Aquí por fin el segundo capítulo, el esperado reencuentro de Charlotte y su ladrón. Se tratará de más diálogo que otra cosa, y desarrollo un poco más la personalidad del OOC. Todavía no aparecen los demás personajes pero ya tendrán su turno.

Así que, los dejo con el capítulo, espero que les guste.

Disclaimer: Nada es mío, solo el OC.

Here We Go...

Capítulo 2

—¿No me vas a saludar, dulzura? —la sacó de su estupor aquella voz sedosa y con una pizca de arrogancia.

Aquello la hizo volver a sus sentidos, y parpadeó varias veces antes de fijar su incrédula mirada en él nuevamente.

—¿Dulzura? —preguntó en voz baja que denotaba algo de la molestia que sentía en ese momento.

Sí, era cierto que de alguna manera lo había extrañado a pesar de apenas conocerlo, y que había esperado con algo de ansiedad el momento en que por fin volvería a verlo y hablarle, pero ahora que él estaba aquí, no podía más que recordar que este chico era el mismo que la había dejado hundida en incertidumbre y desazón durante semanas. Y ahora aparecía sin previo aviso y actuaba como si todo estuviera bien entre ellos, como si él no hubiera desaparecido por completo sin dejar rastro.

Habiéndose percatado de que la chica no parecía estar tan alegre y animada de verlo como él se había imaginado, su sonrisa ladina vaciló, y el la borró de su rostro, adoptando una expresión un tanto más seria.

—Bien...no es la bienvenida que estaba esperando exactamente —murmuró.

Charlotte sintió el repentino deseo de abofetearlo, empujarlo o gritarle a viva voz, pero controlándose para no hacer escándalo ya que su madre y vecinos podrían despertar y darse cuenta de la conmoción, y también recordando que no era buena idea antagonizar a un criminal, respiró profundo antes de hablar.

—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió, mirando por sobre su hombro a la calle.

—Estoy colgando de tu ventana —respondió el joven.

Charlotte exhaló exasperada por su respuesta.

—¡Ya lo sé! —exclamó con la voz más alta de lo que había querido, entonces bajó algunos decibeles —quiero decir ¿por qué estás colgando de mi ventana?

—Porque no podía llamar a tu puerta exactamente...e imaginé que no te gustaría que forzara la cerradura.

—¡Son casi las tres de la mañana!

—Estoy consciente.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¡Son las tres de la mañana y estas colgando de mi ventana donde cualquiera podria verte! —resumió en un susurro que cargaba toda la potencia de un grito.

A lo que el chico respondió con otra media sonrisa de suficiencia.

—Entonces dejame entrar.

Apretó los puños e infló las mejillas, aunque no sabía si de furia o de frustración ante la insoportable actitud soberbia del chico que detestaba y gustaba por igual, para su desgracia.

—¿Por qué debería dejar entrar a un ladrón a mi habitación? —rebatió en cambio.

—¿Por qué te lo está pidiendo de manera amable?

Ella le dio una puntiaguda mirada impasible.

—Dame una realmente buena razón.

El ladrón bajó la cabeza pero sostuvo su mirada debajo de sus pestañas, dedicándole una mirada tierna.

—¿Por qué vine a verte?

Charlotte jadeo incrédula.

—Luego de un mes y medio —le recordó con cierta ofensa.

—Tú fuiste la que me pidió que mantuviera un perfil bajo, ya sabes —apuntó el chico como excusa en su defensa.

—Sí, pero me refería a no llamar la atención, podrías haberme enviado un mensaje al menos, para hacerme saber que estabas bien, me sacaste el numero ¿lo recuerdas? Un simple 'Estoy bien, y tu?' habría bastado —le indicó la joven, poniendo los brazos en jarra.

—Lo siento, linda, estuve ocupado con... trabajo... Y sabes que tuve que irme fuera del país un tiempo, donde me encontraba no tenía muy buena señal así que no podía enviarte mensajes tampoco... —entonces, como percatándose de algo, el ladrón ladeó la cabeza con una expresión inquisitiva en su rostro—.¿Me echaste de menos acaso, querida?

