So... Ya sé que tengo historias pendientes (y un libro a medias que terminar...), pero la nueva película live-action de Rurouni Kenshin salió en Netflix e inmediatamente después me lancé a devorar el Arco de Hokkaido del manga, siguiendo con leer uno que otro fanfic, blog, y algunas imágenes en pinterest KenKao, que era inevitable el que mi inspiración para esta historia saliera.
Y es que leer a Kenshin refieriéndose a su querida Kaoru-dono como "mi esposa" y a Kenji como "mi hijo", enciende las llamas de MOE a todo lo que da de mi Himura Kokoru fangirl! Kenshin fue mi primer novio de anime, y tengo el gusto de decir que mi adorado esposo tiene trazos de la personalidad del vagabundo, jojojojojo. Sin mencionar que mis primeros fanfics fueron historias de estos dos, mucho antes de que tuviera internet xD, y por tanto muchas se perdieron T_T
Así que, sin más explicaciones aquí está mi peque historia de KenKao. Es un AU que espero les entibie el corazón como a mí se me entibia cada que leo, veo, revivo escenas KenKao en el anime, manga, ovas, pelis y live-actions.
I ought to write a love as honorable as the one these two had, that I do.
DISCLAIMER: Tristemente declaro que únicamente la historia es mía. Tanto los personajes como la letra de la música usada para este fic pertenecen a sus respectivos autores.
HOSTAGE
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"I wanna be alone
Alone with you, does that make sense?"
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No por primera vez, Kenshin cuestionaba el abandono con el que se rendía ante la fuerza que representaba la mujer en sus brazos. Era hermosa y se rendía ante él en igual medida en la que él se rendía ante ella.
Se sentía feliz. ...Por razones que no acababa a comprender del todo.
Incluso si el acto físico de unirse con ella sexualmente era una de las razones para su estado de delirio, había algo más de por medio. Algo etéreo, casi intangible, pues bien podía sentirlo reverberando por encima de su piel cada que la acariciaba.
Besó su boca nuevamente, decidiendo que podía pasar horas descifrando la razón de su existencia en el simple acto de complacerla. Empujó con más fuerza, motivado por la sensación de las heridas que su compañera infringía en su espalda; gimió en su boca, estando tan cerca del clímax.
Abrazado a ella se dejó ir en el placer que le envolvió entonces, llevándose a su compañera con él al Cielo.
Se sentía finalmente en casa...
-¿Dónde estuviste anoche?
Kenshin levantó el rostro ante la pregunta dirigida evidentemente a él. Misao le miraba con autoridad, lo cual ya era alarma suficiente; el pelirrojo tuvo que recordarse que su compañera era casi como una ninja cuando se trataba de conseguir información difícil, no sólo por lo escurridiza sino porque sabía cómo conseguir información que incluso no tenía haciendo las preguntas correctas. Kenshin se obligó a mantenerse sereno.
-Estaba en la misma fiesta que tú -contestó.
La pequeña arrugó el gesto.
-No juegues Himura. Llegamos juntos a esa fiesta y en menos de media hora te habías desvanecido por completo. -Se quejó, atrayendo la atención de alguno que otro estudiante presente en la cafetería-. Nadie, y quiero decir nadie supo de ti después de eso.
Kenshin sólo sonrió más ampliamente ante la acusación.
-Bueno, es obvio que cada quien estaba ocupado en sus propios asuntos, ¿no crees? -Soltó, volviendo la atención al libro de cálculo -Me sorprende que tuvieras tiempo para preocuparte por los míos.
La chica se desinfló ante aquella acusación.
-Himura no seas así -se quejó, sentada frente a él evidentemente derrotada.
El aludido ahogó una risa.
-Estoy simplemente preocupada por ti -dijo ésta, y aunque Kenshin pudo notar la sinceridad en sus palabras, igualmente no pudo coincidir con ella, sencillamente porque no podía negar que su preocupación estaba bien fundamentada.
-No sé qué esperas que te diga.
-Sólo dime que no estuviste con ella -soltó con fuerza.
Kenshin suspiró.
-Muy bien, no estuve con ella.
Misao le miró con cautela.
-¿Es eso cierto?
Antes de que Kenshin pudiese responder, Sanosuke le dio un ligero golpe con la bolsa de lo que suponía Kenshin era su almuerzo.
-Date por vencida comadreja -le dijo éste-, Sólo te está diciendo lo que quieres oír. Hey Kenshin! -Saludó, el pelirrojo asintió con la cabeza como saludo y siguió leyendo.
-Mou, siempre debes de pegarme? -se quejó la morena, haciéndose a un lado para que el recién llegado se sentase.
No tardaron en enfrascarse en una nueva discusión, liderada por sus compañeros más que por el chico que era el centro de la discusión. Kenshin entendía la preocupación de Misao, incluso él mismo a veces se reprendía lo absurdo de su comportamiento, no que se arrepintiera precisamente de las decisiones que tomaba en relación específicamente a cierta pelinegra, porque no lo hacía; pero sí en cuanto a los sentimientos que inspiraban precisamente su actuar.
-Kenshin kun
Justo como en ése momento. Tanto él como sus compañeros se detuvieron ante aquella interrupción, Tomoe acaba de entrar a la cafetería y le había llamado tan pronto le había visto.
-Ya vuelvo -se excusó, antes de ir directamente al encuentro de la pelinegra.
Sanosuke silbó con cierta admiración, Misao por su parte no pudo evitar gruñir su descontento.
