Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto I: Infancia (Purgatorio)
Escena 9: Los pecados que cometimos -y los que aún no- .
-Quítate - susurró la niña, alejando al cuerpo pesado que se envolvía alrededor de su cintura tratando de treparse por medio de ella- que te quites, idio-ta.
-No, no puedo escuchar nada desde acá abajo- respondió el niño abrazándose a Ler, que se mantenía aferrada al marco de la ventana, tratando de impulsarse hacia arriba. Ella lo empujó nuevamente.
-Nin-guno de los dos va a escuchar si si-gues aferran ... rran ... afe- los nervios la hacían tartamudear con mayor frecuencia y aquella situación le ponía los pelos de punta, por lo que su agresividad y dificultad para hablar se manifestaba. Sin embargo, cuando volteo parte de su rostro en dirección a su compañero para insultarle por interrumpir su misión, se encontró con los ojos llorosos del mismo, esos que podían hacer hasta a la persona más dura de corazón, temblar de debilidad.
Ler suspiró despacio: - Estará bien, Lu.
El puchero en el rostro de Monkey D. Luffy no se hizo esperar. Su nariz se torno roja, sus ojos se cristalizaron y su boca tembló, amenazando con dar rienda suelta a su miedo y culpa otra vez. Ya habían pasado unas cuantas horas desde el incidente, desde que había sido llevado por el Capitán hasta el puerto de la Villa otra vez, habiendo desaparecido de su vista.
Los médicos de la tripulación a revisar a su capitán, quién no especificó o hizo nada más que sonreírle al pequeño para tratar de transmitir tranquilidad, una que internamente sentía a pesar del dolor que sosegaba su cuerpo. Y es que podría haber evitado aquel escenario sin necesidad de levantar un solo dedo, pero incluso para los casos más pequeños, abrir las puertas que daban lugar a los sueños o las oportunidades, requerían sacrificios.
Akagami No Shanks había decidido hacer el suyo aquel día.
Pese a todo, no había contemplado mucho lo que dirían sus nakamas, su segundo al mando, la gente de la Villa y el mundo. No sé detuvo a pensar tampoco en el gran impacto que tendría aquel suceso en como lo veían las demás personas, como lo percibían Luffy y Ler. Sabía que para el niño había sido un acto traumático, doloroso, del que dependerían muchos de sus ideales y voluntades futuras, algo que le marcaría siempre, incluso cuando en ese momento parecía no querer reaccionar de otra forma que no fuese llorar entre las faldas de la camarera del bar de la Villa.
La niña en cambio lo miraba de una forma distinta. Vomitó al momento de ver su brazo -o lo que quedaba de el-, pero rápidamente habia recuperado la compostura con rapidez, al menos la suficiente para decir, con las manos en el pecho: - Aún no ...
Es así como ambos infantes terminaron tratando de verificar el estado de su ídolo. Ella le había prometido a el que el tonto Capitán no moriría y solo gracias a eso había dejado de llorar, pero ahora, parecía que aquel temor estaba regresando.
-No es tu culpa, Lu. Es el des ...- la morena guardo silencio, preguntándose internamente si esa era la verdad, pero lo fuera o no, su amigo necesitaba escucharla- el destino. Las cosas pasan porque tienen que pasar.
-Pero esto hará que el se vaya, que ellos se vayan, no querrán quedarse aquí más ...- gimoteo nuevamente el niño, olvidándose de su objetivo general.
Leriana frunció el ceño. Luffy no era del tipo de persona que consideraba opciones, en pocas palabras, la mayor parte del tiempo era un estúpido, por lo que le extrañó aquella reflexión de su parte.
-¿Porqué lo dices, Lu? - Ella ya había llegado a aquella conclusión desde el momento en que los vio salir a ambos del agua. Empapados, manchados de dolor y de sangre, pero que Luffy lo hiciera también era intrigante.
-Porque lo siento en mi corazón- respondió el niño con sinceridad, cerrando los ojos y tocándose su pecho por encima de la camisa sucia, llena de sangre, que parecía recordare a cada momento lo que había pasado, que aún no tenia el valor de quitársela.
Ella lo había descifrado, el lo había sentido. Porque la mente de Ler era un enigma tan grande como el corazón de Luffy. Y ambos tenían razón.
