Camouflage


Capítulo 7: Juramento

Las gotas de lluvia mojaban toda su persona, sin embargo no podía ser menos relevante, cuando estaba a punto de cruzar la calle el semáforo cambió a rojo deteniendo el contingente de personas, sus propios pasos desaceleraron gradualmente, con la cabeza baja. Ni siquiera había ido a clases ese día.

El resto de personas llevaban sombrillas, sin embargo era bien sabido que pocos tenían cabeza para preocuparse por alguien más. Afortunadamente, hubo alguien.

Un hombre se acercó a ella para cubrirla con un paraguas oscuro, cuando ya no sintió las gotas heladas penetrar en sus hombros o cabello, levantó la vista para encarar a su rescatista, sin embargo, ese gesto fue suficiente para vislumbrar la silueta de una persona al otro lado de la calle, idéntica a su padre. Ignorando el transitar de los vehículos echó una carrera estrepitosa hacia la esquina paralela.

El hombre con sombrilla la persiguió consiguiendo que con dos personas en plena calle transitada fuera menos peligroso cruzar. Para ellos al menos, porque de los conductores les llovieron bocinazos y maldiciones por su imprudente comportamiento.

Ella ni siquiera notó a su persecutor antes de abrirse paso bruscamente entre el lote de personas ahora desconcertadas, diciendo entre jadeos "Papá espérame". Él continuó su caza pidiendo disculpas ocasionales a los transeúntes.

Kagome siguió el espejismo sin darse cuenta de que estaba a punto de saltar el parapeto del puente vehicular. Una mano masculina cubierta por un guante la sustuvo con firmeza del brazo. Pudo sentir como unas esquinas duras le hacían daño, regresandola a la realidad. Viró la mirada molesta hacia el que la detuvo intentando zafarse del agarre sin éxito, luego volvió los ojos al frente pero la imagen onírica de su padre ya había desaparecido. En su lugar, un vacío que terminaba en la calle de abajo donde los autos seguían su curso, si saltaba, era seguro que moriría. Estuvo cerca.

Sus ojos se volvieron vidriosos cuando sus piernas cedieron, se derrumbó callendo sobre sus tobillos antes de echarse a llorar. Estaba a punto de volverse loca ¿Era eso?

Inesperadamente, él no la cuestionó, simplemente la ayudó a levantarse después de dejarla llorar, le obsequió la sombrilla y la dejó en la estación del metro más cercana a su casa. Ella lo había interpretado como un ángel que su padre envió para protegerla.

Lo que estaba bastante alejado de la realidad. Si Miroku podía considerarse un ángel, debía ser uno caído, un expulsado del cielo.

Debido a su estado depresivo, Kagome no se esforzaba ni siquiera en ir a la escuela, salía de casa con el uniforme pero deambulaba por las calles sin rumbo fijo, en los parques, en las plazas. Buscando no sabía qué.

Fue entonces cuando Miroku se le acercó mientras se espaciaba en un café del vecindario, podía recordarlo, sobre todo por ese guante de piel negro cubriendo su mano derecha —¿Cómo has estado?— preguntó por cortesía. Ella se negó a responder hundiendo la cabeza entre sus hombros. Que la hubiera salvado no significaba que fuera una buena persona.

Y aunque era cierto que él no podía considerase inofensivo. Fueron sus revelaciones lo que la hicieron verlo bajo una nueva luz. Él dijo —Tu padre no tuvo un accidente— sus palabras estaban al punto. Sólo la mención de su padre la podía hacer prestar verdadera atención.

—¿Qué quieres decir?— indagó con cautela. Aunque era la primera vez que le hablaba, ya tenía información como esa. Esto no era un buen augurio.

Miroku se inclinó hacia adelante, diciendo de forma pausada —Si no me crees, puedes ver el registro del Seguro de vida que le dieron a tu madre. El dinero de su muerte fue cobrado dos días antes de su supuesto accidente— su seriedad era una mueca espeluznante —Si quieres averiguar la verdad. Ven a buscarme en tres días a la estación de Shibuya. Te llevaré a un sitio— luego se levantó del taburete y se fue.

Kagome se quedó pasmada en su asiento dándole mil vueltas a sus pensamientos. No entendía porqué de pronto ese hombre que la salvó venía para darle indicios de que la muerte de Sugino Higurashi pudo ser un asesinato.

