La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto I: Infancia (Purgatorio)
Escena 3: Antes de que el infierno sepa que el monstruo volvió al mar.
-Debe ser un monstruo, de otra manera no puedo explicar como se encuentra viva.
El doctor de la tripulación de los Piratas del Pelirrojo suspiró alejándose del pequeño cuerpo malherido que se encontraba tendido en la cama. Si era cierto el relato que les había narrado, la posibilidad de que siguiera con vida era tan remota, como el hecho de tener todos sus huesos sanos. Y sorprendente las dos afirmaciones eran ciertas.
A parte de las heridas superficiales como los cortes y los golpes , no encontraba ninguna lesión interna que demostrara la veracidad de las palabras de la pequeña, pero verla caer del cielo al agua, moviendose en el suelo constantemente por un intenso dolor -y eso hace no mucho- le hacía creer que poseía una especie de capacidad regenerativa o algo parecido. Y aquella no sería la única de las sorpresas que Ler le daría en la vida al hombre, no cuando muchos años después, le volvería a poner en aprietos.
Se rascó la nuca nervioso. Su capitán le miraba expectante, exigiendo silenciosamente
una descripción detallada de los males de la chiquilla, pero a pesar de ser doctor -y uno demasiado bueno- no sabia a ciencia cierta de que se trataba aquello, por lo que negó con la cabeza, recogió sus cosas y salió de la enfermería para dejar al pelirrojo y a su fiel nakama a solas. Mientras se alejaba, el hombre miró la puerta cerrada una vez más, teniendo una sensación extraña en el pecho, como si aquello se tratase de un dejavu...O un presagio. Se retiró confundido, dejando a tres personas dentro, sin saber que un día haría lo mismo, pero dejando cuatro.
- Si es una esclava lo mejor es que hubiese muerto- dijo el vice-capitán al cabo de un rato, acercándose a la camilla de la pequeña y empujandola suavemente hacia un costado, logrando que está quedara de espaldas.
- Una esclava no usaría esa ropa, Benn, lo sabes bien- el capitán detuvo la mano del otro cuando este se aproximaba a revisarla, frunciendo el ceño con seriedad al contestarle- No hay necesidad de que revises su espalda, déjala descansar.
Ambos habían consideraron tales opciones desde que los 10,000 metros de altura y una descripcion detallada de la Tierra Santa salieron a colación en la historia de la niña, pero de ninguna manera parecía posible el que ella fuese uno de los tantos esclavos que habitaban allí, su actitud y vestimenta en nada dejaban creer que pudiese haber sufrido las desgracias que día a día aquellas personas atravesaban, pero entonces sólo quedaba una salida, que era incluso más increíble y hasta graciosa...Porque para nada era común ver a un Dragón Celestial en esa situación.
¿Tendría que matar a la pequeña que con tanta firmeza y necesidad le abrazó o esperar a que un buque de la Marina o un Almirante viniese por ella?
Eso no importaba realmente, no ahora. Por alguna razón sólo deseaba que estuviese bien. Sus ojos, al momento de mirar los de el, le trasmitieron aquel deseo inmenso de huir, que dentro de él se trasnformo casi en una orden y necesidad de protegerla.
" - Vamos, vamos- gimio más para si misma que para cualquier otra persona- no me fallen ahora.
Sus rodillas temblaban cada vez más con los saltos que daba, mientras sus pantorrillas se sentían arder. Incluso sus talones parecian estar siendo presionados fuertemente a cada lado, como si alguien intentase masacrar los huesos que le permitian seguir moviendose en el aire.
Iba a caer pronto, podía sentirlo.
Hacia 100 metros que había empezado a perder velocidad y fuerza, permitiéndole escuchar cada vez más cerca a sus enemigos. Sólo en ese momento extrañó estar en el maldito y solitario templo que solía custodiar.
