El doppelganger


"Nunca mires a un doppelganger a los ojos"


Capítulo 2

.

—¡Teme! —Sasuke Uchiha soltó un pequeño gruñido al escuchar el grito chillón de su amigo interrumpir en la silenciosa mañana. Detuvo su andar y miró sobre su hombro, encontrando al energético rubio caminando rápidamente hacia él.

—Dobe —murmuró fulminándolo con la mirada cuando Naruto se le colgó del cuello.

—Ni pienses que te escaparas de mí, me tienes que contar todo lo que pasó en la misión —le dijo Naruto arrastrándolo -Sasuke suponía- al Ichiraku.

—Nada interesante, muchos papeles y ninjas mediocres —con un elegante movimiento de hombros se deshizo del agarre del rubio, colocó sus manos en los bolsillos y siguió el camino hasta el aclamado puesto de ramen.

—¡Pf! Eso no me interesa —bufó Naruto.

Sasuke alzó su ceja. ¿Acaso no era eso lo que le había preguntado? Vio de soslayo como el rubio lo miraba insinuante y sintiendo como su estómago se oprimía, intento ignorarlo acelerando levemente el paso.

—¡No te hagas el idiota!, sabes de lo que hablo —Sasuke siguió caminando con su vista al frente, esperando que el chico se fastidiara y lo dejara—. ¿Qué sucedió con Sakura-chan?

Sasuke se detuvo de golpe y lo observó por el rabillo de sus ojos, comprobando por la cara de ilusión y felicidad, que la pregunta era la correcta. No pudo evitar poner los ojos en blanco y suspirar pesadamente.

No tenía la menor idea de por qué ese pensamiento se le había metido en la cabeza a Naruto. Él la trataba de la misma manera que antes de irse de la aldea, con absoluta indiferencia, y la kunoichi últimamente se había empezado a alejar de él. Sin embargo, el rubio insistía en que había "algo extraño" y él más que nadie sabía lo terco que Naruto podía llegar a ser cuando una idea entraba en su cabeza.

Fue gracias a esa obstinación, él había regresado...

—No le hiciste nada, ¿verdad idiota-pervertido?

—No tenía por qué pasar algo —murmuró con fastidio.

—Ah, claro. Neji iba con ustedes. Te arruino el momento…

—¿A ti no te gustaba Sakura? —le cortó, cansado de tanta insistencia.

—Eso es pasado, ella y yo somos como hermanos —le dijo, afianzado su respuesta con un gesto de mano—. Por eso me tengo que asegurar que no le hagas daño.

—Dobe, ya entérate que ella me está evitando.

—Y eso te ha tenido de peor humor que lo normal ¿No es así, Sasuke-kun? –Naruto rió a carcajadas, sin inmutarse por la mirada asesina del moreno. Claro que a Naruto esas cosas no le afectaban—. ¿Pensabas que no lo notaría?

—Tú nunca te enteras de nada —afirmó Sasuke.

—Eso no es verdad, sé muchas cosas.

Sasuke se detuvo y lo observó atónito a lo que Naruto comenzó a ponerse nervioso. No sabía con que saldría el moreno, pero no podía ser nada bueno. Nunca lo era.

—¿Por qué la chica Hyuuga se desmaya cada vez que estamos cerca?

—Eh… —Naruto se rascó la nuca, pensativo. – Yo que sé, tendrá algún problema de salud, además siempre tiene fiebre… ¡Eso no tiene nada que ver! Deja de desviarte del tema.

Sasuke sonrió con altanería, al menos el rubio había detectado sus intenciones.

—Deja de meterte en la vida de los demás.

Fue casi una amenaza por parte del Uchiha, antes de reanudar su camino. Si seguía así, disfrutaría cada golpe que le diera al rubio en el entrenamiento.

—Tengo una idea —la voz de Naruto lo detuvo nuevamente y le miró por sobre su hombro.

