Historia alternativa del universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
GUIONES DEL DESTINO
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Para decir adiós
-La primera carta habla acerca de sus días iniciales bajo la tutela de bandidos de la montaña en Villa Foosha. Esta carta fue escrita por Portgas D. Ace a los 17 años y enviada a usted antes de salir al mar como pirata. ¿Tenía conocimiento de esto?
"Ler:
No se en que momento esta carta llegará a tus manos, pero tengo la esperanza de ser yo quien te de la noticia: Finalmente, voy a echarme al mar..."
-Si, siempre lo supe aunque no se trataba de algo que pudiese evitar. Yo ya estaba en la Marina en ese momento.
"Se que tú llevas años allí y se que ya te has hecho de un nombre. Me pregunto si tendré que enfrentarte un día cuando ya me haya hecho el mío, cuando frente a tus hombres o los míos, tengamos que fingir odio -aunque todos puedan notar por tu mirada lo mucho que te gusto-. No ruedes los ojos, un día van a quedarse definitivamente de esa forma."
-La forma en la que el se dirigía a usted indicaba complicidad, ¿Cómo ocurrió siendo usted ya una marine y el convertido en un pirata?
Suspiré apoyándome en el podio mientras me retorcía las manos con ansiedad. Me sabía aquellas cartas de memoria. Las memorice antes de que fuesen publicadas.
-Porque crecimos juntos y algunos lazos simplemente son más difíciles de romper que otros. El deber no siempre es de acuerdo a lo que quiere una persona.
Ace dejó de remar cuando se adentraron lo suficiente en el mar para que las olas fuesen apenas un arrullo y la isla que antes les acogía, dejase de ser visible, así como ellos a todos los ojos curiosos que les pudiesen reconocer. Ler se quitó el sombrero que le tapaba gran parte del rostro, permitiendo que el sol le diera directamente y dejando caer su cabello desordenado y oscuro sobre sus hombros y espalda, haciendo sonreír al hombre al otro extremo de la pequeña embarcación.
-Me gusta más tu cabello largo y desordenado...- comentó inclinándose levemente hacia delante, su brazo tomando el sombrero de la chica para lanzarlo al mar. Ella se sobresaltó y lo miró molesta- ¿Que?... Esa maldita cosa solo es un estorbo.
-No vamos a estar aquí para siempre, Ace, tendremos que volver en algún momento y evitar ser reconocidos. Esa "maldita cosa" que acabas de tirar era mi forma de pasar desapercibida - se quejó viéndolo reír al verla molesta, cosa que la relajó a pesar de las circunstancias. El tenía ese efecto en ella. Lograba irritarla y tranquilizarla en un instante - No te rías, ya es suficiente con tu altura, todos voltean a verte cuando pasamos.
-Te miran a ti. Se preguntan cómo una chica tan bonita y pequeña puede estar tan enojada - ella rodó los ojos y se cruzó de brazos dirigiendo su vista hacia el mar, fingiendo estar molesta. Sin embargo, el chico podía ver su sonrisa asomándose desde su perfil.- y claro, como consiguió a alguien tan guapo...
-Me quedó con lo de bonita y pequeña, no eres tan atractivo, Ace- repuso alzando las cejas y mirándolo divertida al encontrarse con su rostro indignado. Un narcisista de primera como él podía verse ofendido fácilmente por esas cosas.
-¿Y porque te sigues sonrojando como niña cada que te veo por mas de 5 segundos?- ejecutando la acción, la analizó detenidamente hasta que la piel morena se tornó de un tono más cálido y rosa, obligándola a apartar la vista. El se echó a reír.
Ler odiaba que en realidad, él fuese tan malditamente atractivo que a veces se encontraba a si misma observándolo detenidamente, preguntándose el como alguien podía tener tales rasgos tan profundamente definidos, masculinos, atrayentes y divinos, así como un aura salvaje y seductora que la envolvía en un anhelo constante por volver a verlo cada vez que se iba. Se sentía como una niña a su lado pues Ace poseía esa belleza masculina que atraía a hombres y mujeres por igual, además de un aura de confianza y erotismo, como si el simple hecho de tocarlo o verlo, fuese un pecado. Así se sentía ella cuando lo veía. Y en las noches cuando hacían el amor, se transformaba en una mujer dispuesta a una eternidad en el infierno solo por tocar a su lado el paraíso.
Y aún así, el sonrojó de Ler no era causado únicamente por su aparienci, si no algo más allá de lo que los dos nunca entenderían. Ella era una marine, una mujer de mundo que había conocido a muchos hombres con apariencias que eran delirantes también, pero ninguna que la hiciera sentir como él. Y es que Ace y Ler amaban estar juntos, más no revueltos. Todos sabían que a penas se soportaban y solo a veces se caían bien, pero eran como un imán para el otro, les era inevitable no gravitar hacia el contrario cuando estaban en el mismo lugar, o buscarlo cada cierto tiempo cuando se separaban. De una u otra manera volvían a encotrarse.
