Camouflage.


Capítulo 14: Cruce.

A pesar de que Kagome intentó separarse, Inuyasha mantuvo el control sobre su boca, sorpresivamente le comió los labios enteros ignorando la intromisión latente.

De alguna forma, las acciones del albino le abrumaron, provocando cierto nerviosismo. Cientos de situaciones peligrosas detrás de ella y venía a asustarse por un simple intercambio de besos clandestinos. Ridículo.

Nuevamente los toquidos resonaron con suavidad, la persona del otro lado parecía no tener ninguna prisa. Solo lanzó un recordatorio al aire. —El proveedor de abrigos ya llegó —. Después, nada. Los pasos del otro se alejaron paulatinamente hasta desaparecer.

Inuyasha estaba encantado con esa manera de ella para empujarlo, recordándole lo peligroso que era besarse aquí. Sin embargo, él tenía un as bajo la manga todavía. Sonriendo contra sus labios, deslizó su mano desde la nunca hasta enganchar la barbilla femenina con su índice y pulgar, luego se alejó apenas unos centímetros para susurrar. —Nadie entra aquí sin autorización —tranquilizó observando sus bonitos ojos marrones, ligeramente más oscuros.

Debido a la identidad de Kikyo, su familia había sido estricta con relación a la oficina ya que ella se mantenía ahí cuando estaba de visita, aunque los empleados tuvieran asuntos que atender, aún no podrían ingresar sin un consentimiento previo. Por lo tanto, en diversas ocasiones se limitaron a informar desde afuera, como ahora.

Todavía con esa actitud traviesa, Inuyasha le robo un par de besos fugaces, luego se dirigió a su oreja. —Te quedan bien los pendientes —refirió al hecho de verla con unos por primera vez. Entonces finalmente se alejó. —Gracias por la recompensa. Vengo en un rato.

Ella se quedó un poco aturdida, queriendo reírse por la situación. Casi comenzaba a golpearlo por no decirle de ante mano y permitir tal susto. Meneó la cabeza en negativa, sintiéndose estafada por primera vez en su vida. Suspiró un poco antes de recuperar la compostura y proseguir con lo que venía a hacer.

Se quitó los aretes cuadrados para desprender los chips detrás de estos y los colocó sobre el escritorio. No sabía cuanto iba a tardar Jakotsu para elegir prendas, el tiempo era valioso a partir de ahora. Se agachó para abrir un mini compartimiento en sus flats de plataforma, extrayendo un juego de herramientas con las que manipuló el teléfono alámbrico del sitio. Dividiendo su atención entre el circuito del aparato y la puerta.

Después de instalar el chip, volvió a armar el tubo, procediendo a deshabilitar el cortafuegos y antivirus del ordenador, además ingresó al sitio de correo electrónico para adquirir las cuentas registradas. En medio de todo no se olvidó de activar el auto lavado del inodoro, mientras la computadora accionaba, consiguió el paño para limpiar todas las superficies, borrando cualquier rastro de manipulación. Volvió a dejar todo como lo encontró, una ventaja de su buena memoria.

La fortuna le sonreía también por ausentar a Inuyasha bastante tiempo. Para cuando regresó, ya solo tenía que guardar los artículos de limpieza en la gaveta del sanitario. —¿Terminaste? —oyó preguntar con cierta decepción. Kagome no se giró para verlo, continuando con su tarea de cerrar el mueble bajo el lavabo. Sintiéndose repentinamente ansioso, Inuyasha se acercó algunos pasos con cuidado. —¿Estás enojada? —cuestionó lentamente.

Kagome arrojó la servitoalla con la que secó sus manos al contenedor, contando mentalmente la distancia que los separaba; en cuanto lo escuchó pisar nuevamente, se deslizó hacia un lado, sujetándolo por la solapa del saco hasta llevarlo contra el lavabo. Ahí se paró delante suyo, entre las piernas separadas del muchacho, luego levantó su índice clavando su uña ligeramente larga en la parte baja de su mentón. —Si es un premio, debería esperar para recibirlo. De lo contrario, tendré que tomarlo de vuelta de la misma manera —. Tras su oración, haló desde su camisa para agacharlo lo suficiente, besando con fuerza. Él no tardó en procesar sus acciones para abrazarla otra vez, delatando sus ganas de ella.

