La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto 1: Infancia (Purgatorio)
Escena 6: Donde echamos nuestras anclas.
Shanks quería arrancarse el cabello de la frustración.
Su plan inicial había sido el juntar a los niños para charlar un rato, convertirlos en buenos amigos y luego dejar a la niña con el chiquillo a su suerte, así no tendría que preocuparse más por ella. Pero sentado entre medio de ambos infantes, no lograba encontrar la manera correcta para que ambos socializacen. Ler era bastante tímida, torpe y desconfiada con las personas a quienes no conocía y aquel pequeño con el que sólo había cruzado unos cuantos puños no era alguien precisamente inteligente o amable.
-Ahora la hace de niñera, ¿Eh, Capitán?- se burló alguien que pasó caminando a sus espaldas. El reaccionó con una patada molesta por debajo de la mesa, que fue a parar a una Ler con una expresión amarga rostro. Mucho más amargada de lo normal, esa que hacia a Shanks preguntarse cómo una niña, podía destilar sentimientos tan desagradables.
"Habla con el" le dijo el hombre con la mirada, teniendo la certeza de que ella entendería. La necesidad por la comprensión y la seguridad les habían impulsado a encontrar una forma diferente para comunicarse. De esa manera, los juegos de miradas entre ellos bastaban para explicarlo todo, aclarar dudas y generar otras sin necesidad que alguien mas se enterase.
"No se que hacer" había dicho Ler con súplica en la mirada, temiendo que la posibilidad de tener un amigo se esfumara tan rápido como los cigarrillos de Benn -No de cualquiera, si no de el mismísimo Benn-. Por alguna razón, Ler necesitaba y anhelaba con todas sus fuerzas el quedarse al lado de ese idiota y tenía miedo que fuese a aburrirse de ella. Dar largas y pedir a Shanks que le invitase a un plato de comida era su única alternativa para retenerlo a su lado.
"Yo tampoco" contestó el mayor, cruzando sus manos debajo de su barbilla, concentrado, buscando una solución a la batalla interna que había desatado Ler.
"Cuentale una historia" sugirió ella apuntando con su cabeza al niño que está vez se atragantaba con un pedazo de carne que antes estaba en el plato del capitán. El miró significativamente a la pequeña por última vez para luego inclinarse en dirección al moreno sonriente.
-¿Sabes que son los piratas?- preguntó. El niño abrió su boca, interesado, acercándose más al hombre para escuchar lo que a el le sonaba como una buena aventura y que daría inicio a la más grande de todas: Su sueño.
Aunque aquella tarde había sido entretenida para ambos niños y un éxito para Ler en su búsqueda por la amistad , ella se encontraba pensativa, alejada, como si Shanks no caminase junto a nada más que el viento nocturno y el rugir de las olas. Y el ciertamente no podría comprender porque...Ella parecía cada vez más ajena y solitaria.
-¿Sucede algo, Ler?- el capitán puso una mano en el hombro de la pequeña mientras se dirigían caminando hacia el barco. Debía curar sus heridas antes de que Benn las viera y le asesinara cruelmente por su irresponsabilidad. Ella se echó hacia atrás como reflejo, pensando que el iba a empujarla y negó con la cabeza.
-No, Capitan- hizo una mueca cuando escucho un sonido extraño proveniente de su tobillo- es sólo que...- y nuevamente, silencio.
El alzo una ceja mientras ella lo miraba con detalle. Ya casi no tartamudeaba al hablar con el. Se sentía tan protegida y querida, que el sólo pensar en una partida próxima de su parte le removía todas las sensaciones que guardaba en su interior. El le gustaba, mucho, pero ¿Porque pensarlo se sentía como si no fuese lo correcto, mas alla de su edad? No le pasaba lo mismo con el niño, con el era inevitable no sentir una conexión, como si le conociese de toda la vida o incluso más allá. Había algo en el que se sentía como ella misma, como si fuese uno de sus pedazos rotos, pero que ya no le pertenecía más a ella, si no a el. Sentía como si lo hubiese esperado mucho, mucho tiempo.
Lo sentía como hogar.
-Vamos enana, puedes decirme.
