El amor está ligado a la aprobación. No puedes esperar amor de tus pares, sin la aprobación primaria de tus creencias y conductas. En cierta manera, el amor está reducido a las actitudes de una persona. No existe un amor incondicional dado que este está limitado a quién eres y cómo actúas, la manera en que te comportas, en que crees y a quienes amas.

A Harry la Mansión Malfoy le recordaba a un museo: elegante, impoluto e intocable. Era un lugar que radiaba distinción, nobleza y riqueza, pero a la vez todo era demasiado impersonal como para ser tocados; cada cosa en esta mansión formaba parte del legado Malfoy, y era tan único en sus historias que convertía a lo que debería ser un hogar, en un museo histórico familiar.

En cierta manera le hacía entristecerse en nombre de Draco, hijo único de una familia sangre pura, siendo criado en la perfección y soledad de este lugar. Un niño creciendo en un hogar así debió de ser solitario o hasta escalofriante, lleno de objetos malditos, habitaciones lujosas que no podían ser manchadas y lugares aterradores a donde los niños no estaban permitidos.

Un solo vistazo al lúgubre pasillo con los retratos de los viejos Jefes de Casa le había puesto los pelos de punta a Harry. Los retratos habían estado silenciados, pero las frías y desaprobadoras miradas de color mercurio de cada antiguo Lord Malfoy le dejó sintiéndose inapropiado para el lugar. También le hizo notar que no había una sola pintura dedicada a retratar a una familia Malfoy completa, todo se trataba sobre la gloria de los Lores Malfoy; los herederos e hijos no eran dignos de ser recordados a menos que lograran ascender a Lord, las señoras no eran más que fantasmas jamás mencionados y no hacía falta decir que no había una sola imagen de estos tres juntos.

Merlín no permita que la aristocracia mágica sea vista como algo más que seres perfectos, solo ahí para cumplir sus papeles de señores, tener un heredero y morir en el silencio de una gran habitación con sus hijos contando los segundos para verlos esfumarse de sus vidas.

Harry sabía por las actitudes de Draco que la adoración hacia sus padres venía de una necesidad de atención por parte de estos profundamente arraigada en su ser. Draco no quería nada más que ser el centro de atención de sus padres por algo que no fuera ser el heredero Malfoy o el sangre pura perfecto, pero ser uno era la única manera de conseguir dicha atención.

Draco tenía que ser un Malfoy, antes que una persona. Un heredero, antes que un hijo. Un Sangre Pura, antes que un mago.

Toda sociedad tenía sus falencias, prejuicios y culpas, y entristecía enormemente a Harry el recordar al niño de once años tan preocupado y estresado por el amor y atención de sus padres que no sabía ser otra cosa que un mini adulto perjudicado por los prejuicios que le fueron enseñados incluso antes que respirar.

Si hay algo que tanto la Oscuridad como la Luz pecaban en el Mundo Mágico, era el presionar a sus hijos a ser como ellos desde el momento en que nacían: listos para juzgar al otro con solo verlo, desde el color en los bordes de una túnica hasta la sangre de la que venían. Se encasillaban en sus etiquetas de Luz u Oscuridad tanto que inclusive familias enteras podían ser rotas por simplemente ser clasificado en otra Casa o atreverse a ser amigo de la Casa enemiga.

Lo que comenzó como un sistema clasificatorio de alumnos para que cuatro grandes magos pudieran dividirlos entre sí, acabo como el núcleo de una sociedad discriminatoria y nepotista. Y hoy no era más que motivo de estrés para niños de once años, capaz de reducirlos a crisis nerviosas y lágrimas por el miedo de no pertenecer a la Casa de sus familias y perderlas al ser clasificados en otro lado.

Estuviera Draco listo para admitirlo o no, su familia era un gran motivo de estrés y preocupación para su amigo. Sobre todo, porque Harry sabía que sus padres no se tomaron bien la falta de voluntad y emoción de Draco para unirse a los Mortífagos, con este deslizando una sola carta de adiós en la habitación de estos y acabando por llorar en silencio durante semanas en la Mansión Flamel.

Por primera vez Draco había tomado una decisión en contra de los deseos de sus padres, y meses después esto aún lo perseguía haciéndole permanecer despierto en medio de la noche y en silencio, observando las estrellas que le recordaban a su madre o las viejas posesiones del imperio romano en la mansión que gritaban el nombre de su padre. Era la tristeza en sus ojos al observar viejas reliquias mágicas en una de las pocas elegantemente decoradas habitaciones en los Flamel o la elegancia que Perenelle irradiaba al cuidar sus invernaderos.