Luffy consideró mucho si el asunto con los bandidos y el rey marino era la razón de la partida de la tripulación pirata. Como un niño asustado y resentido, no sabía si guardarle odio a aquellos hombres que habían provocado lo que entendía como una "desgracia" u odiarse a sí mismo por haber creado las condiciones para que ocurriera, por haber sido tan débil y tonto. Sin embargo, la banda pirata había insistido en que eran cosas que debían pasar, que no era culpa del niño.
Si lo era o no, nadie se lo diría. En aquel momento donde el ambiente era tan frágil y melancólico como nunca lo había sido en ese puerto, no había lugar para nada más que promesas, que la esperanza de volverse a encontrarse algún día, ya no anclados sobre tierra, si no, libres en el mar.
Cómo el niño pedía ser, como ellos siempre debieron estar.
Aquel era el momento de decir adiós, y quizás, de no haber sido por los bandidos, solo se podría prolongar uno o dos meses más, pero no sería por mucho tiempo.
Shanks miró a Luffy por última vez de una manera significativa. Sentía su corazón estrujándose fuertemente a cada instante mientras que su brazo, su ahora único brazo, se extendía hacia la cabeza del muchacho y posicionaba hasta entonces, su más preciado tesoro, en aquel lugar.
La vida da muchas vueltas, pensó.
Si aquel había sido el destino que le había tocado, si ese en verdad era el rey a quien ansiosamente había esperado desde la muerte de su capitán, y por quién celosamente había protegido aquel regalo, si en verdad era el, entonces, la perdida de su brazo y de ambos niños no significaba nada.
El pelirrojo no era más que un peón. Claro que se trataba de una pieza clave para mover los hilos de la historia, del catalizador de las reacciones que la cambiarian, pero nada más. Nunca fue su destino quedarse, nunca fue su destino formar parte de la vida de ellos de forma permanente.
Él no lo supo en aquel momento, y no lo sabría con certeza jamás, hasta que Ler se lo dijera, unas cuantas décadas después.
Ella llegaría tambaleante, llena de tierra, sudor y heridas sangrantes, pero sonreiría, le tomaría de la mano y y le agradecería por todo como forma de despedida, como el visto bueno para un merecido descanso. Luego desaparecía, se alejaría de su vista para alcanzar al futuro Rey en que se convertiría Luffy.
Porque esos niños eran los herederos verdaderos del mar, el solo era un simple barco, un elemento transitorio y de apoyo para la antigua y la nueva era. Y estaba conforme con eso, pero, dolía.
Las despedidas siempre dolían.
Luffy bajó su mirada, escondiéndose debajo de aquel sombrero, evitando las lágrimas salvajes que amenazaban por correr mas alla de sus mejillas, tratando de que no fuesen tan evidentes para los demás como lo eran para el capitán. Ler, relegada a un lado, no mostraba ninguna expresión en el rostro.
Shanks consideró acercarse un poco solo para verificar la estabilidad mental y física de la niña, pues sabía que estaba desanimada y herida después de los sucesos ocurridos con Luffy, los bandidos y el rey marino. Sabia que su corazón estaba aterrorizado por las emociones desbordantes que alguien tan pequeño no debería sentir. O eso pensaba el. Pero en el fondo sabía que ella ya se había acostumbrado, solo estaba cansada de sentirlo, de querer a alguien o algo que siempre vería ir. Por eso tenía miedo, no percibía aquello como el final de su historia, si no el principio de algo mucho más grande e importante que su propia vida.
El viento sopló suavemente sus cabellos y le dió la razón.
Si Shanks hubiese tocado a la niña, esta hubiese terminado por romperse y se habría echado a llorar.
"¿Quién seria capaz de amar a un monstruo como yo?" preguntaba ella en las noches donde el capitán se quedaba a su lado al percibir la ansiedad que no le dejaba dormir. El miedo a volver a estar sola... No, a estarlo siempre. El no podía responderle, no lo sabía.
"-Otro monstruo, uno peor que tú, alguien que no debería haber nacido". le diría alguien más en unos años, no muchos, pero que la harían sentir completa, por muy poco. Porque su misión era servir al mundo. No importaba la vida que tuviesen que vivir ...Luffy había marcado su destino ese día. Había gritado a viva voz su objetivo, mucho más grande del que cualquiera podría haber pensado, cosa que emocionó a Shanks, quién se alejó por el muelle con una sonrisa, una que permaneció en su rostro aún cuando el barco comenzó a alejarse de aquel lugar .