—¿Desde cuándo piensas?

—Deja de desviarte, maldito Teme —murmuró enojado el rubio cruzando sus brazos sobre el pecho —. Si yo averiguo el por qué de los desmayos de Hinata, tú le pides una cita a Sakura-chan —Sasuke alzó una ceja y se giró lentamente, hasta quedar de frente a Naruto.

—Eres consciente que si Sakura se entera, te matará a golpes —apuntó con su profunda voz, aunque no estaba seguro si la furia de la pelirosa solo recaería en el rubio o en ambos. Y no estaba deseoso de tentar a su suerte.

—No lo sabrá. A menos que tú seas un bocazas y se lo digas — Fue el turno de Naruto de sonreír altaneramente, ante el gesto disgustado del Uchiha —. ¿O qué? ¿Tienes miedo de que gane y tengas que confesar tu amor secreto?

Sopesó las consecuencias que podría traer la remota posibilidad de que Naruto ganara. Le pediría una cita a Sakura, le podría aclarar incluso que es por salud o entrenamiento, algo estrictamente profesional. Así no la ilusionaría y no la tendría una vez más pegada a él como lapa.

Una breve caminata silenciosa y fin del asunto.

En cambio... si él ganaba, que era más probable, podría negociar una paz temporal. Si Naruto no se había dado cuenta en todos esos años de los sentimientos de la Hyuuga, no lo haría en ese momento.

—Está bien —accedió con su tono neutro, y antes que el rubio saltara de emoción continuo —. Pero, tengo condiciones. Si pierdes, el asunto queda zanjado y dejarás de insistir en eso.

Naruto se lo pensó por varios segundos, contrayendo su rostro, hasta que una sonrisa lo iluminó.

—Entonces… —comenzó el rubio acortando la distancia —. Yo gano si consigo saber la razón del raro comportamiento de Hinata y tú, si haces que Sakura-chan te trate como antes. Quien pierda hace lo que el otro quiera.

Aquel nuevo trato no le gustaba mucho. Pero, el premio sí. Miró como Naruto levantaba su puño esperando cerrar el pacto. Lo miró suspicaz.

Naruto podría quedarse sumamente entretenido por el tiempo que durara y Sakura podría regresar a su actitud normal por ella misma, lo que no supondría ningún esfuerzo por su parte y ganaría la apuesta.

—Solo una semana —aclaró antes de chocar su puño contra el del rubio e inmiscuirse en el pequeño reto.

Naruto volvió a cruzar un brazo por detrás del cuello y lo guio por otra dirección diferente al del Ichiraku.

—¿A dónde vamos? —preguntó Sasuke zafándose bruscamente.

—Al hospital —contestó el Uzumaki como si fuese obvio —. Le preguntare a Sakura-chan y así ganare la apuesta, por lo que tú la invitarás en ese momento.

Una idea estúpida. Pensó Sasuke. Sakura nunca se lo diría y él observaría la buena paliza que le brindarían al rubio.

-1-

Se revolvió incómoda una vez más en su cama. Apretó sus ojos antes de abrirlos levemente para ver la hora en el reloj de pared. Eran más de las diez de la mañana y ella aún seguía en cama. Podía sentir cómo su cuerpo ardía en fiebre y la herida en su hombro del día anterior, le mandaba punzadas de dolor por todo el cuerpo.

Lo mejor era que la revisaran en el hospital.

Rio levemente al ver lo irónico de su situación. Generalmente era ella la que curaba y finalmente en sus vacaciones le tocaba el papel de enferma.

Armándose de fuerza, se levantó y se dirigió a su baño lavándose la cara con agua fría para intentar recuperar su temperatura corporal.

Se vio en el espejo del lavabo. Su rostro pálido y ojeroso, sus labios agrietados por la sed y sus ojos secos; no transmitían la misma imagen que el día anterior había visto en el otro espejo antiguo.

