El doppelganger


"Nunca mires a un doppelganger a los ojos"


Capítulo 4

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El tiempo no transcurría.

O al menos eso sentía ella. Las estrellas iluminaban el firmamento con su lento tiriteo y el aire cálido mecía sus cabellos casi acariciándolos. Llegaron hasta el camino principal de Konoha, el mismo por el que habían llegado, las hojas de los árboles se movían al compás del viento y la mortecina luz de las farolas era todo lo que iluminaba el sendero empedrado.

Sakura bajó su mirada hasta toparse con su mano entrelazada con la de Sasuke. Era un sueño; sin embargo, cada sonrojo, cada cosquilleo en el estómago, cada delicada caricia que recibía de tanto en tanto, cada abrazo cálido… todo parecía tan real, como lo estuviera viviendo y no fuera solo el loco deseo de su mente delirante.

Solo la actitud del chico la alentaba a pensar que eso solo pasaba dentro de su cabeza. No había manera de que Sasuke fuera tan abierto, coqueto y despreocupado.

Le gustaba esa forma de ser. Era casi lo que había soñado toda su adolescencia, pero al mismo tiempo una inquietante sensación crecía en sus entrañas y se extendía a medida pasaban las horas.

Sentía como si en cualquier momento recibiría un ataque, sus sentidos estaban completamente en alerta.

—¿Qué sucede, lindura?

Levantó su rostro y se sonrojó, una vez más aquella noche, al encontrar a Sasuke mirándola fijamente con cierta preocupación.

—N…nada, es solo que… creo que debo de volver.

Se volteó hacia el espejo que se mantenía de pie en donde solía estar las grandes puertas de Konoha. Aquel recóndito lugar de la aldea parecía olvidado e incluso lúgubre. Reconoció el garabato que estaba esculpido en el marco dorado, pero antes de poder leerlo Sasuke la llamó captando toda su atención.

— ¿Por qué lo debes de hacer? Este es un sueño ¿no?

—Sí, pero en algún momento debo de despertar.

Se encogió de hombros. Por mucho que quisiera quedarse, sabía que no era posible. Simplemente era el orden natural de las cosas, todo era una fantasía que debía terminar, volverse un bonito recuerdo y morir en las lagunas de la memoria.

—No, si no quieres –. Sasuke se detuvo y ella también. Miró como fruncía el ceño y sintió un revuelo en su estómago al identificar aquella mueca propia del Sasuke que ella conocía.

La hacía sentir mal tener que irse, no solo por ella sino también por él. Esa Konoha era bastante solitaria, no había visto a nadie más aparte de ellos dos, pero se sentía constantemente vigilada; suponía que era un martirio vivir de esa manera. Sintió como la mano del chico se deslizaba de la suya y eso la hizo volver en sí.

—No es que no quiera. Me encantaría quedarme aquí… contigo. – susurro lo último sonrojándose una vez más. – pero, por alguna razón siento que debo volver.

Sasuke soltó un suspiro de derrota. Ver tantas emociones en el Uchiha la turbaba y no sabía cómo reaccionar ante cada una de ellas, lo único que se le ocurría era abrazarlo y acceder a cada una de sus peticiones, pero su dignidad la detenía de hacer ese tipo de cosas. No quería ser, una vez más, la fan número uno de Sasuke Uchiha.

—Supongo que no hay nada que pueda hacer… — Sasuke desvió su mirada hacia el oscuro bosque que flaqueaba el camino y luego regresó la vista hacia ella, pasando un brazo por detrás de sus hombros y atrayéndola a él. –En ese caso déjame escoltarme hasta la salida.

Sakura asintió y caminaron el corto sendero en reconfortante silencio. Se sentía en las nubes. No se percató de las veces que el chico miraba sobre su espalda y como sus ojos se afilaban cada vez más de forma amenazante. Llegaron hasta el cristal y una vez ahí él volvió a girarla, quedando frente a él.

—Siempre tendrás una manera de regresar –le susurró acercándose a su rostro y acariciando las mejillas de la pelirosa con la yema de sus dedos.

—Entonces espérame. Volveré—. El chico dio un leve asentimiento y ella esbozó una sonrisa radiante, lanzándose hacia él y abrazándolo como si no hubiera mañana.

Se dio la vuelta y caminó decidida, atravesando la cortina cristalina y entrando una vez más a su mundo. Sasuke avanzó los pasos que lo separaban del cristal y apoyó su antebrazo en el paso interdimensional que no lo dejaba acceder al mundo fuera del espejo, miró fijamente como la chica subía las escaleras hasta que se perdió en la oscuridad de su casa.

Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios y sus ojos brillaron ante la victoria que podía ver en un futuro cercano.

—Sé que volverás, Sakura.

—¿Qué crees que estás haciendo?

El rostro risueño de Uchiha se borró de golpe, puso los ojos en blanco con cierto fastidio y se dio vuelta para encarar al doppelgänger de Sakura. De la chica dulce y enamoradiza no quedaba nada, solo estaba el impenetrable muro de frialdad que representaba su sombra.

—Lo mismo que tú –respondió tajantemente, colocando sus manos en los bolsillos de manera despreocupada.

—Este no es tu asunto, deja de meterte.

—¿Por qué eres así Sakura-chan? Comparte tu diversión un poco, dicen que así dura más.– Le guiño un ojo y la sonrisa coqueta volvió a sus labios, frustrando a la chica.

—No me interesa compartir nada contigo, Uchiha.

—No parece que pensabas de esa manera en el momento que besaste al del otro lado.

Los ojos del doppelgänger de Sakura se entrecerraron con furia y sus mejillas se tornaron rojas de la ira, el doble de Sasuke soltó una carcajada que se esparció en la soledad del camino.

—¡Sabes muy bien cuales son mis intenciones!

—Y debo decirte que me fascinan, realmente aprovecharás esta oportunidad. Así que acepta mi ayuda, si Sakura no hubiese entrado aquí, tú no podrías haberte hecho corpórea al otro lado y avanzarías más lento en todo esto. –Sasuke avanzó a paso lento hasta ella y sujetó su mentón entre su mano obligándola a mirarlo. –Llevo más tiempo divirtiéndome a costillas del otro, de lo que tú podrás estar con esa Sakura. Acepta mis consejos, preciosa. –le susurró acercando su rostro peligrosamente al de ella.

—Nunca, Uchiha.

Sakura se separó bruscamente de él, girando sobre sus talones y dispuesta a adentrarse a la desértica aldea, pero antes de que se alejara mucho, el moreno volvió a alzar la voz obligándola a detenerse.