El mar bajo sus pies rugia con furia, las olas se alzaban a una altitud increíble , muy peligrosamente cerca de ella y algunas explociones tomaban lugar a su alrededor cada cierto tiempo. No le sorprendería que gran parte de sus perseguidores se hubiesen hundido, pero no estaba segura de que la intención de Poseidón fuese precisamente salvarla, puesto que ya varias olas le habían golpeado en la cara y la trataban de regresar al lugar de donde desde un principio, no debió salir...O quizá solo trataba de protegerla de un peor destino que la muerte que tendría a manos de los traidores.
Ella misma era una traidora. Plutón se lo había dicho al verla marchar.
La voz profunda y poderosa del dios invadió sus sentidos cuando se habia echado a correr fuera del templo tras haber masacrado a gran parte de los guerreros que se aproximaban a su Reino. Pero ella no era ninguna traidora, no. Plutón no podía entender eso al guardar un odio inconmensurable en contra de ella, pues su única intención era avisar a los demás de la emboscada y asegurarse que estuviesen preparados, porque tomarles por sorpresa de la manera en que la tomaron a ella significaría su muerte. Así como significó la suya...
Probablemente esa decisión tomada en un momento de angustia y desesperacion le causaría la expulsión y castigo eterno. Y ella no planeaba poner ninguna excusa. Se merecia cualquier castigo que le fuese impuesto por haber abandonado el lugar sagrado que le había sido asignado y haber corrido en dirección a la tierra, junto al Guardián elegido por el mismo dios que le reprochaba su partida. Pero el nunca lo entendería, ningún ser divino comprendería el amor que se tienen los mortales y lo necesarias que son las despedidas.
Despedida, pensó cuando la bravura del mar se detuvo y sus ojos se abrieron con sorpresa, obligándole a detenerse abruptamente por el estallido de emociones en su interior.
Miró hacia el agua una vez más mientras sus manos empezaban a temblarle, aún así las alzó, logrando ver detrás de su muñeca. Un corazón formado por cortes grotescos llenos de sangre y que seguían sangrando, formando olas en una piel que hace no mucho era pulcra, sin mancha alguna, pero que ahora brillaba ante sus ojos como muestra de la promesa que había hecho hace unos instantes.
Entonces el mar volvió a llamarla, pero nuevamente ella se elevó lejos de el.
Perdón, Poseidón ."
Ler se despertó gritando en una extraña lengua que ni Shanks ni Benn pudieron decifrar. El primero formó mas teorías en su mente, como que la niña era algún demonio enviado a castigarle. Sin embargo, el segundo , siempre tranquilo y sensato, no se apresuró a sacar más conclusiones estúpidas.
-Deberíamos dejarla en la siguiente isla, Shanks, no podemos cuidar de ella y realmente no creo que alguien desee hacerlo.
El capitán asintió aunque no fuese aquello lo que pensara realmente.
- Lo se. Vivir con piratas no es el mejor ambiente para una niña, pero siento el deber de llevarla lejos de lo que sea que este huyendo- dijo al cabo de un rato sentándose al lado de ella, hundiendo la camilla con el peso de su cuerpo. Era extraña la forma en que sus pensamientos se habían alineado de tal forma para querer ver a Rayleigh otra vez, buscándole en Sabaody. Incluso allí, se sintió con el impulso de tener su consejo para su siguiente movimiento. No imaginó lo que le diría, mucho menos, que él se sentiría de acuerdo con su recomendación.
Ler no estaba prestando atención a lo que decían ambos adultos a su lado, pero sabía que hablaban de ella. Aún así, decidió ignorarlos al darse cuenta de que estaba a salvo y que milagrosamente la caída no la había matado, aunque el dolor de cabeza que tenía desde que despertó si podría hacerlo.
El sueño parecía tan real...
