En cuanto aparcaron el auto, Albert trató de bajarse rápido para abrirle la puerta a Candy y ayudarla a bajar, pero como estaba apretado se le hizo difícil, luchó para sacar su pierna derecha, ella se bajó primero y lo ayudó, después que la sacó fue más fácil salir de aquel vehículo compacto. Entraron al restaurante francés que Albert eligió ya que quería sorprenderla con su francés fluido.
―Bonsoir Madame, Bonsoir Monsieur ―dijo el mesero con voz amable.
Albert iba a contestar y se quedó con la boca abierta porque Candy se le adelantó―: Bonsoir Monsieur.
― Avez-Vous réservé une table ? ―Preguntó el mesero.
―On n'a pas de ça ne nous ennuie pas d'attendre.
Albert carraspeó para que el mesero le pusiera atención y para que Candy no siguiera metiéndose en asuntos de « caballeros » ― : Je suis William Albert Andrew, emmenez-nous à l'endroit réservé aux partenaires, s'il vous plaît.
―Je ne vous ai pas reconnu Seigneur, donc je vous présente mes excuses. Par ici, s'il vous plaît.
Candy se avergonzó un poco, se le olvidó que iba con una "celebridad", debió de imaginar que había un lugar exclusivo para él, Albert se le adelantó al mesero para jalar la silla y acomodársela para que ella se sentara.
― Je vous donne la carte. Vous allez prendre un apéritif pour commencer ? ―Preguntó el mesero.
―Oui, volontiers. Jambon de pays et toi Candy ?
―Señor Andrew, yo le sugiero que por hoy pida cosas blandas, una crema o sopa por ejemplo, para que solo trague, ya mañana podrá comer de todo aunque deberá de masticar del lado bueno.
Albert hizo una mueca porque quería llevar la batuta en la cita, pero ni modo, tendría que obedecer a Candy.
―Une crème de champignons comme elle l'a suggéré ―ordenó Albert.
―Pour moi, terrine de campagne. S'il vous plait ―indicó Candy.
―Très bien et pour les boissons ?
―Une bouteille de cidre ―contestó Albert, se imaginó que ella no tomaría vino.
―D'accord, Je reviens ―dijo el mesero.
―Candy le pediré que me llame solo Albert, lo cierto es que siento como si la conociera de toda la vida.
―Perdón Señor Andrew, pero mi papá me enseño a respetar a mis mayores, no podría tutearlo ―respondió tajante Candy.
― ¿Mayor? Solo te llevo 11 años.
Ella hizo un gesto de obviedad, el sintió herido su ego, sería difícil conquistar a tal chica.
―Comprendo, pero yo si te tutearé. Cambiemos de tema, dime ¿qué tipo de hombre te atrae?
―Me gustan los de mi edad, usted, por ejemplo, aunque fuese más joven no sería mi tipo. En lo físico, me agrada que se vistan casual, detesto los bigotes, las barbas o el cabello largo, creo que un hombre se ve pulcro cuando está rasurado.
Al decir eso Candy lo miró para ver su reacción, lo estaba decepcionando, por nada del mundo lo alentaría, no se lo pondría fácil, además de seguro él estaba acostumbrado a que le rindieran honores.
Albert se puso serio― Estaba pensando en llamar a mi chofer para que nos venga a buscar, así podré llevarte a tu casa para que no andes sola manejando por la calle.
―No pienso dejar mi auto aquí, me lo van a desvalijar.
«¿Quién querría algo de ese carro de juguete?» pensó el rubio ―Si eso pasara te compraría uno nuevo, pero vendrá otro de mis empleados y llevará el auto a tu casa.
Candy se quedó pensativa, reconoció que le daría miedo andar a altas horas de la noche deambulando por las calles de Chicago.
―Está bien, llame a su chofer.
Albert hizo las llamadas correspondientes, Candy mientras, recorrió el lugar con los ojos, era demasiado lujoso― ¿Piensas independizarte de tu padre?
―Heredaré toda la clientela de mi papá, ahora hago todos los procedimientos complicados, ya él está cansado, al principio me tenían un poco de desconfianza, así como usted comprenderá.
―Al parecer nunca me lo vas a perdonar, no seas rencorosa ¿quieres? Confieso que mi fobia siempre ha sido ir al dentista.
Candy sonrió, ambos se miraron a los ojos por unos segundos, ella se repuso, hubo unos latidos rápidos de su corazón, trató de disimular lo que estaba sintiendo en su compañía.
―¿No has considerado cambiar de auto? Es peligroso andar en esa cosa, Dios no lo quiera un accidente con un vehículo más grande podría ser fatal. Me sentí nervioso cuando nos rebasaban las 4 x 4.
―Ya me acostumbré SEÑOR ANDREW.
No cabía duda, Candy quería incomodarlo de todas las formas posibles.
―Entonces ¿mañana me pondrás la amalgama?
―No me acordaba que es jueves Santo, ¿se podría esperar hasta el sábado? Mañana quiero ir al club a nadar un rato y luego de eso iré a la Iglesia y el viernes es de crucifixión.
―Yo tengo una alberca techada en mi casa ¿por que no vienes? Pienso que será divertido.
―Tendría que pedirle permiso a mi papá, pero le hablaría hasta mañana porque ahorita de seguro está durmiendo, aparte no iría sola.
―Lleva a quien quieras. «menos a ese tal Tom» pensó Albert celoso de recordar ese nombre.
¿Cuál quieren que actualice el próximo fin de semana? Entre semana no podré actualizar por el examen que tendré el jueves. Hoy estuve muy indecisa y pues como no sabía cuál desean ustedes actualicé este fic. Bueno si recibo sus comentarios seguiré actualizando en estas vacaciones.