Le recordaba demasiado a la familia que Draco estaba dejando atrás. Familia que Harry estaba visitando, pero no para ver a los Malfoy. Harry estaba aquí, le gustara o no, para encontrar a Voldemort y tener una conversación que preferiría evitar.

Solo que desde la última vez que estuvo aquí, Voldemort decidió cambiar de lugar su despacho y habitaciones, y esta Mansión era demasiado malditamente grande para su propio bien ¿de que servía vivir en un lugar así si tomaba media hora de caminata el ir de un punto a otro?

Sin mencionar que Harry debía de estar evitando gente cada cinco segundos, la mayoría de los cuales reconoció eran personas del Callejón Knockturn o Mortífagos repletos de pergaminos y papeles yendo con prisas de un lugar a otro y viéndose como si no hubieran dormido en semanas.

Harry se preguntó si había algo así como un sindicato para seguidores de señores oscuros sobreexplotados en trabajo. Quizás los Mortífagos se unirían y juntarían firmas para exigir solo ocho horas de trabajo al día, no más de tres redadas semanales y ¿Cree que un sueldo mínimo ha de ser posible, mi Señor? Probablemente acabaría con más de una persona bajo un crucio, algunos desmembramientos y un par menos de mortífagos.

Cuando Harry logró encontrar por fin donde Riddle había decidido mudarse dentro de la Mansión Malfoy, se sorprendió de sentir la oficina de Voldemort, y la habitación junto a esta, vacía de la presencia del Señor Oscuro al que buscaba. Cuando empujó las puertas excesivamente grandes y entró, se encontró con un par de enormes ojos brillantes y orejas con forma de murciélago que se veía tan sorprendido de verlo como Harry a él.

— ¿Harry Potter? —chilló el elfo doméstico y el cerebro de Harry se estremeció ante el tono agudo.

—Shhhh —trató de silenciar al elfo cuando este se acercó excitado a Harry con un balbuceo constante de "Gran Harry Potter, Señor, Dobby está conociendo al Gran Harry Potter"

» Encantado de conocerte también, Dobby —dijo Harry, y el elfo procedió a chillar sobre la maravillosa amabilidad de Harry.

Viendo que estaba cerca de provocarle al pobre elfo un ataque de nervios, Harry se arrodilló junto al mismo y lo tomó de los hombros para tranquilizarlo y obligarlo a ver a Harry a los ojos.

—Sabes dónde está To… el Señor Oscuro, ¿Dobby? —Preguntó Harry, corrigiéndose sobre la marcha para no soltar el nombre de Voldemort, estaba seguro que el bastardo loco no apreciaría que Harry les diera su nombre a los elfos domésticos de Malfoy… o a cualquier otro ser viviente.

— El Gran Harry Potter, Señor, ¿quiere ver al Maestro Oscuro? —exclamó Dobby, y Harry casi se ahoga ante el término "Maestro Oscuro" sonaba demasiado a algo sacado de una película de Star Wars — Harry Potter no puede ver al Maestro Oscuro, Señor Harry Potter. Es peligroso y el Maestro Oscuro está en una reunión fuera.

Por un momento Harry se enterneció ante el elfo domestico tratando de sacarlo fuera de la oficina de Voldemort, pero sin querer arriesgarse a que el elfo lo desapareciera fuera, Harry se aseguró de calmar a Dobby de sus preocupaciones y prometerle que estaría a salvo durante unos buenos diez minutos.

—Además, necesitó que me ayudes en otra cosa —dijo Harry, tomando nota de la extraña fijación y adoración del héroe por parte del elfo hacia él.

Dobby asintió ansioso y prometió ayudar a Harry con lo que fuera, con sus ojos abriéndose aún más grandes y brillantes.

—¿Crees que puedes preguntar un par de cosas a los demás elfos por mí?

Harry ya llevaba una hora sentado en la silla de Tom y el Señor Voy-A-Hacer-A-Todos-Temer-Mi-Nombre aún no aparecía. Dobby le había traído a Harry té y galletas, y casi había sufrido otro ataque cuando Harry le dio un par de galletas.

La situación dejó a Harry maldiciendo a todos los sangres puras y sosteniendo a Dobby para evitar que el elfo domestico se hiciera más daño. Harry acabó por convencerlo de que fuera a hacer las preguntas a los otros elfos de los Malfoy que le pidió, ya que Harry tenía el presentimiento de que su falta de trato duro hacia el elfo estaba provocando la necesidad de castigo en Dobby.

Una vez solo en la oficina, Harry se dedicó a investigar y curiosear en todas las cosas de Tom, cosa que no había hecho frente a Dobby por temor a que al elfo le hubieran ordenado cuidar o proteger todo aquí. Encontró como nueve objetos malditos increíblemente interesantes, hizo copias de al menos dos docenas de los libros en el lugar y se frustró increíblemente al no poder encontrar ningún indicio de los Horrocrux en la habitación.

