No había nada a su alrededor, más que una interminable negrura, que lo sostenía flotando en un lugar aterrador. No podía distinguir donde estaba arriba o abajo, solo que gravitaba sin orientación o destino alguno, si hubiese podido sentir su estómago, estaba seguro de que en este momento estaría vomitando.
Esa era otra cosa, no podía sentir su cuerpo enteramente. Sabía que poseía brazos y piernas, pero su cerebro decidió que en este momento no lo hacía, como si solo fuera su consciencia la que pertenecía a este lugar.
Lo que se sintió como mucho tiempo después, una luz comenzó a resplandecer en el borde de su visión. Le gustaría tener una cabeza en este momento, o un cuello, para girar en dirección a lo que resplandecía, pero a la vez cada instinto en él le gritaba para no tratar de girarse.
Kappi.
La palabra resonó en su mente, trayendo algo antiguo y poderoso al centro de su conciencia, pero no entendía que era, no podía recordar.
Fuera lo que fuera lo que le hablaba, era algo más allá de su entera comprensión.
Kappi.
Se repitió la palabra, como si estuviera esperando una reacción o respuesta que no le estaba siendo dada.
¿Se dirigía a él?
¿Era importante?
Llega a mí, Kappi.
La luz al borde de su visión comenzó a agrandarse, dejándolo sintiéndose como si tuviera hubiera llamas atrás suyo, pero no pudiese verlas. El calor también se extendió hasta él sintiéndose casi como un sol lejano.
Despierta.
Le ordenaron, y el vacío a su alrededor reaccionó estallando en colores y luces infinitas que le hicieron desear ser capaz de cerrar sus ojos, su cuerpo seguía sin reaccionar. Las luces giraron y bailaron frenéticamente en su visión hasta que la última gota de negro, que no era una luz, desapareció del lugar.
Con esto, empezaron a girar sobre sí mismas, hasta que todas se dirigieron a la vez hacía él. Está seguro de que gritó ante el impacto y el miedo, todo su mundo concentrándose en quien y que era.
Él era Harry Potter.
Una voz, esa que siempre estuvo y lo marcó para traer su nuevo deseo al mundo le llamó una vez más:
Kappi.
Harry gritó, con rabia, odio y perdida, cuando todo regresó a su mente.
Los recuerdos vinieron a él como combustible para su rabia.
Los aurores habían iniciado una redada en el Callejón Knockturn, arrestando a las personas y destruyendo tiendas. El fuego consumía algunas y el aire estaba lleno de humo.
La sala había sido atacada y Harry lo sintió
Alguien, un hombre que había poseído una tienda en el callejón durante años, un auror encubierto por lo menos, había encontrado la piedra matriz de la sala y la había destruido.
Harry llegó tarde y fue débil, idiota e ingenuo en sus esfuerzos. No lo suficientemente fuerte para proteger al único ser que conocía todo sobre él.
Acaba de perder a su Faðir.
Entonces Harry dejó toda su ira, su culpa y dolor, desconociendo si sucedía solo en su mente o si era escuchado en este lugar.
Tranquilízate.
Magia le ordenó, la sola palabra imponiéndose en su alma y forzando la calma en él como una poción calmante no podría.
Harry sintió ganas de recriminarle por eso, quería quejarse y despotricar, quería gritarle a Magia por no advertirle sobre el ataque, sobre dejar que la destrucción sucediera. Quería odiarle y culparle por no hacer nada, por no señalarle a Harry el peligro o por no darle la fuerza para detener al hombre.
El destino no tiene forma, Kappi. Nadie puede ver verdaderamente lo que el libre albedrío provoca.
A Harry se le vino a la mente la adivinación y las profecías.
¿Qué eran entonces?
Son las herramientas para mover la voluntad de los mortales al camino deseado. Una profecía no es más que una dirección, cualquier ser libre puede torcerlas, ramificarse o borrarlas de la existencia. Nunca algo es inamovible muchos menos el flujo de los humanos.
Harry guardó silencio, no dispuesto a discutir sobre eso.
—Podría darte el don. —Saltó cuando las palabras sonaron esta vez detrás de él— Podría concederte la oportunidad de ver todo lo que es, lo que podría ser y como cada decisión lo cambia todo, pero te volverías loco con solo un vistazo.
» Es imposible de ver el futuro, pero las posibilidades y consecuencias son un hecho innegable. Nunca podrías ver lo que será, pero si lo que podría ser. Solo que los "podría ser" son tan extensos como la vida misma.
» El saber viene con un precio, Kappi.
Harry pensó en Luna y Perenelle, siempre con sus miradas más allá y comentando sobre cosas de las más extrañas maneras. No creyó que fuera tan malo.
Con ese pensamiento, una imagen de sí mismo invadió su cabeza: mayor, pálido como la muerte y delgado al punto de lo insalubre, con ojos locos girando alrededor y murmurando incoherencias sin ser capaz de parar.
Harry lo supo, si él aceptaba esto, nunca más sería capaz de ver el mundo mortal. Magia no le daría un don como el de Perenelle o Luna, lo que Magia podría darle sería mucho peor, mucho más fuerte e incontrolable, un castigo que le perseguiría más allá de la vida misma.
Harry pagaría el precio siendo incapaz de ver nada más que visiones de lo que cada cambio, cada cosa provocaba a la existencia; y también vería todo lo que no es, todos los "y si…" ramificándose infinitamente hasta el punto de la locura inimaginable.
¿Cómo sería un mortal capaz de soportar las repercusiones que cada decisión microscópica provocaba, y todas las que no?
Quiso girarse, enfrentar al ser tras suyo y gritar sobre la injusticia de esto. Si lo hacía, el simple hecho de ver a Magia podía quemarlo vivo, lo sentía.
