La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto 1: Infancia (Purgatorio)

Escena 2: El hombre de cabello rojo

La caída fue, en palabras sencillas, un choque constante del viento contra la piel de Ler. Su cuerpo recibió golpes y cortes continuos mientras caía al encontrarse a una altura tremenda, directamente en picada y sin protección alguna, por lo que no le sorprendería encontrarse con una infinidad de moretones, heridas y huesos rotos. Todo esto, si por alguna razón alguien la estuviese cuidando desde más arriba y no la dejase morir de una manera tan desastrosa y vergonzosa como haber caído desde 10,000 metros de altura...Por error. Y es que Ler nunca seria mediocre en nada en su vida, asi que incluso al meter la pata, siempre lo hizo a lo grande.

No sabía que ya la habían dejado morir de formar peores, muchísimas veces, muchísimas vidas atrás.

Por ello decidió que lo mejor era guardar la calma y dejar de agitar los brazos y las piernas como si en algún momento, tratando de imitar a un pájaro. Era inútil. Cerró los ojos y se dejó llevar, siguiendo el recorrido de las corrientes de aire, como si ya no fuese un cuerpo de carne y hueso, si no sólo un remolino de emociones que no la dejaban ver ni sentir más dolor.

La niña divago profundamente hasta verse abruptamente detenida por el fuerte golpe de su forzoso aterrizaje en el mar.

Después de eso, perdió la conciencia.


-¿Crees que está viva? - escuchó una voz a lo lejos, la cual no parecía en absoluto preocupada, símplemente sonaba sorprendida. Era como creyó que se escucharía un pequeño niño que descubría algo interesante.

-Lo dudo mucho. Esa caída debió matarla- respondió otra voz suspirando cansinamente. Ler nunca olvidaría aquellas dos primeras voces que se hicieron lugar en su cabeza después de abandonar su hogar, que desde entonces, hasta siempre, la ayudarían a sentirse tranquila.

El silencio se apoderó nuevamente del lugar confundiendo a la pequeña Ler, mientras sólo escuchaba susurros de hombres que decían que simplemente era una niña que fue secuestrada de algún barco comercial y quedó a la deriva. Quiso levantarse y contestar pero para empezar, su cuerpo no reaccionaba y ademas no es que fuerse un prodigio en la comunicación.

- ¡Pero cayó del cielo! - habló nuevamente la primera voz, esta vez convirtiéndose en un grito- Tu la viste, tu, tu y tu también...¡Todos lo vimos!

- Si capitán, pero...

-Oye niña, no quiero apresurarte...- esta vez el hombre habló de manera más tranquila, inclinandose sobre su cuerpo y logrando que algunas gotas de su ropa, cayeran sobre el rostro de Ler. Al parecer, el tipo la había salvado- pero realmente quiero saber que pasó...

Se escuchó un fuerte golpe y un regaño al hombre por su imprudencia. La pequeña aún no veía nada, pero un cosquilleo cálido se extendió por su cuerpo y la sensación de una risa, que no había sido manifestada nunca antes, quiso brotar de su garganta.

-¡Creo que está convulsionado!- gritaron diversas voces mientras ella trataba de no reír y a la vez, expulsar todo el agua que tenía dentro.

El hombre pelirrojo con la ropa mojada ahogó una exclamación y miro a su segundo al mando con un extraño brillo en los ojos que sólo podía significar una- de las tantas - estupideces que se le podían ocurrir.

-¿Y si la golpeamos, Benn? Siempre funciona conmigo, tal vez de esa manera reaccione, aunque no quisiera golpear a una ni...

Otro golpe en la cabeza del capitán le hizo cerrar la boca y preocuparse nuevamente por la chiquilla que había caído al mar cerca de su barco y que ahora, siendo asistida por los médicos de su tripulación, se encontraba más tranquila, con los ojos abiertos y balbuceando cosas sin sentido.

- Eh, mocosa, tomalo con calma...habló el artillero del barco , acercándose a la niña que trató de rodar lejos del cúmulo de hombres- no vamos a hacerte daño.

Ler seguía concentrada en ignorar el dolor de su cuerpo y alejarse de esas personas, pues no le dio ninguna buena impresión el abrir los ojos, acostumbrarse a la luz del sol tan brillante como nunca antes había visto, y encontrar una bandera pirata ondeando libremente en el aire.

Piratas.

Si había algo o alguien peor que su padre -y según su padre- eran los piratas. Bestias sin corazón que vivían pasa saquear, lastimar y destruir todo lo que las personas honestas y trabajadoras conseguían con esfuerzo. Una peste, les llamaban en su hogar en los cielos. Por lo que siguió alejándose, hasta que se topó con algo duro e irregular, que luego la tomo por los hombros y la levantó. Ler se puso pálida y grito más fuerte que antes.

-Ya cállate, vas a lograr dejarnos sordos, mocosa mal agrade...¿Porque me muerdes?

El capitán estalló en carcajadas al ver el gracioso sistema de defensa de la bola de cabellos negros mal cortados que acaban de rescatar. Ciertamente la pequeña daba guerra, lo que parecía muy interesante a sus ojos porque no lucía como alguien violenta, no, es mas, se atrevería a decir que su vestimenta blanca y los extraños adornos que portaba eran únicamente usados por...El hombre miró nuevamente a la pequeña y negó con la cabeza, era imposible.

-Suel...- Ler se mordió el labio molesta por su tartamudez, no comprendía muy bien porque las palabras no lograban salir correctamente de su boca cuando estaba frente a alguien más, logrando incluso que extrañara a aquel espejo solitario que era el símbolo auténtico de su soledad.

