El doppelganger
"Nunca mires a un doppelganger a los ojos"
Capítulo 3
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Esa mañana prometía ser diferente. Ella lo deseaba de esa manera.
Se levantó cuando los primeros rayos de sol se colaron por su cortina, con su energía y ánimos renovados. Estaba dispuesta a solucionar el mal entendido con Ino y con los chicos, aunque no tuviera ni la menor idea de lo que había sucedido, pero no quería pasar sus vacaciones molesta con sus amigos más íntimos.
El regreso de Sasuke le había acarreado demasiados problemas consigo misma, como para sumarle resentimientos por una confusión.
Con esa resolución en mente, partió a la floristería que le quedaba de camino hacia el mercado. Tratar con Ino – por muy grave que fuera la situación – era infinitamente más sencillo, que alegar con el terco de Uchiha y el, cabeza hueca de Naruto. Vale, el rubio no estaba enfadado con ella, pero solo pensar en la situación le hervía la sangre.
Respiró un par de veces para mantener la calma, antes de entrar a la floristería. Sin embargo, fue la madre de la rubia quien la recibió. Su mejor amiga había partido esa madrugada a una misión y no sabía cuándo regresaría.
—Vaya, se me ha hecho tarde –murmuró al salir del puesto de flores y observar que el día había avanzado considerablemente.
A pesar de que solo iba a preguntar si su amiga se encontraba, la señora Yamanaka la retuvo hasta agotar toda pregunta que tuviera sobre su vida y obligarla a tomar un té con ella. Era lógico de dónde había salido Ino tan sociable. Dio una vuelta rápida al mercado, localizando todo lo necesario para preparar varios almuerzos y luego ir hacia los campos de entrenamiento.
Si la suerte decidía estar con ella ese día, seguramente los chicos estarían enfrascados en uno de sus combates que terminaban hasta que alguno estuviera lo suficientemente molesto o herido para seguir; o ya estarían de paso al hospital, tan heridos que caminarían a un paso lento, la forma más común en la que terminaban sus entrenamientos.
—Es bueno tenerte aquí, Sakura.
La pausada voz de Kakashi la hizo girarse un poco para verlo mejor. El ninja copia estaba recostado sobre la rama del árbol más cercano con su inseparable libro cubriendo su rostro y apenas percatándose de la batalla que se libraba a unos metros de él.
El tipo, que mantenía su apariencia inalterable con el paso de los años, saltó de la rama y se posó junto a la chica.
—Kakashi-sensei —saludó, con una ligera inclinación de cabeza.
—Me parece que ha sido muy oportuno que vinieras. Creo que Sasuke tiene fracturado algún hueso.
Su sensei sonrió tras su máscara y miró, con su único ojo visible, a los dos combatientes. El pelinegro se limitaba a defenderse con un rendimiento bastante más bajo de lo que ellos conocían, y la sonrisa de triunfo del rubio solo podía compararse con la molestia del otro.
—Y se supone que estoy de vacaciones. —bufó Sakura con fingido fastidio. Dejó el paquete que cargaba en el suelo e imitando a su maestro, puso su atención en la pelea – ¿Existirá la semana en la que no termine uno de ellos en el hospital?
Kakashi rió levemente ante su comentario y guardó su libro en su bolsillo trasero.
—Lo dudo —le dijo divertido —. Pero estoy seguro, que lo preferimos así.
Sakura asintió, sonrió con felicidad y tristeza en partes iguales. Aunque el retorno de su compañero la hiciera inmensamente feliz, eso no desvanecía el hecho de la traición. Siempre lograba cernirse sobre ellos como una nube negra que quisieran ignorar, pero que los abrazaba con una ligera oscuridad, impidiéndoles ver plenamente la luz.
Aunque lo perdonaran, el daño estaba hecho. Todo el equipo lo sabía, solo lo ignoraban lo mejor que podían.
—¡Sakura-chan!
El alegre grito de Naruto la sacó de sus pensamientos, robándole una sonrisa al verlo agitar su mano al aire. Le imitó para saludarlo y fue entonces cuando el moreno se fijó en ella.
Sasuke, que hasta ese momento había estado de espaldas a ellos, se giró ante el grito de su amigo. Sus ojos aún tenían activado el sharingan cuando se encontró con la imagen del sensei y la chica del grupo, y al hacerlo no pudo evitar entonar sus ojos en un punto a la espalda de ella.
¿Estaba viendo doble?
No era posible, ahora poseía el Magenkyo Sharingan eterno. La luz de sus ojos no podía extinguirse…
Agudizó la vista y arrugó el entrecejo divisando mejor aquella silueta. No, definitivamente no estaba viendo doble.
La figura que podía divisar detrás de la pelirosa era completamente idéntica a ella, pero menos corpórea y sobre todo, no tenía la misma postura de la chica que los saludaba. Esa sombra –por carecer de una mejor palabra– mantenía su peso en una pierna y una mano descansaba en su cadera en una posición bastante retadora y altanera.
No le gustó la sensación que le transmitía, e instintivamente apretó sus puños y tensó su mandíbula.
—Oye, Teme, ya bájale al enojo de ayer. — dijo Naruto, colocando una mano en el hombro del Uchiha.
Sasuke lo miró confundido. ¿Acaso Naruto no sentía la amenaza latente?
—No estoy enojado. —sentenció con su voz grave.
—Bueno, es fácil confundirse cuando la ves de esa manera y con esos ojos – le informó. – Solo usa el sharingan cuando estás molesto o en una pelea.
Sasuke reparó en aquel detalle y parpadeo, cambiando el rojo de sus ojos a un profundo obsidiana.
Volvió su vista hacia ella.
Solo había una, tal y como debía de ser.
Aún confundido siguió a Naruto y no mencionó palabra alguna sobre el suceso, nadie de su equipo parecía percatarse de la sombra o alguna presencia amenazadora.
¿Habría sido una alucinación?
—No te preocupes —le dijo Kakashi a Sakura al percatarse de la mirada asesina que el moreno le había dirigido —. Anda de mal humor, ha visto así a media aldea.
—Eso no es ninguna novedad —replicó ella, restándole importancia, pero internamente temía que ese genio se debiera a ella y el supuesto suceso del hospital, del que estaba segura no había participado.
Y de haberlo hecho… ¿Tanto le molestaba sentirse ignorado, por una vez en su vida?
—No tiene ningún derecho, si consideras la manera en la que te ha tratado.
Aquel pensamiento parecía más un susurro hecho a su oído, con una voz aterciopelada y filosa que le congeló la sangre.