Ella abrió la boca para decir algo, pero su lengua se enredó y las palabras murieron antes de que tuviera tiempo de pronunciar algo, así que presionó sus labios, dándose cuenta de que sí, él había estado en lo cierto.

El chico llegó a la misma conclusión porque volvio a esbozar esa petulante y socarrona sonrisa que no debería parecerle atractiva pero, maldita sea, lo era.

—¿Dónde estuviste? —prefirió preguntar, tanto para cambiar el rumbo de la conversación como para apaciguar el candor que sentía expandiéndose por sus mejillas ante esa mirada.

—Lo siento, dulzura, pero esa es información clasificada.

Ella exhaló fuertemente a través de su nariz como un toro bufando justo antes de atacar cruzándose de brazos lista para demandar respuestas cuando un súbito pensamiento cruzó por su mente. Algo en lo que ella no había reparado antes debido al sueño, la sorpresa y la impresión de encontrárselo en tales circunstancias.

—¿Cómo averiguaste dónde encontrarme?

La expresión mañosa que tan orgullosamente había portado se esfumó ante aquella pregunta, siendo reemplazada por una pequeña mueca de culpa.

—Es una larga historia...

—Me gustan las historias, adelante —lo apuró.

El chico apretó los labios, pero una dura mirada de parte de la joven lo impulsó a rendirse, no queriendo hacerla enfadar más de lo que ya lo estaba.

—Regrese a Swellview hace una semana —confesó—, te hubiera avisado pero todavia tenia ciertos...—carraspeó— negocios...de los que ocuparme, además, después del tiempo que me tardé en volver, un mensaje o una llamada se me hacían demasiado fríos, incluso para mi, así que se me ocurrió sorprenderte, la cosa es que, ya sabes, lo único que sabía de ti era tu nombre y tu teléfono —hizo una pausa para observar su reacción pero ella seguía inmutable—. En fin, se me ocurrió que si quería darte una sorpresa, tenía que primero averiguar donde vives y rastrearte hasta tu casa.

—¿Me estas diciendo que estuviste espiandome?

Por más enternecida que se hubiera sentido por su deseo de sorprenderla, ese detalle era espeluznante.

E impresionante, debía agregar, teniendo en cuenta que había averiguado todo eso solo con su nombre y tal vez el número de teléfono.

Pero espeluznante más que nada.

—No exactamente, solo averigüe tu dirección...y tu apellido...y algunas cosas más que no vienen al caso —respondió tratando de quitarle importancia.

Charlotte lo dejó hablar, escuchando atentamente cada palabra, sintiéndose cada vez más espantada por la idea de que el hubiera estado averiguando cosas de su vida, no tanto por ella, sino por sus amigos.

—¿Cosas como qué? —continuó interrogando, cautelosa.

El chico la observó detenidamente unos segundos, como decidiendo que responder y como antes de hablar.

—Como con quién vives, a qué escuela vas, que eres presidente del concejo escolar, la fecha de tu cumpleaños y que tienes dos mejores amigos varones...con los que trabajas...en una tienda de baratijas... —el ladrón fue encogiéndose en su lugar a medida que enumeraba todo lo que había recabado de la muchacha, también dándose cuenta de lo espeluznante que se oía.

Al final desvío la mirada al oscuro suelo para esconder de su vista una mueca.

—...eso es aterrador —exhaló Charlotte.

El asintió.

—Sí, ya me lo han dicho...—dijo con naturalidad— cuando me intereso por algo, tiendo a...

Dejó la frase sin terminar, gesticulando con una mano en el aire y pensando en la palabra correcta para describir sus hábitos.

—Obsesionarte —completó por él Charlotte.

Con una sonrisa torcida, el chico meneó la cabeza como aceptándolo resignado.

—Podría decirse... en fin, por favor ¿serías tan amable de dejarme entrar ahora? Mis brazos y piernas estan empezando a doler y estoy seguro de que no quieres ser responsable de mi temprana muerte si llego a caer.

