La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto I: Infancia (Purgatorio)

Escena 4: Cuando las olas tienen voz.

-Dawn...- devolvió su vista al mapa que Benn le había dado, para luego mirar nuevamente hacia adelante- Isla Dawn.

-Exacto. Nos encontramos en sus alrededores, en el puerto de Villa Foosha- apuntó el hombre hacia un pequeño punto en el mapa que la niña sostenía.

Algunos tripulantes habían comenzando a bajar desde temprano, alegres, reían de la emoción y corrían en busca de alcohol. El capitan era parte de ellos, pero había sido detenido por Lucky Roo para detallar la lista de alimentos que conseguirían para el Red Force.

- Eso es todo...-dijo Shanks pasando al lado del par que analizaba la locación, reparando en la pequeña que lo miraba con curiosidad. El echó un vistazo al barco. Casi no quedaba nadie, sólo ellos tres y algunos que harían guardia, por lo que tomó a su mano derecha de un brazo y se echó a la niña al hombro- ¡vamos a beber!

Antes de que el pelinegro pudiese decir algo, el otro se echó a correr a una velocidad inhumana con Ler sobre el, presionando su estómago con su mano libre para no reír, hasta que frente a el apareció un lugar con las palabras "Party" y "Bar" en grande, así que sin dudarlo entró.

Ler quería vomitar, pero guardo silencio mientras las puertas se abrían a su paso y el capitán la bajaba al suelo donde se tambaleó, sus rodillas fallaron y se dio de bruces contra el piso. Mientras, un niño de su edad entraba en el lugar, tropezando con el cuerpo tirado y cayendo sobre ella.

Así las risas comenzaron cuando su corazón se detuvo, gracias al deseo de un corazón que se extendió hasta ese momento.

Finalmente. No tienes idea de cuanto te extrañé...


- No quiero casarme contigo- dijo el joven, moviendo su cabeza hacia los lados como una negación clara a la propuesta que le había sido hecha.

- Yo tampoco- respondió ella, sin verse mínimamente ofendida por lo que el otro había dicho. No lo tomaba como un rechazo, si no, como una posibilidad para librarse de aquello que ninguno deseaba.

El tercero de ellos los miró silenciosamente desde atrás, sin muchos ánimos de intervenir en la conversación en la que no estaba invitado, ni siquiera involucrado. O al menos, no debía estarlo, pero siendo un rebelde como era, ya estaba más que enredado no solo en el problema, si no en la joven de vestido blanco que expresaba sus sentimientos a su compañero. Suspiró.

Se preguntó que habría hecho de estar en el lugar del otro, si ella habría querido pasar el resto de su vida junto a él, o si el habría querido hacerlo con ella. Cuando ella volteó y le miró de la forma única y sobrenatural, tan atrayente y penetrante que le caracterizaba, se encontró sonriendo medianamente, dirigiendo sus pies hasta estar frente a ella, como si fuese la luz de un faro que iluminaba su naufragio en la oscuridad. Se dió cuenta que estaba totalmente perdido y que ni siquiera debía preguntarse si la querria siempre en esa vida, cuando su interior estaba más que dispuesto a llegar a la siguiente gritando su nombre.

- Tu y yo no fuimos hechos de esa forma, ¿Sabes?- continuó el otro joven, con su hablar franco y liso. Ese tono jovial que a personas cansadas y amargadas por su deber, como ellos, les encantaba y les hacia adorarlo- estamos hechos de lo mismo, pero no para estar juntos de esa manera.

- Vaya, Príncipe. No pensé que viese las cosas asi- se rió el mayor, despegando su vista de la joven y clavandola en su compañero- ¿En verdad estas dispuesto a romper las reglas para mantener su relación intacta?

El no lo dudó ni un instante y respondió. - Haría cualquier cosa porque nos quedemos de esta forma.

Juntos.

- Intentaré hablar con Poseidón- aceptó ella, viendo la decisión del joven guardián del cielo. Dejando caer sus brazos a un lado de su cuerpo, se acercó hasta rodearlo con los mismos en un cálido abrazo- pero no importa lo que pase, tu debes ser libre si es lo quieres.

- Yo quiero estar con ustedes- sentenció el, extendiendo su brazo para tomar al último de ellos y volverle parte del abrazo. Pese a que el mayor se resistió, no pudo contra el deseo de los menores- siempre.

Y aquel deseo, desde entonces presente, lo llevaría muchísimo más lejos.