—Tu rudeza no me impresiona. Recuerda que aunque seamos lo opuesto, hay ciertas cosas que tenemos en común con los del otro lado.

Sakura lo miró sobre su hombro como si ese ente fuera lo más repulsivo del universo.

—Y tú recuerda que soy yo la que puede atravesar la puerta.

La sonrisa socarrona de Sasuke se desvaneció poco a poco mientras la espalda de la Kunoichi se alejaba de él.

—1—

Sasuke mantenía su mirada clavada en el techo, había permanecido así la mayor parte de la noche. Pensando en todas las extrañas situaciones que había presenciado en los últimos días terminando con el discordante comportamiento de Sakura.

El encuentro en el hospital, la extraña sombra en los campos de entrenamiento, el comportamiento de Akamaru y el encuentro en su casa… Enumeró todo una vez más, buscó los puntos en común y aun así no lograba cómo hacer encajar todo con el suceso en el callejón, a pesar de que en ese instante se sintió igual de alarmado que en los otros.

Un ruido seco fuera de su habitación lo sacó de sus pensamientos. Apretó el kunai que sostenía en su mano derecha y sus ojos se tiñeron de rojo, mientras observaba atentamente la puerta. Avanzó con cautela y salió de la habitación sin hacer ningún ruido. De un brusco movimiento su mejor amigo salió de la alacena y él tuvo que detener el impulso de lanzar el arma.

— ¿Qué haces aquí? – preguntó y una vez más el encuentro con su compañera volvió a su mente. Movió, casi imperceptiblemente, la cabeza de un lado a otro queriendo sacar esos pensamientos de una vez por todas.

— ¡Hey teme! Pensé que seguirías de vago y estarías durmiendo.

—Hmp.

Entró a la cocina y se sentó en la pequeña mesa mientras observaba como él rubio iba de un lado a otro revisando sus gavetas. Finalmente colocó en la mesa dos cuencos, la caja de leche y un cereal; y se sentó frente a Sasuke desayunando tranquilamente. Sasuke suspiró y dejó el kunai en la mesa antes de servirse.

— ¿Por qué traes eso? – preguntó Naruto, observando el arma.

—Pensé que eras un enemigo. – El rubio alzó una ceja, más extrañado. – Entraste a mí casi sin avisar. – aclaró entre dientes.

—Siempre lo hago. Tienes que relajarte, nadie va a saltar a matarte solo porque bajes la guardia un poco.

—No estoy muy seguro de eso.

Naruto lo miró fijamente dejando a un lado su comida y Sasuke supo que solo le quedaba contarle lo sucedido en el callejón. Soltó un suspiro más antes de comenzar.

— ¡Oye! – lo interrumpió Naruto antes de que él terminara de hablar. –Ya te dije que no me gustan las historias de fantasmas.

—No es ninguna estúpida historia de fantasmas. – contestó alzando una ceja. – No soy un miedoso como tú, Idiota.

— ¡Que no lo soy, teme! Pero lo que tú dices, se parece a las apariciones, además no había nadie cuando la niebla se esparció.

— ¿Y no puede ser un jutsu de la aldea de la niebla? ¿Recuerdas a Zabusa? – preguntó con un deje de sarcasmo.

— ¿Entonces crees que un ninja de la niebla quiere matarte? – Sasuke observó fijamente sin decir una palabra. — ¡No seas idiota! ¿Recuerdas que tenemos un tratado de paz con ellos? – respondió imitando el tono anterior del moreno.

—Hn, ¿Y qué hay del Raikage? No creo que su tratado de paz me incluya.

— ¿Por qué no? Después de todo nunca capturaste a Be y si olvidamos la pelea en la cumbre; no tiene por qué buscarte.

— ¿Y cómo estás seguro que lo olvidará así como si nada? Perdió su brazo.

— ¡Ay Sasuke! – Naruto suspiro, se acercó un poco más a la mesa mirando fijamente al moreno. – Acabamos de salir de una guerra, nadie quiere volver a eso. No hay amenazas. – explico cómo quien habla con un niño muy pequeño.

Sasuke soltó un gruñido. Era lo mismo que le había dicho Sakura el día anterior. Todos estaban demasiado confiados, se estaban convirtiendo en un blanco fácil. Esta vez cayó, necesitaba pruebas, le mostraría a ambos lo equivocado que estaban.

Se levantó de la mesa y volvió a guardar su arma, saliendo de la cocina sin decir nada.

— ¡Hey teme! ¿Iremos a entrenar? Kakashi se ha ido de misión. – informó Naruto.

—No, debo ver los últimos términos de la construcción. Quiero mudarme lo antes posible.

—No tiene que ver eso con los ataques de paranoia, ¿O sí?

El Uchiha soltó un sonido indefinible marchándose del lugar con un sonoro golpe de la puerta. Naruto se encogió de hombros sin darle importancia y continúo con su desayuno.

Un viento frío entró por alguna ventana y junto a este un susurro.

—Naruto…

El ninja se puso en alerta de inmediato y buscó el origen de su llamado. No había nadie más en el apartamento, se acercó a una de las ventanas y comenzó a ver la calle esperando encontrar a alguien conocido, pero una vez más no sucedió nada… el lugar estaba desértico. Un escalofrío cruzó toda su columna vertebral y sin pensarlo dos veces salió de ahí buscando al moreno.

—Maldito idiota asocial, porque tiene que vivir en lugares tan solos. – iba murmurando por los pasillos, mientras miraba una y otra vez sobre su hombro.

Al salir a la cálida luz de la mañana se sintió mejor. Sasuke solo iba unos pasos delante de él, por lo que aprovechó a darle alcance lo antes posible.

— ¿Qué pasó? ¿Te salió un fantasma? – se burló Sasuke al verlo llegar tan agitado y pálido.— Miedosito.

Naruto torció sus labios y cruzó sus brazos frente a su pecho.

—Cállate – espetó con enfado. – Es tu culpa.

Sasuke soltó una corta y ronca risa que crispó aún más los nervios del rubio.

El Uchiha vivía en el tercer piso de aquel pequeño edificio y una de las ventanas daba directamente a la calle donde ambos caminaban, una ventana que permanecía abierta y donde se podía distinguir la silueta de una chica pelirosa mirándolos fijamente. Sonriendo.

Ninguno de los dos la miró, ninguno sintió la presencia por estar enfrascados en su discusión y para cuando Naruto quiso percatarse una vez más que nadie los seguía aquella sombra ya había desaparecido.