El pelirrojo miró al niño sosteniendo el sombrero entre sus manos, aferrándose a aquella idea de crecer fuerte, de ser valiente, echarse al mar un día y encontrar a aquel hombre que cambió su vida de todas las formas posibles. Pese a la rivalidad que pudiese sentir hacia el adulto, en sus historias y recuerdos solo había lugar siempre para la alegría y el respeto, para el agradecimiento.
Cuando la distancia era lo suficientemente amplia para tener que esforzarse para detallar a las personas que se quedarían ancladas en ese puerto, Shanks desvio totalmente su atención a la niña. Su chiquilla triste nunca lo había dejado de mirar desde el día en que la tuvo por primera vez en sus brazos, hasta ese instante en donde lo veía partir desde tierra.
Aquellos ojos tristes parecían gritarle que habían estado llorando toda la vida y que él era la única esperanza que tenía para dejar de hacerlo. Podía percibir todo eso solo a través de las habilidades desarrolladas por sus ojos, percibiendo también cómo se estrujaba su corazón, como se hacia más pequeño y le decia "No me dejes aquí".
Pero el tenía que hacerlo.
Solo en aquel momento, el Capitán reflexionó con mayor seriedad la magnitud de los sentimientos que la menor había desarrollado hacia el y los que él había desarrollado de la misma manera hacia ella. Desconocía la naturaleza de los mismos, pero supo que había tomado la mejor decisión y que lo había hecho a tiempo, cuando Benn lo tomo por la capa y lo alejó del barandal al cual estaba aferrándose con mayor efusividad, como si fuese a saltar en cualquier momento. Solo entonces rompió aquel contacto visual, solo entonces volvió su vista a su tripulación apagada por la despedida, opacando los sentimientos de alegría por volver al mar otra vez.
-Aceleren el ritmo- dijo finalmente, caminando hacia el interior del barco sin mirar atrás.
Luffy había abrazado el cuerpo tembloroso de la niña durante un rato mientras esta seguía pegada al muelle, como si esperase algo que todos sabían, no iba a suceder. Incluso el, que ya estaba aburriéndose de estar en aquella situación. Era un niño después de todo, hasta los adultos se habían ido unas horas atrás.
Suspiro frustrado y la soltó.
-No volverá, Ler- el respingo de su amiga le indico que pese a tener enterrado el rostro entre sus rodillas, lo estaba escuchando, y por ello, las palabras sinceras del moreno le habían afectado- debiste haber aceptado su abrazo cuando te lo ofreció.
Ler, sintiéndose demasiado tonta, levantó su cabeza y lo miró: -Se que no vol-verá, pero estar aquí me hace creer que veré el barco acercan-dose sobre el sol cuando termine el día.
Luffy a pesar del tiempo que habían pasado juntos desde que se conocieron, la seguía considerando una rarita.
- Chts, ¿Entonces porqué no lo abrazaste? - Se quejó otra vez, con las ganas palpables de ir hacia el bar de Makino. Pero él le había prometido al Capitán cuidar a la niña y si algo le había enseñado aquel hombre, muy aparte de ser un descuidado, era que tendría que hacerse cargo de sus promesas, siempre. Aunque estas involucrasen a la aburrida y torpe niña enamorada de su adorado Capitán.
Ella se sonrojó y estiró su cuerpo como un gato desperezandose. Reflexionó un momento porque había rechazado por última vez los brazos - el brazo del pelirrojo- , y contrario a eso lo había abofeteado con tal fuerza, que había volteado su rostro hacia sus colegas, que los miraban asustados mientras terminaban de subir las provisiones al barco . El la había mirado como si contuviese las ganas de ahorcarla, ella lo enfrento como si eso hubiera sido lo que estaba buscando.
Ninguno cedió hasta que Yassop se había acercado, interrumpiendo la batalla visual cargada de sentimientos que habían comenzado ambos, la niña y el adulto.
-Aquí está- dijo el tirador pasándole a Shanks una figura pequeña envuelta en tela blanca. Luego se inclinó hacia la niña y le sonrió- cuídate mucho, enana. Eres más fuerte de lo que todos creen y de lo que aparentas, utilízalo a tu favor- Como respuesta obtuvo un parpadeo rápido en su dirección, para terminar con un asentimiento de cabeza marcado por una mueca que resultó ser el intento de una sonrisa. El hombre le guiñó un ojo y se alejó nuevamente.
-Deja de ser tan malditamente terca, arcoiris- la niña que le dio tanta paz y tranquilidad al hombre, le estaba sacando de quicio en sus últimos momentos. A lo lejos, Makino lo reprendió.