Parecía que en el transcurso de la noche le habían llevado parte de su vida.

Sacó aquella idea absurda de su cabeza, estar leyendo tantos pergaminos que sólo contenían historias fantásticas la había llenado la cabeza de incoherencias.

Después de tomarse su tiempo en la ducha, salió con rumbo al hospital, esperanzada en que Ino aún no terminara su turno para que fuera ella quien la atendiese. Sin embargo, al salir de su casa, se encontró con un extraño paquete rectangular y de casi dos metros colocado junto a su puerta.

"Haruno Sakura"

Decía la única tarjeta visible en el lugar con una caligrafía pulcra y elegante.

Con curiosidad lo introdujo hasta su sala y comenzó a abrir la caja.

Fue inmensa su sorpresa al descubrir el espejo que le había encantado, cubierto de muchas mantas para evitar que se dañase. El borde esculpido, brillaba más que la última vez, constatando que lo habían pulido y quiso saber si había manera posible en la que la superficie se mostrará más nítida aún.

Sus ojos verdes viajaron una vez más a su reflejo. Notando que tenía la misma sensación de que aquello no era un reflejo. Sus mejillas aún estaban coloreadas por la fiebre, pero su rostro no se notaba tan demacrado como hacía unos minutos, supuso que debía estar recuperándose de su malestar. Colocó mejor el espejo en su sala, apoyado en la pared para asegurarse de que no se cayera y se preguntó qué estaría haciendo en su casa. Le avisaría a Shikamaru del error, ya que debería de estar en inteligencia, para ser examinado por mero protocolo.

-2-

Naruto y Sasuke, habían entrado directamente al cubículo de la pelirosa por medio de una ventana. El pelinegro comenzaba a preguntarse si su mejor amigo era masoquista, al hacer tantas cosas que lo llevarían a recibir golpes con la fuerza inhumana de Sakura, o si realmente no se daba cuenta de lo mucho que podía molestar sus actos a la pelirosa.

Sin embargo, no corrió sangre. El lugar estaba desocupado, las luces apagadas y el escritorio estaba vacío.

—Es muy temprano aún, para que se haya ido —dijo Naruto, intentando encontrar una explicación.

Fue hasta la puerta y corrió el pestillo para poder salir. Ambos se adentraron en el extenso pasillo con habitaciones a ambos lados, pero todo estaba vacío y silencioso. Sus ágiles pasos de ninjas produjeron un eco mortuorio en el lugar, poniendo sus sentidos inmediatamente en alerta. Era extraño que un piso entero estuviera en esas condiciones, especialmente en una aldea ninja como Konoha.

—Que tétrico es este lugar —murmuró Naruto. Como si en esa zona no pudiese alzar la voz. Nunca le habían gustado los hospitales por ese aire de misterio que los envolvía, de solo imaginarse la cantidad de personas que habían perdido la vida en ese mismo lugar y de que sus almas pudieran seguir vagando sin encontrar descanso, le erizaba la piel. No entendía como Sakura podía permanecer ahí hasta altas horas de la noche.

Sasuke asintió ante el comentario del rubio. Percatándose no solo de cómo ambos intentaban hacer el menor ruido posible, sino también de la oscuridad que envolvía el lugar desde que entraron al pasillo. Era imposible que a media mañana, ese piso se mostrará así.

Pasaron junto a un interruptor de luces y Sasuke lo presionó. Las luces tiritaron varias veces sobre sus cabezas antes de apagarse completamente.

"Que conveniente" pensó el Uchiha.

—Teme, larguémonos de aquí.

—¿Tienes miedo? —retó Sasuke con una sonrisa ladina.

—Claro que no —respondió, avanzando más rápido hasta el final del pasillo.

La temperatura comenzó a decrecer precipitadamente haciendo que el rubio se detuviera y mirara sobre su hombro a Sasuke, a unos pasos detrás de él. El Uchiha también se había quedado estático al sentir el cambio en el ambiente. Posó una mano hasta la bolsa de armas, listo para atacar.

