La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto I: Infancia (Purgatorio)

Escena 5: El reencuentro del cielo y el mar.

Los ojos curiosos e inocentes del niño moreno se agrandaron en su dirección con confusión. Tal vez el también sintió el repentino movimiento interno dé su corazón desesperado o simplemente su rostro contraído por la extrañeza le delataba. Ella también alzó la mirada y la sostuvo en contra de la del chico. Su oscuridad era tan opuesta al mar de emociones y la sensación de paz que le brindaron.

Su mirada le hizo sentir a Ler como si hubiese encontrado aquello que andaba buscando desde hace mucho, quizá desde siempre, incluso sin ser consiente de cuánto significaba aquella palabra. Le brindó seguridad y alivio.

Pero en un instante todo se redujo a un golpe repentino de imágenes en su cabeza como los primeros recuerdos de su vida, con la diferencia de que estos le hicieron sentir una vergüenza pura. Apretó sus piernas y lo empujó un poco, pero el peso del niño era mayor que el suyo por lo que el otro no se movió.

" -Esta podría ser la última vez...-las respiraciones de ambos se confundían al tener sus frentes unidas, cada una perlada con un poco de sudor por el continuo movimiento de sus cuerpos.

De otra manera habría sido imposible para la chica besar al joven que se encontraba de pie frente a ella, pues este le sacaba más de una cabeza, pero sus piernas firmemente aferradas a la cadera desnuda del moreno le permitían tener un acceso privilegiado a sus labios exigentes, capaces de devorar su cuerpo y alma sin vergüenza o cobardía.

-Nunca lo es- respondió el chico tras un silencio, empujando suavemente a su acompañante contra la pared, tomando sus piernas con mayor firmeza y acercandola más así mismo, mientras suspiros de placer salían de sus bocas.

-Pero debería...-repuso la joven ahogando un grito, creyendo perder la fuerza cuando una embestida rápida la alcanzó y sus manos se juntaron tras el cuello del hombre, tratando de mantenerse en la misma posición cuando su espalda golpeaba una y otra vez con la fría pared.

El joven buscó el cuello de la chica, dejando tras de si un rastro de besos y mordidas que no eran nada amorosas, si no posesivas y demandantes. Abrió más las piernas de su amante y aumentó la velocidad en el que su cuerpos se golpeaban, cerrando los ojos mientras sentía como el interior de la chica se contraia alrededor de la dureza que invadía sus piernas. Ella se aferró a su cabello con desesperación, el la miro con la promesa de no dejarla caer.

-Ah...-la mano del chico se estrelló contra la pared, hundiendo la estructura un poco. El cansancio y la desesperación por la cercanía del otro les hacía querer gritar como locos y olvidarse de todo, pero aún lo sentían, no estaban solos.

-Déjate llevar- rogó la voz masculina cuando se sintió endurecer cada vez más, viéndose atrapado en la chica , con mayor dificultad para entrar y salir de ella, pero aumentando el placer y la intensidad.

Buscaron sus bocas como si no hubiese mañana, deseando quedarse con una parte del otro para la eternidad.

Luces comenzaron a centellar frente a los ojos de la chica, las rodillas comenzaron a fallarle y se sentía caer en el abismo del placer. El, por su parte, apretó los dientes para evitar gritar su nombre cuando se sintió explotar y entre gruñidos, se acercó al oido de ella exigiéndole que le mirara.

Ella dudó solo unos segundos para luego gritar maravillada.

Sus ojos.

Nunca se detuvo a pensar en lo bonitos que eran sus ojos hasta aquel instante en que lo miró, con la intensidad desbordante que le golpeó el cuerpo y el corazón. Por ello le fue inevitable no apartar su mirada, tratando de alejarse del ardor y sentimientos que le provocaban , que en su estómago reaccionaba como un remolino devastador, que acababa con todo a su paso y empezaba a extenderse hasta sus piernas.

-Dios-susurró con la vista nublada, perdiéndose en la oscuridad divina del cielo, donde los dioses probablemente se regocijaban de su debilidad, burlándose de las fuerzas que había perdido tratando de aferrarse a los hombros del moreno al sentirse caer, al dejarse llevar.

Nunca había sentido la necesidad absurda que sentía ahora de comprender lo que increíble significaba realmente, pero quizá era la única palabra que, aunque de lejos, podría describirle.

El era increíble.

La puerta se abrió, y la espalda del moreno se tensó, abrazando de manera protectora a la chica para tapar su desnudez aunque era inevitable no darse cuenta que estaba pasando en aquella habitación...Sagrada.