-No sabía que Kenshin estuviese saliendo con ésa chica Yukishiro.
-No lo está -aseveró Misao, Sano le miró con curiosidad.
-Coqueteando entonces -sugirió.
La joven gruñó aún más.
-Puedes apostar a que hay un coqueteo pero no va a llevar a ninguna parte.
-¿Cómo lo sabes? -preguntó, luego recordó las habilidades de su compañera y se corrigió al instante siguiente -Mejor dicho, ¿cómo lo aseguras?
La pelinegra le dedicó otra mirada asesina a la aparente feliz pareja conversando en medio de la cafetería. Incluso si tenía que admitir que los dos creaban un agradable cuadro (porque jamás le daría un apelativo diferente), nunca aprobaría a Tomoe.
-Es una aprovechada -soltó, mirando a Sano -todos los que la conocen bien, saben que ella tiene su verdadero interés amoroso en alguien más.
-¿En quién? -preguntó Sano con evidente interés.
-Kiyosato del consenjo estudiantil.
Sano volvió a silbar,
-Aspira alto la muchachita -bromeó.
-No deberías tomarlo como a juego -se quejó ella casi destrozando la mesa -se supone que eres su mejor amigo, aconséjale que esa mujer no le conviene.
El castaño rió por lo bajo.
-Lo haría si de verdad creyera que Kenshin está en peligro de que le rompan el corazón, pero no parece que sea eso.
-¿Entonces qué?
Sano sacudió los hombros.
-No lo sé, simplemente algo de su personalidad. Casi como la forma en la que era contigo.
Misao se calmó ante tal observación. Era verdad que Kenshin era un chico de lo más raro. Demasiado formal, pero no sólo eso; la palabra honorable se dibujaba en su mente cada que pensaba en él. Y por eso precisamente era que le preocupaba. Tomoe podía fingir que no sabía lo que hacía, que veía a Kenshin de verdad como un buen amigo e ignoraba por completo los sentimientos del mismo; pero esa era la trampa, si tan buena amiga era, debía de ser evidente lo que el pelirrojo sentía por ella, lo cual sólo podía significar que deliberadamente lo ignoraba sino que al mismo tiempo sacaba provecho de ese sentimiento.
-Perdón por la tardanza -Kenshin volvía a sentarse frente a ellos.
-Entonces sí estuviste anoche con ella -señaló Sano en apoyo a Misao, quien parecía demasiado conflictuada como para hacer la acusación ella misma.
-Estuve anoche con ella, lo estuve -asintió el pelirrojo, sonriendo con un deja de complejidad.
-Me abandonaste para ir a hacerle compañía a media noche -soltó la morena, molesta.
Kenshin suspiró.
-En primera dudo que de verdad te haya molestado el que te dejase sola con Aoshi -señaló, consiguiendo el que su compañera se encogiera culpable y con las mejillas sonrojadas -y en segunda, difícilmente era la media noche, era bastante temprano cuando volví a casa; hasta conseguí volver en el último autobús.
Misao iba a refutar, pero una vez más Sano le detuvo.
-Mejor déjalo, deberías de saber lo cabezota que es, no en vano son amigos
-¡Hey! -reclamaron ambos.
-Personalmente Kenshin -le llamó con seriedad y el aludido le miró atento -creo que debes de considerar lo cercano que aparentas desde fuera. Según sé, es la chica del presidente estudiantil.
Aquello fue una punzada para el pelirrojo notaron ambos, incluso si la emoción había pasado por apenas un segundo, sin duda había estado ahí.
-Te diré qué, en dos noches tendremos la bienvenida de la fraternidad -Les dijo animado -Una amiga mía vendrá de visita y prometí darle un recorrido por el campus, creo que la fiesta sería un buen inicio, ¿qué dicen?
-¿No querrías estar solo con ella? -inquirió Kenshin.
-No es esa clase de compañera, es incluso más chica que yo -explicó con cierta pena, la importancia de esta chica no pasó desapercibida para sus compañeros -Es una amiga de la infancia y hace algunos años que no la veo, me siento algo inseguro, por lo que tenerlos conmigo me sería de gran ayuda.
-Bueno mientras eso signifique que Himura no tendrá modo a escaparse nuevamente, por mí está bien.
Kenshin suspiró con cierto fastido.
-Estaba dispuesto a ir incluso antes de tu amenaza -le dijo.
Por toda respuesta Misao le sacó la lengua.
Sanosuke rió a carcajada abierta -Está decidido entonces. De verdad les agradezco.
...
"I wanna steal your soul
And hide you in my treasure chest"
...
Él no sabía cómo explicarlo. Trataba de crear una razón coherente al por qué y el cómo había llegado ahí y había hecho lo que había hecho. Sin embargo, lo único que podía decir era que la respuesta estaba en una descripción física de cómo su cuerpo embonaba con el de ella.
Se sentía bien. Se sentía... correcto. Como si su mano siempre hubiese descansado en la entrepierna de su compañera, como si ése fuese su lugar... o al menos, uno de tantos en el mapa de su existencia.
Habían hecho el amor, para su sorpresa, como si tuviesen todo el tiempo del mundo, como una ceremonia sagrada en la que debían ir lentamente paso a paso, descubriendo cada una de las sensaciones provocadas. Casi como una boda.