—¿No puedes hacer nada? —Harry se quejó y pudo sentir el descontento de Magia como un golpe de fuego directo a su alma.
—No soy tu herramienta, Kappi. No confundas mi presencia en tu vida. —Magia resonó con ira, en la misma mezcla de voces y poder de siempre— Eres mi espada, mi campeón, pero yo no soy tu varita.
» ¿Quieres ver lo que el futuro puede traer? ¿Quieres conocer tu propósito? Entonces, mira.
Con las palabras que escupían furia, el infierno invadió la mente de Harry.
…
Al principio, Harry no fue nada, luego lo fue todo.
Fue la furia de la magia ignorada, el hambre de los dementores bajo los magos, el dolor de los elfos domésticos y la rabia oculta en los hombres lobos. El sentir de cada criatura creada por la magia misma conectados de alguna manera.
Eran sentimientos suaves, comparado a lo que seguiría.
Harry se convirtió en la tierra perdiendo su renovación, los magos olvidando su agradecimiento a la misma y los muggles explotándola; perdiéndose y consumiéndose para nunca regresar a sus portadores. Fue el agua agotándose, volviéndose veneno, y luego los bosques ardiendo en llamas y el humo viciando el aire, el mundo carcomiéndose hasta su extinción.
Su cuerpo se convirtió en el de un ciervo corriendo despavorido, asustado por un sonido, pero con su pecho estallando en dolor ante una bala atravesándolo por diversión de un mortal. A la vez era el mortal, sediento de sed y gloria ante la perspectiva de otra cabeza animal para su colección, y la bala atravesando piel, músculos, tendones, venas y hueso de un lado al otro.
Su mundo cambió a estar encerrado en un espacio pequeño, era peludo y tenía patas cortas ¿Un gato? Los maullidos a su alrededor de otros gatos eran prueba de eso, pero a juzgar por el movimiento de bamboleo, el ruido de agua filtrándose y la desesperación a su alrededor, estaba en una bolsa. El agua lo consumió todo
Se volvió un niño, con brazos delgados y dedos como ramitas que se hundían en un charco lleno de barro y suciedad, con la sed quemando su garganta y sabiendo que era lo único para beber en kilómetros.
Luego se vio a sí mismo en el suelo, una jeringa a su costado y la basura como su única compañía. Tenía frio y hambre, pero la jeringa le hizo sentir mejor.
De repente era un muggle, lo sabía, retorciéndose en el suelo con su piel dándose vuelta sobre sí misma y una varita al borde de su visión.
Su mundo cambió a estar corriendo, era un mago que escapada del sonido como explosiones detrás de él. Las cenizas a su alrededor presagiaban el fin de todo lo que amaba.
Las visiones y perspectivas cambiaron una tras otra, mostrándole cada penuria y dolor en el mundo. Enseñándole lo que cada forma de vida provocaba a la otra en un ciclo infinito que no paró hasta que Harry gritó y rogó para que se detuviera.
Ni una sola vez se mostró algo remotamente positivo porque estas visiones eran cada malaria en el mundo. Cada parte podrida del mismo, sin distinguir raza, nacionalidad o criatura, Harry vivió lo que la podredumbre de la vida provocaba.
Era el otro lado de moneda, la maldad necesaria para saber que el bien existía, era el dolor que realzaba la felicidad y las guerras que construían la paz.
Era el castigo por su impertinencia, pero mezclado en la locura y sufrimiento de las visiones. Hubo atisbos del porvenir, de las consecuencias a futuro provocadas por la ignorancia y la avaricia.
Harry sufrió a cada segundo, pero no se olvidó de ver cada cosa y comprender.
Aunque no por ello lo apreciaba.
…
Harry se despertó con la impresión de tener cenizas en su lengua. Amargas, con la sensación de las mismas humedeciéndose en su boca, tratando de forzar su camino a través de su nariz y garganta. Inmediatamente rodó de costado, tosiendo hasta tener arcadas, con los ojos llorosos y ardiendo, el aire apenas entrando a sus pulmones y su cuerpo sacudiéndose por el esfuerzo, pero nada más que saliva, y algo de sangre, adornó el suelo.
Volviendo a acostarse sobre su espalda, Harry observó el techo alto y adornado sobre su cama reconociendo su habitación en la mansión Flamel.
Le dolía todo. Sus brazos y piernas se sentían pesados, con cada uno de sus músculos protestando ante el más mínimo movimiento, había un extraño vacío en su pecho y ahora su garganta se sentía inflamada e irritada por toser.
Se sintió como si hubieran pasado años desde la última vez que estuvo despierto, pero a la vez como si no hubiese descansado nada.
Las cenizas en sus sentidos se negaban a desaparecer del todo, provocándole una molestia constante sobre estar olvidando algo ¿Qué estaba haciendo él en la Mansión Flamel? Lo último que recordaba era estar en el bar de Eider, leyendo los periódicos y la última carta de Hermione con ideas y noticias no publicadas.
A Harry no le gustó esta sensación de no saber y, mirando su ropa en busca de pistas, todo lo que dedujo era que tosió demasiado, a juzgar por las salpicaduras de sangre en la misma, y estaba empapado en sudor ¿Por pesadillas quizás?
Sintiéndose frustrado, Harry procedió a revisar sus manos y debajo de las uñas de las mismas, estaban limpias. Quizás demasiado limpias, al presionar la piel sensible de la punta de sus dedos, Harry descubrió la irritación típica de un hechizo de limpieza aplicado cerca de las uñas y eso no le gustó para nada.
Al arrastrar sus uñas a través de su cuero cabelludo, el resultado fue el mismo: excesivamente limpio. No había rastros de la oleosidad típica de la piel en esa zona.
