―Señor Andrew puede sentarse en la silla especial, quiero revisarlo. ―le dijo Candy.

Él obediente, con suma rapidez se sentó, deseaba sentir su cercanía, por un momento se le olvidó que Candy tendría que inyectarle la encía para anestesiarlo. Ella se lavó las manos, se puso guantes, en fin, se preparó para hacer su trabajo, se acercó, tuvo que bajar la silla de él y subir su banquillo para ponerse a la par con el rubio. Era mejor que lo hiciera parada, pero estaba muy cansada y le dolían los pies, él se puso contento porque ella se le encimó un poco.

― ¿Puede abrir la boca por favor?

Él la abrió, olía a menta, mientras ella estaba distraída se la había puesto con un atomizador.

―Me hubiese gustado que viniera rasurado así los pelitos de la barba no me estorbarían ―comentó Candy.

―Perdón, su papá nunca se había quejado.

―Él es muy amable, nunca se atrevería decirle sus defectos a nadie.

Albert sintió que le tiraban un balde de agua fría, porque pensó que no le había gustado ningún poquito a ella, levantó una ceja y blanqueó los ojos, él por mucho tiempo creyó que la barba le daba un aspecto misterioso.

«Pero que hermosos ojos, ahora que la lámpara se los iluminó, puedo notar que son del color del cielo» ―pensó Candy al mismo tiempo que suspiró.

― ¿Le ocurre algo? La veo pensativa.

―Solo estaba admirando el color de sus ojos, los tiene bonitos.

― ¡También las esmeraldas que tiene por ojos son hermosas! ―lo dijo con una voz sensual.

Candy carraspeó y acercó el espejo bucal. Albert habló con dificultad por lo que tenía en la boca.

―Si gusta puede quitarse los guantes y el cubrebocas, por si le estorban, la verdad no me incomodaría. ―Él le dijo eso para poder sentir sus manos en la cara.

―Ok, lo haré, iré al baño a quitármelos.

Ella se levantó, se puso un dulce de menta en la boca y se lo tragó después de masticarlo un poco. «De seguro también me saldrá caries, pero es que estos dulces chiclosos de menta están deliciosos, además no quiero causarle mala impresión a este loco, quizá patrocine mi proyecto».

Por fin lista se acercó y él de nuevo abrió la boca, a Albert se le había antojado un beso por la cercanía, pero tenía que aguantarse además de ser un caballero; después de inspeccionarlo... ― efectivamente es una caries, lo que haré será taladrarle un poco y le pondré material temporal, ya mañana u otro día depende como lo vea, podré colocarle ya sea la resina o la amalgama, lo que usted elija, la resina dura más o menos 5 años y es estética porque queda del mismo color que la pieza afectada, la amalgama dura 20 años o más, depende que tan bien se la coloque.

―Elijo la amalgama, entre menos me hurguen la boca, mejor, pero ese mercurio del cual se compone ¿no es tóxico?

―Señor Andrew, llevo 20 años con la misma amalgama que me puso mi padre a la edad de 10 años y no me he muerto como ve.

―Está bien, confío en usted. Quiero que hagamos un trato, si me duele, me tendrá que acompañar a cenar, así usted me podrá explicar su proyecto.

―Es un trato, pero lo haré con tanta delicadeza que usted no podrá quejarse. Le doy dos opciones: puedo ponerle lidocaína para que no le duela la anestesia o bien puedo usar oxido nitroso para no inyectarle.

―Póngame la inyección. «Con eso de seguro me dolerá y podré decirle que tendremos que ir a cenar» pensó Albert. Él se quejó cuando le inyectó la encía, aunque le puso la lidocaína. Ella terminó de colocarle el material temporal, entró Paty para despedirse de su amiga porque había llegado su novio a buscarla.

―Señor Andrew me tendrá que esperar hasta que cierre el consultorio, Tom no ha regresado y Paty ya se fue.

― ¡Claro que sí! Le recuerdo que tenemos una cena pendiente, porque me dolió un poco el tratamiento.

Candy hizo una mueca, porque trató de hacerlo con mucho cuidado, no para evitar salir con él, sino porque ella era toda una profesional, pero pensó que quizá era una venganza por tantas vaciladas que le hizo durante la consulta. Candy se quitó la filipina y tenía un hermoso vestido rojo ceñido, sin mangas, Albert estaba muy emocionado, pensaba que sería una noche inolvidable. Todo fue de mal en peor para él después de cerrar el consultorio.

―Sabe señorita White, como usted detesta el feminismo al igual que yo, no evitará que yo maneje su auto, como soy un caballero no puedo dejar que en esta cita usted conduzca.

―«¿Cita?» pensó Candy. Está bien, estoy un poco cansada, de andar luchando con esa repisa, déjeme avisarle a Tom de que ya no venga porque me iré con usted.

― ¿Es su novio?

Ella sonrió, pero no contestó su pregunta, durante el camino al estacionamiento él estuvo atento a todo lo que conversó con Tom, por último, quedó en que lo compensaría el domingo siguiente.

― ¿Cuál es su auto?

― Es aquel ―Ella le señaló un auto compacto, un Smart para dos personas.

―Señorita White, ¿ese minúsculo auto es el de usted?

―Sí, lo elegí porque puedo estacionarlo en cualquier lugar sin problemas.

Candy le dio las llaves, Albert luchó para entrar, tuvo que jalar el asiento hasta atrás, cuando por fin lo logró metió la llave para encenderlo pudo darse cuenta que era manual y no automático. Él estaba habituado a manejar solo autos automáticos, le dio mucha vergüenza confesarle a Candy que no sabía manejar carros manuales.

―No se apene señor Andrew, así irá más cómodo porque no le estorbará el volante.

Durante el trayecto al restaurante Albert estaba desesperado porque Candy manejaba muy despacio.

―Señorita Candy, en el futuro cuando salgamos iremos en mi auto.

«¿En el futuro? Creo que después de esta noche no habrá una segunda vez, ¡pero que optimista es! me olvidaré del patrocinio que pueda darme».

Hola chamacas, como ven he estado actualizando mis fics en estas vacaciones. Trataré de actualizar uno más porque la próxima semana estaré estudiando para mi examen final de traducción, ya después de ese examen volveré a estar libre primero Dios para seguir actualizando, así que ayúdenme a orar para que lo pase sin contratiempos. Les agradezco por sus comentarios en realidad los atesoro.