Historia alternativa en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 2: El equilibrio de todas las cosas (Como ponerle precio a tu cabeza)
- ¿La marina estaba enterada de su relación con el pirata?- los jueces interrogaron nuevamente enfocándose en Ace para alejar la "simpatía" que había ganado con el relato de Luffy.
- Los altos mandos tenían una noción de aquello, pues conocían que el Vicealmirante nos crío juntos.
- ¿Y sus subordinados?
-¡Ler-san!- el grupo de marines bajo el mando de la chica llego a trompicones hasta su oficina, luchando por adentrarse en el pequeño espacio donde se encargaba de la parte administrativa de la justicia cada que causaba más problemas de los que solucionaba debido temperamento inestable y testarudez- ¡LEEEER-SAAAAAAN-
Apunto de quedarse dormida, cabeceó rápidamente en una reacción asustada, casi estrellándose sobre la mesa en la que se encontraban todos los papeles que había llenado con información y los que le restaban por llenar. Reponiendose como si nada , golpeó la superficie de madera molesta por la interrupción y los miró.
- Estoy trabajando, ¿Qué quieren?- inquirió fingiendo haber estado ocupada en sus labores- ¿Y PORQUE DEMONIOS ENTRAN ASI A MI OFICINA? APRENDAN A TOCAR.
Sin intención alguna de responder y más que costumbrados a las reprimiendas de la marine, todo el grupo que se encontraba anteriormente luchando retrocedió hasta quedar fuera. Cerraron la puerta y esperaron unos segundos hasta decidir intentar otra vez, en esta ocasión, tocando suavemente la puerta hasta que la voz en el interior de la habitación les indicó entrar.
Fueron ingresando uno por uno, llenando todo el espacio hasta rozarse unos con otros y tener que estar casi encima del escritorio.
Ler se masajeó las sienes, irritada. Negando con la cabeza, siguió trabajando arduamente en el reporte pero al no percibir ningun sonido , solo sintiendo una docena de pares de ojos viéndola directamente con temor, se agarró la cabeza con las manos y cerró los ojos.
-¿Seo? - habló en voz neutra, tratando de mantener la calma. Ler no era precisamente paciente - ¿Jin?... ¿Porqué de repente todos se quedan callados cuando entraron como si hubiésemos sido convocados a la guerra?- alzó las cejas apoyando su mentón en sus manos cruzadas- tengo que hacer un reporte para Sengoku del grosor de las paredes de Impel Down antes de partir mañana o nos mandarán a todos a una Isla Desértica a que me derrita o de Invierno para que se congelen el culo. No tengo tiempo para sus juegos.
-Lo lamentamos, Ler-san, creímos que era importante que lo supiera- uno de los más jóvenes , Talón, excusó al grupo mientras intentaban acomodarse de la mejor forma posible. Ler notó como estos se pasaban un pedazo de papel con disimulo y nerviosismo hasta dárselo a Cayú. Ella lo observó fijo y sin pestañear.
-Te odia de todos modos, no se va a molestar si se lo dices tú...- comentó alguien que ella no distinguió entre el murmullo de afirmaciones.
Cayú y ella tenían una relación extraña que nadie parecía comprender. Y ni querían.
-¿Es Luffy?- preguntó ella estirando el cuello para tratar de ver mejor el objeto en las manos de su subordinado. Todos sabían del hermano pequeño de su superior gracias a las anécdotas de las enseñanzas de lo que no debían hacer, en donde él era el protagonista y que ella les narraba . Rápidamente, negaron con la cabeza.- ¿Entonces?...
La mano extendida hacia el ex-burgues se detuvo en el aire cuando este le mostró el cartel de recompensa de Portgas D. Ace. Los colores se le fueron del rostro al ver la exponencial cifra que se presentaba triunfante bajo la fotografía del atractivo hombre y esta vez no pudo contenerse de estrellar el rostro contra la mesa.