Ciertamente el hombre seguía sin entender muchas cosas de su mundo, de su cabeza , cosas relativamente sencillas y cotidianas para ella, pero que eran por demás inexplicables para las personas ajenas. Aún así, confiaba en el. Confiaba lo suficiente para hablarle de las estupideces que pasaban por su cabeza con brutal sinceridad. Sin que el miedo a ser juzgada como una loca o rara atravesase sus prejuicios Bajó su cabeza, dejando que su cabello escondiese gran parte de su rostro y suspiró, hablando lentamente:
-Creo que le conozco. A Lu-ffy - Shanks la miró curioso, deteniéndose un instante en su vergüenza oculta que el descubrió apartando los molestos cabellos que se colaban frente a sus ojos, antes de sonreir. Trataba de relajarla, de calmar aunque sea un poco el martilleo constante de su corazón contra su pecho.
-No es posible- apuntó mientras arreglaba su sombrero- acabas de conocerlo, probablemente sólo te cayó demasiado bien- sugirió. Y lo logró, la seriedad desapareció de su rostro.
-Me golpeó...- le recordó ella con una pequeña sonrisa- ¡Acabo con-migo!
-Pienso que fue un empate, Ler, no te sientas tan mal - volvió a reír al recordar la extraña pelea entre los infantes y aunque había sido un poco violenta, ninguno parecía guardar resentimiento por el otro.
Ella negó -No lo hago...Pero, antes, mucho antes de comen-zar, cuando lo miré por pri-mera vez , yo sabía que...- inhalo de manera profunda antes de detenerse y explicar al Capitán su situación de manera seria. Su lenguaje y firmeza era intachable, tanto, que muchas veces le hacía sentirse perdido y preocupado. Por ello aunque algunas cosas que ella le contase fuesen todo, excepto posibles, aún había algo en el que le pedía a gritos creerle, escuchar un poco más y tratar de entender su mundo.
Un mundo que era tan grande, maravilloso y complejo, que sólo ella parecía comprenderlo. Se preguntó si alguna vez Ler entendería el suyo, por que de lo contrario sufriría. ¿Podría adaptarse sin perder la cordura ? Él no sabía que Ler no estaba bien, que simplemente nació mal de la cabeza y que solo faltaban unos cuantos años para alcanzar su peor punto. ¿Podría, la niña que cayó del cielo, sobrevivir a lo que conllevaba la vida en el mar?
Su respuesta fue un rotundo no. Por eso la llevó hasta allí, para dejarla en un lugar seguro y deshacerse de los temores que le habían invadido al pensar que esa pequeña podía enfrentarse a la fiereza del mar siendo tan frágil, estando tan sola...No, definitivamente no lo conocería jamás. Él no quería que lo hiciese. La dejaría en esa isla y se irían para nunca volver, porque el prometió protegerla y esa era la mejor y única manera de hacerlo.
Al menos, eso pensó. No imaginó que el la llevó directamente al destino que daría inicio a su fin.
Ler, un poco más confiada, apretó los puños y exigió su atención.
-Supe en el ins-tante en que lo vi que yo le conocía- ella le miró con lágrimas acumuladas en los ojos y una sonrisa tonta en los labios- que le necesitaba...Y cuando miraba las estre-llas en el cielo buscando algo, lo buscaba a el.
Porque a el, en lo más profundo de su ser y los vestigios de su esencia, lo recordaba en el cielo. Porque ella siempre estuvo viéndolo desde el mar. Pero ninguno de los dos lo recordaba. Ninguno de los tres.
Shanks suspiró y se agachó para mirarla directamente y que ella supiese que le prestaba su total atención.
-¿Podría ser el a quien tu escuchabas?- rápidamente la niña negó con la cabeza segura, juntando sus cejas para pensar como explicar mejor la situación.
-La voz era de un hombre, alguien que tam-bién me cono-cia y me quería devuelta en un lugar, pero yo le des-conozco.
"No me recuerdas" susurró en respuesta la oscuridad, demasiado cerca de su oído, erizando cada vello de su piel y doblandole las rodillas. Antes de caer al suelo, el pelirrojo la detuvo, preocupado.
-Es el, ¿cierto?- sus brazos aún envolvían el cuerpo menudo de la niña, que por un momento había desenfocado su mirada. Los ojos unicos de ella se habían perdido en el vacío y lo único que lograba visualizar era una sombra. Asintió sin poder formular palabra alguna, sin poder moverse por más que desease hacerlo.