Pero el maldito Tom Riddle aún no aparecía. Dejando a Harry teniendo que controlarse para no desordenar y destruir todo el lugar y luego desaparecer en un intento de molestar a Voldemort.

Para estas instancias Harry incluso había conocido a Nagini, no habiendo visto antes a la serpiente debido a que Voldemort parecía querer mantenerla fuera de la vista de Harry.

Nagini había entrado siseando sobre presas escurridizas y maestros olvidadizos que no le daba mejores presas, y para ser una serpiente mortífera, había tardado un rato en notar a Harry sentado en la silla de Tom.

La serpiente levantó su enorme cabeza y sacó su lengua en la dirección general de Harry, olfateando el aire.

Hueles como el Maestro —le siseó Nagini, acercándose a Harry y elevándose sobre la silla y alrededor de esta para estar cara a cara con Harry, pero aún lo suficientemente lejos como para atacar— ¿Quién eres?

Asegurándose de no inmutarse y mirando a la serpiente con ojos muertos, Harry sonrió levemente antes de decir:

Soy nadie.

Nagini se deslizó un poco más cerca, ladeando la cabeza en confusión sin entender a lo que Harry se refería.

Todos somos alguien —le dijo, sonando casi enojada ante las palabras de Harry— Yo soy Nagini.

Pero todos somos nadie para otras personas. —Confundió a la serpiente aún más Harry, sonriendo ante el siseo enojado que esta le soltó.

Eres algo —replicó Nagini, sonando como si le hablara a un niño—, eres una cría humana y yo una serpiente, pequeña cría.

Nagini se alejó de Harry, deslizándose hacia la chimenea a un costado y enrollándose frente al calor de la misma.

Harry esperó a que Nagini volviera su cabeza hacia él, perdiendo su sonrisa rápidamente y mirando a la serpiente con ojos brillantes en magia antes de decir:

¿Soy yo? —le preguntó, refiriéndose a la clasificación de Harry como una cría.

Nagini se encrespó, perdiendo su postura relajada y observando a Harry congelada en su lugar ante la mirada y magia del otro.

Sabes… —comentó Harry, ya cansado de ver a la mascota de Voldemort— el único contacto que he tenido con otras serpientes ha sido a través de ingredientes para pociones ¿Quieres probar?

Nagini le siseó a Harry, amenazante y en advertencia, para luego desenrollarse y abandonar la habitación a una velocidad vertiginosa.

Tom Riddle se apareció justo para observar el comentario de Harry y ver la cola en retirada de su Nagini. Riddle miró a Harry con ojos que prometieron la muerte, antes de que su cerebro se pusiera al día con lo que presenció.

—¿Hablas parsel? —escupió incrédulo, sintiendo algo entre el pavor y la ira con lo que eso podía significar.

Harry solo levantó una ceja y miró a Riddle en silencio ante la estupidez innecesaria en su pregunta.

Voldemort rodó los ojos cuando Harry siguió sin responderle.

Fuera de mi silla —Siseó Voldemort, agitando una mano casualmente y volteando la silla tras su escritorio en el aire, arrojando a Harry al piso y sentándose majestuosamente una vez que la silla estuvo de nuevo en su lugar.

Harry tropezó un poco con sus propios pies ante el súbito movimiento y se movió para sentarse en el sofá al lado de la chimenea, buscando estar un poco más alejado de Riddle que la silla frente al escritorio del Señor Oscuro.

—¿Qué haces aquí, Potter? —Voldemort escupió su nombre de entre sus labios de la misma manera que un sacerdote escupiría la palabra hereje— Pensé que no ibas a involucrarte en esta guerra, ni mucho menos que dignarías a Gran Bretaña con tu presencia encantadora.

—AWWWW —Chilló Harry, porque nunca perdería la oportunidad de molestar al imbécil — ¿Me encuentras encantadora, Tom? Que halago.

Harry se tiró al suelo desde el sofá, esquivando por poco el brillante hechizo rojo que Voldemort envió en su dirección sin pestañear.

—Tranquilo —dijo Harry levantándose, y silbó impresionado ante la quemadura enorme que el Crucio dejó en la pared—, primero invítame a cenar antes de pasar a la parte dura por lo menos.

Sin mostrarse preocupado, Harry esquivó los siguientes tres hechizos que Voldemort le envió. Puede que con Eider hubiese aprendido modales y endulzar a la gente, pero el mago francés también le enseñó a desequilibrar y enfurecer a las personas en tres oraciones o menos.