Este nuevo contacto se cargo de competencia, podría haber abandonado el tema si Inuyasha hubiera sido menos elocuente hace rato, sin embargo, ya que le gustaba jugar con fuego, le mostraría lo que era quemar la mecha casi hasta el final. Ahora sus manos no se quedaron estáticas, lo envolvió por el cuello, insinuándole los pechos con descaro.

Joder.

Pensó él, abriendo su gran palma para sostener su espalda. Con lentitud descendió la otra por sus caderas, listo para apretar, hasta que ella se separó con un sonido húmedo, chascante. Kagome paseó su pulgar por los labios entreabiertos y jadeantes de él, llevándose el rastro de bálsamo labial impregnado a estos. Su caricia cosquilleó todo su cuerpo, obligándolo a completar el apretón inconcluso en el muslo femenino, justo por debajo del pliegue que se producía por el pronunciado trasero de ella.

—Terminé —susurró quitándose las manos masculinas de encima. —Me retiro —. Fácilmente se dirigió a la salida sin mirar atrás. Al ver su espalda en retirada, él tuvo una vaga sensación se impulso primitivo, que lo empujaba a ir detrás para aprisionarla contra la puerta. Más, no pudo dejarse llevar. No aquí.

A diferencia de la primera vez, ahora él tuvo que esperar para calmarse, ignorando lo mejor que pudo el bombeo de sangre masivo que estaba recibiendo su ingle. Se bebió de golpe la botella de agua sobre el escritorio, sin poder borrar el sabor de sus besos suaves. De esa humedad que lo llevó al delirio, sin poder creer lo buena que era su retención, negándose a borrar el olor de magnolias que desprendía.

Cuando fue la hora de comer, no se atrevió a quedarse solo con ella, si no lograba dominarse, le repartiría una segunda ronda de besos que no podía asegurar ser capaz de frenar. De acuerdo. Tal vez estaba prestando demasiada atención sobre ella. Para fortuna o desgracia. Al menos su objetivo de ignorar el contacto de Kikyo en su celular se cumplía con éxito.

Algo estaba mal con él. Definitivamente. Porque seguía buscando una excusa creíble para encerrarse con ella otra vez. Como si supiera lo que deseaba, Kagome se encargó de mantenerse lejos, provocándole de forma sutil.

Probablemente si en la semana hubiera tenido cabeza para otra cosa que no fuera repetir lo del martes, no habría abierto el correo infectado que bloqueó los archivos de su ordenador.

Aquel jueves no podía seguir fingiendo que entendía el problema con su computador cuando se volvió progresivo e incluso le imposibilitó la vigilancia de las cámaras, decidió llamar al servicio de técnicos, sin embargo su línea estaba caída. Obviamente la situación era producto de Miroku interviniendo el servicio telefónico de su compañía para bloquearlo, dejándolo con el teléfono alambrico de su oficina como única opción. Gracias al chip que Kagome instaló en este, tampoco pudo entablar comunicación con los técnicos de siempre, teniendo que buscar una opción distinta a través del directorio.

—Repentinamente bloqueó mis archivos, no puedo acceder a ningún programa tampoco —explicó Inuyasha al hombre delante suyo.

Una primera vista lo hacía parecer un adulto de al menos cuarenta y tantos, resultado digno de aplaudirle a Sango por encargarse del maquillaje.

Miroku asintió, él sabía exactamente qué hacer puesto que era el responsable del virus informático. Siguió con la rutina de diagnosticar el ordenador, aseverando la recuperación de su funcionalidad en las próximas horas. Tiempo que Kagome aprovechó para relajarse un poco gracias a su exitosa conspiración. Más tarde, Ayame la invitó para ayudar con el escaparate y su decoración, teniendo una vista perfecta del local paralelo.

La fachada del lugar había sido recientemente terminada. Donde ahora colgaba un elegante cartel, rezando "Classic Gentleman". Las fuentes de información continuaron enviando su flujo de datos hacia ellos, ahora sabía que se trataba de una futura tienda de trajes, administrada por Onigumo Sata, el hermano menor de Naraku.