Por inercia miró su muñeca. Nada, no había nada pero el ardor seguía allí como si...Nada. Sacudió la cabeza e intentó relajarse un poco, no tenía que estar más tiempo a la defensiva. Al menos el hombre pelirrojo le había prometido antes de desmayarse que sería así. Suspiró y miró a su al rededor. Era un espacio reducido en donde habían materiales médicos, algunas toallas, otra camilla, un espejo y los dos hombres que parecían tener el control de todos los Piratas que había visto anteriormente.
Entrecerró los ojos para concentrarse, ¿un espejo?
- Pero que...- Benn miró a la niña saltar de la camilla hacia el pequeño espejo al otro lado de la pared, admirandolo como si fuese una reliquia. Su capitán alzó las cejas con curiosidad- ¿Que haces?
- Establecer comunicación- respondió Ler como si nada, olvidándose de su incapacidad comunicativa al sentirse nuevamente segura frente al espejo, como si el que hablara con ella fuese el objeto inanimado y no el gran hombre de cabello negro.
-Ya no suenas como tonta- apuntó Shanks pensativo, pues aunque la niña conservaba su voz infantil, la tartamudez y el nerviosismo había desaparecido.
- Siempre solía hablar con mi espejo, es algo normal en mi- explicó un poco molesta por el adjetivo con el que la habían calificado.
-¿Porque hablabas con el espejo?
- Padre decía que sólo tenía permitido hablar con el- ambos hombres se miraron confundidos, Ler observó sus expresiones a través del espejo, ignorando lo mal que lucía y que indudablemente necesitaba un baño- y que para hablar con alguien mas, el espejo debía contestarme.
Porque en otro tiempo, no lo logró.
Monstruo, pensó el pelirrojo. La niña no era el monstruo , si no su padre. Con más razón la llevaría al mar más tranquilo, se prometió a si mismo. Aquel que le recomendó Rayleigh.
- Puedes hablar con nosotros si lo deseas- afirmó Benn, llevándose un cigarrillo a la boca- tendrás mucho que decir durante este viaje.
- ¿Me llevarán con ustedes? - sus ojos brillaron con esperanza, y su garganta retenia los gritos de emoción.
- Tal parece que si- Contestó finalmente el capitán mirando a su segundo a bordo con una sonrisa, pues sabía que el no se haría cargo de la niña al tener una capacidad nula en cuidados infantiles- pero tendras que ganarte tu lugar aquí.
Shanks era reconocido en todo el mar por su poder, fuerza y libertinaje, rara vez se escuchaba acerca de la desfachatez y falta de vergüenza que lo caracterizaba, pero no por eso aquello era mentira, por lo que su nakama se golpeó la cara resignado.
-¿Cómo?- a la niña no parecio importarle que el pelirrojo no la mirase como una tripulante más, si no , como a el mismo en sus años de grumete , limpiando los suelos de su antiguo barco.
- ¡Ayudando a los tripulantes del barco!
-¿Vas a comerte eso?- pregunto Lucky Roo, Ler le dio una sonrisa de dientes, negando con la cabeza, el la palmeo e imitó su gesto- entonces lo tomo yo, pequeño.
- ¡Que es una niña!- gritó el favorito de la pequeña, el hombre que la había salvado hace una semana, y que ahora era como una especie de héroe y precisamente con una capa, pero negra, para ella- no te preocupes enana, pronto te compraremos ropa para niña.
Alzó los hombros con indiferencia. La ropa grande y masculina no le importaba mientras pudiese seguir allí.
Pero no sería así por siempre.
Ellos sólo eran sus guías, su viaje en el mar tendría pronto un fin.
-Tengo un hijo...- Yasopp se acercó a la pequeña como si fuese a contarle el mayor secreto del mundo. Cerró sus manos dejando un pequeño hueco alrededor de su oreja y le susurró:-¡y creo que tiene tu edad!