-Urano va a volverse loco si no vuelven- la chica extendió un poco su cuello en contra de la voluntad de la firme roca que le protegía, fijándose en la presencia de la persona que habia detenido por un instante el latido de su corazón. Era el guardián de aquel templo.

La mirada del joven recien llegado se conectó con la de la chica y el prosiguió con su discurso:

-Pero no le he dicho que se encuentran fornicando. "

Era la misma mirada, los mismos ojos que la habían atravesado en su recuerdo estaban frente a ella, reflejados en un rostro infatil con la dificultad para procesar todo lo que su mente había conseguido conocer en aquel instante en que se habían chocado. El tiempo pareció detenerse y la tensión, junto con el resentimiento alertaron al Capitán.

Su corazón saltaba feliz por volver a verle sin saber que ya le había visto, pero en un punto más profundo también se preguntaba porque había tardado tanto en llegar.

Shanks regresó corriendo a la entrada, dejando su botella de sake recién servida -más bien, que había sido arrebatada a uno de sus tripulantes- al ver que el pequeño engendro que les había acompañado durante su viaje se encontraba tirado sobre el suelo del bar, debajo de otro cuerpo pequeño que la miraba con curiosidad.

La situación se había tornado tan incómoda entre ambos infantes que de haberse tratado de un adulto y no de un niño , le habría apartado a los golpes de la pequeña, pero al no considerar al chiquillo como un peligro, tomó a cada uno por el brazo y los levantó de un tirón.

Examinó a la pequeña, recordando su platica anterior. Negó con la cabeza, la batalla en su inteior había sido ganada por la libertad que anhelaban los ojos de ella.

-¡Que tonta!- exclamó el niño mientras se agarraba el estomago y se echaba a reír con fuerza frente al rostro de la niña, olvidando el mal trago que acaban de pasar.

-Creo que...Me has roto el brazo- ella acusó al pirata con resentimiento al sentir su pequeña extremidad un poco extraña e ignoró el insulto del niño, pues este definitivamente no daba señales de inteligencia.

-Shahahahahaha- rió también el hombre, y como de costumbre, le dio una palmada en el hombro que la mando hacía adelante, golpeandose nuevamente con el chico que no dejaba de reír.

El sudor se acumuló en la frente de ella mientras consideraba el panorama y la clase de personas con las que fue a parar. Tal vez no era la mejor idea que una niña de cinco años conviviera con el montón de hombres demasiado bruscos y fuertes para tratar con alguien mas, pero todos eran buenas personas, por lo que negó con la cabeza cuando la duda y vergüenza se hicieron presentes en su cabeza,.De la misma manera, alejó los pensamientos que se habían formado en su mente cuando miró por primera vez al niño. Ler empezaba a dudar de su cordura. Probablemente los piratas con quienes viajaba habían acabado con lo poco que quedaba de ella tras su salida victoriosa -que solo ella calificaria de esa manera- de la Tierra Santa.

-Oye...- el niño la empujó nuevamente hacia Shanks, que se alejaba en dirección al sake de manera despreocupada al considerar que los pequeños podían manejar correctamente la situación- ¡ Deja de empujarme !

A Ler pareció poseerla una fuerza sobre humana, además de la ira y el desconcierto, llevándola a devolverle el empujón al pequeño que la acusaba sin fundamento alguno. Su indignación producto del maltrato e injusticia que vivió desde que nació pedia a gritos que como ella, le dejasen ser libre. Así que se paró frente a su acusador , con el rostro serio y lista para defenderse de cualquier ataque injustificado hacia su pequeña persona.

- ¡Yo no te...He empujado!- apuntó, colocando sus manos en su cintura- te has caído tu solito.

-¡No me habría caído si no hubieses estado tirada en el suelo!- respondió el, cruzandose de brazos y mirando a la niña como un enemigo potencial.

- No te habrías caído si...te fijaras un poco más...al ca-minar.

Los mayores miraban la escena con diversión, alternando su vista entre las graciosas acusaciones del niño y la ira desmedida de la niña, quienes trataban de intimidar al otro sin ningún éxito. El capitán por su parte, reía con la joven dueña del bar, considerando aquel momento como adorable y predecible al tratarse de chiquillos. Incluso podria decirse que si había preocupación en su pecho era por el niño, pues la salud mental de Ler era dudosa.

- ¡Ni siquiera puedes hablar!- rabió el niño empujando a su contrincante otra vez, sin saber que había encendido una parte en ella que no debía tocar.

Violencia.

Nunca había tenido la necesidad de actuar de manera violenta contra alguien y tampoco es que hubiese una posibilidad de defenderse de algún atacante, ya que encerrada entre las paredes lujosas de su residencia, no existía nadie que pudiese hacerle daño. O al menos eso se suponía, pues aquel quien debía protegerla de todo lo malo, era su verdugo también, quien nunca permitió ni siquiera una mirada con un destello de desafío, siempre como someterla y manipularla hasta el trauma. Siempre le recordó lo débil y maldita que estaban.