—Una caída desde esta altura no te matara —indicó Charlotte, todavia algo espantada de todo lo que este chico sabía de ella.

El miró hacia abajo.

—Sí va a lastimarme.

—¿Y por qué iba a importarme que un ladrón acosador se lastime?

Regresó sus ojos grises a la chica.

—Por que este ladrón algo curioso te gusta —dijo con simpleza.

Charlotte alzó una ceja, poco convencida.

—¿Cómo sabes eso? ¿Acaso hiciste más averiguaciones?

La chica sonrió en victoria internamente al verlo torcer su expresión ganadora ante sus palabras, mas él se repuso en un parpadeo.

—Me abriste la ventana, no me empujaste a la primera oportunidad y, a pesar de todo lo que te revelé, todavía sigues hablándome —contestó, recobrando la confianza.

—Eso se llama ser amable.

—Soy un hombre buscado, y aún no has llamado a la policía, o gritado por auxilio —apuntó el ladrón a su favor.

—Aún —resaltó ella.

El chico dio un exagerado suspiro.

—Vamos cariño, no me dejes colgado.

Sus labios temblaron en su fallido intento por detenerlos de torcerse en una divertida sonrisa ante su tonta broma y de mantener su semblante serio y estoico, pero al final perdió la batalla y sonrió, gesto que el joven imitó, aunque la suya fue más una mueca ladeada.

—De acuerdo —bufó tratando de fingir molestia aunque en verdad estaba feliz de verlo.

Se descruzó de brazos y los tendió hacia él para ayudarle a trepar al interior de su cuarto.

—Gracias.

Cerró la ventana y volvió a colocar las cortinas en su lugar, para cubrir a ambos de posibles miradas indiscretas. Luego fue por el interruptor en la pared y lo encendió, iluminando la habitación nuevamente. Después de eso, regresó junto a su inesperado pero bienvenido invitado.

Y se dio cuenta de la situación en la que estaban ahora.

Estaba vestido con pantalones holgados negros y zapatillas, una camiseta verde oscuro de manga larga y el gorro en la cabeza, el que se sacó para pasar sus dedos enguantados por entre su cabello ondulado y salvaje, desordenándolo.

Ella, por otro lado, llevaba puesta su ropa de dormir, una camiseta rosa de manga corta, pantalón corto negro y medias blancas. ¡Y su cabello! ¡Dios! Ella debía parecer un desastre!

Pero, sobre todo, se sentía realmente desvestida.

Para empeorar las cosas, ahora que estaban cara a cara de nuevo bajo la luz, él tenía una buena vista de ella, así que la volvió a apuntar con esos ojos de acero dignos de cualquier depredador salvaje, mirándola de arriba abajo con esa maldita sonrisa que derritió su interior como lava caliente.

De repente, sintiéndose demasiado expuesta, se abrazó a sí misma en un intento de cubrirse un poco de esa mirada penetrante, una en la que no se atrevió a mirar demasiado, porque le estaba dando demasiadas buenas ideas de lo que su invitado pudiera estar pensando.

Y temía que le gustaría cualquier cosa que pudiera ver allí. Tontas hormonas ¡se suponía que eran Henry o Jasper los que solían ponerse nerviosos por cosas como esas, no ella! Ella era la madura y sensata del grupo.

Entonces, en lugar de entretener su mente con eso, decidió romper el hielo y comenzar una conversación, porque el silencio comenzaba a ser incómodo.

Para ella al menos.

—Ahora, ¿qué estás haciendo realmente aquí? —cuestionó la chica.

Dudaba que después de semejante despliegue en el banco y semanas alejado fuera a arriesgar su libertad solamente para verla y decirle 'hola' y ya.

—¿Recuerdas que te dije que había descubierto tu fecha de cumpleaños? —preguntó el chico.

Tuvo la necesidad de recordarle que él la había acosado para descubrir esa información sobre ella, pero dejó eso de lado por el momento para responderle claramente.