Cruzaron toda la calle comercial, Naruto hablando sin parar y Sasuke ignorándolo completamente, hasta que cerca del final de esta el rubio se detuvo y llamó a gritos a una persona. Sasuke miró en aquella dirección y se encontró con Sakura caminando hacia ellos, pero no venía sola. El ninja de la raíz llamado Sai estaba junto a ella — demasiado juntos — pensó Sasuke al notar que los hombros de ambos casi se rozaban al caminar. Entrecerró sus ojos analizando al chico que había sido su reemplazo.

No le miraba nada extraordinario. Que no expresara ningún sentimiento al momento de la batalla no le parecía nada del otro mundo, incluso era una de las reglas de los ninjas, cualquier shinobi medianamente entrenado –a excepción de Naruto, por supuesto– podría hacerlo. Más bien ese hecho lo hacía ver como un inadaptado social al momento de mezclarse en la vida ordinaria. Parecía que lo único que podía hacer era esbozar unas falsas y estúpidas sonrisas que lo sacaban de quicio.

Y su modo de batalla tampoco le parecía algo para presumir. Era sigiloso, algo fuerte y rápido, sí. Pero él ya había peleado con ninjas mucho más fuertes y habilidosos que ese chico pintor.

Era un insulto que lo compararan con él… después de todo solo era un reemplazo, debía haber desaparecido cuando él regresó.

—Uchiha – saludo Sai, ampliando la sonrisa que Sasuke detestaba.

Se tragó las ganas de gruñir y respondió con un seco movimiento de cabeza. Luego sus ojos se fueron directo a la pelirosa que se sonrojo y sorprendió por la intensidad de la mirada.

—Hola, Sasuke-kun –saludó casi en un susurro.

—Sakura-chan, necesito tu ayuda. – interrumpió Naruto, antes de que el Uchiha pudiera decir algo y sin esperar una respuesta tomó su mano y la llevó lejos de ahí.

El silencio se extendió entre los dos shinobis. Sasuke siguió con la mirada a sus dos compañeros hasta que se perdieron entre la multitud, sus ojos fulminando a ambos ya que había un tema pendiente entre él y Sakura, tenía que aclarar lo ocurrido la noche pasada.

—Tú también lo has sentido. – afirmó Sai. Sasuke volteo hacia él, sin ninguna expresión aparte del fastidio—. La extraña presencia que rodea a Sakura —aclaró el ninja pintor. No necesito que el Uchiha respondiera, la expresión de asombro que cruzó su rostro por una milésima de segundo le dijo todo lo que el ANBU necesitaba. –Pero creo que es normal. Después de todo hubo una guerra y he leído que las almas pueden quedar sujetas a este mundo…

Sasuke hizo un sonido despectivo con su garganta y se marchó. Otro con el mismo cuento de Naruto, ni siquiera sabía porque se dignó en escucharlo en primer lugar. Llegó a un sendero que se encontraba solo, a su izquierda habían árboles y a su derecha unas pocas casas que disminuían hasta dejar solamente el camino al barrio Uchiha, cuya entrada no hacía honor a los recuerdos de su niñez, y en medio de ambos, la edificación que sería su futura casa.

—2—

— ¿Entonces? –preguntó Sakura. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Sasuke y Sai, ella y Naruto comenzaron a caminar tranquilamente, habían alcanzado el pequeño parque de juegos para niños y ambos estaban sentados frente a este observando el lago. Durante todo ese tiempo, Naruto no había logrado formar una oración coherente. –Naruto, si no tienes nada que decirme, me marcho.

Intentó levantarse, pero la mano del rubio la detuvo.

—Espera. – imploró. Sakura soltó un suspiro pero permaneció junto al chico, creciendo su curiosidad al ver como comenzaba a sonrojarse. – eh… eto… tu, no sé si… recuerdas, eh, la batalla contra Pain. – Sakura asintió solemnemente, esta vez con más atención en el asunto – ¿Y… recuerdas… lo que Hinata dijo? – Sakura abrió sus ojos y dejó escapar una pequeña exclamación – ¿Con que era eso? –pensó–. Ya sé que ha pasado mucho tiempo, pero yo solo quiero saber… Bueno, tú eres amiga de Hinata y…

—Ya entendí Naruto– El chico volteo hacia ella ansioso, sabía que solo Sakura podía ayudarlo. Ella le sonrió tiernamente. Naruto se lo merecía, Hinata también–. Sus sentimientos no han cambiado, te lo puedo asegurar.

—¡¿Estás segura?! –Sakura asintió nuevamente con una sonrisa divertida al ver el rostro de incrédulo de Naruto–. Porque la he visto mucho con Kiba y nunca me deja acercarme.

—Tonto… — murmuró Sakura entre bromas. – Claro que no te dejará acercarte si vas y le preguntas porque se desmaya. Solo la está protegiendo.

— ¿De mí? Pero yo jamás le haría algo malo a Hinata-chan.

—Lo sé— Sakura soltó un suspiro y se recostó en la grama, Naruto la miró con curiosidad—. Es solo que ellos, Neji y Kiba, la protegen. Creen que la rechazarás.

—Oh.

Naruto se quedó sin palabras, apoyó sus brazos sobre sus rodillas y su cabeza sobre estos, perdiendo su vista en las cristalinas aguas del lago. Lo entendía, él haría lo mismo por Sakura. Lo estaba haciendo, por eso tenía que hacer que el estúpido de Sasuke reconociera lo que él ya sabia.

—Oye… — Sakura volvió a sentarse junto a él y colocó una mano en el hombro del chico abatido. –Yo te ayudaré. Hablaré con Hinata para que venga a este lugar mañana, le diré que seré yo quien la esperaré así no vendrán ni Neji, ni Kiba; pero realmente serás tú quien esté aquí.

—¡Eres la mejor Sakura-chan! – gritó Naruto, estrujándola en un abrazo asfixiante.

Sakura rió y como pudo le correspondió. Tal vez Hinata tenía un primo y compañeros de equipo que la protegían, pero no era la única y ella, como amiga, debía velar por la felicidad de Naruto.

—Si la lastimas, seré yo quien te rompa todos los huesos

—3—

El vaho se arremolinaba alrededor de su cara cada vez que exhalaba. El frío que estaban sufriendo era atroz, pero ninguna queja salió de su boca. Se mantuvieron en la oscuridad cubiertos entre las hojas de aquel denso bosque. Miró a la persona que estaba en el suelo junto a ella y de inmediato pudo notar como Shikamaru estaba perdido en sus pensamientos. Sus ojos cerúleos viajaron nuevamente al frente donde podía observar como Koji estaba listo para atacar.

Los venían siguiendo desde un par de kilómetros, los tres lo habían sentido, aunque no era precisamente el chakra, sino más bien su instinto de ninja, lo que había advertido e Ino había aprendido a seguir esas corazonadas.