-Me está abandonando- reclamó ella como respuesta, resoplando por lo bajo mientras se cruzaba de brazos, sin tomarse en serio el impacto de aquella despedida. Aunque muy probablemente se arrepentiría de aquel rechazo cuando no pudiese pedirlo otra vez- Prometió que estaria con-migo. Siempre.
El se froto las sienes, estresado.
Se volverían a ver, si. Su reencuentro habria sido mucho antes del que Luffy y Shanks tendrian, pero mientras el seguía siendo el mismo hombre al que había visto, ella no seguiría siendo la misma niña a la que había dejado.
Al hombre le costaría reconocer a aquella niña que lloraba en sus brazos cuando la viese otra vez. Incluso cuando había escuchado rumores desgraciados y vulgares que habían ensuciado su nombre, uno que el consideraba como inocente.
La vería como una mujer, que había vivido demasiado tiempo y demasiadas cosas como para llorar otra vez a su lado. Ella ya no lo amaría de la misma manera. El, solo entonces, podría ser capaz de aceptar sus sentimientos.
Pero eso, ninguno lo sabía aún.
-Algun día- repitió por quién sabe que vez. Cómo si se tratase de un mantra que de decirlo lo suficiente, ambos terminarían por creerlo.
Si Shanks se arrepentía de haberla abandonado aquel día después de conocer los sucesos que ocurrieron con ella e incluso con Luffy más adelante, era un misterio, pues, para bien o para mal, eran necesarios.
Ella habia volteado hacia Luffy, quién parecía mucho más animado que ella. -Vaya con el- concluyo con suavidad, resignándose a la faceta de dureza que le permitía no echarse a llorar.
El hombre sonrió, y alcanzando la diminuta y fría mano, dejó sobre esta la pequeña pieza que Yassop le había entregado con anterioridad.
-No lo abras hasta que me haya ido. Y cuando lo hagas, utilízalo cada vez que estés triste- la pequeña se quejó en voz baja- prometelo- insistió sacudiéndola levemente, según el, aunque los demás tripulantes insistieron en que su capitán terminaría de romperle los huesos a la niña un día- Leriana. ..- ella lo miró con ojos críticos, molesta por ser llamada de aquella forma-prometemelo.
Finalmente, ella dejo escapar un suspiro.
La niña cerró su mano sobre el objeto, lo cual le hizo fruncir el ceño de manera profunda y mirar con interrogante al Capitán, pero decidió que era suficiente capricho, por lo que asintió levemente con su cabeza.
-Vuelva por mi pronto, Capitán, no estoy dis-puesta a esperar-lo toda la vida- dijo ella con una sonrisa breve que sorprendió al hombre por diversas razones, pero que a la larga, le hicieron sonreír de la misma manera.
"A él lo llevas esperando unas mil" susurró una voz cerca de su oído, dentro de su mente, o en su corazón, que volvió a ignorar.
Benn respondería que simplemente eso no pasaría porque era sobrepasar los límites de la falta de moralidad del hombre y que ademas, era un delito que ni ellos como piratas cometerían. Aun así, muy diferente a su segundo, Shanks solo se limitó a contestar: -Siempre puedes ir a buscarme antes, cuando tengas lo suficiente para hacerlo.
Y Ler, un día, fue. Aunque Benn ya no podría considerarlo un delito.
Regresando a la realidad junto a su amigo, Ler respondió que no abrazó al Capitán porque estaba demasiado molesta para hacerlo, cuando en el fondo, sabía que de haberlo hecho, se habría resignado a recordar a aquel momento como un adiós.
-¿Y que planeas hacer con el espejo? - respondió el niño, esta vez con curiosidad renovada.
Porque Shanks le había dado un espejo. Como eso podría hacerla feliz era un enigma para Luffy. Para ella, recordando viejos momentos, no tanto.
-Ni si quiera se porque me lo dió- dijo encogiéndose de hombros, apretando el objeto en sus manos.
-Tal vez para recordar lo fea que er...MALDITA! - gritó el niño cuando Ler le dio un golpe en la cabeza, dejándole un chichón para luego echar a correr hacia la aldea, cayendo segundos después- ¡VUELVE!...¡NO! ¡ LER! ¡DEJA DE RODAR!
Ambos se echaron a reír mientras actuaban como niños despreocupados, como si no estuviesen solos en el mundo, como si no los esperase un dolor tan grande como para romper sus voluntades un día . Pero que más daba, ellos aún no lo sabían.
