Camouflage
Capítulo 2: La empleada de bajo perfil que lo sabe todo.
Inuyasha entró a la oficina dándole los buenos días a su progenitora —¿Cómo te encuentras?— preguntó cerrando la puerta detrás suyo
—Hola mi niño— recibió la mujer levantándose para besar su mejilla —Estoy terminando unas facturas ¿Crees que puedas quedarte solo por unas horas? Necesito llevar esto con el contador— cuestionó cuadrando las hojas con golpecitos en la madera
—Seguro mamá, ve tranquila— aceptó el chico tomando un dulce del tazón sobre el escritorio —¿Volverás a la hora de comer?
—Es lo más probable, aunque sí no lo hago puedes pedir algo a domicilio y apuntarlo en la libreta de gastos— Izayoi tomó el portafolio guardando sus papeles —Nos veremos en un rato cariño— a punto de salir de nuevo se giró para verlo —Hay una empleada nueva, su nombre es Kagome. Por favor, si tiene alguna duda ayúdala en lo que puedas ¿De acuerdo?
—Mh— hizo un asentimiento sin mucho interés, a él le importaba poco o nada cualquier empleado.
—Me voy entonces.
—Que te vaya bien— una vez que la mujer salió, Inuyasha tomó asiento en la silla principal, subió las piernas al escritorio sin ninguna preocupación abriendo un juego en su celular.
En la tienda, el piso había sido limpiado y pulido, ahora todos se dedicaban a reorganizar las prendas desdobladas sobre los estantes hasta que Izayoi salió con rumbo a la puerta principal —Señora ¿Se retira ya?
—Si, Hitomiko, quedas a cargo de caja, Inuyasha está en la oficina por si necesitan algo. Nos vemos más tarde muchachos
El personal se inclinó para despedirla respetuosamente, luego todos soltaron un suspiro de alivio al verla subirse en un auto, adoptando una postura más relajada —¿No se te antoja un café?— preguntó Ayame sonriente a la nueva empleada
—¿Comer mientras estamos trabajando está bien? ¿Y si su hijo sale?— se intrigó Kagome. Por supuesto todo ese acto de desconfianza tenía que verse creíble, ella había investigado con anticipación este lugar y a todos sus empleados. Por lo que sabía, cada vez que Inuyasha se quedaba a cargo, ellos prácticamente podrían hacer lo que quisieran cuando la tienda estuviera vacía
—Al joven Inuyasha no le interesa qué hagamos fuera, pocas veces sale de la oficina cuando se queda a cargo. Es por eso que Hitomiko es su comodín— explicó guiándola a un lugar casi invisible de la boutique. Ahí se encontraban todos alrededor de una pequeña mesa —¿Quién pedirá los cafés esta vez?
Todos fingieron demencia en cuanto la pelirroja lanzó su cuestión —Lo haré yo— se ofreció el chico que lucía del otro bando —La última vez que pidieron el café sabía horrible, esta vez he encontrado un lugar fabuloso que no está muy lejos— dijo deslizando su dedo por la pantalla del móvil con rapidez —¿Quieren algo más? Hay muffins, galletas, tartaletas y croissant de mantequilla
—Yo quiero un croissant— apresuró a decir la gruñona recargando su peso en la mesa
—Que sean dos
—Tres
—Pide un croissant para cada uno ¿Estás bien con eso Kagome?— preguntó Koga amablemente
—Eh… Si, claro— terminó por decir —¿Está bien que comamos en horas de trabajo?
—Si está Inuyasha no pasará nada. A él no le interesa— la diva intervino mirándola a la cara —Por cierto, mi nombre es Yura— saludó sonriendo de lado
Ella sonrió de vuelta —Mucho gusto Yura— La joven de ojos color chocolate también la miró recordando la información obtenida sobre ella.
Yura Sakasagami, era empleada de esta tienda desde hacía tres años, su familia provenía de la antigua capital, Kyoto. Sus padres habían sido estrictos en su crianza al punto de agregar un compromiso para ella. A forma de respuesta huyó de casa para instalarse libremente el Tokyo, vivía en un cuarto rentado cerca de la bahía en una casa de huéspedes. Estaba limpia en lo que respectaba a trasfondo. Tenía una personalidad llena de rebeldía, le gustaba hacer comentarios afilados y no tenía ningún problema expresando lo que pensaba. Aunque en general no era mala persona si no te metías en su vida.
—¿Ya estamos con las presentaciones?— cuestionó el muchacho amanerado —Bueno. Yo soy Jakotsu querida, el gurú de moda entre estos mortales. Si alguna vez quieres consejos, no dudes en buscarme, te transmitiré mi sabio conocimiento siempre que lo requieras— hizo el ofrecimiento.