—¿Sí?

—Bueno, se que fue hoy...o mas bien, ayer —se corrigió— y pensé '¿por qué no hacerle una visita a mi chica especial en su día y darle una sorpresa?' —alzo las manos y se señalo a si mismo con una sonrisa—. Así que aquí me tienes.

—Admito que encontrarte escabulliendote por mi ventana a las tres de la mañana realmente me sorprendió, mas como me sobresalto muchísimo —señalo la chica con un tono acusatorio.

—Vamos, también tienes que admitir que fue creativo —mencionó con orgullo.

—Peligrosamente creativo, alguien pudo haberte visto y llamar a la policía ¿qué habrías hecho entonces?

—Dame mas crédito, querida, no habría hecho esto si no hubiera tenido todo bien planeado, si hay algo que soy es precavido, tu lo comprobaste de primera mano.

Y era cierto. Los proyectiles de hielo de sus armas habían conseguido ralentizar a Henry para que no pudiera dar su cien por cien, y el congelamiento temporal de Ray había sido suficiente distracción para huir sin necesidad de lastimar de gravedad a nadie. Y antes de que él y sus matones entraran al banco, las cámaras de seguridad habían sido deshabilitadas, otra de las razones por las que no habían podido captar su rostro mientras el hablaba con ella.

—Un rehén consiguió llamar a Capitán Man y otro filmó la pelea que tuviste con él y su ayudante ¿como encajo eso en tu perfectamente construido plan?

—Un toque de emoción y adrenalina nunca viene mal —se excusó encogiéndose de hombros— y no sé si te enteraste, pero salí muy bien parado en ese vídeo, incluso la prensa me dio un alias de villano y todo, no que me parezca el mejor pero es algo, estoy creándome una reputación, y también deberías leer los comentarios, dulzura, a muchas chicas les parecí encantador y misterioso, así que tu tuviste suerte de haber captado mi atención.

—¿No crees que fue al revés? Después de todo no muchas chicas te perdonarían no haber llamado o mensajeado por un mes y medio, ni te dejarían pasar a su cuarto —señaló la joven.

—¿Ves? —la tomó suavemente de la barbilla con una mano, acariciando su labio inferior con el pulgar—. Por eso tu eres especial, preciosa.

Aquellas palabras le provocaron un agradable cosquilleo en el vientre, y tuvo que morderse el interior de la mejilla para evitar que su rostro en blanco fuera reemplazado por una sonrisa avergonzada y tímida ante sus elogios.

Porque ella era más fuerte que eso.

Ella lo era.

De verdad.

—Pero no nos desviemos del asunto más importante —agregó, acariciando su mejilla con el dorso de sus dedos.

—¿El cual es?

Sus labios se torcieron ligeramente hacia arriba.

—Tu regalo.

Charlotte se echó hacia atrás, alejándose de su alcance.

—Creo que ya tuvimos esta conversación antes, nada de objetos comprados por medio de dinero mal habido —le recordó la chica.

El ladrón alzo las manos en defensa propia.

—No he robado nada desde ese atraco, lo juro.

—Perdón si tu palabra no es exactamente confiable para creerte —apuntó la joven.

—No voy a discutir eso —aceptó el ladrón—, pero esta vez puedes estar segura de que digo la verdad, no iba a arriesgarme a realizar otro trabajo tan cerca de otro teniendo la perspectiva de hacerte una visita —bien, eso se oyó muy dulce de su parte—. Y verás...mi regalo no es algo que puedas conseguir con dinero de todas formas —dijo con tono ligeramente misterioso.

Eso sí que despertó su curiosidad.

—Oh ¿y qué es?

El chico se cruzó de brazos esbozando un gesto pensativo antes de responder.

—Primero, dejame hacerte un par de preguntas ¿de acuerdo? —ella asintió, su curiosidad acrecentándose— ¿cuántos años tienes ahora?

—Dieciocho... —contestó ladeado la cabeza mientras su mente trabajaba, creyendo que podía imaginarse por donde iba el asunto.