¿Sería una versión más madura de su inner? Desecho la idea casi al instante. Aquella parte de su personalidad era ruidosa y dramática, nunca diría algo parecido y mucho menos de esa manera tan… peligrosa. Además ya había dejado esa etapa atrás.
—Ya que hay alguien que evite que se mate, yo me retiro.
Una nube de humo ocupó el lugar de su maestro y pronto los tres jóvenes ninjas estuvieron solos.
—¿Eso es comida, Sakura-chan? —preguntó emocionado Naruto, ignorante de la leve tensión que se había formado.
—Eh, sí —contestó con una tímida sonrisa —. pensé que sería bueno que comieran algo diferente al ramen para variar.
—Te salvaste Teme, ya no me tendrás que invitar.
Naruto dio una palmada en la espalda de Sasuke mientras reía, haciendo gruñir al moreno, quien maldijo a Naruto internamente.
—Lo siento —dijo el rubio con falsa cortesía, ya que se notaba que hacer sufrir a su mejor amigo le parecía gracioso.
—Debería encargarme de eso. Kakashi-sensei, me dijo que te has roto algún hueso.
—Casi todo el brazo diría yo. Te perdiste la paliza que le di a este, Teme. ¡Fue genial, 'ttebayo!
—¡Idiota! No es algo para estar orgulloso —le recriminó, dándole un buen golpe en la cabeza —. Son demasiado salvajes en sus prácticas… es para ambos —aclaró al percatarse de la significativa y nada sutil mirada que intercambiaban Sasuke y Naruto. Suspiró resignada. —Son imposibles.
Sakura se agachó y sacó un mantel de entre las cosas que había llevado, lo extendió en el césped y colocó tres cajas con almuerzos. Los chicos se sentaron frente a una caja y Naruto se dispuso a abrir la suya.
—Será mejor que primero sane tu herida —dijo Sakura, colocándose de rodillas a espalda del pelinegro —. Quítate la camisa.
Sasuke asintió, acostumbrado a esa petición por parte de la pelirosa que prácticamente era la médico oficial de los chicos del equipo siete, incluso contaba Sai y el capitán Yamato para disgusto de Sasuke. Comenzó a deshacerse de la prenda con lentitud, debido a los escalofríos que recorrían su brazo con cada movimiento.
—¡Hey! —Exclamó, Naruto—. Búsquense una habitación.
Los rostros de ambos fueron un poema, y pronto un rojo encendido cubrió el rostro de la Kunoichi.
—¡Serás…! —le gritó, mientras le daba otro golpe en la cabeza.
—Idiota —murmuró Sasuke, volteando su cara para que nadie notara el leve sonrojo en sus mejillas.
El rubio rió con una mezcla de diversión y picardía, no perdiendo detalle de las acciones de sus amigos. Paró, cuando una nueva idea surcó su mente y arremetió contra su comida a una velocidad impresionante.
Ni Sasuke ni Sakura le pusieron atención, conocedores de la capacidad de engullir sin masticar de Naruto. El Uchiha prefería relajarse sintiendo el chakra de Sakura sanar sus heridas y concentrándose en la cálida sensación que recorría su brazo. Era una situación bastante placentera y, aunque sonara masoquista, compensaba el dolor de las heridas.
—Gracias Sakura-chan, eres la mejor —. Naruto saltó de su puesto al terminar su ración. Y miró a sus amigos con una gran sonrisa.
—¿Ya te vas? —preguntó la pelirosa, retirando su mano del hombro de Sasuke.
—Sí. Necesito encontrar a Hinata-chan lo antes posible.
Otra vez el rubio lanzó una mirada significativa hacia Sasuke, pero el pelinegro se limitó a ignorarlo. Sin embargo, Sakura que se había percatado del, nada sutil, gesto, alzó una ceja pasando su mirada de uno al otro.
Solo esperaba que buscara a la Hyuuga para darle fin, de una vez por todas, al asunto de la confesión de la chica, que seguía en el aire y la torturaba cada día.
Que fuera eso y no una estupidez —rogó
—Disfruten. Ya no estorbaré —dijo como despedida, esbozando nuevamente una sonrisa pícara que sin duda había aprendido del sannin Jiraya.
Sakura y Sasuke seguían en shock por el doble sentido del que Naruto había hecho gala y ninguno de los dos imaginaba que pudiera dominar. Otro sonrojo volvió a teñir las mejillas de ambos y la incomodidad se sentía más grande a medida que el rubio se perdía entre los árboles.
—eh… ya puedes colocarte la camisa.
Sakura se separó con la vista clavada en el suelo, y ambos se sumieron en un silencio incómodo mientras comían. La pelirosa era la que menos podía soportar ese estado, sin embargo, tampoco deseaba comenzar la conversación que la había llevado hasta ahí. En ninguno de sus escenarios mentales, ella terminaba sola con un Sasuke enojado. No sabía cómo reaccionaría y tampoco estaba Naruto para controlarlo.
No es nada de importancia —se dijo para darse valor—. Solo aclararemos un mal entendido, que probablemente ya ni recuerde.
Soltó un largo suspiro y supo que había llamado la atención del pelinegro, al sentir su mirada en ella.
—Eh, bueno… yo solo quería pedir disculpas… por lo de ayer —murmuró Sakura, sin apartar su vista de su plato.
—Ahora lo admites —dijo Sasuke, con un tono casi desinteresado en su voz. Sakura alzó la cabeza, chocando con los orbes azabaches—. Si tanto te molesta estar con nosotros, no sé para qué vienes.
Sasuke se obligaba a mantener su tono de voz neutro. La fulminante mirada de la chica la tenía grabada en la retina desde el día anterior y no podía describir lo que le hacía sentir que ella lo viera con tanto desprecio. Era una mezcla de sentimientos nada agradables.
Inspeccionó los gestos de la pelirosa con curiosidad, estaba seguro que habían llegado a un punto donde la presencia de él la incomodaba, y aun así, ella los sorprendía, invitándolos a ese improvisado almuerzo.
No podía entenderla.
—No sé de lo que estás hablando — respondió Sakura. Una pequeña arruga se había formado entre sus cejas debido a la molestia y confusión, endureciendo su tono de voz. – Si estoy aquí es porque lo deseo, ya dije que lo de ayer no fue mi intención.
—Tu mirada de desprecio fue muy clara, Sakura —replicó casi al instante —. Aunque no me sorprende, después de todo lo que ha pasado…
—Y es lo mínimo que te mereces.
La respuesta de Sakura murió en sus labios al escuchar de nuevo la tétrica voz susurrando a su espalda. Sus grandes orbes se fijaron con horror en Sasuke, temiendo la reacción del chico por las palabras, pero él seguía esperando una respuesta de su parte.