Se odiaban a muerte la mayoría del tiempo gracias a la naturaleza traidora y liberal de Ace y lo venenosa y antipática que era Ler, pero tristemente no podían vivir sin el otro aunque no fuese por no intentarlo. Aún así, existían momentos como aquel en que su burbuja estaba hecha de coqueteo, cariño y tranquilidad, rodeandolos solo a ellos y sus sentimientos, dejando afuera sus responsabilidades y personalidades altamente cuestionables y de mierda.
- Es increíble esta faceta tuya- continuó hablando el pecoso. Ler adoraba sus pecas.- casi no pareces la misma que levanta a sus hombres al alba a correr desnudos en una Isla de Invierno solo por haber desobedecido órdenes.
Ella resopló: - Es cuestión de disciplina, Ace. No iban a morirse- lo sabía muy bien pues había pasado por entrenamientos similares, aunque en su caso había aguantado más por pura voluntad- y solo fue una vuelta. Los estoy ayudando a ser fuertes.
-Pasaste tanto tiempo con el viejo que ahora te pareces a el...Woaaaa- Ace se enderezó tratando de mantener el equilibrio tras el golpe que la chica le había propinado. Ambos se echaron a reír luego del susto que había pasado el hombre. Después de todo, ninguno podía nadar- ¿Ese es un bigote?
-No lo sé, podría besarte y tú dime si sientes algo extraño- sugirió risueña, devolviéndole la puya. Eran como dos niños estando juntos, como si el mundo cruel no los rodease, como si un destino aun peor no los estuviese esperando, como si uno no fuese a apuñalar al otro por la espalda, solo esperando el momento perfecto para hacerlo.
-Lo he sentido desde siempre, pero me gustas lo suficiente para vivir con eso.
-Y a mí me gusta la constelación que traes pintada en la cara, eres como un niño que se ha pasado todo el día pintando- río ella acercándose a el para tocarle la nariz. El hombre le tomó la mano para detenerla cuando volvía a su lugar y sentarla a su lado, entre sus piernas. Ella respiró hondo pero no se movió. - Olvida lo que dije, ¿Podríamos quedarnos aquí para siempre?
El aspiró el olor de su cabello, colocando su mentón sobre la cabeza morena recostada en su pecho. Envolvió sus grandes manos al rededor de las de ella, mucho más bonitas y pequeñas pese a su trabajo duro, sintiendo la falta de calor en su tacto, pues Ler siempre había tenido una temperatura corporal preocupantemente baja, y las apretó: -Nada me gustaría más que eso... Podríamos buscar una pequeña isla, cortar mucha madera y hacer más grande este barco.
-¿Y la comida?- omitió ser aguafiestas y cortar violentamente sus sueños imposibles y de decir que ni siquiera podían pasar una tarde sin que fuesen a buscarlos- Ambos somos terribles cocinando, moriríamos en uno o dos días por intoxicación.
-¿Qué te parece Cayú?- Ace levantó las cejas al escucharla maldecir inmediatamente tras la mención del joven marine, uno de los tantos encomendados a su cargo que la seguían como pollitos, pero con quién ella se había ensañado desde el principio. Esos dos tenian su historia que ella se negaba a contarle y el, al percibir la hostilidad con la que se refería al tema, prefería no preguntar. Su venia recelosa no estaba activada, pues lo sentia más por el marine que por Ler- es muy buen cocinero.
-Prefiero morirme de hambre- repuso formando una mueca que desde su altura, el hombre apenas pudo ver, pero que conocía a la perfección. Entrelazando fuertemente sus dedos y cruzando las piernas entre las de ella, la mantuvo pegado a su lado sin decir nada, únicamente escuchando el soplar del viento y los leves chapoteos de las olas contra la madera del pequeño barco, que los mecía con cariño y tacto. El latir de ambos corazones estaba tan sincronizado, que de poder escucharse a viva voz, podría haber sonado como una canción de amor que enamoraría hasta al ser más triste y solitario, que los encerraria a ellos en una fantasía de la que no deseaban salir.
-¿Tienes que irte?...- la voz masculina obligó a que la menor abriese los ojos solo para darse cuenta que ya llevaban un rato de aquella forma, lo suficiente para que su piel comenzara a sentirse extraña y adolorida por la exposición prolongada y sin protección al sol. Ella levantó las manos enlazadas con extrema delicadez y se las llevó cerca del rostro, girando levemente para poder verle mejor. Comenzó a besar la piel morena y pecosa, sientiendo como la misma se tensaba y estremecía con la caricia, hasta llegar al cuello donde escondió su cabeza un instante para luego alejarse un poco y mirarle mientras sonreía.