Las campanas de advertencia comenzaron a sonar en su cabeza, Harry solo conocía un hechizo capaz de tales resultados y no era comúnmente usado en seres vivos debido a que borraba los rastros mágicos o de ADN sobre el lugar donde era lanzado. Era uno de los hechizos de Eider para eliminar las pruebas dejadas en los clientes inútiles que consideraron apropiado insultar o amenazar a Talionis.
Uno de los tantos hechizos de protocolo para las situaciones como en las que Umbridge acabó, pero ¿Por qué Eider, o inclusive Flamel, consideró necesario limpiar a Harry a tal nivel?
Frustrado, Harry movió lenta y dolorosamente su cuerpo a través de la cama hasta caer al suelo. Se sentía como si hubiese sido disuelto en ácido y vuelto a armar, pero eso no evitó que comenzará a revisar debajo de la cama y a través de todo el piso en busca de la más mínima señal de algo.
Lo único que consiguió fue saber que limpiaron todo tan a fondo que la runa protectora grabada bajó su cama estaba casi borrada.
¿Qué carajo pasó aquí?
…
Lo que se sintió como horas después, pero Harry supo que no pudo ser más de una, la puerta de su habitación se abrió. La misma había estado cerrada a tal nivel que consideró estúpido el desperdiciar su tiempo en desarmar todos los hechizos y salas; además de que usar magia le dolía como el infierno en estos momentos y eso que solo había intentado cambiarse el pijama sudoroso y sucio que tenía puesto.
Perenelle y Feodras ingresaron a la habitación, con una bandeja de té flotando detrás suyo.
Lo que sea que le sucedió a Harry, debió de ser malo, por el simple hecho de que eran Perenelle y Feodras quienes vinieron a revisarlo. Eran como los portadores oficiales de malas noticias cuando ambos aparecían con esas miradas en su rostro y té con galletas detrás.
Eran del tipo de malas noticias a lo "Tu mamá murió, aquí una galletita para mejorarte" o "Te amputaremos el brazo, ¿Quieres un poco de té?" con sus actitudes… Aunque quizás Harry estaba pasando demasiado tiempo con Flamel si alcanzaba tal nivel de dramatismo en sus pensamientos.
—Harry —Perenelle le llamó, colocando la bandeja en medio de la cama y sentándose a su lado. Feodras permaneció parado al lado de la bruja y lo miró.
Uh… el cerebro de Harry se detuvo por un instante, la única razón para que Feodras se parará y lo mirará así sería si esperaba un gran estallido mágico por parte de Harry y quisiera proteger a Perenelle del mismo.
Harry frunció el ceño en iguales partes confundido, molesto y ofendido.
—¿Qué hice ahora como para que Feodras activara su modo "mamá protectora" y "Harry, pensé que te enseñe mejor" al mismo tiempo? —se mofó Harry, tratando de aligerar el ambiente y su propio humor.
Feodras desvió la mirada, algo avergonzado, con las puntas de sus orejas sonrojadas sobresaliendo entre su cabello, y carraspeó incómodo.
—Eso nos gustaría saber, Harry —Perenelle le dijo, sin tratar de ser criptica al respecto y asustándolo oficialmente— Eider te apareció aquí, estabas gritando, golpeado y sangrando por varias heridas. También estabas cubiertos de cenizas y estallaste el ala este de la mansión con tu magia.
» Tu magia estaba tan fuera de control que tuvimos que sellarte aquí. —Perenelle se estiró y tomó sus manos entre las suyas, observándole con toda la preocupación que su mirada única era capaz de proyectar— Harry ¿Qué sucedió en Knockturn?
¿Knockturn? ¿Harry fue a Knockturn y algo sucedió como para que Eider abandonará el bar para seguirlo?
Knockturn… Su Faðir.
Fue como si la realidad le diera un puñetazo a su pecho y Harry tuviese las costillas quebradas antes de recibirlo. La tasa que Perenelle le había dado se resbaló de sus dedos, salpicando su cama; y un sonido lastimero, entre un sollozo y un gemido, se escapó de la garganta de Harry.
Feodras estuvo en un segundo sobre él, preguntándole que estaba mal y abrazándolo sin preocuparse en mantener las formalidades o compostura por una vez.
El llanto de Harry comenzó y fue imparable en cuanto se apoyó en Feodras por consuelo.
—Está muerto —sollozó Harry y Perenelle soltó un grito angustiado al oírlo.
La bruja francesa no tardó en acercarse a ofrecer consuelo, sus años con Flamel inmediatamente ayudándola a comprender todas las pistas entre el estado de Harry, las noticias del callejón siendo atacado y el dolor del mismo.
Harry se había apegado a esa Sala, quizás hasta lo consideraba familia dada la tristeza que se ceñía sobre el joven mago desconsolado.
Feodras miró a Perenelle aun sin comprender nada, con Harry aferrándose a él y le suplicó a la bruja con la mirada por ayuda.
Perenelle salió en busca de Darrius, Harry necesitaba a su familia ahora, y también fue a por Nicholas, ya que a juzgar por la mirada confundida de Feodras, los gemelos no sabían sobre las Salas aun, y su marido comprendería como ayudar mejor.
…
Observando a la taza de té ya frio en sus manos, Harry trató de ignorar la mirada preocupada de Darrius sobre él. Ya había pasado una semana desde que se despertó y Harry aún no había salido de su cuarto, por lo que los demás se turnaban para verlo en un intento por no abrumarlo o forzarse sobre él.
Los gemelos no habían tomado muy bien la noticia de que Harry prácticamente había perdido a su Faðir, en parte preocupados por Harry al perder a alguien, ¿o algo, como corrigió Flamel? no era que el mago les hubiera aclarado todo sobre lo que realmente eran o podían ser las salas, tan querido, pero a la vez lastimados dado que Harry nunca les contó sobre Knockturn.