El grito que ambos soltaron ante el golpe imprevisto de sus cuerpos fue lo suficientemente divertido -al menos para la alcoholizada tripulación- como para llamar la atención del capitán, a quien tras el escándalo que había realizado tan sólo unos días atrás, no quería molestar de ninguna manera.

La paciencia que el hombre pelirrojo tenía con ella era algo que su mente dañada y desconfiada no podía entender. Casi lo había envenenado, le hizo saltar al mar por ella por lo menos tres veces y muchas veces corría a buscarlo al lugar en donde se encontrará, sin importar la situación, el ambiente o el peligro que podría considerarse su presencia, sólo para esconderse en los cálidos brazos del pirata. Quién se suponía, debía ser una bestia cruel, sin piedad o empatía alguna con aquellos que le rodeaban, entonces, ¿Por qué razón, ninguno de los que le acompañaban le tenía un ápice de temor como persona?

No podía negar que a lo largo de su viaje, a sus oídos habían llegado distintos comentarios nocivos acerca de la credibilidad de la imagen que ella tenía de Shanks, cada uno peor que el anterior. Eso era siempre que el llegaba a un lugar donde su presencia hasta el arrivo de la Red Force en los puertos, había sido absoluta y exclusivamente mediante carteles con recompensas, maldiciones llenas de odio y resentimiento de marines y piratas novatos que por distintas razones se toparon con el pelirrojo en el Nuevo Mundo, y probablemente le hicieron enojar.

Así que se sentía contrariada, con las emociones desbordantes de su corazón, que afortunadamente tenían demasiados problemas para salir de su boca con claridad. Por eso, el único agradecimiento que muchas veces podía darle a su anti-héroe favorito -pues, no conocía a ningún otro- era una mirada llena de admiración, con los ojos brillantes que causaba la burla de muchos de los nakamas del hombre, pues en ellos sólo veían reflejados amor. ¿Se había enamorado ella de aquel hombre que saltó al mar un día al verla caer? Lo más probable es que si.

Pero sabía que se trataba de algo infantil y efímero, que con el tiempo y las personas, iría disminuyendo considerablemente hasta que un día, podría mirarlo directamente a la cara sin que sus mejillas se pusieran rojas por la vergüenza o la incontenible emoción de ser libre y poder disfrutar de su libertad junto a él.

Pero tras el incidente de la espada sobre la cubierta del barco, en el cual, prácticamente había enloquecido de una manera inexplicable para todos aquellos que presenciaron la extraña escena que se desarrollaba, aunque para ella, en su interior, era una batalla. El la había dejado dormir unas horas cuando el llanto y la ansiedad por salir corriendo a algún lugar donde ni siquiera el sol podría encontrarla, le habia dejado exhausta, además de la pérdida de sangre por las heridas en su manos, que contrario a la última vez en que había salido lastimada de manera similar, no habían sanado o mejorado de ninguna forma, por lo que tuvieron que tratarla, vendarla, e incluso atarla a su cama -esto último, por precaución y sugerencia de Rockstar -.

Y cuando despertó unas cuantas horas después, que al capitán le pareció más una eternidad que simples minutos acumulados, el estaba allí, mirándola con tantas preguntas que ni siquiera podía abrir la boca para hablar, porque todas ellas se acumulaban dentro de su garganta y amenazaban con salir a buscar aire en forma de reproche.

Pero el no quería asustarla o herirla de alguna manera en la que ningún doctor podría curarla.

Ella fue la primera en apartar la vista, dándose cuenta de la proximidad -inocente- del pirata, que se encontraba sentado a orillas de la cama. Que vergüenza, penso. Intentó cubrir con sus manos el ardor repentino que cubrió sus mejillas y taparle las orejas al capitán, porque su corazón latía tan rápido y fuerte, que toda la tripulación podía escucharle. Al menos así lo sentía ella, sin embargo, un tirón la detuvo de su avance.

Fijó sus ojos oscuros en las cuerdas que rodeaban todo la extensión de la cama, cubriendo a la vez su cuerpo, impiendole moverse algún centímetro fuera. Shanks le sonrió al ver la palpable confunsion que se extendía por el rostro de ella, pero seguía sin saber donde comenzar exactamente : -¿Capitán?

-¿Si?

-¿Por qué es-estoy at-ada?

El se aclaró la garganta.- Precaución, Ler. No estábamos seguros de como ibas a reaccionar al despertar.

-¿Us-ted...- trato de tomar el aire suficiente para no sonar como una estúpida, aquello requería seriedad- también lo pen-só?