Estaba evidentemente loco. Había perdido la cordura desde el momento en el que sus labios se había posado sobre los suyos propios. Sí, ella lo había besado primero, y algo se había encendido ante el contacto. Algo dormido... latente... vivo.
Kenshin, tan reservado, tan abnegado a no perder el tiempo en relaciones, tan... propio; se había dejado ir sin reservas sobre la piel de esta joven, maravillado por su carisma y seducido por su risa cantarina como si ella misma guardase los secretos que le pertenecían a él.
Y ahora, tras la pasión de su encuentro, descansaba en el bliss que traía el simple hecho de saberse uno con ella. Le sentía besarle nuevamente, subiendo deliciosamente desde su hombro hasta el lóbulo de su oreja. Dejó salir un gruñido y su deseo volvió a despertar.
Bien, se dijo, no tenía intenciones de dormir todavía.
El teléfono comenzó a sonar justo cuando Kenshin salía de la ducha, estaba todavía secándose el pelo cuando alcanzó a contestar a tiempo.
-Me estoy alistando, Misao -contestó sin saludar -y sabes que tardo menos que tú, así que deberías de darme un respiro.
Hubo un segundo de silencio antes de que otra voz, que evidentemente no era Misao, contestara.
-Discúlpame, Kenshin kun, no es mi intención entretenerte.
El corazón de Kenshin se saltó un latido.
-¡Tomoe! -reconoció. -No, no eres ninguna entretención -se atropelló con las palabras, golpeándose mentalmente por su burda respuesta.
Para su fortuna, la chica soltó una risa que prometía ser comprensiva.
-Descuida, no hay de qué disculparse -le dijo ella -Entiendo que vas de salida entonces.
-¿Oro? Eh, sí, tenemos un compromiso con un amigo de Sano -explicó, cuestionándose internamente su necesidad de ocultar que en realidad era una amiga a quien acompañarían aquella noche. Una voz en su mente le dijo que debía comenzar a vestirse, la llamada entrante ahora sí de Misao se lo reiteró -¿En qué puedo ayudarte Tomoe-dono.
-En realidad solo sentí ganas de hablar contigo -confesó dulcemente -Siento que no te he agradecido lo suficiente el que me ayudaras a estudiar la otra noche.
-No fue nada -se debatió internamente -escucha, si no tienes nada qué hacer, ¿te gustaría ir conmigo a lo de Sano?
-¿Estás seguro? No me gustaría importunar.
-Para nada, estoy seguro de que no les importará -contestó al instante, no queriendo desanimarla al mismo tiempo en que se reprendía el haberla invitado.
-¿Pasarás por mí?
Kenshin, muy en contra de su mejor juicio, sonrió.
-Sabes que sí.
-Está retrasado. -Gruñó Misao.
Estaba en casa de Megumi esperando a que Kenshin pasara por ambas, para su mala suerte Tomoe vendría con él, y obviamente pasaría primero por ella, dado que vivía más cerca de su departamento.
La chica estaba, por supuesto, enojada, fúrica sería más apropiado. Se suponía que aquella salida sería apoyar a Sanosuke a darle la bienvenida a su amiga de la infancia, conocerla, y de paso ver si conseguían el que Kenshin se olvidase de una vez por todas de su fascinación con Tomoe. Bueno, lo último era más plan de ella que de los demás, pero igualmente era importante para salvar a Kenshin. Lo sabía en su interior, su amigo no tenía ni la menor idea sobre las mujeres; el mismo Sano se lo había confirmado tras compartirle su historia durante la preparatoria. Era obvio que una chica como Tomoe lo apantallara al punto de terminar usándolo para su conveniencia.
Y si su amigo no quería ver la realidad entonces ella haría un intervención cual si de un alcohólico se tratase.
-Dale un respiro, se trata de Kenshin, ¿qué esperabas que hiciera? -Trató de calmarla Megumi.
Misao contestó al instante.
-¡Que dijiera que no a esa arpía!
-Honestamente, a veces no sé si lo tratas como si fueras su madre o su novia celosa -No era que no compartiera los mismos sentimientos que su amiga en el respecto del pelirrojo, pero era un tanto más centrada.
-¡Ninguna de las dos y un poco de ambas! -gritó Misao.
-Ni siquiera tienes sentido. -Se quejó la mayor-. Si tanto te preocupaba hubieras pasado por él.
La pequeña se desinfló. Había pensado en pasar por el pelirrojo si tan sólo para asegurarse el que no fuese a irse a otra parte, y viendo cómo todo había resultado se reprochó el no haberlo hecho. Pero aquella tarde, había tenido entrenamiento, y con las preliminares para la competencia nacional de gimnasia no podía darse el lujo de saltarse una sesión.
-No quería entretenerlo, se suponía que él llegaría antes que yo -explicó-, ya sabes que no puedo abandonar la práctica.
Megumi asintió.
-¿Y Sano?
-Sano viene con la compañía -dijo, refiriéndose a la amiga que había prometido presentarles aquella noche- quedamos de reunirnos en la fraternidad para que tuvieran tiempo de charlar un rato.
-Mmmm -La mayor pareció perderse en sus pensamientos.
-¿Estás celosa? -Inquirió Misao con sorna.
Megumi puso los ojos en blanco.
-¿Por qué debería celar a un cabeza de gallina? -Cuestionó-. Sólo es mera curiosidad por su amiga.
Misao sonrió de medio lado.
-Ajá.
-Mejor preocúpate por Shinomori antes que por alguno de nosotros -Sentenció.