Todo comenzó con un cambio en el ambiente. Varios animales salieron apresurados de sus escondites sin importarles la lluvia que caía sin cesar, haciendo que el silencio reinara en el bosque y pronto sintieron el aire mucho más frío. No perdieron tiempo en ocultarse y esperar las órdenes de su líder.

De pronto un ninja saltó en medio del claro captando su atención. Ino la reconoció al instante. El cabello rosa estaba empapado, su rostro inescrutable y su cuerpo se movía lentamente, en completo control.

—Sakura… — susurro Ino entre un suspiro de alivio. Su cuerpo se relajó de inmediato.

La pelirosa volteo sobre su hombro al llamado e Ino pudo notar como los ojos verdes se clavaban en ella, sin embargo no hubo ningún otro indicio de que Sakura la hubiera visto a ella o a otros de sus compañeros.

—Qué extraño – escuchó murmurar a Shikamaru.

Sakura saltó, perdiéndose entre el follaje pero su voz llegó nítida a los oídos de la rubia.

Sígueme…

Ino se levantó de un salto desconcertada.

— ¿Qué haces Ino? Vuelve a esconderte – ordenó Shikamaru.

—Debo ir por ella. Hay algo extraño en este bosque.

Ino saltó de su lugar antes que ninguno de los dos chicos la detuviera y se internó en la oscuridad siguiendo los pasos de Sakura.

Sígueme Ino…

La voz era lo único que la guiaba. Dejó de saltar de árbol en árbol, para comenzar a correr por el fangoso suelo. La sensación de persecución crecía en su interior, su corazón retumba en su pecho y aun no sabia que era aquello que la atemorizaba.

Se detuvo abruptamente en medio de la nada, el denso follaje impedía la entrada de sol y amortiguaba un poco la caída de la lluvia. Ino observó a todos lados y sujetó un kunais. Una risa que parecía provenir de todos lados le ponía los nervios de punto.

Frunció su ceño y se dio cuenta que todo podía ser una trampa… en la que ella había caído totalmente. Sin embargo, algo dentro de ella le decía que la pelirosa si era Sakura, que no era ningún jutsu.

Liberación– susurró, y como sospechaba no hubo ningún cambio favorable en el ambiente. Al contrario, su cuerpo se estremeció de frío, el silencio se volvió más impenetrable y una densa neblina comenzó a caer sobre ella, dificultando aún más la vista.

Ino se llevó una mano a la cabeza maldiciendo por lo bajo el inoportuno momento en que era atacada por una jaqueca.

¿Qué sucede Ino? ¿Te parece si jugamos a las escondidas?

Se volteó, percatandose que Sakura se acercaba a ella con pasos silenciosos.

— ¡¿Qué?! – preguntó incrédula.

Juguemos, como cuando éramos niñas. – Una sonrisa ladina se instaló en los labios de la pelirosa y con pasos felinos avanzó. Ino retrocedió por instinto.

—Deja de decir tonterías, este lugar es peligroso.

¿Peligroso? Pero si solo estamos tú y yo. A menos que para ti, eso sea peligroso –Sakura detuvo su andar, haciendo que su frase flotara en el aire e inundara el silencio que se formó entre las dos.

— ¿Por qué dices eso? – preguntó en un susurro. –Somos amigas.

—Entonces, juguemos. Me quiero divertir.

Sakura se acercó un poco más e Ino la pudo divisar perfectamente sin que la niebla interfiriera, aunque su dolor de cabeza aumento. Sus ojos azules se entrecerraron al percatarse de la extraña expresión de su amiga. El brillo maléfico en los ojos jades y la sonrisa maquiavélica no encajaba en la enérgica y a veces melancólica Kunoichi que conocía de toda su vida.

Ino dio un paso hacia atrás y afirmó el agarre sobre el kunai.

¿Por qué retrocedes? No has dicho que somos amigas.

— ¿Qué te sucede? – explotó Ino, perturbada por la atmósfera viciada que la impacientaba a niveles descomunales. —¿Sigues enojada por lo de ayer?

No –fue la rotunda respuesta. El semblante de Sakura se tornó completamente serio y un escalofrío corrió por el cuerpo de la rubia. –Es simplemente que me estorbas… siempre interfiriendo en mi camino: con Sasuke, con mi entrenamiento como medic-nin, con mi reconocimiento como Kunoichi y como mujer… pero ya no eres una rival para mí, por eso seré generosa y dejaré que juguemos una última vez. –Sakura se acercó y antes que Ino pudiera hacer algo la sujetó del cuello y la levantó varios centímetros del suelo. –Corre, corre, seré yo quien te atrape.

La sonrisa siniestra volvió a Sakura, movió su brazo y lanzó a Ino varios metros lejos. El cuerpo de Yamanaka chocó contra el robusto tronco de un árbol antes de caer al piso, se levantó de inmediato y lanzó un par de kunais que Sakura esquivó con demasiada facilidad.

—¿Quién eres? Muestra tu verdadera identidad.

Sakura rió, pero el sonido parecía brotar de las mismas entrañas de la tierra, inundaba cada rincón del bosque y se repetía con un eco mortecino que viajaba con la brisa. Irritada, Ino se lanzó hacia la chica. Su puño fue esquivado al mismo tiempo en que Sakura sujetaba su muñeca; su patada, con la pierna de la otra y antes de poder hacer algo más, volvía a salir disparada sin aire en los pulmones por el golpe que había recibido en su estómago.

Se levantó nuevamente y limpio el hilo de sangre que corría por la comisura de su boca.

Soy la indefensa niña que conociste en el jardín de la escuela, la misma de la que te burlabas por años…

—Eso quedó en el pasado –la interrumpió con voz entrecortada.

Lo sé –se encogió de hombros restándole importancia y luego volvió su andar hasta la rubia. –No estoy aquí por eso… solo me encargo que no vuelvas a ser un estorbo.

Sakura le proporcionó una patada con la fuerza descomunal de la que hacía gala. Ino se retorció en el piso, su cuerpo lleno de magulladuras y manchas de lodo. Intentó ponerse de pie y volver a la lucha pero todo era en vano, parecía una niña encaprichada por una pelea.

¿Crees que puedes luchar contra mí? –Rió Sakura. –Yo soy más poderosa –murmuró antes de volver a lanzar a la rubia por los aires.