Alzó las cejas dudoso , sin saber a lo que la pequeña se refería exactamente, pues tenía muchas cosas que pensar, ella continuó hablando: -Que me vol-vi loca, to-todos decían eso cu-uando me fui.

-No, Ler, no pensé que te hubieses vuelto loca. Te vi volverte loca - la visible reacción del cuerpo de la pequeña no le agradó, parecía mucho más tranquila antes- hablabas sola, dibujabas cosas en la cubiera del barco con una espada- de repente, recordar terminó por alterarle a el-¡Te hacías daño, maldita sea! . Dime, ¿Que puedo pensar?

Le hablaba como a un adulto, la cuestionaba como un adulto, estaba tratandola con seriedad y de alguna manera, sentimentalismo .

No actuaba sutilmente con ella, había sido directo y Ler no sabía si hubiese preferido el tacto y paciencia que había tenido siempre con ella, o la agresividad franca que estaba presenciando.

Tragó grueso, sin saber muy bien como contestar, pero la mirada inquisitiva del mayor le obligó a explicarlo: -Una voz...- ¿A donde se encontraba su tartamudez ahora? - des-de que caí al mar, me per-sigue. La ignore por varios días, me escondi de el...- porque era un hombre quien la llamaba- por-que me sona-ba a muerte, pero siempre me en-con-traba.

Shanks miró al techo con frustración, no sabía que tan perturbada estaba esa pequeña al recogerla aquel día, pero probablemente ni siquiera sus promesas e intentos de hacerla sentir cómoda y aceptada podrían alejarle de los demonios que había traído consigo desde la Tierra Santa. ¿Cuánto daño le habían hecho a esa niña triste?

- ¿La voz te pidió que hicieras eso?

- Sugirió que me ente...- cerró la boca al no recordar como pronunciar esa palabra.

-¿Ente...?- pregunto el.

-Cubrir-me de tierra, viva.

La miro preocupado: - ¿Enterrar?

-¡Eso! - le brillaron los ojos, sin importar lo perturbador que aquello podía sonar. Ler y Robin serian amigas en su momento, compartiendo esa venia tetrica que desagradaba a los demas- que me ent-errara viva, que sal-tara de un campa-nario a la cal-le...Que muri-era, pero no en el mar, no en...En el agua.

La mente del pelirrojo trataba de procesar todo con rapidez, pero nunca se está correctamente preparado para tratar de ayudar a una chiquilla que escucha voces, Voces que además, le exigen verla muerta.

- Y soñaba...- siguió hablando ella- muertes, vi-das y...- se sonrojó.

-¿Y?- murmuró Shanks, sin saber que esperar. Ella guardo silencio, avergonzada, tratando de mover sus piernas bajo la presión de las cuerdas.

El dirigió su vista hacia el lugar, viendo como la niña se removia incómoda, tratando de juntar sus piernas, con sus manos moviéndose como las aletas de un pez fuera del agua. Regreso su vista a al rostro de Ler, la vio roja y esquiva, por lo que posó una mano en su frente, preocupado, logrando que ambos saltarán, ella como podía bajo las cuerdas por las sensaciones que guardaba en su interior. Y el, por la alta temperatura que se extendía sobre su piel. ¿Acaso...? El negó con la cabeza, tan solo era una niña.

-¿Y?- volvió a preguntar curioso.

Ler cerró los ojos, sin la más mínima disposición de mirarlo ante sus sucias confesiones, nada oportunas para alguien de su edad: - se-xo.

Esperando la carcajada del capitán, la niña se mantuvo con los ojos cerrados, pero tras un largo silencio incómodo, decidió abrirlos, encontrándose a un Shanks evidentemente molestó, la seriedad en su rostro era increíble.

-¿Sabes que es sexo?- preguntó. La voz masculina sonó firme, amenazante, ella asintió - ¿La voz te pedía sexo?

Ella se alarmó, suprimiendo todos los impulsos estúpidos que se habían apoderado de su cuerpo, pues, sospechaba hacia donde se dirigía el hombre: -No, so-lo...So-lo...Soñaba.

Shanks estaba furioso, considerando las miles de razones por las que una niña tan pequeña podría saber de sexo, y además, soñar acerca de lo que eso requería.

Si ella tenía tantos traumas provenientes de su pasado, producto de la relación que llevaba con su padre, aquella voz, aquellos pensamientos y reacciones le daban a entender muchas cosas que el no quería pensar, que incluso le dolían. Por que sólo era una niña, sólo es una niña.