Aquello pareció calmar la discusión de tajo, las chicas se dispusieron a bajar al recibidor para salir al encuentro de Kenshin, este les había mandado mensaje diciendo que estaba a dos cuadras de llegar. Antes de salir, sin embargo, Misao volvió a presionar.
-¿No estás preocupada ni un poco por Himura?
Megumi la miró un instante antes de suspirar.
-Lo estoy. Pero tengo suficientes preocupaciones como para añadirme las suyas. -Le dijo-. Ken-san es un hombre grande, si le rompen el corazón deberá aprender a enmendarlo, es así de sencillo.
Misao sabía desde luego, que su compañera tenía razón. Se abrazó mentalmente para salir a recibir a la arpía, pidiendo a kamisama le permitiese ser prudente en el camino a la fiesta.
...
"I don't know what to do
To do with your kiss on my neck"
...
La mañana los encuentra abrazados y desnudos, bajo las sábanas de una cama que ninguno de los do conocía sino hasta la noche anterior, cuando su pequeño encuentro ocurrió. La luz apenas y se cuela por entre las persianas de la habitación, pintando listones que bañan el suelo y suben a la cama.
Apenas y durmieron. Perdidos en reconocerse a través de caricias, pasaron la mayor parte de la noche (si no es que toda) en un amasijo de brazos y piernas, fundiéndose bajo el calor de sus cuerpos desnudos. Y aún así...
Kenshin no sabe ubicar el momento en el que el sueño le abandonó, aún menos el momento en el que sus manos comenzaron a acariciar de nueva cuenta la piel de su compañera.
Es una sensación extraña que es bienvenida con todo el furor de su corazón. Es sentir que desde siempre ha vivido para este preciso momento y que todo lo vivido hasta entonces cobra sentido si con eso consigue compartir cama con ella. Y ahí radica la mayor parte de su asombro, la sensación de que no es la primera vez que duerme junto a ella, de que aquello es una ocurrencia cotidiana, lo más normal del mundo.
Está en casa.
Y mientras ella se estira, recobrando conciencia, le mira a los ojos y le reconoce al tiempo en que le sonrie con el mismo sentimiento bailando en sus ojos, Kenshin no desea irse a ninguna parte.
Salvo que ella se lo pida...
Sus bocas conectan nuevamente, justo como lo hicieron durante la noche anterior, y el calor se desata. Él vuelve a fundirse en ella, entregándose y tomándola al mismo tiempo. Sus piernas se aferran a él por su cintura, sus manos se aferran a su espalda y a su nuca. Kenshin se entierra en ella, murmurando palabras de amor sobre su piel.
Sanosuke escaneó la entrada una vez más, a pesar de que ninguno de su grupo de amigos había llegado aún, algunos de sus compañeros de la fraternidad habían congeniado bastante bien con su compañera de juegos de la infancia, que no tiene que preocuparse por momentos incómodos; pero igualmente está preocupado.
Finalmente recibió un mensaje de Misao informándole la situación y no puede evitar maldecir por lo bajo. No es que tenga un verdadero problema con los pantalones en los que decida meterse su amigo, por así decirlo, pero entiende perfectamente bien las preocupaciones de Misao. Por otro lado, realmente había esperado el que pudiese introducirlos a alguien de su pasado que él sabía embonaría perfectamente el grupo, y Yukishiro Tomoe ciertamente no embonaba por ninguna parte.
-¿Qué pasó con tus amigos? -contesta la chica de los ojos azules y por un instante Sano se pierde en el brillo inocente de su mirada, viejos sentimientos se estira -¿Sano?
Él reacciona tras escuchar su nombre.
-Tuvieron que desviarse a recoger a otra amiga.
-Oh -es todo lo que puede decir, luego sonríe -no importa, eso nos dará tiempo de bailar -propone, tomándole las manos para no dejarle opción.
El castaño acepta con un suspiro de rendición.
-Sabes que no puedo decirte que no...
Los minutos pasan mientras caminan de la mano a un espacio en el que quepan ambos, en medio de tantos cuerpos bailando y otros simplemente de pie conversando, es una casa después de todo, no hay precisamente un área asignada de baile, así que nadie cuestiona cuando terminan bailando en el pasillo que lleva al jardín trasero, donde la piscina se encuentra. Una media hora se vuelve una, y tras un par de interrupciones de otros conocidos y unas cuantas cervezas de por medio, Sano finalmente ubica a Misao y Megumi en la sala. Incapaz de separar a su compañera de la amistad que acaba de hacer, se disculpa diciéndole que traerá a sus amigos a ella.
Tan pronto alcanza a las morenas, atrae la atención de ambas plantándose en medio de su camino. Intercambian saludos y entonces nota la ausencia que pone a su grupo incompleto.
-¿Dónde está Kenshin? -pregunta temiendo la respuesta y obviando las señales de Megumi de no señalar lo vio.
-¿Dónde crees? -Es la respuesta irritada de Misao.
Sano asintió contrito.
-Cierto, me olvidé por completo de que trajo compañía.
Misao aprovecha para descargar su molestia, lo terrible al parecer que había sido su viaje compartido rumbo a la fraternidad y lo mucho que le molesta las señoritas refinadas; lo último apenas y Sano lo entiende, suponiendo que es un insulto hacia el crush de Kenshin (aunque a este punto, incluso él admite que ya no es correcto llamarlo un simple crush). Por lo que entiende, hubo un enfrentamiento de palabras entre ambas chicas, y Kenshin había terminado quedádose a confortar a Tomoe a a entrada; mientras que sus amigas se negaron a seguir esperandoles, especialmente cuando Misao no iba a disculparse por lo que sea que haya dicho.
