
—Bienvenido al grupo —le dijo Harry a Cedric, esquivando la cuchara que Draco envió en su dirección.
…
— ¿Harry? —Eider llamó, ingresando a la pequeña biblioteca de su piso.
—¿Qué sucede? —Preguntó Harry, enderezándose de su posición donde había estado leyendo con la cabeza colgando de los pies del sillón individual y sus pies en la cabecera del mismo.
—Tienes visitas —aviso Eider, dejando entrar a un gran perro negro detrás de él.
El perro no tardó en ingresar, ladrando emocionado y saltando sobre Harry, para comenzar a lamer toda su cara al tirarlo al piso debido a su fuerza y tamaño. Remus Lupin ingresó después, observando divertido al perro durante un minuto completo antes de dignarse a ayudar a Harry a quitar a Canuto de encima.
—Canuto, ya —llamó Remus, pero no hizo movimiento alguno para bajar al perro de Harry.
Harry se sentó levantando a la gran bestia negra que era Canuto y apartándolo de su cara con algo de esfuerzo.
—¿Quieres algo de chocolate caliente, Remus? —preguntó Eider.
—Me encantaría, gracias.
Eider salió en busca del chocolate, ignorando los ladridos de protesta por parte de Canuto al ser dejado de lado. Remus se sentó en el otro sillón disponible, y solo entonces Harry notó lo demacrado que se veía el otro.
La búsqueda y alianza con otros paquetes de hombres lobos no debe de estar yendo para nada bien, a juzgar por la ropa sucia y maltratada con agujeros y desgarres en varias partes que Remus vestía, la nueva cantidad de cicatrices sobre el mismo y las profundas líneas de estrés y ojeras en su cara.
—Remus casi se encuentra con el paquete de Greyback. —Sirius, volviendo a su forma humana, le informó a Harry—. Fue un encuentro cercano, estábamos conversando con el paquete de MacAlister cuando Greyback apareció.
» Logramos irnos sin que nos viera, pero al parecer Dumbledore no es el único buscando aliados.
Remus asintió, confirmando lo dicho por Sirius, pero no agregó nada a la conversación. En su lugar, se recostó sobre el sofá y cerró sus ojos hasta que Eider apareciera con el chocolate.
Harry y Sirius se callaron, dándole un poco de silencio a Remus para que descansara, y Sirius volvió a transformarse en un perro, echándose a los pies del hombre lobo. Harry observó el lomo del viejo libro en sus manos, una copia gastada de "Secretos de las Artes más Oscuras" mientras el recuerdo de un par de ojos carmesí demasiado arrogantes aparecía en su mente.
Harry estaba seguro que la manada de Greyback estaba del lado del Señor Oscuro, pero eso no significaba que las demás lo estaban. Contrario a lo que la población mágica le gustaba pensar, el número de hombres lobos en Gran Bretaña no se reducía solo a la manada de Greyback y unas decenas de lobos solitarios esparcidos por la misma; los Hombres lobos eran mucho más astutos que eso, por algo les temían tanto ya que su naturaleza les proporcionaba un poder mágico mayor a la media de los magos sumados a su gran habilidad defensiva física.
El motivo del porque tantos les temían era obvio, pero estaba oculto entre las líneas de historia que los tachaban de oscuros, monstruos y salvajes en un intento de quitar la amenaza que representaban. Aunque las costumbres de Greyback no ayudaban en nada, mordiendo a niños y destrozando a cualquier mago en su punto de mira.
El odio de Greyback hacia los magos era comprensible, no por ello sus acciones eran justificables. Estas solo lograban complicar las cosas aún más para los Hombres Lobos, Harry solo esperaba que el servicio bajo Voldemort redujera un poco las tendencias destructivas de Fenrir Greyback.
Aun calculando sus opciones, Harry observó divertido como Remus se incorporó de golpe por instinto y, no más de unos segundos después, Eider regresó con una bandeja llena de tazas con chocolate caliente en estas.
A los pies de Remus, Sirius se regresó a su forma humana antes de que Eider pudiera amenazar con servir su bebida en un plato para perros (el mago francés lo ha hecho antes) y aceptó el chocolate que Harry le ofreció, para luego sentarse lo más pegado a Remus que era humanamente posible. Remus rodó los ojos ante las tonterías de Sirius, pero no se movió de su lugar pegado a Black.
—Remus —llamó Harry — ¿No hay nada que podamos ofrecer para volver a los hombres lobos neutrales?
Remus miró a Harry extrañado por la pregunta, pero aun así pensó cuidadosamente en su respuesta antes de decir:
—No estoy seguro, no se me ocurre nada mejor que puedas ofrecerle que Quien-tu-sabes no lo haya hecho ya. Sin contar que no eres un lado de esta guerra, Harry. No estás buscando ofrecer refugios, o derrotar tanto a la Luz o la Oscuridad ¿Qué es lo que esperas lograr con esto?