Harry sabía que Darrius había tenido sus sospechas, pero nunca se entrometió desde que sus instintos y magia le impidieron hacerlo, y aun así ni en sus sueños más salvajes habría imaginado que Harry conocería tales seres de magia, olvidados para la memoria de la comunidad mágica, y lo perdería de tal manera.
Feodras fue más racional al respecto, y estaba más entusiasmado por saber más sobre las Salas, pero consideró más sabio molestar a Nicholas sobre los mismos que a Harry en estos momentos.
Todo el apoyo que le estaban brindando no consiguió que Harry mejorara, dado que estar despierto era una avalancha de dolor, tristeza y culpa constante, y dormir solo era una pesadilla tras otra conseguidas gracias a las visiones por las que Magia le había hecho pasar.
Harry no tenía descansó, ya sea por recordar a su Faðir, o las visiones del infierno de Magia atrayendo preocupaciones futuras.
Aunque Flamel era de ayuda cuando lograba ver a Harry, el mago estaba ocupado tratando de reconstruir el área este de la Mansión, y la parte de la Sala de la misma que Harry destruyó con su estallido.
Pero no importaba que tanto el mago francés lograra arrastrarlo del estado en el que se encontraba, el ver a Flamel le recordaba que el mago tuvo que desactivar la Piedra Matriz de Enid para no perder a la Sala debido al estallido mágico de Harry destruyendo parte de la Mansión Flamel.
Enid sería activada de nuevo una vez que repararan todo, pero eso no evitaba que Harry se culpara por casi destruirla inconscientemente, sin importarle que Flamel le asegurara que todo estaría bien.
Harry se tragó el té rápidamente para escapar de la mirada de Darrius, envolviéndose en mantas en cuanto le dio la taza al gemelo menor, y dejándose arrastrar por el cansancio cuando reconoció una dosificación de la Poción Sin Sueños en la misma.
Una parte de él deseó no despertar al caer en la negrura tranquilizante al dormir.
…
Como la última vez que Harry estuvo en un estado emocional tan peligroso, la mejora de Harry pudo comenzó en un momento dado: cuando Draco Malfoy tuvo suficiente y decidió ayudar a Harry al patear la puerta de su habitación y comenzar a regañarlo en cuanto sus miradas se cruzaron.
—¡Levántate y brilla, Potter! —Exclamó Draco mientras abría las cortinas de la ventana.
Harry gruñó de dolor en cuanto la luz solar le dio de lleno en la cara, ya no acostumbrado a esta después de días encerrado.
—Joder, no —dijo Harry, dándole la espalda a Draco y tapándose con las sabanas hasta quedar envuelto de pies a cabeza.
—¡Arriba, Potter! Apenas has comido en estos días, no te has duchado desde Merlín sabe cuándo y tus gemelos van a hacer un agujero en el piso de la mansión de tanto pasearse preocupados.
—Bueno saber, ahora déjame solo Malfoy.
Harry realmente pensó que Draco se apiadaría de él y lo dejaría solo. Pero debió de saber que Draco era tan terco y obstinado como Harry podía serlo.
El heredero Malfoy arrastró a Harry fuera de la cama al sujetarle los pies y tirar de él, con sábanas y todo, hacia el suelo. Harry fulminó con la mirada a Draco desde el suelo y procedió a deslizarse por el mismo hasta esconderse debajo de la cama y lejos del alcance del Malfoy.
—Pequeña mierda escurridiza ¡Si piensas que eso te salvara, Potter, mejor que empieces a rezar a tu deidad preferida! —Draco lo maldijo, siguiéndole con una letanía aún más larga y rápidamente murmurada entre labios por parte del rubio sobre gestos y actitudes indignas de un Malfoy.
Harry saco uno de sus brazos del caparazón hecho de sabanas en el que estaba y lo estiró fuera de la cama hasta agarrar el tobillo de Draco entre sus idas y vueltas. El Slytherin se tropezó sobre sí mismo, pero no cayó al suelo, soltando más maldiciones y amenazas a la integridad física de Harry.
El mago bajó la cama simplemente se dedicó, con la mano aun afuera, a enseñarle su dedo medio a Malfoy, para luego volver a esconder todo su brazo.
—Eso es todo, te estoy sacando de ahí, Camarón subdesarrollado.
— ¿Se supone que estas insultándome? ¿Quién demonios insulta así Draco? ¿Tienes noventa años o qué?
Con un grito frustrado, Draco Malfoy se arrojó al suelo y metió un brazo bajo la cama, fácilmente alcanzando a Harry; quien no pudo defenderse dado que estaba envuelto con sus sabanas y nunca se esperó a que Draco tocara algo tan indigno como el suelo para un Malfoy.
Draco logró arrastrar a Harry de debajo de la cama, no sin antes ganarse un intento de mordisco a su mano de un Harry Potter dispuesto a todo para seguir bajo su escondite.
— De camarón a perro —dijo Draco, observando a Harry y listo para saltar a detenerlo si este se movía—. Ese es el encanto Potter, señoras y señores.
—Grrrrr —Harry le gruñó a Draco, en una muy buena imitación de Sirius, chasqueando sus dientes y haciendo como si fuera a morderlo.
Las cosas no fueron para nada bien con eso, el regaño acabó en una pelea a gritos entre ambos, que terminó con Harry llorando y Draco consolándolo con palabras honestas, pero a la vez haciéndole enfrentar la realidad. Cuando Harry cayó dormido por primera vez (sin una pocion), Draco esperó a que Harry despertará casi dieciocho horas después, forzándolo a bañarse, cambiarse de ropa, salir al jardín y compartir una comida con todos sus amigos y familia.