Eider había usado a Kairós como un buen ejemplo práctico, irritando, molestando, burlándose y pinchando al griego sin reparos hasta que el pobre tipo decidió que era mejor mantenerse alejado por un par de semanas, sobre todo cuando la tarea de Harry consistía en molestarlo también. Durante los dos meses posteriores a eso, la sola visión de Eider o Harry provocó que Kairós corriera en la dirección contraria a ambos.

Harry se acercó al escritorio de Riddle y colocó sobre el mismo una figurilla de un gato de cerámica de un color rosa horrible sobre el mismo. Voldemort miró la figurilla con un horror apenas velado, la estatuilla destacaba atrozmente con toda la decoración elegante y oscura del lugar y se veía cómica junto a la presencia del hombre más temido en Gran Bretaña.

— Traje un pequeño regalo —dijo Harry —un sapo rosa que solía pasar sus días en el Ministerio, habrás oído sobre su ausencia —Harry sonrió amablemente y aparto la pieza del alcance de Voldemort cuando el mismo trato de tomarla.

» Yo no haría eso si fuera tú, al menos que quieras el cadáver de Umbridge sobre tu escritorio. Está encantada para expandirse al toque de tu magia.

Voldemort alzó una ceja en desafío ante las palabras de Harry y entendió la mano con la palma hacia arriba en una orden silenciosa, Harry le miró como si estuviera loco, pero no dudo en soltar la pieza rosa sobre la mano del hombre y retroceder rápidamente esperando ver el cadáver de Umbridge caer sobre el escritorio.

Pero nada paso, la pieza siguió en su forma de gato siendo sostenida por el Señor Oscuro y Harry se quitó sus gafas para observar que carajos estaba haciendo Voldemort que evitaba la transformación de la misma.

Observando el fino y absoluto control que Voldemort aplicaba sobre su propia magia, Harry silbó impresionada ante la poderosa y asombrosa muestra de control que Riddle demostraba. Controlar la magia de uno mismo era difícil, era el principal motivo por el que los magos usaban varitas y por qué la magia sin varita era tan difícil de aprender. Pero aquí estaba Voldemort, con un control tan impresionante sobre su magia que lograba contenerla apretadamente sobre sí mismo y no liberar ni un atisbo de la misma más allá de su núcleo.

Era algo casi imposible de lograr, dada la cantidad de magia que poseía Riddle y el nivel de disciplina y conexión con su magia que uno necesitaría para hacer eso. La estatuilla no cambiaba porque Riddle estaba controlando tan bien su magia que la estatuilla no podía sentir la misma, aunque estaba siendo sostenida por el mismo. Sinceramente, Riddle podría usar tecnología muggle y la misma no reaccionaria mal o explotaría como normalmente era el caso.

Riddle le dedicó una pequeña sonrisa arrogante ante el notable asombro de Harry y este borró cualquier rastró de fascinación en su rostro y volvió a colocarse las gafas en su lugar.

—Fascinante —dijo Harry fríamente, robándole la oportunidad a Riddle para referirse a la maravilla de Harry o burlarse de la misma. Mostrando que no le importaba admitirla.

» Tu control y conexión con tu magia son grandiosas, si —continuó Harry, como si comentara sobre el clima. La sonrisa de Riddle se borró de su rostro—. Pero volviendo al tema del porque estoy aquí, el Ministerio y la Orden hicieron el movimiento equivocado y no soy alguien para tomar las ofensas tranquilo.

Voldemort le miró confundido al principio, pero luego la realización cruzó sobre su rostro y se inclinó más cómodamente sobre su silla mientras observaba a Harry con interés.

— ¿Es el ataque a Knockturn lo que te molesta? Si hubiese sabido que solo debía de destruir ese sucio callejón para provocarte así, Potter, quizás lo hubiese incendiado yo mismo mucho tiempo antes. —Pinchó Riddle, siendo tan eficaz como Harry para enardecer a otro.

— Cuidaría cuidadosamente tus palabras si fuera tú, Riddle, o lo único que terminará en cenizas será este lugar —Harry espetó furioso al otro, acercándose y deseando saltar sobre el escritorio para golpear al Slytherin infernal.

—¿Quién dijo algo sobre las cenizas? —preguntó Riddle, sonriendo ante la confirmación de lo que ya sabía. Que sin dudas fue Harry quien había reducido el callejón a nada más que polvo y cenizas tras el ataque.

Se miraron uno al otro en silencio, con Harry no queriendo admitir lo obvio y Riddle disfrutando de la furia silenciosa en Harry.

Pero luego de unos momentos, Riddle adquirió cierta apariencia de contemplación sobre él, como si notara algo o hubiese llegado a alguna conclusión importante.