—Si bien el lado de la Luz no es mi favorito —dijo Harry, observando su taza con cuidado—, eso no quiere decir que vaya a dejarle las cosas fáciles a Mortdevol.
Sirius se ahogó con su chocolate, tosiendo y riendo al mismo tiempo ante el mote que Harry estaba usando para Voldemort, absolutamente encantado con este.
—Entonces… ¿Solamente quieres frustrar a ambos lados? —pregunto Remus, una vez que se aseguró que Sirius no moriría.
Harry hizo su mejor sonrisa come mierda ante eso.
—No veo la necesidad —continuó Remus—, dado que Dumbledore no va a ofrecer nada más que "es por el bien mayor" y la mayoría de las manadas están pidiendo algo que Quien-tu-sabes no ha respondido si está dispuesto a hacer o no.
Ante eso, Harry se inclinó hacia adelante, mirando fijamente a Remus con ojos hambrientos por conocimiento. Eider observó al hombre lobo también, nunca uno para perderse información.
—Quieren cambios inmediatos en el Ministerio gracias a que están empujando un nuevo proyecto de ley para hacer el registro de todos los hombres lobos obligatorios, más la regulación total de la poción Matalobos.
» Quien-tu… —Ante el codazo de Sirius, Remus rodó los ojos, pero continuó: — Mortdevol, no está tomando medidas tan activas en estos momentos, manteniéndose bajó el radar y disfrutando de ver al Ministerio destrozar a Albus ante sus afirmaciones de que debió de haber regresado, sumado al hecho de que Albus acaba de ser destituido de su lugar en la Confederación Internacional de Magos y actualmente están iniciando una investigación sobre su relación con Grindelwald.
—¿Ley de Registro dices? —preguntó Eider, viéndose absolutamente satisfecho consigo mismo.
Eider se levantó de su lugar sin esperar una respuesta por parte de Remus, para dirigirse a una estantería a la derecha de la biblioteca que era de un diseño más antiguo que cualquiera de las demás. Con diseños en la madera pesados y ostentosos, inclusive tenía incrustaciones de plata y piedras en los adornos de la misma.
Sacando el tercer libro del quinto estante de siete. Eider le mostró el libro de tapa dura, forrado en piel y de un azul profundo a Harry, quien lo reconoció de inmediato como uno de la gran colección donde Eider anotaba todos los detalles y transacciones menos cuestionables del bar y, a veces, de Talionis.
—He escuchado eso antes —dijo Eider, leyendo las páginas y pasándolas a una velocidad aterradora que Hermione envidiaría totalmente.
Eider paró en una página, para luego sonreír de esa manera elegante, pero terrorífica, que hacia cada vez que un cliente ocupaba una de las salas de privacidad del bar para asuntos importantes.
—Dolores Umbridge alquiló una sala de reuniones un año atrás, la uso para una reunión política con varios miembros influyentes del Wizengamot. Hablaron de varias propuestas por parte de Umbridge para la regulación y control de criaturas No humanas, entre ellas estaba la Ley de Registro de Hombres Lobos.
» Eso no es todo, Umbridge hizo una transacción con Talionis años atrás, cuando inició su ascenso en el Ministerio, el borrar la información de su estado como mestiza a cambio de un favor futuro.
Un silencio conmocionado invadió la habitación, nadie pudo evitar admirar las conexiones e información de Eider. Harry se divirtió un poco ante la boca abierta de Sirius y los ojos de Remus brillaron ante la perspectiva de conseguir hacer algo que lo sacara de la eterna e infernal misión de reclutamiento de Dumbledore.
—¿Qué sucedería, Remus, si les entregamos la cabeza de Umbridge a los hombres lobos? —preguntó Harry mientras recibía el libro de Eider para leer toda la información sobre la bruja.
—Ellos escucharían —dijo Remus, con una sonrisa astuta formándose en sus labios. Un atisbo de lo que debió de ser su época como estudiante.
Harry miró a Eider, quien sacó un pergamino de color negro de un escritorio cercano, escribiendo con una pluma blanca con una punta de metal de plata en la misma un mensaje rápido. Eider tocó con su varita el pergamino, el cual se dobló a si mismo hasta tomar la forma de un ojo de papel intrincadamente hecho.
—Si soy capaz de prometerles la intervención con estos proyectos de ley, entonces ¿Qué?
—Ellos te seguirán.
Eider desapareció camino a las puertas rúnicas ocultas, enviando un mensaje de citación a Umbridge en nombre de Talionis.
Era hora de cobrar un favor.
…
En los antiguos tiempos hubo hijos de la magia tan poderosos y únicos en sus diversos talentos que fueron llamados dioses. Seres de gran poder que se destacaban sobre los mortales comunes, algunos de ellos eran capaces de mover el océano o hacer temblar la tierra, otros poseían el cielo y unos cuantos caminaron por las sombras de la muerte.