En ese momento cayó en cuenta que la voz solo estaba en su cabeza.
El chico levantó sus cejas y desvió la mirada en un gesto casi ofendido y Sakura supo, que el tiempo para una respuesta creíble ya había pasado.
—Ya les dije que no estuve en ese piso —dijo con frustración —. Acababa de llegar al hospital cuando los vi.
—Entonces, ¿Por qué te disculpas por algo que aseguras no haber hecho? —. Sasuke se inclinó un poco hacia ella, apoyando sus codos en sus piernas—. ¿Qué debemos creer, Sakura?
Touchée. Sasuke creía que la tenía atrapada por cualquiera que fuera su respuesta y la haría desvelar su mentira, hasta que admitiera que era él quien la incomodaba.
—El debería rogar perdón, y agradecer que te dignas en hablarle.
Sakura volteó hacia el puesto vacío al escuchar nuevamente el susurro, y con horror comenzó a percatarse de que esa voz se asemejaba a la suya. Sasuke curioso, observó el punto al que Sakura miraba fijamente, deteniéndose en los arbustos lejanos, pero sin encontrar nada.
El doppelgänger, el reflejo oscuro de Sakura, observó con satisfacción la expresión de ambos. Sin duda la pelirosa ya la escuchaba y pronto caería bajo su influencia o terminaría viéndola finalmente y acabando con todo. Le daba igual cualquiera de los finales, solo esperaba divertirse lo suficiente antes de que su tiempo se acabase.
Avanzó a gatas y se posicionó junto al pelinegro, maravillada al ver como su enojo aumentaba al no encontrar nada. Sonrió de medio lado y alargó una de sus manos hasta acariciar la mejilla del Uchiha.
—Te prometo que nos divertiremos mucho, Sasuke-kun – dijo con burla, dándole una pequeña palmada en el rostro.
Rió con fuerza al ver como el chico fruncía el entrecejo, volteando a ver a la Sakura original. Sin que él lo supiera, sus ojos negros se posaron directamente sobre los verdes, que brillaban de forma malévola, mirando a través del doble.
Porque él no podía verla… aún.
—Podríamos simplemente olvidarlo —. La voz cansada de Sakura rompió el tenso ambiente—. No quiero que existan malos entendidos entre nosotros.
El reflejo puso sus ojos en blanco y se levantó, caminando alrededor de ambos chicos con pasos lentos, suaves y amenazadores. Como un felino a punto de cazar.
—En ese caso, olvida también las veces que intentó matarte, que estuvo decidido a acabar con la aldea y que nunca le importaron tus sentimientos. Olvídalo todo, porque tu aun eres tan patéticamente débil que no puedes continuar con tu resolución de alejarte de él.
Sabía que cada una de sus palabras hacía eco en la cabeza de la pelirosa, hasta fundirse con su propio pensamiento alimentando el dolor que el chico le causaba y el resentimiento que albergaba en su corazón, aunque lo negase, hasta que finalmente aquel proclamado amor se convirtiera en un odio puro.
Su naturaleza malévola y haber vivido la misma vida que ella, hacía que saboreara las palabras más hirientes antes de lanzarlas. Conociendo muy bien el daño que infringían, porque, después de todo, era lo mismo que el doble sentía.
—Hmp—. contestó Sasuke encogiéndose de hombros.
—Eso no es una respuesta —dijo el doble molesto, observando que Sakura torcía su gesto, molesta también. Estaba ganando.
Y como si la hubiera escuchado, el moreno agregó una última frase. Haciendo sonreír a Sakura y disgustando más al doble. – Haz como quieras.
Y Sakura sabía que eso era un "sí'' en el lenguaje de Uchiha.
Ambos siguieron comiendo, con la tensión que los rodeaba disminuyendo de manera considerable, incluso era agradable.
Sasuke, que disfrutaba del silencio, nunca había sido una persona de muchas palabras y tampoco le gustaba escuchar mucha charlatanería. Era más bien conciso y directo. Mientras Sakura, quien había aprendido el don del silencio y los beneficios que conseguía al poner sus pensamientos en orden, podía soportarlos, siempre y cuando, no fuera en un ambiente cargado de tensión.
Ambos estaban en paz y en el momento en que se percató de eso, se sorprendió. Ya no se sentía fuera de lugar estando con Sasuke y casi era lo mismo que estar con Neji. Casi, era la palabra clave; porque sus sentimientos por el Uchiha ponían todo en otro plano.
—Y… ¿Qué era eso de Hinata? —preguntó, tanteando un poco la nueva confianza.
—Una estupidez —atajó de inmediato, poniendo los ojos en blanco al recordar la apuesta —. El Dobe intenta averiguar por qué la chica Hyuuga se desmaya cada tanto.
Sakura alzó las cejas sorprendida y luego negó con la cabeza.
—Creía que después de la confesión de Hinata lo había concluido, pero veo que es más lento de lo que pensaba.
—No sé por qué te sorprende. Es de Naruto de quien hablamos.
Sasuke le ayudó a guardar las cosas nuevamente en el paquete y se levantó cargándolo. Sakura estaba anonadada. Sasuke la estaba ayudando de una manera tan explícita en algo de poca importancia.
-Esto no cambia nada —bufó su doble al oído.
Ignoró la voz, y se apresuró a colocarse al lado del moreno que ya había dado unos pasos. El silencio era incómodo una vez más. Tragándose todas las preguntas que su garganta reclamaba por liberar, y con sus ojos clavados al frente intentando ignorar la presencia de él.
Es que era tan poco propio de Sasuke. Al niño de doce años le tenían que llevar arrastrado para que almorzaran juntos y ahora, él mismo se ofrecía, sin decir palabra, a ayudarla a llevar esas cosas probablemente hasta su casa.
—¿Qué le sucede? —pensó, permitiéndose darle una leve mirada. —¿Por qué ahora, cuando era ella la que se alejaba?
—Porque está jugando contigo, claramente —. Un nuevo escalofrío se apoderó de su espalda al escuchar la voz. —¿Recuerdas cuando le confesaste tus sentimientos y no le importo dejarte abandonada en una banca? Porque tendrías que importarle ahora.
Desvió su cara molesta. Tenía razón, no se podía permitir ilusionarse una vez más.
Sasuke, por su lado, también estaba sumergido en sus pensamientos y desviaba la vista, disimuladamente, hacia la pelirosa cada tanto. Ya no sentía la presencia alarmante y agresiva de unos momentos atrás y definitivamente no venía de Sakura, pero algo lo mantenía incómodo.
Sus sentidos estaban preparados para recibir un ataque de cualquier punto y no sabía la razón.