Reunidos a su alrededor en frente de la laguna donde Harry pasó tantas horas siendo empapado en agua y barro, a nadie le importó que fueran casi las tres de la mañana y que todos estuvieran en pijamas en un jardín al aire libre en Francia, eran magos por un motivo. Tampoco se dijo una palabra por una vez, desde los gemelos Weasley, Luna y Aidan, Hermione, los Flamel, los gemelos y Cedric, todos sabían mejor a permanecer callados en un momento así hasta que Harry o Draco dijeran algo.
Draco esperó pacientemente como solo un Malfoy podía, tomando su té y comiendo bocadillos con toda la fina gracia que pertenecía a algo que Lucius le enseñó más que Narcissa. Al mismo tiempo observó a Harry comer con toda la ferocidad que solo un Black en una racha protectora podía mostrar con su mirada.
Harry, siendo Harry, no pudo ignorar el silencio de todos, y mucho menos la mirada de Draco. Su temperamento rápidamente lo alcanzó y bajó su taza sobre la mesa con un golpe sordo que provocó una mirada ceñuda por parte de Draco.
—¿Qué? —espetó Harry a la rubia, con los platos y cubiertos en la mesa comenzando a repiquetear por su magia.
Draco frunció sus labios con desaprobación, de esa manera que le recordaba a Harry a las señoras mayores cuando miraban una falta de comportamiento apropiado.
—¿Qué vas a hacer, Potter? —le contestó Draco con falsa bravuconería.
—Por amor a las barbas de Merlín ¿Qué voy a hacer con que, Malfoy? —le preguntó irritado Harry a su primer amigo.
Los demás a su alrededor siguieron comiendo, fingiendo no escuchar a los otros dos, pero ninguno dispuesto a irse sin importar cuanto la magia de Harry hiciera bailar La Macarena a los platos.
—Por Morgana, ¿Puedes ser más denso Cararajada? —Draco le dijo, ignorando la mirada desaprobadora de Hermione y Feodras ante el comienzo de los insultos entre ambos— Se confirmó que el Ministerio de Magia estuvo detrás del ataque al Callejón Knockturn, que llevaban años plantando a aurores en el lugar para encontrar la Piedra de la Sala y que atacaron el lugar en una decisión apresurada creyendo que seguramente la mayoría de la gente del lugar serian Mortífagos o al menos simpatizantes del lado Oscuro, dispuestos a brindar bases de apoyo y logística o refugios a los mismos.
» ¿Qué planeas hacer con esto?
Draco Malfoy le preguntó eso ligeramente, pero su mirada comunicaba mucho más, como sus regaños, gritos y charlas entre ambos habían estado haciendo desde que pateó a Harry a la realidad.
Estaban en guerra. Puede que el Ministerio Mágico no supiera que un ataque al callejón Knockturn era un ataque a Harry, ni siquiera confiaban que Harry siguiera vivo en realidad, pero los hechos eran que habían destruido el callejón, los mismos habían admitido todo el operativo en El Profeta para darle esperanzas al lado de la Luz con un lugar tan icónicamente oscuro destruido.
"¿Qué planeas hacer?" era lo que Draco le preguntaba, pero esta pregunta también acarreaba otras como ¿Se sumaría Harry a esta guerra?, ¿Tomaría una acción activa? ¿Apoyaría a la Oscuridad, o simplemente seguiría sentándose a ver las cosas suceder?
Es obvio lo que Harry haría ¿Cómo podía permitirles seguir dañando a los suyos? Le habían quitado su hogar cuando arrestaron a los gemelos, sus casas cuando dejaron a las tiendas de los mismos descomponerse y ahora le habían quitado a su Faðir, dejando solo ira y necesidad de venganza ardiendo bajo su piel. Todo lo que Draco estaba haciendo era recordarle eso y el hecho de que estaban en guerra, Harry no podía permitirse el lujo de seguir lamentando su perdida si quería hacer algo contra quienes lo lastimaron.
El dolor y la venganza alejaron la tristeza desgarradora que se alojaba en Harry por el momento. Harry no podía permitirse el seguir así, no solo por la guerra, sino también por las personas a su alrededor que se preocupaban por Harry y querían verlo mejor.
—Los haré caer —dijo Harry, su magia anunciando sus intenciones al prometer dolor y extinción a aquellos que lo dañaron.
Todos los que estaban con Harry en ese momento sonrieron con la promesa de acompañarlo hasta el final en sus miradas.
Aunque el momento fue roto cuando Darrius saltó a abrazar a Harry en cuanto su magia se calmó, colmándolo de palabras preocupadas y llenas de regaño al mismo tiempo, quejándose por que bajo de peso, no se cuidó y lucia tan horrible como Feodras esa vez que perdió muchos de sus libros al mudarse. Darrius acabó empujando todo un muffin en la boca de Harry y pasarle un plato llenó de galletas con ese tipo de expresión que las abuelas hacían al obligar a sus nietos a comer más.
…
Mientras en una Mansión en Francia Harry Potter estaba siendo atendido y cuidado por su familia y amigos, en Inglaterra Voldemort se encontraba dirigiendo un escuadrón de lucha en cuanto la noticia del ataque al Callejón Knockturn le fue dicha.
Algo tarde en realidad, el Señor Oscuro y sus seguidores se aparecieron junto al sonido de un grito desgarrador atravesando el lugar y los edificios a su alrededor comenzando a desvanecerse en cenizas. Por un momento, tantos los aurores, la gente de Knockturn y los Mortífagos contemplaron la escena surreal, inclusive para los magos, pero luego las ordenes ladradas del Señor Oscuro y los Mortífagos poniéndose en movimiento devolvieron a todos a la realidad.