Ella lo miró maravillada. Nunca había conocido a otros niños de su edad, por lo que siempre tuvo la curiosidad por saber que tan parecidos podían ser a ella y si se les permitía a hablar...Negó con la cabeza, estaba costandole un poco el adaptarse a la vida desvergonzada de unos piratas demasiado amistosos, pero con ayuda de un pequeño espejo de bolsillo y el capitán de la tripulación, rara vez volvía a tartamudear, pero tenía que pensar mucho las palabras antes que salieran de su boca.
-¿Es cómo-se inclinó hacia adelante, analizando al hombre mientras se sostenía del borde de la proa para no caer al agua- tú?
-¿Cómo yo?
Apuntó hacia las armas que llevaba en la faja alrededor de su cintura, por lo que el hombre fácilmente captó lo que quería decir y rió.
-Te refieres a un tirador, ¿no?- ella asintió- me reuní con Shanks antes de su nacimiento, y nunca tuve la oportunidad de enseñarle algo acerca de esto. Pero estoy seguro que el es un chico valiente, capaz de proteger a su madre.
-¿Y donde...ésta?- preguntó curiosa arrimandose al hombre que miraba el océano con melancolía, ella dirigió su vista al mismo lugar y sonrió, no era necesario que el respondiera- ¿Planeas visitar...lo?
El negó. Puso una mano sobre la cabeza de Ler y removió su cabello para luego dejar su brazo apoyado en el mismo lugar. Ya era una especie de costumbre que ciertos personajes del barco la tomasen como reposadero.
-Todos tenemos nuestros sueños, pequeña, yo estoy persiguiendo los míos- dijo tras un largo silencio, atrayendo la mirada comprensiva de su actual compañia infantil- el un día se convertirá en un hombre y tendrá que luchar por los suyos.
Ler asintió, devolviendo su vista al interminable mar azul mientras disfrutaba de la brisa salada y el ardor en sus mejillas por la continua exposición al sol. Sin duda el hijo de ese hombre sería alguien grande, al cual estaba ansiosa de conocer un día. Quizá, hasta hacer un viaje juntos.
Bien, eso era un poco incómodo.
Ler jugaba con sus manos enredadas sobre su regazo, mientras que a cada minuto de silencio, traba de encogerse un poco más y huir de la mirada retadora del vice-capitán. Echó un vistazo a sus espaldas, ya casi no había espacio en donde escalar para alejarse del aura de seriedad y molestia que emanaba del hombre.
Podría haberse escapado para buscar al capitán, el cual indudablemente acudiría en su defensa contra el hombre de cabello negro, pero como ella, el se encontraba recibiendo una reprimenda, pero en la enfermería y por parte del médico de la tripulación.
-¿Y bien?- volvió a preguntar el mayor ante el silencio incómodo que se había formado entre el y la pequeña.
No estaba molesto con ella, era una niña después de todo. Pero casi haber matado al capitán de una tripulación pirata no era algo que se consiguiera fácilmente, menos si se trataba atraves de la intoxicación. El no sabía que Ler se convertiría en una experta en el asunto un día.
-Sólo utilicé...-guardó silencio un momento tratando de recordar- el bote rojo y las especias.
-Querrás decir la salsa picante y ¿abono?- reprochó Benn, quien en su interior luchaba por no dejar salir las carcajadas que se acumulaban en su ser de sólo pensar en la desgracia que estaba pasando Shanks junto al baño y unas cubetas.
-Yo..le adver-tí al capitán...-susurró apenada, pero era cierto por lo que el remordimiento no se vio reflejado en sus ojos oscuros.
La pequeña al no tener muchas cosas que hacer -mas que limpiar la cubierta por las mañanas y recoger las toallas en la enfermería- pasaba día y noche tras el pelirrojo, hasta que un día, en una fiesta que se celebraba en el barco, consumió por error una de las botellas de Sake del hombre y terminó cayéndose desde la cofa -siendo atrapada por Rockstar- hasta terminar dormida entre las redes para pescar. El Capitán se preguntaría siempre si fuese ese día el que su tendencia al alcohol comenzó.