"Traidora." Hijo de puta.
El parecía no darse cuenta que a sus espaldas, la sombra se acercaba a un más a ellos, robandole el aliento, la valentía e incluso, la vida misma. Toda sensación fuera de la compulsión abandonó su cuerpo, dejándole la nada absoluta. Y peor que ser un huracán, era ser un vacío.
"No tengas miedo, idiota" habló. Su voz era melódica , demandante y seductora, como si el que hablaba fuese algo más que un hombre. Le atraía, pero era toxico, como si supiese que iba a hacerle daño, pero ya estaba acostumbrada a que lo hiciera.
"No voy a hacerte más daño, pero debes creer en mi" dijo la voz, como si leyese su mente. Una sacudida la rodeó y pronto concluyó que el agresivo movimiento provenía de Shanks que intentaba detenerla y hacerla reaccionar, desesperado porque había comenzado a caminar hacia la figura. El hombre no sabía como actuar sin dañarla o excederse con su fuerza porque si bien Ler no lo notaba, ella estaba luchando salvajemente por librarse de sus brazos y correr a la oscuridad de el pueblo.
El problema era que hasta donde el sabía, cada vez que ella se quedaba a oscuras se volvía alguien frágil, rota, con delirios y llamadas a la muerte que asustaba a cualquiera y que sólo podría ser tranquilizada con el agua. Abrió los ojos con estupefacción un segundo, soltando a Ler por la sorpresa de aquella revelación, provocando que la niña se echase a correr hacia la oscuridad. Maldijo a todos los antepasados del engendro y fue tras de el, atrapandola en menos de un segundo. Ella había sido rápida, pero no podía serlo más que el, por lo que fue fácil tomar su cuerpo y luego lanzarlo sin piedad al mar, donde inmediatamente se tornó rígido y dejó de luchar desapareciendo bajo las olas.
El sonrió un poco más tranquilo al darse cuenta que ella no intentaba volver a huir. Ni siquiera salió del agua, cosa que tras casi un minuto después empezó a reflexionar. Frunció el ceño mas pensativo que preocupado.
Probablemente había matado a Ler.
-Maldita sea, ¡Reacciona!- gritó aturdido, llevándose las manos a la cabeza tras haber arrastrado a la pequeña a la orilla del mar.
La noche era bastante helada y el agua lo estaba aún más, por lo que la chiquilla inconsciente en sus brazos lucía como un muerto. La palidez y el frío en su cuerpo era preocupante, sin embargo no reaccionaba. Lo que a Shanks más le sorprendió fue que en su rostro había una sonrisa tranquila e inocente, como si hubiese muerto feliz. Pero el no iba a dejar que muriese -no bajo su cargo-.
Acercó su rostro al pecho de ella y pudo sentir un débil, pero existente latir dentro. Juntó sus manos y las presionó contra el lugar, pero nada pasaba, por lo que está vez acercó su boca desesperado, tratando de brindarle respiración mientras seguía presionando hasta que una corriente de agua proveniente del cuerpo debajo de el le impactó en el rostro. No sabía quien iba a morir primero, ella con su instinto suicida o el con su instinto paternal.
O al menos Shanks quería creer que esas eran sus razones.
-Quiere decir que uno de los mayores representantes de la piratería, un criminal buscado, considerado enemigo del antiguo Gobierno por diversos delitos como el robo, el asesinato, entre otros...¿Se hizo cargo del bienestar de una menor de...- el más joven de los hombres sentados frente a mi junto sus cejas escaneado los papeles que tenía sobre su mesa- 5 años?
-Si- respondí sin más, deteniéndome un instante en el rostro endurecido del tipo.
-¿Bajo que condiciones?- presionó. Expresé mi confusión ante el contexto, el aclaró su garganta y explicó: - ¿El ex-emperador pirata Akagami No Shanks le pidió u obtuvo de usted algún tipo de compensación por la protección que le brindó en aquel momento?- Negué con la cabeza, asqueada por tal suposición, sin poder formular una sola palabra para que saliese de mi boca. Ahora entendía un poco más hacia donde se dirigía.