—¡Bellatrix, Rodolphus! Dos grupos de ataque en ambas direcciones del callejón ¡AHORA! —Ordenó Tom y observó a la pareja partir en direcciones diferentes con varios Mortífagos siguiéndoles. — Rabastan y Lucius, grupos de rescate. Revisen los restos de los edificios y saquen a todos los que puedan de aquí.
» El resto de ustedes —dijo Tom, mientras observaba las cenizas caer con rastros de magia que él conocía muy bien, a la gente herida huyendo de los aurores y a sus Mortífagos luchando—… conmigo.
Sus seguidores no dudaron en acomodarse detrás de él mientras atravesaban el callejón en dirección a la salida de este, varios aurores se cruzaron en su camino, pero no fueron más que moscas cayendo ante la magia y furia de Tom.
¿Cómo se atrevían los magos de la Luz a atacar Knockturn y no pensar en las consecuencias? ¿En serio pensaron que un par de escuadrones de aurores sería suficiente contra él? La Orden de Dumbledore ni siquiera estaba presente, pero eso no descartaba que pudieran llegar en cualquier momento.
Tom Riddle atravesó el lugar y salió hacia el Callejón Diagon, mandando a volar o matando con un hechizo a cualquier auror lo suficientemente estúpido como para interponerse en su camino. Les haría pagar, ojo por ojo, para demostrarles lo estúpido de sus acciones.
—Destruyan todo a su paso —dirigió Tom, con una sola mirada mortal hacia sus seguidores diciéndoles que no se atrevieran en ir en contra de sus planes—, solo ataquen si les disparan un hechizo primero, déjenlos huir y alertar al Ministerio. Hagan el mayor daño posible a los edificios y destrocen cualquier runa que puedan ver grabada en el suelo o paredes.
Sus Mortífagos no dudaron en moverse, iniciando el ataque con un Bombarda dirigido al escaparate de la primera tienda frente a ellos. La gente gritó y se horrorizó aún más al verlos, la mayoría huyó del lugar al instante, pero otros se quedaron atrás comenzando a atacar a sus seguidores.
El Señor Oscuro observó el daño y caos a su alrededor con una mirada impasible, dedicándose a avanzar a lo largo de Diagon en dirección hacia el Caldero Chorreante sin preocuparse por que lo atacaran.
Pobre del que lo intentara.
En su camino se aseguró de destrozar cada runa a la vista que parecía formar parte de las salas en Diagon, no estaba particularmente interesado en acabar con las salas en su totalidad, pero debilitarlas o hacerles un daño duradero no estaba de más y era un buen golpe contra la Luz el atacar de la misma manera que ellos.
Y a Tom ni siquiera le hizo falta mucho esfuerzo de su parte para encontrar las obvias runas de la sala, aunque si bien no se interesó en atacar el circulo rúnico que escondía la sala de la piedra matriz, tomó nota de donde estaba por si era necesario para más adelante.
Estaba pobremente disimulado, las runas grabadas en una sola gran loza en el medio del callejón ¿Quién demonios fue el imbécil que pensó que era inteligente grabar todo un circulo rúnico dedicado a ocultar la sala en una sola loza? Por lo menos la de Knockturn estaba esparcida estratégicamente en piedras pequeñas incrustadas por todo el callejón haciéndolo increíblemente frustrante de encontrar, Tom solía dedicarse a buscarlas en sus idas y vueltas por el sombrío callejón cuando trabajaba en Borgin & Burkes.
Cuando Voldemort llegó frente a la pared de ladrillos que conectaba al Caldero Chorreante y comenzó el cantico de un viejo hechizo nórdico, el sonido de múltiples apariciones le hizo tomar nota de la llegada de los miembros de la Orden. Entre ellos vio a Dumbledore, quien inmediatamente miró en la dirección de Tom y los ojos del anciano se abrieron cómicamente al darse cuenta de lo que estaba haciendo.
Dumbledore alzó su varita para detenerlo, pero ya era demasiado tarde, y con una sonrisa de logró en dirección al viejo, Tom terminó el hechizo y disfrutó del sonido retumbante que hicieron los ladrillos de la entrada al explotar hacia adentro en dirección al bar.
Polvo y escombros se alzaron en el aire, junto al sonido de los gritos de a quienes la explosión alcanzó en el Caldero Chorreante, pero tuvo que apartarse rápidamente de la vista para esquivar los maleficios que Dumbledore comenzó a lanzar en su dirección.
Todo el callejón Diagon se sumió en una batalla feroz, con los magos del lado de la Luz ocupados tratando de ayudar a los heridos, proteger los alrededores y derrotar a sus Mortífagos. Todo a la vez y sin una coordinación apropiada, la falta de organización de la Orden salió a relucir, todos concentrándose en atacar sin saber que hacer o a quien ayudar en una situación tan grande y caótica; demasiados acostumbrados a los duelos de uno a uno durante la última guerra, la situación en donde tenían que tener en cuenta a los civiles y las estructuras a su alrededor se les fue de las manos.
Voldemort anuló un látigo de agua que Dumbledore le lanzó al convertirla en hielo que cayó pesadamente al suelo, a la vez que conjuro varios pedazos de piedra en forma de pico que arrojó en dirección al anciano como distracción mientras retrocedía de nuevo hacia la entrada de Diagon y tocaba con su varita la pared de ladrillos destrozada, dejando grabado en ella una marca que nadie notaría.
Con eso hecho y Dumbledore habiendo transfigurado los picos de piedra en aves, Tom esquivó una llamarada de fuego en su dirección y apunto su varita al cielo en lo que recitaba:
—¡Morsmordre!
Una vez la marca oscura iluminó el cielo teñido en rojo por el fuego y destrucción de ambos callejones, los Mortífagos dispararon un incendio a la superficie inflamable más cercana en Diagon y se aparecieron fuera del lugar al unísono. Los que estaban en Knockturn se aparecieron con el mayor número de personas que se atrevieron en dirección a la Mansión Malfoy también.