Sin poder conciliarse con la idea del accidente después de sus palabras, se atrevió a hurgar en los documentos de su madre por primera vez, encontrando impactante la razón que el desconocido tenía. El seguro de vida se cobró dos días antes de verdad. Aquello le dio un giro de ciento ochenta grados a la perspectiva de lo que ella creía. Sin dudarlo, se saltó otro día de clases para ir a Shibuya.

Miroku la encontró entre la multitud llevándola a un lugar apartado del centro, tomaron varios trenes en circuito antes de ir hacia la estación Myoden. Ahí, se escabulleron hasta un departamento modesto de la zona, él parecía su guía turística mostrándole las supuestas atracciones del vecindario. Luego de ingresar al edificio de vivienda, la invitó a pasar al apartamento, todo estaba cubierto de plástico hermético, lo que no permitía tocar nada en un tecnicismo.

Escaneó aquí y allá con la vista, ella ya había llegado hasta la Sala cuando él se quedó al principio de pasillo conductor a la salida, al no sentir movimiento, se giró para encararlo —Dijiste que me ibas a decir la verdad— aunque su coraje para venir se debía al impacto que representó saber lo del seguro de vida, aún tenía precauciones. Apretó el gas pimienta en el bolsillo de su sudadera y lo miró a los ojos intentando no sentir miedo. Pero ya había venido hasta aquí, no planeaba irse sin respuestas tampoco.

—Me gusta esa mirada tuya— habló aflojándose la corbata en el proceso. Entonces Kagome notó por segunda vez que sólo su mano derecha tenía un guante de cuero, su izquierda estaba al aire sin pretensiones —¿No te gustaría tener un hijo conmigo?— interrogó, su mirada parecía seria al respecto. Kagome vaciló y retrocedió unos pasos lista para atacar al hombre con su atomizador de pimienta.

Miroku la vio tensar la mandíbula y percibió el miedo instintivo en sus ojos. Chascó la lengua un par de veces antes de caminar hacia ella —Veo que hará bastante falta pulir ese miedo que aún te invade ante lo desconocido— susurró pasando a su alrededor. Delante de ella, sacó un escritorio con pizarrón plegable como el que solían usar los niños que aprendían a escribir, solo que este lienzo blanco estaba cubierto por fotos y líneas que conectaban datos con las imágenes. Un puzzle para quien no estuviera lo suficiente informado.

Lo único que ella reconoció de ese esquema complejo, fue la fotografía de su progenitor, tomada seguramente el mismo día de su accidente, pues llevaba el mismo traje con el que lo vio salir de casa esa vez. Corrió hacia el diagrama sintiendo sus ojos humedecerse por enésima ocasión.

Ella simplemente no podía superar su muerte, ella no estaba lista para olvidarse del padre amoroso que la acompaño por tantos años, que esperaba un día verla graduarse de la Universidad, con un doctorado, con una casa propia, que él también deseaba entregar a su futuro marido y consentir a sus nietos. Ella no quería.

—Papá…— musitó en voz ahogada.

Miroku la observó, era esta clase de quiebre lo que llevó a él y su organización a reclutarla. Al principio, cuando investigaron sus precedentes, se dieron cuenta de que era una niña mimada, educada con buenas maneras y respetuosas ideologías. Al principio estaba escéptico de traerla a su lado, sin embargo, nada fue más afectivo a la hora de entregarse en una misión que el odio desmedido, incluso él mismo se alentaba todos los días por el mismo motivo. Podía admitir que no tenía ninguna buena intención ni lo hacía por fines meramente altruistas. La necesitaba, porque su última compañera había desaparecido un día (por no decir que tuvo un final desagradable). Si todo marchaba bien, Kagome iba a ser un remplazo.

—¿Por qué tienes esta foto?— preguntó entonces. Viendo la cara de ese hombre sin darse cuenta de que sus ojos comenzaban a albergar intenciones de odio.

Él se recargó en el sofá aledaño antes de pronunciar —Además de tu padre ¿A quién reconoces de ahí? — incitó.

La joven nuevamente revisó los nombres con imágenes y vio un uno en específico. Naraku Sata. Este tipo era el compañero de su padre en la burocracia. Ambos se encargaban de las gestiones ecológicas por lo que llegó a verlo un par de ocasiones. Ahora con más atención, relacionó las líneas y los eventos descritos brevemente, aunque no conocía ninguno de los otros nombres involucrados se encontró con otra noticia descomunal.