Sus ojos críticos no se convencieron de mi respuesta silenciosa, por lo que intentó nuevamente, pero de manera directa : -¿Realizó o intentó Akagami No Shanks algún tipo de acción sexual contra usted, a cambio de su protección o compañía?
-No, el no abuso de mi de ningún modo- aclaré molesta y estupefacta.
-¿Asi que él no supo o participó en lo que pasó con usted después?-atacaron. Apreté mis dientes con rabia y me abstuve de contestar con un insulto.
-No- corté, apartando mi vista de ellos, perdiéndome en la nada.
De los hombres que conocí en mi vida, ese criminal, uno de los más grandes representantes de la infamia, la desfachatez y el peligro, me vio como lo que realmente era: una niña. Me permitió crecer, conocer y amar y matuvo su distancia de forma respetuosa sacrificando su propio sentir y culpa .
Pero la única culpable siempre fui yo.
Shanks había sido solo otro barco al que lastimosamente atraje a mi tormenta, pero uno al que en verdad habría querido evitarle todo el pesar de estar conmigo y las consecuencias que aquello le causó. Pero el que quedó a mi lado de algún modo, siempSe fue. Pero al encontrarnos, me tomó entre sus malditos cálidos brazos , reacio a dejarme ir, así que me costaba digerir aquello.
Yo estaba enamorada de el, pero en aquel momento el era un hombre realizado, con muchos borrones y experiencia encima y yo sólo era una niña, una tonta e inocente niña que le veía como un ejemplo a seguir.
- ¿Cual fue la naturaleza de su relación cuando se volvieron a encontrar? ¿El le pid...
-No creo que sea necesaria la resolución de esa pregunta, señores- me opuse, hablando lentamente para evitar que la acción fuese mal vista, pero tratando de desaparecer la incomodad que traía consigo el asunto para mi. Ellos sabían de nuestra historia. Sólo querían que lo declarara públicamente.
-Lo es- zanjó el asunto el mismo hombre que realizó la pregunta. El abuelo apareció en mi campo de visión a la izquierda, indicándome con un gesto bastante obvio de que no debía contestar si no lo quería. Suspire. Otro de ellos repitió la pregunta y yo maldije por lo bajo, negando con la cabeza.
-Esta bajo juramento- me recordó- ¿Tuvo usted, alguna clase de relación romántica o sexual con Akagami No Shanks?
Aunque no tenía ninguna obligación, todos lo sabian ya, no tenia caso mentir y pretender, solo terminaría perjudicándome.
-No en ese momento- respondí, con la vista clavada en el hombre que había preguntando.
-Sea más específica- exigieron ellos. Sentía la presión y el cosquilleo en mi nuca, pero no retrocedí ni un sólo pasó y me mantuve firme, serena, sin que las acusaciones me afectaran.
-Si, mantuve una relación con Akagami No Shanks, pero no en aquel momento- manifesté finalmente, cruzandome de brazos.
-¿De que tipo?- mi boca se cerró en una línea fina, molesta. Algunas preguntas que habían realizado estaban muy lejos del límite de privacidad de cualquier persona, pero desde que los "ex-criminales" fueron atrapados o se entregaron, se buscó una verdadera justicia para cada uno de ellos través de la verdad.
-Sexual, mantuve una relación sexual con Akagami No Shanks- dije resignada, mientras todos los presentes ahogaban una exclamación, exceptuando un rubio de lentes oscuros que reía sin parar - durante mi adolescencia. Y si- antes de que la pregunta que nadie de atrevía a hacer fuese formulada, aclaré : - fue consentido.
La realidad es que yo fui la que terminó aprovechándose de el a consciencia. Utilice a Shanks sin pensarlo dos veces, aun sabiendo lo que sentía el. Pero aún no era momento para decirlo.
Escribieron algo en sus papeles y me pidieron continuar.
-Entonces...
-Vamos, Shanks- el hombre alzó las cejas divertido, sin bien el chiquillo expresaba una admiración incuestionable hacia su persona, la forma en la que se dirigía a el no era nada respetable, pero lo ignoraba, no es que realmente le importase si alguien lo trataba con formalidad o no, además, Luffy se había convertido tiempo atrás en su pequeño amigo.
Su amigo.