-¡Ler-san!- gritaron asustados sus marines, moviéndose como podían para asistirla. Aún con el rostro enterrado en la madera, ella levantó la mano impidiéndoles acercarse más, aunque fuese imposible no hacerlo por el espacio.
-Estoy bien...- aún sin mirarlos, su voz se expandió por la habitación, bajita e infantil.
Independientemente del carácter de la joven, todos los marines que habían pasado por su tutela la respetaban.
Ella se había ganado a puro esfuerzo y lucha ese respeto, pues no era nada fácil ser una mujer en la Marina. Mucho menos, una tan pequeña y joven, más de lo "normalmente" visto en aquellos casos escasos, sin embargo, aquel grupo que la acompañaba desde hacía más tiempo del que le gustaba aceptar, había desarrollado no solo respeto, si no una devoción y admiración especial hacia ella, que se veía reflejado en su lealtad, confianza y acciones, considerando a la misma como una líder que nunca dudarían en seguir.
Y Ler, pese a su renuencia inicial, decidió mantener a ese grupo a su lado, estableciendo una relación mutua de confianza, respeto y protección.
Ella los protegía de cualquier situación que pudiesen enfrentar no por ser marines, si no por el simple hecho de vivir en un mundo corrupto por los intereses del Gobierno. Y ellos, en la medida que tenían para actuar, la protegían y apoyaban también incluso sí aquello incluía su extraña relación con ciertos piratas.
Saliendo del escondite que había formado con su cabeza enterrada en el escritorio, aclaró su garganta y habló sin dirigirse a nadie en particular al tener su vista clavada en el cartel de recompensa: -¿El vicealmirante...?
-Lo tomó bastante mejor. Dicen que se rió tanto que le salieron lágrimas y arruinó la reunión semanal de informes marítimos. El Almirante de Flota Sengoku estaba tan enojado que lo maldijo a el, a usted y al pirata- Ler rodó los ojos, acostumbrada a aquellas reacciones - Y lo mandó a elaborar un informe y tres copias detallado la sesión, a mano.- la marine se echó a reír ante esto último.
-Tienen cosas que hacer entonces- sonrió mientras tomaba el cartel y lo colocaba a un lado de lo que solía ser su escritorio - primero, dar trescientas vueltas en la base gritando "¿Puedo pasar, por favor?"- los hombres se enderezaron inmediatamente como pudieron en aquel espacio. Un día la habían odiado por dichos entrenamientos y cuando se convirtieron en los mejores del lugar dejaron de quejarse.
-Si, señora.
-Cayú, las tuyas son quinientas. Alguien asegúrese de que las haga- señaló al rubio con gesto severo, quién no se quejó.
-Si, señora.
-Luego van a la oficina del Vicealmirante, le ayudan con el reporte y lo obligan a copiarlo las otras dos veces, como sea- todos alzaron las cejas, dudosos de cómo ejecutar dicha tarea- saben que no lo va a hacer si no es así, por lo que tendré que terminarlo yo, y si tengo que terminarlo yo esta maldita cosa tampoco tendrá fin y después de este traslado nos enviaran a alguna base de mierda a la que nadie quiere ir. No quieren eso, ¿Verdad?
-No, señora.
-Eso creí... Seo dirigirá el grupo de limpieza con otros 4. Quiero ver mi reflejo en el suelo cuando camine por el pasillo para la cena. Jin, tu encárgate con los demás de ubicar y reenviar a sus dueños todos los bienes que destruimos en la misión.
-¡Si, señora!- respondieron aún apenados por los inconvenientes que causaron unos días atrás.
Ler consideraba mil veces más importante salvar una vida que todas las cosas materiales que esta poseyera, por lo que al tratar de salvar a los habitantes de una isla que sufrió una erupción volcánica repentina, se empeñaron en evacuar hasta el último ser escondido bajo las piedras del lugar, enviándolos lo suficientemente lejos para considerarse seguro. A todos, incluso aquellos considerados de baja prioridad por el Gobierno...A costo de utilizar los barcos que contenían equipaje, priorizando a las personas sobre todas las mercancías y otros bienes que dicha isla, de carácter comercial, poseía.