—Lo tendré en cuenta gracias— Kagome amplió su sonrisa hasta que sus ojos se volvieron dos lunas menguantes. Sin embargo, bajo sus párpados se encontraba una mirada analítica que escrutaba al hombre. Sin duda, él fue un pulzze hasta la fecha. Lo había investigado pero solo obtuvo información poco precisa, lo único que sabía de él fue su estado huérfano, creció en una casa hogar hasta los dieciocho para después desaparecer durante tres años de los que no pudo encontrar nada. Había trabajado en esta tienda por cuatro años después de reaparecer mágicamente y nada más.
—Yo soy Hitomiko, nos conocimos ayer— la mujer mayor a todos sonrió amableme poniendo las manos sobre su estómago.
Hitomiko era una mujer solitaria, voluntaria en un albergue donde pasaba su tiempo libre. Había trabajado en este lugar casi desde que se había abierto al público hace poco menos de diez años. Su lugar de origen fue Okinawa, sin embargo había migrado a la capital de Japón tras la muerte de sus padres. Ella también tenía un trasfondo bastante claro y una personalidad agradable.
—Bueno a Koga y a mí creo que nos identificas ya— intervino Ayame —Bien, hoy por ser tu primer día compraremos el café por ti. Mientras esperamos la orden ayúdame a ordenar las blusas por talla— pidió caminando hasta un estante de metal.
La azabache la siguió comenzando a revisar las numeraciones en la etiqueta.
De Ayame no hubo mucho que investigar, era de los objetivos menos complicados en lo que respectaba a historial, su familia había vivido siempre en Tokyo, toda su educación la había tenido aquí y actualmente se encontraba terminando una carrera universitaria que costeaba con el sueldo de este empleo, sus relaciones fueron todas simples, tenía pocos amigos y un interés romántico en Koga, no era de extrañar que la viera tan mal desde que él fue amable con ella —¿De la talla más grande a la más pequeña?
—Si, yo acomodo las tallas pequeñas y tú las grandes, si encuentras una que me toque acomodar me la pasas— Continuaron de esa manera, colgando y pasándose ganchos con esporádicas palabras o asentamientos. No tenía prisa por entablar relaciones, después de todo, sus objetivos principales fueron conocer a fondo el pasado de Jakotsu y acercarse a Inuyasha.
—¡Ayame!— se oyó el grito de un hombre en la lejanía. La aludida rodó los ojos poniendo la prenda en el tubular con fuerza
—Ya vuelvo, continúa acomodando— se retiró con rumbo a la oficina. Probablemente Inuyasha la enviaría a hacer sus encargos típicos. Restándole importancia, continuó su tarea.
—¿Cómo vas?— Koga se acercó a ella sonriendo. Sus ojos azules la observaron de arriba-abajo sin discreción, como un lobo midiendo su presa.
Koga era de su misma edad, tenía una carrera universitaria suspendida, desde que había muerto su padre tuvo que hacerse cargo de sus hermanos y su madre, después de Hitomiko era el empleado más antiguo con siete años en la tienda. No era alguien irresponsable pero tenía fama de ser un Casanova, por lo que investigar a las mujeres con las que se involucró los últimos años resultó ser un dolor de cabeza. Aunque estaba limpio en general, tampoco quería involucrarse demasiado con él, sobre todo porque iba a ganarse la simpatía de Inuyasha y Koga lo detestaba.
—Bien, terminé de arreglar esto— señaló ahuyentando sus pensamientos, ya encontraría una oportunidad de alejarlo eventualmente, por el momento debía ser amable con todos —¿Hay algo más que deba hacer?
—En resumen nuestro trabajo es acomodar y atender a los clientes, vigilar que nadie robe nada ni de los aparadores o en los probadores
—¿Hay probadores?
—Si ¿Ayame no te lo dijo?
—No
—Entonces, permíteme darte el tour por la tienda— le ofreció el brazo caballerosamente. Al parecer el informe era cierto sobre su actitud de conquistador. Una lastima que no le interesara Ayame en absoluto.
Ella iba a rechazar el gesto con tacto hasta que alguien entró por la puerta dándole espacio para ignorarlo de plano —Bienvenida a Iza's— recibió Koga haciendo una reverencia a la clienta recién llegada. Kagome le siguió en el protocolo juntando sus manos a la altura de su vientre —¿En qué puedo servirle señorita?— insistió el muchacho.
—Buenos días, vengo en busca de unos accesorios— respondió sonriente escaneando el lugar con la vista.
—Pase por aquí— hizo un ademán señalando el camino con ambas manos. Al menos en eso si que se encontraba a la altura, el servicio parecía bueno.