El cuerpo de Ino se detuvo al impactar un gran árbol y la madera de este crujió bajo su espalda. No se puso a pensar en las palabras de la pelirosa, pero algo dentro de ella le decía que tenía razón, su única posibilidad era huir. Corrió en dirección opuesta de Sakura, sus botas se hundían en el fango haciéndola cada vez más lenta y los golpes en su cuerpo le dificultaban respirar. Sentía a Sakura detrás de ella, siguiéndola con ese paso que parecía relajado pero era tan amenazador y mortífero que le erizaba la piel. Se sentía pequeña, incapaz de huir del retorcido destino.

Sus pies se barrieron y antes de poder caer se sujetó del tronco más cercano, lanzando un gemido de sorpresa.

—El camino se ha terminado –susurró Sakura a su oído. Su corazón se paralizó en ese momento, comprendiendo lo que la fría voz implicaba.

Sakura tomó su brazo libre y lo dobló contra su espalda sacándole gemidos de dolor. Un grito inundó el bosque al mismo tiempo que los huesos crujían y el brazo caía inerte a un costado de ella.

Sakura la giró hasta que se encontraron cara a cara y una vez más la sujetó del cuello. Se miraron tendidamente por un tiempo y luego, con la rapidez de un pensamiento, Ino abrió completamente sus ojos azules.

—Eres tú –murmuró confundida –pero al mismo tiempo no.

Sakura frunció sus labios y entrecerró su vista, enojada.

— ¡Ino!

— ¡Ino!

Las voces de los dos shinobis llegaron nítidas hasta sus oídos. Con un último golpe, Sakura le sacó todo el aire de los pulmones y la dejó rodar colina abajo hasta una piedra lo suficientemente grande para robarle el último atisbo de conciencia.

Sakura miró sobre su hombro. Shikamaru y Koji interrumpían el pequeño campo de batalla y ella sonrió para sí misma. Saltó a la oscuridad y su cuerpo poco a poco se fue fundiendo con las sombras, volviendo a su lugar de origen… aún quedaba mucho por hacer.

Shikamaru clavó su mirada en el punto, ahora vacío, donde la Kunoichi había huido. Que había pasado, ya no podía incluso sentir el chakra de la pelirosa.

— ¡Shikamaru, apresúrate! –Lo llamo Koji.

El moreno lo siguió y horrorizado descubrió el cuerpo de su compañera, su cabello platinado esparcido alrededor de su rostro y cubierto de fango y sangre, al igual que el resto de su cuerpo y ropas.

—Debemos llegar a Konoha lo antes posible –dictaminó.

Koji sujetó a la rubia entre sus brazos, iniciando la carrera más desesperada que había dado hasta esos momentos… era su compañera, su amiga, no podía dejar que nada le pasara. El moreno iba junto a ellos, alternando su vista entre Ino y el camino frente a ellos. ¿Qué había ocurrido? ¿Quién los atacó? ¿Era realmente Sakura? ¿Cuál era el motivo?

Solo eran preguntas sin una respuesta, preguntas que crecían ante la incertidumbre. Shikamaru se prometió resolver el misterio, pero primero debía de calmarse y no decidir nada hasta que la rubia estuviera fuera de peligro.

—4—

Sasuke estaba satisfecho con el trabajo.

La estructura en general era similar a la casa en la que había vivido en su niñez, pero había pequeños detalles que la hacían diferente.

Se había pasado el día dando una última revisada a la construcción, que el lugar estuviera pulcro y habitable, pero sobre todo que le hiciera honor a la grandeza de su clan y a las imágenes de su memoria. Y ahora estaba solo, detrás de la puerta principal atiborrado de los recuerdos que su vista le producía.

Podía verse a sí mismo bajando con saltos las escaleras frente a él. Recibiendo con júbilo, admiración y esperanza a su hermano mayor; si volteaba a la izquierda visualizaba a su madre y las cálidas sonrisas que siempre tenía para él, mientras salía de la cocina con algún bocadillo y detrás de ella su padre, observando todo con un rostro inescrutable.

Sasuke soltó un suspiro y dio un paso al frente, los fantasmas se desvanecieron y volvía a estar solo en la fría y vacía casa. Cruzó el vestíbulo y dobló a la izquierda, corrió la puerta que estaba junto a la cocina – y que no existía en la casa de su niñez, — y salió al jardín. El extenso corredor que se extendía a un costado de la casa, llevaba a un gran salón para meditar o reunirse, según fuera la ocasión. Sasuke se detuvo a medio camino de esa habitación y se sentó en la delicada madera, sus pies quedaban en el aire sin tan siquiera rozar el piso del desértico patio y sus ojos volvían a empañarse en recuerdos. Cerró sus ojos para visualizar el siempre verde jardín que tenía su madre, pero esa era una imagen opaca, ya no podía sentir el frescor del aroma de las flores ni el murmullo del agua que siempre circulaba por la fuente.

Al fin sentía que los recuerdos comenzaban a dejarlo en paz, ya no lo acosaban tan constantemente. Tal vez ya podría vivir su vida y no a la sombra de los difuntos.

Se tumbó en el suelo, por una parte miraba el techo sobre él y por otra el cielo naranja con amenazadoras nubes. Corrió su vista al final del pasillo y vio la puerta doble de la última habitación. El camino era dolorosamente igual al de sus pesadillas, pero le confortaba saber que si llegaba hasta ahí, el cuarto no estaría bañado de sangre.

Esa casa no tenía manchas de asesinato, de traición, no tenía fantasmas de su pasado… Eso, sobre todas las cosas, la hacía diferente.

El ruido de una puerta al correrse lo sacó de sus pensamientos. Se sentó inmediatamente y deslizó un kunai hasta su mano derecha. Esperó, pero nada más sucedió. Convencido que no era su imaginación, Sasuke se puso de pie y con sus ágiles pasos de ninja volvió hacia el vestíbulo. La oscuridad comenzaba a adueñarse de la casa así que encendió la luz a medida atravesaba el lugar, se acercó hasta las escaleras mirando con cautela cada rincón, pero una vez ahí el foco sobre su cabeza comenzó a tiritar.

Sasuke frunció su ceño y en un instante la luz se apagó. Sus ojos se tiñeron de rojo y eran lo único que brillaba en la completa oscuridad en la que se encontraba, el silencio se hizo más denso. Su cuerpo se tensó al sentirse amenazado y cambió su sharingan al legendario Magenkyo.

La luz brilló nuevamente sobre su cabeza antes de que él pudiera dar ni siquiera un paso y el suave murmullo de las personas llegó hasta él.

Un trueno rugió en el cielo y Sasuke tuvo la certeza que lo mejor era retirarse. Quien sea –o lo que sea— que había estado en su casa, ya no se encontraba… no había necesidad de seguir buscando.