—Asi que cumpliste la mayoría de edad...

—Aja...

—Eso significa que ahora puedo llevarte a una cita sin ningún obstáculo —declaró.

—Solo si yo acepto tu propuesta...

—¿Aceptarás mi propuesta si te lo pido?

—Eso depende.

—¿De qué?

Ahí Charlotte vio su oportunidad de obtener algo de información que había querido saber de él. La idea de verse en secreto no le había parecido para nada inconveniente, al contrario, era bastante atractiva y emocionante, pero aun así, había un asunto que podía parecer insignificante pero que para ella era importante.

—De cuán honesto serás conmigo si soy yo la que te hace una pregunta —respondió.

Esas palabras fueron como un interruptor que apagó el brillo juguetón en sus ojos, volviéndolos más oscuros.

Los ojos del ladrón se estrecharon y su rostro se puso casi en blanco, presionando sus labios en una delgada línea blanca.

—Sabes que no puedo darte exactamente mucha información sobre mi —dijo, su voz tranquila de una manera que Charlotte sabía, por su corta experiencia, era mortal.

La jovencita se agitó en su lugar, una sensación incómoda se asentó en la boca de su estómago ante su repentino y rápido cambio de tono y comportamiento, de juguetón y arrogante a mortal y oscuro en un abrir y cerrar de ojos.

Charlotte estaba perdida, no tenía idea de qué decir para llevar la conversación a aguas más tranquilas nuevamente, excepto tal vez disculparse mil veces por su presunción.

Parecía que ella había querido cruzar límites que todavía no le habían sido permitidos, al menos a sus ojos.

—Lo sé, pero puedes estar tranquilo de que no voy a pedirte que me des cada pequeño detalle de tu vida —dijo con cautela, pisando cuidadosamente con cada palabra que pronunciaba para mantener el ambiente tranquilo— solo quiero que respondas de forma honesta a una sola pregunta en particular.

Su cara en blanco lentamente se volvió pensativa, como si estuviera pensando profundamente en su solicitud, clasificando los pros y los contras de su decisión en su cabeza, y el silencio era tal que le parecía como si pudiera escuchar los engranajes en su cerebro trabajando.

Lo observó llegar finalmente a una decisión. El chico suspiró derrotado y asintió una vez.

—Está bien, puedes hacer una pregunta —enfatizó la cantidad alzando el índice, y su semblante se relajó—, dispara, cariño.

Alentada por su permiso, Charlotte no perdió el tiempo.

—¿Cuál es tu nombre real? —preguntó, y antes de que él pudiera mentir o dar una excusa, agregó: —porque sí, sé que Blair es falso.

—No te importó eso la primera vez —se quejó, por su expresión, ya arrepentido de haberle permitido hacerle una pregunta— ¿por qué ahora?

—Porque esa no era una de las principales prioridades en mi lista en ese momento —respondió—. Además, tenía miedo de que le dispararas a alguien si hacía algún movimiento incorrecto, pero ahora estás en mi habitación y me hiciste una propuesta, así que si quieres que salga contigo, prefiero usar tu nombre real al menos, no algo falso.

Él inclinó la cabeza a un lado.

—... eso significa un '¿sí?' —preguntó sonando esperanzado.

—Eso significó un 'tal vez'.

Echó la cabeza hacia atrás exhalando ruidosamente por la nariz, luego volvió a bajar la cabeza y miró a la chica de semblante serio.

—Tienes suerte de que me guste tu actitud sarcástica e inteligencia, bien, te lo diré, pero no te rías —advirtió.

—No lo haré —prometió la chica.

Se humedeció los labios y miró de lado a lado antes de levantar sus ojos grises hacia ella.

—Está bien... Arch... —murmuró en voz baja, de tal manera que le fue ininteligible.

Charlotte tuvo que acercarse a él para escuchar mejor.

—¿Cómo? —preguntó, frunciendo el ceño.

Él resopló molesto, con la situación, no con ella.

—Archibald, ese es mi verdadero nombre —se rindió, cubriéndose la cara con una mano.