Al tiempo, el mismo hombre se hallaba sentado en el asiento de un casino, disputándose la banca con un juego de baccarat. Al ver sus cartas, sonrió de oreja a oreja. —Parece que hoy no tienes suerte, Michel —bromeó recibiendo con gusto las fichas llevadas en su dirección.

El crupier llamado Michel sonrió. —¿Otra ronda, gran señor?

—Guárdalo para la siguiente. Tengo cosas que hacer —se negó él provocando una ola de abucheos de la abundante concurrencia. La mujer abrazada a su hombro se atusó el pelo con elegancia, dando un paso atrás para dejarlo levantarse del taburete. —Invita una roda a estos caballeros —señaló a los demás apostadores de la mesa, arrojando cinco fichas marrón sin complicaciones, seguidamente tomó a la joven por la cintura, sintiendo la rigidez de las lentejuelas en su palma. Satisfecho por las miradas atónitas tras él.

El garito donde se encontraba era por supuesto, clandestino. Donde todos tuvieron que asistir de etiqueta, portando una máscara o antifaz para ocultar sus identidades, además de adoptar un sobrenombre para interactuar con el resto. El suyo, era daimyo o gran señor. Destacando siempre por su buena suerte y habilidad de despilfarrar dinero sin escrúpulos.

El lugar estaba oculto detrás de un establecimiento de pachinko, aunado a un estacionamiento subterráneo que conectaba con el casino oculto. Onigumo se subió a su auto seguido por la belleza ardiente detrás de él, encomendando a su chofer dirigirse a la mansión Sata.

Para cuando llegó a su hogar, lo hizo solo, encontrándose con su hermano mayor a mitad de la sala. —¿De nuevo en el casino? —. Oyó decir.

—¿Algún problema? —cuestionó de vuelta. Pocos conocían la verdadera naturaleza de su relación a estas alturas, por lo que esta hostilidad entre ellos podría ser sorprendente. Sin embargo, Onigumo ya no sentía ningún respeto por Naraku después de enterarse de que no era su hermano biológico.

—Onigumo —empezó a persuadir el mayor. Hasta que fue cortado con fuerza.

—Es el maldito dinero de mi familia el que estoy gastando ¿De acuerdo? Un forastero como tú no debería involucrarse.

—Onigumo yo…

—Naraku. Deja de molestar. Estoy ocupado —escupió dirigiéndose escaleras arriba.

—¡¿Qué puedo hacer para que me creas?! —lanzó Naraku con desesperación. —Ya sé que no estás feliz con lo que descubriste, pero te aseguro que yo tampoco lo sabía. Cuando nuestro padre…

—¡Mi padre! Él era mi padre. No "nuestro" ¿Sabes qué? Desde que apareciste en esta casa, te traté con el mayor de los respetos porque pensé que eras mi verdadero hermano, pero te trajeron aquí porque pensaban que yo era un incompetente —se burló de los pensamientos de su difunto progenitor. —Siempre lo supiste ¿Verdad? Convenciste a mi padre para que te adoptara y te hiciera pasar por el niño que mi madre perdió ¡Confiesa!

—¡No es verdad! No tenía idea de lo que estaba pasando en realidad. Nunca había visto a papá en mi vida cuando llegó a buscarme. Yo también pensé que por fin podría tener una familia, que podría ser feliz. Nunca pensé que esa sería la verdad ¿Cómo puedo convencerte de lo contrario?

Y como si el menor esperase estas palabras, sonrió. —Quiero que me des el control de Shikon —. Cuando Naraku llegó a su casa, todavía se encontraba en primaria, lo recibió con una enorme sonrisa porque finalmente tenía alguien con quien compartir dentro de ese lugar tan solitario, porque su madre sonreía mucho más que antes al ver a su familia completa. Creciendo juntos siempre lo trató como un héroe, al verlo siendo tan hábil en todos los campos.

Sin esperar los verdaderos motivos de su presencia.