Megumi hace el intento por aplacar a Misao.
-¿Dónde está tu amiga? -Pregunta, y Sano agradece la interrupción a la perorata de Megumi.
-¿Puedes creer que hizo amistad con Kamatari? -Les dice.
Ambas chicas abren los ojos en asombro.
-¿Con el chico-chica? -Exclama Misao, el sobrenombre denota cariño a pesar de sonar discriminatorio. Kamatari en ese punto era más una especie de rival para Misao en ciertas materias de la carrera que ambas compartían.
-Imagino que debe tener un carácter similar -inquiere Megumi, -ahora tengo más ganas de conocerla.
-Vengan -les dice él -les va a encantar.
Hay algo en la forma en la que lo dice que a Megumi le cause inseguridad, como si hubiese historia entre esos dos más allá de una amistad. Ruega porque no, no quisiera tener que llevarse mal con alguien a quien obviamente Sanosuke tiene en alta estima. Misao por el contrario se siente emocionada, cualquier cosa es mejor que seguir pensando en la tragedia de su necio pelirrojo.
...
"I don't know what feels true
But this feels right so stay a sec
Yeah, you feel right so stay a sec"
...
Han estado sentados al borde de la cama, con la cabeza recostada en el cuerpo del otro y las manos enlazadas, por cerca de media hora, simplemente disfrutando de la calma de estar juntos. Hay una magia entre ambos a la que es difícil ponerle nombre, pero es tan certera que ninguno de los dos se atrevería siquiera a dudarla.
Cuando se miran el uno al otro, miles de cosas se comunican a través de los ojos. Kenshin está tan maravillado de que aquella conexión, de la facilidad con la que ambos intercambian pensamientos que no tienen que pronunciar en palabras para darles vida.
Ambos se visten, se asisten el uno al otro. De nuevo con gesto ceremonial, pero con sonrisas satisfechas y besos escurridizos sobre la piel expuesta. Es otra forma de amarse.
El sol aún no sale del todo. Afuera, en todo el resto de la casa, la mayoría aún duerme, pocos son los que se han despertado y deambulan como zombis por los pasillos. No son ni de cerca la única pareja de aquella noche, pero sí la única que se dijo palabras de amor sinceras.
Y de repente, Kenshin no quiere que aquello termine; podría quedarse encerrado con ella en aquella habitación para siempre, mas aquello significaría exponerla y no tiene el mínimo deseo de correr el riesgo. No desea ningún daño a su compañera y menos aún de la mano de él.
La ama. Está seguro de eso, tan seguro como que su nombre es Kenshin.
Y no quiere que aquello termine.
La mira a los ojos entonces, descubriendo que ella tiene un pensamiento similar. Le besa la frente y luego la abraza, hundiendo el rostro entre la curva de su cuello y su hombro.
"Cásate conmigo", quiere decir. Y se contiene por lo absurdo que sería. Aunque en su mente es todo menos eso. Quiere una vida con ella, incluso si apenas y puede mantenerse a sí mismo, no le importaría tener que trabajar un poco más por ella. En su cabeza bailan imágenes de lo que sería compartir casa con la joven que le ha robado el corazón; tener quién le reciba de más de una forma.
Mas el hechizo está por desvanecerse y le queda poco tiempo.
La besa en los labios esta vez, con abandono y desesperación. Tiene que convencerla, antes de que atraviesen esa puerta y la pierda para siempre.
Para su fortuna, ella se aferra a él con el mismo abandono.
Probablemente se merecía aquél destino. Después de todo él había sido el primero en abandonar a sus amigos por la oportunidad de estar con una chica. Ahora él había sido el abandonado por dicha chica. No que se lo echara en cara a la misma, no había sido del todo su culpa.
Se golpeó mentalmente por enésima vez esa noche. Nunca había sabido exactamente definir esa parte de su caracter, pero desde su nacimiento (si lo que su padre decía podía ser tomado como cierto) Kenshin había sido selectivo en sus compañías, mostrándose la mayor parte del tiempo solitario; y cuando hacía finalmente una conexión había algo más que lo movía acercarse de cierta forma específica a formar dicho lazo.
Casi como si no pudiese controlar la atracción y los sentimientos que lo dominaban cuando conectaba con alguien en particular. Con Tomoe no había sido diferente.
Le gustaba, al menos eso podía asegurar, quizá no estaba del todo enamorado de joven pero sí se sentía atraído por ella; lo suficiente al menos como para dejar de lado cualquier cosa, situación o persona, si Tomoe necesitaba de él. Era casi como si tuviera una deuda con ella.
La quería y quería estar con ella. Y al mismo tiempo si ella quería estar con alguien más, él no dudaría en ayudarla a provocar tal encuentro.
Y eso había sido justamente lo que había pasado.
-Interesante verte solo Ken san.
El aludido se sorprendió al verla.
-Megumi san, lo mismo podría decir.
La morena se echó el cabella atrás en un gesto que tenía cierta altanería, Kenshin podía entender que estuviese molesta con él.
-No te hagas ilusiones, sencillamente voy a la cocina por una bebida.
Él asintió.
-Imagino que el encuentro fue bien -tentó él, no queriendo hacer más grande la distancia.