Unos pasos comenzaron a resonar desde el pasillo que se entrecruzaba con el de ellos. Alejándose del pasillo principal por los corredores de las habitaciones.

—Al fin alguien más —dijo Naruto en un suspiro. Relajándose y apurando su paso para poder encontrar a aquella persona.

Sasuke lo siguió de cerca, pero con sus sentidos en alerta, sin bajar la mano de su arma y listo para colorear sus ojos de rojo si era necesario.

—¡Sakura-chan! —gritó el rubio al doblar la esquina.

Sasuke lo alcanzó y pudo ver la espalda de la pelirosa, su camisa roja con el símbolo redondo. Seguía avanzando sin hacer caso al llamado de Naruto. El chico llamó una vez más, pero ella no se detuvo, siguió caminando por el pasillo cada vez más oscuro, más frío...

Sasuke frunció el ceño, cuando ellos empezaron a seguirla. Claramente la chica los escuchaba. Naruto era tan bullicioso como para que sus gritos llegaran hasta la academia y el pasillo estaba solo por lo que producía mayor resonancia. Así que si no se detenía, era obvio que los estaba ignorando. Se detuvo, no pensaba perseguirla.

Al tercer llamado, la chica disminuyó el paso y los miró sobre su hombro. Solo fue una fracción de segundo en el que ella se fijó en Naruto y luego sus ojos verdes se posaron en los ónices de Sasuke. Una expresión de claro desprecio y desdén brillaba en aquellos ojos peligrosamente entrecerrados. No sabía cuánto tiempo había durado aquel contacto, pero esa expresión se había grabado con fuego en la retina de Sasuke, haciéndole hervir la sangre.

Nadie se había atrevido a verlo como un paria... aunque probablemente muchos lo pensaran.

"Así que después de todo, Sakura no me ha perdonado." Se dijo, sin sorprenderse demasiado.

Sakura regresó su vista al frente con una clara muestra de fastidio y continúo su camino, hasta descender las escaleras.

—¿Qué le pasa? —preguntó Naruto confundido —. ¿Sucedió algo ayer?

Sasuke negó con la cabeza. Naruto entrecerró sus ojos sin creerle.

—Ya déjalo, Naruto —le dijo al ver que el rubio seguía el camino que ella había tomado, pero sencillamente Naruto lo ignoró y él no tuvo otro remedio que seguirlo, queriendo terminar con aquel asunto de una vez y regresar a la cotidianidad.

Bajaron tres tramos de escaleras, hasta finalmente dar al primer piso. El resto del hospital no se mostraba en el estado de ultratumba en el que permanecía el piso en el que trabajaba la pelirosa. Más bien era un hervidero de actividad con enfermeras yendo de un lado a otro sin parar, heridos, parientes. Todos aglomerados en diferentes pasajes. Ninguno de los dos apuntó lo obvio en aquella rareza, ya que no era la primera vez que visitaban a la Kunoichi, y decidieron seguir su camino hasta la salida.

—¡Naruto, Sasuke! —Ambos se voltearon ante el conocido llamado. Sonaba algo congestionada y sorprendida. Sakura se encontraba en la recepción y los miraba con preocupación.

Naruto primero observó a su compañero y se encogió de hombros, quitándole importancia al comportamiento de la chica. Pero, el pelinegro no pensaba dejarlo así, frunció su ceño y con cautela se acercó hasta su compañera de equipo.

—¿Está todo bien? No se ha lastimado en algún entrenamiento. ¿Verdad? —Preguntó con tono amenazador, cruzándose de brazos y examinándolos con sus ojos entrecerrados.

—No —respondió Naruto —. Solo hemos venido a buscarte.

—¿Por qué no nos respondiste cuando te llamamos en el tercer piso? —preguntó Sasuke, mirándola fijamente y dejando escapar un deje molesto en su voz.