Ese nombre no era tan malo. Sin embargo, parecía despreciarlo, si su expresión de disgusto cuando deslizó su mano de su rostro decía algo al respecto.

—Es llamativo y particular —trató de consolarlo.

Él le dirigió una mirada escéptica como si le estuviera indicando que no le creía.

—Puedo llamarte Archie.

Su rostro se encogió de la impresión ante la perspectiva, y sacudió la cabeza en señal de negación. Ella no pudo evitar reírse suavemente de su reacción, obteniendo una mirada ofendida de su parte.

—¿Estás lo suficientemente satisfecha ahora? —preguntó, haciendo todo lo posible para ocultar su vergüenza.

—Mucho, sí —respondió ella con una expresión engreída.

—Y dicen que yo soy el villano... de todos modos, ahora que lo hemos establecido, ¿podemos dejar atrás el tema de mi nombre y abordar el tema de tu regalo, cariño?

Charlotte descruzó los brazos y lo miró confundida.

—Pensé que invitarme a salir lo era ¿no es así?

Él sonrió ampliamente.

—Eso estaba en mi lista de cosas por hacer, lo admito, pero todavía tengo mi propio regalo especial para ti.

Ella colocó las manos en su cintura y lo miró un tanto intrigada.

—¿Y qué podría ser eso?

El ladrón dio un paso adelante, terminando a unos centímetros de ella con una mirada traviesa en sus ojos grises.

—Que ahora que tienes dieciocho, soy libre de hacer esto.

Antes de que ella pudiera abrir la boca para pedir más aclaraciones, él ahuecó sus mejillas, se inclinó y presionó sus labios contra los de ella.

Sellando sus labios en un beso.

Al principio, ella chilló sorprendida –un sonido que fue amortiguado por su boca– dejando caer sus brazos, y se quedó allí, paralizada, incapaz de procesar con velocidad suficiente lo que estaba sucediendo hasta que el comenzó a mover lentamente sus labios sobre los de ella, inclinando la cabeza y retirando sus manos de su rostro para colocarlas en su cintura, empujándola suavemente contra él.

Eso sirvió para despertarla de su estupor y la hizo cerrar los ojos y derretirse contra él, finalmente relajándose en su toque gentil. Sus brazos que habían estado colgando sueltos fueron levantados para descansar sobre sus hombros, sus dedos enterrándose en esos mechones azulados, finalmente cediendo en el deseo de rastrillar entre ellos como se había imaginado haciendo tantas veces.

Permitiéndole entrada, se estremeció con la emoción que corrió por su cuerpo ante la sensación del muchacho profundizando el beso, las mariposas batiendo sus alas desesperadamente en su vientre, sus piernas convirtiéndose en gelatina y su cabeza flotando en una suave y confortable nube.

Ella se deleitó con el sabor a menta que tenía, y se felicitó de haber sido lo suficientemente precavida como para haber masticado un chicle de menta antes de irse a dormir. No había querido que su madre olfateara por la mañana la prueba de las bebidas que había tomado antes.

Este era definitivamente un mejor uso para ese chicle ahora.

Supuso que solo se besaron durante un par de minutos, o incluso menos, pero su mente estaba demasiado hundida en el éxtasis para preocuparse por eso, solo dejó que su conciencia cayera en una dulce deriva por el tiempo que duró todo, besándolo de vuelta aquí y allí.

La necesidad de oxígeno se hizo presente, así que a regañadientes tuvieron que terminar el beso. Lentamente, el ladrón dejó ir sus labios pero apoyó su frente sobre la de ella.

Charlotte abrió finalmente los ojos y miró hacia arriba, hacia esos profundos ojos grises. Sus labios estaban hinchados y su respiración era irregular, pero de todos modos una gran sonrisa estaba plasmada en su acalorado rostro.

—Feliz cumpleaños, Charlotte —le susurró el chico con una sonrisa desfachada.

Pasó uno de sus brazos alrededor de su cintura, atrayéndola más hacia él.