Tom le dirigió una última mirada descarada a Dumbledore, la ira en los ojos del anciano llenándolo de felicidad, y disparó un Avada Kedavra en su dirección antes de aparecerse lejos.
Dumbledore lo esquivó, pero Tom no esperaba nada menos del viejo. Aunque la persona detrás de Dumbledore no tuvo tanta suerte.
Nymphadora Tonks, habiéndole confiado su espalda a Dumbledore, acabó muerta en el suelo.
…
Las cosas en la Mansión Malfoy fueron un caos organizado durante casi una semana seguida, con los heridos recibiendo asistencia y los refugiados del Callejón Knockturn siendo interrogados y asistidos por la señora Malfoy, quien se dedicó a darles a los más viejos, o los que no podían ayudar, un traslador al país más cercano de su elección.
La gente que quedó, personas que habían vivido y trabajado en Knockturn, quienes lo perdieron todo con la llegada de los aurores al lugar, algunos inclusive vieron a un ser querido ser arrestado o derrotado en ese mismo momento. Todos y cada uno de ellos se sumaron a la causa del Señor Oscuro, sin importarles nada y sin nada que perder, magos y criaturas que habían llamado al callejón Knockturn su hogar, tomaron la Marca Oscuro con sus almas cantando por guerra y venganza.
La luz tendría pronto más que en las últimas guerras, tal vez era hora de que se hundiera por algunos años.
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Ron Weasley no era muy bueno compartiendo, un comportamiento desafortunado a tener cuando vivías en una casa con otros seis hermanos y debías aprender a compartir (o en el caso de los gemelos, ser lo suficientemente terroríficos como para que nadie se atreviera a pensar en pedir sus cosas).
También era celoso, eso lo sabía, con lo mucho que la simple mención de cada uno de los logros de sus hermanos lograba abrir un agujero en su pecho y le hacía anhelar ser algo más que el simple hermano número seis que ni siquiera era bueno para nada más que comer. Pero comprendía que eso se debía a la falta de atención como individuo que tenía en su casa, no es que culpara a sus padres, pero los únicos momentos en que su madre hablaba específicamente de Ron era para regañarlo o compararlo con alguno de sus hermanos.
Granger siempre disfrutaba de señalar su falta de modales y voracidad al comer, Ron quería verla intentar comer si tuviera que compartir mesa con sus hermanos; si Ron no era rápido al comer, los gemelos echarían algo a su comida, o Aidan tomaría algo de su plato y cuando Bill o Charlie estaban, era una lucha por ver quien lograba servirse más. Durante su infancia eran siete niños en crecimiento, voraces y caóticos como solo los Weasley podían ser, Ron no iba a disculparse por como comía.
Pero Ron también entendía que había mucho más en él que solo ser celoso, perezoso o posesivo. Sabía que amaba el ajedrez y era bueno en ello, siendo capaz de jugar partidas enteras en su cabeza y le era fácil, logrando adelantarse a los movimientos de sus oponentes y jugar partidas completas solo con su mente. Ron también defendería lo que creía hasta el final, valoraba a sus amigos más que nada y su familia aún más a pesar de sus quejas.
Comprendía también que la mayor parte de su vida la ha estado viviendo viendo las cosas en blanco y negro, pensando que uno era de un espectro o el otro y creyendo lo peor de las personas en el otro lado del mismo. Sabía que esto se debía sobre todo a su crianza, creciendo como un Weasley básicamente implicaba obtener la atención de su padre solo cuando se trataba de hablar de cosas muggles o su trabajo en el Ministerio (o si te quejabas cerca de él sobre Lucius Malfoy), o escuchando a su madre quejarse sobre todo lo que estaba mal con las personas oscuras en cuanto el tema salía.
Pero Ron había sido arrojado a una cruda realidad cuando Aidan regresó en el verano del tercer año de Ron negándose a dejar crecer su pelo para ser "femenina" de nuevo y básicamente gritando los crímenes de su madre contra él cuando esta intentó forzarlo a vertiste como una "señorita" de nuevo.
La casa había descendido al caos con esto, sus padres discutieron durante horas, Percy se encerró en su habitación, Bill y Charly, que habían estado de visita, le gritaron a su madre aún más y se enfurecieron con la misma cuando trató de justificar que Aidan era un Abstrahunt de toda su vida, por lo que la familia debía de entender que todo lo que hizo fue hecho para mantener a "Ginny" en la luz.
Bill había gritado que su madre fue la que forzó todo esto y que Aidan era un Mutantur, muchas gracias. Para luego tomar a Aidan y sus cosas y llevarlo con él a Egipto por el resto del verano. Charly había aprovechado para declararse abiertamente bisexual y ver el rostro de su madre abrirse al horror cuando le informó que no estaba en sus planes tener hijos.
Los gemelos se habían quedado cuando Bill les ofreció irse con él, con una sola mirada dirigida a Ron. Ambos habían notado que su hermano los necesitaría al ver su propia percepción del mundo dada vuelta, a Ron le habían enseñado toda su vida que un Abstrahunt era un mago oscuro usando rituales prohibidos para obtener más magia y pagando el precio al cambiar su género, pero su propia madre le había hecho eso a Aidan porque quería una niña y Aidan era su hermano y no era una mala persona.
Pero según lo que le enseñaron, su hermano en realidad siempre había sido una criatura oscura. Su hermano, quien había golpeado a los gemelos en la cara cuando transformaron el peluche de Ron en una araña, él que solía perseguirlo a todos lados de niños para que le enseñara a volar y disfrutaba molestar a Percy juntos. Su hermano no era una mala persona, pero según la sociedad mágica si lo era, e inclusive era algo mucho peor que eso.