— ¿Por qué te preocupa tanto ese lugar? —preguntó Riddle, con el hambre por conocimiento haciéndose notoria— No es el lugar físico, o hubieses vuelto más seguido, quizás para impedir el saqueo de las tiendas de esos gemelos tuyos.

Riddle movió desdeñosamente una mano en dirección de Harry, cuando el otro abrió la boca para intentar contradecirlo.

—Hay algo más en todo esto —espetó Riddle, poniéndose de pie y avanzando hacia Harry con paso decidido y depredador, haciendo uso de su altura para mirarlo desde arriba una vez que se paró frente él — ¿Qué había, Harry Potter, en Knockturn que podría provocarte así? ¿Qué escondía ese lugar que un ataque directo te llevó a rebajar el lugar a polvo para esconderlo?

Riddle tenía todos los datos bien, pero los motivos incorrectos. Harry no redujo a Knockturn a cenizas para proteger algo, fue su desesperación e ira lo que provocaron que su magia estallara y acabara con todo, en sintonía con la tristeza y necesidad de venganza, de destrucción que Harry había estado sintiendo.

Harry volteó la cabeza, sin mirar a Riddle para no mostrarle ninguna emoción al otro. Los magos habían atacado a Knockturn, pero fue Harry quien convirtió el lugar a la nada sin saberlo, provocando que cualquier posibilidad para Knockturn de recuperarse de dicho ataque, aunque sea para que los negocios se reconstruyeran o las viviendas se reparara, fueran nulas.

Porque en su interior, en ese momento de absoluta agonía y desesperación al ver la piedra matriz en Knockturn siendo destruida, Harry lo supo. Supo que no había ninguna posibilidad de devolver a Knockturn, cualquier intento seria en vano, y cualquier Sala que los magos reconstruyeran tomaría siglos para adquirir algún vestigio de sensibilidad y aun así no sería Knockturn, nunca el mismo. Sería otra sala, para nada parecida, regida por diferentes magos y con diferentes propósitos.

Entonces prefirió ver el callejón reducido a la nada, que permitir cualquier reconstrucción en el mismo y que otra Sala tomará el lugar de Knockturn. Prefirió dejar solo un páramo, un desierto de cenizas donde Knockturn había estado, reflejando su ira, su perdida y dolor por su Faðir, que permitirles a los magos alzar algo nuevo en el callejón como si nada hubiese sucedido.

En cierto sentido, el páramo maldito que había dejado Harry en Knockturn era un monumento. Un sitio marcado para que ningún mago pueda erigir algo en ese lugar por la eternidad.

La magia era demasiado buena para destruir, y todavía más para hacer desaparecer cualquier rastro de su devastación con solo unas palabras y haciendo crecer algo bonito y nuevo sobre esta. Harry quería que los magos nunca olvidaran lo que hicieron, y se aseguró de eso.

—Deja de distraerme —le siseó Harry a la cara, colocando sus manos sobre el pecho de Riddle y empujándolo hacia atrás, lejos de él.

Riddle retrocedió del espacio personal de Harry, y se apoyó contra su escritorio sin apartar la mirada.

—Tan poderoso —comentó Tom, refiriéndose al uso de magia de Harry, a su Vista o a que Magia le había llamado Kappi frente a Riddle—, pero tan estúpidamente temperamental aún.

Harry respiró profundo, conteniéndose para no caer en la obvia trampa a la que Riddle le estaba dirigiendo. Recordando de repente porque se había ido de Gran Bretaña y porque no soportaba al bastardo, pero había venido aquí sabiendo eso y no podía meterse en la guerra contra la Luz sin mencionárselo a Riddle ya que, le gustara o no, necesitaba al imbécil Señor Oscuro de su lado.

—Tú y yo necesitamos hablar y lo sabes —dijo Harry, e ignoró la mirada de incredulidad que Voldemort le envió, sabiendo cuál de los dos era el que se había retirado de la frágil alianza que habían sostenido.

—¿Y por qué crees que debería escucharte? —le dijo Riddle, jugando fríamente con el horrible gato mágico de cerámica. Viéndose como si quisiera romperlo contra el suelo y ver como se vería el cuerpo de Umbridge luego de eso.

Harry se obligó a respirar profundo de nuevo, y repasar mentalmente su lista de porque estaba haciendo esto.

Seré honesto, te odio —le dijo Harry a Voldemort, mirando al mago de ojos rojos con una expresión aburrida que no reflejaba las palabras dichas— o más bien debo odiarte ¿no es así? Mataste a mis padres, aterrorizas a Gran Bretaña Mágica como ningún Boggart puede, y eres un bastardo de sangre fría que decidió abandonar cualquier alianza que hubiéramos formado cuando sabías que necesitaba tu ayuda para los gemelos y hubieses ganado mucho, demasiado, al ayudarme.