—Entonces... supongo que no tengo que preguntarte si te gustó tu regalo —comentó con una sonrisa de diversión, ahuecando su mejilla izquierda con la mano.

Su pulgar hizo círculos lentos en su mejilla, trazando sus labios rojizos y luego bajando por su barbilla.

—Fue agradable —ella exhaló, luchando por recuperar el aliento y lucir calmada a pesar de todo el asunto.

—¿Eso significa que hay esperanza para más de ellos en el futuro?

Charlotte entrecerró los ojos, mirando hacia el techo mientras golpeaba su mentón con su índice de manera pensativa.

—Mmm, tal vez necesito más pruebas para llegar a una decisión.

Él le sonrió con suficiencia, bajando la cabeza con la intención de robarle otro beso, pero ella lo detuvo colocando la mano sobre su pecho.

—Más despacio, vaquero —sonrió con picardía—. No dije ahora.

Él gruñó frustradamente.

—La próxima vez que nos separemos, recuerdame que te envíe un mensaje de texto todos los días.

Ella se rió suavemente.

—No es eso —dijo rápidamente—. Nos vemos de nuevo recién después de seis semanas separados, y aunque puedo sentirme atraída por ti...no soy tan fácil, primero tendrás que llevarme a una cita.

Él relajó sus rasgos, aliviado al saber que ella también se sentía atraída por él, mirando hacia abajo mientras pensaba, sus brazos la envolvieron alrededor de su cintura y la balancearon de lado a lado en un movimiento suave.

—¿Que te gustaria, preciosa?

—Primero, que dejes de llamarme por esos nombres —aclaró inexpresiva—, es demasiado cursi para mi gusto.

El ladrón rodó los ojos rapidamente.

—¿Y para una primera cita? Solo para que lo sepas, mi oferta de una viaje a una playa del caribe todavía esta vigente —sugirió con un movimiento de cejas.

—Tal vez algo menos ostentoso seria suficiente.

'Archie' suspiró oyéndose dramáticamente alicaído por su rechazo.

—Si así lo deseas...

Charlotte le dio unas palmaditas en la mejilla.

—Eres listo, y ya dejaste claro que sabes mucho de mi, estoy seguro que saldrás con algo discreto y agradable.

—Bien, discreto y agradable, lo tengo —terminó aceptando.

—¿Puedo hacer una ultima petición?

—Cualquier cosa para la encantadora cumpleañera.

—¿Podrías dejar de acecharme? —pidió—. Es aterrador y enfermizo.

—Tranquila, ya no tengo necesidad de hacerlo —aseguró el chico.

—Prometelo —insistió la joven.

El ladrón apretó los labios pero al final cedió.

—Lo prometo.

—Genial, ahora, estoy contenta de que hayas venido a verme y desearme un feliz cumpleaños, pero... —Charlotte se desenredó de sus brazos y dio un paso atrás, con sus manos todavia entrelazadas— ya es tarde, y algunos todavía tenemos que asistir a la escuela mañana, asi que sera mejor que le demos un fin a la noche.

—Por supuesto, pero ¿no me darás un beso de despedida al menos?

Ella decidió contentarlo y se puso en puntas de pie y el inclinó su cabeza para encontrar sus labios y compartir otro beso menos apasionado y más lento.

—Buenas noches —susurró contra sus labios la chica antes de separarse por completo.

Pero fue detenida por el muchacho que volvio a atraerla hacia él para besarla de nuevo con más intensidad que la vez anterior.

—Sí, muy buenas —concordó el chico al separarse de ella, relamiéndose los labios de forma sugestiva.

Ella apretó los labios en un gesto de ofensa, sintiéndose tanto enfadada por su atrevimiento como entusiasmada por sus obvios sentimientos de deseo hacia ella.

Después de eso, el joven volvió a ponerse la gorra y caminó hacia la pared para apagar las luces. Charlotte fue a su ventana y la abrió nuevamente para que él saliera de su habitación. Una vez afuera, la miró por última vez.