Ron no pudo dormir durante los siguientes días, dando vueltas a todo en su cabeza hasta que los gemelos entraron a su habitación en medio de la noche para tener una conversación que duro horas. Respondieron a cualquier pregunta de Ron, incluso las más horribles inculcadas por lo que le fue enseñado, y pacientemente rompieron cada argumento de Ron hasta hacerle ver que su hermano no era nada más allá de ser un mago, una persona.
Le hicieron ver a Ron que no todo era blanco y negro, y Ron confesó que hace mucho tiempo que sabía sobre Aidan y lo que su madre había hecho, con lo mucho que su madre despotricaba e ignoraba a Ron en la cocina por perseguir a los gemelos o Aidan, enterarse fue una cuestión de estar en el momento correcto para escucharla chillarle a su hermano. Pero Ron había hecho como que no escuchó nada, había tenido ocho años y las palabras que su madre usaba le eran desconocidas, había preferido ignorarlo que confrontar las cosas en ese momento, no queriendo sumarse a la lista de "todo lo que salió mal con ustedes" que su madre usaba para referirse a Charly, Aidan y los gemelos a menudo cuando hacían cosas que no aprobaba, como Charly dejándose crecer el pelo o los gemelos siendo demasiado ruidosos y caóticos.
Ron no sabía si su padre había sido consciente de todo esto, pero su falta de apoyo activo hacia Aidan mientras crecían no le permitió hacerse ilusiones sobre lo contrario. Después de todo, Arthur Weasley prefería pasar su tiempo en casa desarmando aparatos muggles que viendo a sus hijos.
Por eso, ahora, mientras observaba a la llamada Orden del Fénix invadir su casa y comer su comida sin una mirada a las horas que su madre se tenía que pasar en la cocina gracias a ellos, sin ver a ninguno de ellos aportar para ello tampoco y al escucharlos hablar a espaldas de sus padres sobre sus tres hijos ausentes, de Percy apenas participando como conexión con el Ministerio y la notable falta de presencia en las reuniones por parte de Bill y Charly, Ron comenzó a sentir odio como nunca antes en su vida.
Odiaba a Dumbledore por traer esto a sus vidas, usando su casa sin siquiera preguntarles a sus padres si estaba bien con eso dado que "Tienen tanto lugar libre ahora que la mayoría de sus hijos no está que no será un problema ¿No es así, Molly querida?". No le agrada el viejo informándole a su padre sobre como "Ginny rompía todo el tiempo los códigos de vestimenta de la escuela, Molly, insistiendo en que se usara otro nombre para ella y queriendo ser tratada como un niño ¿No sabrías a que se debía su conducta, Arthur?".
¿Qué le daba el derecho a Dumbledore para hablar así de su hermano?
Ahora Aidan había dejado de volver a la Madriguera, decidido a cortar los lazos con sus padres después de su verano en Egipto con Bill y, con el inicio de la guerra, los gemelos le siguieron poco después. Fue solo cuestión de tiempo antes de que toda la pandilla de Potter les siguiera, desapareciendo de Hogwarts.
Extrañamente, la única que se quedó fue Granger y Ron era bueno para reconocer a una reina disfrazada de peón cuando lo veía. Granger nunca había sido vista cerca de Potter cuando estaba en Hogwarts, y se aseguraba de ser una insufrible sabelotodo el noventa por ciento del tiempo, pero él no era imbécil. Ron la había observado escabullirse con Potter, Malfoy y todos los demás, notaba su irritación al tener que levantar la mano en clases y contestar todo el tiempo, veía la mirada triste en su rostro al alejar a todos con su actitud, pero también observaba la sonrisa satisfecha ante cada persona que se comía su pequeño acto de ratoncillo de biblioteca y, sobre todo, era la persona que le deslizaba secretamente cartas de parte de Aidan cuando estaban en Hogwarts.
Puede que la pandilla de Potter no esté en Hogwarts debido a la guerra, pero Granger se había quedado y, la parte más importante, Granger había comenzado a aparecer en las reuniones de la Orden mirando a Dumbledore como si fuera el centro del mundo y asintiendo ansiosamente a cada orden del viejo con la necesidad patética de aprobación y validación notable en su rostro.
Granger era una pieza oculta esperando a ser usada, recopilando información de maneras en que Severus Snape nunca podría. El profesor de pociones no estaba en buenos términos con Dumbledore al no formar más parte del círculo íntimo de Ya-Sabes-Quien por lo que rara vez se le invitaba a una reunión, pero ¿Granger? Ron sabía que era la persona perfecta para esto.
—Oye Hermione —Ron llamó, disfrutando un poco demasiado la mirada irritada en la cara de la Gryffindor ante el uso casual de su nombre— ¿Crees que podrías ayudarme con mi tarea de pociones para el verano? Hay cosas que no tengo en claro.
Granger le miró, para luego deslizar una mirada calculadora a los libros en los brazos de Ron, eran libros de Adivinación y Encantamientos.
—Claro —dijo la chica, siguiendo a Ron hasta los campos cercanos a la Madriguera para estudiar bajo el sol.
Molly, muy contenta al ver a ambos interactuar, los mando lejos con una canasta llena de comida para que no necesitaran volver a almorzar.
Una vez que estuvieron a la sombra de un árbol, más cerca de la casa Lovegood que de la Madriguera, Granger sacó un chivastocopio de aspecto raro que coloco en la manta en el suelo y Ron le dijo:
— Entonces, ¿Cómo esta Potter?
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He aquí mi advertencia: Gracias a que Kukuroama-Himura hizo de beta, sus ojitos están a salvo. Muchas gracias por tomarte el tiempo y la dedicación en corregir esto.
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¡Gracias por leer!
Sepheline.