Todas las flechas apuntaban a un solo hecho. Naraku Sata había difamado a su padre antes de cobrar su seguro de vida y arruinar los frenos de su auto. Además había sobornado a los peritos para encubrir sus fechorías declarándolo como un accidente.

—¿Qué?— susurró releyendo las líneas sobre la pizarra, paseando sus ojos en todo el esquema. Un abismo se abrió cuando se dio cuenta de que su madre probablemente intuía esto, sería la misma razón por la cual no les dijo nada del seguro de vida a ella y su hermano menor.

Así, él consiguió una aliada ese día y Kagome hizo su juramento de venganza.

Hoy, igual que entonces, Miroku la cubría de la lluvia con una sombrilla negra.

Él era un hombre bastante peculiar, tenía un aura simple que lo hacía pasar desapercibido cuando estaba en silencio, sin embargo era más que un experto en cuanto al discurso florido y galante, con el don del gab innato. Una mezcla bastante peculiar dentro de un estafador, sin embargo, el perfecto equilibrio para engatusar o desaparecer según lo requiriese la ocasión.

—Vamos a infiltrarnos primero en las cámaras, luego podremos utilizar la tarjeta de Inuyasha para infectar la red del club nocturno— musitó ella.

Hablando del diablo. El joven Taisho estaba parado en la puerta de Iza's, la luz de los ventanales sólo iluminaba parcialmente su lado izquierdo dándole un aura tétrica. Miroku se cubrió el rostro con el cuello alargado de su suéter y se despidió de ella con la mirada —Creo que este es su destino, señorita— habló dejándola bajo el tejaroz del local.

—Si, muchas gracias señor— respondió Kagome respetuosa, como si le hablará a alguien completamente desconocido. No se dio cuenta de cuando habían llegado al establecimiento, afortunadamente su plática parecía no haber sido escuchada. Miroku pasó a lado de Inuyasha e incluso le dijo "Buenas noches" el de ojos ámbar simplemente lo ignoró para clavar su vista en la empleada de su madre.

Los dos se vieron por un rato, ralentizando el tiempo en una burbuja particular. Aunque ambas miradas se encontraron, ninguno expuso sus verdaderas intenciones. Sin embargo, de forma irónica, sus pensamientos repentinamente giraron en torno a una misma persona.

Inuyasha se dijo para sus adentros. Kikyo, ya que has elegido tu carrera por encima de mí. Entonces yo también puedo elegir otras cosas sobre ti. Al final veremos quién extraña a quién.

Kagome pensó en cambio: Señorita Kikyo, disculpe mi atrevimiento pero, voy a tomar prestado a su novio un par de meses.

Así, se estableció un juego de trampas entre ellos, mezclando lo real con lo falso y la pasión con la burla, ninguno pensó en las catastróficas consecuencias de sus decisiones. Por supuesto, esas eran palabras para el porvenir.

Entonces, Inuyasha finalmente rompió el silencio, demandando una respuesta como si tuviera el derecho absoluto a ella —¿Quién era ese?— interrogó.

Kagome ocultó la risa en sus orbes marrón. Ya que el joven Inuyasha quería jugar con fuego, no le molestaba darle una probada para quemar un poco su egocentrismo. Llena de confianza lo enfrentó caminando los pocos pasos que los separaban —Alguien muy amable que se ofreció a cubrirme de la lluvia—

Su tono inocente encendió una parte de él de la cual no tenía idea de que existía. Estaba a punto de hablar cuando ella pasó deliberadamente en sus narices ignorando su presencia. Extrañamente encontró esto novedoso. Una sonrisa se elevó en sus labios antes de seguirla dentro.

Al final ¿Cuál de los dos caería primero?

Continuará…


Respondiendo Reviews:

YokoGH: ¡Hola! Gracias por tu hermoso comentario. Esta vez tocó revelar cómo se conocieron Kagome y Miroku. Además tenemos la primera mención del villano principal. Espero que te haya gustado este capítulo como los anteriores. Estaré muy agradecida si me compartes tu opinión. Además, gracias por pasarte en Facebook a ver los dibujitos. Me alegra mucho saber que te hayan gustado. Un saludo : )