El Gobierno no estaba muy alegre con los resultados y evitando una suspensión de todo el pelotón, Ler consensuó pagar los gastos de reparación de daños.
-No se preocupen, yo cubriré todos los gastos- comentó al ver a los hombres preocupados por la misera cantidad de sueldo que tendrían al descontarles todo el valor de la destrucción, pero como líder sabía que no podía cargar a sus subordinados con cosas que le competían únicamente a ella y las decisiones que tomaba, aun asi, ellos intentaron oponerse- Esta bien así. En su vida ganarían la misma cantidad de dinero que poseo yo- dijo mientras se recostaba en su silla y reía con burla restándole importancia al asunto. Los marines sudaron frío al notar el parecido aterrador entre la chica y el Vicealmirante.
Lo que ella no dijo es que disimuladamente se miró las manos, que a su vista, estaban sucias y llenas de sangre, llenas de la vida que le arrebató a muchas personas mientras estuvo al servicio del Cipher Pol. Pagar la ayuda a personas con el dinero que le pagaron por matar a otras tantas , al menos, le quitaba un poco del peso en su espalda y cuenta personal. En la institución había ganado una pequeña fortuna que no se atrevía a gastar.
-Cayú, tu te vienes conmigo por un nuevo escritorio para que podamos trabajar.
-¡Si, señora!- el joven dio su saludo, inclinándose levemente hacia adelante de forma respetuosa.
-Pueden retirarse- todos asintieron con la cabeza y comenzaron a salir de a poco, despidiéndose de su superior con un saludo militar. Antes de que estuviesen muy lejos para escucharla, ella se puso de pie y se estiró hacia adelante, llamándolos con una sonrisa:- Y muchachos...- cuando estos retrocedieron sobre sus pasos y se voltearon en su dirección, fue ella quién los estaba saludando con una inclinación respetuosa- Gracias.
Los marines sonrieron antes de echarse a correr con ánimo para cumplir con las exigentes tareas que Ler les había asignado . Ella los vio alejarse y apretó los puños. Estaba prohibido correr en el área administrativa, parte de la base dedicada al oficinismo, donde se necesitaba silencio y orden, cosa que las botas de los marines y su corretear descuidado violentaban. Aún así, no dejo de sonreír mientras se acercaba al cartel de recompensa otra vez y lo cogía en sus manos con aprecio.
-Ay, Ace- susurró dentro de un trance que le causaba ver sus orbes oscuras, como si estuviese frente a ella otra vez. Extendió sus dedos a lo largo del papel, trazando la figura y rostro del moreno con añoranza.
-¿Lo mandamos a enmarcar, Ler-San?- Cayú se mantuvo estoico frente a la puerta viendo como su superior volteaba tan rápidamente, que escucho el crujir de los huesos de su cuello haciéndose pedazos.
Ace era capaz de vulnerar solo con una mención de su nombre o una fotografía, todas las barreras de Ler, por lo que no notó al joven rubio dentro de su pequeña oficina.
-MIL MALDITAS VUELTAS VAS A DAR.
El escritorio que de alguna forma había levantado en aquel reducido lugar, quedó hecho pedazos en la puerta donde un segundo antes, el joven se encontraba apoyado y que ahora, corría tras de sus compañeros gritando:
-¿PUEDO PASAR, POR FAVOR?
Cuando finalmente se encontró sola, trono los huesos de sus manos y de su cuello, tratando de deshacerse del estrés que aquella posición le acumulaba. Ya se había acostumbrado a la instrucción, pero nunca se acostumbraría totalmente a tener tantas personas bajo su cargo, temía equivocarse y hacer las cosas mal.