Esperaba pacientemente el momento en el que la pelirosa se distrajera lo suficiente. Y al verla correr su rostro con un gesto de enojo, aprovechó a teñir sus ojos y examinarla, buscando la presencia de la sombra.
—Cuidado.
Siseó él doppelgänger, con una burla contenida impregnada en su tono. Sakura se volteó de inmediato, encontrando los ojos rojos que la miraban amenazantemente.
Retrocedió por instinto y su cuerpo se tensó levemente.
—¿Qué sucede?
Sasuke desactivó su sharingan, molestos al verse descubierto y, consciente de lo mal que se podía interpretar. Ya había intentado matar a la chica en el pasado, dos veces, y como lo había comprobado en el hospital, ella no lo olvidaba aun.
—Nada.
—¿Sasuke…?
Detuvo su caminar al ver que la chica no pensaba moverse del lugar y suspiró cansadamente.
—¿No lo sientes?
—¿Sentir el qué?
—La amenaza.
Sakura se concentró en intentar sentir la presencia de un chakra extraño, amenazante. Pero no había nada. Lo único que había sentido en todo el día era el efecto escalofriante que le producía una voz, su propia voz, cada vez que hablaba, pero no pensaba decirle eso.
—Estamos en un parque de Konoha, en tiempos de paz. No hay ninguna amenaza — le aclaró.
—Hn. No deberías estar tan confiada.
Sasuke retorno el camino, sin importarle que Sakura se quedara atrás, perpleja por sus palabras. ¿Había sido una amenaza o un consejo?
Siguió los pasos del chico, manteniendo una distancia prudencial y alerta a cualquier signo de un ataque.
—Debes ser más listo si quieres atraparme —dijo la doppelgänger, sentada en una de las bancas que flanqueaban el camino. —Me verás cuando yo quiera que lo hagas, Sasuke-kun.
Finalmente la silueta de tres shinobis y un enorme perro se mostró frente a ellos, la algarabía de los dos chicos cortó el ambiente en el que estaban. A medida que se acercaban, los gritos se hacían más claros.
—Ya te dije que te metas en tus asuntos —bramó Kiba, acompañado del ladrido de su fiel perro.
—Esto es entre Hinata y yo.
—Si no eres capaz de darte cuenta por ti mismo, entonces lo que le pase a Hinata no te incumbe.
—¿Qué me quieres decir?
—Que eres un idiota —dijo, con una sonrisa, que mostranba sus colmillos, ante la cara molesta de Naruto.
—Tiene razón.
La voz pausada de Sasuke los sacó de su enfrentamiento verbal y atrajo la atención al pelinegro. La chica Hyuuga, que estaba detrás de ellos mirando aterrada a Naruto y su amigo pelear, se sonrojó hasta más no poder sospechando que el pelinegro sabía la razón por la que discutían. Quería que la tierra se la tragara.
—¡Sasuke-teme, se supone que me tienes que apoyar!
Sasuke alzó una ceja. ¿Cuándo él había hecho eso?, fuera del campo de batalla por supuesto.
—Kiba habla por todos cuando te lo dice.
—Tú también Sakura-chan. Esto es injusto.
Todos lanzaron un suspiro de resignación, alguno incluso sentía pena por Hinata y la incómoda situación en la que Naruto la había colocado. De pronto los gruñidos que lanzaba Akamaru se volvían más fuertes hasta convertirse en ladridos. La atención de todos se volvió hacia el animal, preocupados.
—Oye, ¿Qué te ocurre? No pasa nada. – Kiba se acercó a él, acariciándole el erizado lomo. Pero el animal no se movió de su posición de ataque. Siguió con su mirada hacia donde él perro ladraba. —Es solo Sakura, la conoces desde cachorro.
La aludida se sobresaltó e intentó mantener la calma. ¡Vamos, era solo Akamaru! La había lamido incontables veces. De repente el perro saltó mostrando sus colmillos.
—¡Hey! —gritaron al unísono Naruto y Kiba.
La pelirosa retrocedió un paso y lanzó un grito, cerrando sus ojos con fuerza. Lista para recibir el impacto.
El sonido de pájaros chillando y una relampagueante luz azul iluminaron la pequeña plaza.
—Chidori —murmuró Sasuke, antes que el perro cayera al suelo aullando de dolor.
—¡Akamaru! ¡¿Pero qué demonios has hecho?! –—Kiba sujetó fuertemente la camisa de Sasuke acercándose a él.
—Domina a tus animales si quieres sacarlos. —le advirtió Sasuke. Tomó la muñeca de Kiba y la apretó hasta que el chico soltara su camisa, pero el Inuzuka no pensaba ceder.
Finalmente el castaño lo empujó, sus ojos rasgados no se apartaban del inescrutable rostro de Sasuke.
—Akamaru nunca atacaría a alguien sin tener una razón —dijo finalmente acercándose al inconsciente canino—. Y yo confío en él.
—No veo ninguna amenaza.
—Tú eres una, Uchiha. No se te olvide —siseo el chico. Cargó al animal en su hombro, salió del lugar a paso rápido. Escuchar los lastimeros sonidos que emitía el animal solo hacía que su sangre hirviera y que deseara partirle la cara al único Uchiha. Lo haría pagar, costara lo que costara.
—Siento mucho todo lo que pasó— Hinata reaccionó al ver partir a su amigo, tan impactada por el comportamiento del perro como todos —Naruto-kun, Sakura-san, Sasuke-san.
Después de una pequeña reverencia la pelinegra salió corriendo detrás del Inuzuka, dejando al trío sumergido en un incómodo silencio.
—¿Te encuentras bien, Sakura-chan? —preguntó Naruto después de unos segundos en los que pasó alternando su mirada entre sus dos amigos. Notó como la expresión de la pelirosa se ensombrecía un poco y bajaba su mirada al piso.
La atención cayó en la pelirosa y forzada, al sentir la mirada de sus dos amigos sobre ella, elevó la cabeza con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Claro, no me pasó nada. Supongo que debo agradecerte, Sasuke.
Giró su cabeza hacia el pelinegro y amplió aún más su sonrisa esperando que su rostro no reflejaba nada del tumulto de sentimiento que comenzaban a arremolinarse en su interior. Volvió a sentirse una carga a la que debían proteger, a pesar de sus esfuerzos por lograr lo contrario. Sin embargo, aquel gesto no convenció en absoluto a Sasuke, ni siquiera a Naruto, que simplemente se limitaron a verla sabiendo que no les diría nada más.
—Hmp.
—Será mejor que me vaya —le tendió una mano al moreno que sin vacilar le devolvió el paquete donde estaban las cajas vacías del almuerzo. Su mirada oscura analizaba cada movimiento de la chica, que absorta en sus pensamientos, no se percataba de nada.