Pero parecía tan fácil abrir la boca y generar una oración coherente para los demas, que ella sentía envidia. Su mente era maravillosa, capaz de conocer y entender cosas grandes, que incluso muchos adultos no comprendían, pero su mayor problema era no saber expresarlas y por eso siempre callaba, aparentando ser una tonta, como en este mismo instante.

- Capitán, creo que quedó tonta a causa de la caída - comentó uno de los hombre próximos a Ler, acercandose a su rostro para examinarla pero retrocediendo un poco al ver la expresión de molestia que está tenía en el rostro. El brillo en sus ojos, por alguna razón, le aterró.

- Sueltenla entonces, mientras la traten de esa manera no dejará de tenernos miedo- respondió el anteriormente mencionado, imitando a su tripulante al acercarse nuevamente a la pequeña que había sido dejada en el suelo por otro de ellos- ¿Como te llamas?

Ler tomó una profunda bocanada de aire y le miró. El hombre no parecía alguien demasiado fuerte y tampoco transmitía sentimientos negativos o alguna mala intención escondida, de hecho, la hacia sentir tranquila, en confianza, como nunca se había sentido con alguien más. Tal vez así hubiese sido un buen padre, pensó. La vería de la manera en que el la miraba a ella, le extendería su mano como el pelirrojo se la extendió y le sonreiria, le prometeria con un silencio cómodo que por primera vez en su corta y solitaria vida, todo saldría bien.

Años más tarde, le pediría perdón por no haberle dejado morir - por más cruel que aquello sonase- , porque a él no le correspondía y nunca le correspondió el ser parte de su vida, pero viéndole a los ojos, tratando de ayudarla y comprenderle, su maldición se extendió a él para siempre.

La niña quiso creerle al hombre, por lo que dio un paso adelante y saltó, casi por incercia terminó agarrada a su cuello. Quería saber que se sentía abrazar a alguien, acercar su cuerpo a la calidez de una persona que no le rechazará como ese tipo que con sorpresa y diversión, envolvió su brazo al rededor de la pequeña.

-Ler- dijo por lo bajo en el oído del pirata, soltando todo el aire que había retenido con anterioridad.

Los hombres en la tripulación se miraron curiosos ante la escena. La niña parecía sentirse segura con el idiota de su capitán, pero nadie podía culparla, el hombre era así. Despedía una confianza y alegría que a cualquiera le llamaba la atención, logrando ser el favorito de todos allá donde iba.

Ella elevó su rostro al cielo una vez más y se dio cuenta maravillada que aquel infinito espacio parecía incluso más azul, que los rayos de sol se sentían mucho más fuertes en su rostro, tanto que parecían penetrar en su interior y le generaban una sonrisa, además del suave cosquilleo de la brisa con olor a a sal y libertad , el mismo aroma a libertad que despedía del hombre grande a su lado.

Supo en ese instante que se encontraba en el mar, siendo arrullada suavemente por sus olas, que le daban la bienvenida a una nueva viajera, escribían el prólogo de una gran aventura y le prometían un sin fin de momentos que le harían olvidar lo horrible que fue su vida desde siempre. Su corazón se emocionó a tal punto que parecía salirsele del pecho, con ganas de ir a chapotear, de saltar en el agua y no volver, porque ese era su hogar.

Oh, pobre e ingenua Ler...

- Bien, Ler - el hombre la llamó, alejandola de sus pensamientos apartandola suavemente de su lado, pero la pequeña se aferró a el como si su vida dependiera de ello, el sonrió - ¿Podrías explicarnos que te sucedió?

Ler asintió, y pidió a quien sea que fuese el ser divino que controlarse las vidas de los demás, que está vez fuese un poco más benevolente con ella.

Pediste mucho, Ler...

Entre silencios e incoherencias verbales la niña les contó que venía de un lugar muy malo y lejano que había sido atacado por gente que quería escapar de allí, incluyendola, por lo que había saltado desde muy alto para lograr huir -omitió la parte en donde su torpeza había sido el propulsor de su caída y no el valor- logrando conseguir algunas lágrimas y gritos de apoyo por parte de los piratas durante su relato.

Y mientras lo contaba, no había soltado al hombre, que poco a poco se ponía cada vez más nervioso e incómodo con la situación. Su vice-capitán le miró , generando en silencio una pregunta que el otro respondió de la misma manera.

Probablemente esa niña era una esclava o aún peor, un dragón, porque no había nada en su mirada que fuese común.

La niña se sentía cada vez más cansada, su cuerpo comenzaba a pesar nuevamente y el dolor de todas las heridas acumuladas se hacía presente otra vez, como miles de agujas ingresando por todos los poros de su cuerpo, pero se negaba caer, aún le quedaba un poco de fuerza.

- Entonces, ¿Estas segura de que no quieres volver a casa?- hablo por primera vez Benn, dejando sus cigarillos de lado. La pequeña asintió.

Después de todo, aquella no era su casa, ni las personas que estaban allí eran su familia. Desde que nació, Ler había sido una prisionera del destino, una esclava más en el mundo al que le gustaba jugar con el sufrimiento y la desgracia de las personas. Y ella, al parecer, era uno de sus juegos favoritos.

-Lejos...Lleve...me le...jos- respondió soltandose finalmente del hombre angustiado.

-Tienes suerte enana- comentó esta vez un hombre gordo, con un pedazo de pollo en las manos antes de morderlo- nos dirigimos muy lejos dé aquí.

-¿A Don...de?-inquirió Ler, el pelirrojo palmero su espalda, demasiado fuerte a decir verdad, ya que envío a la pequeña al suelo.

-Al East Blue- respondió Shanks.