"A veces quisiera regresar el tiempo y disculparme con ellos porque se que lo hice tremendamente mal.
¿Que importaba la experiencia? Aún me comportaba como niña y terminé arrastrandolos hasta mis problemas y malas decisiones.
Tú fuiste una muy mala decisión, Ace.
Tu y yo somos la peor opción del otro. Y todo el mundo, incluso nosotros, lo supo siempre.
Al menos se que ellos acabaron bien, que no los llevé tan lejos como para que terminasen contigo allá y conmigo aquí.
Me los han quitado, Ace.
Las únicas personas que me cubrían la espalda en este maldito lugar en donde todos están esperando para ver rodar mi cabeza, se han ido. Y quizá tenías razón, porque estoy más preocupada por ellos que por mi.
Si mi cabeza y la tuya ruedan, no quiero que la de ellos sea la siguiente.
L."
- El mar es tan grande que no puedes poner reglas sobre el.
-Entonces, ¿Porque existen los marines? ¿Porque limitan lo que otros hacen el mar? - pregunto la niña mientras se sobaba la nariz roja producto de la gripe severa que había obligado al viejo a llevarla a un médico en la Villa, dejando a los demás niños en la montaña.
-Lo dices como si fuésemos los malos- la reprendió con severidad mientras se quitaba la gorra blanca que usaba cuando acaba de regresar de su servicio. Miró a la niña un segundo y decidió colocarsela con fuerza en la cabeza hasta hacerla desaparecer debajo de ella- no lo somos.
-¡Ay!- gritó Ler tratando de sacarse la prenda- ¿¡Como no van a ser los malos!?
- ¿Sabes por qué hay marines?- preguntó en cambio cuando la soltó y esta se le quedó viendo con resentimiento- que respondas, mocosa necia.
Ella le sacó la lengua y e le encajó un golpe en la cabeza que la obligó a contener las lágrimas mientras respondía: - Para someter a la gente.
Suspirando cansado, se inclinó para verla de frente. -Incluso el mundo en el que vives, ese hecho de sueños en tu mente donde Ace te corresponde...- la niña se sonrojó furiosamente - necesitas un orden, un equilibrio para que no lo afecte a el o a los demás... Quiero decir, en el mundo existen millones de personas, muchas de ellas se echan al mar intentando ser "libres", una libertad que es aceptable siempre y cuando no interfiera con la de los demás- explicó cuando esta lo miró más confundida- si tú quieres a Ace, no está mal que lo hagas a menos que lo obligues a que esté contigo- ella rodó los ojos- si tú quieres algo, no esta mal que lo tengas mientras no se lo quites a alguien más. Si quieres ser libre, está bien serlo siempre y cuando no sea a costo de otros. ¿Entiendes?
-¿Si?- le miró entendiendo cada vez más su punto.
-Entonces, en un lugar tan grande, siempre hay personas que abusan de eso y corrompen el equilibrio natural de las cosas , por lo que si no hubiese quién controlarse todas esas actitudes...
-¿Viviriamos en una realidad mísera, catastrófica y violenta? - Garp se preguntó qué cosas leía o veia esa niña y porque todos sus "nietos" eran tan raros.
-Si lo entiendes de esa manera...-Se encogió de hombros- hay marines porque siempre debe haber alguien capaz de enfrentar a los que se saltan ese orden y vulneran las libertades de los demás. No importa si ser pirata o ladrón es más fácil y divertido que ser un marine, si todos pensaran que los marines son malos y tienen un trabajo difícil y aburrido, nadie se encargaría de esa función. No habría un peso capaz de equilibrar la balanza entre lo que somos y lo que deberíamos de ser. Incluso si el mundo es injusto, Ler, los marines no ven por su seguridad, libertad o la forma en que otros los perciben por sus acciones, si no por como pueden servirle a los demás que no son capaces de defenderse por sí mismos...Tu quieres ser libre, ¿Cierto? - ella asintió mientras el hombre seguía hablando- ¿Te has preguntado quién protege a los que no pueden luchar por ella? ¿Quién hace el trabajo que nadie más quiere hacer?
