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Están bebiendo té en la sala cuando Walter ve el objeto extraño.

En un encendedor, y no es precisamente eso lo que lo hace extraño —él sabe cuánto fuma su señorita— sino sus detalles: el relieve de una flor de lis destaca sobre un fondo azul brillante.

Francés, claramente.

Levanta sus cejas, levemente intrigado, mientras escucha a la rubia comentar algo sobre su trabajo. Sin quejas, solo un simple comentario al azar, y eso es otra cosa que él también archiva: hay muchas menos quejas en estos días, como si ella ya no lo usara para desahogarse de la frustración laboral.

—Lady Abbey quería saber si usted asistirá a su ceremonia de inauguración —dice, observando su reacción.

Integra hace una mueca.

—¿Cuándo es?

—La semana que viene. Sábado.

La joven resopla, pero no hay enfado tras la acción.

—Lo había olvidado, lo siento. Sí, por supuesto que iré. Heather es de las pocas personas dignas que hay entre la estirada nobleza —pone los ojos en blanco, y él sonríe. Ahí está la señorita que conoce. Se lleva la taza a los labios antes de hacer otra pregunta.

—¿Cuántas invitaciones necesita apartar? —la ve fruncir el ceño ante la implicación y el recuerdo. Él sabe que Tepes ya no está en su vida, no porque ella se lo haya dicho explícitamente, pero es fácil averiguarlo. Tampoco quiere ser un entrometido, pero esa parece ser una manera sutil de saber y, a fin de cuentas, preocuparse por ella es su trabajo. Siempre lo ha sido.

Ella hace ademán de agarrar sus cigarrillos, sin contestar su pregunta aún. Coge la cajetilla sobre la mesa y luego sus dedos elegantes alcanzan el encendedor. El mismo que él estuvo observando. La ve demorarse, apenas unos segundos, mientras su pulgar se desliza sobre el relieve extranjero; el cigarrillo espera inerte entre sus labios. Es en esa fracción de segundos donde ella parece pensar sus opciones, debatiendo consigo misma. Luego niega con la cabeza y se acerca el fuego a la cara, aspirando la primera bocanada cuando el cigarro cobra vida a través de las brasas.

El encendedor termina apostado sobre la mesa, cerca de su taza de té.

—Solo una, Walter. Gracias.

Si él no la conociera como lo hace, se habría perdido ese instante fugaz donde ella barajó las posibilidades…si no la conociera mejor, descartaría la sospecha de que realmente estaba pensando en alguien cuando demoró su respuesta. Se encoge de hombros internamente, sea lo que sea, ella se lo dirá eventualmente. Solo si es importante.