Desde que ingresó a la preparatoria, supo que su padre no era un hombre recto precisamente. Pero no le importaba en absoluto lo que hiciera mientras pudiera darle este estatus de vida. Cuando era pequeño todavía, no ambicionaba ser un líder de toda la organización que su padre estaba creando, menos cuando Naraku continuaría al mando. Con la naturaleza perezosa de Onigumo, fue como obtener ganacias sin mover un dedo.

Hasta el deceso de el Sata mayor, quien heredó todo, absolutamente todo, a Naraku. Dejándole a penas un departamento a él. Quizá, si no hubiera escuchado al mayordomo de la casa hablar con un subordinado de Shikon mientras le decía la verdad, no hubiera comenzado esta guerra. Al final Naraku siempre le consintió hasta el mínimo capricho, tan pronto como levantara su mano le daría lo que deseaba sin cuestionar.

Ahora con el conocimiento de sus orígenes, estaba seguro de que planeaba quedarse con todo desde el principio. Siendo destacado adrede para arrebatar su fortuna. El legado que le pertenecía por derecho.

—¿Qué? —. Naraku alzó las cejas.

—Lo que escuchaste. La sangre Sata no corre por tus venas. Shikon fue fundada por mi padre así que solo su verdadero hijo puede heredarla. Ya me oíste, quiero el control total del centro nocturno —exigió. Poseer Shikon, era como poseer todo el emporio Sata. No es que fuera a creerle de verdad, pero como líder ya no podría hacer nada en su contra. —Aunque si no accedes…

—De acuerdo —dijo el mayor. Sin vacilar. —Te daré todo lo que papá me dejó. Porque aunque no compartamos sangre como dijiste. Todavía eres mi hermano menor.

Onigumo fue ligeramente sacudido por sus palabras, sintiendo una punzada de remordimiento. Aunque con velocidad se obligó a tragárselo, no merecía menos después de la poca fe que su progenitor le demostró. —Entonces hagámoslo mañana mismo.

Después de la discusión. Naraku salió de la mansión encontrándose con uno de sus empleados. —¿Cuánto?

—Ganó varias rondas en el baccarat, además dejó cinco fichas marrones para los ocupantes de la mesa.

—Manténganlo ganando algunas ocasiones más. Cuando les ordene, haz que el crupier lo deje en banca rota —dictaminó con una sonrisa siniestra en la cara. Disfruta de esta sensación de triunfo. Porque va a ser lo último placentero que encuentres en esta vida. Onigumo.

¿Qué él no pertenecía al linaje Sata? No cabía duda de porqué no lo eligieron como sucesor. Era un imbécil. Con pasos largos y seguros, se encaminó fuera de la vivienda.

Por la tarde, Miroku finalmente había eliminado el virus implantado en el ordenador de Iza's, además de ejecutar con éxito el programa remoto. —Ya está listo señor Taisho. Puede echar un vistazo —animó comenzando a guardar sus electrónicos en la mochila. —Las grabaciones se hicieron con normalidad, están guardadas en su disco duro. El malware no suponía un riesgo de pérdida de datos, solo los imposibilitó.

El albino hizo caso, comenzando a manipular la máquina de forma normal otra vez. —En serio me ha salvado de una grande —admitió suspirando de alivio. —Puede cobrar el cargo a esta tarjeta —ofreció el plástico de forma amable. Salió personalmente para enviarlo cuando la transacción estuvo hecha, entonces vio a sus empleados charlando tranquilamente alrededor de la puerta.

—¿Cómo quedaron las ventas de hoy? —preguntó repentinamente, haciendo que Hitomiko volviera a la caja.

—No han sido tan buenas —. Él asintió revisando los números del día.

Ayame se acercó también aprovechando su presencia, preguntando. —Inuyasha ¿Puedo ir al mini-market?

—¿A qué?

—Por algunas botanas. No hay clientes después de todo.

Él musitó en afirmativa, tendiéndole un billete. —Te encargo una bebida energética.

—Claro.

Acto seguido, se atrincheró de nuevo para revisar las grabaciones pendientes. Aprovechando que solo debía poner atención a la secuencia de imágenes del monitor, llamó a su cliente para concretar los últimos detalles del caso. A mitad se su parloteo, la puerta resonó con un par de toquidos suaves. —Adelante —autorizó cubriendo la bocina del celular por un segundo. Continuó hablando mientras giraba a derecha-izquierda con la silla.