Se tocó el puente de la nariz, irritado, y no precisamente por la insistencia del niño en algo que el jamás iba a aceptar aunque cada día se las ingeniase para tratar otra vez, con excusas o historias tontas, una más absurda que la anterior pero que ciertamente, a la larga, terminaban divirtiendo en gran manera al hombre y a toda su tripulación, quienes le habían tomado un cariño especial y le respetaban por su perseverancia -y nivel de estupidez, solía decir Ler-. No, el se encontraba cansado, perdido y atacado por la responsabilidad, la sensación de tener un ancla saliendo de cuerpo que no le permitía moverse de aquel lugar. No es que fuese malo realmente, pero Shanks era un hombre de mar.
Rebelde, libre, imparable. Su hogar era su barco y su familia su tripulación, no había nada más que eso. Por tal razón no estaba ansioso de llegar a algún lugar, o tenía la necesidad ardiente de volver a los brazos de alguien, el no contaba con ataduras o debilidades porque todo lo que quería, lo que necesitaba, las cosas y personas que eran esenciales para su vida, estaban siempre con el.
Shanks era un hombre de bolsillo.
Vivía persiguiendo el horizonte azul del mar, no por los tesoros o el poder que pudiese alcanzar con ello, si no por las aventuras y peleas que libraría en el camino. Eso era lo que movía, atraía y alimentaba el corazón de cualquier pirata. La sed por el mañana incierto, donde cada día podía ser mejor o peor que el anterior, pero que nunca se repetiría. Así que comprendía la necesidad flamante en los ojos de Luffy porque le permitiese el acompañarle en su vida, en la conquista de las olas y el mar mientras vivía su vida como sólo pocos la sabían vivir.
Claro que tenía objetivos y prioridades, pero se tomaba su tiempo, iba despacio, pues, sabía muy bien que un día llegaría al lugar que el destino le había preparado, aunque no supiese muy bien en ese momento de que se trataba. Así la diferencia entre ellos dos no radicaba en si el pequeño podía o no hacerlo, si se lo merecía, si debía, si de alguna manera podía echarse al mar por su cuenta. No. No trataba nada acerca de eso en realidad.
Era más bien que el capitán, un hombre fuerte, conocedor, que decidió y forjó su actitud e ideal a través de los años, por los errores y los aciertos, cercando la victoria y escupiendo la derrota, conoció la vida en algún punto cercano a la muerte y decidió seguir . Luffy en cambio, tan sólo era un niño, alguien que creía en un mundo fantástico y romántico donde todo era libertad y diversión. Aún era débil y por eso no podía llevarlo con el.
Apretó los puños con pesadez, no podía juzgar al pequeño.
Shanks estaba volviéndose débil también, por que irremediablemente su corazón empezaba a creer que había una razón para quedarse, que el lugar en donde había echado su ancla era Foosha, y las personas quienes le sostenían eran ellos, dos pequeños niños de ojos soñadores que lo admiraban y se habían encariñado de su figura madura y a la vez despreocupada. Maldijo en sus adentros el día en que se convirtió en el héroe dé Luffy y el amor platónico de Ler. Por que no quería decepcionar a ninguno, no podía decirles que un día se iría y dejaría de contarles historias.
Ya no sacaría a la niña a bailar o la haría reír llorando, ya no jugaría a las peleas con el niño o batallarían por quien podia comer mas.
No podía hacerlo, no podía quedarse. El no era así de egoísta.
¿O si? Miró nuevamente a Luffy y suspiró desordenado su cabello. Estaba seguro que seguía insistiendole con el mismo objetivo de siempre, lo sabía incluso sin haberle prestado demasiada atención, así que le sonrió de manera despreocupada negando con la cabeza.
La vida nunca había sido tan exigente con el para tomar decisiones. Entonces... ¿Por qué ahora, cuando los ojos café de aquel infante tocaban el fondo de su corazón de hombre y no de pirata?
Shanks suspiró, otra vez.
-¿Llevarte a ti?- le miró con una sonrisa burlona, de aquellas que son sólo divertidas para quien las da y no quien las recibe, en ese caso Luffy, el cual, haciendo caso omiso a que no lo estaban escuchando desde hacia mucho, hizo un puchero orgulloso, hinchando el pecho, lo que provocó que finalmente el otro se echara a reír- ¡Ni lo sueñes!