-Lo fue. La chica es algo diferente.
Aquello picó el interés del pelirrojo.
-¿Diferente cómo?
Megumi le miró un instante, analizandolo, por una vez, Keshin no supo definir qué estaba buscando su compañera en él.
-¿Por qué no lo descubres por ti mismo? -Le dijo al fin, señalando en dirección al jardín, donde dos bocinas de gran tamaño se habían instalado para seguir la fiesta en la piscina. -La mayoría de los de nuestro grado están en el área de la piscina, incluyendola
Kenshin suspiró vencido, si quería hacer las paces con todos, lo mejor sería justamente ir a conocer a la chica por la que originalmente Sano les había invitado a aquella fiesta.
-Haré caso de tu consejo, eso haré.
Megumi sonrió.
-No te será difícil encontrarla. -Le aseguró-. Después de todo es la única chica en esta fiesta con los ojos azules.
-¿Oro?
La morena rio por lo bajo, ante la evidente sorpresa del pelirrojo.
-Ven, te vendrá bien una cerveza antes de que vayas, al menos así no te verás tan deprimente -le aseguró.
Kenshin hizo como le dijo. Aceptó la bebida que Megumi le ofreció, acompañándola en el trayecto a la cocina y de regreso a la sala, para salir en dirección al jardín. Saludaron a quien se encontraron en el camino que fuese conocido, el pelirrojo olvidándose momentáneamente del abandono y rechazo que había recibido previamente.
Alcanzaron el jardín tras varias interrupciones en el camino. Megumi iba acompañar a Kenshin hasta donde había dejado a sus compañeras previamente, cuando notó a Sanosuke saliendo "victorioso" de una pequeña pelea; gruñó por lo bajo y se disculpó con su compañero. Kenshin siguió con la mirada el alboroto y entendió al instante, asegurándole a la morena que no tenía de qué preocuparse. La joven sonrió y le indicó la dirección a seguir antes de irse a atender al cabeza de gallina.
Kenshin rió ante la escena, ésos dos sin duda no tardarían en comenzar a andar, sin duda.
Luego escaneó el lugar con la mirada, había prometido a Megumi que no se iría sino hasta terminada la velada (después de todo él era el conductor designado). La chica, que no se fiaba de él con justa razón, le había obligado a que le entregara las llaves del coche. A regañadientes, él había accedido, repitiéndose que era parte del castigo que merecía por lo que había hecho horas atrás y que de sobra sabía había estado mal.
Ubicó a Misao sentada al borde de la piscina, espaldas a él, Aoshi sentado cerca de ella, aunque parecía más bien estar montando guardia. Kenshin sacudió la cabeza "y pensar que Misao chan me critica", se dijo. Decidido a no interrumpir siguió en su búsqueda, sin sentirse ya del todo motivado, después de todo sería acercarse a alguien a quien no conocía.
Estaba pensando en retirarse a la habitación de Sano sabiendo que a su amigo no le importaría, cuando el mundo a su alrededor dio un giro de 360 grados. Cuando el mismo se había vuelto a alinear, él había dejado de ser él mismo.
Sintió un jalón que lo movía hacia el frente. Hipnotizado incluso por aquella mirada que durante un instante se había cruzado con la suya, dándole un nuevo sentido a su vida, porque no podía ser otra cosa, se dijo, mirando con claridad e intensidad a la mujer que bailaba frente a sus ojos.
...
"And let me crawl inside your veins
I'll build a wall, give you a ball and chain"
...
Quería abrazarla. Quería acercarse a ella y besarla en los labios y no dejarla ir jamás. La libertad con la que bailaba y la inocencia que derramaba, entibiaba su corazón y le aceleraba el pulso.
-Veo que conociste a Jou chan -escuchó a alguien decir a su lado, la voz sonaba ligeramente familiar
-¿Jou chan? -preguntó con interés, todavía sin poder alejar la vista de aquella musa.
-Así es como la llama Sanosuke -contestó el hombre, "Anji", se recordó Kenshin, "su nombre es Anji" -creo que su nombre es Kaoru
-Kaoru -repitió, atrayendo de pronto el eco de lejanos encuentros, enterrados en el fondo de su alma.
-Kaoru dono -musitó, y la chica pareció escucharle.
El mundo volvió a sacudirse bajo sus pies.
...
"It's not like me to be so mean
You're all I wanted"
...
Se abrieron paso a través del desmadre de la casa. Decidiendo que sería más conveniente salir por el jardín que por el frente, Kenshin guio a su compañera.
Se sentía como si fueran a fugarse, en cierta manera eso estaban haciendo justamente. Escabulléndose de la realidad que amenaza con terminar aquél encuentro. Y Kenshin, terco como el día de su nacimiento, se disponía a hacer cuanto podía por aplazar aquel final que de seguro llegaría. Al final sería un esfuerzo en vano...
Pero quería hacerlo.
Sentía, en su corazón, que estaba haciendo lo correcto; incluso si resultaba una ilusión de lo más egoísta.
Sus orbes azules volvieron a hacer contacto con la mirada de él, y fue como si fuesen flechados por el mismo cupido. Kenshin supo reconocer lo que bailó en los ojos de la joven: reconocimiento, y algo más...
Él lo tomó por una invitación y avanzó hasta su compañera.
-Kaoru dono -la saludó tan pronto estuvo a menos de un paso de distancia.