—Sakura-chan no ha sido tu culpa —dijo Naruto en un vano intento de hacerla sentir mejor. —Ya haré que el pulgoso de Kiba te pida disculpas.
—Ya déjalo, no ha sido nada.
—Pero…
—Naruto.
—Como quieras— gruñó, aunque de igual manera iría a hablar con el chico-perro.
—Nos vemos, yo… Eh, tengo cosas que hacer.
Se marchó. Huyó realmente, sin percatarse de las miradas angustiadas de los dos chicos que no se apartaron hasta que ella se perdió entre las personas que transitaban cerca de ahí. Sus pensamientos la estaban torturando, de pronto volvía a sentirse la niña de doce años incapaz de retener a Sasuke para que se quedara, la que no había hecho nada cuando los chicos casi dieron la vida contra Haku…Y la socarrona voz que llevaba escuchando todo el día no dejaba de repetírselo. Quería dejar de escucharla, irse lo más lejos posible, pero ¿cómo se podía huir de uno mismo?
—No entiendo —dijo Naruto, Sasuke lo miró de soslayo pero él siguió con sus ojos puestos al frente. Intentando ver más allá de las personas. —¿Por qué Akamaru la atacaría? Nunca se ha comportado así con nadie de la aldea.
—Dobe. Tú nunca entiendes nada.
—¡¿Ah?! ¿Qué quieres decir? ¿Sabes por qué lo hizo?
—Creo que sí.
—¿Por qué? —Naruto esperó unos segundos, pero los labios de Sasuke no volvieron a abrirse. Parecía perturbado por alguna razón y Naruto no podía hacerse una idea de lo que pasaba, él no había visto nada fuera de lo normal. —¡Dilo de una vez, Dattebayo!
—Me debo de ir.
Sasuke desapareció con una ráfaga de viento, sin dar tiempo de que el rubio replicara.
—Estúpido engreído —murmuró lanzando un bufido. Pasó sus ojos por la pequeña plaza, descubriéndose abandonado por sus amigos. —¡Genial!
.-.-.
Sasuke no era idiota y tampoco le gustaba que lo tomaran como uno. Y eso era precisamente lo que había hecho la Sakura al largarse creyendo que lo convencería su patética actuación de que todo estaba bien. Después de dedicar su vida a perseguir una venganza basada en historias manipuladas y secretos, apreciaba de gran manera la verdad. Solo aquella verdad que él podía comprobar y ver por sí mismo.
Por eso, pretendía buscar su verdad siempre aunque se tratara de algo tan trivial como lo que realmente sentía la Kunoichi, o la razón por la que Akamaru había atacado. Conocer la verdad era una forma de mantener el control, predecir el siguiente paso y que nada lo tomara por sorpresa nuevamente.
Recordó de nuevo la doble imagen de Sakura que había podido ver otra vez en el momento que se permitió activar el sharingan mientras todos quedaban cegados por la luz del chidori. El rostro de satisfacción al ver sufrir al animal… ¿Qué era esa imagen que podía ver junto a la pelirosa? ¿Por qué los demás no la venían? Y lo más importante de todo, ¿Por qué nadie se daba cuenta de la amenaza que irradiaba? Tal vez el perro de los Inuzuka lo sintió, por eso atacó a la chica…
Cerró la llave de la regadera y se ató una toalla a la cintura después de quitarse el exceso de agua del cuerpo sin dejar de pensar en ningún momento en la poca información que había recolectado ese día. A decir verdad prácticamente seguía sin saber nada, pero había descartado varias posibilidades. Pasó una mano por el espejo que estaba sobre el lavabo, quitando el vaho que lo cubría y apreciando su imagen. Tenía un leve moretón en el hombro derecho, aunque no le dolía en lo absoluto.
—Sakura. —murmuró, al tocar el punto amoratado de su piel.
Le costaba asimilar que había pasado la mayor parte de la tarde vigilando a la chica, observando cada movimiento con su sharingan y esperando el momento en que aquel ser idéntico a ella, apareciera. También, había observado a los aldeanos que se cruzaban sin que en ninguno se produjera el fenómeno de ver doble y descartando así cualquier posibilidad que el problema radicara en sus ojos. La sensación de acecho también había desaparecido, haciéndolo sentir ridículo por cada instante que permanecía en los tejados observando las actividades diarias que Sakura realizaba en su casa. Cualquiera diría que era un acosador o un pervertido, y pensaba llevarse ese secreto a la tumba.
Escuchó golpes en la puerta del apartamento y luego su nombre siendo llamado por el rubio. Se encaminó con pasos lentos, tomando otra toalla en su camino para quitar el exceso de agua de su cabello.
—Pensé que moriría afuera —renegó Naruto al entrar. Paso directamente hacia la refrigeradora del moreno, examinando el contenido.
—¿Qué quieres?
—Te he buscado toda la tarde, ¿Dónde rayos te metiste?
—No es de tu incumbencia. ¿Qué haces aquí? —repitió con una voz más dura.
—¡Vaya que andas amargado! —Naruto se dejó caer en una de las sillas del pequeño comedor, con un vaso de jugo como lo único comestible que pudo encontrar. —Te venía a traer para que fuéramos a comer ramen, ya casi anochece.
Sasuke bufó con fastidio. No sabía cuánto más podía seguir ingiriendo tallarines diariamente o porque el rubio lo arrastraba cada vez que iba a ese lugar ya estaba cansándose, pero era una mejor opción que cocinar por él mismo.
—No puedo, debo ir a la construcción.
—¡Ve después! —exclamó como si fuera lo más obvio —La casa no se va a mover porque llegues treinta minutos después.
Lo cierto era que quería preguntarle ciertas cosas al rubio sin verse demasiado sospechoso y esa sería una buena oportunidad… Treinta minutos después, ambos estaban frente a un bol humeante de ramen. El observaba el suyo mientras pensaba en cómo empezar la conversación… realmente esperaba que Naruto lo hiciera, por su parte el rubio hacía gala de su conocida capacidad de comer tallarines sin respirar.
—Oye Teme, ¿En qué piensas? —preguntó, mientras esperaba el segundo plato.
Se quedó unos segundos más en silencio, aun ordenando sus ideas. Su ceño se frunció sin que él se percatara y sus ojos se afilaron más, fulminando la sopa.
—Naruto… —llamó con su voz seria.
Teuchi, que acababa de depositar el segundo bol de ramen frente a Naruto, se percató de que el pelinegro estaba a punto de decir algo importante. No todos los días lo llamaba por su nombre y menos en aquel tono tan serio. Con una seña, le indicó a Ayame que fuera a la parte de atrás y él la siguió segundos después. Los chicos necesitaban espacio y él lo sabía.