Aún con la atención en su llamada, sonrió al ver como Kagome ingresaba despacio. Al verla pronta para abandonar la botella en el escritorio y escapar, alzó la mano ordenándole esperar con un gesto. Ella se detuvo en un extraño momento de paciencia, jugueteando con el artefacto entre sus manos.

—De acuerdo señora Kuroda. Nos veremos el lunes en la corte para el juicio. Le prometo que la fábrica tendrá que cubrir su atención médica, cuide su lesión hasta entonces —seguidamente colgó.

—¿Es usted un abogado? —la azabache fingió interés. Su profesión no era un secreto después de todo, al final quien conociera a su padre, sabría que Inuyasha heredó el despacho jurídico Tessaiga.

Él la observó, divertido con esa pregunta. Procedió a estirar el brazo dando a entender la solicitud implícita. Kagome tendió la botella en su dirección, soltando el objeto tan pronto lo sujetaron, sin embargo, Inuyasha la pescó por los dedos dándole una sonrisa socarrona. —¿Tienes curiosidad?

Ella no se inmutó demasiado, mirando sus dedos entrelazados respondió. —Es una simple pregunta.

—Vamos —hablando, el albino se puso de pie, rodeó la mesa sin soltarla. —Pensé que podíamos entrar en confianza después de mi recompensa. Ya sabes, conocer más el uno del otro.

Después de dejarlo tener el control por algunos días, la siguiente fase del coqueteo correspondía a Kagome. Si le dejaba demasiada soltura, tendría la idea equivocada de que era suficiente para permitir cualquier avance entre ellos. Debió darle un recordatorio de que ella no era tan dócil. —No creo que tengamos la clase de relación como para hacer eso.

—Tu preguntaste primero. Tu me intentaste besar primero.

Touché.

—Tiene razón. Solo ignore mi pregunta y mis acciones mientras estaba ebria —haciendo amago por soltarse, sintió el agarre sobre su muñeca más apretado. Se volteó para encararlo con la incógnita escrita en su rostro.

—Si no tenemos la clase de relación que nos permite conocernos mejor o besarnos ¿Cuál es esa, entonces?

—¿A dónde quiere llegar?

—¿Hasta donde me permitas?

—Ja, ja, ja. Joven Inuyasha, no me interesa tener novio por el momento. Gracias.

—Nunca dije que fuéramos a ser novios. En realidad la podemos pasar muy bien sin ser nada.

—¿Ah si? —ella se acercó, liberando su mano aprisionada con suavidad. Luego colocó su palma en la mejilla del muchacho, diciendo palabra por palabra. —No sabría qué hacer conmigo.

Inuyasha no desperdicio la cercanía para sujetarle la cara también. —En este momento se me ocurren varias cosas —. Volvió los ojos rendijas, para enfocar sus labios. Insinuando sus intenciones de besarla.

—Hay gente allá afuera —le recordó amable.

—Tienes razón. Necesitamos un lugar más acorde para discutirlo a profundidad ¿Qué te parece mi privado en Shikon el siguiente domingo? Te prometí llevarte muchas veces.

—El lunes tengo que trabajar.

—En realidad, voy a cerrar la tienda el lunes. Como pudiste escuchar, tengo un juicio ese día —informó. De todas maneras iba a anunciarles —No me dejes quedar como alguien que no cumple sus promesas —. Ella vaciló. —¿Me tienes miedo? —cuestionó, provocando ese temperamento que a estas alturas le gustaba.

—El domingo después del trabajo —respondió retadora. Hablando con los ojos. Quién tiene miedo de quién.

—Genial.

Volviendo a casa, informó los futuros planes para ir a Shikon, llevándose una desagradable sorpresa en el proceso. — ¿No tienes manera de infectarla?

—Tengo una manera. Pero me llevará más tiempo terminarla.

—¿Cuánto más?

—Quizá otra semana o dos. No pensé que su sistema de seguridad fuera tan apretado. De todas maneras es bueno que vayas algunas veces antes de que hagas un movimiento, familiarízate con el lugar. No está de más.