Traición. Decepción. Shanks siempre jugaba con sus ilusiones cuando se le daba la gana, pero si algo sabía el niño es que no se rendiría, y que si aquel hombre de cabellos de un color curioso no quería llevarle, el se echaría al mar. Solo.
No importaba si era en un gran barco o con una gran tripulación, el sería un pirata y le demostraría al Capitán que sus sueños habían sido realizados aún cuando fue rechazado por el en innumerables ocasiones.
De esa manera, Luffy solía pensar que quizá su mejor opción era ir por su cuenta y probar la suerte que aparentemente los dioses le habían dado -por que si, nació bajo un millar de estrellas quienes a su alumbramiento habían asistido enamoradas y curiosas-, para que un día, finalmente, se volviesen a encontrar.
Y lo vencería. Luffy supo en ese momento que un día lo haría...Pero nunca dejarían de ser amigos.
-Eres muy pequeño- aclaró por, quien sabe que vez. Reflejando la calidez y sentido de protección que el mayor tenía con el. Luffy no podía quejarse por eso.
-Pero...La vida aquí es muy aburrida- presionó un poco más- ¡Quiero encontrar tesoros! ¡Tener grandes peleas y aventuras! ¡Conocer el mundo!...-la duda invadió sus ojos, pero apretando los puños se paró de las gradas y encaró de frente al pelirrojo- Yo se que soy pequeño, pero también soy un hombre, Capitán, puedo hacerlo.
Shanks emitió una exclamación fingiendo sorpresa. Aparto su vista del niño y la dirigió al mar, al inmerso y azul cuerpo que ahora mismo le parecía algo lejano, pero al que extrañamente, no sentía la necesidad por regresar. -¿Como sabes que eres un hombre, Luffy?- cuestionó curioso, regresando su atención al menor con los labios estirados en una sonrisa sincera.
-Por que tengo bolas- contestó el niño con obviedad mientras golpeaba una de sus manos hecha puño con la otra abierta, como si hubiese alcanzando un nuevo nivel de conocimiento que nunca nadie había experimentado antes. El pelirrojo entrecerró sus ojos. No era aquella respuesta la que buscaba, al menos no en ese preciso instante.
-No, no - aclaró mientras movía sus manos para explicarse mejor. Puso un dedo sobre su barbilla y medito silenciosamente que palabras serían las correctas para explicarle al niño aquello a lo que se refería desde un inicio- eres un verdadero hombre cuando...
-Tienes sexo con las mujeres, como tu y Ma...- Shanks se lanzó hacia el antes de que terminase, tomándole por el cuello y tapándole la boca, con el sudor corriendo por su frente. Las cosas se les estaban complicando cada vez más.
El hombre se preguntó por largo rato como es que el pequeño sabía de los encuentros con la camarera de aquel bar y que por supuesto, le servía como una figura maternal. Lastimosamente no llego a ninguna conclusión y tuvo que soltar al cuerpo gelatinoso en sus brazos que empezaba a tornarse morado por la presión.
-No, Luffy, no me refiero a eso- suspiro Shanks cansado, tocándose la sien una vez más- lo que te hace un verdadero hombre es tu voluntad.
Allí estaba todo.
-¿Voluntad?- El asintió mientras que el entrecejo del niño se juntó.
-Para ser un verdadero hombre, no necesitas ser el más fuerte, Luffy- aclaró el mayor, acomodando de manera correcta su sombrero sobre su cabeza y poniéndose de pie- ni siquiera el más inteligente. Sólo necesitas voluntad.
-¿Voluntad?- repitió el niño con extrañeza, expresando con sinceridad su ignorancia acerca de aquella palabra que el pelirrojo le decía con vehemencia.
-Es un deseo...-se rasco la nuca- es algo que te mueve y te mantiene de pie para seguir. Es decir, tu tienes libertad para elegir lo que quieres hacer o lo que no, con quien quieres estar, hacia a donde deseas ir...- el hombre se inclinó, apoyando una de sus manos sobre su rodillas, y la otra, extendiéndose en dirección a Luffy, donde le golpeó la frente con suma delicadeza- la voluntad es luchar por lo que quieres incluso cuando no te quedan fuerzas para hacerlo.