Ler era inteligente para su edad, pero su padre le llevaba la ventaja de una vida entera siendo quien era, por lo que incluso cuando creía tener un poco de libre albedrío, de voluntad propia, sabía que el la había empujado a tomar tal camino o decisión, lo que le hacía preguntarse si no es que el que estuviese allí, "libre" , era realmente su plan inicial.

Quiso golpearse la cabeza contra el piso al sentirse como una muñeca débil, fácil de manejar y quebrar, lo sabía en aquel entonces y lo recordó en ese momento. Porque las palabras del niño le dolieron, actuaron como una bofetada en su rostro que la obligaba a reaccionar.

Era aquel momento en que creía haber alcanzado la libertad, ¿Algo que su padre permitió que pasase? No lo sabía, pero pensarlo le provocó emociones con las que no supo cómo lidiar una vez más y que nadie sabía cómo hacerlo tampoco.

Por lo que, como predijo, nadie la detuvo cuando saltó hecha una furia sobre el pequeño, lanzandolo al piso nuevamente. Y este, al verse atacado -y por una niña que lucía mucho más débil que el- la tiró hacia un lado, sentándose sobre ella a modo de victoria.

Yasopp dudó un instante si era prudente o no acercarse para ayudar a Ler, que se había visto sometida en un instante por el chico debido a su torpeza y conocimientos nulos en la pelea. Tenía un poco de resentimiento porque la pequeña no hubiese seguido su consejo de entrenar, pero al parecer, ya era tarde. Se levantó dispuesto a separarlos porque tampoco quería tener que lidiar con el malhumor de la inesperada faceta de madre responsable que Benn Beckman había adquirido con la niñ, hasta que soprendido, regresó sobre sus pasos con resignación y las ganas de ayudar a la pequeña por los suelos.

Ler le había dado un puñetazo en la cara al niño, sacandolo de encima instantáneamente.

-Bru-to- dijo la chica cuando el otro se impulsó nuevamente hacia ella, pero tropezó antes de golpearla.

-¡Loca!- respondió el, estirando su puño hacia ella en segunda ocasión, logrando darle en su mejilla. Ella apretó los labios.

La dueña del bar se alarmó y temiendo por el bienestar de ambos chiquillos, se dispuso a cruzar la barra para detener la ridícula pelea y evitar que ambos saliesen más golpeados de lo que ya estaban, ya que ninguno quería rendirse, porque la chiquilla no era ninguna cobarde para echarse atrás contra un niño que en nada parecía importarle si su contrincante tenía bolas o no.

-Así que te llamas Makino, ¿Eh?- la joven volteó su rostro preocupado en dirección al capitán del grupo de piratas simpáticos que se encontraban celebrando en su bar.

-Si señor- respondió asintiendo mientras se acercaba a la pequeña puerta para salir, pero el hombre la tomó de la mano con suavidad y le sonrió.

No podía negar que era alguien atractivo. El rojo característico de su cabello le daba un aire muy distinto al de los piratas con los que había tenido la desgracia de tratar -hasta ahora-, por lo que sonrojada, apartó la mirada y se detuvo en su andar.

- Otra botella por favor, Makino-san- pidió con voz amable y un toque de picardía escondida.

La peliverde echó otro vistazo a la situación, viéndose envuelta en emociones contrariadas al observar como el pequeño se lanzaba sobre el estomago de la niña, dejándole sin aire un instante, mientras ella extendía su codo derecho y lo enterraba en el rostro de el.

-Pero...- la angustia brilló en sus ojos e hizo amago de deshacer el agarre del pelirrojo, pero este le sonrió de manera tranquilizadora, como si dijera con su mirada que todo estaría bien entre ellos. Aceptó.

No es que a Shanks no le preocupase el estado de la pequeña, pero había llegado a conocerla tanto que reconocía la necesidad en sus grandes ojos por tener un amigo. Por ser capaz de ocuparse de si misma. Por vivir.

Sabía que ella consideraba amigos a todos aquellos quienes la habían rodeado durante la última semana, pero no era correcto para alguien tan joven escuchar las aventuras de un grupo de adultos que estaban más que dispuestos a contarlas. Ella debía vivir las suyas propias y contarselas un día a sus viejos amigos, cuando se juntasen nuevamente.