Una sonrisa llena de tristeza y pesar, como sus vidas mismas.
El hombre comprendió de inmediato la respuesta, por lo que inclinando su rostro, se acercó a apoyar su frente sobre la de ella, resignado.
-¿Sabes cuál es la parte buena de las despedidas?- preguntó Ler, su aliento cálido sintiéndose casi como un beso en los labios entreabiertos de Ace.
-¿Hay una parte buena?- devolvió el con una leve sonrisa que no le llegaba a los ojos.
-Si- respondió la chica haciendo un mohín y rozando su nariz con la de él de forma cariñosa. Acariciando sus labios de forma breve y a penas perceptible, depósito un beso sencillo sobre los mismos. No les gustaba besarse en aquel tipo de salidas pues eso invitaba a terminar haciendo el amor en aquel espacio reducido que en cualquier instante podía voltearse y ninguno podría hacer mucho- la parte buena de las despedidas es que hay una nueva oportunidad para vernos otra vez.
Sonrieron. Esta vez, de forma sincera y profunda, desde el corazón.
Ace fue el primero en alejarse, no sin antes devolverle el casto beso a la chica, para luego voltear con dirección a donde debería estar la costa: -Toma los otros remos, se nos ha hecho tarde- el no era un caballero y ella no era una dama después de todo.
Ler refunfuño como niña, a Ace le recordó a la bola de cabellos que conoció años atras y rió con fuerza: -Te dije que usaramos tu bote impulsado por calor, si remamos los dos terminaremos por partir está cosa. Damelos. -exigio extendiendo las manos hacia los objetos mencionados, cosa a la que el pecoso se resistió alejandolos.
-Tienes razón, aún no sabes cómo controlar esa fuerza tuya y yo no quiero morir tan pronto- el resentimiento por los golpes que la fémina le había dado era palpable en su rostro.
-Se controlar mi fuerza lo suficiente para no tirar todos los dientes de esa maldita sonrisa, Ace - una que a ella, le encantaba y no era precisamente un secreto por más que lo hubiese intentado. Pero en algún punto se rindió - eres tú quien no sabe trabajar en equipo.
El resopló mientras comenzaba a remar y estiraba su pierna para mantener a la morena a una distancia adecuada: - Soy bueno trabajando en equipo, es solo que nadie puede igualar mi paso.
-¿Es eso acaso un reto?- preguntó empujándolo y haciéndose con los remos restantes. El hombre entrecerró los ojos deteniéndose de su trabajo.
-Si partes el bote en dos, me encargaré de matarte antes de que mueras ahogada- restándole importancia , la chica comenzó a remar. El se unió a una velocidad inhumana segundos después- ojalá padre no me extrañe demasiado y mis nakamas encuentren a un comandante adecuado.
Ler rodó los ojos exasperada. Los D. eran caprichosos y exagerados por naturaleza.
-Marco se encargará de todo- sugirió ella divertida. Sin embargo, alzó la ceja curiosa y pensativa cuando los músculos del muchacho se tensaron tanto, que dejó de remar un segundo, imperceptible para cualquiera, pero no para ella y sus ojos hábiles de perro del Gobierno. Buscó su mirada y cuando este la apartó, suspiró, tentando terreno, mencionó -Ya me he disculpado por el incidente en aquel puerto, Ace. No sé porque sigue comportándose de esa manera cada vez que me ve.
Era de conocimiento popular la rivalidad existente entre la contraalmirante y el comandante pirata, una que surgió a raíz de Ace, pero quizá no porque ella intentase arrestar al pecoso o por la paliza que Marco le dio como todos pensaban , tal vez Marco tenía más razones que Ler desconocía y Ace no le diría jamás.
Lo único que ambos sabían a ciencia cierta es cuán hipócritas, mentirosos y hábiles eran frente al otro.
El hombre guardó silencio, reflexionando la respuesta hasta que logró armar nuevamente una sonrisa. Ella notó que aquello se asemejaba más a una mueca, pero decidió no insistir :- Es que es un amargado y no le agradan los marines- no le agradas tu- ...Pero los tuyos son más chiflados.
Ler rió encantada dándole la razón. Los marines del Nuevo Mundo poseían muchas cualidades, pero la razón no era una de ellas, principalmente los que estaban bajo su mando.
Ambos continuaron con la lucha, olvidándose de todo por un rato, sin considerar apenas que esa era otra de las despedidas que estaban condenados a darse siempre.
Porque siempre, siempre, tendrían que estar preparados para decir adiós.
Esta escena, al igual que la parte I forma parte de las escenas indefinidas de introduccion, por lo que luego de la misma, volverá a la cronología original.