Estos hijos de la magia consiguieron ser tan grandes, capaces de tantos milagros, que la gente comenzó a adorarlos. Altares y estatuas se alzaron en sus nombres, muchos de ellos consiguieron profetas y sacerdotisas bajo sus templos, algunos llegaron a ser conocidos como los fundadores de algunas ciudades.
Eran los dueños de todo, los más grandes de la magia, sentados en la cima del descubrimiento con seguidores a sus pies que engrandecieron sus almas. A los que llamaron dioses, lograron una especie de pseudo-inmortalidad debido a la adoración bajo sus nombres, volviéndose tan grandes que la mortalidad del mundo empezó a parecerles intrascendente.
Para ocuparse de los asuntos que a los dioses ya no les importaba, estos tuvieron hijos con los que llamaban mortales (al carecer estos de su recién adquirida divinidad y magia única), asignándoles a los hijos que alcanzaban la edad adulta tareas en busca de engrandecerlos, pero solo unos pocos alcanzaron, u aceptaron, el renombre suficiente para volverse dioses. Esto fue debido a que los hijos de estos dioses fueron conocidos y adorados como mitad mortales: semidioses que necesitarían el poder de sus padres para volverse divinos.
Con el tiempo, los dioses empezaron a envidiar el poder del otro, temerosos de que sus hermanos de magia tomaran la divinidad de sus allegados para conseguir más poder. Comenzaron a volverse hostiles, y paranoicos entre sí, viéndose más como enemigos por el poder que la familia y compañeros de sabiduría que solían ser.
Sus mismos hijos, los semidioses, no fueron excluidos de esta avaricia. Deseosos de alcanzar la gloria eterna, se volvieron a cazas suicidas por poderes más grandes, otros persiguieron a sus hermanos y algunos a sus mismos padres.
Esto dejó al ser que los creó, Magia, en un estado de disgusto, horror, y hasta celos, constante de sus propias creaciones. Viendo como sus propios hijos, sus bendecidos, olvidaban su nombre en aras de agrandar los suyos, para luego pasar a odiarse entre sí.
Ante esto, Magia extendió su poder al mundo, tocando el núcleo de un hijo semidiós olvidado por todos. Un alma en este viejo mundo que estaba marchita, vendida por la madre ante la pobreza común de esos días. El niño era algo especial sin dudas, dejado para el entretenimiento de los ricos en su pueblo, luego entregado al ejército en lugar del hijo primogénito de su amo.
Dedicado a las tareas bajas, y acostumbrado a ser tratado como basura, el niño no veía a aquellos llamados grandes, mejores, héroes, e inclusive dioses, con los ojos de adoración que el resto de su pueblo tenía.
Era perfecto.
Así, Magia extendió su ser a los sueños del niño, dándole la oportunidad de dejar atrás el nombre que sus padres le dieron y empezar como algo nuevo. El niño, ansioso por una mejor vida y reconocimiento, aceptó el deber de este ser más poderoso que cualquier dios que haya visto.
Serás mi voluntad.
Fue la proclamación de Magia, guiando al niño hacia su libertad y al comienzo de nuevos horizontes llenos de conocimiento y poder.
Borraras a los que me olvidaron y se alzaron.
Fue la orden del ser, guiando el poder y la espada del niño hacia la aniquilación de los dioses que ya no visitaban las tierras mortales. La tarea del niño llevaría tiempo y esfuerzo, pero nunca se rindió ni flanqueó en nombre del ser que le dio un propósito, reconocimiento y un nombre.
El niño se cruzó con un ser llamado Mago, quien vio la voluntad de magia en él y le dio las herramientas y conocimiento faltante para comenzar su deber. El Mago sonrió ante la posibilidad de eliminar a los dioses, aquellos hijos de la Magia que se creyeron más allá de todo.
Para cuando llegó a su edad adulta, el niño ahora hombre era el terror en las sombras de todos los Grandes. Era la pesadilla que ponía el fin de los dioses, traía la muerte y el olvido a todos aquellos que osaron negar de quien venía su poder y gloria.
Era preciso, aterrador y poderoso, le puso fin a los dioses que pasaron a ser mitos. Era la voluntad de Magia que llegaba en el momento correcto para comenzar una nueva era.
Así, el hombre que la historia nunca recordaría, fue nombrado Kairós.
***...***
Advertencia: capítulo sin corregir (para estas alturas ya todos deberían de estar acostumbrados a esto), así que cualquier daño a sus ojos por mis horrores, bueno, al médico. No obstante, no duden de informar cualquier error que noten. Este capítulo será corregido de todas formas cuando logre dárselo a mi beta.
Las cosas van a comenzar a acelerarse un poco más en el fic ahora, Harry tendrá nuevas sorpresas por venir, pero ¡El lado bueno! Tom volverá a escena pronto (pero no diré que tan pronto).
¿Teorías, dudas, comentarios, sugerencias, quejas sobre esto?
¡Gracias por leer!
Sepheline.