Con cada palabra dicha, Riddle parecía erizarse más y más, con un ceño feroz tomando camino a través de su rostro y los ojos carmesí brillando en conjunto con su fría magia filtrándose en el ambiente. Voldemort abrió la boca para seguramente rostizar a Harry en un debate verbal, pero Harry continuó hablando antes de que el Señor Oscuro pudiera.

—Pero odio más al Ministerio Mágico y Dumbledore de lo que nunca lograre odiarte —espetó rápidamente, con las palabras dichas rápidamente y dejando un sabor amargo en su boca—, y los voy a destruir, voy a acabar con hasta el último de ellos y hacerles pagar por su estupidez.

Harry sujetó su propia magia cuidadosamente, porque esta estaba ansiosa de soltarse y destruir en respuesta a las emociones que sentía y lo último que necesitaba era a Voldemort enojado con él por quemar un ridículo tapiz sangre pura de doscientos años o algún mueble perteneciente al antepasado del antepasado de algún Malfoy perdido en la historia.

Y voy a lograrlo —continuó Harry, siseando en parsel esas únicas palabras—, contigo o sin ti en esto, pero lo que no voy a hacer es hacerme cargo del desastre que quedara después.

El silencio se extendió entre ambos, Voldemort le miró con la cara vacía de emociones, para nada impresionado con la diatriba de Harry.

— ¿Estas insinuando mocoso que simplemente quieres destruir a la Luz y entregarme Gran Bretaña en bandeja de plata? —le preguntó Riddle, su voz goteando sarcasmo e incredulidad, como si no pudiese pensar en porque alguien no querría gobernar sobre Gran Bretaña.

La cara de Harry expresaba todo el asco que la idea de liderar a los magos y su falta de lógica, prejuicios y estupidez le generaba.

—¿Estás loco? —preguntó Harry incrédulo— No respondas a eso, lo estas ¿Por qué querría hacerme cargo de un lugar como este? Además, papeleo, política y burocracia, no gracias. No me veras cerca de este lío infernal de sociedad estancada ni que fuera el último lugar con civilización en el mundo.

— ¿Me crees tonto? —le dijo Voldemort, separándose de su escritorio y asomándose de nuevo hacia Harry. Siendo tan dramático como siempre, Riddle no se detuvo hasta pinchar en el medio de su pecho con un dedo de manera irritante— ¿Acaso me parezco a alguno de esos tontos adolescentes que te siguen o esos gemelos tuyos, Potter? Puedes engañar a los demás, pero puedo ver detrás de esa sonrisa gentil que te gusta poner.

» Hay algo más en todo esto, no vas a engañarme al hacer el papel de juvenil despistado.

Harry alejó el dedo de Riddle con un manotazo y se aseguró su distancia al lanzar un poco de su magia en la mano de Riddle al golpearlo. El Señor Oscuro retrocedió como si hubiera sido electrocutado, mirando su mano con ojos oscuros por pupilas dilatas, fascinado al notar su propia magia retroceder de su mano por lo que sea que Potter le hizo.

Riddle miró la falta de magia en su mano, y sonrió por el hambre y la codicia que podía sentir rugir dentro suyo. El pequeño truco de Potter le recordó a cuando la pequeña bestia le impidió conseguir la piedra filosofal, y junto a ello el por qué había tolerado y luego aceptado el pequeño intento de alianza del adolescente.

Pero eso no le quitaba importancia al porque habida descartado a Potter luego. Potter era una potencia mágica en términos de poder y hasta inclusive en habilidad, pero aún era un niño, ingenuo e impaciente en lo que quería y como lo conseguiría, nada que Voldemort podía tomarse la molestia de enseñar mejor.

Por eso había abandonado el pequeño juego de tregua que el mocoso había propuesto, y por lo que podía ver ahora y lo que presenció en Knockturn, había valido la pena apostar por el crecimiento y fortalecimiento del mocoso al enfrentarse a la adversidad.

La pequeña bestia había aprendido a sacar garras y dientes, aún quedaba por verse si aprendió a cazar apropiadamente.

—Fascinante —dijo Voldemort mientras movía su mano tratando de recuperar algo de sensibilidad en esta, nunca uno para ignorar lo desconocido y mucho menos para perder la oportunidad de aprender de ello—, interrumpiste el circuito de mi magia al enviar una carga de la tuya en los puntos importantes de la misma.

El Señor Oscuro observó a Potter fruncir el ceño, divertido al notar la molestia del joven mago porque había descubierto cómo funcionaba su habilidad tan rápidamente.