Cerró la casa y volvió al sendero que lo llevaba al centro de la aldea, algunos niños jugaban por el solitario camino, otros se apuraban a sus hogares ante la amenaza de tormenta, pero nadie más parecía advertir la extraña sensación de la que Sasuke no se podía librar.

—Están demasiado confiados… todos.

Pensó nuevamente, y recordó lo que tanto Naruto como Sakura le habían dicho. ¿Podría ser que solo él fuera el paranoico? ¿Había olvidado acaso lo que era vivir en tiempos de paz? Alzó su vista y como respondiendo a sus pensamientos el rústico edificio de la biblioteca se materializó frente a él.

No era una construcción vieja por supuesto, al igual que casi todo el pueblo había sido reconstruido después del ataque de Pain, pero con los pocos meses ya había adoptado el aire solemne y antiguo de los escritos que guardaban. Constaba de un solo piso con paredes de tonos café y grandes ventanas en todas sus paredes, a través de ellas podía ver los estantes llenos de libros y pergaminos y varias mesas dispuestas cada tanto para facilitar la lectura. Sasuke se encaminó hasta ahí, inconscientemente y una vez frente a las puertas de caoba se detuvo.

… las almas pueden quedar sujetas a este mundo…

Las palabras de Sai retumbaron en su mente y la curiosidad lo invadió.

Él estaba consciente de los estragos que una guerra –la pérdida masiva de seres queridos– podía hacer en una persona, pero no de aquella manera, no de una manera tan fantasiosa.

Entró al edificio resuelto. Sus ávidos ojos recorrieron el gran salón lleno de libreros que formaban pasillos hasta toparse con una asombrada figura femenina que lo observaba petrificada en el lado opuesto. De un respingo, la escuálida chica de lentes redondos, salió de su trance y dio unos cuantos pasos hacia él. Sasuke supuso que era la encargada del lugar, ya que no parecía que otra persona más estuviera en el edificio, pero eso no impidió que con una de sus glaciales miradas la chica dejara de seguirlo.

Lo que menos quería era a una completa desconocida hurgando en sus asuntos y menos los de ese tipo.

Sasuke recorrió las filas de libros. Observando sin parar los títulos que se exhibían en los lomos. Un tomo pequeño, negro, delgado le llamo la atención. Con letras doradas apenas se leía el título "Paranormal" a uno de sus costados. Al tomarlo se dio cuenta que no decía nada en su portada, solo era la cubierta de cuero desgastada por los años.

Las primeras páginas estaban en blanco, Sasuke las pasó con rapidez ignorando la parte de su ser que se sentía ridículo de solo tomar aquel libro.

Percepciones Paranormales – leyó finalmente en la tercera página y debajo de esta había una nota escrita con una letra diferente.

"La ignorancia crea víctimas fáciles, los conduce a la seductora oscuridad sin que las desdichadas almas se percaten, llenando de curiosidad, confusión y terror hasta que no exista retorno posible.

…Hasta que finalmente el Mal gana.

Pero el conocimiento… ¡Oh! El conocimiento condena. Crea esclavos de la verdad, quienes ven finalmente los demonios que caminan entre nosotros, ven las señales y saben, a fin de cuentas, que no hay salvación posible, que cualquier intento es inútil cuando ambos planos se fusionan y que solo los vivos tienen algo que perder.

Y ellos saben cuándo tú los ves.

Nunca más podrás descansar."

Sus cejas se unieron al terminar de leer la clara advertencia – o podía decirle también, invitación. — Ciertamente quien llegaba a leer hasta ese punto ya estaría completamente lleno de curiosidad lo que lo ubicaba en el primer párrafo con la leve esperanza de salvación si dejaba las cosas hasta ahí, pero al mismo tiempo los proporcionaba de la información necesaria para caer dentro de la segunda advertencia…

Detestaba la ambigüedad con la que se trataban esos temas místicos, nunca diciendo nada en concreto y siempre dejando el espacio para buscar más.

Pasó la página. Él no le temía a nada, no creía en esas estupideces y no iba a cambiar su opinión por leer unas cuantas líneas que tenían como único fin asustar a niños curiosos.

No se dio cuenta en el momento en el que se recargó en el estante de libros y comenzó a devorar cada palabra escrita, su rostro se iba contrayendo más a cada momento.

"Un encuentro paranormal o extrasensorial, no se limita a la visión de espíritus o sombras que no podemos identificar. Para que esté realmente suceda existen una serie de elementos que nos conducen a pensar que estamos en una situación como esta. No todos ocurren a la vez y a veces aunque sea el encuentro con el mismo ente, no se da de la misma manera.

En muchas de las situaciones descritas a continuación, podríamos encontrar respuestas lógicas y comunes que expliquen las diferentes sensaciones percibidas, volviéndonos a encerrar en la mente racional y alejándonos del mundo sutil que nos rodea; otras, sin embargo, se escapan del entendimiento humano y estas que aparentemente no tiene explicación son las que con tanto afán deseamos omitir en nuestras vidas, para salvar no solo nuestra psique, sino también nuestra alma.

Debemos recordar también, la predisposición de algunos individuos ante estas situaciones, siendo más sensibles a este tiempo de escenarios. Tal vez por el desarrollo de algunos sentidos o la habilidad mental para aceptarlos y convivir con ellos. Así, también, como los animales están más unidos a este mundo invisible al ojo humano, sintiendo no solo su presencia sino también si se trata de una amenaza o es una simple alma vagando…

Dentro de las situaciones más comunes que nos pueden advertir de la presencia de seres espirituales son: Cambio en la temperatura del ambiente, la sensación de no estar solos (Sensa Proximae) que trae consigo la necesidad de huir o la advertencia de un peligro, dolores de cabeza, escalofríos…,"

Un carraspeo retumbó entre las paredes de libros, sintiéndose más fuerte y lleno de eco debido a la soledad de aquel lugar. Sasuke levantó la cabeza, sin mostrar el sobresalto que había tenido y fulminó a la chica de gafas que estaba al inicio del pasillo.

—Ya… ya es hora de cerrar… Uchiha-san – dijo torpemente.

Sasuke cerró el libro pequeño de un golpe y caminó por el pasillo pasando al lado de ella.

—Tienes… tienes que inscribirte si te lo llevas —Una sola mirada del moreno bastó para que el trámite no fuera necesario —… o no –murmuró perpleja y muerta de miedo.