-¿ Tu padre...- la pregunta quedó en el aire cuando ella negó con la cabeza.

- La voz, esa voz...No era el, es al-guien que me bus-ca, Pero yo des-conoz-co.

Si buscaba hacerlo sentir tranquilo, no logró mucho con aquellas palabras, sin embargo, el decidió que era suficiente, por lo que se levantó y camino hacia la puerta para dejarla sola: -Ler.

Alzó la cabeza, mirándolo marcharse con los hombros tensos y el rostro marcado por los sentimientos aglutinados dentro de si.

-Nadie va a venir por ti, voy a protegerte.

Por ello la cuidaba, evitaba dejarla sola y siempre acudía en un instante cuando se encontraba en problemas.

Y se negaba a que está vez fuera igual. Por lo que al encontrarse debajo del cuerpo del otro infante, sus miradas se cruzaron . El ofreciendo su intervención, ella negandola, podía con eso.

Shanks suspiró, no le gustaba nada estar tras de ella, no quería que se acostumbrarse a su presencia, pero siempre que tenía la oportunidad de alejarse, algo le pedía permanecer.

Sin embargo, aquel niño, aquellos ojos decididos y esa sonrisa emocionada, le hicieron saber que Ler estaba lista para apañarselas sola.

"En el mar, el sonido de los buques de guerra surcando el horizonte, que a estas alturas, no se encontraba tan lejano, comenzó a tomar fuerza en el templo sagrado en donde ella se encontraba. Alzó su cabeza y fijó su vista hacia el punto en donde se juntaba el rugir de los cañones con el de las olas, al mismo tiempo, el busto de quien un día fuera conocido como la forma humana del dios de los océanos, Poseidón, cayó frente a ella, estrellándose estrepitosamente contra el frío piso en donde se encontraba arrodillada y rompiéndose de manera instantánea en cientos de pedazos.

Su cuerpo entero se tenso, mientras una lágrima solitaria y silenciosa recorría con lentitud sus mejillas sonrojadas por la furia y desesperación que guardaba dentro de su ser.

¿A donde estaba Poseidón ahora?

Una guerrera como ella no podía quedarse en aquella posición, dejando que los enemigos con su grito de guerra aplastaran su historia y la tierra en la que las personas a quienes amaba vivían. Y aún así, cuando una larga flota de barcos de guerra aparecieron frente a sus ojos en la lejanía, ella se inclinó y rezó a los dioses por perdón y auxilio, pues sabía que aquello no era una invasión o simplemente un ataque.

Era un exterminio.

Sin dudar ningún instante, las balas y los cañones apuntaron sin mesura alguna a todo aquello que encontraron delante durante su camino, aunque estos sólo fueran puestos de vigilancia que desde hace algún tiempo, nadie ocupaba.

Pero, al aproximarse al templo, las perspectiva no cambió y los ataques tomaron mayor agresividad, revelando la decisión de acabar con todo aquello que significará algo o demostrará la existencia de su Reino.

Cobardes, se dijo en su interior, sin dejar de rezar, pero sabía con todo su corazón, que nada ni nadie vendría por ella a salvarla, a impedir la destrucción total de la tierra a la que había jugado proteger, a la que había sido entregada como una Guardiana desde su nacimiento, hasta su muerte. Se rió por lo bajo sarcasticamente, casi con temor de que alguien pudiese escucharla, pero con ganas de gozar lo irónica que se había tornado la situación, pues nunca había estado tan cerca de terminar su misión de vida como ahora, cuando su corazón se encontraba seguro únicamente de que iba a dejar de latir pronto.Y que no tendría el tiempo o las fuerzas suficientes para que su sacrificio fuese considerado un éxito.

Sus enemigos hicieron sonar nuevamente el odio y la envidia que les había embarcado hacia la necesaria destrucción de lo que consideraban un problema potencial, por lo que, con las rodillas rojas y los puños apretados, se irguio en toda su altura, encaminandose hacia el frente del lugar, encarando directamente a los ataques y el humo que venía en su dirección.

Tomó uno de los pedazos rotos del bello rostro esculpido en mármol de Julián -como solían llamarle los mortales- y respiró profundamente. Calculo la distancia de la flota, había por lo menos 100 embarcaciones distintas, acercándose para rodear todos los alrededores del Reino, que , pasando el templo marino, se encontraba a menos de una hora".