Por tal razón, Shanks le recomendó buscar algún pasatiempo y ella, sin estar acostumbrada a hacer algo más que leer se inclinó por lo más sencillo - a su parecer en aquel momento-, la cocina. Pese a que nunca antes había cocinado, su estancia en aquel lugar le demostró el voraz apetito que poseía el capitán, así que gustosa se propuso a prepararle algo.
Claro que las primeras veces no siempre resultaban como uno esperaba -Doflamingo y un baño lleno de lagrimas y sangre se lo demostrarían en el futuro- , por lo que al intentar preparar unos onigiri, utilizó demasiada sal, pimienta y salsa picante, además de otras cosas que encontró por allí. Al terminar, en nada se asemejaba a su plan inicial, por lo que se negó a dárselo al mayor, quien siendo comprensivo había dicho:
"- Quizá su apariencia no sea la mejor, pero estoy seguro de que está sabroso."
Para luego huir al baño corriendo como si lo persiguiese el diablo.
Benn la miró severamente una última vez antes de sonreír, para sorpresa de la niña, de manera cariñosa. Extendió su mano hacia ella en clara señal de invitación.
-Ven, vamos a hornearle al capitán un pastel para que se mejore- comentó con malicia mientras la pequeña lo alcanzaba y salían del lugar.
El capitán de los Piratas del Pelirrojo se acercó a donde la pequeña niña que había recogido tiempo atrás, jugaba con una espada que era más grande que ella, la cual arrastraba de forma circular a su alrededor dejando pequeñas líneas en el piso reluciente de madera de su barco. Miró preocupado hacia los lados, si Benn se daba cuenta de lo que estaba pasando en esos momentos le mataría por ser un descuidado y mal criador de la niña, pero ni siquiera un pirata como el tenía el corazón para decirle no o regañar a esos ojos oscuros que guardaban tanto sufrimiento por dentro, que tenían ese brillo extraño que le llamaba a concederle todos sus deseos. Desde el primer día en que se encontró con ellos se hizo la promesa de que mientras estuviera a su alcance, el la cuidaria y no habría ningún otro recuerdo triste escondido en su mirada. Jamás nadie volvería a hacerle daño.
Que equivocado estaba.
Al notar que nadie se encontraba cerca para delatarlo, comenzó a caminar en su dirección con la mayor discreción posible. Tenía un poco de curiosidad por lo que la pequeña estaba siempre fue rara, pero no dejaba de sorprenderle.
-¿Te callaras si hago esto entonces?-las palabras que salieron de la boca de Ler dejaron al pirata estupefacto, deteniendo sus pasos a unos cuantos metros de ella.
Echó otro vistazo a su alrededor y nuevamente no encontró a nadie, por lo que la niña parecia haberse vuelto loca por fin mientras hablaba sola, pero su rostro moreno que debería verse infantil, estaba totalmente serio, como si aquella situación realmente se tratase de vida o muerte. Era el tipo de gesto lleno de cansancio y amargura que solo podías ver entre los peores desdichados del mundo y estaba reflejado en el rostro de una pequeña de no más de cinco años. Shanks no lo entendía.
Ler fruncio el ceño aún más molesta que antes. Cuando solía pararse al borde de la Tierra Santa, podía escuchar el susurro del mar con su nombre en forma del viento que rozaba su piel, y de una u otra forma le hacía sentir tranquila, permitiéndole creer que pertenecia a alguna parte del vasto mundo y que en un lugar del mismo, existía alguien que estaba esperando por verla regresar, o que necesitaba con ansias conocerla. Así se sentía en las alturas, muy lejos del océano que ahora surcaba.