-Yo...- en su joven mente no había tenido demasiadas oportunidades de considerar aquello, pero ahora pensaba que quizá, solo quizá, los marines no debían ser, en general, objeto de juicios negativos.
Todos lo habían juzgado sin considerar el hecho de que hacía tantos sacrificios por protegerlos, y proteger a los demás, al más alto costo: Dejar a su familia, sometiendo su libertad para defender la libertad de alguien más. Garp odiaba obedecer órdenes, pero de alguna manera se había convertido en alguien importante y reconocido en la Marina, simplemente porque tenía sus razones para hacerlo.
Todos siempre tienen razones para ser lo que son.
Incluso los marines.
¿Estoy aquí por las razones correctas, abuelo? se preguntó recostandose nuevamente en la silla con cansancio, el cartel de recompensa aún reclamando su interés entre sus manos.
Ace estaba siendo libre y reconocido a su manera, yendo en contra de todos los precedentes establecidos por el Vicealmirante, haciendo todo lo que siempre quiso hacer, viviendo la vida que siempre quiso vivir. Y ella, siguió el camino que el abuelo se había empeñado en que siguiera para mantenerla a salvo -con pocas oportunidades para oponerse realmente-.
Y si, aquel trabajo podía considerarse como uno que nadie queria, al menos el que ella había realizado en su tiempo en el Cipher Pol donde la habían destrozado y utilizado de todas las formas en las que ella nunca podría haber imaginado o entendido Sin embargo, la falta de sumisión y lealtad al régimen le había permitido volver a los brazos de la infantería y por ende, de su abuelo. O quizá solo era que aun en su crueldad, no era lo suficientemente cruel para el puesto.
-Asi que...¿Barbablanca?- preguntó al objeto inanimado - creí que lo odiabas cuando te echaste al mar.
Y que un día navegariamos juntos también, pensó.
Esta vez más atenta, sintió como dos figuras se acercaban por el pasillo hacia su oficina. uspiró sin darse vuelta para recibirlos mientras esperaba que terminaran de llegar a su lado.
-UHHHHHH- el sonido característico del hombre cuando fingía sorprenderse por algo, pero le interesaba muy poco en realidad, rompió el silencio- este ya es el cuarto en lo que va del año.
Sintió como este se agachaba y tomaba un trozo grande de madera para observarlo con detenimiento y una sonrisa perezosa.
-Sengoku va a trasladarte a un armario de limpieza en la siguiente oportunidad, mocosa, debes evitar destruir cosas y concentrarte en tus deberes- el segundo hombre ingresó en el lugar con mucha más comodidad que los subordinados de la chica al no encontrarse con el gran escritorio en medio.
-Es mi oficina- respondió encogiéndose de hombros, manteniendo su espalda erguida- puedo hacer con ella lo que quiera mientras redacte mis informes. Es la única forma adecuada de desquitarme con la Marina.
-Ouuuuuuu casi hasta parece que odias estar aquí. Si no te conociera diría que cierto acontecimientos ha debilitado tus filtros, pero es que nunca los has tenido ouuuuu- las mujer finalmente volteó y rodó los ojos ante la actitud despreocupada del Almirante Kizaru, quién se mantenía apoyado en el marco de la puerta.- solo estás más abierta de lo común.
Kuzan la miró con una ceja alzada de forma sugerente mientras se inclinaba sobre su pequeño cuerpo y estiraba el brazo para tomar la fotografía. -¿En verdad lo estás?
-No deberían estar molestando, no se... ¿Al vicealmirante Garp, quizá? Escuché que la reunión semanal fue un desastre por su culpa.
-Bahhhhh, siempre lo es cuando hay algún suceso relacionado con los Younkos o con sus comandantes, pero es más divertido molestarte a ti, Garp solo nos echaría a patadas.