Las calles estaban bastante oscuras, no era la hora normal en que la noche tomara posesión del cielo, pero los nubarrones negros ocultaban completamente el sol y las farolas de las calles aún no se encendían. Sumado a los fuertes vientos que azotaban de todas direcciones, hacían que las personas huyeran a la calidez de sus hogares. A Sasuke no le molestaba la tranquilidad que se apoderaba de las calles, lo prefería así. Tenía tanto en que pensar.

Al llegar al puesto de Ichiraku, tenía una idea bastante clara de lo que deseaba demostrar.

Se sentó junto a Naruto sin hacer el menor ruido y pidió un bol de lo mismo que el rubio estuviera engullendo. Fue hasta ese momento en que Naruto lo observó, con un rostro más brillante que de costumbre.

—Vaya, pensé que no vendrías.

—Hn –Disimuladamente guardó el pequeño libro en su bolsa de armas.

—El entusiasmo que le imprimes a todo me abruma. Pero ¿sabes qué? Estoy demasiado feliz para que eso me importe –el tazón de ramen apareció frente a Sasuke y este empezó a comer como si Naruto no hubiera dicho nada, al final de cuentas siempre terminaría contando todo. – Sé que te mueres por saberlo, pero eres tan bastardo que nunca preguntarías. Así que muérete de la curiosidad Sasuke, no te diré nada hasta mañana.

Sasuke alzó una ceja, girando por primera vez hacia Naruto.

—Realmente no me importa. Lo que sea, te hace parecer más perdedor de lo usual.

Naruto lanzó una exclamación ofendido y finalmente se olvidó del ramen.

—Claro, como tú sigues jodido con Sakura-chan quieres… — Sasuke esbozó una sonrisa torcida, al recordar el breve encuentro con la chica la noche anterior. Naruto se calló al verlo, aterrorizado por eso. — ¿Por qué sonríes así? ¿Qué sucedió con Sakura-chan?

—Nada que te incumba.

— ¡¿Pero qué quieres decir?!

—Naruto —lo llamó y esta vez el chico se tranquilizó. – hay algo que debes hacer.

Los ojos cerúleos brillaron de incredulidad ante la tacita petición y lo único que pudo hacer fue asistir lentamente.

—5—

Sakura soltó un suspiro de satisfacción. Se sentía tan bien, completamente relajada. Al fin los estresantes días que había pasado quedaron relegados a un oscuro lugar de su mente, de donde no pensaba removerlos.

Se sumergió un poco más en la tina dejando que el agua la cubriera por completo, cerró los ojos y se permitió estar así por unos minutos. El agua se estaba enfriando y lo menos que quería era pescar una gripe. Por alguna razón, la sola idea del hospital le erizaba la piel. Sentía, no, debía permanecer alejada de ese sitio.

Se levantó, un poco disgustada por arruinar de esa forma su baño relajante y tomó las toallas más cercanas, envolviendo su cuerpo y su cabello.

Atravesó el baño, hasta colocarse frente al lavabo y apagó los inciensos que había colocado. La superficie plateada del espejo estaba completamente empañada por el vapor, pasó una mano sobre esta y su corazón saltó.

Dio un paso hacia atrás sobresaltada y ahogó un grito con sus manos.

No era su reflejo el que estaba ahí. No, era el rostro de Sasuke quien la observaba divertido.

—Hola, Sakurita –la voz profunda del chico llena de aquel toque juguetón se le antojo sumamente excitante.

Sus mejillas se tiñeron de rojo al comprender lo que pasaba. Probablemente se había quedado dormida en la tina y ahora estaba soñando nuevamente con Sasuke. Con ese Sasuke encantador que… ¡No! Debía parar sus pensamientos ahora mismo, sino no podría volver a ver a su compañero a la cara.

Se frotó los ojos, pero la imagen del chico no desaparecía, en su lugar, la sonrisa arrogante se ensanchaba.

—Creí que ya habíamos pasado esta parte. –dijo él en broma.

—¿Qué parte Sasuke-kun?

—No estás soñando —se adelantó. –Ya te dije que soy bastante real.

—Entonces lo de ayer… —Sacudió su cabeza sin poderse creer todo lo que pasaba. —¿Cómo es posible que estés dentro del espejo?

—Entra y te contaré todo. Ya sabes cómo hacerlo.

Sakura iba a preguntar más en ese momento alguien habló a su puerta, se giró por acto reflejo y cuando volvió su vista al espejo solo estaba su rostro perplejo y más pálido de lo usual.

Salió de la habitación y se colocó lo primero que encontró.

—Un momento –gritó cuando bajaba las gradas. Se quedó de piedra al abrir la puerta y no supo cómo reaccionar. –Sasuke… kun –habló asombrada y sus mejillas se sonrojaron de inmediato.

Sasuke alzó una ceja, sin pronunciar ninguna palabra y con su rostro inmutable. No había rastro del brillo de diversión en sus ojos, ni la sonrisa enigmática.

—Pasa –dijo de forma queda haciéndose a un lado.

Sasuke se dirigió hasta la sala, caminando en completo silencio con Sakura a su espalda. La atmósfera tensa era más que obvia entre ambos.

—¿Quieres té? –preguntó Sakura y sin esperar una respuesta se giró rumbo a la cocina.

Sasuke sostuvo su muñeca impidiéndole avanzar y una corriente eléctrica recorrió por completo a la pelirosa. Era la misma sensación de la noche anterior, pero mucho más intensa.

—No –fue la rotunda respuesta del moreno. Con un leve tirón, hizo girar a Sakura nuevamente para que quedara frente a él. —¿Qué sucedió ayer?

El rostro de Sakura fue un completo poema. Paso del asombro inicial a la incredulidad y luego a una especie de vergüenza. Sasuke frunció el ceño, ¿acaso ella se estaba arrepintiendo de lo ocurrido anoche? No, claro que no la dejaría. Ella había comenzado ese juego y él lo terminaría. Le probaría lo equivocada que estaba.

—No sé de lo que hablas.

—Claro que lo sabes. No vuelvas con lo mismo.

Fue Sakura esta vez quien juntó sus cejas e intentó zafarse del agarre de Sasuke, pero él la sujetó con más firmeza y la acercó un poco más a él, demostrándole la fuerza que poseía.

—Ya te dije que no fui yo quien estaba en el hospital.

—Pero no negarás que entraste a mi apartamento anoche…

— ¡Yo no…! –interrumpió indignada sin saber de lo que él chico hablaba.

—… y me amenazaste –siguió él, sin hacer caso de sus reclamos. Sakura se quedó estática, observándol, perpleja ¿Qué razones podía tener ella para amenazar a Sasuke?

—No he hecho nada de eso –murmuró.

Sasuke torció sus labios en una sonrisa altanera.

— ¿Te arrepientes ahora?