Naruto había dejado el bol a un lado, girándose en su lugar para poder ver de frente al moreno. Los segundos pasaban y su ansiedad crecía, pero antes de que pudiera preguntar nada, Sasuke volvió a hablar.
—¿Has notado algo extraño últimamente?
Fue el turno de Naruto de ponerse serio y Sasuke lo miró de reojo, sin moverse de su posición.
-¿Algo raro? ¿A qué te refieres?
—Sakura —soltó tajantemente.
El rostro del rubio pasó de la seriedad a la sorpresa y luego, a algo parecido a burla en menos de dos segundos. Por la sonrisa que se abría paso en el Jinchuriki, Sasuke supuso que lo había malinterpretado.
—¿Estás así por eso? Y yo pensé que no te importaba. No sé porqué se habrá alejado de ti últimamente, pero con lo de hoy supongo que has avanzado algo en la apuesta, si no hubiera sido por…
—No hablo de eso, idiota.
—¡¿Entonces?! Pensé que estabas preocupado por su actitud.
—Sí —admitió casi en un susurro, controlando sus reacciones para no sonrojarse —pero no de la forma que crees. —Soltó un pesado suspiro y se acomodó mejor en la silla, girándose hacia su amigo. —Recuerdas lo del ayer en el hospital. La forma en la que nos vio, ¿No te pareció amenazante?
Naruto se lo pensó por unos momentos, recordando el episodio y luego el caluroso saludo de la pelirosa en la recepción. Entendía a lo que se refería Sasuke, pero tampoco tenía una respuesta.
—Bueno… un poco. Sakura es amenazante cuando se enoja, pero eso fue diferente… No lo sé, tal vez solo fue producto de la situación en la que estábamos. – Sasuke no contestó, expectante a lo que pudiera decir —ya sabes, lo de las luces y el frío espantoso que hizo de un momento a otro. No me hagas recordarlo, quieres teme, tuve pesadillas con eso anoche.
Naruto se abrazó a sí mismo en un vano intento de reconfortarse y Sasuke apuntó mentalmente aquellos dos puntos que había olvidado completamente por enfocarse únicamente en la sombra de Sakura que podía ver ocasionalmente.
—No seas miedoso, Dobe.
—No soy miedoso. Pero no olvides que es un hospital, esas cosas pasan cuando hay fantasmas cerca y muertos.
—¿En serio? —dijo con sarcasmo alzando una ceja. —Acaso ya has estado con fantasmas.
—…No… —admitió con pena —Pero todo el mundo lo sabe, ¡Sale en las películas de terror!
Un sonido gutural se escapó del pelinegro y Naruto no podía creer que Sasuke realmente se estuviera riendo de él.
—Témele más a los vivos, que a los muertos —concluyó levantándose del lugar y dejando su parte de la paga en la mesa.
—Oye, ¿A dónde vas?
—A la construcción —dio una mirada por la aldea. Los peatones se habían reducido considerablemente y las estrellas danzaban en lo alto. Ni siquiera se había percatado en qué momento había anochecido.
—Sasuke —llamó Naruto, después de que él diera un par de pasos. —Si tanto te preocupa porque no le preguntas a ella.
—Hn.
No se volvió, pero supuso que Naruto tenía una estúpida sonrisa en su rostro.
Colocó sus manos en los bolsillos mientras atravesaba la aldea. Del barrio Uchiha solo quedaban algunos restos después de tantos ataques a la aldea y ninguna remodelación. Legalmente aquel territorio era de él, pero no pensaba vivir ahí por los momentos. No mientras siguiera solo y con los fantasmas de su familia acechándolo, apareciendo de sus memorias cada vez que pisaba el suelo de esas tierras. Podía ver a cada uno de sus familiares en sus actividades diarias, aunque para ese tiempo la mayoría se había convertido en una silueta difusa y sin rostros ya casi no los podía recordar.
La nueva casa Uchiha estaba siempre dentro de esas tierras, pero lejana a las antiguas residencias, un poco más cerca de la aldea donde antes solo estaba el camino que llevaba a la entrada del barrio Uchiha. Era el punto medio entre Konoha y su clan, lo que él necesitaba. No estaba completamente en ni uno ni otro lugar.
Intentó acortar camino, tomando los callejones entre los edificios en lugar de la calle principal en la que aún había transeúntes y locales abiertos. Entró al último callejón que lo llevaría a su destino, era corto y terminaría exactamente a unos metros frente a la casa.
Cuando iba a la mitad de este, la algarabía de la calle desapareció de golpe. La ausencia de ruido alertó al moreno y luego, percibió como la oscuridad a su alrededor se hacía más densa. Levantó su vista, pero los contornos de los edificios que lo flanqueaban eran apenas visibles y las luces de las estrellas se habían apagado. Podía sentir el aire más pesado que comenzaba a dificultar respirar y casi al instante la temperatura descendió.
—… lo de las luces y el frío espantoso que hizo de un momento a otro… esas cosas pasan cuando hay fantasmas cerca.
Las palabras del rubio retumbaron en su cabeza, sintió un hueco en su estómago, como si acabara de dar un paso en falso; y en cierta forma supo que lo que había estado en el hospital, estaba en ese momento en el pasillo.
Activó su sharingan por instinto con la última esperanza que aquel fuera un genjutsu. Todo siguió en su sitio, al contrario –como si se burlara de él– una neblina comenzó a avanzar desde la entrada al callejón alcanzando sus tobillos en un instante.
Deslizó un kunai hasta su mano izquierda. Aquel ataque era similar al de Zabusa, podría indicar un ninja de la aldea de las nubes infiltrado en la hoja. Se dio la vuelta, observando el origen de la neblina. Solo sus ojos rojos brillaban en aquella oscuridad absoluta. La neblina comenzó a ascender de una forma antinatural.
—¿Quién está ahí? —alzó la voz, sin un ápice de miedo o preocupación. Su tono autoritario no daba espacio a otros matices. —Si no responden, atacaré.
Una sombra oscura apareció entre la neblina que brillaba tétricamente. Sasuke pudo apreciar el tamaño del ser, tal vez unos veinte centímetros más bajo que él, pero era lo único que podía distinguir.
La persona al otro lado dio un par de pasos que rebotaron contra el concreto que los rodeaba. Sasuke lanzó el kunai en su mano, con una rapidez maestra, cortando la bruma a su paso y terminando en un ruido seco.
—¿Señor Uchiha? ¿Es usted?