La aludida sonrió mordiéndose el labio inferior, atrayendo momentáneamente la atención de él. Algo se estiró en el interior del muchacho.
-¿Y quién eres tú? -preguntó ella con risa en sus palabras, obviamente coqueteando con él.
Kenshin se inclinó sobre ella, posando sus labios cerca del oído de ella, le susurró.
-Creo que ya lo sabes. -Se irguió de nuevo, esperando su respuesta.
Kaoru rió en complicidad, decidiéndose a mirarlo una vez más a los ojos, separó los labios y dijo su nombre.
Kenshin sintió que respiraba por primera vez, mientras su corazón volaba hacia el cielo.
...
"Just let me hold you like a hostage"
...
Rieron mientras corrían hacia su libertad, echando una última mirada a la casa, Kenshin esperaba que sus amistades quedaran enmendadas, después de todo, ¿no estaba haciendo lo que Misao indirectamente había querido? Sabía que estaba tomando ventaja, pero ¿qué más podía hacer?
En todo el tiempo que llevaba de vida, jamás había sido tan irresponsable. Sin importar lo mucho que pudiese gustarle una chica, jamás habría tenido sexo de una noche en medio de una fiesta de fraternidad. Aún así no se permitía cuestionarlo, ya no al menos, no después de haber pasado la noche con ella.
Mentiría si dijiera que no había esperado realizar el acto de fundirse en uno cuando ambos habían subido a la habitación que Sano había preparado para la estadía de ella. Porque lo había deseado, con todas sus fuerzas, al grado de haber hecho justo eso. No era algo que sólo él quería además, ni tampoco sexo de una noche, era más, ¡mucho más!
Mirando a su compañera Kenshin estaba seguro de que aquél encuentro había sido apenas el inicio...
Quería una vida con ella, y por ridículo que fuera, se aseguraría de que la morena no volviera a abandonar su lado. Costara lo que costara...
Él la tendría.
Para cuando Megumi había conseguido acallar el martilleo de su cabeza y preparado por fin una jarra de café decente, ya pasaban de las diez de la mañana. La mayoría de los invitados ya se habían retirado, tan sólo quedaban los más íntimos de los inquilinos de aquella casa que tenía toda la finta de mansión dado el tamaño de la misma.
Kamatari entró entonces bostezando, se detuvo a la entrada de la cocina y la miró con curiosidad.
-Megumi, dijiste que Kenshin te dijo que se quedaría? -Preguntó.
La morena asintió.
-Lo hizo, es nuestro transporte de vuelta, incluso me dejó las llaves... -Contestó, Kamatari asintió con la cabeza pero algo hubo en la expresión de su rostro que a la morena le enfrió la sangre un instante. -Dime que su coche está en la cera -pidió con algo de desesperación.
-Su coche está en la acera. -Contestó, haciendo un gesto con las manos en señal de que no debía preocuparse.
-¿Entonces cuál es el problema? -Cuestionó confusa, pero aliviada.
Kamatari iba responder cuando Misao entró hecha una furia en la cocina.
-¿¡Dónde está Kenshin?! -gritó fúrica.
-Ése justamente. -Dijo Kamatari -Revisé la casa y no está por ninguna parte.
Las dos chicas compartieron una mirada.
-¿No crees que se haya ido con Tomoe? -inquirió Megumi, cayendo en la cuenta de que tras haber visto al muchacho previo a pelea de Sanosuke, no le había vuelto a ver.
Misao se removió incómoda, checando su teléfono.
-No lo sé, Aoshi me dijo que Kiyosato llegó solo a su casa.
Aquello sólo hacía todo peor. Si Tomoe había sido rechazada por el presidente del consejo estudiantil, quizá hubiese buscado consuelo con Kenshin, y éste último habría estado más que dispuesto a darlo.
-¿Qué hacermos?
...
A kilómetros de distancia, Kenshin hablaba por teléfono, recargado en el cofre de un Impala negro, tenía las piernas cruzadas por delante, una mano en el bolsillo. El coche estaba estacionado en una estación gasolinera al borde la carretera; evidentemente estaba llenando el tanque.
-Volveré probablemente en dos días. Habló al teléfono-. No, no habrá problema, no tengo examen sino hasta el martes, así que tengo bastante tiempo.
-¡Kenshin!
El aludido se irguió a medias al escuchar la voz, y se aceleró a terminar la llamada.
-¡Por aquí! -le hizo señas a su compañera y luego volvió al teléfono-. Sí. De acuerdo. Gracias por cubrirme. Te debo una.
...
De vuelta a la casa, las chicas intentaban contactar con el pelirrojo pero no había respuesta a su celular. El teléfono de su departamento tampoco tuvo suerte.
-No lo entiendo, ¿dónde está Kenshin? -preguntó Misao.
Sanosuke se hizo presente entonces, se notaba que echaba humo.
-¿Dónde está Kenshin? -cuestionó molesto -¡Quieres decir dónde está Kaoru?! -gritó deseperado.
Sus tres compañeros brincaron en nueva alarma.
-Espera, ¿se perdió también? -cuestionó Kamatari incrédulo.
-Dijiste que se había ido a su habitación anoche. -Refutó Megumi
Sano brincó histérico.
-¡No está ahí! ¡Y no contesta su celular!
-¡Cálmate! -Megumi lo sacudió -Seguro que debe de seguir en alguna parte de la casa.
...
El pelirrojo terminó la llamada e inmediatamente después puso el teléfono en modo avión, no deseando recibir distracciones ni interrupciones de ninguna índole.