—Claro, claro. Tengo que colgar.

Miroku observó su celular cuando la llamada terminó. Entendía la ansiedad de Kagome, pero nada bueno saldría de ser precipitados. Volvió a revisar el plan de negocios sobre su futuro estudio de arte, que les serviría como un centro de vigilancia camuflado. Ahora con acceso a la red de cámaras en Iza's fue momento de expandirse.

Sango le proporcionó una taza de café para despejarlo de sus cargas, convenciéndolo de dormir temprano, un error quizá grave. Por la mañana, se levantó solo para encontrar información critica del enemigo. —Mierda —masculló leyendo el informe encriptado. —Mierda, mierda ¡Mierda!

—¿Sucede algo? —quiso saber su compañera castaña al verlo tan ofuscado.

—Esto no es bueno —se limitó a decir llamando con urgencia a Higurashi. Revisando el reloj, era probable que estuviera llegando a Iza's. —Responde —bufó cuando el buzón de voz lo atendió.

—¿Qué pasa? —insistió Sango arrugado las cejas. No podría ser un buen presagio esta clase de comportamiento en Miroku.

—Cambiaron al titular de la tienda. Naraku se ha salido del circuito.

—¿Qué?

—Está transfiriendo todas las propiedades a su hermano menor. Aún no tenemos información de porqué pero eso no puede pasar ahora. Lo peor es quién irá a revisar el inmueble hoy.

—¿Quién es el titular de la tienda entonces?

—El ex novio de Kagome —. Sango se quedó pasmada. Ellos sabían de ante mano que ella se podría encontrar literalmente a cualquier persona ahí, pero ser reconocido por alguien del bando contrario era una calamidad.

—Hola ¿Miro?

—¡Kag!

—¿Qué sucede?

—¿Dónde estás?

—A unos metros de mi trabajo ¿Por qué?

—Tienes que encontrar una manera de faltar.

—¿Ahora?

—¡Ahora! —. Sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta del otro lado. —Hey, Kag. Kagome.

Por su parte, la aludida se encontraba en estado de shock, sus piernas se quedaron quietas mientras bajaba el brazo con el que sostenía su celular. Sin poder hacer nada más que ver a la figura alta y familiar aproximándose a ella.

—¡Kag!

El grito de su nombre incluso sonó lejano. Como si proviniera de otra dimensión. Sus párpados abiertos desmesuradamente, delataban sus pupilas bailando llenas de conmoción.

—De verdad eres tú. Pensé que me había equivocado —habló el hombre que ahora se encontraba delante suyo. —¿Kagome, te acuerdas de mí?

Ella susurró consternada, arrancando una radiante sonrisa a él. —Bankotsu.

Continuará…


Chan, Chan, Chaaan!

El personaje misterioso se reveló. Felicidades a quienes especularon que era Bankotsu. *aplausos*

La cosa se complica. Tenemos información de la familia Sata ¿Cómo esto afectará a nuestra protagonista? Pronto lo iremos revelando.

Por el momento procedemos a bonita sección.

Respondiendo reviews:

Kcar: Hello! Mil gracias por tu bonito comentario. Je, je, je. No podíamos esperar menos de la mascota de Kag. Un gatito inteligente como debía ser. Espero que este capítulo también te guste, te mando saludos y un abrazo.

Susanisa: ¡El fuego se va a prender pronto! Pendientes, pendientes. Por el momento vamos a hacerla de emoción ja, ja, ja. Gracias por tu comentario, te envío un abrazote.

XXlalalulu: Bonjour. Me encanta verte aquí en la cajita de comentarios. Soy inmensamente feliz. Ya revelamos al personaje de misterio misterioso. Aunque muchos lo adivinaron, todavía la quise hacer emocionante. Por supuesto me estoy instruyendo de la experta en cuanto al salseo. Solo que sigo media hundida en trabajo, pero no miento cuando digo que la inspiración me llegó de golpe al leer el especial navideño. Por ahí te debo el rw del capítulo dos, no me olvido. El escritorio es un buen lugar para el frutifantastico eso que ni que. Pero las obligaciones son primero, si, si, si. La Inusaiga se activó sin duda, esperemos pronto le de la atención que se merece. Un abrazo enorme. Que te encuentres saludable.