- ¿Y abusan de su rango y poder viniendo a mí porque yo no puedo hacerlo?
-¡Ara, mocosa inteligente!- río Kuzan despeinandola- a pesar de tomar las cosas con humor, Garp siempre está de los nervios cuando sale una nueva noticia de este chico- agregó meneando el cartel - y Sengoku aprovecha a recordarle lo malditamente chiflada que está su familia.
- Incluyendome, supongo - aceptó la menor resignada.
- Tu estás en el centro de sus preocupaciones, niña- Kizaru fue quien tomó esta vez el papel- ¿Que tendrán los dragones para hacerlo enfadar tanto?...Tu y el otro tipo parecen tener facilidad nata para hacerle dudar de su fe en la humanidad.
Ella bufó por la exageración.
- Entonces no fue una jugada muy inteligente de su parte asignarme como su observadora...- comentó como si nada, con una queja disfrazada.
- O supera la admiración que todos le tenemos como estratega y está ejecutando un plan maestro para mantenerlos a los dos bajo control- reflexionó el hombre de luz- si lo piensas bien, es un método bastante inteligente que nos ahorraría recursos y una cantidad inhumana de papeleo. Podría ordenar destruir la Isla con ustedes dentro y deshacerse de los dos.
El hombre de hielo y la Princesa Dragón lo miraron preguntándose como trabajaba la mente de ese hombre, hasta que Aokiji se rindió:
- Es posible.
-Pero bueno- hastiada, la chica se tomó la cabeza- ¿En serio no tienen otra cosa que hacer?
-La reunión terminó temprano, mocosa. Y hoy es un día tranquilo.
- Pues yo tengo trabajo que hacer aparte de soportarlos.
- No estabas precisamente en eso cuando llegamos- el cartel se ondeo con burla frente a la menor.
- Dios mío, ¿Cuántos años tienen?
Kizaru se carcajeo: - Más que tu, irrespetuosa.
-Ni siquiera nos saludaste al entrar y así castigas a tus pollitos.
- Yo educo como ustedes no me educaron - la puya concluyó mientras se hacía con la fotografía, escondiendola tras su capa, entre medio de su pantalón negro y la camisa blanca del uniforme.
-Mocosa irrespetuosa.
-Viejos infantiles y molestos.
-OUUUUUUU la niña está molesta.
- Tranquila...- Kuzan levanto sus manos en señal de paz- vamos a almorzar- dijo dandose la vuelta y haciendo un gesto con sus manos para que los acompañara- luego utiliza mi oficina para terminar el papeleo.
Ella negó con la cabeza, inclinándose levemente en forma de agradecimiento, más por deber que por gusto propio - No voy a sentarme a comer hasta que mis hombres lo hagan también, no sería justo. Y si me disculpan, debo buscar un nuevo escritorio...
Aturdido por el rechazo, el Almirante alzó una ceja para luego sonreír de forma despreocupada, volteandose hacia su compañero de rango: - Parece que fracasamos.
- Ah, tal parece que si...- Kizaru detuvo a la chica por el hombro cuando está pasaba a su lado intentando salir- ¿Estas segura?
Mirando por última vez la pequeña oficina, asintió retirándose ansiosa por terminar el trabajo.
- No ha comido ni dormido nada en dos días desde que regresó de su misión- comentó Kuzan viéndola marchar con aire pensativo.
- Es una tonta, no creo que vuelva a hacer esas cosas tranquila cuando se traslade- respondió su interlocutor.
Juntarlos de aquella forma, sin duda, traería muchas noticias más interesantes que las de ese día, ambos estaban seguros.
Y así fue.
El Almirante de Flota maldijo nuevamente a Garp y todos sus nietos cuando tiempo después -antes de que el último de ellos saliera al mar- otra recompensa llegó a sus manos...
-Ellos solo siguieron órdenes.