Ler cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas amenzaban con salir de sus ojos pero ella se negaba a que una situación tan vergonzosa la derrotase frente a los demás. Su corazón se encontraba demasiado acelerado y sus pulmones simplemente no podían seguir trabajando a un ritmo normal, por lo que estaba costandole una vida entera el levantarse, pero no estaba dispuesta a cederle la victoria al niño.

-¡Ay!- gritó el cuando Ler se montó en sus hombros y le mordió la oreja, desestabilizando al pequeño cuerpo que se encontraba a punto de caer- ¡Bájate!- siguió mientras se sacaba a la niña de encima y la aventaba al piso.

- ¡Apuestas, apuestas!- Rockstar recorría alegremente las mesas del bar con unas cuantas bolsas de berries en las manos- ¡Hagan sus apuestas!

-Yo digo que Ler esta a punto de vomitar en el suelo- contestó una voz ofreciendo su dinero al actual director de apuestas en la pelea. La mencionada, sin haber escuchado palabra alguna, se inclinó en el suelo, apoyando una mano sobre sus rodillas y tapándose la boca con la otra- ¡Ven! ¡Lo va a hacer!

La niña contuvo las ganas de vomitar, pero al ver como el niño ya no se acercaba a ella y se posicionaba de manera orgullosa, alzando la barbilla, con la espalda recta y formando una seña victoriosa con su mano izquierda en dirección a la tripulación, hacia el capitán - quien primero miró a los apostadores con un poco de incredulidad , luego a ella con una sonrisa comprensiva, para finalmente dirigir su mirada a un lado, donde negó con la cabeza y regresó a su labor de beber- y por último a Makino.

-Pues ya, ganó el pequeño. Suelten el dinero- advirtió Rockstar con un rostro de felicidad debido a que también había apostado a favor del niño.

Renuentes, empezaron a sacar el dinero mientras miraban a la niña con diversión. No era algo que se tomasen en serio, ya que se trataba únicamente de un juego de niños y sabían que la pequeña necesitaba un poco de diversión, algo que calmase el estres que llevaba dentro. Y es cierto, a ningún pirata le gustaba perder dinero pero eso no les quitaba la emoción interna que todos estaban teniendo al ver a la niña como una guerrera honorable y ya no tanto como una loca amante de las espadas.

Pero los piratas no sabían aún que ninguno de esos niños tomaba al otro como broma.

Ni antes, ni después, dejarían de ser el asunto más delicado de tratar para el otro.

-Ya me lo esperaba, esta como una puta cab...- el hombre que hablaba se calló en un instante cuando una corriente de sake fue a parar a su cara. Y en un momento, la tripulación se encontró escupiendo el contenido de sus bocas, mientras que los que comían, se atragantaron con sus alimentos. Y es que Ler se había puesto de pie a toda velocidad y se había lanzado en contra del niño, sacándole junto con ella fuera del bar.

Lo había tacleado.

-¿¡Pero que mierda le pasa a estos niños!?- gritó Yasopp corriendo hacia fuera, con la mayor parte de sus nakamas pisandole los talones por la curiosidad.

-Otra, por favor - habló Shanks mientras acababa su botella y volteaba en dirección a la salida del bar donde su tripulación se había amontonado para seguir viendo el espectáculo. El se echó a reír viendo a la joven camarera que también corría hacia ellos, dejándole sólo.

Acomodó sus brazos detrás de su cabeza despreocupadamente, dirigiéndose al mismo lugar también mientras los gritos de su tripulación se incrementaban hasta estallar en risas. Cuando llegó, se cruzó de brazos encontrándose con la situacion que esperaba desde que la pequeña pelea empezó.

-Debe-rías ver tu rostro- Ler apuntó al niño cuando el la ayudaba a levantarse del suelo riendo. El vestido que Benn le había comprado recién estaba roto y sucio por todas partes, mientras que sus rodillas estaban llenas de raspones y polvo, y le costaba mucho moverse por el dolor en sus costillas.

- ¡El tuyo esa peor!- rió el tambien, ignorando su nariz roja y su ojo derecho que comenzaba a hincharse- además, Makino va a curarme.

-A mi me cura-rá el médico de la tripul-ación.

El niño abrió los ojos sorprendido, admirando la pose triunfal de la chica y reparando por primera vez en la legión de hombres que se encontraban riendo a sus espaldas, incluso Makino, que tenía una mano sobre su boca para no reír.

-¿Quien eres?- preguntó el con curiosidad, con su mente siendo atravesada por un millón de aventuras fantásticas que el creía, la niña había vivido.

-Ler- sonrio de forma brillante, de aquella forma que se volvería exclusiva para el y solo el en un futuro. Extendió su mano hacia el niño, que la miró confundido hasta tomarla con la misma- ¿Y tu?

-Luffy.

Te extrañé.