Sasuke se dio vuelta mientras deslizaba otro kunai a su mano. El constructor de su casa dio un par de pasos hacia atrás, aterrorizado por la mirada roja. Obligando a Sasuke a bajar su guardia.
Los sonidos de la calle volvieron hasta él y la luz de las estrellas brillaron una vez más.
Miró sobre su hombro, esperando ver al menos un rastro de Sangre, pero no había nada. Ni siquiera su kunai.
—¿Sucede algo señor? —preguntó la atemorizada voz del trabajador.
Sasuke negó con su cabeza, después de eso solo se limitó a salir y esperar que le diera los avances.
.-.-.
Sakura se movió inquieta en su cama por enésima vez esa noche. Su respiración se volvió más pesada y poco a poco fue despertando, realmente se sentía mal. Estiró una mano para encender la lámpara de luz de su mesa, faltaba poco para medianoche y seguramente las calles de Konoha estaban desérticas. No pensaba ir en ese estado al hospital, sentía que podía desmayarse en cualquier momento y sería peor si lo hacían a media calle.
Se levantó lentamente y apoyándose en la pared, bajó hasta la cocina. Dejó el agua hirviendo y se dirigió a la sala, acostándose en el sillón más amplio. Apenas y podía estar de pie, era la segunda vez en esa semana que se sentía tan mal y no podía recordar nada que la mantuviera en ese estado.
—Sakura —escuchó que llamaban a su espalda. Se sobresaltó y se sentó de golpe, mirando hacia atrás de ella con perplejidad.
—¿Sasuke? ¿Cómo rayos…?
Se levantó, incrédula de lo que sus ojos veían. Rodeó el mueble y se posicionó frente al espejo, pero en ningún momento este le devolvió su reflejo.
Podía ver una calle flanqueada por árboles que se extendía hasta dimensiones que el marco del espejo no le permitía observar, habían bancas esparcidas por el camino y lo más inquietante de todo… su compañero de equipo estaba ahí dentro, apoyando uno de sus hombros contra el marco del espejo y con sus manos en los bolsillos. El chico pelinegro se encogió de hombros quitándole importancia de una forma tan relajada que no parecía propia de un Uchiha. Ella no podía moverse, casi no podía reconocerlo.
Sasuke ladeó su cabeza y la inspeccionó con cierta curiosidad antes de sonreírle. ¡Sasuke estaba sonriendo!
—¿Qué sucede? Cualquiera diría que has visto un fantasma —se burló, enmarcando sus palabras con una sonrisa de medio lado.
—No es eso, solamente creo que he empezado a delirar —dijo casi en un murmullo.
—No es nada de eso. Soy bastante real, de hecho.
—¿Esto es un sueño? —preguntó con estupefacción. Sentía su corazón latir a mil ante la mirada intensa y las sonrisas coquetas que el chico le regalaba.
—Es lo que tú quieres que sea, preciosa —. Definitivamente empezaría a hiperventilar en cualquier momento. ¿Qué habían hecho con Sasuke Uchiha? —La pasamos bastante bien este almuerzo, ¿Por qué no vienes conmigo y terminamos como debió ser?
Le tendió una mano que en ningún momento pasó de la superficie del espejo, mientras esbozaba otra de las sonrisas que la hacían desfallecer.
—¿Qué ocurre, linda? ¿Acaso no confías en mí? – Sus mejillas se encendieron con el cumplido y negó fervientemente al instante, suplicando para que él no mirara sus sonrojos.
—¡No es eso! Es que… estás dentro del espejo.
—Y tú podrás cruzar, te lo aseguro —. Con un gesto de la cabeza la llamó a acercarse.
Sakura dio un paso insegura, desapareciendo casi por completo la distancia entre el espejo y ella. Alzó temerosa una de sus manos, acercándola a la superficie de vidrio. Sus ojos verdes estaban fijos en el espacio que lentamente se reducía entre la mano de él y la de ella. Rozó con sus yemas la superficie esperando sentir la frialdad del vidrio, pero nada de eso sucedió.
Una sensación de electricidad la recorrió desde el punto donde sus dedos se tocaban con los de Sasuke; un placentero sentimiento al que reconoció, podría acostumbrarse rápidamente. Hundió más su mano en el cristal que sentía como una simple cortina de humo, y tomó por completo la mano del chico.
Sasuke le dio un leve tirón, animándola a cruzar completamente y cuando ella alzó los ojos, encontró en los azabaches la determinación que le faltaba. ¿Después de todo solo era un sueño? ¿Qué podía perder?
Una noche cálida la abrazo al pisar el camino de piedra. Miró sobre su hombro y quedó alucinada, su casa se podía observar desde ahí. Era lo más loco que su mente jamás se había imaginado.
—Te dije que lo lograrías. – le dijo Sasuke, pasó una mano por detrás de su hombro y la atrajo hacia él.
El corazón de Sakura comenzó a palpitar más rápido, si era posible, y un vacío en su estómago se habría paso amenazándola con desmayarse en ese instante. Intentó controlarse mirando a su alrededor.
—¿Esta es la salida de Konoha, Sasuke?
—Me gusta más cuando me llamas Sasuke-kun –respondió casi susurrándoselo al oído. – Y si, es casi la salida de Konoha.
—¿Qué quieres decir?
—Que si es Konoha, pero la parte que no todos pueden ver–. Sakura alzó su rostro, mirándolo sonreír de manera enigmática. No sabía si se podía acostumbrar a ese comportamiento en el pelinegro, la dejaba turbada de tantos sentimientos que le producía y no los podía descifrar en su totalidad. –Pronto lo entenderás.
Se dejó arrastrar por él adentrándose cada vez más en la aldea.
Dentro de la casa de Sakura el pitillo de la tetera inundaba todo el lugar, pero no había nadie para responder.
Una luz blanca cruzó por el espejo en unos segundos reflejando, después, solo la sala vacía de la pelirosa.
.-.-.
Sasuke abrió sus ojos de repente, su cuarto estaba sumido en oscuridad y el frío estaba comenzando a calar en los huesos. Algo extraño para una noche de verano, se levantó para asegurarse que no se filtraba aire por ningún lado y se acercó a la ventana, que estaba levemente abierta. La cerro escudriñando la oscura calle que daba a la zona comercial de la aldea. No había nadie, lógicamente.
Un escalofrío recorrió su columna vertebral repentinamente. Era de nuevo la sensación de peligro que llevaba sintiendo toda la tarde. Activó su sharingan antes de voltearse a la oscuridad del cuarto, revisó cada rincón avanzando con pasos sigilosos hacia la puerta y tomando su katana en el camino.
Alguien estaba en su apartamento, podía estar casi seguro de eso.