—Tu intento por distraerme de los asuntos apremiantes es notable, Potter, pero ineficiente —proclamó Voldemort, y una mueca de dolor cruzó el rostro de Potter.

—Por Merlín —el adolescente se quejó—, ¿No sabes hablar de una manera que no te haga parecer como un viejo profesor aristocrático? Me duele la cabeza de solo escucharte.

Potter —Siseo Riddle—, deja de eludir mi pregunta ¿Qué sacaras de todo esto?

—BIEN —Gritó Harry, harto de la insistencia de Riddle— No necesito la Gran Bretaña Mágica, no me interesa, es obsoleta ¿Contento? Me es innecesaria.

» Ya tengo algo en mis manos mucho más grande lo que este lugar nunca será.

—¿Innecesaria? ¿Obsoleta? —Voldemort boqueó sorprendido— ¿Qué podrías tener para dejar de lado el poder?

Harry se alejó aún mas de Riddle y se sentó en uno de los sillones frente a la gran chimenea, ya agotado por toda la charla y las idas y vueltas que el Señor Oscuro provocaba.

— Me imagino que conoces Talionis ¿No es así? —Harry le preguntó a Riddle, divertido por lograr ver los ojos del Señor Oscuro más temido de todos los tiempos agrandarse por la sorpresa de esa manera— Debes de conocerlo ¿No? Después de todo has estado solicitando una reunión con nosotros desde hace bastante tiempo.

» Felicidades, señor Riddle, soy Niu y en nombre de Talionis nos deseó una gran asociación.

Ah, el horror absoluto y la sorpresa incrédula eran fascinantes de ver en Riddle. Harry iba a divertirse mucho con esto.

Harry regresó al Bar de Eider con un dolor de cabeza catastrófico, ganas de dormir por tres días seguidos y preocupaciones suficientes para no lograr hacerlo. Salió de la puerta que había conducido a la ubicación más cercana a la Mansión Malfoy y se dirigió a través del departamento, hasta la trastienda y directo a sentarse a la barra en el bar.

Tomo asiento al lado de una frenética Hermione que no dejaba de murmurar y maldecir mientras escribía en esa libreta suya llena de notas y colores que le daba escalofríos a Harry el solo pensar en abrirla y mucho menos el leer lo que estaba adentro. Prefería poder decir que no era participe en ningún asesinato o intento de dominación mundial que a Hermione tuviera anotado ahí.

— ¿Y los demás? —preguntó Harry mientras se aflojaba la maldita corbata y se la sacaba de su cuello, odiaba esas cosas.

— Luna y Aidan están con Perenelle en ese invernadero espeluznante que la Señora Flamel tiene, los gemelos están armando nuevas bromas en su lugar en Diagon que les ayudaste a conseguir, Draco salió a ese distrito compras muggle al que le gusta ir en secreto y cree que no conocemos (estoy segura de que Flamel está con él) y Kairós está siendo un masoquista persiguiendo a Eider mientras organiza las salas de reuniones del bar.

Hermione le dijo todo eso sin dejar de escribir furiosamente en su libreta con una mano y tomando tragos de café con la otra entre oraciones.

— ¿Los gemelos?

— En la Mansión Flamel, Severus fue a visitarlos o mejor dicho fue a hacer pociones con Darrius y aprovechar la oportunidad de observarlo sin parecer espeluznante.

—Asqueroso —dijo Harry, frunciendo la nariz en disgusto— no quiera saber de la vida amorosa de mis pseudo-padres Mione, Iugh.

Hermione rodó los ojos exasperada ante la expresión infantil de Harry, dejó su café y se pasó una mano nerviosamente a través de su cabello corto.

—Entonces te aconsejó salir de aquí porque Feodras tiene una cita con Perenelle y Nicholas en menos de una hora y van a reunirse aquí para tomar una puerta a alguna ciudad de Alemania.

— ¿ELLOS QUE? —se sorprendió Harry y medió grito con su voz quebrándose en esa nota alta típica de su edad. Merlín, no lo último que quería era imágenes mentales de esos tres siendo asquerosos juntos.

» Eso es todo, me estoy yendo ¿Sabes dónde está Cedric?

—Biblioteca —dijo Hermione y solo porque podía se burló un poco de Harry diciendo: —Si tanto querías ver a tu pequeño enamoramiento, hubieras comenzado por ahí Harry.

Harry la ignoró resueltamente y procedió a caminar rápidamente de nuevo hacia la trastienda para subir hasta la pequeña biblioteca en el departamento de Eider arriba. Si había un rubor en sus mejillas, Hermione se mofó de eso hasta que salió de su rango de audición.