— ¡No sé de lo que me hablas! – Sakura dio un tirón hacia atrás, se soltó del agarre en su muñeca solo para que el chico la sujetara fuertemente de ambos brazos atrayéndola hacia él.

Chocó contra el muro que constituía el pecho de Sasuke y levantó la mirada para darse cuenta que el rostro de él estaba a unos pocos milímetros del suyo.

—Deja de fingir inocencia, no te luce y menos con lo sucedido anoche –Sasuke se inclinó un poco más, sin separar sus ojos de los verdes y le susurro en el mismo tono incitador en el que ella lo había hecho la última vez. –Te estaré vigilando, Sakura.

—Sasuke… —y nuevamente fue interrumpida, pero esta vez no era por reclamo sino por los labios que chocaban contra los suyos callándola.

Sasuke no había podido reprimir el impulso que Sakura había despertado en él desde la noche anterior, cuando los labios de ella susurraron su nombre contra los suyos. Había esperado la explosión de lujuria que demostró la chica en su apartamento, pero en su lugar había un cruel rechazo y un débil forcejeó para liberarse de él.

No le gusto de esa manera. Él nunca la obligaría a nada pero antes de separarse sintió como la actitud de ella cambiaba. Los labios de la pelirosa respondieron con una lentitud embriagadora, de forma suave casi tímida y llena de anhelo reprimido. Eso lo turbo. En cierta forma se lo podía esperar, perfectamente podía imaginar que su compañera actuara de esa forma, era más acorde a su personalidad y a lo que, al menos en su niñez, la chica había demostrado por él.

Y reconocer eso solo hizo que el vértigo en su estómago aumentara, se sintió mareado por la extraña sensación que lo recorría, por los sentimientos que despertaba y supo que estaba bien. Se obligó a disminuir su ritmo para seguir el de Sakura, saboreando los labios sin la desesperación de la primera vez. De hecho, parecía que estaba con una persona completamente diferente.

Sintió como un gemido de la chica quedaba atrapado entre el beso y sonrió sobre los labios de él. Se sentía satisfecho, no de la forma en la que había previsto como cuando ganaba una batalla, pero al fin de cuentas lo estaba.

Se separaron unos cuantos centímetros, lo necesario para retomar un poco de aire y luego se volvieron a encontrar. Sasuke hundió sus dedos en las hebras rosadas húmedas con desesperación, sentía su rostro levemente mojado y como las gotas de agua se escurrían por su brazo, la lentitud con la que todo ocurría estaba acabando con su cordura y era igual o más excitante de lo que había sido la noche pasada. Ella hundió sus uñas en sus hombros y se acercaron más, si es que era posible.

No se dieron cuenta de la luz que tiritaba sobre sus cabezas, ni de las gotas que chocaban contra los cristales, hasta que un rayo iluminó toda la estancia regresándoles la conciencia a ambos.

Se separaron de un brinco, como si el contacto fuera fuego. Ambos se miraron perplejos mientras regulaban su respiración. La luz brilló nuevamente con normalidad y la lluvia azotó aún más fuerte contra las ventanas.

—¿Qué ha sido esto? –preguntó la pelirosa, llevándose una mano a los labios.

Sasuke negó con incredulidad. No se había parecido en lo absoluto a lo que recordaba, ¿Y si realmente lo había imaginado? ¿Y si Sakura no mentía?

Las campanadas del reloj de la aldea comenzaron a retumbar anunciando que era medianoche.

—Está bien, Sakura. –Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta pero antes de salir la miró sobre su hombro. –Hablaremos en la mañana.

Sakura asintió y solo después de eso Sasuke se adentró a la oscura calle, dio un salto y desapareció al salir de la casa. Sakura aún turbada camino de vuelta hacia su habitación.

Las luces se apagaron a medio camino hacia las escaleras y casi al instante se encendieron. Un escalofrío recorrió su espalda al mismo tiempo que las gotas de agua recorrían por ella.

Realmente eres estúpida.

La voz –su voz– fría la congelo en su lugar. No se giró, pero podía sentir como unos pasos avanzaban lentamente hacia ella.

Asquerosamente débil e ingenua.

Sakura apretó sus puños y se giró. Un relámpago iluminó por completo el lugar y no tuvo duda de lo que observaba.

Era ella…

…y avanzaba con pasos peligrosos.

Sakura observó el espejo a un lado de la habitación, pero solo los muebles se reflejaban.

¿Qué sucede "Sakurita"? – preguntó con desprecio imitando las palabras del otro Sasuke. — ¿No entiendes lo que sucede? Te lo diré de forma fácil. He venido a matarte.

Sakura apareció frente a su doble y le proporcionó una patada que la otra chica paró con sus brazos.

Los golpes siguieron sin parar, pero su doble los esquivaba todos soltando carcajadas por el inútil esfuerzo.

—Eres tan débil, tan patética –río el doppelgänger, pero esta vez le lanzó una patada que obligó a Sakura a cruzar la habitación. —¿Necesitas que venga Sasuke-kun a protegerte? –Sakura se levantó fulminándola con sus ojos jades, se limpió con la mano la sangre que se escapaba de la comisura de sus labios y luego las cubrió de chakra. –Pero sabes que él no vendrá.

Saltó hacia ella y sus puños solo cortaron el aire. Se giró dando una patada que atinó a golpear a uno de los costados de la doble y la hizo caer contra las gradas, abriéndole una herida en la ceja izquierda.

Sakura sonrió al ver eso, pero no se detuvo ahí y volvió a correr hacia la chica.

—Maldita seas –siseó el doppelgänger interceptando a Sakura y sujetándola del cuello, levantándola varios metros del suelo.

Sakura pataleo intentando golpearla, pero no la alcanzó, alzó sus manos y sujetó las de la chica convirtiendo su chakra en filosos bisturís y aunque las manos de la doble sangraron no disminuyó en nada la fuerza.

—¿Qué eres? –logró decir en medio del asfixiante amarre.

El verde chocó contra el verde y el chakra desapareció de sus manos, dejó de moverse y su fuerza la abandonó rápidamente.

El doppelgänger la lanzó lejos, golpeó la pared y cayó al suelo como si se tratara de una muñeca de trapo.

Vio como las botas de la otra Kunoichi se acercaban lentamente. La chica la sujetó de su barbilla y la obligó a verla.

—Soy tu –le dijo completamente seria. –La parte que no querías aceptar.

Incrédula, Sakura observó como la chica se hacía cada vez más traslúcida, pero antes de desaparecer, la oscuridad consumió a la original.

Su cabeza cayó a un lado inerte.

Sakura se encontraba sola en su casa.