Al pequeño le brillaron los ojos. Su corazón, antes esperanzado, latía con mayor rapidez, casi queriendo salirsele del pecho para escuchar las palabras que, sin saberlo, le habían cambiado la vida. No supo en que momento pasó, tampoco fue consciente porque, pero el calor que rodaba por sus mejillas fue inevitable, hasta que en un arrebato de inspiración y luminosidad en su corta vida, las limpió. Pulcra y violentamente, pues no quería seguir siendo un niño débil llorón.
Quería ser un hombre con voluntad.
-Si realmente eres un hombre, tendrás la voluntad para lograr cada maldita cosa que desees- guardo silencio un momento y se aclaró la garganta, meditando el que hablaba con un niño y no alguien de su edad, por lo que decidió omitir las malas expresiones- para proteger a las personas que ames y si un día lo quieres, conquistar el mar- concluyó.
Algo dentro de el nació en aquel momento. Luffy quería ser un hombre. Y ese día, por segunda vez junto a aquel hombre pelirrojo con sombrero de paja, se juró a si mismo que algún día lo sería. Aunque, ciertamente, esa no fue la última ocasión en la que el pequeño le pidió al hombre que lo llevase con el.
Un verdadero hombre no se rinde nunca, se decía así mismo como excusa.
Aún así, el sentimiento que nació dentro de su ser fue indescriptible, algo que nunca podría decirle a nadie en voz alta, pero que estaba allí, explotando como fuegos artificiales que hacían a sus entrañas arder, le daban la emoción y ansiedad de una gran carrera que parecía no tener fin aunque sus piernas ya no resistieran su peso. La felicidad y calidez como cuando Makino le daba un abrazo y también de comer, mientras, se mantenía expectante por el plato siguiente. Incluso el miedo, una sensación similar a ver a su abuelo, con su larga capa blanca y sus manos echas puño, dispuesto a lanzarle en alguna isla peligrosa para que se hiciese fuerte.
Se estremeció.
Todo crecía dentro de si, corriendo desde sus pies hasta la unión de todas sus venas. Le hacía sentir tan grande, invencible, y a la vez, vulnerable. Al parecer, la voluntad era algo bastante delicado para cualquier hombre. No sólo por lo que significaba para su vida, si no también, para sus seres si leyera su mente, Shanks habló:
-¿Podrás protegerlos?- seguía inclinado, manteniéndose a la altura del niño, que ahora pestañeaba con rapidez.
Encontrando una oportunidad para expresar aquello que finalmente, había entendido como miedo, el hombre mantuvo la mirada fija en Luffy : -¿Podrías hacerte fuerte por mi? Un día tendré que irme y...¿Quien cuidará de Makino, el alcalde, el pueblo...- una presión en el pecho le pedía a gritos detenerse, pero reuniendo fuerzas, rechazando sus sentimientos y abrazando la sensatez que había perdido desde que la había conocido, continuó- de Ler?
-Pensé que ella viajaba con ustedes...- susurro el niño, anonadado.
-Hay gente, gente muy mala que está tras de ella...Por eso la traje aquí- aclaró el, arrastrando las palabras con suma lentitud, queriendo que el moreno las entendiera a plenitud - Para que ella este segura, para que pueda ser feliz.
Lo fui, Shanks, te juro que lo fui. Luffy nunca faltó a su promesa, no hasta que decidí huir.
-Entonces, Capitán, ¿vas a irte?- el hombre resolvió su duda mientras le apretaba una de sus manos con tristeza, pero asegurando que al menos, no sería pronto.
-Por eso necesito que me lo prometas, pequeño, vas a proteger a las personas que amas, siempre...No hablo únicamente de Ler, si no de todos aquellos que sean importantes en tu vida, por que no habrá tesoro o aventura que valga más que ellos. ¿Lo entiendes?
Monkey D Luffy, el nieto de un héroe de la Marina, hijo del hombre más buscado del mundo y ahora, protegido de uno de los personajes más fieros del mar, asintió.
-¿Es una promesa?- Shanks extendió su mano.
Así , el favorito de Urano, del cielo mismo respondio: -Lo prometo- y con una sonrisa, respondió el gesto.
Ciertamente, ambos habían aprendido y entendido muchas cosas ese día.