—¿En el tercer piso? —preguntó ella a su vez, desconcertada —. Eso es imposible, Sasuke-kun, me he sentido mal toda la mañana y acabo de llegar para que Ino me revise.

Sasuke levantó una ceja ante tal descarada mentira. Como si fuera posible que la confundieran con su llamativo cabello rosa pero, antes de que pudiera contestar llegó Ino, mirando a Sakura asombrada.

—Sakura, ¿Qué haces aquí? ¿Ya terminaste la operación? —preguntó, con una chispa de admiración.

—¿De qué hablas cerda? Hoy es mi día libre, más bien venía…

—¿Qué? si hace diez minutos entraste al quirófano cuatro, para cubrirme —la interrumpió Ino.

—Yo no he entrado —le aseguró la ojiverde.

—¡Oh, por dios! Si no podías hacerlo, solo lo hubieras dicho —espetó molesta la rubia, antes de correr a toda prisa hacia el quirófano.

Sakura confundida, volvió su rostro hacia sus amigos. Naruto estaba igual o más perdido que ella, pero Sasuke la observaba con una mirada inescrutable.

—Si no querías venir solo lo tenías que decir —le dijo el moreno con su voz tan afilada como una espada —. No inventarte una excusa tan patética, luego de ignorarnos.

Sasuke salió del lugar hecho una furia, llevándose a Naruto consigo y dejándola a ella con una peor sensación que con la que había llegado.

._.

Finalmente había alcanzado su casa. Cansada, confundida y molesta.

El chico que atendía Ino, había estado a punto de morir; y la rubia no pensaba hablarle en mucho tiempo y de paso el discurso más largo que Sasuke le había dedicado desde que había vuelto, habían sido para insultarla. ¡Por algo que no había hecho!

No sabía por qué sus amigos no le creían.

Y aún se sentía mal. No tenía fiebre, pero estaba sumamente agotada.

Se dejó caer en el sofá personal que estaba en su casa y frente a ella, estaba el espejo que había recibido esa mañana. Entre una cosa y otra había olvidado decirle a Shikamaru del error con el envió. Lo haría en otro momento, al parecer ese día estaba destinado a que se enojaran con ella y no tenía ganas de tener otro número como el del hospital.

Lo mejor era no salir por lo que quedará de la tarde.

Entre pensamientos, se quedó dormida en el sofá. Su mente le llevaba a sus sueños la cara del sobreviviente Uchiha pero, de alguna manera que no podía explicar, no era él.

Al menos, no el Sasuke que ella conocía.

La miraba, sentado despreocupadamente en una banca del parque con un brazo apoyado a lo largo del respaldar y el otro sirviendo de sostén para su descansar su cabeza. Desde esa lejana posición la miraba con curiosidad y una extraña sonrisa de medio lado. No quedaba nada del chico molesto de esa mañana.

El pelinegro se levantó de su posición y caminó hacia ella. Sakura se sobresaltó y despertó al instante. Observando antes que nada su cabellera rosa, que se reflejaba en el espejo que estaba detrás del sofá múltiple. Se acomodó en su sillón y sintió el dolor de cuerpo por dormir en una posición inadecuada.

Observó la ventana que daba a la calle. Ya había oscurecido y por el silencio que llegaba hasta su casa, supuso que la noche había llegado hace mucho.

Se levantó y estiró su adolorido cuerpo. Aún se sentía agotada y decidió que lo mejor era dormir en su cómoda cama. Terminar de una vez por todas con su día de pesadilla e intentar arreglar las cosas la mañana siguiente.

Subió las escaleras sin molestarse en encender las luces, la poca iluminación que llegaba de las farolas de la calle era suficiente. Sin embargo, al darle la espalda, no pudo observar como las luces iluminaron por un instante el espejo, donde ya no se observaba el interior de su sala, sino la calle vacía de un parque soleado.

Editado, 2022.