Pero desde que había caído al mar, siempre que cerraba los ojos para dormir, tenía sueños extraños y recurrentes, que muchas veces eran acompañados por una voz profunda que le hacía sentirse atraída por las órdenes y los deseos que expresaba, aunque no fuese muy amable con ella a decir verdad. Pero la voz no la dejaba, y cada día reclamaba nuevamente su presencia al lado de el -Porque era una voz masculina-, aunque dudaba mucho que las intenciones tras estas peticiones fuesen buenas. Tal vez la vida se empeñaria eternamente en no dejarla en paz y le había permitido salir de un calvario para entrar a otro.
"Traidora. Traidora. Traidora."
Apretó las manos al rededor de la espada cuando la voz irrumpió en su mente una vez más, su cuerpo frágil y pequeño reaccionaba de una manera instantánea ante ella y las sensaciones de vergüenza e impotencia se hacían presentes dentro de su ser. Trataba de esconderse cada vez que pasaba y corría por todo el barco tapando su rostro, juntando sus rodillas a su pecho para no ocupar demasiado espacio entre las sombras, pero el sonido de reclamo se hacia más fuerte y ni conteniendo la respiración, silenciandose por largo tiempo, o permaneciendo estática bajo su cama, podía huir. Muchas veces creía que el latido de su corazón la delataba. Golpeaba una y otra vez su interior, como una fiera enjaulada que sabía cual era su lugar, y que ese no era allí.
Por eso se encontraba arrastrando el peso de un arma que no sabía ocupar, creando una especie de barrera que le había sido explicada con anterioridad. Un círculo, había dicho. Pero aquella figura no lucía en nada a las marcas redondas que se suponía, debía crear.
"Siempre fuiste una idiota, Leriana...".
-¡Cállate- gritó la niña explotando con desesperación. Se tomó la cabeza con ambas manos, dejando caer la pesada espada a sus pies, generando un sonido sordo que junto a sus gritos alerto a parte de la tripulación-¡Cállate!
Por un momento sintió que algo estallaba dentro de si misma y que las barreras que había creado desde que tenía conciencia , se rompían. Nunca nada le había dolido tanto como el sonido de aquella voz diciendo ese nombre. Se sentían como mil cuchillos ardientes siendo clavados en su corazón, por lo que todo su cuerpo, atraves de sus venas, se encendió, quemandole por dentro. Las lágrimas comenzaron a salir inevitablemente de sus ojos, de sus manos la sangre generada de la presión de las uñas contra sus palmas comenzó a brotar, la cabeza le palpitaba y lo único que veía con claridad era el brillo de la espada. Y de repente, las ganas absurdas de tomar el objeto y atravesarse ella misma, la invadieron.
Shanks apareció en menos de un segundo a su lado, pero la pequeña lo apartó gritando nuevamente incoherencias y agachandose para tomar la espada tirada en el suelo. El hombre la tomó , esta vez con seriedad y la alejó del objeto al que ella se aferró provocándole cortes en sus pequeñas manos. Molesto y preocupado tiró de ella hasta que soltó la espada y pareció calmarse en su hombro.
Maldita loca, pensaron todos los tripulantes que se acercaron a ver el espectáculo.
El pelirrojo cerró los ojos con frustración. Desde que conocieron a esa niña, sólo podían afirmar una cosa acerca de ella, la cual no parecía ninguna mentira. Era lo único que todos y cada uno de los hombres dentro del barco creían, ella tenía un problema.
Más bien, era un problema.
Por lo que mientras la cargaba hacia la habitación que le había sido asignada junto a él -que antes era de Benn, pero que habia sido cedida amablemente por el hombre de cabello negro al escuchar las quejas de los demás por los gritos de la pequeña, siendo una manera de castigar a su capitán - decidió que ella se iría en la siguiente isla.
Después de todo, el East Blue era un lugar tan seguro para vivir como para navegar.Y aunque su interior clamara a gritos cuidar a la niña, el no podía hacerlo. Era un pirata, no una niñera.
Si me dejas, voy a morir, pensaba la niña angustiada.
No, Ler, va a ser algo peor que eso...