Yura pasó a su lado para recibir a la siguiente clienta. De pronto el lugar empezaba a ser concurrido, las compradoras fueron más abundantes al cabo de unos minutos que no tuvo otro remedio de ponerse a atender también.
A pesar de no saber la distribución exacta de los estantes, tenía una buena percepción para identificar objetos en la lejanía y como pudo se las arregló para defenderse ante las preguntas de los clientes. Al final terminó por concretar tres ventas en poco tiempo —Pst, Jakotsu ¿Qué se hace cuando quieren pagar ya?— preguntó en un susurro a su compañero. Él alzó una ceja como si no pudiera creer lo que oía, simplemente señaló la caja donde Hitomiko cobraba —Oh, gracias— guió a sus consumidoras hasta la fila de espera mientras embolsaba sus prendas. Ya que había dicho que la aconsejaría, no pensaba perder la oportunidad de acercarse a él.
—Que hábil eres Kagome, me sorprende que desde tu primer día seas tan activa— señaló Hitomiko cuando se fueron las clientas —Me alegra que te guste el trabajo
—Es solo que tengo algo de experiencia, no es para tanto
—A nosotros nos ayuda mucho— sonrió la mayor —Oh, el café está aquí ¿Puedes recibirlo?— pidió sacando dinero de su pantalón —Gracias
La azabache acudió al encuentro con el repartidor. Tomó la orden yéndose en dirección de la mesita de hacía unos momentos procurando no ser captada por las cámaras de vigilancia, no podía tomarse toda la confianza del mundo solo porque sabía la rutina aquí. Eso sólo la haría sospechosa.
Ayame regresó con bolsas de compras en las manos, no se detuvo caminando hasta la oficina donde se hallaba Inuyasha ¿Cuándo ella sería lo suficientemente confiable como para hacer esos encargos? No le agradaba la idea de ser el mandadero de alguien, sin embargo había hecho demasiadas cosas (actos cuestionables también) en este camino tan espinoso, como para asustarse con un par de encargos.
El día continuó avanzando, entre turnos se tomaron el café para evitar dejar a los clientes solos. La boutique tenía fama e incluso los empleados abordaban a sus clientes frecuentes para orientarlas sobre las nuevas tendencias, era un mecanismo que había tardado en tomar forma y era técnicamente nuevo, sobre todo por la historia detrás de la dueña.
La hora de la comida llegó y con ello el hijo de Izayoi salió dirigiéndose a caja —Hitomiko, Yura, pueden ir a comer— aquello fue más una orden que una opción. Él tomó asiento en el mostrador donde momentos antes estuvo la otra mujer.
Ambas obedecieron yéndose a los cambiadores. Jakotsu tomó a la nueva empleada por el brazo para que le ayudase mientras le mostraba las secciones de la tienda, fue así hasta que él sintió su celular vibrar —Espérame un ratito ¿Si? Si alguien pregunta por mí, diles que fui al sanitario— pidió escabulléndose. Le venía bien hacerle ese favor, si se ganaba su confianza, podría indagar en su pasado las rápido.
Pasaron unos diez minutos antes de que la azabache se rindiera a la curiosidad. Kagome no podía evitar fijarse en Inuyasha, ver al hombre en persona resultó ser diferente a lo que se esperaba en las fotos, por supuesto que ella sabía sobre su cambio de apariencia, cuando era niño no lucia de esa manera.
Con la excusa de arreglar las mal acomodadas carteras del estante a lado de caja, se acercó más, quería hablarle sobre algo, lo que pudiera. Tal con suerte no la enviaría al demonio en el primer intento.
Siguió ordenando de forma estratégica los carterones hasta que sintió una vista pesada en su costado. Sabía a quién pertenecía, al menos lo intuía, nadie de sus nuevos compañeros tenía ese efecto al clavarle su mirada (A pesar de haber sido examinada por todos)
—Hey, Kaname— la llamó esa voz resposa de la mañana. Por alguna razón sintió un cosquilleo por todo el cuerpo sin poder evitarlo, ella estaba a punto de responderle con la mejor sonrisa que tenía hasta que notó algo en particular.
El sonido se desvaneció llevándose la fascinación también, permitiéndole analizar sus dos simples palabras.
¿La acababa de llamar Kaname?
Continuará…
Respondiendo Reviews:
dav.herreras: ¡Hola! Gracias por ser la primera persona en comentar este fic por allá del 2020. Ha pasado un tiempo desde que actualicé. Además elegí volver a escribir la historia para mejorar algunos aspectos. Si aún te paseas por aquí espero que la nueva narración sea de tu agrado. Un saludo.
Moroha: ¡Hola! Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer este pequeño fic. Y bienvenida a esta historia. Espero que siga siendo de tu agrado, pronto tendremos más capítulos. Que te encuentres bien : )