Carli89: Holis. Gracias por tu comentario, me halaga un montón que te gusten estos moods a pesar de ser fuera de la personalidad canon. Soy feliz. Ya eran muchos capítulos sin acción entre ellos, nos merecíamos aunque sea un besito. Por eso lo incluí para los lectores hermosos como tu, que siguen al pendiente. Gracias de nuevo, te mando un enorme abrazo.

YokoGH: ¡El nuevo capítulo está aquí! ¡Yay! Gracias infinitas por tu paciencia y por tu apoyo. Tenemos un poquito más de todo hoy. Intercambios picositos entre los protagonistas, intrigas de los villanos, pasados complicados. El combo se completa. Ánimo en tu trabajo, acá también andamos a tope pero con toda la actitud. Saludos y un abrazo.

R. T: Hi, hermosa. La verdad si soy de dejar las cosas en la mejor parte ¿Para qué negarlo? Pero eso nos deja picadas ¿A que si? Además los gatitos son súper inteligentes, hay que incluirlos en las tramas de estafadores, se lo merecen. Ja, ja, ja. Deseo que este nuevo episodio te guste. Nos saludamos en el siguiente, una abrazo.

DAIKARA: ¡Bienvenida de vuelta! Me sentí ultra feliz tras ver los correos de notificación. Me alegra mucho verte aquí, tan divina, siempre con esos rw mega largos que me sacan montones de sonrisas y ganas de continuar. Por supuesto que los constantes capítulos se deben al apoyo, tienes toda la razón por sentirte especial, ya que tus mensajitos me incentivan a escribir. Regresando a la historia, oh, si. Lo bueno se acerca, prepara palomitas. La tensión del personaje misterioso se disipa, pero llega un obstáculo nuevo. Entre toda la buena racha de Kag no todo podía ser perfecto. Por cierto, que también amo hacer interacciones entre Miroku y ella, me siento comprendida al respecto. Ayame es media hostil hasta en el canon, solo me quise sumar a la hipérbole, je, je, je. Buyo causando revuelo con sus habilidades es una recompensa inesperada, lo admito, nos seguirá ayudando en la posteridad claro. Con respecto al trabajo de Inuyasha, no es todo lo que tiene, pero quería hacer mención del propósito de Tessaiga (Que es proteger) aunque fuera de manera simbólica, por eso su despacho se llama así. Pronto descubriremos más de él también. Además, infinitos agradecimientos por comentar sobre la portada, siento que mis esfuerzos han válido la pena. Amé tu percepción, bastante acertada. Espero que te encuentres saludable, te envío muchos abrazos y buenos deseos.

MegoKa: Hello. Hola hermosa, es un poco tarde pero no se porqué el archivo no se guardo con la última respuesta. Por eso lo edito. Oh... El remordimiento le va a llegar de forma épica. Creeme. ¡Si trabaja! Ja, ja, ja, ja. Debía tener otro medio para subsistir, además no es el único, esto va ligado a los rumores que circulan alrededor de él, cuando su relación con Kag avance. Lo prometo. Kikyo va a ser súper clave aquí, me alegra que la menciones. Pero no podrá borrar esa atracción entre nuestros niños cuando vuelva, lo que va a complicar las cosas todavía más. En este capítulo la hice todavía más de emoción, porque me encanta el slow burn, ojalá te guste también. El personaje misterioso se ha revelado, con un pasado que nos dejara mordiendo las uñas, además la familia de Naraku tampoco es tan unida como esperábamos. Gracias por tu review y tu apoyo. Una disculpa por la tardanza en responder. Te mando un abrazo enorme.

Ahora si amiguitos y amiguitas esos han sido los bellos mensajitos que se recibieron del episodio anterior. Ya saben, cuídense del frío, beban mucho ponche (o como lo conozcan en su país), tomen vitaminas y sean mucho felices.

Como dijo Porky de Merrie Melodies "¡Eso es to… eso es to… e-eeesto es todo amigos!"

Bye, bye.