Cedric si estaba en la biblioteca, sentado en un sofá con la luz de las velas en el lugar iluminándolo en un tono ámbar casi como oro líquido, mientras leía con una expresión relajada que rara vez lograba observar en el Hufflepuff. Harry se sentía culpable por interrumpir y estaba a punto de darse la vuelta cuando el Hufflepuff pareció notarlo y levantó la mirada hacia él.

Una gran sonrisa apareció en el rostro de Cedric inmediatamente al verlo y Harry se obligó a no observar los dientes blancos y perfectos del otro fijamente.

—Hey —saludo Harry.

—Harry ¿Cómo te fue? —preguntó Cedric, notando la apariencia cansada de Harry, la falta de corbata y el hecho de que el mago más joven estaba a medio camino de deshacerse de sus zapatos formales.

— Horrible —se quejó Harry— los Señores Oscuros son dramáticos como la mierda, Cedric, mantente lejos de ellos.

—No que esté buscando uno normalmente, Harry, pero apreció la advertencia —se divirtió el Hufflepuff mientras Harry se sentaba cerca suyo en el sofá. Si sentar podía definirse como prácticamente acostarse sobre este y dejando sus pies a través del regazo del tejón.

—Lo digo en serio, lo hubieses visto. Todo con su lenguaje refinado y sus frases largas y su manera burlona de decir "Potter" "¿Acaso desafías mi grandeza Potter?" "¿Dudas de mi habilidad para conquistarlo todo, poner sangres puras de rodillas y aterrorizar niños? ¡¿POTTER?!"

Para este punto, Cedric no era más que un manojo caótico de risitas descontroladas, doblándose alrededor de las piernas de Harry mientras este imitaba la voz de Tom Riddle y los movimientos de brazos al manejar su varita en los duelos por los que Voldemort era famoso.

Si Harry se aseguró de exagerar aún más y luego proceder a contarle a Cedric sobre las aventuras que Sirius y Remus tenían alrededor del mundo solo para ver al Hufflepuff sonreír y reírse más, no tenía por qué decírselo a nadie.

Solo eran ellos dos en la pequeña biblioteca, pasando un rato como si no hubiese una guerra esperando afuera, o expectativas ridículas impuestas por otros. Eran adolescentes, relajándose juntos y apreciando el momento de paz más que cualquier otra persona de su edad jamás podría.

***...***

No me hago responsable de ninguna pérdida de neuronas, o sangrado ocular debido a mi falta de revisión, pero siéntanse libres de comentar cualquier falta que noten aquí mismo.

Siento la demora para volver a publicar, pero he pasado este tiempo convenciéndome a mí misma de no borrar este fic y debatiendo contra mi propia mente de que este fic no es un desastre de trama tonta (todavía).

Para aclarar otra cosa: el Tomarry vendrá, pero no todavía. Harry es joven y un adolescente terco que es un desastre que aún está a año luz de ver a Tom como otra cosa que no sea un imbécil bastardo problemático psicópata (lo siento, no lo siento Tom) … Mientras tanto, le empuje un tejón porque todo Slytherin que se respete tuvo, tiene o tendrá un crush en un Hufflepuff, tiene un Hufflebuddy (quien puede ser dicho enamoramiento o no) o soy solo yo proyectando mi amor por la Hufflepuff en mi vida, ustedes verán.

En cuanto a la discusión de Harry con Tom del porque Harry acude a Tom de nuevo por ayuda, siento que le he escrito terriblemente mal o no estoy logrando aclararlo. Primero, Harry quiere prácticamente acabar con el Ministerio de Magia, Dumbledore y cualquiera que se meta en su camino, pero Harry no es tonto por qué, en segundo lugar, si acaba con estos la sociedad mágica se queda sin sus principales líderes y a Harry no le interesa hacerse cargo del agujero de avispas y fuego del infierno literal que es la Gran Bretaña Mágica; y como Tom señala, hay otro motivo por el cual a Harry no le interesa esto y ese es Talionis, la sociedad de información secreta y tratados que Eider maneja que prácticamente está empujando en las manos de Harry para que lo ayude ¿Por qué a Harry le interesaría Gran Bretaña cuando Eider le muestra un mundo mucho más grande? Y casi literalmente dadas las puertas portales que posee Talionis.

Y es por todo esto que Harry se acerca a Tom, literalmente para decirle que está a punto de meterse en esta guerra por sus propios objetivos y que él va a acabar con Dumbledore y el Ministerio y Voldemort tiene que elegir si estar con él para luego hacerse cargo de como sea que Gran Bretaña termine, o contra él y caer junto a Dumbledore.

En fin ¿Teorías, dudas, comentarios, sugerencias, quejas sobre esto?

¡Gracias por leer!

Sepheline.