—Me mantendré en contacto, bebé —dijo con una sonrisa jactanciosa.

A través del cristal lo vio guiñándole un ojo antes de comenzar su descenso al suelo oscuro. Luego de eso cerró las cortinas y exhaló de una manera agotadora pero satisfactoria, volviendo la espalda hacia la ventana para regresar a su cama.

Fue a acostarse de nuevo, pero aunque se sentía exhausta, el sueño no llegó rápido esta vez. Permaneció despierta por un rato, descansando su cabeza sobre la almohada, mirando hacia el techo por un momento, sus dedos se alzaron para acariciar sus labios donde aún no se podía borrar una sonrisa al pensar en su beso compartido. No el primero que habían tenido, ni el último que intercambiarían. Ella esperaba.

Una risa traviesa salió de su boca ante el repentino pensamiento de que había besado a un chico malo, que lo había disfrutado y que planeaba continuar compartiendo más besos, seguido de un suspiro cansado, algo triste. Este era el tipo de cosa especial que se suponía que una chica compartía con un amigo de confianza, pero no podía contárselo a nadie, ni a sus amigos en la escuela, ni siquiera a sus amigos más cercanos porque perderían la cabeza y se molestarían con ella si lo hacía.

Y ella los entendería. Hasta entonces, Henry y, bajo el poder de un hechizo extraño (o lo que sea que eso hubiera sido) Ray, habían salido con una criminal, pero nunca alguien que hubiera avergonzado a uno de ellos frente a tanta gente, o los hubiese burlado. Y nunca a sus espaldas. Además, esa chica no conocía la identidad civil de Kid Danger, había salido con el ayudante de un superheroe. Era diferente con Archibald –todavía se sentía extraño pensar en alguien tan imponente como él con ese nombre–. Él era un criminal que sabía mucho sobre ella, ella era una civil, que sabía poco en comparación.

Los amaba como a su propia familia, realmente los amaba, pero tenía que mantener la boca cerrada al respecto. Disfrutaría de cualquier diversión y felicidad que pudiera sacar de esto, sin condiciones ni ataduras, antes de que todo estallara en su rostro. En la mesita de noche, su teléfono sonó suavemente, deteniendo sus pensamientos a la deriva, y extendió la mano para agarrarlo.

No necesitaba imaginar quién le había escrito tan tarde en la noche, hecho que la hacía sentir cálida nuevamente. Desbloqueó la pantalla y, como había pensado, el mensaje estaba allí.

"Duerme bien, princesa"

Ella puso los ojos en blanco ante ese apodo.

"Deja de llamarme así", envió ella.

"¿Por qué?"

'Es tonto, cursi y poco creativo.'

'Pero los sobrenombres realmente te quedan bien, amor.'

Ella resopló ofendida, aunque no podía oírla.

'Bueno, pero ten en cuenta que de ahora en adelante te llamaré Archie', le advirtió.

'... auch ... bien ... seguro, encanto ;)'

Ella dejó caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada, suspirando en derrota pero con una pequeña sonrisa.

'Ve a dormir'

'Archie'

Volvió a dejar su teléfono sobre la mesa y se colocó a un lado de la cama, cerrando los ojos para dejar que el sueño se apoderara de ella.

Nota mental –pensó para sí misma antes de que el sueño la venciera–: cambiar Blair por Archie en la lista de contactos mañana a primer hora.


Y ya sabemos el verdadero nombre del ladrón xD. Espero que antes hubiera quedado claro que Blair era un alias, no su nombre real, y lo siento si alguien se llama Archibald, no quiero ofender a nadie, es un lindo nombre a mi parecer n_n solo me pareció gracioso usar un nombre menos utilizado y que no le gustara (tipo Bartholomew) :v No había pensado en un nombre en concreto al crearlo, y buscando entre varios, me quedé con ese, ya que en muchas historias veo que a los OC varones les ponen nombres como Evan o Jake, y quería ir con algo diferente.

En fin, espero que les haya gustado :-)

See Ya

H. C.