-¡Kenshin!
Justo a tiempo para recibir a su compañera, quien acababa de salir de la tienda, después de haber hecho una parada al baño.
-Kaoru-dono -le saludó con la firme intención de abrazarla, ella casi no le deja.
-Mou! -se quejó entre sus brazos-, deja ya el dono, me haces sentir vieja
-¿oro? -Él le miró confuso, sorprendido también de haber usado aquél apelativo- Perdona, no sé cómo explicarlo pero me resulta de lo más natural -Se disculpó.
Para su suerte, la pelinegra lo dejó estar.
-Bésame.
Kensin sonrió e hizo justo como ella le pedía.
...
-¡Aaaah! -se escuchó el grito de Sanosuke reverberar en toda la casa.
-¿Y ahora qué? -Gruñó Misao, insegura de poder lidear con más malas noticias.
-¡Alguien se ha llevado mi auto!
...
De vuelta a la carretera, con Kenshin al volante, Kaoru paseo la vista por un mapa que había conseguido de la tienda de la gasolinera.
-Hmm, ne Kenshin, ¿dónde deberíamos de ir ahora? -preguntó.
El aludido sonrió sin despegar la vista del frente.
-Bueno, estamos bastante cerca de la playa -sugirió.
El rostro de Kaoru se iluminó con una sonrisa y los ojos le brillaron, Kenshin sintió una vez más que volaba por el cielo, tendría que asegurarse de darle un buen regalo de agradecimiento a Sanosuke al regresar.
-Entonces, ¿qué estamos esperando? -Kaoru se acercó hasta rodearle el brazo y depositando un beso en los labios, él había tenido que girar el rostro antes de volver la vista al frente.
...
En la casa de la fraternidad por el contrario, Sanosuke estaba hecho un ovilla sobre el suelo, una nube negra le llovía por encima de su cabeza.
-Estoy muerto, su padre va a matarme. -Murmuraba por lo bajo.
Megumi suspiró.
-Su padre no está aquí en Tokyo, en todo caso tenemos tiempo para buscarla -le aseguró, intentando levantarle el ánimo pero internamente insegura de que siquiera pudiesen deducir dónde se encontraba la chica.
Sano saltó al instante siguiente.
-¡Tú no entiendes! -gritó deprimido.
-¡Lo entendería si me lo explicaras! -contestó ella con igual fuerza aunque molesta.
Sano volvía a hacerse pequeño.
-Jou chan, ¿cómo pudiste? -Se lamentó.
Kamatari quien entonces había estado revisando entre las cosas de Kaoru en la pequeña habitación designada para ella, había dado con la credencial estudiantil de la misma.
-¿Su amiga se apellida Kamiya? -Preguntó con cierta fascinación en los ojos.
-Sí -fue Misao quien contestó -Y por Kamisama espero que esté con Kenshin. O que de menos con quien esté sea alguien decente.
-Ooohhh -Exclamó el chico, atrayendo la atención de los demás presentes al notar lo que él veía con tanto interés al fin -Creo que quien quiera que esté con ella estará en serios aprietos.
Kamatari les extendió la credencial a las dos morenas, quienes al tomarla y leer la información escrita soltaron una exclamación que casi les saca las almas del cuerpo.
-¡Sanosuke, ¿cómo pudiste?! -Gritaron ambas.
Por su parte el castaño no paraba de lamentar el que era un hombre muerto.
...
Habían estado conduciendo por media hora, la playa ya se podía apreciar en el paisaje alrededor de ellos.
-Por cierto, ¿tenemos algo de beber? -preguntó Kaoru, hacía más de media hora que se había terminado el café que habían ordenado en la tienda de la gasolinera.
-Hay cervezas en la parte de atrás -contestó Kenshin.
La joven arrugó el gesto, igualmente asomándose al asiento trasero del coche.
-¿No hay agua? Muero de sed -se quejó.
Él le dedicó una mirada confuso.
-Me temo que no, pero una cerveza calmará tu sed, eso hará. -Le aseguró -Mejor que el agua incluso.
Kaoru volvió a acomodarse en el asiento, soltando un quejido.
-Kenshin, no puedo beber alcohol -declaró, para sorpresa del chico, aunque cierto era que no recordaba haberla visto beber la otra noche.
-¿Por qué no? -cuestionó con verdadero interés, iba apenas a sugerir si acaso estaba tomando algún medicamente o si sencillamente no le gustaba, cuando Kaoru volvió a hacer girar su mundo.
-Por que soy menor de edad -soltó como si nada.
El pelirrojo tardó un segundo en entender del todo aquella declaración, pisando el freno y derrapando el coche al haber frenado de golpe.
-¡¿OOOORROOOOOO?!
-¡kENSHIN CUIDADO!
...
"Kamisama", pensó el pelirrojo, una vez el accidente en coche hubo sido evitado.
-¡Kenshin! -Kaoru le llamó, el short que llevaba puesto era demasiado corto, notó entonces, y el corpiño que llevaba sin duda era ropa interior y no un traje de baño, concluyó al tiempo en que los recuerdos de lo que había hecho con dicho cuerpo la noche anterior bailaban nuevamente en su cabeza.
-Voy a terminar en la cárcel -se lamentó, pero igualmente se irguió para ir en busca de su compañera.
A/N: De momento es un one-shot, quizá si recibe buenas respuestas pueda convertirse en un two-shot xD