Abrió la puerta lo suficiente para observar la sala y la cocina. No había nada. Soltó un bufido de frustración y encendió la luz del cuarto, dejando la katana a un lado de la puerta. Tal vez solo estaba siendo paranoico.
Caminó hacia la cocina y apoyó sus manos en el lavabo mientras llenaba un vaso de agua. Con sus ojos cerrados intentó encontrar alguna presencia de chakra en el área. Con la cantidad de enemigos que poseía no sería de extrañarse que alguno pensara atacar mientras dormía, aún estaba el incidente en el callejón que podía señalar algún ninja de la niebla tras su cabeza. Pero no había ningún rastro. Decidió hacerle caso a su instinto que seguía advirtiéndole que existía un peligro.
Descartó la idea de que fuera un simple ladrón. Nadie con juicio se atrevería a robarle a Sasuke Uchiha y menos con él dentro de la casa. Tomó lentamente agua, mientras esperaba algún sonido en falso o que el intruso se reflejara en la ventana frente a él.
No sucedió nada.
Movió sus hombros y su cuello para quitar parte de la tensión que aquejaba su cuerpo. Al girarse, su entrecejo se arrugó e hizo un esfuerzo para no mostrarse sorprendido.
—Sakura —llamó con voz firme, retumbando su eco en las paredes del apartamento. La chica frente a él dejó de caminar y levantó su vista con curiosidad.
—Sasuke-kun —dijo, arrastrando las palabras.
El moreno salió de la cocina hasta la sala, donde estaba la Kunoichi, preguntándose cómo no la había visto antes o porque no había sentido su chakra…
Se acercó con pasos cautelosos, examinándola, hasta que solo un sofá los separaba.
—¿Qué haces aquí? Es medianoche.
La chica se encogió de hombros y le sonrió. No con las típicas sonrisas que le iluminaban el rostro, aquella sólo abarcaba sus labios y aumentaba el aura de peligro que sentía.
—Quería estar acá.
—Es mi apartamento —informó lo obvio, pero a la chica no le importó. Se acercó a él con pasos lentos y felinos sin apartar sus afilados ojos de él, contorneando sus caderas con cada movimiento—. ¿Sucede algo malo?
—¿Algo malo? —repitió con tensó su mandíbula, controlando su creciente enojo —A ti no te sucederá nada, a menos que te entrometas demasiado.
Su entrecejo se frunció aún más, marcando una leve arruga entre sus cejas. Sin pensarlo se acercó un poco más y la miró con superioridad aprovechando los varios centímetros de altura que le llevaba.
—¿Es una amenaza?
—Tómalo como quieras.
Los ojos verdes rompieron el contacto visual, pero no intimidados como Sasuke esperaba. En su lugar comenzó a recorrer el torso desnudo del moreno, delineando sus músculos con una mirada voraz que Sasuke jamás pensó que la inocente Kunoichi podía poseer.
No pudo negar que su ego creció varios centímetros. Conocía de sobra los sentimientos infantiles que una vez ella había profesado y aunque no sabía si aún era eso lo que sentía por él, podía asegurar que despertaba cierta clase de deseo en ella. Lo que le daba cierta satisfacción, sin embargo, una parte de su cerebro le gritaba que algo no estaba bien.
Se aclaró la garganta para llamar su tensión y como supuso la chica levantó la mirada con sus ojos verdes brillando y una media sonrisa. Las pequeñas manos de Sakura tocaron su torso desnudo y se deslizaron hacia sus hombros con una lentitud embriagadora. El contacto era frío e hizo que su espalda se erizara. No le tomó importancia a ese hecho, estaba más atento a los movimientos de ella.
—Ahora, vamos a jugar a mi manera —le susurro al oído.
Sin que él pudiera predecirlo la pelirosa lo sujeto de sus hombros, atrayéndolo hacia ella y estampando sus labios con los de él. Exigiendo una respuesta.
Su primera reacción fue alejarla, pero no contaba con el firme abrazo de la chica en su cuello. La sujetó de la cintura aplicando más fuerza para alejarla, solo logrando que ella se aferrara más a él y lo besara con más ahínco.
Solo fue cuestión de unos microsegundos para que los labios del moreno respondieran, acostumbrándose rápidamente a la voracidad que ella imponía. Las manos que aún mantenía en la cintura de la chica ya no la alejaban, por el contrario, la apretaron un poco más contra su cuerpo. No le importo el tacto frío y abrasante que se producían en cada tramo que sus pieles se rozaban, ni que una parte de su cerebro le decía que no lo hiciera. Mando a volar su instinto y relegó todas las inquietantes sensaciones a un rincón oscuro de su mente.
Introdujo sus manos en el sedoso cabello rosa, mientras sus lenguas iniciaban una danza excitante. Parecía una especie de hechizo.
La chica se separó de improviso y él no pudo evitar soltar un gemido de decepción. La miró fijamente, esperando que le diera una explicación ya sea por el beso o por separarse, le daba igual. Los ojos negros bajaron hasta encontrarse con los carnosos labios ahora rojos por su culpa, haciéndolo sentir realmente bien.
—Parece que no te desagrado —le dijo esbozando una sonrisa ladina.
—Parece que tu volviste a ser una acosadora –replicó con el mismo gesto.
La sonrisa de la chica desapareció volvió a acercar a él con ese aire amenazante y lo tomó por los hombros. Sasuke sentía que casi podía volver a saborear aquellos labios que nunca antes había sentido la necesidad tan apremiante de devorarlos. Después de todo era un hombre, y como todos tenían su límite –aún cuando estaba acostumbrado que se le lanzaran encima de él– Sakura no solo se estaba sirviendo en bandeja de oro, sino que llegaba con una actitud tan dominante que lo intrigaba, atraía y despertaba los instintos lujuriosos que no creía poseer. Era una competencia de poder que él no pensaba perder.
La pelirosa se puso de puntillas y entrelazó sus dedos en el sedoso cabello azabache con una lentitud que lo hacía perder los estribos. Sus rostros rozaron hasta quedar uno junto al otro y él se mantenía expectante a cualquier cosa.
—Nunca más lo seré, Uchiha —le susurró al oído con un tono de voz que a Sasuke se le antojó bastante sugerente. –Esta vez serás tú… quien se arrastre a mis pies.
Sakura retrocedió con una sonrisa retadora. Sasuke intentó sujetar, pero la luz de la habitación tirito, fue menos de un segundo y cuando volvió a estar iluminado él se encontraba solo con su brazo estúpidamente alzado.
La chica había desaparecido.
¿Qué demonios estaba pasando?
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Editado. Diciembre, 2022
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